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CRISTOBAL COLON.
I
¿Seria Colón acaso el primer descubridor do la América? ¿ó antes
que él otros navegantes arribaron á nuestras costas? Problema es
éste que se ha discutido en todos los tonos y tiempos, desde el
siglo xv, pero que, sin duda, jamás tendrá una resolución
satisfactoria.
Herodoto, 610 años antes de nuestra éra, aseguraba que no había
inconveniente en atravesar el Océano; Alberto el Grande, y después
su discípulo Roerio Bacon, creían que la tierra era redonda, y que
debía de haber países desconocidos del otro lado del Atlántico,
puesto que se decía que los navegantes fenicios habían atravesado
el Océano. Algunos autores aseguran que las islas Canarias fueron
pobladas por los fenicios, y que, no satisfechos con esto, habían
continuado navegando hasta arribar á las costas de la Florida.
En cuanto á la América del Norte, no cabe duda de que los
islandeses descubrieron la Groenlandia en el siglo IX, y que allí
formaron una rica colonia, cuyos habitantes pasaban frecuentemente
al continente europeo, en tanto que del americano sacaban maderas y
pieles, visitando lo que hoy día se llama Nueva Escocia, costeando
el Canadá y bajando algunas veces hasta el sitio en que se
encuentra á Boston. Los naturales de aquellas tierras, dicen las
tradiciones de Islandia, eran, sin embargo, tan salvajes y
violentos, que los europeos no se atrevieron á colonizar las costas
norte-americanas.
Asegúrase que se hallan muy bien descritas las tierras con sus
golfos, promontorios y particularidades, en las
|sagas ó
crónicas de Islandia. Andando el tiempo, creció á tal punto la
corona groenlandesa, que llego á contar doscientas poblaciones:
había gran número de iglesias y una catedral, en donde gobernaron
la grey católica diez y siete obispos consecutivos, cuyos nombres
se encuentran en documentos auténticos. Pero la frecuente
comunicación con Noruega, causó su ruina ulterior, porque cuando, á
mediados del siglo XIV, la terrible peste negra asoló á Europa,
llegó á Groenlandia, y fueron tales los estragos que hizo en la
población, que á poco de haberla importado no quedaba una sola
persona viva en toda la colonia!
Sorpréndese el lector al pensar que hubiera durado cinco siglos
la colonia groenlandesa, cuyos habitantes conocían el continente
americano, y que los sabios europeos no pararan mientes en
semejante descubrimiento. Pero cuando se piensa en el estado de
lucha y de desorden en que se hallaba Europa en aquellos siglos de
reconstitución de las monarquías, se acaba la sorpresa. El Norte
del antig1lo mundo casi no tenía comunicación con el Sur, donde se
hallaban los pocos hombres que guardaban encendida la antorcha de
la ciencia, y allí la civilizaci6n cristiana batallaba á brazo
partido con los turcos, los árabes y los musulmanes. Cuando al fin
venció el cristianismo y se tuvo tiempo de respirar y de
reconocerse, al fin del siglo XIV, la colonia groenlandesa había
desaparecido y olvidádose sus tradiciones. Así, pués, aquel
descubrimiento casual, hecho por personas ignorantes y que no
continuaron aprovechándose de ello, en nada disminuye la gloria de
Cristóbal Colón, quien, apoyado en la ciencia, atravesó el Océano
deliberadamente; porque tenía fe en sus teorías científicas.
Algunos escritores católicos se han ocupado recientemente en
estudiar las señales evidentes de un cristianismo olvidado, que se
encuentran en las tradiciones americanas. En casi todas las
crónicas de los aborígenes, desde Méjico y Yucatán hasta las tribus
del Sur de América, se encuentra la tradición de la llegada de un
|hombre blanco á su tierra, el cual en unas partes decían
que llevaba un manto adornado con cruces, en otras que llevaba una
cruz en la mano, y que enseñaba una doctrina que tiene muchos
puntos de contacto con el cristianismo. Graves autores, tanto
antiguos como modernos, tratan de probar que ese hombre era Santo
Tomás, el Apóstol; pero si aquello no es posible probarlo, ¿ por
qué no había de ser algún misionero católico de los establecidos en
Groenlandia, que emprendiera viaje, solo ó acompañado, con el
objeto de catequizar las tribus salvajes del continente descubierto
por sus compatriotas?
Aquél también es un arcano que permanecerá cerrado, y en vano
procuramos indagar un misterio que Dios no ha querido permitir que
sondeemos. Todo en ]0 pasado es maravilloso, inescrutable : nuestro
entendimiento es tan limitado, á pesar de nuestro necio orgullo,
que necesitamos ver y palpar los hechos para comprenderlos ; y hay
quien pretenda comprender la esencia divina del Creador y explicar
la formación del mundo, por medio de ciencias inventadas por
nuestra pobre inteligencia !
Puede decirse realmente que la ciencia, como la comprendemos
hoy, no data sino del siglo xv; y aun los vislumbres que antes de
aquella época se tenían, no habían bajado á las masas, y solo
vivían en la mente de algunos seres privilegiados. No había sido
necesario hasta entonces ensanchar el campo de los descubrimientos
territoriales para la marcha de la civilización, y por eso no se
había encontrado quien guiara hacia nuevos horizontes. Pero cuando
fué preciso dar un desahogo a la Europa y alimento á los espíritus
aventureros de España, se encontró el hombre que señalara el camino
desconocido hasta entonces. Los descubrimientos no se hacen
populares sino cuando son necesarios; todo tiene su tiempo oportuno
en la creación, y nada sucede antes ni después de lo que tiene
determinado la Divina Providencia.
II
Cristóbal Colón nació, según todas las probabilidades, de 1435 á
1436, en Génova, ciudad libre de Italia,(1*) pero á la sazón despedazada
por facciones que disputaban el poder con tal encarnizamiento, que
no dejaban un día de tranquilidad á los ciudadanos. Hijo de padres
pobres, la primera Juventud de nuestro futuro descubridor se pasó
en la más completa oscuridad. A pesar de las continuas guerras que
despedazaban á Italia, aquel país era el más civilizado del mundo,
y en él se hacía gran caso de las ciencias; así fué que Colón, no
obstante la pobreza de su familia, obtuvo una educación científica,
y cuando se embarcó como marino la primera vez, á la edad de diez y
seis años, yá tenía buenos conocimientos astronómicos y
cosmográficos, ganaba la vida haciendo mapas geográficos, y había
estudiado el arte náutica. Nadie ha podido saber á punto fijo
cuáles fueron los primeros países que visitó Colón, pero se infiere
que recorrería, en la marina mercante de su patria, todos ]os
puntos más importantes de la tierra conocida hasta entonces. Los
genoveses, desde la antigüedad, se habían apoderado del comercio
del mundo, y han sido siempre hasta el día los más hábiles marinos;
pero en aquel siglo otra nación les hacía competencia en este ramo:
Portugal. En aquel país era en donde el arte de construir mapas era
más productivo, y en donde estaban más al corriente que en ninguna
otra parte del mundo, de los descubrimientos geográficos que se
hacían. Es, pues, natural que Colon visitase con más frecuencia á
Portugal, Porque sus mapas eran acogidos con aprecio, y él
encontraba allí una atmósfera adecuada á su espíritu indagador.
¿Desde cuándo surgió en su espíritu el deseo de atravesar el
Océano para ir á buscar la India? Nadie lo sabe ; pero, sin duda,
fué desde su juventud.. Casado en Portugal con la hija de un
antiguo navegante, tenía á su disposición todos los itinerarios de
los viajes que éste había hecho; á más de esto, su casa era el
punto de reunió1're- de todos los marinos portugueses y extranjeros
que iban á buscar allí los mapas que construía Colón para la venta.
Así fue romo poco a poco creció en su mente y se desarrolló la idea
de ir en busca de las Indias Orientales, dando la vuelta al mundo.
Pero, con aquella paciencia que distingue al verdadero genio, no
habló de la idea que le inspiraba mientras no tuvo completa
seguridad de que estaba fundada en la verdad. Una vez convencido
Colón de que su proyecto era exacto, con laudable patriotismo se
dirigió, en primer lugar, á Génova á pedir auxilio y recursos para
llevarlo á cabo. Mas aquella república, ocupada tan sólo en sus
guerras intestinas, le recibió con frialdad y le negó su apoyo ;
otro tanto hizo Venecia, á quien él se dirigió después. Rechazado
en Italia, Colón volvió los ojos á su segunda patria, á Portugal.
El rey don Juán II le escuchó atentamente, le díó esperanzas y le
entretuvo en la Corte, en tanto que enviaba algunos navíos por la
ruta indicada en busca de la India, con el objeto de arrebatarle su
gloria al Descubridor. Colón tuvo noticia de tamaña villanía al
regreso de la expedición, que se había devuelto espantada con las
borrascas que la acometieron en alta mar.
Indignado el Genovés con semejante perfidia, abandonó á Portugal
y pasó á España... Pocas personas ignoran la manera con que al fin
logró Colón que los Reyes Católicos acogieran y protegieran su
empresa, y todas las vicisitudes, casi novelescas, por las cuales
pasó el Descubridor en España, desde 1484, en que llegó á ]a Corte,
hasta 1492, en que pudo embarcarse en el puerto de Palos, el 3 de
Agosto, con dirección al Nuevo Mundo soñado por él. La época era la
mejor escogida para ofrecer nuevas aventuras á los españoles.
Acostumbrados durante más de seis siglos á gastar el sobrante de su
actividad y denuedo en batallar contra los árabes invasores, se
veían, con la toma de Granada, libres de luchas intestinas, y era
indispensable para ellos buscar otro objeto en qué ocupar sus
fuerzas. De allí vino la popularidad de que gozó el proyecto dc
Colón desde un principio: los caballeros sentían la necesidad de
echarse por esos mundos en busca de aventuras peligrosas, sin las
cuales no podían vivir; el tipo de don Quijote siempre ha sido el
retrato del carácter español de la Edad Media y del
Renacimiento.
III
¿Quién no ha leido con hondo interés la narración de aquel
primer viaje de Colón en busca de lo desconocido?...La sedición
latente de la tripulación ; las ofertas que les hacía el
Descubridor; su profunda confianza, y el cobarde desaliento de sus
compañeros ; aquellas escenas conmovedoras en que el Genovés ponía
de manifiesto su fe en Dios, su genio y sus esperanzas, en
contraposición al terror, á la ignorancia y pobreza, de ánimo de
los otros: todo esto interesa vivamente. ¿ y quién no ha sentido un
movimiento de entusiasmo cuando, al clarear el día 12 de Octubre de
1492, se ve á Colón de hinojos mirando las primeras tierras del
Nuevo Mundo?
En el primer viaje Colón descubrió el archipiélago de las
Lucayas y las islas de Santo Domingo y Cuba; en el segundo recorrió
las costas de las islas de Guadalupe y Jamaica; en el tercero tocó
por primera vez en Tierra-Firme, en ]as costas de Paria, y en el
cuarto y último arribó a las riberas de lo que hoy día se llama
Colombia.
Diez años después del portentoso descubrimiento del Nuevo Mundo,
Colón, -triste, profundamente desengañado, fatigado y enfermo con
tantas persecuciones como había sufrido, (2*) se daba á la vela en Cádiz,
el 19 de Mayo de 1502, para emprender su cuarto viaje.
Habiendo tocado en Santo Domingo, sus enemigos no le permitieron
guarecerse en la rada de la Isabela para escapar de un furioso
huracán que amenazaba perderle; huracán que despedazó la flota de
su enemigo el cruel Gobernador Obando, é hizo naufragar á
Bovadilla. Pero si los hombres no tuvieron piedad del noble
anciano, Dios le tuvo compasión y le salvó. Colón se detuvo en
Jamaica algunos días, y después prosiguió la ruta que se había
trazado en busca de un paso libre hácia la India, cuyas costas
creyó, hasta la hora de su muerte, haber descubierto.
Todo parecía conspirar contra su deseo: durante sesenta días le
acometieron sin cesar espantosas tempestades; estaba tan enfermo
que no podía levantarse de su lecho, el que había mandado llevar
sobre cubierta para dirigir desde allí la nave. Al :fin, el 14 de
Septiembre, avistó el golfo de Honduras y un cabo que se dirigía
hácia el Sur, y que, costeándolo, le permitía aprovecharse de los
vientos favorables, por lo cual lo llamó de "Gracias á
Dios." Aquel punto forma la extremidad de Colombia por el
Noroeste. Costeando siempre con dirección al Sur, y perseguido día
y noche por huracanes, lluvias tropicales y estrepitosas
tempestades, propias de aquellos parajes, la infeliz expedición
continuó su viaje sin desalentarse. Varias veces creyeron que Colón
estaba á punto de rendir el alma, y se detuvieron para saltar á
tierra y proporcionarle algún alivio; pero entonces les atacaban
los naturales, que salían á defender la tierra con grandes vocerias
y estruendosos instrumentos músicos de guerra. El 5 de Octubre
entró Colón en la hermosa ensenada que ha conservado el nombre del
" Almirante," y allí encontraron las primeras
muestras del oro del Continente. El nombre indígena de aquellas
costas era Veraguas, nombre que ha quedado á los descendientes del
Descubridor, con el título de duques. El 2 de Noviembre llegaron al
puerto que, por su sin par hermosura, llamó Colón "
Portobelo," nombre que con razón le ha quedado; -y si
aquel puerto no fuera tan insalubre, sería tal vez el más
frecuentado, por ser el más hermoso, seguro y cómodo de todo aquel
litoral.
Renunciando al fin á descubrir la vía hácia la India que deseaba
encontrar, Colón, algo restablecido en su salud, resolvió regresar
á Veraguas á explorar las ricas tierras en donde le habían dicho
que se criaba el oro; y efectivamente, decía después que había
visto más oro en aquel lugar en dos días, que en la Española ; en
cuatro años.
Empezaba el año de 1503 cuando Colón, contento con la riqueza de
la tierra y el buen natural de los indígenas que habla encontrado
por allí, resolvió fundar una colonia, como se lo tenia mandado la
reina Isabel. Escogió para el caso las orillas del rio Belén, en
donde ,se edificaron diez casas, que fueron las primeras que
levantaron los españoles en el continente americano ; pero aquella
tentativa fracasó, porque, habiéndose descontentado á los
naturales, éstos se declararon enemigos, y tuvieron los
descubridores que abandonar el proyecto y también la Tierra-Firme,
la cual dejaron el 1o de Mayo del mismo año. Yendo en via para
Santo Domingo, en embarcaciones destruidas por las tempestades y la
carcoma, la expedición naufragó en las costas de Jamaica. Después
de muchos impedimentos logro Colón mandar armar una pequeña
embarcación en que envió algunos de los suyos á pedir auxilio á la
Española; pero el Gobernador, que le odiaba, no quiso enviarle
socorro, sino al cabo de un año, durante el cual, el Almirante
había sufrido inauditos tormentos. Jamás se podrá describir un
viaje más desastroso que aquel último de Colón; había sufrido en él
temporales horrorosos, hambres, trombas de agua, sed, guerras con
naturales por extremo salvajes, enfermedades constantes, motines,
humillaciones, irrespetos á sus canas, y por último el naufragio y
el abandono en una isla poblada de tribus enemigas, durante muchos
meses de amarguísimas angustias.
Al fin, después de estar á punto de perderse en la mar varias
veces, pudo Colón desembarcar en San Lúcar el 7 de Noviembre de
1504, al cabo de dos años y medio de constantes padecimientos. Al
llegar á España le aguardaba una pena más, cual fué la muerte de su
protectora la reina Isabel quien falleció el 26 del mismo mes de
Noviembre. Año y medio después Colón la siguió á la tumba, pobre,
perseguido, profundamente triste y abandonado, por los mismos que
en un tiempo le habían adulado, pero lleno de fe en Dios y de
esperanza en su misericordia infinita; dejando esta tierra de
lágrimas para buscar su recompensa en el cielo, el 20 de Mayo de
1506, á los setenta y un años de edad.
Concluiremos estos pocos rasgos biográficos citando algo de lo
que acerca de Colón dice un escrito norte-americano: (3*)
"¿ Cómo se debería definir la verdadera grandeza
humana? ¿Cuál es la medida que debería servirnos para juzgar del
mérito de un grande hombre ? Diremos sin vacilar que el hombre más
grande es aquel á quien el mundo debe mayores beneficios.
Comparados los hechos con los resultados, nos atreveríamos á
asegurar que Cristóbal Colón es el primero entre los hombres
realmente grandes, y su puesto tiene ,que estar a1 la cabeza de la
lista de los hombres mas Ilustres de todos los tiempos. Comparado
este héroe católico con los Alejandros, los Aníbales, los Césares y
los Napoleones, ¿ á cuál de ellos debe el mundo tántos beneficios
como á Colón ? Las ciencias, el comercio y la Religión le deben más
gratitud; que Cualquier otro hombre; el Nuevo Mundo le respeta
como á su Descubridor; la Iglesia católica le reconoce como a Uno
de sus hijos más santos, y la humanidad entera debe considerarse
como deudora suya. No puede ser suficientemente elogiado el
bellísimo carácter con que Dios le había dotado; sus hechos
heroicos son innumerables; y así como sólo existe una América en el
mundo, asimismo se encontró solamente un Colón entre los hijos de
los hombres."
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(1*)
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Yá en los momentos de dar esta obra á 1a estampa, leemos en un
periódico que un sacerdote de la ciudad de Calvi (en Córcega)
reivindica para su país natal el nacimiento del gran Descubridor, y
ha recogido una suscripción para levantar una estatua en aquella
ciudad, en honor de Colón.
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(2*)
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Como la vida de Cristóbal Colón es tan conocida,
particularmente en sus pormenores más dramáticos, no hemos querido
extendernos, sino en la parte concerniente al descubrimiento
especial de nuestras costas, que es lo que hemos tratado de narrar
en esta biografía. Así pués, nada decimos de las persecuciones que
sufrió de los envidiosos, que le acusaron de querer alzarse con el
mando de las colonias establecidas por él en la Española ; no
hablamos de la ingratitud del perverso Alcalde Mayor Francisco
Roldán, que se insurreccionó contra Colón, y después logró que los
Reyes Católicos, asediados por los malquerientes del Almirante,
enviansen un comisionado á indagar la conducta de éste, de donde
resultaron su prisión y el deshonor que este acto ha dejado sobre
el nombre de sus perseguidores. Todos estos hechos de la vida de
Colón andan escritos en las innumerables vidas que se han publicado
de él, y el que desee imponerse de ello8 los encontrará fácilmente
en todos los idiomas.
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(3*)
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Lives of Catholic heroes and heroines of America-by John Okane
Murray-New-York, 1880.
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