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XXXIX

 

Cabalgata fantástica de M. Wyse y M. Verbrugghe entre Buenaventura y Bogotá.-Operaciones de M. Sosa en el valle del Caimito.-Incendio de Panamá.


Por el tiempo á que nos venimos refiriendo, nuestro jefe M. Wyse adquirió la conviccion de que no podía seguir más tiempo encargado de los estudios del futuro canal interoceánico: no queremos decir con esto que su salud, resentida por el excesivo trabajo que tras tanto, tiempo sufría, le obligaran á retirarse de nosotros, sinó que por una serie de circunstancias de que hablaremos, era necesaria su presencia en otro punto para que pudiéramos ir adelante. Durante todo el tiempo que la exploracion duraba, aquel hombre infatigable había sido nuestra alma, se había multiplicado, digámoslo así, y nunca, ni ante las dificultades que más insuperables parecían, había titubeado un momento: fijo siempre en el objetivo que allí lo llevara, había perseverado con sin igual, constancia y jamas desconfió de que llagara á ser un hecho la apertura de aquel paso, con el que, cruzándose las aguas de dos mares, había de tener lugar una de las obras de más consideracion del siglo presente, al par que uno de los beneficios mayores que á la industria y al comercio pueden hacerse. Pero, volvemos á repetirlo, las operaciones practicadas daban lugar á creer que de todo punto era necesario reformar el plan que en un principio se concibiera, y en el que tantas esperanzas se fundaran. Era, pues, necesario de todo punto, como hemos dicho, que M. Wyse partiera para Bogotá, capital de los Estados-Unidos de Colombia, en otro tiempo Nueva-Granada: allí el principal fin que le llevaba era ver de conseguir una próroga en los plazos marcados en el contrato que con el Gobierno colombiano se celebrara, muy especialmente en lo que se refería á la constitucion de la sociedad definitiva, cosa á la que en modo alguno podía llegarse ántes de haber terminado los planos necesarios para la formacion de un presupuesto que aproximadamente sirviera para conocer á qué suma se elevarían los gastos, y tambien había de gestionar la supresion de ciertas cláusulas del mencionado contrato, sobre todo aquellas por las cuales nos habíamos obligado á abrir el canal al descubierto en toda su extension, sin presas y sin túnel alguno. Esta última condicion nos era sumamente perjudicial; el trazado por el San Blas ó por el Tupisa y el Acanti nos exigía practicar un largo subterráneo, y en el caso posible en que las dificultades políticas ó de cualquier otro género nos impidieran seguir un camino paralelo á la vía férrea de Colon á Panamá, sería necesario, quisiéramos ó no, optar por el uno ó por el otro de estos proyectos. Al extender y firmar el contrato que tanto nos perjudicaba ahora y cuyas cláusulas tratábamos de reformar, nos habíamos guiado, tal vez obrando con alguna ligereza, por las afirmaciones que hicieran los que ántes que nosotros habían recorrido aquellas comarcas. Una vez sobre el terreno, pudimos convencernos del número de dificultades de que aquellas estaban plagadas, y claro es que nuestras miras tuvieron que cambiar, poniéndose en relación con lo que nosotros mismos habíamos observado.

Por otra parte, no había tiempo que perder, y las circunstancias apremiaban cada vez más; M. Parra, presidente de los Estados-Unidos de Colombia, debía, con arreglo á la Constitucion política de aquella federacion, ser sustituído el 1.° de Abril por M. Trujillo, y claro es que, dadas las alteraciones que cada dos años se promueven con esta sustitucion en todas las esferas gubernamentales, y los cambios que en la administración se dan como consecuencia forzosa y legítima, habían de dar lugar á que el nuevo, Gobierno tuviera muchos asuntos de que ocuparse y muchas necesidades en que fijar su atencion ántes que ocuparse de lo que al canal se refería. Ademas, las modificaciones que urgía llevar á cabo en el contrato de concesion no podían ser hechas sino por medio de una ley, y las nuevas cláusulas, una vez aprobadas por el ministerio, tenían que ser discutidas en tres lecturas en la Cámara de diputados y en el Se­nado, y ademas estábamos convencidos de que no serían votadas sin un buen número de enmiendas más ó ménos extensamente discutidas. Esta forzosa tramitacion del asunto que tanto nos interesaba, era necesario que se practicara en el más breve plazo posible, á fin de que las subsiguientes cuestiones que más tarde habían de ocupar á las Cámaras no fueran causa de dilaciones sin cuento.

Ademas, el referido proyecto tendría que pasar muchas veces de una Cámara á la otra, ántes que pudieran formar juício del asunto de que se trataba, y despues ser presentado en dos sesiones en cada una de las Cámaras, todo lo cual exigía mucho tiempo, y el Congreso debía prorogar sus sesiones sólo dos meses despues de la subida al poder de M. Trujillo.

Considerado con suma detencion todo lo que dejamos expuesto, se comprende claramente que no podía dejar de partir M. Wyse. Para llegar á Bogotá siguiendo el camino ordinario, era necesario emplear más de treinta días, espacio de tiempo que muchos creerán exagerado, dado lo que los adelantos de la sociedad moderna ha acortado las distancias, gracias á lo cual pueden contarse por millares las leguas que en tantos días pueden ser recorridas: pero en aquella época del año el gran río la Magdalena está casi seco, hallándose su cauce convertido en una inmensa ciénaga, en cuyos bancos se ve uno detenido y donde á cada paso tropiézase con los troncos derribados, constituyendo esto una incalculable serie de peligros, en los que muchas veces hay gran riesgo de perder la vida, y son necesarias más de tres semanas para subir desde La Barranquilla, puerto marítimo de Magdalena, á Honda, puerto de río que es punto de la escala hasta Bogotá. Cualquiera otro hombre, considerando la serie de circunstancias que en contra de su proyecto tenía, hubiera renunciado á dar por terminada su exploracion en aquel año, prefiriendo aplazarla para el siguiente, en que sabiendo desde luégo lo que tenía que hacer, hubiera podido comenzar por donde debía, orillando las dificultades que se le presentaran con mucha más facilidad; pero M. Wyse estaba seguro de su energía, tenía, con sobrada razon, gran confianza en sus fuerzas, y no desistió ni titubeó un momento acerca de lo que debía hacer.

Acompañado del intrépido Luis Verbrugghe, realizó los preparativos necesarios, que fueron muy breves, y poniéndose en marcha, se trasladó por mar á Buenaventura, situado en la costa del Pacifico, y desde allí siguieron hasta Bogotá, teniendo que andar á caballo más de ochocientos kilómetros, casi la misma distancia que de París á la frontera de Cataluña, y teniendo que atravesar las sombrías gargantas de Dagua, el tórrido valle de Cauca, donde el sol todo lo arrasa y lo seca, las eternas nieves del Quindio y la ardiente llanura de la Magdalena, internada considerablemente en la montaña; para todo esto tuvieron que subir tres cordilleras, y por último una cuarta, realizando este verdadero prodigio, que tal vez ántes que ellos ninguno intentara, en once días, cosa, si no imposible, difícil al ménos de creer, dado lo poco que dos hombres, por bien pertrechados que vayan, pueden contra la innumerable serie de obstáculos que presentan aquellos abruptos desfiladeros, que pocos fueron los que los pisaron, y lo poco apta que nuestra naturaleza, por la falta de costumbre, es para soportar los rigores de los climas que sucesivamente se tienen que atravesar y sufrir los bruscos cambios que con frecuencia se experimentan en aquella temperatura.

Se necesita estar animado del poderoso espíritu que sostenía á aquellos hombres para poder llevar á cabo aquella cabalgata, que por sus condiciones podemos desde luego llamar fantástica. Aquellas carreras fueron terribles, durando una de ellas veintidos horas. ¡Aquel día recorrieron ciento treinta kilómetros! El 13 de Marzo entraban en Bogotá, la Atenas de la América del Sur, y tal prisa y maña se dieron; hasta tal punto comprendieron la necesidad, y lo mucho que ésta les obligaba; tan poco fué el descanso que debieron permitirse, que el 20 de Marzo se dió por terminado el tratado y el 28 de Mayo despues de discutirlo muchas veces y hacerle sufrir un considerable número de enmiendas, despues de haber pasado por comisiones, debates y lecturas, el contrato fué aprobado por las dos Cámaras y sancionado en buena y debida forma.

Operaciones en la sabana del Bernardino.

¿Qué es más de alabar: la resistencia, la paciencia, y la fuerza muscular de Wyse y su compañero, gracias á lo que se han podido sostener por aquel peligroso camino al traves de las breñosas tierras, ó la habilidad diplomática, la inteligencia de los negocios en que se ocupaba y el conjunto de condiciones, gracias á las que se ha podido terminar en seis semanas tal negociacion? ¡Qué de fuerza y saber! En esta ocasion es el admirador el que habla, no es el amigo. Si bien se considera, ambas cosas unidas dan lugar á la admiracion que manifestamos, y ambas cosas han de contribuir ciertamente á que mayor sea la gloria de que disfrutaba ya su esclarecido nombre; pues si se atiende á la rapidez con que el viaje fué realizado, y á la gran actividad que desplegaron, sin solucion alguna de continuidad, en la que no pudieran tomar ningun descanso, hay que conceder desde luégo que son hombres extraordinarios, en los que ninguna influencia pudieron determinar los riesgos, los peligros, lo arduo del asunto que les ocupaba, la falta de conocimientos y de personas que gustosas se prestaron á secundar sus proyectos, pues, en una palabra, ellos, y sólo ellos, tuvieron que hacerlo todo.

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