INDICE




Llegadas las tres piraguas al pié de la primera cascada, fueron descargadas de todos los utensilios y víveres que conducían, é inmediatamente, sirviéndonos de cuerdas qué á prevencion llevábamos, y realizando grandes esfuerzos, las deslizamos por encima de las rocas hasta la parte superior de la cascada, sin que fuera posible evitar que en esta maniobra parte del fondo de la lancha se quedara en los salientes puntiagudos de las rocas que á cada momento nos amenazaban con destrozarla por completo, siendo grande nuestro temor por esto, dado que entónces nos sería imposible seguir adelante ni volvernos atras.

La segunda catarata se encuentra á bastante poca distancia de la que le precede, y se presenta desde luego tan difícil é impracticable como ella, y en la parte de arriba se dejan ver otras en las mismas condiciones, así como tambien saltos, rápidos y chorros en los que el agua se precipita con ruído, levantándose luego en montes de espuma.

En todas estas operaciones cuidamos mucho de la perfecta y conveniente distribucion del trabajo, á fin de que resulte economía de tiempo y los obstáculos sean menores. Parte de nuestros hombres traza lo que los naturales llaman una pica, ó sea un sendero abierto por lo más espeso, gracias al que podemos penetrar nuevamente en el río por encima del desfiladero por donde se precipita: otro coloca los víveres y utensilios é instrumentos que no nos son absolutamente necesarios en un agujero de las rocas, siendo trasportado lo demas por el camino recientemente abierto hasta el campamento que escogimos, situado en un montículo, no muy distante de la última cascada. Pude convencerme al poco tiempo de que los hombres que conducian nuestra piragua apenas entienden lo que podemos llamar vida del bosque; no llevan mochilas, ó sean unas especies de redes que los cargadores de la América del Sur se pasan al rededor de la frente, y que, cayendo sobre las espaldas, les sirve para amarrar los bultos y fardos que llevan.

Cascadas del Mamoni.

El sendero abierto sobre las escarpadas rocas que dominan al río permite abrazar de un solo golpe de vista la gigantesca escalera que sus rápidos forman, y que es, sin que quepa dudarlo, uno de los más bellos espectáculos de que puede gozarse en la América Central. Desde allí se admira la caida de las aguas en las cascadas, asemejándose á extensos paños con que las rocas estuvieran revestidas; la luz, descomponiéndose en los numerosos saltos, da lugar á caprichosos juegos, en los que se extasían las miradas, y todo, en una palabra, contribuye á formar un encantador paisaje, que se echa mucho de menos cuando se ha dejado de ver. En una extension que ni con mucho llega á quinientos metros, el Mamoni desciende desde el alto valle que su corriente fertiliza á las llanuras inferiores, describiendo una semicircunferencia. Las fuertes avenidas, que son tan frecuentes en la estacion de las aguas, han arrastrado de las alturas enormes rocas, por entre las que el río salta de cascada en cascada, y en las que se encuentran remolinos violentos de furiosa corriente, que destruirían sin remedio cuanto se les quisiera oponer.

Por dos veces, en el corto trecho que recorre, salta dos alturas de diez metros. A pesar de lo abrupto y rudo del terreno, algunos árboles gigantes crecen en una orilla y otra, extendiendo sus ramas sobre las aguas y dando lugar á que la gracia de sus formas y lo tupido del follaje que sus copas forma, destruyan un tanto el salvajismo que en la escena domina. Sin ellos, todo sería absorbido por la majestad del río, pues aquellas grandes rocas, que por las ca­prichosas posiciones en que se hallan colocadas parece que á cada momento van á desprenderse, no están ni áun tapizadas por el verde musgo, que durante las lluvias la impetuosa corriente les arrastra, y en la sequía les agostan los rayos abrasadores de aquel sol canicular.

Despues de un día en que tan grande había sido el trabajo y tan pesada la fatiga, día en el que e continuamente se apetecía la noche y que tanto dió lugar á desear el sueño, no nos fue posible dormir casi ni un momento, pues en toda ella no dejó de caer una fuerte lluvia; así es que aún no rayaba el alba cuando estábamos de pié. Tomamos la orilla derecha del río, y durante todo el día no hicimos otra cosa que subir y bajar, colgándonos y descolgándonos por entre las rocas medio sumergidas en la corriente. En esta excursion pasamos cerca de un |chorro, en el que el río, cambiando bruscamente de di­reccion, está interceptado por una porcion de troncos de árboles podridos, cubiertos de una vegetacion parásita, y donde un remolino continuo hace girar constantemente á aquella isla flotante. Al llegar la noche tuvimos que cruzar el Mamoni á nado, á fin de buscar un lugar á propósito para situar nuestro campamento.

Los hombres que nos acompañaban, débiles y flojos, valían bien poca cosa, no siendo útiles más que en la piragua, en atencion á lo cual, luego que hubimos pasado la noche, envié á Eugenio, que era el más fuerte entre ellos, para que fuera á alquilar una barca y contratar algunos trabajadores á Gaspar Sabana, campamento formado por hombres de los que se dedican á la busca de la tagua, y que se halla situado á cuatro horas de marcha en direccion ascendente; pero con gran desconsuelo lo vimos volver por la tarde sin haber conseguido su objeto, pues todos los cautcheros habían partido para la montaña á realizar las faenas que le son propias, y en las que ganan su subsistencia.

Las instrucciones que M. Wyse me había dado, y que tantos deseos tenía yo de cumplir con el mayor esmero, prescribíanme que había de determinar el punto en el que había de dar comienzo el túnel del canal interoceánico, y despues continuar las operaciones hasta el Salto del Madroño, lugar en el que el comandante Selfridge se había detenido; pero carecíamos de piraguas, y las aguas, muy abundantes aún, daban lugar á que la corriente fuera todavía demasiado profunda, haciendo imposible, por tanto, el poder caminar por el lecho del río. El personal de que disponíamos era de todo punto incapaz para abrir una trocha con la celeridad que el caso requería; y este trabajo, aun pudiéndolo emprender, no nos llevaría ménos de diez días, á causa de las muchas dificultades con que sobre el terreno se tropezaban.

Ademas, si bien se considera, en realidad mi mi­sion estaba ya terminada: á causa de la gran curva que formaban en la corriente del Mamoni las cascadas de Charare, el comienzo del canal debía ser en el valle de este río, remontando en seguida la cadena elevada que corre paralela á la costa, y al pié mismo de estas colinas debería abrirse la entrada del subterráneo. Por tanto, estimé como lo más oportuno detener las operaciones y organizar el regreso al punto de donde habíamos partido.

Más tarde, M. Wyse hizo la ascension del río por entre él punto en que yo me había detenido y el Salto del Madroño.

anterior | índice | siguiente