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Despues de los |aras y las cotorras, los pájaros que más allí abundan son las oropéndolas ó turpiales de color negro y amarillo: éstos tienen gran semejanza con nuestros mirlos, si bien es cierto que son mucho mayores. Los gritos que les son propios, tienen gran parecido con la risa de los polichinelas, y son ademas bastante inteligentes, sin que les cueste gran trabajo atender á la satisfaccion de sus necesidades. Los turpiales viven en república en las ramas de los árboles, donde á centenares cuelgan sus nidos, de más de un metro de largo, tejidos con lianas delgadas y suaves. Cierto es que de esta manera los pequeñuelos se encuentran al abrigo y nada pueden contra ellos ni las serpientes ni los demas reptiles; pero tienen el inconveniente de que el menor soplo de la brisa los agita fuertemente, destruyendo las tempestades un número considerable de ellos.

Pájaros-moscas y colibríes á millares vuelan de acá para allá, dejando brillar su rico y variado plumaje á los rayos del sol, zumbando como si fueran grandes abejas entre las lianas que cubren á los árboles enteros con su verde manto, salpicado de flores brillantes. Cuando comienza á caer la noche, la selva entera se agita por los mil ruidos que en los árboles producen los muchos pájaros que en ellos habitan. El aire se puebla de sonidos diversos; los reclamos de la perdiz, el ronco són que el pavo produce, son casi en absoluto apagados por los continuos |cris-cris de los millones de insectos que viven en las ramas ó caminan por entre las secas hojas de que está cubierto el suelo. Las prolongadas quejas del mono chillon ó quejumbroso que reclama la lluvia, son las voces que dominan á todas las de la naturaleza en aquellas inmensas selvas, cuya grandeza pasma y maravilla al hombre.

En la mañana del tercer día nos cruzamos con M. Wyse, que caminaba en una piragua tan pequeña, que podía manejarla él solo, no pudiendo llevar en ella más que una corta cantidad de galleta y algunas pastas de chocolate. Este hombre constituye un tipo verdaderamente extraordinario, en quien la energía jamas decae y cuyo ánimo sereno no se turba ni ante el más inesperado peligro, ni ante la dificultad más grande: la actividad que lo domina no podría ser comparada con la de tres individuos y aquel hombre infatigable, en toda la extension de la palabra, parece ser un verdadero pielroja, segun manda en el hambre, en la sed y hasta en el sueño. Cuando lo encontramos había visitado ya toda la línea de cima del istmo, en la parte que mira hacia el Atlántico, habiendo descubierto la garganta de Tihule. En aquel momento se dirigía al punto conveniente para hacer la ascension del Capeti, llegar en él á la mayor altura posible, y ganar á pié el Paya, para ver y estudiar si cualquiera de los muchos valles por que necesariamente tiene que atravesar, presenta un camino más favorable, bajo cualquier punto de vista, que el que desde luégo nos ofrece el río Paya.

Chozas y tipos de los indios Cuna.

Los puntos en que tanto nuestro viaje nos hace trabajar, por ser de curvas donde las corrientes se hacen rápidas y violentas, se suceden con más frecuencia, y cada vez se hacen más duras; razones por que hacemos el viaje con suma lentitud, siendo muy poco lo que podemos adelantar, á pesar de los rudos esfuerzos que hacemos. Cerca del punto de confluencia con el río Puero, el Tuyra se ha abierto con el incesante choque de su corriente un verdadero cañon al traves de las rocas calcáreas. Aunque muy profunda, apénas si tiene 30 metros de ancho, y áun por algunos puntos bastante ménos, de modo que las ramas de los árboles que en una orilla crecen, y los que crecen en la opuesta, se enredan y entrelazan formando lo que allí llaman puentes de mono. Las rocas, que siempre permanecen húmedas, están constantemente cubiertas de pequeñas y delicadas plantas; los vegetales parásitos han desaparecido, y aclarada la selva, cada vez se hace más bella. Algunas veces pasamos muy cerca de graciosas culebras de un verde brillante, suspendidas de la cola á las ramas de algunos árboles, en una disposicion tal, que parece van á pescar.

Nuestros hombres están sumamente cansados; un rápido remolino los detiene: al día siguiente por la mañana pudimos remontarlo sin demasiado trabajo, y poco más arriba encontramos á los ingenieros Brooks y Badouin, ocupados en practicar algunos sondajes, siendo muy de llamar la atencion el órden con que M. Badouin ha sabido organizar su vivac.

Algunas lianas cortadas sobre el terreno le han facilitado la construccion de la cabaña, y con lianas tambien ha sabido confeccionar su rústico mueblaje. Como le manifestara la extrañeza, que esto me causaba, me enseñó algunos ejemplares muy curiosos de aquellas plantas, algunas de las que llegan á ser tan gruesas como la pierna de un hombre; unas son rectas y lisas, otras forman concéntricos anillos como monstruosas serpientes, unas forman en la selva virgen laberintos inextricables, otras se arrollan en grupos de tres á cuatro, las unas al rededor de las otras, se mezclan, se confunden, se separan, se dividen, formando raros juegos que apénas se comprenden segun las mil formas que toman: aunque una raíz madre se seque ó muera, no por esto la liana se pierde, sinó que sigue su desarrollo y crecimiento á costa de las muchas plantas parásitas á las que se ha asociado. El número de especies comprendido bajo el nombre genérico de lianas, es infinito, casi todas de muy distintos aspectos. A todo viajero que se aventure en aquellas selvas le es útil y conveniente conocer aquellas variadas especies que en la flora tropical dan cuerpo á los sueños más raros. Las unas contienen un agua fresca y pura áun en el rigor del estío, cuando el sol ha secado ya todos los arroyos y en las orillas de los ríos no se encuentra más que un inmundo y fétido fango, que el beberlo causaría la muerte; otras proporcionan á las gentes del país los únicos remedios que saben aplicar, y que en muchos casos son de gran utilidad por los especiales jugos que contienen; otras, por el contrario, se cuajan de aceradas y punzantes espinas, que al menor descuido desgarran las carnes, ó producen flores venenosas: allí nos enseñaron una de corola amarilla, cuyo contacto es necesario evitar siempre, pues esto sólo basta para causar dolorosas llagas, muy difíciles de curar: casi todos los cautcheros tienen en las piernas grandes y profundas cicatrices, causadas por aquellos perniciosos parásitos, y uno de los hombres que nos acompañaban, natural de Panamá, quiso aspirar el aroma de una de aquellas flores, y casi estuvo á punto de sucumbir de una úlcera en los labios, por lo que quedará ya desfigurado por el resto de sus días.

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