|
INDICE
|
|
Las orillas derechas del Bayamo y del Mamoni, están formadas por
extensas sabanas desiertas, de una monotonía desesperante, sin nada
de ellas que pueda ser de aplicacion, y que llegan hasta el mismo
Panamá.
Acá y allá, aquel ancho mar de hierba se ve sembrado de grandes
haciendas, que casi todas, en su mayor extension, se hallan
dedicadas á la cría del ganado, viéndose grandes rebaños, algunos
de los cuales cuentan tres mil ó cuatro mil cabezas, y cuya
principal aplicacion no es el aprovechamiento de las carnes, que
casi no tienen valor ninguno, dado lo corto de la poblacion, sinó
las pieles, que forman una de las principales fuentes de riqueza,
pues es el artículo que más sostiene el comercio de explotacion, y
á cambio del que se importan muchos otros productos necesarios para
la vida. Al E., la selva vírgen, con su tupida y abundante
vegetacion, reviste las llanuras y las montañas, haciéndolas
adquirir un aspecto agradable la variedad de tonos y colores de
aquella verde alfombra hasta el punto adonde alcanza la influencia
de las mareas, pues un poco más arriba del sitio donde concluye el
Terable, las plantaciones de bananos se escalonan en ambas
orillas.
Los frutos de estos árboles forman el primer artículo de
alimentacion de los negros y mulatos de la América Central, sin que
en ningun punto del Estado de Panamá, ni en los demas Estados
adyacentes, se recojan algunos que sean de mejor calidad que los
que se producen en las orillas del Bayano. Un trabajo
insignificante basta para que allí tenga el colono una comodidad
relativa, como creemos que, en ningun otro punto podría hallarla,
pues en ninguna parte las necesidades apremian ménos ni se puede
vivir más desahogadamente, en lo que en verdad influye mucho el
género de vida á que están acostumbrados, y tal vez no poco la
especial naturaleza de los habitantes; con dos ó tres mudas de
pantalon y camisa de algodon anisado á discrecion, pues todos son
apasionados por él y cigarros de Ambalema, se encuentra un hombre
satisfecho, sin que se le ocurra pedir más, y creyendo firmemente
que no es necesaria otra cosa para creerse feliz.
En la parte arriba del Terable, las casas se hacen muy raras, y
poco despues las orillas, el río, la selva, están desiertas en
absoluto, hasta llegar al territorio de los indios Pirreas. Nada
absolutamente turba la quietud ni el reposo de aquel lado, por el
que parece que jamas se aventuró el hombre; las aguas siguen su
tranquila corriente, arrastrando algun tronco de árbol ó alguna
rama; acá y allá se ven variados insectos, muchos de ellos de raras
especies, y el golpe de vista es más y más agradable á medida que
internándose se hace el horizonte más dilatado.
|
|
|
Arrabal de Chepo.
|
Los indios Pirreas, que acabamos de nombrar, es una tribu de las
aborígenes, en confederacion actualmente con sus congéneres del
Chucunaque, con los que están emparentados, tribu que jamas ha
podido ser sometida, á pesar de las muchas tentativas que se han
realizado, y que inspira gran terror á todos los habitantes del
Bayano inferior, que tienen buen cuidado de no aproximarse, ni con
mucho, á los sitios ó lugares donde saben que tienen levantadas sus
aldeas. A pesar de esto y de las muchas atrocidades y crueldades
que de ellos cuentan como justificativos del terror que los tiene
tan á distancia, M. Wyse se atrevió á penetrar en sus dominios,
siendo tal vez el único blanco que los ha pisado.
Entre los individuos que forman la poblacion de Darien
occidental, hay muy poca mezcla de sangre india, y aún ménos de
sangre
|azul, como llaman allí al cruzamiento con blancos,
pues lo que más abundan son los negros.
Segun lo que allí nos han referido personas que pueden merecer
entero crédito, éstos valen mucho ménos bajo todos puntos de vista
que sus congéneres los del valle de Tuyra: más borrachos, si es que
puede admitirse que lo sean más que aquellos de quienes ya nos
ocupamos, y más perezosos, vicio cuya única explicacion se
encuentra en la abundancia de los bananos con que se alimentan, y
cuya recoleccion exige muchos ménos trabajos y fatigas que la busca
del cautchouc, viven en su mayor parte desparramados por las
sabanas, no teniendo más que dos aldeas, que son Chepo y la
Capitana. La primera, que cuenta hoy 1.500 almas, fué en anteriores
tiempos una verdadera ciudad, en la que abundaban las casas de
madera y de piedra; pero en la actualidad, las familias más
acomodadas que allí vivían la han ido abandonando poco á poco para
irse á establecer en el Estado de Panamá, por más que no haya
ninguna razon que pueda explicar las causas que tuvieron para obrar
así, dado que el clima de Chepo es salubre en todas las estaciones,
el estío muy agradable, y que los ochenta kilómetros que la
separaban de la capital se hacían por un camino cómodo y bien
cuidado en todas las estaciones. Este inmotivado abandono ha dado
lugar al extraordinario cambio que se advierte y á la decadencia
visible, de que tal vez ya no salga; el camino, abandonado de
todos, podemos decir que ha dejado de serlo, y unas veces, segun el
tiempo, está convertido en selva, y otras en pantano. Los rebaños
que se envían á los mercados se embarran en los barrancos, y acá y
allá los huesos que se ven blanquear de las bestias ahogadas en el
cieno, indican la direccion del antiguo camino, que hoy ha
desaparecido casi por completo.
El día 7 de Diciembre salimos de la ciudad de Panamá,
embarcándonos á bordo de la canoa
|La Bruja. El carpintero
que la había construido, tallándola de un solo tronco de cedro,
dióle tan malas condiciones náuticas y unas formas tan redondeadas,
que el menor soplo de aire la volcaba con suma facilidad, viéndonos
amenazados de naufragar á cada momento. Al ser de día, el patron
que la mandaba se apercibió de que se había pasado de la
desembocadura del Bayano, por lo que nos vimos obligados á esperar
el cambio de la marea en la isla de Chepillo, la más poblada, la
más fresca de todas aquellas encantadoras porciones de tierra que
se hallan esparcidas sobre el golfo de Panamá como las perlas en un
cofre. Al llegar la noche, enfilamos con el fondeadero del río,
formado por aguas pantanosas, y orillas inundadas, cubiertas de
paletuvios, y por la noche llegamos á la Capitana, sobre el río
Mamoni. La Capitana es el puerto de Chepo.
|