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Muchas veces en aquellas reuniones se improvisan cantares alusivos al motivo á que se deben, ó son expresiones de apasionados sentimientos, ó crueles indirectas á un rival poco afortunado, ó retos sangrientos al que mejor parte lleva en una empresa amorosa; pero aquella noche, por desgracia, los poetas no habían concurrido, ó no se hallaban en vena. Al compas de aquel canto y á los sones extraños de aquellos instrumentos, hombres y mujeres bailan una extraña y caprichosa danza, en la que arrastran los piés por el suelo con gran lentitud, teniendo casi inmóviles la cabeza y las espaldas, y en la que la parte inferior del tronco y las caderas parecen agitarse independientemente del cuerpo, dando una media vuelta al rededor del busto.

Cada uno de los individuos que forman pareja sostienen los dos extremos de un pañuelo y se acercan ó se alejan, vuelven y revuelven segun lo exigen las posturas de aquella danza, permaneciendo de esta manera, sin permitirse el menor descanso, más de un cuarto de hora.

Facil es comprender que un ejercicio de tal naturaleza en un clima tropical donde el calor es abrasador á cualquiera hora, donde se beben sin tregua licores alcohólicos que más lo aumentan, y cuando se es negro, esto es, de una traspiracion cutánea bastante abundante, bien pronto los coreógrafos se caldean, cosa que es tan sabida entre ellos como no podía ser ménos, y á lo que sin duda se debe el que el traje de baile sea lo más sencillo y ligero posible. Los hombres concurren ordinariamente desnudos de pié y pierna, la camisa completamente desabrochada, y las mangas levantadas hasta más de la mitad del brazo. Llevan cruzado por la espalda y anudado delante del pecho un gran paño de tejido esponjoso, con el cual secan á menudo el sudor que les inunda el rostro, el cuello y el pecho, y en seguida, como una prueba de la más delicada galantería, lo pasan á las señoras. Estas van un poco más cubiertas que los hombres, pues en todas partes la moralidad es más exigente con el sexo bello; al traje que de ordinario llevan añaden unas pequeñas zapatillas; se presentan perfectamente peinadas, con el cabello casi empapado de aceite de coco, y adornadas con todas sus joyas, reducidas, cuando más, á grandes pasadores en el peinado, pendientes, peinas y collar todo de oro. En días de fiesta tan señalada, cada una luce los más claros trajes de algodon que posee, ostentando á cual más pueda una limpieza irreprochable.

Los cautcheros.

La fiesta duró toda la noche, reinando en toda ella el mayor contento y alegría, sin que ningun incidente desagradable viniera á interrumpirla. Por regla general, los habitantes de La Palma, aunque aficionados á divertirse, son pacíficos y no gustan de promover alborotos que perturben un baile ó una fiesta. Los cautcheros extranjeros que durante mucho tiempo han explotado aquel país, se marcharon ya, viendo la poca utilidad que por sus abusos anteriores, podrían obtener en adelante; cuando vivian allí, las cosas pasaban de otra manera, pues caracteres y genios diferentes, así como tambien móviles distintos, daban lugar á que la armonía no pudiera ser duradera en parte alguna; cuando en una reunion la bebida circulaba profusamente y la animacion crecía, los celos se despertaban, se avivaban las rivalidades, y bien pronto se colmaban de injurias, seguidas casi inmediatamente de riñas y peleas; pero, volvemos á repetirlo, la ausencia completa de aquellos elementos de discordia es causa de que en La Palma sea sumamente rara una lucha entre concurrentes á una tertulia, cosa que ántes no dejaba nunca de suceder.

En aquellas comarcas los teatros, los cafes, los clubs, las casas de juego y tantas otras cosas como en los países donde la civilizacion ha hecho progreso sirven para entretener el tiempo y gastar el dinero, no existen; así es que, en la absoluta necesidad de algo en que ocupar los ratos de ocio, los indígenas beben, bailan y tienen riñas de gallos, en lo que con facilidad gastan cuanto ganan. Mi anfitrion, el señor de los Ríos, es uno de los más aficionados galleros que existen en toda la comarca, y muchos son los que afirman que en todo el Darien no podrá hallarse un gallinero mejor que el suyo. En todo el Estado de Panamá tiene fama, y son muy frecuentes las grandes apuestas que se hacen sobre gallos de pelea que él cría. Los |book makers aún no son conocidos allí; así es que no apuestan por partes, sino al par, que es un medio más seguro y más sencillo de perder el dinero.

Por más que digan, creo que aún no saben aquí preparar los gallos, por lo cual, para obtener mejor resultado, se contentan con someterlos á un régimen especial. Aquellas infortunadas víctimas del capricho de sus poseedores no gozan ni un momento de libertad, pues siempre, como condicion precisa de la educacion que reciben, están amarrados. Cuando se han escogido los destinados á ser gallos de combate, que es la primera operacion, y de las más delicadas, pues en mucho depende del buen acierto, les despluman completamente la cabeza, la parte baja del cuello, el lomo y casi todo el vientre, á fin de que no les queden más que las grandes plumas de las alas y de la cola. Despues todas las partes que han quedado al descubierto las frotan cuidadosamente con una mezcla hecha de aceite y alcohol, que repiten durante muchos días, y cuando han recibido tan cáustica friccion, los ponen al sol desde por la mañana hasta el mediodía. Esto al principio les causa dolores vivísimos, que les hace estar incómodos y violentos; pero repetida la operacion en muchos días consecutivos, la piel se les va endureciendo poco á poco hasta un punto tal, que adquieren bastante resistencia para sufrir golpes de consideracion, sin que les hagan gran daño, por la insensibilidad que han adquirido. Para hacerles adquirir á estos gallos un carácter cruel y aficionarlos a la lucha, dejan á las cuerdas con que los tienen sujetos una extension bastante sólo á que los picos de uno y otro lleguen á tocarse, de modo que los animales permanezcan durante todo el día en una excitacion continua, frente á un enemigo que se crean, y al que, á pesar de la proximidad en que lo tiene, no pueden causarle daño. Es un espectáculo curioso el que presentan en esta situacion, pues nunca abandonan el aspecto amenazador, permaneciendo todo el día con las plumas del cuello erizadas, las alas á medio abrir, tanto para proteger los flancos del animal como para sacudir fuertes golpes al enemigo, y desafiándose continuamente con cacareos belicosos. Otra de las crueldades que se les hace sufrir, y no es la menor, es tenerlos siempre separados de las gallinas, pues aquellos desgraciados individuos están condenados á no tener vida más que para las batallas.

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