NOTAS
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1.
Es muy probable que pronto se
encuentren muchos más de estos restos de una grandeza indiana
desconocida por nosotros hasta ahora, pues, según relaciones
privadas, aún se han visto otros en las partes más frías de la
planicie de Bogotá. Según el señor Vélez Barrientos mismo,
encuéntranse también estas columnas en Ramiriquí, como en otras
partes, trazas de piedras que parecen haber sido labradas. Una hora
antes de llegar a Pandi, yendo de Bogotá, se encuentra una roca muy
grande de cuarzo, y con un nicho, alrededor del cual se encuentran
pinturas coloradas. De estas he visto yo en nuestra hacienda,
|Canoas, una y el color tan fresco, que después de haber
resistido por más de trescientos años la intemperie aún se hallan
las figuras en muy buen estado.
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2.
A quien quiera estudiar la
nación japonesa recomendamos, como la mejor obra que ha aparecido
sobre la materia, la del señor
|Phil Franc Siebold, Nippon,
Archiv zur Beschreibung von Japan. Leiden, 1832-1852.
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3. El padre Simón escribe Turachogue,
pues según él,
|tura quiere decir mujer y
|chogue
significa cosa buena.
|Kingsborough's Mexican antiquities,
volumen VIII, página 421.
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4.
Nuestros chibchas han seguido
aquí la rutina común del mundo; y es curioso ver como el agua ha
sido entre la mayor parte de las naciones el elemento primordial.
Sabemos que el Brama o Ser Supremo de los hindos, creó primero las
aguas y en seguida el huevo primordial, el cual él mismo habitó por
un año, absorto en contemplación de sí mismo, y del cual salió todo
lo creado.
Según la mitología de los antiguos griegos, el germen de todo lo
creado fue el agua, la cual de sí misma engendró un barro viscoso.
Los dos produjeron una serpiente o dragón con tres cabezas: la una
de toro, la otra de león y la última la de un dios. Esta serpiente
produjo un huevo que dividido en dos partes se convirtió la una en
la bóveda celeste y la otra en el suelo terrenal. De las cuatro
estaciones o creaciones del mundo según la mitología azteca, la
primera fue la del agua también. Según los mejicanos y peruanos,
los gérmenes, si no de su existencia material, sí de la moral,
también salieron ambos de las aguas o de las orillas de ellas;
estos fueron Manco Capac y Quetzacoatl, los cuales equivalen al
Nemterequeteba de los chibchas y todos tres se parecen mucho al
redentor del mundo, Jesucristo. Los escandinavos también atribuían
al agua congelada, la creación de su gran gigante y de la tierra.
En fin, no hay casi nación que no tenga mezclada en su mitología el
poder del agua. En la religión cristiana es el diluvio universal
una de las más memorables épocas en la historia del mundo.
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5.
Muy generalmente se atribuye
este famoso hecho a Nemterequeteba, como está la historia divulgada
en Bogotá. Aun escritores modernos de mucha nota, han dado como el
héroe de esta relación a Nemterequeteba, en lo cual han seguido lo
que generalmente oían, pues así se cuenta la historia.
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6.
Guesa quiere decir errante,
sin casa, pues no la tenía en esta tierra. Llamábanle también
Quihica que quiere decir puerta, pues su sacrificio anunciaba cada
quince años la apertura de un nuevo ciclo.
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7.
Como dice Wilkinson, hablando
de los egipcios, que aun careciendo le letras y siéndoles imposible
describir un individuo, sus hechos y ocupación, solo tenían un
medio para hacerlos conocidos a la posteridad, y este era,
enterrando con el muerto, aquellos objetos más característicos que
le habían servido en su vida; y que tal vez su valor y hazañas le
habían procurado. Estos eran las alhajas, que mostraban su riqueza,
sus armas, su valor, etc. ¿No sería posible que la misma costumbre,
corrompida por pueblos menos cultos, viniese a degenerar en una
creencia mitológica y luego enterrasen alimentos y compañeros con
sus finados deudos?
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8.
Para dar una idea, al menos,
de algunos de estos túmulos o sepulcros, daré lo que dice Cochrane,
de los que él descubrió junto a Guatavita. Este capitán inglés
viajó en la Nueva Granada en 1822 y 23, y sus escritos acerca de su
viaje son unos de los pocos interesantes que en ese tiempo
aparecieron en Inglaterra sobre Colombia.
Después de haber visitado la laguna de Guatavita y hecho varias
excursiones en sus cercanías, pidió permiso al intendente de Bogotá
para abrir algunos de estos túmulos, lo cual le fue concedido.
Excavó muchos, pero como casi todos eran iguales, describe solo uno
que debió ser el sepulcro de algún grande, según él cree. Como él
dice, ya que en los valles o lugares bajos era donde la gente que
menos valía enterraba los restos de sus parientes, mientras que los
grandes enterraban a los suyos en la cima de los cerros, subió a
estos guiado por uno del país. El lugar del sepulcro que él
describió, lo indicaba externamente una concavidad en el suelo y
estaba en una elevada y bella posición. Después de excavar como pie
y medio de tierra arable, llegóse a una grande laja de piedra, como
doce pies de largo, ocho de ancho y nueve pulgadas de grueso, una
especie de piedra arenisca. Para sacarla fue necesario romperla en
dos pedazos y aun así fue necesario mucho trabajo antes de que se
pudiese destapar el sepulcro. Este había sido excavado en la roca
arenisca y la laja reposaba en un borde hecho al propósito. Después
de removida la tapa se encontró tierra, en seguida arena, pero de
tal manera comprimida, que parecía ser la roca primaria, sin
embargo en rompiendo un pedazo, pronto se reducía a polvo o, granos
de arena, lo que no sucede con la verdadera arenisca original.
Cuando la excavación llegó a ocho pies de profundidad, se
encontraron algunos utensilios de tierra cocida, de toscas
construcción y pintura. Algunos de estos habían servido para
contener la chicha, en otros se había cocinado, pues bien se podía
ver en lo ennegrecidos y marcados que estaban del fuego. A los
catorce píes de profundidad se encontraron huesos humanos, los del
muslo y brazos, pero ni la cabeza ni dientes. Después de haber
excavado hasta treinta píes se dio otra vez con la roca primitiva,
probando que nunca se había excavado más y que hasta allí llegaba
la sepultura. Como en ninguno de los sepulcros que excavó el señor
Cochrane se encontró otra cosa que utensilios de loza, dedujo que
en las inmediaciones del lago no enterraban al muerto con sus
riquezas, sino que éstas eran ofrecidas a sus dioses en la laguna.
|(Journal of a residence and travels in Colombia, during the
years 1823-24 by Capt. Charles Stuart Cochrane. London
|1825. 2 vols. 8vo. vol. II p.
|253). En otras partes
sí sabemos que se enterraban con los difuntos sus riquezas, como lo
han probado ya muchos que han tenido la fortuna de encontrar
semejantes sepulcros. Así Saacke encontró además del oro,
utensilios y armas en uno que descubrió junto a Marmato. Este era
redondo, de cerca de seis pies de hondo y cuatro en diámetro. Esto
claramente nos muestra que los enterraban acurrucados, de la misma
manera que preparaban sus momias.
|Dentwürdige Crinnerungen aus
einer bierjabrigen Reife durf Holland u in die mittleren ctaaten
bond SüdAmerica. Bolfenbuttel. 1844. 2 vols. 8vo. vol. II. p.
60.
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9.
Según parece, no usaban
nuestros indios lo que nosotros llamamos
|ruana (poncho) y
Acosta es de opinión que esta moda vino del Perú. Hoy en día es un
vestido tan común en Suramérica, que casi es característico. En mis
viajes al sur de Baviera y en el Tirol, he tenido ocasión de ver la
ruana usada por los habitantes del antiguo continente. Los
carreteros son los únicos que las usan y son hechas de una tela
tosca y de color ceniciento, parecida a la de las camisetas o
capisayos que usan en tierra caliente; son tan anchas como las
espaldas solamente, pero muy largas por delante y por detrás. No es
su vestido común y solo lo usan cuando llueve. En un bello cuadro
al óleo que ví en Mónaco, la ruana del carretero era pintada
exactamente como una de las nuestras. Parece digno de examinarse si
nosotros recibimos la moda del antiguo continente o si aquí se ha
aprendido de los americanos.
Acerca del calzado de los chibchas no se qué decir, pues los
autores no dan idea alguna de silo usaban o no. Sabemos que los
peruanos sí usaban sandalias, que llamaban
|usuta en lengua
quichua, y además el señor d'Orbigny nos ha dado la figura de un
pie, parte de una estatua. (Pl. 6 de sus Antigüedades) a donde se
encuentra también una usuta. A mí me parece muy probable que los
nuestros usasen también sus sandalias, las cuales fueron el
prototipo de las que ahora usa nuestra gente del campo con el
nombre de
|quimba. Esta es hecha de un pedazo de cuero sin
curtir, el cual se corta según la forma de la planta del pie. El
peto se pone para arriba de modo que la planta del pie no sufra
tanto la rigidez del cuero. Esta sandalia o suela se sostiene por
medio de tres cuerdas; una que va alrededor del calcañal y dos
partiendo de éste, pasan por los tobillos y sobre el empeine, y
reuniéndose en una, entran por medio del dedo mayor del pie y el
siguiente y se afianzan otra vez en la suela. Estas son pues
exactamente las mismas sandalias que los antiguos egipcios usaban y
no se sabe de cierto si eran originales en la Nueva Granada o las
llevaron allí los españoles.
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10.
Aun he alcanzado yo a ver
el
|chircate, vestido común de las indias habitantes de la
planicie de Bogotá. Es hecho de lana y muy grueso; casi
generalmente de color de chocolate, oscuro y hacia la extremidad
dos rayas de lana colorada. De ancho tiene la altura de la que lo
usa, de la cintura al tobillo y de largo lo suficiente para dos o
tres vueltas. Su chumbe es una faja como de cuatro dedos de ancho y
también de lana colorada. La mantilla española ha sustituído el
manto que antes usaban y en general están abandonando muy aprisa
estos restos peculiares a sus antepasados.
El pintarse los indios no es costumbre peculiar a ellos pues aún
se usaba en el antiguo continente. Plinio dice que Verrius cita
autores muy creíbles, los cuales afirmaban que se pintaba el
pedestal de la estatua de Júpiter en los días de fiesta entre los
romanos, y que los generales triunfantes se pintaban con minio su
cuerpo, que es de color rojo. (Plin. lib. XXXIII, 36). Además, se
usaba esta costumbre de pintarse entre nuestros indios no solo con
los colores, sino con ellos mezclados con grasa y algunas naciones
usaban el aceite de tortuga en el Orinoco, lo cual bien sabido es,
era costumbre usual entre las antiguas naciones del sur del antiguo
continente, como entre los egipcios, griegos y romanos, entre los
cuales aún duró hasta el tiempo de Tarquino, pues según Ennius,
«Tarquini corpus bona foemina lavit et
|unxit»
|
(Phin.
XIII, 3). Esto es muy claro, pues la cutis tostada por el calor del
sol, vuelve a su elasticidad natural por medio de ha grasa.
El vestido de los indios de Caquetá es algo parecido al de los
chibchas; yo tuve la ocasión de verlo y no siendo conocido
generalmente, me parece no dejará de interesar a algunos su
descripción. El manto principal es cilíndrico-cónico, con dos
aperturas en la parte superior, por donde sacan los brazos. Es
hecho de la corteza de un árbol de la manera siguiente: cortan del
tronco de este, un trozo tan largo como tiene de alto el hombre que
va a usarlo y luego le quitan la corteza, la cual puesta en agua y
machacada varias veces suelta la parte leñosa y solo queda el tisú
celular; una especie de lino blanco pero tosco. El manto que yo ví
tenía la orilla inferior pintada de azul, en semicírculos juntos,
en cuyo centro había un punto: ﻦﻦﻦ
. En la cabeza traen los de más rango una corona de una pulgada de
ancho, hecha de las alas externas de un coleóptero verde, las
cuales encajan unas sobre otras. Por detrás pónense en esta corona,
perpendicularmente, varias plumas grandes y de los más primorosos
colores. El pelo lo tienen echado para atrás y con su peine lo
sujetan, que es de palo y a manera de los que llamamos peines
tupidos. Sobre las orejas tienen dos palillos que proyectan a los
lados de la cara y en cuyo extremo hay en cada uno un cordel con
bellísimas y pequeñas plumas. Al cuello traen sartales de los
colmillos de tigres y otros animales feroces que ellos mismos han
de haber matado y en lo cual se conoce el rango y valor del que los
trae. Sus armas son la flecha y la macana, hechas del palo negro y
duro que también se llama macana. Además traen sobre las espaldas
varios pájaros disecados, de los más bellos que han cogido. Son
además muy industriosos y expertos en el laboreo de la tierra
cocida.
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11.
Acosta dice que el padre
Simón da como lugar destinado para este templo, las cuadras de
Porras, al norte de la ciudad de Tunja y opina que, como vemos en
el texto, así trataba de explicar su existencia. Ya varias veces he
hecho alusión al descubrimiento del señor Vélez Barrientos, cuyo
templo según Acosta mismo dice, es aquel a que se refiere en el
texto. Según el señor Vélez Barrientos este edificio está entre el
camino de Gachantivá a Moniquirá y tiene una extensión de 45 varas
de largo y 22 de ancho; está edificado según la longitud, de
oriente a poniente. Las columnas visibles son 29, cilíndricas y muy
bien trabajadas. Sin embargo, como dice nuestro autor, no se puede
afirmar que esta sea toda la extensión del edificio ni este el
número total de las columnas, pues están de tal manera dilapidadas
que lo más que proyectan sobre la superficie es vara y cuarta.
Algunas están en línea recta y tan juntas unas a otras que solo
distan una media vara.
|(Bulletin de la Societé de Géographie de
París. Aout 1847, pág. 97 y sig.).
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12.
Como nuestro compatriota
Joaquín Acosta dice, pertenecía esta costilla a animales
antediluvianos, cuyos restos se encuentran muy a menudo en las
cercanías de Soacha. El barón Cuvier (en sus «Ossements fossiles»)
ha descrito varios, y entre otros se encuentran los restos del
gigantesco megaterio. No es de admirarse que los indios adorasen
esta costilla, pues según se dice, en cierta ciudad de Italia, se
tiene como reliquia un fémur (hueso del muslo) de uno de estos
animales y se toma por el de San Cristóbal y como a tal lo
veneran.
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13.
El doctor Joly ha descrito
una de tres años. Era una hembra y su cabeza pertenece a aquella
clase que se ha nombrado
|bragicéfala, es decir, cabeza
corta, o cuyo eje del hueso frontal al occipital, es más corto que
el otro a ángulo recto. Las mantas en que estaba envuelta eran muy
finas y bien trabajadas. Muy doloroso nos es ver que su procedencia
fija no se sabe, pues dice el autor que se encontró en las montañas
de la Nueva Granada.
|Memoires de l'Académie des Sciences de
Toulouse. 4me sér. t. I. pág. 251, con una lámina.
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14.
Ya que nos es imposible dar
una historia del platero en América, aún siquiera saber qué edad
podemos juzgarles a los tunjos de oro que representan la lámina I,
tal vez no dejará de interesar algo de la historia en el antiguo
continente y así he resuelto dar, aunque en abreviatura por decirlo
así, una corta revista, notando lo difícil que es distinguir la
fábula de los hechos históricos.
Hallándose que los metales no se rompían tan fácilmente como la
loza y que se podían hacer Vasos y otros utensilios de ellos, la
comodidad los hizo preferir en ciertas obras. El oro y la plata
fueron los primeros, en este grupo, pues se pueden fundir y labrar
muy fácilmente y sobre todo se encuentran nativos en su estado
metálico. El lujo hizo luego la preferencia por el oro.
En uno de los libros más antiguos que poseemos, la Biblia, en
los escritos de Moisés ya, hay muchos pasajes que muestran lo muy
temprano que se comenzó a cultivar el arte del platero. Jehová le
dice a Moisés
|I
que
las ofrendas que se le debían hacer eran oro, plata y cobre, etc.,
le da la descripción minuciosa del altar que debe edificar, la
mayor parte de oro, para poner las tablas de la ley, y entre otras
cosas le manda que se hagan dos querubines de oro cuyas alas se
extiendan sobre la tapa del altar. En fin, le da tales direcciones
que bien se deja ver que ya en esos tiempos trabajaban muy bien el
oro.
Quién descubrió este metal y lo usó por primera vez, es para
nosotros un enigma insoluble. Sin embargo Plinio dice
|
II
que fue Cadmus, quien
encontró el metal en el monte Pangaeus y también aprendió a
fundirlo. Nota además el mismo autor que otros atribuyen el
descubrimiento del oro a Thoas y Eaklis en Panchaya o a Soldes,
hijo de Oceano. Cadmus se supone viajó en Grecia por el año 1493
A.C. Lo cierto es que desde la antigüedad más remota se usaron
ídolos, utensilios y aderezos de oro puro. La experiencia
mostrando, sin embargo, que el metal era demasiado blando, se
vieron obligados a mezclarlo con otros para aumentar su dureza y su
volumen. Según Aristóteles, quien primero fundió los metales y
enseñó a ligarlos fue Lydus.
|III
Baste esta noticia histórica acerca del descubrimiento del oro,
que encontramos en los autores profanos, y veamos quién lo usó
primero. En los libros de Moisés, se habla de Tubalkain, hijo de
Lamech, perteneciente a la sexta generación de Adán, como un
platero renombrado.
|IV
Inútil sería recorrer aquí todos
los pasajes en que notamos el arte del platero mencionado en los
libros de Moisés, bástenos recordar el becerro de oro de los
israelitas, obra generalmente conocida y de las mejores
producciones egipcias, como también el anillo de oro y los dos
brazaletes que el sirviente de Isaac, a quien había enviado
Abraham, regaló a Rebeca.
|V
Aun de los tiempos mitológicos tenemos noticias de las labores
de oro, pues según Homero, Vulcano trabajó en oro y plata el cetro
de Agamemnón y también la rodela de Aquiles, hecha de bronce,
estaño, plata y oro, compuesta de cinco planchas y en la superior
varias figuras grabadas perfectamente. Esta obra sin embargo se
atribuye a un platero muy conocido en la antigüedad, a Cedalio.
Es muy incierto cuándo se hicieron las primeras estatuas de oro.
En los tiempos más remotos, sabemos que los egipcios usaban ídolos
de oro, pero su forma nos es desconocida. Paussanias dice que el
arte de fundir el metal y hacer de él formas en una matriz, aún no
era conocido en el tiempo de Ulises y que las estatuas se hacían
como un vestido, a pedazos y sucesivamente. Asegura el mismo autor
que los primeros que vaciaron una estatua fueron Rhaecus, hijo de
Philaeus y Theodorus hijo de Telecles, ambos naturales de Samos.
Este último fue el que grabó la bella esmeralda de Polycrates y
según Plinio
|VI
, el que inventó la regla, el nivel
y la llave.
|Descriptio Greciae, lib. VIII c. 14 Arcadia.
Plinio nos dice que la primera estatua sólida y de oro que se
hizo, y que precedió a las macizas u holosfiráticas, de bronce
|(aes) debe haber estado en el templo de Anataide, cuya
divinidad era muy venerada por su pueblo, los armenios, que vivían
en una provincia de este nombre, en el Eufrates.
|VII
Según el mismo autor, fue Gorgias el primer hombre cuya estatua
se hizo de oro, y costeada por sí mismo. Gessler, sin embargo, dice
que todos los demás autores convienen en que fueron los griegos
quienes erigieron esta estatua al magnífico orador de la séptima
olimpíada.
Este pues fue el principio, y estas las obras que se dieron a
conocer al mundo. Después siguióse usando el oro para todo y con un
lujo que realmente nos admira. Desde aquí, sin embargo, es la
historia del platero más fácil de seguir y también tan extensa, que
me parece suficiente lo que ya he dicho; lo subsecuente no teniendo
tampoco probabilidad de haber influído en algo el arte en
América.
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15.
Aún se conserva en la
Nueva Granada este gusto particular por las decoraciones y labores
complicadas, como se puede ver cada día en las totumas que labran
los habitantes, de la fruta del totumo
|(Crecentia pujetes).
La fruta es de varías y distintas formas, siempre inclinándose, en
las normales, a la esférica, se divide en dos partes, para hacer
una totuma, y se limpia bien su interior, quedando así transformada
en dos hemisferios huecos o totumas. En la epidermis verde se
pueden cortar fácilmente las formas y figuras que se quiera y así
queda expuesto el hueso blanco de la fruta. En el mismo estilo pero
de una manera más curiosa se labran los palos de los fuetes
(zurriagas) que nosotros usamos en el campo. El palo se toma aun
con la corteza verde y en esta se labran las figuras que se quiera,
lo que fácilmente se puede hacer con cualquier instrumento por poco
cortante que sea. Una vez hecho esto, habiendo removido la corteza
en las partes labradas, se introduce el palo en ascuas no muy vivas
y se tiene cuidado de darle vuelta. Al cabo de un rato se saca, y
aquellas partes de donde se había removido la corteza, habiéndose
carbonizado con el fuego, están negras, mientras que el resto,
resguardado por la corteza, queda del color original del palo.
Luego se quita el resto de la corteza y así queda el palo pintado
de blanco y negro.
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16.
Entre los indios no solo
estos se han valido de este arbitrio para ocultar sus tesoros a los
españoles, pues lo mismo hicieron los peruanos con la famosa cadena
de oro (Huasca) que el inca Huayna-Capac mandó fabricar en honor
del nacimiento de su hijo primogénito, Intinesi-Hualpa-Huascar, la
cual dicen fue arrojada a la laguna de Urcos. Según Zárate, era
esta cadena del grueso de la muñeca de un hombre, y tenía de largo
350 pasos, que son 700 pies y tomaba dos costados de la plaza de
Cuzco.
|(Rivero y Tschudi, Antigüedades peruanas p. 213). Aun
los mismos españoles siguieron el ejemplo de los indios, pues en la
guerra de nuestra independencia, depositaron en el río Bogotá al
retirarse, gran cantidad de platino y aún tenemos fresco en nuestra
memoria el desagüe que se hizo pocos años ha para sacarla.
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|
17.
Entre los antiguos, dice
Plinio que no se ha hecho otro uso del oro en las ofrendas que para
adorar los cuernos de los animales que se ofrecían y esto solo
cuando eran grandes. (Plin. lib. XXXIII, 12).
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|
18.
Ultimamente ha habido
alguna controversia acerca de estos cráneos. En el condado de
Grafenegg en Austria y en varias otras partes después, se han
encontrado cráneos cuya forma es tan idéntica con la de los
peruanos, que el señor Tschudi creyó fuese este cráneo uno traído
del Perú. Fitzinger con otros, dice que estos cráneos son
originales en Europa y que pertenecen a la raza de los avareos,
quienes en 563 habitaban en Panonia y en una parte de Austria. A la
identidad con los cráneos peruanos se une la que tienen con los
neogranadinos, pero como esta cuestión está fuera de nuestro plan,
conténtome, sin tratar de decidir si en Europa también hubo un
pueblo cuyos cráneos eran idénticos con los de los antiguos
peruanos y neogranadinos, con solo notar esta semejanza y referir
al lector a las excelentes memorias que sobre la materia se han
publicado.
|L. J. Fitzinger, Ueber die Schädel der A varen.
Denkschriften der Kaiserlichen Academie der Wissenschaften,
1853,
|t. 5, p. 21; a donde se encuentra todo lo relativo
a esta materia. Vid. nota 12.
|
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|
I
|
|Génesis XXV Lib. 2º vol. 3 y
sig.
|
|
II
|
|Plinius. Historia Natural. Lib.
VII, 57.
|
|
III
|
|Id.
|
|
IV
|
Génesis I. Cap. 4 y. 22.
|
|
V
|
id. XXIV, v. 22.
|
|
VI
|
Historia Natural VII, 57 (de las
antg. ed. 56).
|
|
VII
|
Historia Natural Lib. XXXIII,
24.
|