XI
Continuácion de nuestra marcha
remontando el río Tuyra.-Chepigana y sus botellas de cerveza-Los
autoctonos.-Las darienitas consideradas fisica y moralmente.
El extenso golfo de San Miguel, en cuya travesía empleamos dos
horas próximamente, está rodeado de altas colinas, por detras de
las cuales se elevan. más altos picos. Por bello que sea aquel
panorama, y por mucho que pueda recrear la vista, es justo confesar
que nosotros, atentos al fin que nos había llevado tan léjos de la
madre patria, estudiábamos más que nada lo que nos proporcionara
una feliz resolucion, y, francamente, todo aquello, más que para
nada, era muy á propósito para descorazonar á los que fueran en
busca de un punto por donde abrir un canal, pues ni siquiera se
apercibía la desembocadura del río. Despues de habernos dirigido,
en la extension de unos dièz kilómetros, hacia el punto en que las
montarías parecen más amenazadoras, descubrimos por fin, entre la
isla de Iguana y el cabo Colorado, una solucion de continuidad,
detras de la cual se ensancha una gran bahía, cubierta de islotes,
por cuyos pasos nos aventuramos inmedia tamente. Allí pudimos
observar una gran diversidad y una variacion infinita en la
sucesion de las rocas plutonianas, á las que la verdura quita todo
su aspecto seco y duro, arrebatándolas, digámoslo así, su fisonomía
fea y fría, para cubrirlas con un manto que las hace agradables y
bellas. Todavía en aquel punto las altas cimas parecen continuas;
pero á una media cordada de un cabo se distingue un estrecho, cuyo
largo será de unos cien metros, y en el que, los grandes remolinos
que forman las violentas corrientes de las aguas, presentan una
considerable serie de peligros, que sólo podrían ser evitados
extendiendo la marcha diez kilómetros más arriba: pero atendiendo á
que el buque en que íbamos era de muy poca cala, que la profundidad
del canal era considerable, y que la Boca-Chica tiene tan sólo una
extension de una media milla, la atravesamos con suma rapidez,
empleando toda la fuerza de vapor con que se contaba, y poco
después nos encontrábamos en pleno Tuyra. Todavía en aquel punto
veíanse algunos islotes esparcidos acá y allá; pero despues de
doblar la punta en que se eleva la bella aldea que llaman La Palma,
no se ve ante sí otra cosa que el frío y monotono paisaje de los
ríos en todos los países de clima ardiente, una inmensa extension
de agua inmóvil y verdosa, á la que apénas mueven los soplos
ligeros de la brisa, y por todos lados, hasta el punto en que la
vista se pierde, tierras bajas en la que crecen mangles, formando
como una empalilizada, y por donde la profundidad no llega siquiera
á un metro. Aquí las altas colinas que limitan aquellas llanuras
pantanosas é insalubres, le dan mál agradable aspecto y hacen que
el paisaje tome alguna animacion. En el punto en que confluye el
Sabana, sin duda por las fuertes corrientes que periódicamente trae
este río, y que han lamido los bordes, llegando su fuerza hasta la
orilla opuesta del Tuyra, éste se ensancha en tal grado, que
adquiere perfecta semejanza con un brazo de mar; pero poco despues
se estrecha al ser encauzadas las aguas, hasta no tener más de
kilómetro y medio frente á Chepigana, punto al que llegamos á la
una de la tarde. La llegada del vapor fué sin duda un verdadero
acontecimiento; todos abandonaron sus trabajos y ocupaciones, y
momentos despues de haber echado las amarras, vimos cómo para
contemplarlo se agolpaba la poblacion entera sobre el pequeño
montículo que domina la iglesia. Los trajes blancos ó claros de las
mujeres, y el cuerpo semidesnudo y bronceado de los hombres,
formaban un singular contraste y un cuadro no exento de animacion y
belleza, de cuya vista gozamos algun rato.
Una vez llegados á este punto, pudo decirse que la mision se
encontraba en su verdadero campo de accion: todo lo anterior no
había sido más que preparativos para aproximarnos á él; pero la
primera salida no pudo organizarse sin haber tenido que vencer
serias y grandes dificultades. M. Wyse tuvo que trabajar y sufrir
mucho para conseguir que se alquilaran algunas embarcaciones en que
poder remontar el río, no porque faltaran, sino porque los
naturales querían aprovecharse de la ocasion, y sabiendo que nos
eran de todo punto necesarias, pedían precios verdaderamente
exorbitantes. La mediacion del presidente, M. Aizpuru, nos fué muy
provechosa en aquella ocasion, pues gracias á su valimiento pudo
conseguirse que por un alquiler relativamente arreglado nos fueran
proporcionadas una canoa grande y algunas piraguas, embarcaciones
todas construidas de troncos de árboles, y de las que algunas
cargan varias toneladas. El trabajo de estas embarcaciones en aquel
punto está todo hecho á mano, pues no emplean el fuego para
ahuecarlas, como en otras partes; así es que una piragua, por poco
grande que sea, exige algunos meses de trabajo.
En la mañana del día 13, el Presidente y nuestros numerosos y
nuevos amigos se despidieron de nosotros, deseándonos cada uno por
su parte el mayor número de felicidades, cambiamos fuertes
apretones de manos y estrechos abrazos, nos dieron golpes en la
espalda, señal de la gran confianza que entre todos se había
establecido, y hacia las tres de la tarde el vapor Taboguilla levó
sus anclas y zarpó con rumbo á Panamá.