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INDICE
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Partida para el Darien-El
Tabogulila. -Estoicismo de Viguier.-El golfo de San Miguel.-El
Darien.-Minas de oro de Cana.-Grandeza y decadencia.
En tanto que cada uno recogía las observaciones que comprendía
habían de serle útiles para sus fines, estudiaba el país y recogía
los datos más precisos acerca de lo que se había dicho, nuestro
jefe, que jamas desmintió ni su energía ni su actividad, se ocupaba
con el mejor acierto de los últimos preparativos necesarios á la
expedicion que íbamos á emprender, sobre la que de antemano
sabíamos había fijas muchas inteligentes miradas, y de la que todos
esperaban mucho para los trabajos que habían de emprenderse
posteriormente, y buscaba hombres á propósito para el trasporte de
los útiles indispensables, así como tambien algunos macheteros,
necesarios para nuestra propia defensa en caso de apuro, y á fin de
que, con ayuda del instrumento que tan acostumbrados estaban á
manejar, nos abrieran camino por entre las lianas, que con
frecuencia cierran en absoluto el paso al través de los bosques, y
porque, aunque pocos tuvieran, habían de poseer más prácticos
conocimientos del terreno que nosotros, que por primera vez íbamos
á aventurarnos en zonas no recorridas por nadie. M. Recuero, hombre
activo, que desde el principio nos manifestara gran voluntad,
fuerte capitalista del país y el principal exportador é importador
de toda aquella region, se puso desde luégo á nuestra disposicion,
ilustrándonos con sus conocimientos, que nos fueron de gran
utilidad. Siguiendo sus indicaciones, M. Wyse reclutó una veintena
de hombres;pero demasiado habituados á la indolencia panameña y
poco dispuestos á soportar los rudos trabajos y continuas fatigas
de la expedicion, apenas si para nada nos fueron útiles, y poco á
poco nos vimos en la dura necesidad de relegarlos á la ociosidad, á
que tan acostumbrados estaban. Durante todo el tiempo que nos
acompañaron, dieron motivos sólo para que á una apreciáramos la
enorme diferencia que existía entre ellos y los que M. de Lucharme
nos trajera, reclutados en el rio Sinu, de la provincia de
Cartagena, verdaderos colosos de temple de acero para la ruda
existencia de los leñadores de la selva vírgen, en los que nada
hacía mella; hombres sobrios, infatigables, y que por completo nos
pertenecieron desde el primer momento.
La llegada de la comision había causado gran ruido en la ciudad;
apénas si se hablaba de otra cosa en toda ella, y en los primeros
momentos, cuando eran muy pocos los que á punto fijo sabían el
objeto de nuestra ida, se aventuraban conjeturas y se comentaba el
éxito de los trabajos que cada cual suponía íbamos á emprender.
Sucede en casi todos los casos de igual naturaleza que nadie se
pára á considerar la posibilidad de que se realice el fin
propuesto; así es que, menos decididos y ménos animosos, ó, lo que
es más cierto, ménos convencidos de que lo que más asustaba á los
habitantes de aquellas regiones eran fábulas que en absoluto
carecían de fundamento, nos hubiéramos vuelto sin aventurarnos en
aquella exploracion, donde, segun ellos, á cada paso habíamos de
hallar una muerte segura. Todos recordaban los que, habiéndose
propuesto lo mismo que nosotros, habían sido asaltados y muertos
por los bandidos, ó los que, perdidos en el bosque, habían sido
víctimas del hambre y de la, fatiga, ó los que, no pudiendo seguir
adelante por la valla que las lianas les oponían, habían regresado
sin ánimo para volver á empezar; mas hay que suponer que, ó tales
cosas no habían sucedido, ó se referían á individuos que solos y
llevados de cualquier fin se habían aventurado, pues no tenemos
conocimiento de que ninguna comision ántes que la nuestra hubiera
intentado realizar la exploracion, que era nuestro fin
principal.
Nosotros debíamos partir en canoas y bongos; embarcaciones
miserables del golfo, que no presentan comodidad alguna y que
carecen en absoluto hasta de las más elementales condiciones,
gracias á las que pueda uno considerarse seguro en ellas; mas quiso
nuestra buena suerte ahorrarnos la intranquilidad que desde el
principio parecía estarnos amenazando, y M. Aizpuru, presidente del
Estado, se opuso á que nos sirviéramos de ellas, poniendo á nuestra
disposicion un pequeño vapor, el Taboguilla, que, sobre reunir
mejores condiciones para la travesía, tenía las comodidades
necesarias para que no comenzáramos á experimentar desde luégo los
peligros que todos para nosotros preveían; y no sólo fué esto, sinó
que el Presidente, llevado de su natural finura y exquisita
amabilidad, se ofreció á acompañarnos, como así lo hizo, seguido de
algunos altos funcionarios y varias notabilidades de Panamá.
La marcha estaba fijada para el 11 de Diciembre por la noche,
por lo que á las seis y media de la tarde de aquel día pasamos á
bordo, donde bien pronto nos tuvimos que convencer de que, si bien
mucho mejor que en las canoas y bongos, no teníamos en el vapor las
comodidades con que habíamos soñado. El Taboguilla está destinado á
trasportar los pasajeros desde el apeadero del ferro-carril á los
buques preparados á partir para cualquiera de los puntos del mar
del Sur, y sus proporciones son bastante limitadas; carece casi en
absoluto de cala, y el puente, por regla general, está casi siempre
obstruído: en compensacion de esto tiene en la parte posterior un
cómodo spardech; pero cuando llegamos estaba ya ocupado por los
treinta macheteros que con nosotros llevábamos, los que, sin
esperar á que se les designara sitio, obrando sólo con arreglo á su
voluntad, y procurando desde el principio ir lo más cómodamente
posible, habían tomado posesion en él. Ademas de los exploradores
debía aún embarcarse en el buque una fuerza militar, qué iba
destinada á relevar la guarnicion de Yawisa, en el Darien, y
ademas, por hacernos los honores, cosa á la que, de poder, nos
hubiéramos opuesto con toda nuestra alma, la música del regimiento
de Panamá, y por último el Presidente con todo su cortejo y un buen
número de panameños, que, aprovechando gustosos la ocasion que se
les presentaba para salir de la monotona vida que de continuo
hacían, manifestaron desde luégo los más vivos deseos de
acompañarnos. Con esto, habiendo ocupado los puestos á medida que
fueron llegando, soldados, macheteros, panameños, que ademas lo
obstruían todo con sus redes y equipajes, los que llegaron despues,
entre los que nos contábamos nosotros y el Presidente, hubimos de
colocarnos donde fué posible, y no lo era sinó muy mal.
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Chepigana.
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Dejábamos en Panamá á nuestro amigo el doctor Viguier, no sin
experimentar una grandísima inquietud por la causa que allí lo
retenía. Bañándose un día en Puerto-Cabello, con el fin de aminorar
un tanto el fuerte calor que sufría, sintió la picadura de un
animal, al que no vió, razon por la cual no pudo desde luégo
prepararse para lo que pudiera sobrevenir, y por lo que en un
principio no hizo gran caso, creyendo que no tendría ulteriores
consecuencias; pero poco despues, con gran sorpresa y dolor de
todos, observóse que la pierna, que era el sitio dañado, comenzó á
inflamarse, llegando dicha inflamacion á un punto considerable :
poco despees la fiebre se apoderó de el, declarándose una flebitis
de las de peor carácter. Con la mayor sangre fría nos había
explicado el curso probable que su enfermedad tenía que seguir, y
nunca olvidaré la imponente calma con que nos exponía lo grave y
comprometido de su situation, en la quo muy posible era, por cuanto
había probabilidades, de que se diera una reabsorcion del pus que
en el punto dañado de la vena se había formado, de lo que
sobreviniera un absceso que pudiera salvarlo, ó de que parte del
pus fuera arrastrado por la circulacion, en cuyo caso su muerte era
inevitable; esto nos hizo experimentar durante muchos días grandes
inquietudes, temiendo que el comienzo de nuestros trabajos fuera á
ser señalado con una tan dolorosa pérdida. El doctor Viguier era un
gran compañero, sabio y prudente, que se hacía querer y respetar de
todos cuantos le trataban; sus conocimientos científicos nos habían
sido ya muy útiles en distintas ocasiones, y temíamos, por todas
las razones expuestas, que el médico de la expedicion fuera á morir
sin haber tomado parte en lo que tanto nombre había de darle. Por
fortuna, dos días ántes de nuestra partida, la segunda de las
probabilidades que él anunciara se cumplió; el absceso se presentó,
y con gran gozo le oímos decir que el peligro había pasado; pero no
encontrándose aún en disposicion de emprender la marcha cuando
nosotros partíamos, quedó en la ciudad esperando su completo
restablecimiento.
Hacía una hora próximamente que nos habíamos embarcado, cuando
llegó el Presidente, seguido de numerosa escolta, siendo recibido á
bordo á los acordes de la música y con los disparos de un bonito y
caprichoso castillo de fuegos artificiales. En toda la noche fué
posible dormir; nos acomodamos de la mejor manera posible, pero por
más que hicimos, no logramos conciliar el sueño; el ruído era
grande, los macheteros y los soldados, gente alegre y de buen
humor, no cesaban de cantar, saltar y bailar, sin dejar nada
quieto; poner órden era imposible : las copas habían menudeado, por
lo que bien puede decirse que no dependiendo de su voluntad lo que
hacían, no podía ser tomado en cuenta: tuvimos, pues, que
resignarnos á pasar el rato escuchando los acordes de la música, y
hasta de esto nos vimos privados al poco rato, pues las sucesivas
libaciones que habían hecho los músicos dieron lugar á que quedaran
profundamente dormidos.
A las cinco y media de la mañana las primeras luces del alba nos
dejaron ver la silueta del golfo de San Miguel. Frente al cabo
Gárachina el golpe de vista es admirable : la orilla, bastante
elevada, desaparece casi totalmente bajo los árboles, de gran
aprovechamiento, cuyo tronco forma una columna blanca, derecha y
elevada, sosteniendo una magnífica capa de verdura oscura, cuya
sombra se extiende algunos metros. Aquel espectáculo no tiene
ninguna semejanza con esas enormes masas de ramaje desordenadas é
irregulares, que es por regla general lo que constituye la selva
virgen; no se ve, en toda la extension á que la vista alcanza, ni
una liana ni un epifito que en lo más mínimo destruya ni aminore
siquiera aquella perfecta simetría y considerable desarrollo, pues
desde el punto en que nos hallábamos, aunque difícil de calcular y
teniendo presente lo mucho que la distancia hace decrecer los
objetos, podemos decir, sin temor de equivocarnos, que algunos de
aquellos magníficos árboles se alzaban á más de treinta metros.
Despues de habernos avistado con los de tierra, seguimos nuestra
marcha, haciendo rumbo hacia Boca-Chica, una de las dos
desembocaduras por donde el río Tuyra desagua en la bahía de San
Miguel, y que con la otra constituyen los dos puertos del Darien
meridional.
El istmo de Darien, que se halla comprendido entre los 7 grados
30 minutos y 9 grados 30 minutos de latitud N., y 79 y 61 grados 30
minutos longitud O., está separado del de Panamá por las montañas
de San Blas. Se extiende hasta las llanuras de Choco, en el estado
neo-granadino de Cauca, y hasta las montañas elevadísimas de
Piriri, punto desde el cual, segun todos refieren, el 25 de
Setiembre de 1513 Vasco Nuñez de Balboa había apercibido por
primera vez las ondas agitadas del inmenso Pacífico.
El Darien se divide en dos partes: el istmo de San Blas, del que
más adelante nos habremos de ocupar, y el Darien meridional,
atravesado este último por una serie de escarpadas montañas, de las
que las principales llevan los nombres de Cordillera de Llorana, de
Niqui y de Mali. Esta cadena, y las que forman sus contrafuertes,
son de alturas muy variables, observándose desde luégo que los
montes en esta parte se aprietan más hacia el Atlántico que hacia
el Pacífico, lo cual puede servir á explicar la carencia absoluta
de río de alguna importancia hacia este lado, en tanto que dos
grandes artérias recogen todas las aguas que riegan la region
opuesta, y cuyos nombres son el Chucunaque y el Tuyra : este último
recibe la corriente del Chucunaque, que se le une cerca del Real de
Santa María, y desemboca en el golfo de San Miguel, despues de
haber formado con su confluente el Sabana un magnífico puerto
interior.
Las riquezas geológicas de aquella region son incalculables,
pudiendo decirse que nunca se han estudiado como lo debían ser para
su mejor aprovemiento, que hubiera dado lugar á que fuera aquella
una de las más florecientes regiones del globo. Las minas de oro de
Cana, enclavadas allí, á pesar de los mal dirigidos trabajos que en
ellas se llevaron á cabo y de lo mal explotadas que siempre fueron;
eran las más productivas que se encontraban en toda la América
central; y en cuanto á sus inmensas riquezas, hijas del terreno
aquel, hoy día son aún desconocidas, excepcion hecha del Tagua, ó
nuez de marfil, y del caoutchouc; pero este último producto, que
hace unos veinte años constituía la principal fuente de riqueza de
aquel suelo, está llamado á desaparecer ántes de muy poco tiempo,
efecto de la bárbara forma en que su obtencion se lleva á cabo. Las
grandes aplicaciones que en las artes, las ciencias y la industria
tiene esta sustancia, han dado lugar á que las demandas sean
considerables, y á que los precios se eleven : esto ha despertado
la codicia, y en el afan de conseguir las mayores cantidades
posibles, los que se dedican á la obtencion no se limitan á
practicar incisiones en el árbol para obtener la savia excedente,
sinó que lo destrozan por completo, sin pararse á considerar que es
peor la cuenta que obtienen, dado que si es cierto que en un año
obtienen grandes y beneficiosos resultados, en los demas no
conseguirán nada, por quedar destruída la plantacion.
Hé aquí por qué, despues de un corto período de prosperidad, los
habitantes del Darien han vuelto á caer en la miseria, siendo aún
mayor la que les amenaza, por lo mal que han entendido sus
intereses.
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