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Sería por demas prolijo, y no creemos ganar nada con enumerar en detalle todas cuantas operaciones realizamos y las mil peripecias que nos acaecieron, así como tambien el describir los mil artificios de que nos tuvimos que valer para suplir la falta del taqueómetro de M. Sosa, que en el gran incendio de Panamá quedara destruido. Esto, como fácil es comprender, nos creaba un sinnúmero de dificultades, máxime cuando la exactitud había de entrar por mucho en nuestros trabajos, y fácil es calcular, en vista de cuanto decimos, la impaciencia que nos devoraba, dado que no disponíamos de tiempo bastante para ver con calma todas las forzosas dilaciones á que nos veíamos obligados. Como todo era de temer y cualquier contrariedad que entonces hubiéramos experimentado era más de lamentar, no dejábamos de tomar todas cuantas precauciones se nos ocurrían á fin de que en los últimos pasos no nos viéramos como hasta entónces jamas nos habíamos visto. No poseíamos más que un traqueómetro, y á decir verdad, éste era el preferente objeto de todos nuestros desvelos: una rotura ó una descomposicion en tan necesario instrumento nos hubiera hecho suspender nuestras operaciones hasta tener otra cosa, en lo que ciertamente hubiéramos tardado, dado el país en que nos encontrábamos. Muchas veces era tanto nuestro cuidado, que dábamos grandes rodeos hasta encontrar un paso en el que los ardores del sol hubieran dejado el cauce en seco, para que, pudiendo pasar con toda facilidad no hubiera que temer golpe ninguno. En algunas ocasiones la |pica era por demas difícil, y muy duros los trabajos que nos imponía; parecía que en los últimos momentos todo conspiraba contra nosotros, y que las circunstancias se unían de tal manera para que fueran del todo tristes los recuerdos que lleváramos: en la línea que teníamos que seguir, la vegetacion tenía un considerable desarrollo, y nunca como hasta entónces habíamos hallado tan considerable conjunto de plantas espinosas, en las que naturalmente nos destrozábamos, siendo tan duros y resistentes sus tallos, que los colombianos que nos acompañaban tenían que dar repetidos golpes de machete para separarlos. Los trabajos de planimetría y determinacion de niveles no podían ir de prisa sino en aquellos puntos en que, ensanchándose el valle, formaba planicies de alguna extension, donde se podían plantar arrozales. Para realizar estas plantaciones que permiten algunas ganancias á los que tienen la fortuna de poderlas establecer, se escoge un lugar á propósito durante la estacion seca, cortando arbustos y árboles que en él crezcan, y á las demas matas y ramas que casi totalmente cubren el suelo, las pegan fuego bastante ántes de que el tiempo húmedo se acerque, y en la época en que tanto las hojas como los troncos se hallan resecados por el sol: el incendio dura mucho, y casi nunca se consigue destruir las ramas madres ni las raíces, que siguen aún consumiéndose bastante despues de las primeras lluvias.

Vista de Gatum.

Los días 3 y 4 dormimos en Matachino, donde se encuentra la bifurcacion del camino de hierro que sirve para las maniobras de la locomotora de refuerzo que ayuda á los trenes á subir hasta la Cañada da la Culebra. Sobre la línea no se encuentra siquiera ni una placa giratoria. Aquel pueblo cuenta con un buen número de casas; pero los únicos medios de subsistencia de que dispone son la venta de frutos y las ganancias que se obtienen con los viajeros que atraviesan el istmo. La indolencia de los habitantes es grande, y el posadero nos recibió con gran reserva, y como por gracia, pues grandemente temía que se hospedaran en su casa unas personas á las que suponía bastante más exigentes que los negros del país.

El día 4 volvimos al punto en que en otro tiempo se encontraba la estacion de Obispo el Alto, y donde aún se encuentran los depósitos de agua para las máquinas del ferro-carril. En aquel punto el río hace una curva brusca, inclinándose hacia el O., por lo que no será posible que la línea del canal siga hasta el valle: tendrá que atravesar un contrafuerte bastante elevado que termina sobre el Obispo por entre muchas aglomeraciones. Dicho contrafuerte lo pasará por el punto más estrecho y ménos alto, y las facilidades para este trabajo serán aumentadas ciertamente por la existencia de dos anchas y profundas depresiones, de las que una termina en el Sardanillo y la otra en el Obispo. Durante todo el día trabajamos sin descanso para determinar la direccion más conveniente, y despues volvimos á Matachino por un sendero muy agradable, que es tal vez el antiguo camino de Cruces á La Chorrera: este sendero pasa bajo deliciosos bosques de naranjos, guayabos y mangles, claros indicios de que en otra época debían encontrarse por aquí hermosas haciendas, de las que han desaparecido hasta las ruinas.

Por fortuna hemos llegado ya al valle mismo del Chagres; nuestros trabajos nos conducen hasta la estacion de Mamey, donde se cruzan los trenes que van de Panamá á Colon, y viceversa. La única familia que hoy la habita puede ofrecernos sólo una casa demasiado pequeña para todos nosotros, y en la que se instalaron los hombres que nos acompañaban. M. Sosa y yo colgamos nuestras hamacas al cielo raso. José, á quien he promovido al alto empleo de capataz, es tan hábil en los trabajos de trocha y ha adquirido tanta autoridad entre los trabajadores, que sin cuidado ninguno podemos encargarle la continuacion de los trabajos, dándole sólo la direccion que debe seguir y el ancho que debe tener. En tanto que nuestros hombres talan y cortan, podemos nosotros utilizar el tiempo en hacer algunos reconocimientos, estudiar la formacion geológica de aquella region y sondear el río, bastándonos sólo algunas horas para medir la trocha abierta la víspera. Para dar un ejemplo de la seguridad del golpe de vista de José y de su conciencia, citaré el hecho siguiente. Entre Mamey y San Pablo la trocha tenía más de dos kilómetros de extension: al determinar la línea, encontré al fin de ella sólo algunos minutos de diferencia con la direccion inicial, y por tanto á cada instante enormes árboles y profundas cañadas, orillas de alturas desiguales impedían ver las banderolas plantadas detras.

Cerca de San Pablo determinamos el punto por donde podría ser cortado el camino de hierro por el canal, sin que fuera necesario modificar el trazado para establecer un puente giratorio.

Terminados nuestros estudios en la línea de Mamey, M. Sosa, que se sentía indispuesto, volvió á Panamá, llevando en su compañía uno de nuestros hombres, el viejo Merced, bastante fatigado de los trabajos que sufriera.

Despues de Mamey, nuestro campo de exploracion fué Buenavista, y más tarde llegué á Gatum en compañía de mis dos fieles macheteros José é Hipólito. Aunque este punto sea la más importante poblacion de toda la línea, sólo encontramos víveres y alojamiento gracias á un cubano llamado Cocido, desterrado de su país á causa de la guerra civil.

En las alturas, al E. de la linea férrea, el país está descubierto, y la topografía es muy fácil; pero un espeso matorral con que tropezamos interrumpe nuestros trabajos, dándonos tiempo para bajar á la estacion, donde puedo á mi placer contemplar el mercado semanal de las bananas.

Un especulador de New-York ha hecho un contrato con la compañía del ferro-carril y la de los paquebots, mediante el cual se reserva el monopolio del trasporte de este género. Absolutamente dueño de las transacciones, compra con frecuencia á precios ínfimos tallos de un metro de largo, conteniendo cada uno más de doscientos frutos. Los agentes desechan las tres cuartas partes de lo que les ofrecen, y aquellos infelices que han hecho más de treinta kilómetros en piragua, se tienen que volver á sus chozas sin un cuarto en el bolsillo y el estómago vacío, pues los negros alimentan con otra especie de bananas, que deben ser cogidas ántes de la madurez, y cocidas durante mucho tiempo. Esto, como es fácil comprender, da lugar á no pocos gritos, injurias, imprecaciones y amenazas.

Estando tan próximo al camino de hierro, lo aprovecho para pasar el domingo en Panamá, donde M. Sosa, restablecido ya, está dispuesto á continuar los trabajos. Terminamos nuestras operaciones en la llanura del Obispo, y despues ganamos la del Río Grande, poco sinuosa, pero bastante estrecha y de flancos muy escuetos.

Por última vez partimos juntos para estudiar entre el Cerro de Ancon y el de la loma de Boca de Río Grande una depresion que M. Wyse me recomendó con empeño que reconociera, y la que permitiría al canal desembocar en el Pacífico al O. del islote de Gavilan. Despues arreglé las cuentas, clasifiqué y embalé el material, de modo que al pasar M. Wyse por Panamá no tuviera que detenerse y pudiera aprovechar el primer vapor que pasara para San Juan de Nicaragua. Ménos dichosos que yo, que he terminado mi campaña, estos dos señores parten para Nicaragua y Costa-Rica, donde se dará cuenta exacta del valor de los estudios y trabajos hechos en aquella parte de la América ístmica por los exploradores que han buscado un paso entre los dos mares. Los trabajadores del río Sinu fueron despedidos por el paquebot inglés, y el 1.° de Mayo me embarqué para Francia con M. Lacharme. Aquel era el último viaje, hasta que emprendiera el de las orillas, de que ningun viajero vuelve.

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