|
INDICE
|
|
En un espacio de más de cincuenta kilómetros, tanto á la derecha
como á la izquierda, los terrenos están inundados. Acá y allá se
distinguen algunos grupos de árboles, á los que se enlazan algunas
plantas trepadoras, formando caprichosas guirnaldas que festonean
sus ramas, y que sobresalen por encima de un inmenso mar de cañas y
paletuvios de cortas dimensiones. Toda esta vegetacion, casi
sumergida en medio de las fangosas aguas en que crece, tiene la
misma altura y presenta el aspecto de los trigos, momentos antes de
hacer la siega: el agua se ve brillar y reflejar por aquí y por
allí á lo léjos entre las matas: en una palabra, por todas partes
ménos en el río. El Caquirri por aquel lado no es más que una fosa
de unos cien metros de ancho; cuya profundidad no llega á diez, é
invadida por un bosque flotante, pero tan espeso, que una tabla
puesta de plano sobre aquel revoltillo de gramíneas es por demas
suficiente para sostener á un hombre. Los reinos se hacen inútiles
por los remolinos confusos que las hierbas forman en el cauce.
Mucho menos puede usar la palanca, pues el agua, por invisible que
sea, es mucho más profunda, por lo cual los puntos de apoyo se
hacen raros, si no imposibles de encontrar. Con las ramas de
mediano grueso de los mayores palmeros pangamas que pueden
encontrar nuestros hombres, confeccionan unas horquillas, con las
que aplastan las ramas que en tanta abundancia crecen, y buscan
apoyo para que la embarcacion pueda deslizarse. Nos encontramos en
el pantano de Atrato.
Al internarnos en él, advertimos cómo en nuestro al rededor
renacía la vida animal, hasta un punto que jamas la he visto tan
exuberante. Bandadas inmensas de pájaros de todos tamaños y
variados plumajes corren y revolotean á todo lo largo del río;
grupos de garzas inmóviles y graves nos miran pagar en una
inmovilidad que llama la atencion; los lamantinos se sumergen
repetidas veces en pocos momentos, y unos caimanes enormes duermen
sobre las balsas que en la orilla forman las hierbas arrastradas. A
las ocho de la noche llegamos por fin á la Loma de Cristal, último
punto de un contrafuerte de las cordilleras, promontorio bastante
célebre en el país, pues éste, y el llamado Loma Vieja, es el único
terreno seco y fuerte que se encuentra en aquella llanura
inmensa.
|
|
|
Pantanos del Atrato.
|
Allí partimos el campamento de manatis que se ocupaban en
aquellos anfibios que habian matado aquella mañana, dividian en
largas tiras, que ahumaban inmediatamente. Ya que de estos animales
nos ocupan bueno será que demos algunos detalles acerca ellos,
mucho más cuando constituyen un medio alimentacion para aquellos
naturales. Este género de cetáceos herbívoros está caracterizado
por la existencia de nueve molares en cada uno de los lados de su
mandíbula: los superiores son casi cuadrados y los inferiores un
tanto más puntiagudos, aunque todos presentan una corona plana, en
la que se destacan tres especies de bolsas. Los miembros anteriores
verdaderos aparatos de natacion que apénas se descubren bajo la
piel que los oculta, están compuestos de cinco dedos, que á su vez
constan de cinco falanges terminadas por uñas planas y redondas,
que tienen algun parecido, aunque lejano, con las del hombre. Estas
uñas, por regla general, son nada más que cuatro, pues el más corto
de los dedos no es unguiculado; en algunos han podido hallarse
hasta las cinco; los miembros posteriores y la vagina falta en
absoluto, y en vano ha sido que Dauventós los busque en un feto que
ha disecado. El cuerpo, de forma oblonga, que algunas veces ha sido
comparado con una ostra, está terminado por una cola aplastada,
ancha, y que tiene gran semejanza con un abanico. La cabeza termina
en un hocico carnoso en que hacia la parte superior se ven las
narices, muy pequeñas y dirigidas hacia adelante: el labio
superior, partido en su punto medio, lo tiene guarnecido de pelos
muy abundantes, los ojos son muy pequeños, y lo mismo sucede con el
agujero auricular, que cuesta gran trabajo apercibirlo. Las mamas
son pectorales y adquieren un considerable desarrollo cuando están
en la época de la gestacion y de la cría.
A estos animales no se les encuentra nunca en alta mar, sinó
solamente en las orillas, y muy especialmente en las desembocaduras
de los ríos, por los que remontan algunas veces hasta muy
considerables distancias. La mayor parte de los viajeros afirman
que estos animales permanecen constantemente en agua, aunque, segun
otros, llegan hasta arrastrarse á tierra. Ordinariamente se les
encuentra en bandadas, apretados los unos contra los otros y
teniendo en medio á los pequeñuelos, sin que manifiesten
desconfianza alguna, al ménos en las regiones en que no se les ha
hecho temer la presencia del hombre, dejan que se les aproximen y
hasta que los toquen, teniendo, segun dicen, que golpearlos
fuertemente para que tomen el partido de marcharse.
La inteligencia de los manatis, su instinto social y dulce,
guarda extraño contraste con sus formas groseras, por más que hay
necesidad de confesar que los viajeros, amigos siempre de lo
maravilloso, han exagerado hasta un punto considerable lo que á la
inteligencia de estos animales se refiere, sin duda por haber
creído fábulas y cuentos que ningun fundamento pueden tener. Ha
habido quien ha supuesto que el hombre descendía del manatí, y ha
sido llamado por algunos el pez mujer y en otras partes lo han
llamado el buey ó la vaca marina.
La carne de estos animales, segun unos viajeros, es muy parecida
á la del buey, y segun otros, á la del ternero; su grasa es muy
estimada; así es que frecuentemente se organizan cacerías contra
ellos. Para coger á los manatis hay que procurar acercarse á ellos
con gran sigilo en una pequeña y ligera barca, y dispararles una
aguda flecha, sujeta con una cuerda bastante larga; tan pronto como
el animal se siente herido, emprende la fuga, llevando consigo la
flecha y arrastrando la cuerda, á cuyo extremo se tiene el cuidado
de amarrar un pedazo de madera que flote sobre el agua y sirva para
indicar dónde se encuentra. Cuando á causa de la sangre que va
perdiendo por la herida el manatí se debilita, se acercan, y
arrollando la cuerda hasta dejar sólo algunas brazas, tiran de él
hacia tierra, ó concluyen de matarlo á lanzadas.
Es un espectáculo muy curioso ver el interes que estos animales
toman los unos por los otros; cuando ven á uno herido, todos se
precipitan hacia él con objeto de ver si pueden sacarle el arpon, y
muchas veces, al sacar á uno de ellos fuera del agua, ha podido
observarse que los demas lo siguen.
Del manatí se conocen dos especies; una, la que habita las
costas occidentales del Africa, pero la otra, que es la de América
y la llamada por los naturalistas el gran manatí, la sirena ó la
cerda de mar de algunos viajeros. Su piel es gris, ligeramente
granulada, en algunos puntos se le ven pelos aislados,
especialmente en la comisura de los labios y en la parte externa de
las aletas natatorias. La hembra de estos animales generalmente
pare dos hijuelos, que desde luégo la siguen en el mar.
Aquella noche, gracias al humo que despedía la hoguera de
aquellos afortunados pescadores, los mosquitos nos permitieron
algun reposo, y pudimos dormir descansadamente, cosa que hacía
muchos días no podíamos conseguir, y que tan necesaria nos era,
pues á pesar del mucho amor al trabajo, del gran interes que en los
buenos resultados de la expedicion teníamos todos y de la gran
confianza que nos animaba, aquellas tan continuadas fatigas
cansaban nuestro cuerpo y abatían nuestro espíritu, haciéndonos
temer el desarrollo de una enfermedad que nos impidiera seguir
adelante.
A la mañana siguiente hicimos una ascension á la loma, y desde
allí pudimos admirar el extenso, el infinito desierto de verdura
donde allá á lo léjos se extienden las bocas del otro río poderoso,
cuya presencia nos la indica una larga y plateada faja que se
extendía en el horizonte.
|