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XXXV

 

Nuevo refuerzo.-Un ahorcado-Jaguar moteado y leon negro.-Caza del jaguar.-A caballo sobre un tigre.-Combate del jaguar con el pecari y el tapir.


Como por las circunstancias que dejamos enumeradas habíamos perdido tanto tiempo y la estacion, avanzaba, luego que nos encontramos en estado de ganar lo perdido, apresuramos nuestros trabajos en la trocha, á fin de poder ultimar las operaciones que nos habíamos propuesto de antemano. La region, en que nos hallamos es mucho peor que en la que operamos el año anterior; así es que cada paso nos cuesta doble, por los muchos inconvenientes que hay que orillar ántes de poder determinar cualquier cosa. Todos son allí corrientes de torrenciales arroyos, que forman considerables aglomeraciones de piedra, sumamente difíciles de pasar, precipicios en que podemos sepultarnos al menor descuido, y gargantas profundas, para atravesar las cuales nos es necesario doble tiempo y sobretodo malos pasos sobre malos pasos, en los que el acarreo de los útiles y materiales que nos son estrictamente necesarios nos lleva la mayor y mejor parte del día. Fácil es comprender cuán poco pueden los buenos deseos y cuán poco logran nuestros afanes en un terreno como aquel, por lo cual no hay más remedio que resignarse á proceder con calma.

A medida que son mayores los inconvenientes de la clase de los que venimos enumerando, se advierte que la vida animal es más abundante, y que entre aquellas sinuosidades y riscos viven mejor todas las especies zoológicas; cosa que fácilmente puede explicarse atendiendo al considerable número de guaridas que por todas partes existen, y hasta las que ha sido de todo punto imposible que llegue la planta humana. Una de las cosas qué más llaman la atencion es observar cuán poco conocidas son aquellas regiones, en las cuales tan reducido es el número de los que en ellas se aventuran: la Naturaleza se manifiesta allí en toda su opulencia y con todo su salvajismo. Por todas partes los especiales gritos de los monos chillones, los pavos de todas especies pululan por doquier en grandes manadas, lo que nos sirve grandemente para nuestro regalo, pues sabido es que la carne de estos animales es muy delicada y sabrosa; tanto José como Pedro Soler, hábiles tiradores, hacen buena provision de ellos para nuestra mesa. De vez en cuando nos obsequian tambien con algun corcovado, que es una especie de ave de plumaje bastante parecido al de la perdiz, pero algo más oscuro. Por la mañana y por la noche, á cosa de las seis, razón porque le han dado el nombre de reloj del pobre, lanzan con sin igual precision cinco ó seis notas claras, que pueden escucharse á muy larga distancia, y perfectamente rimadas. Estos gritos son interpretados de muy distinta manera, entrando en todas ellas por mucho las supersticiones, y constituyendo mil fábulas y cuentos, en muchos de los cuales se mezcla la intervencion divina. Es sumamente curioso advertir la fe que todos los naturales prestan á estas singulares creencias, que parecen trasmitidas de generacion en generacion hasta nuestros días desde aquellos que primeramente poblaran la dilatada extension que nos ocupa, y para los que no cabe duda que serían en su fondo tradiciones míticas ó religiosas. Los corcovados son las aves que más abundan en el Darien, siendo muy numerosas y frecuentes las crías que hacen, gracias á lo cual pueden subsistir, pues siendo su carne un manjar muy delicado y apetitoso, son muy buscados y perseguidos por todos. No se crea que son los hombres solos los que tales persecuciones emprenden; en general todos los carnívoros hacen lo mismo contra aquellos animales sin defensa: las condiciones que le son propias favorecen mucho su desgracia, pues su vuelo es sumamente débil; hasta tal punto, que no puede elevarse más que uno ó dos piés: construye su nido en el suelo, vive en sociedad, y se manifiesta complacido al escuchar su propio canto. Un día Pedro Soler me trajo un pollo de corcovado vivo, y pude ver lo más bello y gracioso que pueda imaginarse, un corcovadito apénas salido del huevo, que piaba, saltaba y corría bastante bien, al que retuvimos con nosotros hasta tanto que, crecidas las alas, nos abandonó voluntariamente.

Las rudas tareas á que veníamos atendiendo desde hacía muchos días, y el natural recargo de trabajo que por nuestros deseos nos habíamos impuesto, á fin de reponer el tiempo que en el hospital estuvimos retenidos, no dejó de producir sus efectos, y bien de lamentar fueron, por desgracia. De todos los que formábamos la expedicion, el mejor dispuesto para todo, y el más fuerte hasta entónces, había sido M. Lacharme, que en distintas ocasiones había atendido á doble trabajo del que le correspondía para suplir á cualquiera de los compañeros enfermos. Aquel hombre parecía de acero; nada le cansaba ni le extrañaba, viendo con la misma indiferencia el buen terreno como el malo; su mision era trabajar, y poco le importaban los obstáculos; mas tan continua y penosa serie de fatigas, llevada á tal estado, llamó primero nuestra atencion, pues jamas se quejaba, y por último nos puso en cuidado. Era tan fuerte su naturaleza y tan grande su amor al trabajo, que por nada ni para nada quería hablar de descanso ni reposo; de tal manera, que fueron vanos todos los esfuerzos que hice para convencerle de que durante algunos días no debía ocuparse de nada; fué tanta su insistencia, que todo lo que pude hacer, por hacer algo, fué darle una reducida escolta, con la que intrépidamente marchó al trabajo, como ordinariamente hacía. Aquel mismo día avanzamos hasta atravesar la línea que separa las aguas del río Chico de las del Tupisa, y por la noche vimos volver á nuestro amigo con una fuerte fiebre, cosa que desde por la mañana habíamos previsto, y que ni un instante dejamos de temer. Segun nos manifestaron los que le acompañaban, durante todo el camino había venido divagando, y nosotros pudimos comprobar algunos accesos de delirio. Inmediatamente le atendimos de la mejor manera, curándolo segun sus indicaciones, pues en treinta años que hace lleva la vida de los bosques, ha aprendido los remedios que son útiles y convenientes para todos los casos que puedan ocurrir. Se le construyó una cama con bambúes, y sobre ella pasó la noche, acomodado sobre un saco de efectos. La ranchería que por el momento ocupamos es sumamente pintoresca y bella; la vista alcanza un encantador paisaje por todos lados, pero tiene el gran inconveniente, mayor aún por el estado en que nos encontramos, de ser muy húmeda, y áun peor que esto es y más nos hace sufrir la interminable serie de insectos que allí abundan y que despiadadamente se ceban en nosotros, sin permitirnos el más ligero reposo. En aquel terreno se han reunido todas las plagas, inclusas las terribles garrapatas, que de continuo nos tienen en sobresalto.

A la mañana siguiente nuestro amigo y compañero se encuentra más aliviado, y obrando del mismo modo que siempre acostumbra, ya quiere levantarse y marchar al trabajo, como de ordinario; pero me opuse tenazmente, comprendiendo que era una verdadera imprudencia dejarlo marchar del campamento. M. Sosa se encargó de conducir á los trabajadores que se ocupan de abrir la trocha; yo cogí el traqueómetro y emprendimos la marcha; pero el bravo M. Lacharme nos alcanzó bien pronto: decididamente se encuentra más fuerte, á pesar de nuestras aprensiones, y no quiere dejar de seguir ocupándose de la tarea en que desde el principio le hemos visto tan fuerte y tan activo. A excepcion de Manuel, de Pedro García, cubierto de grandes cicatrices como consecuencia de sus quemaduras, y del viejo Manuel, que ha dado una terrible caída, el resto de nuestros trabajadores parece satisfecho y contento.

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