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INDICE
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Estas ruinas, que cada día van desapareciendo más y más, y que
casi en su totalidad cubren ya las silvestres matas que sobre ellas
han arraigado, son el único recuerdo que queda de una ciudad
populosa, del antiguo emporio del comercio de España con sus
colonias de la América del Sur, y de la plaza fuerte de más
consideracion que en el grande Océano tenía. Fué fundada en 1518
por Pedro Arias Dávila, el verdugo del noble Balboa, pero desde
ántes del descubrimiento de América se comprende que Panamá había
de tener alguna importancia comercial. Lo poco ancho que por
aquella parte es el istmo, la poca altura de los montes en aquel
sitio, ofrecen á trasportes y cambios facilidades como ningun otro
punto de la region. Estas condiciones tan favorables, y la natural
fertilidad del terreno, fueron móviles sin duda para que en las
continuas emigraciones de las primitivas tribus que recorrieron la
América, se fijaran allí las más poderosas, y las que relativamente
alcanzaban mayor grado de civilizacion, pues el comercio
rudimentario de entónces no podía en verdad hallar lugar más á
propósito. La embocadura del Chagres abría un excelente y cómodo
puerto á las piraguas, único medio de comunicacion que por mar
tenían los indios; y el río ancho y profundo permitía que las
barcas pudieran llegar hasta el ángulo de Matachín, que dista sólo
veintidos kilómetros de la costa del Pacífico: desde aquí, por
medio de senderos que con suma facilidad podían abrirse, una sola
jornada era bastante para que los conductores de fardos llegaran á
la segura y tranquila rada de Panamá.
Las riquezas de la ciudad india, acrecidas por el deseo de
posesion que en todos dominaba, debieron excitar la codicia de los
conquistadores establecidos cerca de los bordes del Atrato, en
Santa María la Antigua, que fué la primera ciudad que en América
fundaron los españoles. No queriendo en modo alguno permanecer en
la quietud, esperando la lenta sumision de los naturales que
poblaban las regiones circunvecinas, abandonaron sus guaridas de
los bajos del gran río para ir á fijarse en Panamá. Santa María la
Antigua, poblacion en que se había consagrado el primer obispo de
la América continental, cayó poco á poco en el más completo olvido,
hasta tal punto, que, abandonada, fué desapareciendo hasta perderse
en absoluto. Es bastante aventurado cuanto se ha dicho acerca del
lugar en que estuvo emplazada; las opiniones no concuerdan, y por
mucho que se ha trabajado sobre el particular, no ha llegado á
saberse con certeza cuál fué el sitio en que primeramente se
establecieron los españoles.
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Iglesia de Santo Domingo, en
Panamá.
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La ciudad, fundada al lado ó en el mismo punto que las casas que
los indios ocupaban, creció tan rápidamente desde el principio, que
en 1521 le fueron concedidos los honores de obispado, siendo el más
célebre prelado de los que aquella silla ocuparon D. Lúcas
Fernandez de Piedrahita, autor de la Historia de la conquista del
reino de la Nueva Granada. Como por encanto, surgieron del suelo
iglesias y monasterios, y tal fué su crecimiento, que 1651 quedó
establecida en ella una Universidad; pero en 1671 la orgullosa
metrópoli fué saqueada por el filibustero Morgan, sin que los. que
sobrevivieron á la catástrofe intentaran reedificarla de nuevo. Más
que nada, de tal desastre tuvieron la culpa los mismos españoles,
tanto por la excesiva confianza con que procedieron, como por los
abusos que sin cesar cometían: habiendo notado que los indios se
sometían fácilmente, y que por la escasez de medios con que
contaban era muy poco lo que de ellos podían temer, se abandonaron
con sobrada ligereza. Los naturales apelaron entonces à la astucia
y á las sorpresas, y gracias á una de éstas, una noche las llamas
consumieron casi totalmente la ciudad, sin que la catástrofe
pudiera evitarse, ni llevarse á cabo la persecución de Morgan, que
no era la primera vez que tal hazaña intentaba.
Otro de los paseos más interesantes que pueden emprenderse es la
ascension al cerro de Ancora, cuya altura es de ciento setenta
metros, y desde el cual se domina la ciudad entera. Una vez en su
cima, la vista alcanza á todo el inmenso golfo de Panamá y sus
graciosas islas; toda la extension del río Grande se abarca desde
ella, y puede' extenderse sobre las ondulaciones del terreno, al
que limita el azul horizonte, y van á morir en las ruinas de la
antigua capital, envuelta en su mortaja de verdura.
Al descender del Ancon, pasamos por el Chorrillo, que es la
única fuente que abastece de agua á la ciudad. Las lavanderas
golpean las ropas con grandes palas; el calor es abrasador, y más
que nada aumenta la fatiga el tener que trabajar á brazo contra
aquellas grandes piedras. "Donde no hay incomodidad no hay placer,
dice la sabiduría de las naciones; y aquellas mujeres tienen
derecho á poner en accion la máxima, aunque es cierto que ellas lo
realizan con el mayor número de comodidades posibles, y muestran
demasiadas fealdades á los transeuntes. Negras, indias ó mulatas,
todas tienen el cuerpo desproporcionado y disforme; todas son, ú
obesas, ó flacas como esqueletos: no hay términos medios. ¿A cuál
de ella podría darse la manzana de la fealdad?
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