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En Gatum dicen, y yo lo había oido afirmar tambien en París, en
el Congreso reunido para llevar á cabo los estudios del canal, que
han muerto sucesivamente más de treinta jefes de estacion víctimas
de la malaria, terrible historia en la que cuesta trabajo creer
viendo la antigua estacion, casa encantadora de un solo piso,
rodeada de galerías y construida á la fresca sombra de los
cocoteros, sobre una pequeña colina cuyos bordes lamen las aguas
del río he hablado con un jóven que la habita desde muchos años; su
padre, después le haber estado trabajando en las obras del
ferro-carril, escogió aquella aldea para dedicarse á la cria de
ganado, y hasta ahora ningun motivo tiene para quejarse de que
Gatum sea insalubre. Por lo demas, la compañía no tuvo allí
empleados blancos más que durante ocho ó diez meses que aquel punto
estuvo siendo cabeza de línea, y en las demas estaciones sólo
permanecen los negros encargados de la custodia y conservacion de
la vía, pues ni un solo blanco vive en ellas. Sobre cualquier punto
de los que hay destinados para embarcaderos, el viajero que quiere
tomar el tren coloca su equipaje en una plataforma, á la altura de
los wagones, él mismo da la señal, y el convoy se detiene. Para
bajar, avisa al jefe del tren, el cual manda dejarlo en el punto
que haya indicado, con lo que la compañía realiza economías
considerables, sin que por ello el servicio vaya peor, y sin que
jamas haya ocurrido un accidente desgraciado, por el especial
cuidado que cada uno pone en ello.
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Estacion de San Pablo y puente de
Barbacoa.
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En Colon y en Panamá la linea se encuentra en medio de la calle:
una primera campanada, avisa de que la hora para partir está muy
próxima, la segunda es el aviso de que el tren va á partir, y la
tercera de que parte. Monta quien quiere; los wagones son largos,
abiertos por los dos extremos, y sin portezuelas. Hallándose el
tren en marcha, un empleado pide los billetes; y si alguno,
esperando defraudar, no lo lleva, se detiene el tren y hacen bajar
al atrevido. Pocos son los que se deciden á realizar á pié un viaje
de más de cuarenta kilómetros, con el sol abrasador que allí cae;
algunos negros se aventuran, no obstante, ofreciéndoles la vía un
camino perfecto y sumamente cómodo en un país que carece de sendas
y calzadas; pero hasta esto se halla dificultado por el paso de los
ríos, en los que los puentes que se construyeron no tienen piso,
por lo que es menester saltarlos de traviesa en traviesa, y en un
viaducto largo es por lo ménos necesario saltar cien veces, siendo
éste un ejercicio que requiere gran fuerza de piernas, por cuanto
entre traviesa y traviesa media más de un metro; y si el puente es
alto, no puede arbitrarse tampoco este recurso, á ménos que no se
tenga una cabeza segura de todo punto.
La línea no está limitada por ninguna barrera, así es que los
ganados se pasean por ella libremente; se disminuye la velocidad,
la locomotora silba, para avisar que deben dejar el paso franco, y
si alguno tarda, es derribado á derecha ó á izquierda por la jaula
de los bueyes, gran enrejado en forma de reja de arado, que los
aparta sin grave daño. Al principio, los descarrilamientos eran muy
frecuentes; pero un nuevo medio ha determinado nuevos instintos;
tan pronto como oyen el silbido, el rebaño que se encuentra sobre
la vía se aparta á uno de los lados, formando fila, y deja pasar el
tren.
En aquellos grandes wagones se va muy cómodamente, y de todos
ellos, sin que quepa dudarlo, el que reune mejores condiciones es
el de bagajes, qué es en el que va el jefe de tren; tuvimos
nosotros la suerte de serle presentados, y él, mostrándose amable
hasta donde pudo, nos permitió ir en su departamento, gracias á lo
que, aunque incómodo su asiento, pues estaba reducido á un banco de
madera, pudimos estudiar á gusto el paisaje por las grandes puertas
de los lados y la delantera, á la que nada estorba la vista, y
además, el primero tiene derecho al único vaso y al agua helada que
la compañía ofrece á los viajeros.
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Vista general de Panamá.
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Al llegar á Gatum rodean al tren una multitud de mujeres para
vender huevos, pan, bananas y hasta cerveza, todo excesivamente
caro, pero nunca al exorbitante precio que hacían pagar las mismas
mercanelas á los mineros de California, alguno de los que llegó á
pagar cinco francos por un solo huevo. Ofrecen tambien una planta
de la familia de las orquídeas (peristera elata), la flor del
Espíritu Santo, que crece muy abundante en los alrededores, y es
muy rara más léjos, segun parece; sobre la bella corola de esta
flor, deliciosamente perfumada y de un color blanco como la cera,
los estambres y los pistilos forman un pequeño grupo que tiene gran
parecido con una pequeñísima paloma matizada de rojo.
Desde Gatum, sirviéndose de una piragua, se llega bastante
pronto á Chagres, el antiguo Nombre de Dios, villa muy importante
en el tiempo en que aún España explotaba los riquísimos tesoros del
Perú. El río corre, llenando todo su cauce, profundo, tranquilo,
sin que casi por parte ninguna dejen de percibirse las orillas,
perdidas bajo el verde de los palmeros y los mangles; acá y allá,
sobre algunas eminencias, se elevan casas rodeadas de sembrados.
Chagres hoy no es más que una miserable barriada, formada con
chozas; pero el fuerte de San Lorenzo, que en otro tiempo defendía
todo el fondeadero, existe aún en muy buen estado; las lianas lo
rodean y enlazan con una red de cables naturales, sin que aún hayan
podido conseguir que se desunan las piedras ni que se abra la menor
grieta. Aquel magnífico resto del considerable poder, severo,
imponente y recto sobre una roca, que el mar incesantemente bate
sin conseguir nada contra ella, á pesar de su fuerza, parece
desafiar al tiempo como testigo eterno del poderío de los
conquistadores.
Al salir de Gatum, la línea cruza el río que el mismo nombre
lleva, por encima de un magnífico puente de palastros, y poco
despues queda limitada por las dos lomas del Tigre y del Leon, dos
colinas, cada una de las que forma un cono perfecto de abruptos
declives, cubiertos de soberbias plantaciones de bananos. Despues
vuelve á correr de nuevo por un llano pantanoso, pero en el que no
crecen mangles, y poco á poco los palmeros desaparecen y principian
á verse corpulentos árboles, cuyas maderas son de gran
aprovechamiento. Pasada la estacion de Ahorca Lagarto, y cerca de
Buhio Soldado, la vía penetra en una garganta, en la que el Chagres
se ha abierto un paso por medio de las rocas, cortadas á pico,
siguiendo las orillas del río hasta la estacion de Buena Vista, á
una altura de diez metrós, poco más ó menos, sobre las aguas;
despues corta el llano de Frigole, y sus árboles son espesos como
en la selva virgen, pero más libres de lianas. En Barbacoa, y cerca
de la estacion de San Pablo, se pasa el Chagres por un puente
bastante grande; por desgracia, los palos del parapeto quitan la
vista por completo; á continuacion sigue una sabana, despues
bosques, y á lo largo el río. El golpe de vista es admirable; desde
el camino de hierro, siempre á buena altura sobre el flanco del
valle, se ven levantar grandes picos de en medio de la eterna
selva.
Atravesamos algunas poblaciones de escasa importancia, entre
otras Mamei, la Gorgona y Matachin, cuyos habitantes comienzan á
dedicarse á la agricultura. El nombre de Matachines (mata chinos),
estaba evidentemente destinado á llegar á ser una de las bases
fundamentales de la leyenda formada por los millares de hombres de
trenza larga y barba desprovista de pelo devorados por el Minotauro
de la industria moderna durante la construccion del ferro-carril
ístmico.
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Visita de Panamá.-Antiguas murallas
de la ciudad
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Despues de atravesar todo el valle que riega el Chagres, la ría
penetra en la garganta del Obispo, cruza dos veces este río
pintoresco, despues se ensancha el desfiladero, y una segunda
locomotora viene á unirse al tren para ayudarla á subir la cuesta
de la Culebra. Una vez en la altura, la máquina suplementaria nos
abandona y con los frenos apretados, marchando á contravapor,
descendemos hacia el lado del Pacífico. Síguese desde entónces una
corriente, en la que el camino, suspendido en los flancos de
escarpados bordes, se eleva más de veinte metros sobre el torrente
de Río Grande, y de seguida el terreno se abre, y se accidenta el
paisaje.
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