INDICE




El número considerable de caballos que necesita la explotacion de una hacienda vive en la sabana gozando de completa libertad, pero siempre, á cualquiera hora que sea, hay uno ensillado y enbridado, atado á un poste en el patio: cuando son necesarios algunos más, el vaquero lo monta y se dirige hacia la selva. Si el caballo que lleva tiene una carrera fuerte y sostenida, bien pronto sale del paso; pero en el caso contrario, está obligado á reunirlos á todos en el corral y allí escoger los que le parezcan mejores. Los caballos son de muy poca alzada y mal formados; pero son buenos animales y resisten admirablemente la fatiga, hasta un punto que llama verdaderamente la atencion: durante cinco y seis días seguidos marchan diez y ocho horas por caminos que, vistos, nadie podría decir eran capaces de ser atravesados más que por cabras, ó por las fieras y bichos que ordinariamente pueblan el bosque.

Hacienda "La Constancia."

En «La Constancia» sólo hay aún muy pocas hectáreas de tierra destinadas á la agricultura: aquella inmensa propiedad, cuya extension considerable no podrá ser comparada con ninguna otra, está compuesta en su casi totalidad por extensas selvas vírgenes y sabanas donde crecen abundantes hierbas. Esto, como se comprende, indica bien claramente que sólo atienden á una fuente particular y única de riqueza, cual es el acrecentamiento del ganado, y explica perfectamente el atraso en que se hallan todas las operaciones agrícolas, dado que lo único que tienen que hacer para procurarse abundante pasto es poner fuego á las matas ántes de las primeras lluvias: tan sencilla operacion basta para que á la estacion siguiente se den en abundancia las hierbas, que crecen hasta una altura considerable.

Las operaciones que teníamos qué practicar en las orillas del Aguacate se hacían bastante difíciles, á causa de los inconvenientes que el terreno, y hasta la estacion, nos presentaban: por algunas partes el río, perdido el carácter de tal, á causa, de la falta de corriente, queda convertido en un profundo canal sucio y estancado: sus numerosos meandros contienen en sus casi anulares ensenadas los únicos terrenos que se han tomado el trabajo de labrar; el terreno, formado de aluviones continuamente fertilizados por las aglomeraciones que en ellos deja el torrente, es de una riqueza incomparable. En aquellos potreros la caña de azúcar crece como la mala hierba, y las batatas producen enormes tubérculos. Conveniente sería, bajo más de un punto de vista, y tambien para poderlos preservar de los destrozos que el ganado pueda causar, cerrar ó acotar de una manera adecuada aquellos islotes cultivados; pero tal es el descuido y la pereza de aquella gente, que se contenta con atravesar árboles en los puntos que parecen más amenazados, ó con levantar empalizadas que en más de una ocasion nosotros y los hombres que nos acompañaban maldecimos con toda nuestra alma, por tener precisamente que cortarlas, á fin de poder seguir la línea del trazado.

En las orillas del Aguacate pude contemplar un espectáculo por demas curioso, cual es el que presenta un ejército numerosísimo de grandes arañas casi negras, parecidas á nuestras zancudas, y que lentamente caminaban por el filo de la ribera. Durante algun tiempo no pude ménos de contemplarlas, extrañándome el fenómeno de que aquellos repugnantes bichos marcharan reunidos en tan considerable número, cuando por instinto y por naturaleza son tan poco sociables.

Nuestro camino nos lleva casi diariamente delante de un trapiche, corno llaman aquí á los molinos de azúcar: sentámonos un rato en la casa de su honrado propietario, casado con una mujer bastante bella, cuyos rasgos hacen recordar á las figuras rubias de tan puras formas, escultadas en los monumentos del antiguo Egipto, con la sola diferencia de que el rostro de María es un poco más aplastado. Un solo campo de cañas de azúcar basta para que con sus productos pueda vivir el señor Juan y toda su familia, habiendo pagado ya con el resto de sus ganancias el valor de la finca, la cual, aunque modesta, es notable por el perfecto arreglo y cuidado que en ella reina: todo el trapiche está compuesto de tres cilindros de madera dura, de los que el de en medio gira gracias á una manivela que pone en movimiento un caballo flaco y desorejado. Allí fabrican tafia, de lo que luego harán anisado, y guarapo, ó sea el jugo de la caña en primera fermentacion; bebida muy agradable, pero bastante traidora y fácil de que se suba á la cabeza, como acontece con los vinos de España.

El azúcar entra por mucho en la alimentacion de los hijos de aquel país; nuestros acompañantes en la selva consumían casi tanta panela, ó sea azúcar morena amasada en panes, como arroz y tasajo, siendo tal su aficion, que en muchas ocasiones la falta de este comestible, que bien podemos calificar nosotros de puro lujo, era tan sentida como cualquier otro alimento de primera necesidad. Esto irroga una ventaja, sin embargo, y es que aquí, por la modesta suma de 20 céntimos, puedo obsequiar á todos los hombres que vienen en nuestra compañía; ademas, se llevan dos ó tres cañas de la preciosa gramínea, de una longitud de seis ó siete piés, que aún no han concluido de masticar y chupar á la noche cuando vuelven del trabajo.

La permanencia en esta region, la mejor sin duda de cuantas hemos atravesado en el tiempo que llevamos de explorar el istmo, y sin duda en la que hemos sido más obsequiados, no puede durar eternamente; las distancias se hacen ya demasiado largas y es mucho lo que tenemos que andar cada día para llegar al cuartel general. El mayordomo de nuestro galante anfitrion nos dió víveres bastantes para que pudiéramos explorar el alto Aguacate, lo que confiadamente esperamos ver terminado ántes de poco. Salimos de la hacienda, y pocas leguas despues comenzó á desaparecer la llanura, dejándose ver algunas rocas; el cauce del río tambien se encuentra abierto en la piedra viva, entre pórfidos y doloritas. Tres cascadas que encontramos nos facilitaron mucho la subida, despues de las que el cañon se ensancha, y nos hallamos frente á escalones de bastante altura, el segundo de los cuales está precisamente en el término donde nuestras operaciones deben terminar.

Hecho esto, volvimos á la casa del Sr. Hurtado por las sabanas de la orilla derecha. Aquel camino nos condujo á la Loma Grande, colina cuya altura excederá tal vez de sesenta metros, y desde donde la vista abarca una considerable extension de terreno. En todos aquellos alrededores sólo el Cerro del Tigre, cuya cima está á ciento veinte metros, es la que puede dominar nuestro observatorio.

Las cúspides de todas las elevaciones que desde allí podemos distinguir, así como tambien todos los rebordes que el terreno forma, están cubiertas de gruesas piedras, cuyo color blancuzco contrasta con el rojizo del suelo, y que á primera vista podía creerse eran vellones de lana. Aquellas son las partes más duras de las rocas, que aún los meteoros no han podido descomponer en arcilla.

Cuando regresamos, pudimos observar que la gente de «La Constancia» estaba muy preocupada con la presencia de un jaguar, grandemente aficionado á los terneros, y que ya había destrozado á muchos de ellos. Durante muchos días todo fueron acechos y trampas para ver de dar caza á la fiera, cuya presencia era causa de la general intranquilidad, pero todo en vano; cuando la esperaban por un lado, saltaba por donde ménos podía figurarse, hacía casi siempre presa, y huía de nuevo á lo más intrincado del bosque, dejando burlados á sus perseguidores. Al fin, despues de mucho trabajar, algunos días despues de nuestra partida á Panamá, lograron matarla, y pude ver al hombre que tal hazaña había realizado. Segun me dijo, le había sido mucho más fácil hacerlo que pudiera creerse, gracias á la costumbre que la fiera había tomado de subirse á los árboles.

La pantera está reputada como mucho más terrible que el leon. Hasta entónces yo había creído que la causa del considerable espanto que inspira se debía á la facilidad con que puede trepar á los árboles y saltar desde allí con mucha más seguridad sobre su presa; pero segun aquel colombiano me explicó, estaba yo en un error, pues la pantera y el jaguar no disponen entre las ramas de los árboles de la misma libertad que en el suelo; sus miembros no pueden desarrollar la misma elasticidad, permaneciendo como enredados, y puede matárseles con suma facilidad y sin grave riesgo. Si el animal es herido gravemente, se rompe las patas al caer; y si apénas se le causa daño, en vez de arrojarse sobre el cazador como en campo raso, permanece inmóvil, parece paralizado, y puede disparársele de nuevo.

anterior | índice | siguiente