INDICE




XXVIII

 

Segunda expedicion.-Embarque en Saint-Nazaire.-El istmo del Darien occidental, ó de San Blas.-El río Bayano-Indios darienitas.-Chepo.-La Capitana.


Vueltos á la patria que tanto habíamos echado de ménos en las remotas regiones que dejábamos recorridas en nuestra anterior expedicion, pensando en lo mucho que aún teníamos que hacer para ultimar aquellos comenzados trabajos, cuyo futuro resultado tantas ventajas habían de reportar á la industria y al comercio, permanecimos seis meses en Francia, sin que un solo momento pudiéramos dejar de la mano las penosas tareas que nuestro propio deseo nos señalaba. Como, ademas del escaso tiempo de que habíamos dispuesto, contamos siempre con escaso personal, que imposible era atendiese á todo lo necesario para ultimar cada una de las operaciones emprendidas, en todos los puntos que fueron objeto de nuestros estudios nos limitamos á tomar apuntaciones y datos que nos sirvieran luego para poder realizar los tan deseados cálculos, en lo que invertimos todo el tiempo que permanecimos en Francia en espera de la estacion seca, que era la única en que podíamos allí trabajar, para ponernos en marcha.

Llegó al fin ésta, y realizados los consiguientes preparativos, nos pusimos en marcha el día 7 de No­viembre de 1877, calculando que habíamos de llegar á la region que teníamos que estudiar en tiempo á propósito para comenzar desde luego, sin temor á contrariedades que nos interrumpieran.

De todos nuestros compañeros en el anterior viaje, hombres probados ya, conocedores del terreno y de las costumbres de los habitantes de aquellas regiones, que tan buenos servicios nos habían prestado en la expedicion primera y de los que tanto podíamos esperar, sólo nos acompañaba uno á bordo, que era M. Pouydessan, que desempeñaba el cargo de secretario del comandante general de la mision: de los demas, unos se hallaban ausentes por asuntos propios, y otros se encontraban en otras ocupaciones, privándonos por esta razon de su agradable compañía; pero M. Luis Verbrugge, que meses ántes partiera para una excursion al Brasil, habíala terminado, segun noticias que nos comunicara, y esperaba de vuelta nuestro paso por Panamá, para reunírsenos, y en el mismo punto se encontraba con igual fin M. Souza, á quien el Gobierno de Colombia autorizaba tambien en esta segunda vez para que nos acompañara. M. de Lacharme, el infatigable explorador y hábil aventurero á quien tanto debíamos con sus excelentes y sufridos trabajadores, que tan buenos recuerdos nos dejaron por su sumision y buenos servicios, no podía unirse á nosotros hasta fines del inmediato Diciembre, por lo que, teniendo en cuenta todas estas circunstancias, M. Wyse, que era el hombre de siempre, activo y prevenido en toda la extension de la palabra, se resolvió á comenzar los trabajos por la exploracion del istmo de San Blas, ó por mejor decir, era su intento completar lo que la comision americana había dejado por hacer. Esta expedicion, que como nuestros lectores recordarán, fué mandada por el comandante Selfridge, se había limitado á estudiar la vertiente del lado del Atlántico, deteniéndose en la cascada del Madroño, que se forma en el alto de Maduoin, de modo que faltaba estudiar todo lo referente á la vertiente opuesta, y realizar algunas comprobaciones que nos dieran exacta idea de la verdad de los cálculos realizados para unirlos á los que nosotros obtuviéramos, y obtener de este modo un resultado completo.

El istmo del Darien occidental, que más generalmente es conocido de todos por el nombre de istmo de San Blas, es mucho más estrecho que todos los demas que existen en la América Central. Su anchura no excede de cuarenta y ocho kilómetros, extendiéndose desde el golfo de San Blas, ó de Carti, hasta la embocadura del Bayano: ensanchado en la parte Norte por una amplia y profunda bahía, un tanto interceptado en su extension por varias islas y arrecifes que hacen dificultoso y de peligro el paso por ella, goza, no obstante, de condiciones altamente recomendables, cuales son el hallarse abrigada de los vientos de largo, gracias á una extensa y prominente lengua de tierra, y por algunos montículos de mayor ó menor elevacion; en la parte Sur deja paso al fondeadero del Bayano, río que, á pesar de la poca extension con que su cauce cuenta, vierte en el Océano abundantes y profundas aguas, capaces para que en ellas naveguen los buques de más alto porte y profunda cala. Este poderoso río, que es sin duda alguna el que en toda aquella extension arrastra mayor caudal de aguas, corre por lo ménos en una extension de más de doce kilómetros, formando una línea recta con la del cuello ménos elevado de aquella porcion del istmo, dado lo cual sería suficiente practicar un corte de ménos de nueve leguas para establecer una expedita y cómoda comunicacion entre el Océano y el Pacífico; por desgracia, la elevacion de aquellas montañas, que es considerable, impide que pueda conseguirse un canal á cielo abierto, por lo que habría que conformarse con un subterráneo que próximamente se extendería quince kilómetros, ó sea una extension igual á la del túnel de San Gotardo. Decimos esto, porque la especial naturaleza de aquel terreno montañoso no puede permitir en modo alguno el derrame de los desmontes, sin que á cada paso derrumbamientos inevitables interceptaran los trabajos, inutilizando los ya hechos y haciendo imposible la continuacion de ellos. La cordillera central, cuya altura, por término medio, excede siempre de cuatrocientos metros, está flanqueada á lo largo paralelamente por ambos lados por otras cadenas de montañas, que con ellas comparadas, presentan insensibles diferencias, y de las que depresiones relativamente bajas comprendidas entre estas elevaciones, no comunican con las extensas llanuras de las playas de los dos Océanos sinó por medio de estrechas gargantas, verdaderas escaleras por donde espumosos torrentes se precipitan con violencia de cascada en cascada.

Aldea de la Capitana. Baja Marea.

Entre todas aquellas gargantas ó desfiladeros relativamente bajos, el que más facilidades presenta para poder practicar un paso cómodo entre los mares cuya reunión interceptan, puede citarse el que se abre entre el río Azúcar y el río Icanti ó Aguas-Claras, paso que toca á M. Wyse el honor de haber sido el primero que lo haya estudiado; pero para trazar un canal interoceánico, ninguna de aquellas depresiones, por más que á la simple vista varias puedan parecer lo contrario, presentan más ventajosas condiciones que la línea de la desembocadura del Bayamo á la bahía de San Blas.

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