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INDICE
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Ouisapilele prestó, no gustoso, algunas piraguas, en las que,
ayudados por varios hombres prácticos en la navegacion de los ríos,
nos condujeran al campamento de los cautcheros negros, distante una
media hora del punto en que nos habíamos detenido. Durante el
camino, supe que el río por donde habíamos descendido no era ni el
Toló ni el Acanti, sinó el Guati, que es uno de los principales
afluentes del primero de los citados. Ya me era de todo punto igual
haber permanecido durante algunos días en un error de poca
trascendencia, si se atiende á que no había consistido en tomar un
camino más argo que hiciera más penosa nuestra marcha, siendo causa
de que no llegáramos á tiempo: el atraso dependía de las
dificultades con que en las operaciones de los últimos días
habíamos tropezado, y en la pérdida de tiempo que nos irrogó la
falta de alimentos de que no podíamos prescindir para efectuar la
ascension de la cordillera. Considerar que todas estas causas
habían sido independientes de mi voluntad y comprender que á
cualquiera hubiera ocurrido lo mismo, me tranquilizaba un tanto,
aunque en manera alguna podía apartarse de mi mente la idea de que
una vez más teníamos que pasar aquel camino, donde tanto habíamos
sufrido.
Bien pronto nos encontramos en el establecimiento de los
cartageneros, donde hallé gran abundancia de víveres, dejados por
M. Wyse, así como tambien una larga carta, que me puso al corriente
de la situacion.
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Bahía de Acanti.
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Las tribus de los indios de Acanti pertenecen á las que los
españoles llamaron indios mansos, porque nunca se manifestaron en
són de guerra ni realizaron actos en virtud de los que pudieran ser
tenidos como de carácter belicoso. Aquellas tribus así llamadas,
han aceptado una religion que se parece mucho al cristianismo, cosa
que fácilmente se comprende teniendo en cuenta que, abandonada su
educacion religiosa desde hace años, se han bastardeado las
prácticas que les predicaran los misioneros que primeramente fueran
allá, y han mezclado sus antiguos ritos y creencias á las que los
conquistadores les aportaran. Gracias al buen carácter que en ellos
domina, y á condiciones que no han podido perder, á pesar del
tiempo que hace viven en el más completo aislamiento, no ven con
extrañeza el que se penetre en su territorio, y lo permiten sin
oponer la menor resistencia, cosa que no podía suceder de otra
manera, dado que aquellas miserables aldeas están á disposicion de
un puñado de soldados el día en que de ellas quisieran apoderarse.
La nueva religion, que así podemos llamar á la que profesan,
consiste únicamente en algunos nombres de santos y de virtudes
cristianas, á las que añaden sus apelaciones ordinarias. La pobreza
de sus selvas los había tenido durante mucho tiempo en un absoluto
abandono por parte de los demas pueblos, en ninguno de los cuales
podían despertar codicia para ir á vivir entre ellos; así es que
ningun comercio regular los tenía relacionados con los
neo-granadinos. Sólo de vez en cuando, muy de tarde en tarde,
arribaba á aquellas aguas alguna goleta norte-americana, que
efectuaba el cambio de la tagua por telas de algodon, marmitas,
aguardiente y otros artículos que los salvajes no podían fabricar;
pero despues que una explotacion, falta de conveniente direccion,
llevada á cabo sólo por el deseo de lucro y cuyos efectos hemos
lamentado ya en más de una ocasion, ha destruído todos los árboles
que producían el cautchouc, que allí como en las demas regiones que
venimos recorriendo era la fuente principal de la riqueza, un
número considerable de cartageneros, amenazados de morirse de
hambre, se han tenido que dedicar á la rebusca del marfil vegetal,
del que se hace una exportacion continua. La abundancia de este
fruto en la desembocadura del río Toló y del río Acanti ha dado
lugar á que en la de este último se forme un campamento, en el que
habitan unos sesenta negros, cuyo número aumenta todos los años.
Desde el tiempo en que acaeció tal cosa los indios han visto
cerrarse para ellos las ocasiones de llevar á cabo los cambios que
ántes efectuaban con los americanos, gracias á los que podían
disponer de armas, utensilios y vestidos, por los han quedado
condenados á la miseria, ó lo que es peor, al trabajo.
De aquí el concentrado odio que siempre manifiestan para con los
cartageneros, á los que más de una vez han pensado en devastar;
pero el miedo á las represalias les hace tascar el freno en
silencio, aguardando ocasion propicia para satisfacer los deseos de
venganza que tanto tiempo hace alimentan. Habiendo visto llegar á
la rada un navío de guerra, y sabiendo que de la parte S. habían de
llegar algunos blancos, cuyo número en total desconocían los
infelices, pensaron que venían á proteger á los cautcheros, y, lo
que es más, á dedicarse tambien á recoger la tagua: este
presentimiento infundado fué bastante para que desde luégo nos
miraran con el mismo odio que á los invasores, por lo cual nada
tenía de extraña la manera fría y reservada conque fuímos
recibidos.
Las fatigas que había experimentado en los anteriores días, así
como tambien la mala alimentacion, fueron causa de que me
acometiera una ligera fiebre, que me retuvo un día en el
campamento. Cuando me sentí un tanto aliviado, empecé á preparar el
regreso, para el que tenía que tomar algunas referencias y
procurarme un guía que, conocedor de todo aquel terreno, me
condujera por el más corto camino á nuestra pica en la
cordillera.
Casi toda la mañana la pasé explorando los bajos del Acanti y la
costa marítima, á fin de adquirir el mayor número de datos posible
de toda aquella region, á la que habíamos ido con tantas ilusiones
y esperanzas, que se habían trocado en amargos desengaños. A cada
momento me asaltaba la idea de que nuevamente teníamos que
verificar la ascension en que tanto habíamos sufrido, y recordaba
los trancos, las cascadas y los precipicios donde á cada paso
podíamos encontrar la muerte. Por más que la estacion seca
estuviera bien avanzada, la corriente de aquel pequeño río es lo
bastante considerable para que pueda atravesar las arenas de la
barra; algunas veces, segun dicen, en las altas mareas (el desnivel
es, á lo más, de unos sesenta centímetros) los aires del N.O. hacen
que las olas entren en el cauce del río.
En una época geológica aún bastante reciente, á juzgar por lo
que sobre el terreno se puede observar, el mar debía extenderse
hasta el punto de confluencia del Guati, formando allí una extensa
bahía, que más tarde habrá sido circunscrita por un cordon
arenáceo. La rada, convertida en laguna, se habrá llenado poco á
poco; pero la region ha quedado sumamente pantanosa, y la corriente
del río bastante incierta. En muchos sitios se encuentran trozos de
antiguos cauces correspondientes á distintas embocaduras, separadas
del mar por una valla muy poco ancha.
Segun los cautcheros afirman, aquellas extensas lagunas, á pesar
de que la ciencia siempre afirmaría lo contrario, no son malsanas,
cosa bien de creer por cuanto los que al rededor viven han de
hablar por experiencia propia.
La bahía es completamente abierta, sin nada que la abrigue de
los vientos contrarios, constituyendo un peligro para los buques
que en ellas se refugien huyendo de una tempestad; pero desde el
mar debe ser de un aspecto agradabilísimo, con su graciosa
curvatura dominada por explanadas en primer término, y más allá por
las azuladas sombras de la cordillera.
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