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XXIX

 

El río Marroni.-Las iguanas: glotonería y crueldad.-Los saltos de Charara, ó cascadas de Mamoni.


Las orillas del Mamoni inferior están poco cultivadas. Algunas gigantescas mimosas, de folículos tan ligeros y tan finos que cualquiera podría pensar era un delicado velo verde extendido sobre su potente ramaje, alternan con los caracoles y con los mangles de espesas y gruesas hojas. El valle es ancho; pero, á partir del chorro Capero, las colinas, cada vez de mayor elevacion, lo cierran, sombreándolo cada vez más y circunscribiendo la vista á una reducida extension; las abruptas y escuetas puntas del cerro de las Garrapatas (nombre de pésimo agüero, como fácil es comprender, recordando lo que de tales animales y de los tormentos que nos hicieron pasar dejamos dicho) obligan al río á describir curvas bastante pronunciadas y violentas; los rápidos se hacen cada vez más peligrosos; los bancos de rocas se muestran en cortísimos intervalos, no ya pequeños salientes, mitad descompuestos, como en Peña-Miron, sinó grandes aglomeraciones demasiado consistentes. En el punto de confluencia de la quebrada de Tagua se entra ya en la cordillera.

Durante el día, pudimos ver un gran número de iguanas de la especie media; había árbol en el que contamos más de diez, repartidas en sus distintas ramas. Los hombres que nos acompañaban mataron cuatro de ellas, con las que podemos decir tuvimos un gran banquete, pues la carne de estos animales es un manjar excelente, que puede muy bien reemplazar al pollo, llevándole ventajas hasta para las personas de estómago delicado. Los indios las persiguen sin tregua ni descanso, dándoles una caza activa; pero á ménos que no se hallen muy obligados por el hambre, dejan generalmente á las hembras adultas, despues de haberles abierto el vientre para extraerles los huevos, que son el manjar más delicioso del mundo, segun afirman los gastrónomos. No se crea que el animal muere por esto, pues no sólo se cicatriza la ancha y profunda herida que se les hace, sino que se reparan los órganos de tal modo, que al año siguiente puede practicarse al desgraciado animal una nueva operacion cesárea. Los salvajes son muy hábiles en eso de tender lazos y preparar trampas á las iguanas, siendo el principal cebo que emplean la carne de otros animales: en las aldeas del Inguati hemos visto suspendidas de los techos de juncos de las casas, largas filas, bastante apretadas, de estos bichos, colgados en una percha colocada horizontalmente como los palos que en las cocinas del Mediodía de Francia y otros puntos se ponen pendientes de las chimeneas cargados de salchichas. Las cuatro patas y la cola de estos buenos é inofensivos animales las ponen adosadas al lomo, y allí los conservan vivos y su­friendo; provision casera que dura en tal estado meses enteros.

Esta es una de las muchas torturas que se emplean; otra, no ménos terrible, consiste en arrojarlas al fuego, á fin de que la piel se les pueda arrancar con mayor facilidad. Tienen la vida sumamente dura, y podemos creer, á juzgar por las crueldades que con ellas ejecutan, que tienen los nervios nulos y la sensibilidad rudimentaria. Durante nuestra primera expedicion pudimos observar un caso, cuyo recuerdo nos afirma más y más en nuestra idea. Como hubiera manifestado deseos de ello, llevaron á nuestro doctor una iguana de una especie sumamente rara, y con objeto de conservarla, la despojó de su piel; en vano fué que empleara todo su saber profesional para conseguir la muerte del animal, la estrangulacion, la puncion, el corte y separacion de la espina dorsal, las agujas clavadas en el corazon: nada fué bastante para que consiguiera el resultado que deseaba; la cabeza gozaba aún de vida cuando el resto del cuerpo estaba destrozado y casi desmenuzado.

De la especie mayor, cuyo color es oscuro, sólo he visto una en las orillas del Chagres, la cual tenía por lo ménos dos metros de largo, siendo gruesa como el muslo de un hombre, y sólo hizo algun movimiento cuando la embarcacion pasó muy cerca de ella; mas en aquella ocasion ninguno de nosotros llevaba fusil ni arma con que dispararla, por lo que nos vimos obligados á dejarla marchar en paz.

Una calle de Chepo.

Al llegar la noche estábamos en el punto de confluencia del Chararé, y allí nos detuvimos, campando en el lugar que nos pareció más á propósito para pasarla. Ademas, ya estábamos acostumbrados, por lo que no temíamos la intemperie, y por aquellos sitios, ni abundan los mosquitos, ni hay garrapatas, por lo cual las precauciones eran menores, y así, exentos de peligros, podíamos descansar más tranquilos. A la mañana siguiente, serían las siete, cuando teniéndolo todo dispuesto y preparado, comenzamos nuestra tarea, considerable desde el principio, si se atiende que los primeros pasos habían de ser los chorros, que así llaman allí á los rápidos que preceden á la cascada de Mamoni. La primera de estas cascadas tiene una elevacion de tres metros de altura, dividiéndose y subdividiéndose en muchos saltos de agua, corrientes que se entrelazan al rededor de las rocas desparramadas. Fácil es comprender la imposibilidad de salvar con canoas estas alturas, y por consiguiente los graves obstáculos con que habíamos de tropezar para realizar la ascension por el río: por fortuna, habiendo previsto el caso, nos servíamos en aquella ocasion de las piraguas más pequeñas que pudieron encontrarse, ó sean las que llaman allí de mil quinientas bananas, pues la fuerza de ellas y sus condiciones de capacidad están calculadas por el numero de estos frutos que pueden trasportar. Puede servir esto para demostrar cómo en todos los pueblos lo que constituye la fuente principal de riqueza es lo que da la norma para todo, y hasta qué punto se está atento á lo que es el primer artículo de subsistencia. El valor representado en distintos objetos ha dado á ellos su nombre, y lo mismo sucede con los que en distintas partes llevan las medidas de peso y capacidad; y en aquella region donde los frutos de la preciosa musácea es el principal artículo, se ha impuesto, dando lugar á la clasificacion de las piraguas y canoas, de que los naturales se sirven.

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