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Los niños menores de quince años llaman la atencion y se hacen sumamente simpáticos por lo regular de sus facciones y su fisonomía dulce, buena é inteligente. Aquella pobre tribu es muy poco lo que ha conservado de las tradiciones de su raza, y hoy no es más que uno de los pocos restos que quedan del sin número de poblaciones potentes que, de un lado la conquista española y su mal sistema de colonizacion, de otro las expediciones continuas de filibusteros que los han arrancado de sus hogares para reducirlos á la esclavitud, y las continuas guerras que han sostenido con los negros del Bajo Darien, han convertido en miserables aldeas, que áun de año en año disminuyen.

Aquellos indios pertenecen á la raza Cuna, lo mismo que las tribus del alto Chucunaque, y todas las que se asientan en la costa del Atlántico. Si á cualquiera de ellos se le pregunta su nombre, responderán: Tulé, que es lo mismo que hombre; pero para distinguirse de otros muchos pueblos que viven en el Darien y que reciben la apelacion genérica de indios de, ellos se designan con el de indios ti, vocablos que en el idioma de cada uno de ellos significa lo mismo, esto es, Río. Los ti son de muy pequeña estatura y rechonchos, y se hacen obesos cuando aún no tienen mucha edad: los de, por el contrario, son altos, proporcionados y esbeltos, conservando la pureza de sus formas hasta una edad bastante avanzada.

Generalmente, entre ellos está de todo punto admitida la poligamia, y las uniones que con más frecuencia se celebran son entre hermanos y hermanas.

Por regla general, son morosos y taciturnos, y apénas si hay nada que pueda hacerles abandonar su melancolía más que la bebida, de la que abusan hasta el punto de llegar á la más completa embriaguez. Una vez en este estado, pierden todas las buenas cualidades que puedan tener, y se hacen rencorosos y crueles; son tambien por exceso perezosos y muy poco precavidos, siendo las únicas ocupaciones á que se dedican, la caza y la pesca.

Las armas que más usan son el fusil, el arco, la flecha y la cerbatana, aunque esta última sólo la manejan los muchachos: el arco es cada vez ménos empleado, y aquel secreto que un día hacía tan terribles las heridas que sus flechas causaban, por el veneno de que las impregnaban, lo han perdido, de modo que no saben hacerlo como en otro tiempo sus antepasados. Para la pesca conocen el anzuelo, pero apénas si lo emplean, sirviéndose más de la azagaya. Todas las faenas del campo, por duras que sean, y todo lo referente á la agricultura, está confiado á las mujeres.

En cada aldea ó ranchería de indios, el primer personaje es el cacique, el segundo el lelé (médico ó encantador). Frecuentemente, como en Paya sucede, estas dos funciones están desempeñadas por un mismo individuo. La principal funcion del lelé es procurar qué los dioses sean propicios y no persigan con sus rigores en ocasion de cualquier fiesta ó cacería. La víspera del señalado como gran día, se retira á una habitacion sin techo, sobre una terraza que llaman allí carro, y pasa la noche haciendo conjuros, mezclados con gritos y gruñidos de animales. Cuanto más con estas imitaciones se acercan al original, y son más exactas, cuanto mejor sabe reproducir con exactitud el canto de los pájaros y los gruñidos de los animales, mayor es la consideracion de que goza. Hubiéramos querido conocer el fundamento racional que tan extraña supersticion puede tener; mas nos contuvo en nuestra curiosidad el temor de que pudiera ser achacado al deseo de profanar lo que por sagrado y santo tienen ellos. Una de las cosas que siempre llamarán más la atencion en los pueblos que puedan recorrerse, serán las preocupaciones religiosas, las que rara vez podrá determinarse qué causa tuvieron en su aparecimiento, ni qué causas han sido las que han dado lugar á que se sostengan en el ánimo de séres que piensan, y que las hubieran desechado, á no dudarlo, si no temieran dejar de conseguir lo que por ellas vienen consiguiendo. Las necesidades materiales pueden haber sido muchas veces las que tales efectos produzcan, y no dejó de chocarnos el saber que cuando se dispone una gran batida, cuando se emprende cualquier gran partida de caza, en ella el lelé, imitando el canto de las aves y los gritos propios de los animales, son los que los atraen á los puertos donde los cazadores las esperan para matarlas.

El pueblo Paya.

Si se considera que el primero y principal medio de sustentacion de aquel pueblo es la caza, los grandes beneficios que en aquellas batidas reportan los hábiles reclamos, y más que nada lo poco comun que es el que un hombre imite á la perfeccion á las aves y á los animales, tal vez llegue á comprenderse la veneracion que á |los lelés les tienen, nacida, más que de nada, de la utilidad que reportan.

Esta consideracion llega hasta tal punto, y la influencia de que gozan es tan grande, que en no pocas ocasiones se hace igual, si no mayor que la del mismo cacique; pues aunque éste sea el único que en la aldea tenga autoridad, las palabras de aquél son muy atendidas, y escuchadas siempre con gran veneracion y respeto.

Sobre cualquier causa ó asunto que se someta á su juicio, las decisiones del cacique y del |lelé, como jueces de la tribu, son inapelables, y la garantía de la imparcialidad con que han de decidir, la confianza que en todos causan las sentencias de aquellos magistrados, y la única garantía que ellos ofrecen de lo recto y justo de sus conclusiones, está en el deber imprescindible en que se hallan de ejecutar ellos mismos la sentencia y aplicar por sí las penas á que crean se | hicieron acreedores los que delinquieron. Esta terrible obligación la ha tenido que cumplir hace algunos años el cacique actual, cuando no era más que |lelé, y por el caso ocurrido, que pasamos á referir, puede comprenderse los mil inconvenientes que tiene el pertenecer á la administracion de justicia en aquel país. Una mujer, próxima parienta suya, su hermana misma, segun tengo entendido, dijo que por revelaciones que en un sueño había tenido, ó por visiones que viera y que pudieran revelárselo así, su marido moriría al día siguiente. Sin duda por extraña coincidencia, por cuanto no puede admitirse otra cosa, el hecho tuvo lugar, por desgracia, y la opinion pública la acusó de hechicería, gritando y vociferando que debía ser sometida inmediatamente á la accion de aquel particular tribunal. Como en todas partes hay despreocupados y gentes en quienes la fe falta, todos sostenían que debía ser castigada, pues aquellos que no daban crédito á las hechicerías ni sortilegios, opinaban que la desventurada había cometido un crímen envenenando á su marido, para que de cualquier manera su profecía resultara cierta. Los deseos del pueblo fueron cumplidos; la infeliz compareció ante los jueces, y por unanimidad fué condenada á muerte.

En la mañana del siguiente día, el cacique y el |lelé penetraron en la selva, arrastrando en pos de sí á la acusada, que, segun lo prescrito por las leyes, debía ser quemada viva, y al volver por la noche, los que, jueces en un principio, se convertían en ejecutores de justicia, traían la cabeza afeitada, el cuerpo embadurnado con |agua (que así llaman á una especie de pintura negra); y como prueba del terrible mandato que se les confiara, enseñaron á la tribu reunida un puñado de cenizas.

El |camotura ó | músico es necesario que sea tambien sumamente hábil y tenga condiciones bastantes para sostener el carácter que se le confía. Es el tercero en el órden jerárquico gubernamental, y el que sustituye al cacique ó al |lelé en sus ausencias. Durante las fiestas, todas las que se celebren, tiene la obligacion de tocar el |camo, especie de flauta de caña, de la que, por grande que sea la habilidad del que la tañe, se obtienen siempre sonidos sumamente desagradables: entre aquellas tonadas monotonas y discordantes se intercalan, en recitados hechos con voz gangosa, los consejos y prevenciones del |lelé. El baile favorito de aquellos indios es el |Guayacan, gran círculo formado por hombres y mujeres que danzan |y giran al rededor, del |camotura, que ocupa el centro. De pronto todos golpean la tierra fuertemente con el pié, repitiendo esto dos veces consecutivas, rompen la cadena y despues se enlazan las parejas, hacen algunas piruetas en movimientos rápi­dos y acelerados, siguiendo el compas que el |canto marque.

El |urunia es el cuarto dignatario, y su principal, su única mision, consiste en reclutar los guerreros, organizarlos, instruirlos y mandarlos en el combate. Como es fácil comprender, las únicas condiciones que en este funcionario se exigen son las de valor y fuerza; así es que sólo ellas, suficientemente probadas, han de tenér los que aspiren á tan peligroso cargo.

Las cacerías, que más que tales son verdaderas expediciones que se prolongan durante muchos días, las más de las veces las hacen en comun, bajo la inmediata direccion del cacique y del |lelé. En ellas baten los jabalíes, los pecaris, los ciervos, las iguanas, los monos negros y las perdices, que son allí de unas dimensiones considerables, pues en todo el Darien llegan á ser del tamaño de nuestros pollos.

En Paya estuvimos alojados en la casa del cacique y en la de su hijo Mono. Apénas si hacía una hora que habíamos llegado á Paya, cuando se nos presentaron los negros que habíamos reclutado en Panamá, manifestándonos su |ultimatum, reducido á los siguientes términos: ó les aumentábamos sus jornales, ó nos abandonaban inmediatamente. M. Wyse aprovechó aquella favorable coyuntura para dar por terminados sus compromisos; ya no nos era necesaria tanta gente, y mucho ménos una gente tan perezosa y que tan poco útil nos había sido durante la expedicion en que nos acompañaran. En un principio, temimos que la dura contestacion dada por el jefe fuera causa para que promovieran algun disgusto ó intentaran causarnos algun daño; pero nada de esto sucedió, sinó que marcharon sin dirigirnos ni el más ligero reproche, ni la más insignificante frase, cosa que no esperábamos ciertamente tuviera tan pacífica resolucion. Yo, por mi parte, sentí sinceramente la marcha de mis dos hombres, Pablo y Pilar, pues sería injusto no confesar que me habían servido fielmente.

Por poco y malo que fuera el trabajo que aquellos hombres realizaban, es lo cierto que su partida dió lugar á que se atrasaran un tanto las tareas de la comision: quedaba sólo el número indispensable de agregados para completar las brigadas de ingenieros. M. Wyse á quien y o debía acompañar en el viaje que había de emprender para explorar la vertiente del Atlántico y de las bocas del Atrato, se vió obligado á diferir su partida despues, y para que todas fueran contrariedades, Mono, que había de servirnos de guía, cayó enfermo, en todo lo cual, y para resumir, perdimos ocho días.

Entre tanto, y con objeto de que el tiempo no fuera del todo perdido, hicimos algunas cortas expediciones por los alrededores de Paya, una de las cuales tuvo por objeto el detenido reconocimiento del río Cué.

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