|
|
|
HIDROGRAFÍA GENERAL DE LAS
INDIAS
Y
DECLARACIONES DE LA CARTA DE MAREAR
PRECEDENTE
DIVISIÓN DE LOS MARES
Indias, islas y Tierrafirme del mar Océano se llaman las
comprendidas en la demarcación de los reyes de Castilla, porque el
mar Océano, que es lo que cerca toda la tierra, desde el Estrecho
de Gibraltar para fuera, las cerca y rodea por una parte y otra,
diferentemente que á lo que llaman la India Oriental, adonde
solamente por una parte llega. Divídese generalmente la mar,
comprendida en la demarcación de Castilla, en dos mares
principales: el que llaman del Norte, que es toda la mar que hay á
la parte del oriente de las Indias descubiertas para España, desde
las provincias del Labrador, Terranova y los Bacallaos por la costa
de la Florida y Nueva España y Tierrafirme, hasta la Equinoccial y
provincias del Brasil, y de ahí abajo hasta llegar al Estrecho de
Magallanes; y la mar del Sur, toda la mar que hay por la parte
occidental de las Indias desde el Estrecho de Magallanes por toda
la costa del Pirú y provincias de Puerto Viejo, y Panamá, Costa
Rica, Nicaragua y Nueva España hasta la California, y todo lo que
por allí está descubierto, aunque se va metiendo al norte.
Entrambos estos mares tomaron un tiempo su nombre, cuando estando
ya descubiertas todas las islas del norte y parte de Tierrafirme,
Vasco-Nuñez de Balboa, descubriendo la provincia de Panamá, año de
13 (1513), pasó por allí hasta ver la mar por la parte del
mediodía, la cual llamó del Sur, respecto del mar y costa de
Tierrafirme, que quedaban á la parte del norte, que también desde
entonces se comenzó á llamar mar del Norte; extendiendo después el
nombre del un mar y del otro hasta todo lo que queda dicho, aunque
impropiainente; pero como necesidad para inteligencia de los que
navegan estas mares. Demás de los nombres generales que tienen, las
dividen particularmente por golfos y regiones, los cosmograficos
que las describen y marineros que las navegan, y así el Océano
occidental ó mar Atlántico que hay desde España hasta las Canarias,
llaman el golfo de las Yeguas; quieren decir que por algunas yeguas
que se echaron en él, de las que se llevaban á las Indias al
principio; y la mar, que hay de las Canarias á las islas de la
Dominica y Deseada, y de las otras que llaman de Barlovento; y de
los Caníbales llaman, el golfo grande del mar Océano desde la
Deseada y Dominica por toda la costa de Tierrafirine, Yucatán,
golfo de Tierrafirme y de las islas de la mar del Norte; y lo que
hay por la costa de la Nueva España hasta la Florida, golfo de la
Nueva España y Florida; y lo que hay de la Florida hasta los Azores
llaman el golfo del Norte ó del Sagarzo (
sic); y mar de
los Bacallaos y Terranova, lo que hay de allí para el norte; y
golfo de los Azores ó de España, lo que hay desde las islas de los
Azores hasta España; y mar del Mediodia y del Brasil, lo que hay
por aquella parte; y del Estrecho de Magallanes, lo que más se va
llegando á el mar del Sur, ó mar del Poniente que llaman los
cosmógrafos castellanos respecto de las Indias, que quedan al
oriente dél, y por no ser tan navegado no tiene tantas
distinciones: así le nombran de las provincias que rodea, como es,
la mar del Sur de la Nueva España, lo que hay por la costa
occidental della; y del Pirú lo que va por aquellas provincias; y
mar Pacífico lo que hay desde Chile hasta el Estrecho; y golfo del
Maluco ó islas del Poniente la mar donde ellas caen; y golfo de la
China lo que va corriendo por aquella costa.
DEL FLUJO Y REFLUJO DEL MAR,
QUE
LLAMAN MAREAS
Generalmente, en lo que convienen mares tan grandes y apartados,
es solamente en las sustancias de las aguas, que son todas de
naturaleza salobres y amargas, y todas están por su peso en todas
partes igualmente apartadas del centro de la tierra, sin diferencia
ninguna; porque en las más de las calidades de mareas, vientos,
aguajes, tempestades y otras cosas, la diferencia que tienen unas
mares á otras proceden, comunmente, respecto de las costas y
postura de las tierras que las cercan y rodean. Solamente, en
general, se puede decir, del flujo y reflujo de la mar de las
Indias, que en todas partes crece y mengua dos veces cada dia, como
en las otras partes del mundo (aunque con diferencia de unas partes
á otras), porque en toda la costa de las Indias de la mar del Norte
es poco lo que crece y mengua, como en Europa en el mar
Mediterráneo crece y mengua poco; y en toda la costa de la mar del
Sur es grande la creciente y menguante, como lo es en la costa
occidental de Europa y Africa, del Estrecho de Gibraltar afuera por
Francia, Flandes y partes setentrionales, y casi de una mesma
manera, tanto, que en las tierras bajas y playas crece y descrece
una legua y legua y media y más de tierra; y siempre las crecientes
son mayores en los dias que más se acerca la luna á la conjunción y
oposición, que son las que llaman de aguas vivas y cabezas de aguas
vivas la del mesmo dia de la conjunción y oposición, cuando las
mareas son las mayores; y á lo que hasta agora se platica entre
marineros, la hora de la creciente, que llaman pleamar, cada dia es
cuando la luna está en el nordeste y el sudoeste, que es cuando
llega en el cielo al circulo horario, y lugar en que si el sol
estuviese, serían las tres de la mañana y las tres de la tarde; y
la menguante ó baja mar, que por otro nombre llaman
josente
1
,
cuando más la mar mengua, afirman que es cuando la luna está en el
sueste y norueste, que en el cielo son los círculos horarios, en
que son las nueve del día y de la noche llegando el sol á ellos.
Pero de la hora verdadera de las mareas en particulares regiones y
provincias de las Indias, como de otras partes, no consta
averiguadamente, ni se sabe si hay alguna diferencia, por la
negligencia y poca curiosidad que comunmente hay en la gente de la
mar.
DE LOS VIENTOS Y TEMPORALES DE LOS
MARES DE LAS INDIAS
Así como los temperamentos y temporales diferentes, de las
provincias y regiones, suceden en partes respecto de la posición
diversa y sitios dellas, más que de las influencias del cielo, y en
otras al contrario, los vientos en la mar y los efectos dellos son
causados y vienen á ser más ó menos peligrosos por las tierras y
costas de donde vienen y van á parar; y así no se puede hacer de
ello regla general, ni decir en común más de que, por lo ordinario,
en las mares y regiones comprendidas entre los dos trópicos, por
cuyo medio pasa la Equinoccial, son ordinarias todo el año las
brisas; que comunmente se llaman así los vientos que corren de
oriente para poniente desde el nordeste hasta el sueste, los cuales
vientan todo el año, si no sea cuando son impedidos de otros
vientos más poderosos, y parece que deben ser causados de la
presencia del sol, para andar con él siempre de oriente á poniente.
Y así, para navegar de España á las Indias y de las Indias para las
islas del poniente y Filipinas, que es todo de oriente á poniente,
siempre -los que navegan se van llegando á la Equinoccial, porque
por allí son más ciertas las brisas que los llevan; al contrario,
para navegar de occidente para oriente y volver de las islas del
Maluco á la Nueva España y á España de las Indias, porque las
brisas es tiempo contrario, huyendo dellas, es necesario salir de
entre los dos trópicos y meterse en mayor altura hasta 40 grados,
más ó menos, como es menester para hallar vientos frescos que
corran desde el norueste por el norte hasta el nordeste, que
comunmente se llaman nortes; los cuales por la parte setentrional,
y los sures y vendabales que son desde el sueste hasta el sudueste
por la parte de mediodía, son como ordinarios, y parece que deben
ser causados de las exhalaciones contínuas que proceden de la
frialdad perpétua de las tierras que caen debajo de los polos; y
así vientan casi siempre en el invierno de los polos para la
Equinoccial, si no sea cuando son impedidos por causas
particulares, ó mayor violencia de otros vientos, como son los
ponientes, que son desde el norueste hasta el sudueste, y los que
corren menos y suelen menos durar en estas regiones, aunque siempre
muy récios, porque si no fuesen causados de causas muy violentas,
no podrían prevalecer contra las brisas que caminan siempre con el
sol.
Los vientos terrales, que son los que salen de la tierra por los
ríos á la mar hasta tres ó cuatro leguas, no se sienten sino de
parte de noche y con el fresco de la mañana hasta las nueve ó las
diez, cuando con la presencia del sol las causas dellos cesan, ó
por crecer la brisa son impedidos della ó de otros vientos mayores
y más largos que llaman mareros, que, por poco recios que sean,
bastan á impedir los terrales por ser tan delgados y cortos.
Y aunque, por lo referido en general de los vientos, la
navegación por las regiones que van llegando á los polos suele ser
peligrosa en los inviernos, por las contínuas refriegas de vientos
que se hallan, y más segura en aquel tiempo por entre los dos
trópicos, y en los veranos, al contrario, mejor por las regiones
donde es verano, fuera de los trópicos, que por bajo de la
Equinoccial y tórrida zona donde muchas veces suelen faltar los
vientos y haber mucha calmería; esta generalidad suele faltar por
muchas causas, particulares de cada provincia, que son parte para
que en ellas reinen y en otras dejen de correr los vientos,
regularmente, y que los ordinarios vengan á acusar más tormentas en
unas partes que en otras, y ser más peligrosos para la navegación,
por ser travesías en las costas, que son los vientos derechos de la
mar contra la tierra, atravesándose en la costa de manera que dan
en ella con los navíos, donde con la furia del agua se vienen á
hacer pedazos. Y así, los vendabales que vientan de la parte del
sur, hasta el sueste y sudueste, son más naturales en las regiones
del mediodía y polo antártico que en las setentrionales, y más
ordinarios en el invierno de aquellas partes, que es cuando en
éstas es verano, y se sienten pocas veces en España, aunque en el
mesmo tiempo vientan en Tierra firme y mar de la Nueva España; y
cuando en aquellas partes cesan, corren los nortes en la Nueva
España, que es en los meses del invierno de estas partes cuando
suelen ser muy frecuentes los vendabales en España, y por esto la
navegación desde Sanlucar á las Canarias por el golfo de las
Yeguas, se tiene por peligrosa desde Diciembre hasta pasado Febrero
y Marzo por las tormentas grandes que suelen causar, y porque son
travesía en la costa de España y parte de Berbería; y así aguardan
á entrar en este golfo de Abril para adelante los que han de
navegar para la Nueva España, y los que han de ir á Tierrafirme
parten antes de Octubre porque no les coja el invierno en él. Y
aunque las brisas suelen ser ordinarias tras el curso del sol,
faltan algunas veces en el golfo del Océano navegando para las
islas de la mar del Norte y costa del Brasil y Rio de la Plata; en
el cual viaje suele haber calmas de muchos dias y más en tiempo de
verano, y en la costa de Tierrafirme y mar de la Nueva España,
donde siempre las brisas y vendabales son vientos suaves y blandos,
y las brisas son tan contínuas, que la navegación de la costa de
Tierrafirme, de occidente para oriente, casi nunca se puede hacer
sino dando puntas muy largas á la mar. Los mesmos vientos, salida
la canal de Bahama en el golfo de Sagarzo, suelen ser tempestosos,
y meten mucha mar los vendabales en verano, que son travesía en la
costa desde la Florida para los Bacallaos, y las brisas en tiempo
de invierno, que también se atraviesan en gran parte de la costa de
la Florida; y así se procura pasar á este golfo, si puede ser,
antes en verano que en invierno. Y cuando en España son ordinarios
los vendabales y vientos sures, desde Octubre hasta Marzo, en las
islas de la mar del Norte, costa de Tierrafirme v de Nueva España,
vientan los nortes de ordinario y son peligrosos para navegar,
porque vienen á ser travesía derecha en la costa de Tierrafirme y
casi todas las islas y costa de Nueva España, adonde causan
tormentas grandes y peligrosas para la navegación; y en tiempo que
comienzan á ventar desde Agosto para adelante, con el contraste y
refriegas de otros vientos, que suelen en aquellos tiempos causar
unas tormentas que llaman huracanes, las mayores que en el mar se
conocen, porque son tan desapoderadas y desechas que se ha visto
arrancar del fondo de la mar un navío hundido de muchos años,
cargado de hierro, y echarlo fuera del mar en tierra; y los
animales y ganados de las islas barruntan esta fortuna antes que
venga, y así se bajan de las partes altas á las abrigadas. Suelen
ser estos huracanes unas veces secos y otras con aguaceros, y
porque en veinticuatro horas da el viento á todo el horizonte, se
entiende ser causados de vientos contrarios; y así suelen suceder
muchas veces en fin del verano, como queda dicho, cuando los
vendabales aun duran, y las brisas comienzan á esforzarse, y los
nortes á ventar, que todos deben concurrir para efectos tan
terribles y temerosos. Y en la costa del Brasil y provincias del
Rio de la Plata hasta el Estrecho, suelen ser las brisas y vientos
suestes, y parte de los vendabales peligrosos para la navegación,
por ser travesía en toda aquella costa, y así se aguarda á
navegarla desde Octubre para Mayo, cuando es verano en aquellas
partes.
En la costa del mar del Sur, desde el Estrecho de Magallanes
para el Pirú á Panamá y todo la Nueva España, son muy pocas les
brisas; solamente reinan los nortes desde Octubre hasta Mayo y los
sures de Mayo hasta Octubre, que por correr entrambos á lo largo de
la costa y no poder ser travesía en ella, viene á ser la navegación
de aquella mar la más suave y segura de cuantas en el mundo se
saben; aunque desde el Estrecho de Magallanes, que está en cuatro
grados y medio hasta 40 de altura para Chile, suele haber grandes
tempestades y refriegas de vientos vendabales y sures muy continuos
en todo el invierno de aquellas provincias, que es del principio de
Mayo hasta fin de Octubre y aun en el verano. Y también la
navegación en el mar del Poniente, desde la Nueva España adelante,
aunque no está tan frecuentada hasta agora, ni sabida como las
otras, es apacible y buena, y sirven en ella las brisas metidas á
la mar, y los vientos nortes subidos en altura; y también el mar de
la California y costa occidental de la Nueva España, que va para el
norte, que hasta agora es la menos frecuentada, también se tiene
por segura, á causa de no ser travesía en ella los vientos sures ni
nortes, que siempre suelen ser los más furiosos, como queda
dicho.
DE LAS CORRIENTES Y AGUAJES
La mar, por su naturaleza ó por accidente, tiene su movimiento
como los demás elementos, que siempre el agua della va corriendo á
una parte ó á otra, y el curso que hace llaman los marineros
aguajes ó corrientes; los cuales, son inciertos ó irregulares en
las más de las partes, que por lo ordinario siguen el curso de los
vientos que mueven las aguas y las hacen correr para la parte donde
ellos caminan, cuando las costas de la tierra no las embarazan y
hacen torcer el camino, como en diversas partes acontece; y así la
duración dellas depende de la frecuencia de los vientos, más ó
menos ordinarios en unas provincias que en otras.
Suelen retardar ó acelerar mucho la navegación, porque los
navíos con mediano viento, caminando para donde van las corrientes,
hurtan muchas leguas de viaje y caminan mucho más de lo que parece,
y con el mesmo viento mucho menos de lo ordinario, cuando van
contra el curso de las aguas; y algunas veces pueden tanto, que
aunque el viento sea contrario llevan los navíos contra él, como en
la canal de Bahama, donde corren tan recias, que aunque haya viento
contrario sacan los navíos metidos en ella, que vienen de las
Indias para España, hasta desembarcarlos de la dicha canal; y
cuando les dan del un lado ó el otro los hacen decaer, sin
sentirlo, de la derrota por do van, y así importa á los marineros
la noticia y conocimiento de las que suele haber por los mares que
navegan, aunque en muchas partes no pueden determinarse por ser
pocas, á causa de no ser muy contínuos los vientos que en ella
reinan y no haber señal para poderse percibir navegando. Es
argumento dellas la postura y prolongamiento de las islas que se
hallan en la mar, que siempre suelen estar echadas y prolongarse
según el curso de los aguajes que por ellas pasan, como se ve en
las islas de la mar del Norte, adonde por ser las corrientes
leste-oeste, según el curso de la brisa, que como queda dicho es en
aquella mar el viento que más persevera, la isla de San Juan de
Puerto-Rico y la Española, Cuba y Jamaica con otras muchas, se van
prolongando leste-oeste, como corren las aguas con el curso de la
brisa hasta dar en la costa de Honduras y Yucatán y golfo de la
Nueva España; de donde, rebatidas, vuelven del oriente al occidente
contra el curso de la misma brisa, á desembocar por la canal de
Bahama de donde, huyendo de la brisa, van caminando por la costa de
la Florida, metiéndose cuanto pueden para el norte. Y así también,
en algunos de los viajes que se han hecho para el Rio de la Plata y
Estrecho de Magallallanes se ha hallado, que los aguajes vienen del
sur para la Equinoccial por los vientos sures que los deben traer,
y también, en la costa de la mar del Sur las corrientes vienen casi
siempre desde el Estrecho de Magallanes, por Chile y el Pirú hasta
Panamá, y de allí adelante por la costa de Nicaragua y Nueva España
hasta la California; de cuya causa, la navegación de Panamá para el
Perú y Chile suele ser larga, y al contrario muy breve de Chile
para el Pirú y Tierrafirme; porque como los vientos sures son tan
ordinarios en aquella costa, traen las aguas del sur para el norte,
como también parece que irán al contrario por la mesma costa cuando
ventasen los nortes, aunque de éste no se tiene tanta averiguación
como del otro; y así, las más de las islas que están en toda esta
costa corren á lo largo della, como corren las aguas. De los que
hay en la mar del Poniente, no se tiene hasta agora entera noticia,
aunque parece que deben de seguir la generalidad sobredicha por
algunas islas y costas que dan dello señal.
DE LAS ESTRELLAS Y NORTES POR DONDE
SE RIGEN LOS QUE NAVEGAN Á LAS INDIAS Y DE LA AGUJA
En la parte de la mar del Norte y parte de la mar del Sur que
cae de la Equinoccial para el setentrion, los marineros se rigen en
sus navegaciones por la estrella polar del polo Ártico, que llaman
Norte, la cual dista tres grados y medio y algo más del verdadero
polo, con el cual la calamita se afija en dos círculos meridianos;
uno en la mar del Norte que pasa por las islas de los Azores, y
otro en la mar del Sur como en
2
grados de longitud apartado para el
occidente del dicho meridiano de los Azores. De la Equinoccial á la
otra parte, en el uno y otro mar del Sur y del Norte, se rigen y
gobiernan por cuatro estrellas puestas en cuadro, que llaman el
crucero, de las cuales la mayor, que tiene por cabeza, dista del
verdadero polo Antártico 30 grados, y la aguja de marear en esta
parte sirve y mira siempre al polo Antártico, y aunque hasta agora
no se sabe parte alguna do se fije, parece que ha de ser en los
mesmos meridianos sobredichos.
VIAJES Y NAVEGACIONES DE INDIAS
En todos los mares de las Indias, islas y Tierrafirme del mar
Océano, demás de los viajes particulares que se hacen de unas á
otras provincias, de que se hace mención en las descripciones
particulares dellas, hay cuatro navegaciones como generales: la
primera y más antigua la que se hace desde España á las Indias
hasta el Nombre de Dios y Tierrafirme y Nueva España; la segunda
desde España al Rio de la Plata y Estrecho de Magallanes, que es la
menos frecuentada; la tercera desde Panamá y costa de Guatimala y
Nicaragua á las provincias del Pirú y Chile; y la cuarta, de poco
tiempo acá comenzada, de la Nueva España hasta las islas del
Poniente y contratación de la China.
CARRERA DE LAS INDIAS
La navegación primera y más cursada, que llaman carrera de las
Indias, es desde el puerto de Sanlúcar de Barrameda en España para
el puerto de San Juan de Ulua en la Nueva España, hasta donde se
navegan como mil y setecientas leguas de viaje en dos meses y
medio, más ó menos, segun los tiempos; y para el Nombre de Dios en
Tierrafirme hasta donde, desde España, se navegan mil y
cuatrocientas leguas en dos meses largos. Para entrambas partes se
va por las Canarias, y de allí para la isla Dominica, hasta bajar
en 15 ó 15 y medio grados de altura, en que están las dichas islas,
desde donde se aparta la derrota que va á Nueva España, y la que al
Nombre de Dios, que de estas islas es muy poco lo que baja de
altura, hasta Cartagena, y desde allí al Nombre de Dios; y la que
va á la Nueva España, torna desde las islas sobredichas á subir en
altura hasta 17 grados y más, por donde va costeando por la parte
del mediodía las islas de San Juan y la Española, y por encima de
la de Jamaica y la isla de Cuba, hasta lo más occidental della, y
desde allí á San Juan de Ulua. Y á la vuelta vuelven entrambas las
flotas de Nombre de Dios y de la Nueva España á juntarse en el
puerto de la Habana, que es en la costa setentrional de la isla de
Cuba, desde donde desembocan la canal de Bahama, y vienen en
conserva, subiendo hasta 39 grados de altura, hasta las islas de
los Azores, donde toman refresco, y desde allí vienen á reconocer
el cabo de San Vicente en España, en la costa de Portugal, y desde
allí al puerto de Sanlúcar; habiendo navegado de tornaviaje desde
las Indias á España, las flotas que vienen del Nombre de Dios, como
mil y setecientas leguas, y la de la Nueva España mil y
cuatrocientas, todo según la estimación de los marineros.
TIEMPOS DESTA NAVEGACIÓN
Los tiempos convenientes, y determinados ya por experiencia, en
que se debe hacer esta navegación de la carrera de las Indias, por
los peligros que en ella hay si se hace fuera dellos, son
diferentes, porque para navegar para la Nueva España se debe partir
desde principio de Abril hasta pasado Mayo, porque no se pase el
golfo de las Yeguas en invierno y se llegue á las islas de la mar
del Norte antes de Agosto; porque de allí adelante comienzan los
nortes y tempestades de los huracanes. Para ir al Nombre de Dios se
debe salir de España en todo Agosto y Setiembre, porque no las tome
el invierno antes de las Canarias, y para que puedan llegar al
Nombre de Dios en principio de Noviembre, cuando comienza aquella
tierra á ser menos enferma. Para la vuelta de las Indias á España
es el tiempo más conveniente, del Nombre de Dios por Febrero, y
desde Nueva España por Marzo; de manera que se juntan las flotas en
la Habana por Abril, cuando ya en aquella mar cesan los nortes y
así se viene á navegar el golfo del Sagarzo y el de los Azores en
tiempo de verano, cuando son menos tormentosos, y se llega á España
por julio y Agosto cuando no hay peligro de vendabales ni de otra
cosa, sino de cosarios, moros ó franceses.
DE SEVILLA Á SANLÚCAR DE
BARRAMEDA
La navegación y carrera de las Indias se comienza desde Sevilla,
donde en el puerto de las Muelas, que es en rio de Guadalquivir,
que hasta allí y más arriba crece y mengua con la mar, los navíos
que han de navegar se ponen á la carga, y son visitados de la
primera visita por los visitadores de navíos; y si son del porte
que han de ser, conforme á las ordenanzas, y están estancos y
salidos de carena para poder recibir carga, se les da licencia para
hacer el viaje, y se manda la carga que pueden llevar y las armas y
municiones, bastimentos y otras cosas de que se han de proveer. Y
después de armados y proveidos y comenzados á cargar los navíos
grandes que demandan mucha agua, con hasta cuarenta, cincuenta ó
cien pipas no más, porque puedan navegar por el fondo del rio, que
es de seis brazas hasta ocho, y las urcas y navíos medianos á media
carga, se vuelven á visitar de la segunda visita, para ver si van
conforme á lo que se les manda en la primera, y se les da licencia
para partirse y alijar la ropa que fuere menester para pasar los
bajos del rio, y bajar al puerto de Sanlúcar, hasta donde hay
quince leguas por mar y por tierra; y para navegarlas es el viento
nordeste el que más sirve. Salidos del puerto de las Muelas, van al
puerto de las Bandurrias, que es un bajo de arena como un cuarto de
media legua de Sevilla, el cual es el peor que hay en todo el rio,
porque no llega á siete codos de agua con la pleamar, ni pasa de
cuatro cuando es bajamar. Otro tanto más adelante dél hay otro
bajo, que llaman los Pilares, que aunque tiene canales fondables
para poder pasar, son tan angostos, que por poco que una nao se
desvíe da en ellos, y así se han perdido allí algunas. Dos leguas
más adelante está otro paso, que llaman el Valle, de siete codos ó
poco más de agua pleamar, y no más de tres cuando es la menguante:
de allí á otras dos leguas está otro paso que llaman el Naranjal,
del mismo fondo: otras dos leguas más abajo está el Saucejo, que es
paso largo y de más fondo, desde donde se va una legua más adelante
á surgir en las Horcadas, que están ocho leguas de Sevilla, adonde
ya las naos tienen mucha agua, y las medianas pueden cargar del
todo; y desde allí hasta el puerto de Sanlúcar no hay más de otro
paso que llaman el Albina, como dos leguas de las Horcadas, de
nueve codos de agua. No se pueden pasar estos bajos del rio sin
esperar la marea cuando es creciente, porque haya más agua, y así
se pasa cada bajo en un día, si no es cuando alguna nao va
descargada ó es pequeña, que con buen viento puede pasar dos bajos
de una marea; y tardan las naos, en quince leguas que hay desde
Sevilla hasta Sanlúcar, siete ú ocho días. Llegados al puerto de
Sanlúcar, se surge en Canfanejos, que es una legua del pueblo,
donde se amarran los navíos contra los vientos y mareas, y se
acaban de cargar las mercaderías que se han traido de Sevilla, en
barcos por el rio, y se hace la segunda visita por uno de los
jueces, oficiales de la Casa de la contratación y visitadores de
navíos, para ver si conforme á las ordenanzas llevan la gente de
mar y de servicio que se les manda, y los bastimentos, armas,
artillería, municiones, jarcias y otras cosas que ha de llevar cada
navío; como también para que no lleven más carga de la que conforme
á su porte les es permitida, y que tengan buen sostén que es estar
bien lastrado.
El puerto de Sanlúcar está en 37 grados de altura largos; es
grande y capaz para trescientos navíos ó más, porque tiene de ancho
un cuarto de media legua, y de largo como dos leguas el rio arriba;
es hondable, donde las naos surgen en 8 y 10 brazas, y el fondo
limpio de la mar y arena, aunque en tiempo de invierno es algo
desabrigado, por ser la tierra más baja que las naos. La boca tiene
de ancho una legua, y en ella una canal como de cien pasos, ancha,
mudable algunas veces, que corre de nordeste á sudeste, y de allí
vuelve el puerto al norte y nornordeste, donde se quiebra la mar y
hace abrigo cerca de las casas de Sanlúcar, que están al oriente
del rio. Para entrar y salir la barra de este puerto han de
concurrir tres cosas juntas: pilotos diestros y examinados para la
barra que pocas veces faltan, viento como es menester, y marea de
aguas vivas, con que suele crecer el agua del puerto cuatro codos;
las cuales cosas no pueden siempre concurrir, porque cuando hay
marea, que ésta es cada dia, faltan las aguas vivas, y cuando las
mareas de éstas vienen, faltan el viento, y al contrario, cuando
hay viento, faltan las mareas; y así viene á ser la salida de esta
barra dificultosa, demás de que, algunas veces, cuando viene á ser
todo junto, es antes del día, y por no se poder ver las mareas y
señales de la barra, no se atreven á salir si no sea con faroles
alguna vez.
El viento necesario para salir de la barra ha de ser desde el
norte hasta el leste en invierno, y en verano hasta el sueste, y
que sean vientos para poder romper el agua de la marea, que suelen
ser más ordinarios y continuos en invierno que en verano, cuando
vientan poco como terrales, y no más de hasta las diez ó las once
del dia que comienzan las virazones, que son vientos que llaman
mareros, porque vienen de la mar; de cuya causa, aunque siempre la
salida de este puerto suele ser dificultosa, en los meses de junio,
Julio y Agosto, se puede salir del dicho puerto, porque llegan
juntos la marea con las virazones por el sudueste ó sur, por lo
cual, algunas veces, cuando hay viento y faltan aguas vivas, se
suelen alijar las naos que demandan mucha agua dos o tres barcos de
ropa para poder salir.
DE SANLÚCAR PARA LAS CANARIAS
De Sanlúcar de Barrameda se va en demanda de las islas de las
Canarias, por el golfo que dicen de las Yeguas, hasta donde ponen
los marineros como doscientas cincuenta leguas, que comunmente se
suelen navegar en ocho ó diez dias yendo las naos en flota, y de
ahí abajo si van solas, y así la provisión de bastimentos para este
golfo suelen ser por quince dias.
Salidos de Sanlúcar en tiempo de verano, no se teme de peligro
ninguno si no sea de cosarios, moros ó franceses, porque aunque se
vuelva el viento contrario, se puede entretener en la mar volteando
y surgiendo en la costa; en invierno suelen ser peligrosos los
vientos sures por poco que vienten, y as¡ se suelen volver al
puerto á tomar la bahía de Cádiz, que es una bahía entre la isla y
la costa casi norte-sur, de ancho come dos leguas y la canal como
de media legua, en que también hay algunos bajos, y lo demás es
fondable de diez á doce brazas. Desde aquí, habiendo salido de
Sanlúcar y doblado á Sal medina, una isleta que está media legua de
la barra al sueste, se manda gobernar al sudueste en tiempo de
verano, que e derrota derecha con la punta de Naga en la isla de
Tenerife, una de las Canarias; y en tiempo de invierno se manda
gobernar la vuelta del sudueste, cuarta del sur hasta el cabo de
Cantin, que está con el cabo de Sanlúcar en 32 y medio grados, por
llegarse más á la costa el Berbería, que es costa más caliente
menos tormentosa, y donde se halla más presto las brisas. Desde
allí se vuelve al sudueste, cuarta al oeste, en demanda de la dicha
punta de Naga, adonde vientan ya más las brisas desde el nordeste
hasta el leste, tanto, que cuando se llega á las islas, algunas
veces es y demasiado.
Llegados á las islas de las Canaria las flotas van á surgir al
puerto de la Gran Canaria, aunque antiguamente solían tomar el
puerto de la Gomera, por ser el mejor de todas las islas, que
aunque todas tienen buenos puertos y mucho surgideros, son para en
tiempo de vera- no, que en invierno son peligrosos por estar todos
los puertos á los suestes, que son travesía derecha en todos los
que son de provecho; y así, no se detienen más de cuanto se proveen
de bastimentos y el refresco que han menester, procurando de salir
luégo á la mar con cualquier viento que sea por temor de las
travesías.
DÉ LAS CANARIAS Á LA DESEADA
DOMINICA
De las islas de las Canarias se va en demanda de la Deseada ó
Dominica, porque el golfo grande que llaman del mar Océano, que
tendrá de viaje desde las Canarias, según la cuenta de los
marineros, más de quinientas leguas, en el cual se suele tardar
veinte y cinco dias, ó dende arriba algo más, y esto con buenos
tiempos, yendo las naos cargadas y en flota, que comunmente suelen
caminar veinte y cinco ó treinta leguas cada dia cuando más.
Vientan de ordinario en este golfo las brisas, aunque en verano
suelen hacer algunas calmas tres ó cuatro dias; y en invierno,
desde Octubre hasta Diciembre, suelen correr algunos vendabales,
aunque con poca fuerza y por poco tiempo, y por Agosto y Setiembre
se han visto algunos huracanes cien leguas antes de las islas.
Intentóse, al principio que se descubrieran las Indias, la vuelta
para España por este golfo, y á causa de ser tan ordinarias las
brisas y viento contrario por la punta, tardaban dos y tres meses
en la vuelta; y así la experiencia mostró que era necesario subir
en mayor altura, como se hace, para huir de las brisas y hallar
tiempos frescos del norte.
En partiendo de las islas, se gobierna como treinta leguas al
sur, para desviarse de las calmas que echa la isla del Hierro, doce
y quince leguas al oeste, y desde allí se prosigue el viaje por dos
derrotas en demanda de la Deseada, que es la primera isla de las
Indias. La una, que se siguió antiguamente por tenerse por más
derecha, gobernando al oeste, cuarta al sudueste, hasta bajar en 15
grados y medio de altura en que está la dicha isla Deseada; y la
otra, nueva, que ahora se frecuenta por el oes-sudoeste en saliendo
de las calmas de la isla del Hierro, hasta bajar á 20 grados de
altura, porque cuanto más se meten á la Equinoccial se hallan más
prósperas las brisas, y desde los 20 grados se gobierna al oeste,
cuarta al sudoeste, hasta ponerse en 15 grados y medio ó 15 de
altura de la derrota antigua, desde donde, caminando al oeste sin
bajar ni subir de los 15 grados y medio por entrambas derrotas, se
da en la isla Deseada; y si se navegare justamente por los 15, se
da en Marigalante á vista de la Dominica, la cual se ve como quince
leguas á la mar por ser alta y montosa.
La Deseada se ve ocho ó diez leguas antes de llegar á ella, y
Marigalante cinco ó seis; y aunque no tienen bajos ningunos
peligrosos, que no se echen de ver, no se surge en ninguna de estas
islas ni de las otras que están cerca Bellas, salvo en la Dominica,
que tiene buenos surgideros á la parte del norueste, y en
Martinino, que tiene agua y leña para proveerse cuando es menester;
y aun en la Dominica conviene ir apercibidos, por los indios
caribes que suele haber en ella. De estas islas se aparta la
derrota de las flotas que van á la Nueva España, Tierrafirme y
Nombre de Dios, cada una por su parte, como abajo se dirá.
DE LAS ISLAS PARA LA NUEVA
ESPAÑA
HASTA EL CABO DE SAN ANTÓN EN
CUBA
Las flotas para la Nueva España, desde la Dominica y Deseada,
van en demanda del cabo de San Antón, que es en la parte última y
más occidental de la isla de Cuba, tocando en la isla de San Juan é
isla Española, á vista de Santo Domingo, por el sur y costa de la
dicha isla de Cuba para el dicho cabo de San Antón, hasta donde,
desde las islas Dominica y Deseada, se navegan como 500 leguas ó
más, que se tardan en andar como veinte dias. De ordinario vientan
casi siempre en esta navegación brisas, y cuando faltan suele haber
algunas calmas, aunque desde Mayo adelante vientan contínuos
vendabales; desde fin de Agosto adelante, cuando reinan más los
nortes, suele ser peligrosa de los huracanes, y así se procura
hacer antes de este tiempo por el riesgo Bellos. En partiendo de la
Deseada ó Dominica, dando resguardo á los Santos, que son unas
isletas que están junto á Guadalupe, se gobierna al norueste 90
leguas, hasta dar vista á Santa Cruz, que está en 17 grados ó más
de altura por la parte del sur, sin llegar á ella con dos leguas,
desde donde se gobierna al oes-noroeste, cuarta al oeste, como 40 ó
50 leguas en demanda del cabo Rojo, que está en 17 y medio grados
de altura en la parte occidental de la isla de San Juan de
Puerto-Rico por el sur, guardándose de llegar á él con cuatro
leguas por un bajo que está cerca del cabo; desde donde, dando
vista á la isla de la Mona, en que á necesidad se puede surgir, se
va diez ó doce leguas más adelante, hasta la isla de la Saona, que
está en la mesma altura, cerca de la costa del mediodía de la isla
Española, al principio della, á la cual no se llega con una ó dos
leguas por algunos bajos; y de allí, avistando la tierra de Santo
Domingo, que es ir costeándola, se va á reconocer el cabo ó punta
de Caicedo
3
, que
está en la dicha isla, cinco leguas antes de llegar al puerto de
Santo Domingo, en el cual no entran los que van á la Nueva España
por el peligro de la entrada, del cual, con las demás calidades de
este puerto, se hace relación en la descripción particular de la
isla; y habiendo pasado el dicho puerto, se va corriendo la costa
hasta la punta de Niçao
4
, que está diez leguas de Santo Domingo
al poniente, adonde, si se llega antes de ser noche, de manera que
no se pueda tomar el puerto de Ocoa, que está más adelante, se
echan las naos de mar en través, que es dejarlas sin vela ninguna,
hasta la mañana. Desde allí se va al puerto de Ocoa, en la costa de
la dicha isla Española, diez y ocho leguas de Santo Domingo al
occidente, en el cual, y en la ensenada de Cepecepín, que está
junto dél como un tiro de lombarda, surgen las flotas, se proveen
de buena agua y leña, buen pescado y carne, cañas dulces y
palmitos. Desde el dicho puerto, habiendo salido como cinco ó seis
leguas dél la vuelta del sur, por huir de las calmas que suelen dar
por aquí á causa de volver la costa al sur, se navega la vuelta del
oeste como treinta leguas en demanda de la isla de la Beata y Alto
Vela, que están cerca de la costa; y aunque se puede pasar por
dentro y no hay en ello peligro ninguno, se pasa por defuera como
una legua á la mar dellos, desde los cuales se toma la derrota al
oes-noroeste, guiñando de noche para el oeste, que es tenerse á la
mar, por no dar en la costa; por la cual se va en demanda del cabo
de Tiburón, que es la parte más occidental de la dicha isla, hasta
donde ponen los marineros como 35 ó 40 leguas desde la isla de la
Beata. Hay agua dulce en este cabo, que se puede traer en las
chalupas, desde donde se gobierna la vuelta del norueste por
barlovento ó parte del norte de la Navaza, ó por el gilovento, que
es por la parte del sur, como veinte leguas, hasta reconocer la
tierra de Santiago de Cuba, la cual se va costeando hasta el cabo
de Cruz, que está en altura de 19 y medio grados; desde donde se
vuelve á gobernar al oesnorueste como 40 ó 45 leguas, hasta hacerse
norte-sur con la bahía ó golfo de Jagua, y desde allí, siendo de
dia la vuelta del oes-noroeste, como 90 leguas, hasta dar vista á
la isla de Pinos, que está en 20 grados de altura como diez leguas
al sur de los bajos que llaman los Jardines, que es tierra muy
sucia y muy baja, y donde se han perdido muchos navíos, y de noche,
habiendo caminado desde el sobredicho cabo de Cruz por la dicha
derrota, como 40 ó 45 leguas, se gobierna al oeste una singladura
de 25 leguas; desde donde se vuelve para la isla de Pinos, aunque
algunos, por huir de los dichos jardines, desde el sobredicho cabo
de Cruz van la vuelta del oeste á reconocer los Caimanes, que están
del dicho cabo como 40 leguas el uno y el otro 50, entrambos en 18
y medio grados de altura, que son dos isletas, y en la postrera
dellas, que llaman el Caimán grande y es la mayor, se puede surgir
en 14 brazas por la banda del norte; desde donde se vuelve á
reconocer por la vuelta del norueste la isla de Pinos, á la cual no
se llega con tres leguas por algunos arrecifes que tiene, y desde
ella se van á reconocer, como veinte leguas la vuelta del noroeste,
las sierras de Guayaguánicos, y después el cabo de Corrientes, que
está en 12 y medio grados como treinta leguas de la dicha isla, al
cual se pueden llegar y surgir en veinte brazas por la banda del
oeste y tomar agua de un jagüey grande y una fuente que están
cerca; desde el cual se van costeando doce leguas hasta el cabo de
San Antón, que está en 22 grados en la parte última y más
occidental de la dicha isla de Cuba, que es la última de las que
llaman de barlovento porque quedan siempre á mano derecha.
DEL CABO DE SAN ANTÓN AL PUERTO
DE LA VERACRUZ
Desde el dicho cabo de San Antón para el puerto de la Veracruz
se gobierna por dos derrotas, una para en tiempo de invierno, desde
Setiembre hasta Mayo, y otra para verano. La de invierno, que
llaman la navegación por de fuera, que según cuenta de marineros
será de 275 á 280 leguas, suele durar ocho ó nueve dias, en la cual
son muy ordinarios y peligrosos los nortes, porque meten mucha
tormenta y causan muchas averías por las echazones que se hacen.
Gobiérnase desde el dicho cabo de San Antón por el oes-norueste
como cincuenta leguas, por huir de los bajos que se llaman los
Alacranes, que están en 22 grados leste-oeste del cabo de San
Antón, á los cuales no se llega desde treinta brazas de fondo
abajo; y desde este fondo sobredicho se vuelve á navegar otras
cincuenta leguas al norueste, hasta ponerse en altura de 24 grados,
por apartarse de los bajos que llaman de los Negrillos é isla
Bermeja, que están de 23 grados hasta 23 y medio, y desde allí se
vuelve á gobernar al oeste otras cincuenta ó sesenta leguas, y
luego al sudueste en demanda de la punta de Villarrica, qué está en
20 grados menos un cuarto en la costa de la Nueva España, desde la
cual punta, quince leguas casi al sur, está el puerto de San Juan
de Ulua, para el cual se va, la costa en la mano, tres leguas á la
mar, por no dar en los bajos della: y por esta derrota se entra en
el dicho puerto, por la canal que llaman del norte, de cuyas
entradas y salidas se da noticia en la descripción particular de la
Veracruz.
La otra navegación, que dicen por de dentro, por tiempo de
verano desde Mayo hasta Setiembre, que llaman invierno en aquellas
partes porque es cuando llueve, será, según las derrotas, desde el
dicho cabo de San Antón hasta la Veracruz, como de doscientas
cincuenta y cinco leguas, poco más ó menos, y así se tarda en ella
como ocho días, un día menos que por la de fuera, porque en el
verano, cuando se hace, reinan siempre brisas y es la mar blanda y
suave, sin haber ningún mal tiempo; y en invierno sería peligroso,
por los muchos nortes que son travesía para la punta en toda la
costa de Yucatán, cerca de la cual se pasa, y de la costa de la
Nueva España desde la sierra de San Martín hasta el puerto de San
Juan de Ulua. Partiendo del dicho cabo de San Antón por el
oes-sudueste, como cuarenta leguas hasta tomar sonda, que es fondo
de la mar en treinta brazas, desde donde se gobierna al oeste,
cerca de cien leguas por veinte brazas de fondo, hasta pasar por
entre la isla del Triángulo é isla de Arenas, que está en 22
grados, también se puede pasar al sur del Triángulo por entre él y
la isla de la Carca, puesta en 20 grados largos; y en siendo
pasadas estas islas se pierde el fondo y se gobierna al sudueste
otras sesenta o setenta y cinco leguas, hasta ver las sierras de
San Martín, en la costa de la Nueva España en 18 grados de altura,
y dar vista á una isla que está junto dellas, que llaman Roca
Parada, desde la cual se va corriendo la costa al oes-norueste por
dar resguardo á unas isletas que llaman las Cabezas, por la cual
derrota, dejando al sur las islas de Sacrificios, se entra en el
puerto de San Juan de Ulua, por la canal que llaman de las brisas,
adonde se descargan y desaparejan los navíos, quitándoles los
mástiles y jarcias, y los amarran con buenos cables por los nortes,
que suelen ser muy recios en este puerto, donde están hasta el mes
de Marzo, que se parten para España.
DESDE LA DOMINICA Á CARTAGENA Y
NOMBRE DE DIOS
La navegación para el Nombre de Dios desde la Dominica y
Martinino, donde se aparta la derrota para la Nueva España y
Tierrafirme, será de cuatrocientas leguas de viaje, que se navegan
como en quince ó diez y seis días, y hasta Cartagena más de
trescientas desde las dichas islas; en la cual, aunque en verano
son muy contínuos los vendabales y en invierno acuden siempre los
nortes, las brisas son casi perpetuas y pocas veces suelen faltar;
y así la navegación leste-oeste es siempre cierta, fácil y segura,
y al contrario, casi imposibles: los vendabales son en esta costa
suaves casi siempre y poco peligrosos; al contrario de los nortes,
que son travesía en toda ella y mala.
En desembocando por entre la Dominica y Martinino se va en
demanda del cabo de la Vela, cincuenta leguas al oes-sudueste y
después al oeste, cuarta del sudueste, hasta ponerse en altura de
12 grados y llegar á reconocer la punta de Coquibacoa ó
Bahia-fonda, que es una punta en la costa del cabo de la Vela,
veinte y cinco leguas antes de ella leste-oeste, hasta donde ponen
los marineros de la isla Dominica como doscientas treinta leguas;
desde el cual, gobernando al oeste cuarta del sudueste, se va en
demanda del cabo de la Aguja costeando la tierra hasta el río de
Palominos á vista de las sierras nevadas y remate de los Ancores y
la sierra de Bonda, que está sobre el puerto de Santa Marta; y
desde allí se corre la vuelta del oes-norueste, hasta perder el
agua blanca, por descabezar el río Grande, desde donde se vuelve á
gobernar al sudueste en demanda de Morro-hermoso y de allí al buhio
del Gato y á la punta de la Canoa, prolongando la costa hasta
Cartagena. Para el Nombre de Dios se gobierna ocho ó nueve leguas
la vuelta del nornorueste, y desde allí la vuelta del oeste como
cincuenta leguas, y después la vuelta del sudueste otras treinta,
hasta reconocer por el sur la cabeza de la Cativa, que aun si fuera
en tiempo de vendabales se puede ir derecho desde Cartagena hasta
ella, y desde allí, por la misma derrota, al puerto del Nombre de
Dios, hasta donde desde Cartagena hay como noventa leguas, que se
suelen tardar de navegar tres ó cuatro días. Llegados al Nombre de
Dios se descargan y desaparejan allí los navíos, y están desde
Noviembre, que es cuando el puerto está menos enfermo, hasta
Febrero que se parten para España.
VUELTA DEL NOMBRE DE DIOS A LA
HABANA
Para volver á España de Tierrafirme, es necesario subir en
altura, por ser las brisas contrarias para esta navegación, por la
costa de Tierrafirme, como queda dicho; y así se viene desde el
Nombre de Dios en demanda de la Habana, hasta donde cuentan de
camino los marineros como trescientas cuarenta ó trescientas
cincuenta leguas, que se navegan en diez y seis ó diez y ocho días,
y de Febrero adelante, cuando ya los Nortes empiezan á faltar; y
así, en saliendo del puerto, se gobierna al leste hasta ponerse
norte-sur con la cabeza de la Cativa, y desde allí al leste-sueste
para dar en la isla de San Bernardo, y después al leste en demanda
de Baru, hasta llegar á Cartagena, adonde se vuelve desde el Nombre
de Dios por poder mejor tomar, desde aquí, la isla de Pinos que
desde el Nombre de Dios, á causa de que, por ser los vientos brisa
y correr con las aguas al occidente para la costa de Honduras y
desaguadero de Nicaragua, no pueden bien salir los navíos dél si se
ensenan en ella, por atravesarse en el camino el bajo grande del
cabo de Camarón, y los bajos de Quitasueño, el Roncador y la
Serranilla, por los cuales sería la navegación peligrosa; y así se
vuelve á Cartagena, desde donde se gobierna al norte hasta la punta
de la Canoa, que está junto á Cartagena, y desde allí al
nornorueste hasta ponerse en altura de 13 grados, en la cual
altura, hasta 16 grados y medio, están los dichos bajos de la
Serrana y Serranilla y Quitasueño debajo de la agua, á menos de
media braza, por los cuales se pasa con mucho cuidado y tiento: y
desde allí, por la mesma derrota, se llega á reconocer la isla de
Pinos, sin llegar á ella, como queda dicho en la navegación de la
Nueva España, y desde ella al cabo de San Antón, desde el cual se
corren seis ó siete leguas al nornorueste por dar resguardo á los
bajos del dicho cabo, desde donde se vuelve al les-sudueste en
demanda de Cabaña 6 de las Tortugas, si no diere lugar el tiempo, y
desde allí á la Habana, adonde se vuelven á juntar las derrotas y
flotas que vienen del Nombre de Dios y la Veracruz para España.
DESDE SAN JUAN DE ULÚA A LA
HABANA
PARA VOLVER Á ESPAÑA
Desde el puerto de la Veracruz para la Habana, hasta donde
navegan de vuelta como doscientas leguas en nueve ó diez días,
parten las flotas por el mes de Marzo, porque aun entonces duran
los nortes, que sirven para venir á la Habana y para salir por la
canal del puerto que llaman de la Brisa, y los vientos terrales. En
saliendo del puerto se gobierna al nordeste hasta altura de 24 ó 25
grados, con vientos brisas, que en cuatro ó cinco dias bastan para
llegar á la dicha altura; desde la cual se va por la banda del
leste, hasta tomar sonda en las Tortugas y á la Habana: y así, de
Mayo adelante es malo salir del dicho puerto de Ulúa, que por falta
de los nortes, si se ensenan en la costa de la Florida, no se puede
salir della por los vientos susuestes, que como se va subiendo en
altura, se van las brisas mudando en ellos, por lo cual no se ha de
pasar de 26 grados arriba, y desde las Tortugas se gobierna la
vuelta del sur, hasta la Habana á do se juntan ó esperan las flotas
de Tierrafirme y Nueva España.
DESDE LA HABANA Á LOS AZORES
Desde el puerto de la Habana para España, habiendo desembocado
la canal de Bahama, se viene por el golfo que dicen del Norte ó del
Sagarzo, en demanda de las islas de los Azores por dos derrotas:
una para verano, más metida en altura, de novecientas á mil leguas
ó más, según práctica de mareantes, que se navegan en veinte y ocho
ó treinta dios con buen tiempo; y otra para en tiempo de invierno
que, aunque es algo más corta, se tarda más dias en hacer, por no
tener tan favorable viento.
Los vientos que sirven para entrambas estas derrotas, son los
vendabales, que en este golfo son más ordinarios en verano, y más
suaves y con menos mar que en invierno, cuando suelen ser más
pesados, á causa de ventar muchas veces brisas y los ponientes;
también en invierno son más malos, y así esta navegación suele ser
peligrosa en aquel tiempo; los nortes, aunque sirven para esta
navegación, suelen durar poco, porque luego saltan en brisas, que
en invierno suelen durar ocho ó quince dias y hacer mucho daño en
los navíos; y desde la Canal hasta la Bermuda suele haber algunos
huracanes.
Del puerto de la Habana se sale por la mañana con terrales: en
siendo fuera del puerto, como tres ó cuatro leguas á la mar, da
luego la brisa, que aunque es viento contrario para el viaje, las
aguas que corren al nordeste, más recias cuanto es mayor la brisa,
con andar volteando y barloventeando van metiendo los navios por la
canal; y así, con cualquier viento, se dejan ir por ella. Y si
fuera viento próspero, en saliendo de la Habana se gobierna al
nordeste hasta ver los Mártires, y desde allí al leste por la
costa, teniendo cuenta con no llegar con una legua á las islas de
los Mártires que están en la punta y tierra de la Florida; y en
volviendo la costa para el leste, se camina por aquel rumbo la
costa en la mano por ser costa sana; y aunque pintan bajos no los
tiene hasta 28 grados de altura, adonde se entiende ya haber
desembocado la canal, y desde aquí se viene en demanda de las islas
de los Azores por dos derrotas ó caminos: uno para en tiempo de
verano y otro para invierno; en verano, para buscar vientos frescos
de la parte del norte, se gobierna la vuelta del nordeste hasta
subir en 32 grados, y desde allí al leste que por el nordeste de la
aguja viene á ser leste cuarta al nordeste hasta subir en 38 ó 39
grados y no más, porque algunas veces ha sido peligroso subir en
mayor altura, y no bajando ni subiendo de los 39 grados por el
leste, se va á dar á las islas de los Azores.
En invierno se gobierna, en desembocando la canal, por los 28 ó
29 grados la vuelta del leste hasta la isla Bermuda, que está en 33
grados, en la cual altura se sube por la sobredicha razón del
nordeste de la aguja, dejando la dicha isla de la banda del norte
muchas veces, sin llegar á reconocerla, aunque por los temporales
de aguaceros con mar, que suele haber de ordinario en aquel parage,
se entiende que vienen á estar cerca della; desde la cual,
prosiguiendo la dicha derrota, se vuelve hasta 37 grados de altura
y se llega á ver la isla de Santa María, que es una de las de los
Azores; y para ir á la Tercera se sube á 38 grados. Y aunque esta
navegación es de más derecho y corto camino que la de verano, se
tarda más dias en navegarse, porque la otra en que se va por mayor
altura son más conocidos que en éste los aguajes que van caminando,
según queda dicho, desde la Florida para el nordeste, y así ayudan
más á la navegación; y en la una y en la otra navegación se tiene
por señal, para entender que se llega á las islas, el ver que la
aguja de marear se va fijando al Polo.
Los navíos que vienen de las Indias en verano, ora vengan en
flota ora solos, siempre suelen tocar en las islas de los Azores, y
principalmente en la Tercera que está en 39 grados, por el buen
recaudo que hay en ella de agua y leña y bastimentos para
fornecerse de lo que han menester, y para tomar lengua si la costa
de España está segura de cosarios, y entender si el consejo y
oficiales de la contratación de Sevilla han enviado, á la persona
que allí tienen, orden alguna de lo que tienen de hacer para venir
en España; y algunas veces suelen las flotas tomar la isla de San
Miguel, que está en 38 grados menos un tercio, cuando no pueden
tomar el puerto de la Tercera por los vientos sures y suestes que
suelen ser contrarios. En el invierno son estas islas ventosas y
tormentosas, y por no ser los puertos buenos, tiene mandado el rey
de Portugal, que desde Setiembre hasta Abril no se venga á surgir á
ellas, porque á las flotas de España en invierno y en verano les
está mandado que no puedan surgir en ellas, ni saltar ninguno en
tierra porque no se puede sacar el oro que se trae por registrar; y
así vienen á las naos barcas de todas las islas con refresco de
agua, bastimentos y otras cosas de que se proveen.
DE LAS ISLAS DE LOS AZORES PARA
ESPAÑA A SANLÚCAR
De las islas de los Azores hasta San. lucar de Barrameda, ponen
los marineros como trescientas leguas de navegación, que se navegan
desde quince hasta treinta dias muchas veces, por reinar muchas
brisas de ordinario en este golfo de los Azores que son contrarias
derechamente para venir á España.
Partiendo de las dichas islas se gobierna la vuelta del leste
como cuarenta ó cincuenta leguas, porque si ventaren los vientos
nordestes puedan abitar y tomar tierra de España con ellos, lo cual
no podía ser, si bajando de los 39 grados de altura, se viniesen
camino derecho; y habiendo corrido las cuarenta ó cincuenta leguas
se vuelve á gobernar la vuelta del leste cuarta del sueste, en
demanda del cabo San Vicente que está en 37 grados en la costa de
Portugal, leste oeste con Salamedina.
En doblando el dicho cabo se gobierna hasta Sanlucar
leste-oeste, á vista de la costa, guiñando para el nordeste por no
desviarse della, hasta ver las Arenas gordas, que son unos medanos
altos de arena que bate la mar en ellos, y está cinco leguas al
poniente de Sanlucar, donde se han ahogado muchas gentes en tiempo
de tormentas por no haber donde se pueda guarecer la gente que echa
la mar; y así en tiempo de fortuna se tienen antes para el
Estrecho, porque de verano toda esta costa de España es segura y
muy fondable, que casi en toda ella se puede surgir. Llegados al
puerto de Sanlucar, se suben los navíos para Sevilla por el rio
arriba, alijando lo que es menester, unas veces con viento cuando
corre apropósito, aunque pocas veces suele correr el que es
menester, por los tornos del rio; y así el más ordinario subir, y
seguro, es con la marea, llevando los navíos con los bateles hasta
Sevilla, donde en el puerto de las Muelas los oficiales de la
Contratación los vuelven á visitar, para hacer averiguación si han
guardado lo que por las ordenanzas é instrucción les está mandado,
y si han traido oro por registrar, ó si han saltado en tierra en
algún puerto de Portugal, ó sacado oro y plata de los navíos; y los
que vienen consignados y con registro para Cádiz ó que no pueden
tomar el puerto de Sevilla, que pocas veces acontece, surgen en la
bahía y puerto de Cádiz, en donde así mesmo son visitados por el
juez oficial del rey, que allí reside para esto.
NAVEGACIÓN DESDE ESPAÑA PARA EL RIO
DE LA PLATA Y ESTRECHO DE MAGALLANES
Por ser tan poco frecuentada como es esta navegación, hay poco
que decir della más de que de España al Estrecho hay cerca de dos
mil leguas de navegación, y hasta el Río de la Plata cerca de mil
seiscientas, que aunque se podría navegar con buenos tiempos en dos
meses hasta el Río de la Plata, y tres hasta el Estrecho, siempre
han tardado mucho más los pocos que hasta agora la han navegado,
porque á causa de haber de partir para esta navegación de España
por Agosto ó antes, porque se llegue á aquellas partes al principio
del verano dellas que es desde Setiembre en adelante, viénese á
pasar por debajo de la Equinoccial en tiempo que se hallan debajo
della muchas calmas y muy contínuas; y así se ha tardado hasta el
Río de la Plata tres meses y más, y hasta el Estrecho de Magallanes
cinco, y dende arriba. Y porque, demás de las calmas sobredichas,
por ser la navegación tan larga y haber muchas tormentas y refrigas
de vientos sures y suestes, y brisas que son travesía en toda
aquella costa, desde el Brasil hasta el Estrecho, llegan los navíos
siempre tan necesitados de reparo que pocas veces, de las que se ha
intentado pasarle y navegar por él á las islas del Maluco, se ha
podido llegar á pasarle antes que el verano de aquellas partes se
acabe, que es muy breve y muy lleno de tormentas y grandes
tempestades de vientos sures, aguas y algunas veces muy grandes
frios, y así siempre ha sido necesario invernar antes de pasar el
Estrecho; por lo cual, y por las grandes corrientes que en él hay,
y poco aparejo para repararse los navios, aunque no faltan buenos
puertos dentro y fuera dél, y principalmente por ser la distancia
desde el Estrecho hasta los Malucos tan larga, que pasa de siete
mil quinientas leguas, la navegación para ellos desde España por el
Estrecho viene á ser muy dificultosa y casi imposible.
Habiendo partido de Sanlucar de Barrameda para el Rio de la
Plata y para el Estrecho, y habiendo tocado y tomado refresco en
las islas de las Canarias, siempre se ha gobernado norte sur hasta
atravesar la Equinoccial y ponerse en 8 ó 9 grados de altura de la
otra parte della, leste oeste con el cabo de San Agustín, desde
donde algunos han navegado al oeste hasta reconocer el dicho cabo,
y otros han ido siempre subiendo de altura á reconocer la costa del
Brasil, desde donde á vista de tierra han ido caminando hasta el
dicho Río de la Plata, que está en 34 ó 35 grados, y desde allí han
pasado, los que han ido al Estrecho siempre á vista de tierra, y en
la costa han hallado buenos puertos y rios, donde se han reparado
de algunas fortunas y también donde se han visto en mucho trabajo:
y otros ha habido, que desde los 8 grados de altura han proseguido
la derrota para el Estrecho, sin llegar á reconocer la tierra del
Brasil ni tierras del Río de la Plata.
NAVEGACIONES DE LA MAR DEL SUR DESDE
LA NUEVA ESPAÑA Y TIERRAFIRME POR EL PIRÚ Y ESTRECHO
La navegación del mar del Sur, que desde Tierrafirme y Panamá
hasta el Estrecho viene á ser de más de mil doscientas ó mil
trescientas leguas, y desde Nueva España y Guatimala mil
cuatrocientas y mil seiscientas, y dende arriba, se navega con gran
diferencia de tiempos de unas partes á otras, por la que hay en los
vientos y aguajes y corrientes de mares de aquellas partes; porque
desde Panamá hasta la ciudad de Los Reyes, hasta donde ponen de
viaje los marineros pocas más de cuatrocientas leguas, se suele
tardar de navegar dos meses, y dende arriba, cuando no son los
vientos muy prósperos, y otro tanto y más las quinientas leguas que
debe haber de navegación desde Los Reyes hasta Chile; y á la vuelta
se suele hacer cada una de las dichas navegaciones en treinta dias
y menos; y así, para ir desde Panamá á Chile son menester más de
siete ú ocho meses, y para volver menos de dos, porque, á causa de
ser los vendabales y vientos sures tan contínuos gran parte del año
en aquella mar, suelen casi siempre correr las aguas del Estrecho
para la Equinoccial y provincia de Tierrafirme provincias de la
Nueva España; y así la navegación del norte por la mar del Sur y
para el sur de aquellas partes es siempre dificultosa y pesada, y
casi imposible cuando vientan los sures, y al contrario muy fácil y
presurosa.
Para ir desde Panamá y de la Nueva España y Guatimala al Pirú y
desde allí á Chile, se tiene de partir por los meses de Enero,
Abril y Mayo, y por Agosto y Setiembre y parte de Octubre, que son
los tiempos cuando vientan más brisas y algunos nortes que sirven
para esta navegación; y porque habiendo tardado desde Panamá á Los
Reyes dos meses ó tres de tiempo, cuando se llega allí es acabado
ya el que es menester para navegar á Chile, es forzoso esperarles,
de cuya causa la navegación á la ida suele ser tan vagarosa, y á la
vuelta al contrario, porque como se hace con tanta brevedad, y en
todos otros meses del año en que pocas veces faltan vientos
prósperos, puédese venir desde Chile á Panamá de un viaje, y pasar
á la Nueva España en poco más de dos meses sin detenerse en el
camino.
Hácese toda esta navegación costa á costa, sin apartarse de
tierra sino poco, salvo los navíos que de Nueva España van al Pirú,
que desde Guatímala ó Nicaragua hasta donde llegan costeando
atraviesan el golfo de Panamá hasta Puerto Viejo ó el de Guayaquil,
que tendrá de travesía como cuatrocientas ó quinientas leguas, y en
lo demás hasta allí y de allí para Chile van tocando en muchos de
los puertos y desembarcaderos que hay por todas estas costas, como
en las descripciones particulares dellas se dirá; y haciendo escala
en los que han menester proveerse de agua y bastimentos, que en
todos se puede hacer con seguridad, por ser esta navegación la más
limpia y segura de cuantas hoy se sabe en lo que hay descubierto de
la tierra.
NAVEGACIÓN DEL PONIENTE DESDE L9
NUEVA ESPAÑA PARA LAS ISLAS DEL MALUCO Y FILIPINAS
La navegación de la mar y golfo del occidente para la Especiería
é isla del Maluco por la parte del occidente y demarcación de los
reyes de Castilla, según las derrotas de los que hasta agora las
han podido navegar, pasa de cuatro mil leguas largas de viaje, que
aunque éstas se podrían andar con buenos tiempos, segun el curso
ordinario de los navíos, en cinco meses ó poco más, por ser la
navegación tan larga y prolija y haber de pasar el Estrecho con
tantas dificultades como hay en ello, háse de invernar en el viaje;
y así no se puede hacer esta navegación en menos de un año largo ó
año y medio. Comenzóse primero desde España por el estrecho de
Magallanes, y aunque de dos armadas que se hicieron para esteviaje,
parte dellas pasaron y parte llegaron á los Malucos; llegaron tan
mal paradas y derrotadas, que se ha sobreseído en proseguir esta
navegación y háse comenzado á hacer desde la Nueva España, desde
donde se han hecho ya cinco ó seis viajes prósperamente, ç según la
más común y cierta estimación de los pilotos que las han navegado,
ponen desde el puerto de la Navidad en la costa de la mar del Sur
hasta las islas Filipinas mil seiscientas ó setecientas leguas, las
cuales se navegan comunmente en dos meses ó dos meses y medio,
comenzando por Noviembre, que es el tiempo que se tiene por más
conveniente, para esta navegación, porque en este tiempo no puede
haber tantas calmas como había antes, y las brisas son de allí
adelante más ciertas, y aunque corran los vendabales y nortes no
son malos para esta navegación, que es apacible y segura de
tormentas peligrosas, aunque se han hallado en ella algunas calmas
y aguaceros, pero no de peligro ninguno hasta agora.
En partiendo del puerto de la Navidad, que está en 19 grados de
altura en la costa de la mar del Sur de la Nueva España, y es el
que hasta agora parece el más apropósito para este viaje, se va
bajando de altura hasta ponerse en 12 grados, en que están las
islas Filipinas, desde donde gobernando leste oeste se viene á dar
en ellas.
La vuelta de aquellas islas para la Nueva España es de más larga
navegación que la ida, porque según estimación de los marineros,
tiene de viaje dos mil leguas, á causa de subirse en mayor altura
para buscar vientos frescos de la parte del norte, por huir de las
brisas que son vientos contrarios para volver por la derrota de la
ida. Tiénese por tiempo conveniente para partir de las islas Mayo y
principio de junio, porque en estos tiempos son menos las brisas y
más ciertos los nortes que son menester; que aunque sirven para la
vuelta, porque no son tan favorables para ella como las brisas para
la ida., se tarda en volver de las dichas islas hasta la Nueva
España de cuatro meses arriba., casi doblado tiempo de lo que es
menester para ir á ellas; desde las cuales, habiendo salido de las
dichas islas, donde hay muchos aguajes y corrientes y es necesario
salir poco á poco, se van subiendo en altura por el les-nordeste ó
por otros rumbos, según la ocurrencia de los vientos, hasta ponerse
en 39 grados de altura, desde donde caminan al leste, decayendo de
allí abajo hasta dar en la costa de la Nueva España; y de allí,
costeándola y bajando de altura, se viene al puerto de la
Navidad.
DE LA CASA DE LA CONTRATACIÓN DE
SEVILLA, Y COSAS PROVEIDAS PARA LA NAVEGACIÓN DE LAS INDIAS
Luégo que se comenzaron á descubrir las Indias, se fundó en la
ciudad de Sevilla la Casa de la Contratación, donde se ha quedado y
reside, aunque antiguamente se platicó de ponerla en otros puertos
de España; pero en ninguno parece que puede estar más cómodamente.
Hay en ella, desde su primera fundación, tres jueces oficiales con
título de S. M. que son: tesorero, á quien se hace cargo de toda la
hacienda que viene á la Caja real de tres llaves que están en la
dicha Casa; y contador, que tiene los libros de la dicha hacienda,
y factor, á cuyo cargo fueron siempre las cosas de la contratación
y granjerías de S. M., que al principio se instituyeron en la dicha
Casa, y después se han venido á dejar, y ahora entiende en la
provisión y cosas de las armadas. Y demás de los tres oficiales
reales, hay en la dicha casa un letrado juez asesor para las cosas
de justicia, y un fiscal, dos escribanos y dos alguaciles y dos
porteros, y cárcel y carcelero, y dos visitadores de navíos.
Al principio del descubrimiento de las Indias tuvieron los
oficiales de la casa la administración y provisión de todo lo que
tocaba. á las Indias, hasta que fué formado Consejo acerca de la
persona real, desde cuando quedaron como tribunal de justicia y
conocer de todos los pleitos de la gente de la mar que resultan de
la navegación; de los cuales vienen por apelación al Consejo los
criminales, y los civiles de cuarenta mil maravedises arriba: y
ansí mismo entienden y tienen á su cargo el despacho de las flotas
y armadas que parten para las Indias del puerto de Sanlúcar, y de
visitarlas á la ida y á la vuelta, para que cumplan con las
ordenanzas v la administración de la Hacienda real que viene de las
Indias, v la custodia de la de particulares, hasta entregarla á sus
dueños; y ansí mismo la caja y bienes de difuntos que vienen de
Indias, los cuales están á su cargo, y el hacer las diligencias
necesarias para que vengan en poder de los herederos cuyos son.
Hay así mismo en la dicha casa una sala del consulado de los
mercaderes, adonde los mercaderes, al principio de cada año, eligen
dellos un prior y dos cónsules, que arbitrariamente y sin tela de
juicio componen y determinan los pleitos y negocios que suceden
entre los mercaderes dependientes de sus contrataciones, dudas de
fletes y de sus factores; cuyas apelaciones van ante uno de los
oficiales de la casa, elegido por juez, que con dos mercaderes, los
que él quiere, determina sumariamente el negocio; y si alguna de
las partes se agravia, lo vuelve á determinar arbitrariamente con
otros dos mercaderes, que no sean de los primeros, y no pueden
cargar ni contratar mercader ninguno ni pasar sus factores á las
Indias, sin licencia de los oficiales de la contratación.
No puede salir navío ninguno sólo para las Indias, por el
peligro de los cosarios y porque lleguen todas las mercaderías
juntas, sino en algunas de las flotas, que está ordenado que partan
para las Indias una en principio de Abril para la Nueva España, y
otra en principio de Agosto para Tierrafirme, aunque esto se cumple
mal por no cargar los mercaderes á tiempo: y las naos todas han de
ser de cien toneladas hasta ciento cincuenta, y cada una lleva su
capitán y maestre y la gente de mar, y las armas, artillería,
municiones y bastimentos que según el porte de cada navío está
ordenado, y de todo lo que llevan en mercaderías y de otras cosas
se hace registro por los oficiales de la contratación, donde queda
en registro, y cada navío lleva un traslado del suyo, por el cual
es visitado en Sanlúcar de Barrameda en la tercera y última visita
que se les hace, despues de haberles visitado dos veces en el
puerto de las Muelas del rio de Sevilla; una cuando se ponen á la
carga para ver si están estancos y bien acondicionados para el
viaje, y otra al tiempo de partir para Sanlúcar para ver si llevan
la gente de servicio, bastimentos, armas y municiones que se les
mandó en primera visita, y la tercera en Sanlúcar para saber si han
sacado algo dello y metido más de lo registrado, porque todo lo que
va fuera de registro se toma por perdido.
|
1
|
Hoy se da el nombre de
jusente ó
yusente ,
que significa lo mismo que menguante , vaciente, reflujo o marea
saliente.- V
Diccionario Marítimo español de los señores
Lorenzo, Murga y Ferreiro.
|
|
2
|
Véase la nota correspondiente a esta página.
|
|
3
|
Llamado hoy
Caucedo.
|
|
4
|
Nisao se le nombre actualmente.
|
|