CAPITULO IX
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DESCRIPCION DE
LAS OTRAS LAMINAS
Los chibchas, según los españoles los encontraron cuando por
primera vez llegaron a Bogotá, eran pequeños de estatura, gruesos y
bien formados, del color rojizo peculiar de la raza, ojos
horizontales y nariz ancha. La frente pequeña y deprimida, los
huesos de los cachetes (los malares) prominentes, y labios gruesos;
sin barba hasta una edad avanzada.
He preferido retardar esta pequeña noticia por la conexión que
tiene con la lámina II
que representa dos cráneos de los indios de la provincia de Vélez.
Estos, en común con los de muchos otros indios, muestran la
depresión del hueso frontal, especialmente el cráneo número 2. Muy
notorio es que los antiguos indios usaban de artificios mecánicos
para producir un cambio semejante en la forma normal de los cráneos
humanos; es decir, ataban fuertemente tablillas a la cabeza de sus
hijos, la cual al crecer tomaba la forma que ellas les daban. Sin
embargo el señor Tschudi ha probado de la manera más completa que
no solo a esto se debe la forma de estos cráneos. Su opinión,
fundada sobre el examen de fetos encontrados en el Perú, es que aun
en estos, es decir, aun la criatura antes de nacer y por supuesto
antes de que la mano del hombre le haya dado forma alguna, se
encuentra la depresión del hueso frontal y forma ovalar del cráneo,
de modo que podemos colegir sea esta una forma peculiar y
característica de los cráneos peruanos. Poco se necesita para
suponer una peculiaridad tal a los cráneos de los neogranadinos,
pero hasta que nuestras investigaciones no sean coronadas con un
éxito tan favorable como las del señor Tschudi, no podemos atribuir
esta depresión, entre nuestros indios, sino al efecto mecánico de
las tablillas.
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La figura tercera representa el perfil de un pendón de huso,
hecho de barro, y encontrado en Neira, provincia de Antioquia. La
otra es una vista perpendicular del mismo, representado
geométricamente para evitar el efecto de la perspectiva, que
acortaría las líneas que le sirven de adorno.
El arte del alfarero parece haber sido uno de los más cultivados
entre las naciones de América. Del alfarero encontramos obras que
ni el escultor ni el platero produjeron, si bien es cierto que la
ejecución es mucho más fácil en el blando barro; pero en la idea,
en el modelo, queda siempre el arte impreso. Me parece que los
escultores entre los indios no acostumbraban primero modelar y
luego esculpir, como ahora se usa, sino que de la masa de piedra,
una vez concebida la idea, al momento esculpían, y ciertamente el
alfarero no usaba modelo alguno. Este no poseía el torno que hoy se
usa en la alfarería y hacía sus figuras a pura mano, lo cual realza
el valor de aquellas que están bien hechas. Aún hoy se encuentra
este arte entre los indios de la Nueva Granada con una perfección
admirable. El modo de cocer el barro, era, como el señor d'Orbigny
lo describe, respecto a otras naciones, al aire libre, o bien en un
hoyo que hacían en la tierra y luego llenaban con sus obras y el
combustible con que las cocían. Las siguientes láminas representan
las producciones de este arte entre los armas.
Lámina III.
Representa una figura humana, acurrucada, o en una posición muy
semejante. Es hecha de un barro amarillo rojizo, y aunque
originalmente tenía su barniz o vidriado, ya se le ha caído,
quedando solo en muy pocas partes visible. Esta figura es hueca y
como vemos en el perfil (lámina IV, figura 1) tiene en la cabeza,
por detrás, un pequeño agujero (a). Por aquí la habían llenado de
oro en polvo, con el cual se encontró, en Neira, cerca de Salamina,
provincia de Antioquia. Era pues este sin duda un receptáculo que
usaban los armas para el oro en polvo con que hacían sus ofrendas
en los adoratorios. De alto tiene algo más de 28 centímetros y 15
en la parte más ancha.
Lámina IV, figura
primera, representa el perfil de la figura anterior, reducida al
cuarto del tamaño natural. La figura segunda es un crisol de los
que los armas usaban para derretir el oro. He preferido este al
dibujo que de otro crisol también hice y que había sido usado ya,
como bien lo mostraba lo ennegrecido que estaba por el fuego, por
ser este más regular en su forma y estando aún nuevo, se pueden ver
las pequeñas líneas que le sirven de adorno. En algunos de estos
crisoles aún se ha encontrado el oro derretido. Tiene 5,2
centímetros de alto y 4,5 en lo más ancho. La figura tercera es una
pequeña taza que parece había sido ya usada en la cocina por lo
ennegrecida que está. En la parte superior representa el pecho de
una mujer con los brazos cruzados y de una cara irregular, cuyas
narices en lugar de frenillo no tienen sino un agujero que las
traspasa. La figura es un tercio del tamaño natural. Las
figurascuarta y quinta son un aderezo labrado en piedra verde que
parece ser chisto de talco
|(talkschiefer). El centro de la
figura cuarta es hueco y por los agujeros sin duda pasaba algún
cordón que la unía con el tejo o tapa, figura quinta. La figura es
del tamaño natural.
No me parece haber duda, que la preferencia que los antiguos
neogranadinos tenían por las piedras verdes, era a causa de las
esmeraldas que siendo del mismo color, tanto apreciaban y con las
cuales tal vez confundían otros minerales. La figura sexta
representa una taza muy bien hecha y de muy regular forma. A los
lados tiene las orejas, que sirven tanto para la cara de adelante
como para la de atrás, pues tiene dos. En cada una de las orejas,
además de un pequeño agujero, se ven dos botoncitos de oro y lo
mismo en las narices, a donde además se ve, pendiente al frenillo,
el
|curicuris o alambre torcido que los habitantes de Cali
usaban. La figura es un tercio del tamaño natural. Todas estas
figuras son de loza o tierra cocida, excepto las cuarta y quinta, y
todas provienen de Neira. La figura séptima representa una cara
risueña, también hecha de barro. Originalmente debió estar unida al
cuerpo pues por detrás se ve palpablemente que ha sido rota. La
corona que alrededor de la cabeza tiene, nos da una idea de las que
usaban los indios. Las narices, como en la figura tercera, solo
tienen un agujero en lugar de frenillo. Esta figura es sólida y
pesa bastante; en la lámina está reducida al tercio del tamaño
natural. Se encontró en Sonsón, provincia de Antioquia.
CONCLUSION. - Se creyó que uno de los tunjos encontrados en el
lago de Guatavita, tenía semejanza con los ídolos del Hindostán,
según cita, entre otros, Bradford en sus Antigüedades Americanas
(p. 142). Para cerciorarme de esta opinión, he visto casi todas las
obras que han aparecido con láminas, acerca de las antigüedades de
los hindos, pero en ninguna parte he encontrado cosa alguna que
siquiera se asemeje a los tunjos de nuestra lámina I. Es pues de creerse que esta fue
una prematura idea, de lo cual puede muy bien cerciorarse el lector
comparando la lámina I con cualesquiera obras de los hindos.
Además, sí comparamos las creencias mitológicas, los usos y
costumbres, y el grado de civilización de estos dos pueblos,
hallamos una diferencia tal, que ya esto nos haría desistir de
buscar comparaciones. Es cierto que el señor Duquesne dice que los
chibchas representaban a Bochica con tres cabezas, en lo cual
podíamos ver al momento el
|trimurti de los hindos. Sin
embargo este dignísimo autor escribió ya cuando la raza chibcha
estaba casi extinta y sus ideas ya muy mezcladas con las del
cristianismo, para que se pueda creer todo lo que entonces los
indios podían relatar a nuestro autor, pues en ninguno anterior he
visto por segunda vez expresada la misma opinión. Las figuras de
las otras láminas, en tierra cocida, retienen el carácter general
que pertenece a las obras de los antiguos americanos, aunque se
note sin embargo un estilo particular. Siendo tan corto el número
de estas, no me parece de ninguna utilidad, al presente, dar una
comparación con obras semejantes del nuevo y del antiguo
continente.
El estudio de la arqueología comparativa pertenece a los más
interesantes que se pueden presentar al arqueólogo americano. Una
vez que la etnología y las otras ciencias han encallado al tratar
de resolver la gran cuestión con respecto a la América, el origen
de su población, no debe dejar pasar el arqueólogo americano, un
momento sin tratar de resolver la cuestión y hacer un
descubrimiento digno de la época en que vivimos.
El estudio de las lenguas americanas ha sido de los más
profundizados acerca de América; sin embargo, los resultados que ha
dado son muy escasos y las conclusiones, siendo solamente basadas
en analogías filológicas, de muy débil fundamento. Las bellas
artes, junto con el estudio profundo de los pueblos americanos, son
nuestra inmediata esperanza y ellas serán las que deben solver una
cuestión de tanto momento, como es el origen del americano, si no
solo uno, sino muchos unen sus fuerzas para buscar la verdad.
Hombres como Humboldt, Rivero, Tschudi, Kingsborough y Stephens nos
han precedido, ¿quién no seguirá sus huellas?
¡Quiera el cielo que encontremos cooperantes, no solo en nuestra
patria sino en el mundo entero, a cuyos talentos, a cuya ciencia
debamos nuestra instrucción y el indio investigaciones rivales de
aquellos que son el mayor honor de los pueblos clásicos de la
antigua Europa!
Conténtome solo con añadir mi deseo de que pueda esta cortísima
e imperfecta noticia de las antigüedades de nuestro suelo patrio,
producir algún efecto entre mis compatriotas. ¡Ojalá despierte el
gusto por la arqueología patria; pues de ningún modo mejor vería yo
coronado mi pequeño escrito que si en lo sucesivo hubiese
producciones arqueológicas de nuestro país, dignas del objeto de
que tratan y de sus autores. Séanme estas páginas un ameno
precursor en mi país, puedan ellas allanar un tanto el camino que
pienso seguir, y más que voluntario dedicaré mis fuerzas, mi vida,
al objeto más honroso y que más anhelo: al estudio de mi
patria!