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Esta poblacion, resultado de un cruzamiento llevado hasta lo infinito entre blancos, negros, indios y chinos, aunque en menor proporcion, y de culíes asiáticos, es en su fondo dulce, servicial y buena, pero perezosa y fácil para promover disturbios y revoluciones á que se la incite ó aconseje: basta sólo con algunos intrigantes para ello, y aquí son numerosos en los partidos más ó ménos liberales, más ó ménos retrógrados. Poco más ó ménos, como sucede en el resto de la América latina, el color de la piel determina el de las opiniones. Luego que uno de los agitadores logra reunir el número de descontentos que cree bastan á la realizacion de sus fines, queda acordado un pronunciamiento; los sublevados se ponen sobre las armas y van á ocupar la plaza de Santa Ana., su iglesia y todas las casas que dominan la ciudad, desde un corto tiro de bala. Los jefes que ocupan el poder ensayan resistir, se organizan como pueden y toman posiciones en una altura casi igual á aquélla, que domina la playa y la avenida del peligroso barrio. Por desgracia, cuentan de ordinario con muy poca gente para el sostenimiento de este punto; el fuego de los adversarios los dispersa en breves instantes, y la ciudad es tomada.

Las alturas de Santa Ana son consideradas de tal importancia, que en tiempo de los españoles estaba totalmente prohibido construir en ellas ni una simple casa. Un marqués de Santana, de quien aquellos terrenos eran propiedad, quiso, valiéndose de lo que podemos llamar un subterfugio, esquivar la dificultad. Contando con el apoyo de las Ordenes religiosas, que en aquel tiempo contrabalanceaban la autoridad del virey, si es que no llegaban á sobrepujarla, hizo construir primero una iglesia con convento, en el centro mismo de la llanura, y el Gobierno teocrático que regía, temiendo los conflictos que podían sobrevenir, no se atrevió á reclamar. Valiéndose como argumento en pro de lo que se proponía de que los edificios aquellos derogaban virtualmente el edicto en cuestion, el marqués comenzó á construír una gran casa señorial; pero, á despecho de su hábil intriga y de las grandes influencias del clero, no llegó á terminarla, pues el Gobierno de España dió órden formal y terminante de que se suspendieran los trabajos. La iglesia, el monasterio y la casa, que permanece por terminar, sirven hoy de fortaleza al pueblo y aseguran su victoria, sobre todo desde que fueron derribadas las fuertes murallas con bastiones y cegado el foso que, lleno de agua, protegían á la ciudad contra los ataques de la parte de tierra. Las ruinas de la iglesia son imponentes por su masa, su vista sombría y su severo aspecto. Como todos los edificios de Panamá, Santa Ana está construído con rocas ígneas, pórfiro, traquito, dolerita, basalto rojo, pardo ó verdoso. Lo que más interes le da son los restos de atrincheramiento levantados á toda prisa para sostener un sitio, las aspilleras y las mil huellas y desconches hechos por la metralla y las balas de fusil. Aquel monumento, elevado bajo la invocacion de un Dios de amor y de paz, es el lugar del país donde se libran los más encarnizados combates entre ciudadanos, entre hermanos.

Iglesia de Santa Ana, en Panamá.

Sangre preciosa, derramada para empobrecer al país y hacer más miserables á los partidos, resultando ventajas únicamente para un puñado de ambiciosos. Por ventura aquellas convulsiones duran poco: una ó dos batallas en las calles, y el drama queda terminado. Inmediatamente la faccion victoriosa se apodera de los empleos públicos, sin que extienda á más la accion de su venganza; nada de . proscripciones, ni de sangrientos procesos, ni bajas venganzas, forman, como en Europa suele suceder, el vergonzoso epílogo de las luchas civiles.

Los barrios de que venimos hablando tienen única y exclusivamente esta iglesia, que en momentos dados les sirve de fortaleza. La ciudad, ó sea el espacio que circunscribían las antiguas murallas, las cuenta por docenas. Estos edificios, y los extensos conventos que forman sus anejos, dan patente y clara idea de la riqueza de Panamá en el siglo pasado. Siete monasterios ocupan casi toda la superficie; el único que se encuentra en buen estado de conservacion es el de la Concepcion, y en él ha podido ser instalado el hospital; algunos otros tienen salas disponibles, que con frecuencia emplean para almacenes, cantinas ó depósitos militares. El más grande es el de San Francisco, que cubre la mayor parte del bastión N.-E., sin que tenga de interesante más que su misma extension; la iglesia, aunque en muy mal estado, sirve aún para el culto. Extremadamente extensa y de una arquitectura muy sencilla, tiene por todo adorno una elevada torre, destinada á campanario, pero á la que apenas si se ha hecho subir de la nave; ésta se encuentra agrietada por todas partes; los muros han perdido la vertical, las columnas están inclinadas de un modo amenazador. Antes de mucho tiempo las hormigas acabarán de arruinarla, pues en numerosísimas legiones lo ocupan todo, desde los cimientos hasta la techumbre; el suelo, minado tambien, se desmorona; han intentado cegar sus trabajos, envenenar sus ejércitos con petróleo, pero trabajo perdido, pues no se ha conseguido más que diferir sus trabajos, y bien pronto habrá de quedar prohibida la entrada en el santuario. Este convento poseía grandes propiedades en la provincia de Veragua, concedidas á los misioneros que desde su llegada al istmo habían predicado el cristianismo, convirtiendo á él á los naturales (1521). De los demas monasterios apenas si quedan más que las capillas; poco á poco, despues de las sucesivas reformas políticas y económicas que por los Gobiernos se han venido llevando á cabo, se han ido convirtiendo en casas habitables, ó se han desmoronado por el abandono, que ha sido pausa de que sobre ellos impere la destructora accion del tiempo Entre las iglesias que aún sirven al culto pueden citarse San Juan de Dios, San Felipe, y la del convento de Santo Domingo, cuyos muros se conservan en buen estado, pero de la que un incendio, de los que son allí tan frecuentes, ha destrozado el techo; el municipio alega, para dejar de componerla, que carece de fondos para más urgentes atenciones, y los fieles oponen para su abandono la misma razon. Aún puede verse un arco de más de veinte metros, y cuya curva es de una forma muy perfecta, lo que concluyentemente prueba la absoluta inmovilidad del suelo. Esta iglesia, que á poca costa hubiera podido conservarse poco despues del siniestro que la dejara descubierta, y que durante mucho tiempo estuvo abandonada, sin que nadie se acordara de ella, ha llegado al fin á convertirse en una panadería al vapor.

Las ruinas más imponentes de la ciudad, y que más llaman la atencion, son las del Colegio de los jesuitas. Este convento, casi igual en extension al de San Francisco, pero más pobre de arquitectura, no llegó á terminarse nunca, y su capilla, descubierta tambien á causa de un incendio, sirve con harta frecuencia para los espectáculos que pueden celebrarse, al aire libre.

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