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GONZALO SUÁREZ RONDÓN
(FUNDADOR DE TUNJA)
I
Corría el segundo tercio del siglo XIII cuando, estando un
ejército castellano al mando de don Sancho el Bravo de Castilla (el
cuarto de su nombre) entre la ciudad de Algeciras y la Villa. de
Tarifa, guerreando contra los Africanos de Aben-Jusef, la
vanguardia dc los cristianos vió venir sobre ellos en tropel un
gran número de moros. Titubeaba la gente acerca de lo que debería
hacer en aquel percance, si acometer á los infieles, que eran
muchos y ellos pocos, ó volverse al cuerpo del ejército, que estaba
atrás; comandado por el Rey, á pedir órdenes. Pero uno de los
caballeros que iban adelante indignóse con la vacilación de los
soldados, y exclamó con voz fuerte, afirmándose sobre los estribos
y enristrando la lanza:
-¡ A ellos, señores, á ellos, de rondón!
Arremetió el caballero como un vendaval sobre el enemigo, y
obligó á que le siguieran los demás cristianos con tal ímpetu, que
á pocos embates vencieron á los Moros, les desbarataron y pusieron
en completa derrota á los que escaparon con vida.
Apenas se tuvo noticia de aquel hecho de armas en el cuerpo del
ejército, cuando muchos caballeros (sin duda envidiosos) fueron á
quejarse al Rey, diciendo que aquel caballero con su imprudencia
pudo haber comprometido todo el ejército real, y pidieron con
descompuestas razones que se castigase semejante falta de
disciplina.
Inmediatamente que hubo oído lo que le decían sus cortesanos, el
Rey mandó que compareciera el imprudente caballero á su presencia.
Presentóse como estaba: con la lanza rota en la refriega y
ensangrentadas las armas y vestidos, y con humilde ademán pidió
perdón á su soberano por su arrebatada conducta.
Pero el bravo Rey don Sancho fe levantó diciéndole:
--N o sólo os perdono, sino que esa acción valerosa bastaría,
aunque no hubierais hecho otra, para armaros caballero.
--Caballero soy, contestó el otro con orgullo castellano, y
también hijodalgo del linaje de los Sarmientos; además, vasallo
vuestro he sido y lo seré hasta morir en el servicio de mi Rey y
señor.
--Pero ¿ cuál es vuestro nombre? preguntó Sancho el Bravo.
--Garcí Péres de Burgos, hijo de Diego García Sarmiento.
--En adelante no os llamaréis Garcí Pérez, sino Rondón, repuso
el hijo de don Alfonso el sabio, en memoria de la voz que disteis
al arremeter á los moros, y además, os armaré Caballero de la
Banda, (1 ) y en vuestro
blasón pondréis esta letra:
|Vencer y nunca ser vencido
Estas mercedes del Rey fueron extendidas y legalizadas ante
notario, y desde entonces aquel valiente caballero, que después
hizo prodigiosas hazañas, fué tenido en grande estimación en la
corte de Castilla. (2 )
II
Descendiente de aquel primer Rondón fué el conquistador y
Poblador de Tunja, don Gonzalo Suárez Rondón. Nació en la ciudad de
Málaga, en Andalucía, no sabemos en qué año, y era hijo de Rodrigo
Suárez Rondón y de Isabel Jiménez Suárez, su esposa. Gonzalo tenía
cuatro hermanos: Rodrigo, Sabariego, Ana y María, la cual casó
después con Pedro Loaysa Vásquez.
Durante toda la Edad Media y el Renacimiento en Europa, y sobre
todo en España, bastaba pertenecer á una familia medianamente
hidalga, para que todos los varones de ella se dedicasen a la
iglesia, o tomasen las armas como soldados: considerábase que toda
otra profesión era impropia de un hombre bien nacido. Hasta los
mismos religiosos que se consagraban á la Iglesia, tenían en España
conocimientos militares; y seguramente por este motivo todos los
conquistadores manifestaban tánta habilidad en el ejercicio de las
armas, aunque en éste no se hubieran criado: el militarismo estaba
en la sangre, y lo habían heredado de sus abuelos. Así, pues, no
era de extrañar, que, cuando apenas le apuntaba el bozo á Gonzalo
Suárez Rondón, yá se alistase en los ejércitos reales. Pasó con
ellos á Alemania, y asistió en 1519 á la coronación de Carlos V en
Aquisgrán, en donde por primera vez el Emperador se hizo llamar
MAJESTAD, titulo desconocido hasta entonces en España, pues allí el
Rey había sido siempre Alteza ó Gracia. Continuando en los
ejércitos españoles, sirvió en las campañas contra los Franceses, y
se halló en 1525 en el sitio de Pavía, en donde cayó prisionero
Francisco I; estuvo en Alemania é Italia con .;ton Pedro de Guzmán,
y permaneció cuatro años en Hungría con el hermano de Carlos V, don
Fernando, el cual no sólo poseía todos los Estados de la Casa de
Austria, sino que fué coronado rey de Hungría, de Bohemia y de los
Romanos.
Con el Emperador volvió Hondón á España (después de haber estado
con él en la campaña contra Solimán I, que fué derrotado por los
cristianos). Al regresar á España el Emperador, se preparó á ir
contra el pirata Haradín Barbaroja, que se había apoderado de
Túnez, despojando á Muley-Hacén, feudatario de los reyes de
Castilla. Nuestro hidalgo malagués levantó una compañía de
infantería por su cuenta, la que mandaba como Capitán en la
expedición contra el pirata, y llevaba como caudillo al mismo
Emperador. Los Españoles se apoderaron de las fortalezas en que se
había guarecido el pirata, y aunque éste tenía noventa mil hombres
bajo sus órdenes, Carlos V le venció, desalojó y obligó á de volver
la ciudad de Túnez á Muley- Hacén.
Aquella fué la última campaña á que asistió Rondón en España. Al
regresar a su patria en 1535, encontró que don Pedro Fernández de
Lugo, nombrado Gobernador de Santa-Marta, aprestaba una armada para
atravesar el Océano y enganchaba gente de armas que le acompañase
en las conquistas de Tierra-Firme que se proponía llevar á cabo.
Gonzalo Suárez Rondón empleó entonces cuantos ahorros había hecho
durante diez y siete años de campañas por una gran parte de Europa
y Africa, en preparar una compañía de á caballo, que levantó á su
costa con el objeto de acompañar á don Pedro Fernández á
Santa-Marta.
Aunque no lo dicen las crónicas del tiempo, se infiere que, á
poco de haber llegado á Santa-Marta Gonzalo Suárez, casó con doña
Mencia de Figueroa, hija de Alvaro de Figueroa, uno de los primeros
colonizadores de aquella ciudad.
Este caballero había pasado á Indias á buscar fortuna, dejando á
su mujer é hijos en Sevilla; pero una vez establecido en
Santa-Marta, hizo venir á su familia al lugar de su residencia, con
Luis de Manjarrés, que era pariente suyo, y pasó al Nuevo Mundo con
García de Lerma en 1529.
Causó grande asombro á los que desembarcaron con don Pedro
Fernández el aspecto miserable y ruin de la nueva ciudad; y como
empezaban á desalentarse, á padecer hambres y sufrir una epidemia
de disentería que mató á muchos soldados, el Adelantado Lugo
resolvió enviar varias expediciones por la tierra adentro á someter
tribus indígenas, hacerse de alimentos y buscar oro, el anhelo
constante de los Españoles.
En aquellas empresas militares Gonzalo Suárez se hizo notar por
su caballerosidad, audacia y experiencia en toda suerte de guerras;
y aunque enseñado á pelear con gente civilizada y en países
repletos de recursos y comodidades, en breve se hizo a las
costumbres del Nuevo Mundo y á las
|guazabaras indígenas. Por
este motivo y por su importancia como antiguo militar de los
ejércitos del Emperador, fué nombrado tercero en el mando de la
expedición que, bajo las órdenes de Gonzalo Jiménez de Quesada,
envió el Gobernador á descubrir por las márgenes del río grande de
la Magdalena, saliendo de Santa-Marta como capitán de jinetes en
Abril de 1536. Durante toda aquella penosísima jornada, Gonzalo
Suárez, con la caballería, infundía tal terror á los indígenas, que
bastaba que se presentase para ponerles en derrota.
Al pasar por el caudaloso río que los indígenas llamaban
Saravita, el caballo que montaba Rondón fue arrastrado por la
corriente y se ahogó, aunque el Capitán logró salvarse. Por este
motivo los Españoles llamaron aquel río el de Suárez, nombre que
conserva todavía. Distinguióse el Conquistador por su brío, fuerza
moral y paciencia á toda prueba en las diferentes expediciones que
emprendió bajo el Conquistador del Nuevo Reino de Granada.
Una vez partido Gonzalo Jiménez de Quesada para España,-habiendo
quedado en su lugar Hernán Pérez,- éste se apresuró á mandar fundar
dos ciudades en las provincias del Norte, como se lo dejó ordenado
su hermano. Tocó á Suárez Rondón hacerse cargo de establecer una
ciudad española en el cercado del Zaque de Tunja, y partió de
Santafé á fines de Julio de 1539, y llegó á su destino, á la cabeza
de una lucida tropa de caballería, en los primeros días de
Agosto.
El lugar no había sido escogido por la amenidad del sitio, sino
por ser el centro de las poblaciones más ricas y civilizadas que se
encontraban en todas aquellas comarcas. Situada á una altura de
2,793 metros sobre el nivel del mar, con una temperatura muy fría
(13 grados centígrados), careciendo de aguas corrientes, teniendo
casi siempre un cielo nublado, azotada por vientos frecuentes y
erigida sobre desiguales barrancos, Tunja, aunque muy poblada en
tiempo de la conquista, no ha podido progresar como debiera, por la
falta de comercio y de actividad entre sus habitantes.
Rondón hizo la fundación con las ceremonias que se usaban,
tomando posesión del terreno en nombre del Rey de España, y trazó
el área de la población, repartió los solares entre los Españoles
que le acompañaban, nombró la iglesia que habían de erigir
" Nuestra Señora de Guadalupe," puso horca y
picota, y señaló el sitio en donde se debía levantar una
fortaleza.
Esto se hacía el 6 de Agosto de 1539, al año completo de haberse
fundado la ciudad de Santafé de Bogotá y dos años no completos
después de la entrada de los Españoles en los Estados del
Zaque.
III
Durante cuatro años consecutivos gobernó Gonzalo Suárez Rondón á
Tunja y los territorios adyacentes. Hombre pacífico, á pesar de ser
militar, era buen padre de familia, y labró para la suya una casa
muy ostentosa al lado de la iglesia mayor; reservó para sí ricas
encomiendas fuera de la ciudad, terrenos de labor y extensas
dehesas, á donde hizo llevar desde Santa-Marta y Venezuela crías de
ganados vacunos, lanares y de cerda ; que por ambas partes llegaron
estos animales al Nuevo Reino de Granada. Con todos estos negocios,
el malagués reunió una fortuna considerable, una de las más
valiosas del Nuevo Reino.
Cuando hubo llegado á la costa Quesada y dado noticias de sus
conquistas, ocurrió á Gerónimo Lebrón, entonces Gobernador de
Santa-Marta, por haber muerto el anterior, subir á arrebatar de
manos del Teniente General de Quesada el Gobierno del Nuevo Reino.
Reunió prontamente una tropa, algunos artesanos, bastantes
mercaderías de Castilla, semillas españolas y yeguas, útiles en una
colonia que debería naturalmente carecer de todas las comodidades
de los países civilizados. Además, en aquella expedición subieron á
Santafé las primeras mujeres españolas que vinieron á la Sabana.
Como no conociesen otro camino los guías que levaban, que eran
algunos de los que habían venido en la expedición conquistadora,
traían la vía del Opón, y las míseras mujeres españolas padecieron
indecibles penalidades, muriendo algunas de ellas en el tránsito; y
la mujer de un Henríquez, que quería establecerse en Tamalameque,
fué robada por los indígenas, con quienes tuvo que vivir hasta su
muerte. Después de muchos meses de transito, al fin Lebrón arribó á
la ciudad de Vélez, en donde las autoridades (en ausencia de
Galiano) no tuvieron inconveniente en reconocerle como su
Gobernador.
Mientras que descansaba Su tropa y recuperaba fuerzas para
proseguir su viaje, Lebrón mandó avisar á Tunja y á Santafé que se
prepararan á recibirle como á su caudillo. Pero, si en Velez le
acogieron sin dificultad, no fue lo mismo en Tunja ni en Santafé,
en donde no aceptaban las pretensiones de Lebrón y deseaban un
gobierno independiente del de Santa-Marta.
Apenas llegó la noticia á oídos de Hernán Pérez, que era hombre
vivo y arrebatado, se disgustó muchísimo, e inmediatamente
comisionó á dos caballeros de toda su confianza, para que se vieran
con Lebrón y le explicasen la situación de aquellos países, que
estaban resueltos á no aceptar la jurisdicción del Gobernador de
Santa-Marta. Los comisionados encontraron á Lebrón todavía en
Vélez, y le dieron con mucha cortesía la bienvenida al Nuevo Reino,
en nombre del Teniente del Adelantado Jiménez de Quesada;
asegurándole en seguida que Hernán Pérez estaba listo " á
obedecer pecho por tierra " las órdenes de la Real
Audiencia de Santo-Domingo, si en el título se expresaba que Lebrón
tenía jurisdicción sobre el Nuevo Reino de Granada; pero que sino
iba en ésta forma el despacho; no dejaría por ningún motivo el
puesto de Teniente General de su hermano el Licenciado Quesada.
Añadieron que, aunque Hernán Pérez viniera en abandonar su empleo,
los demás oficiales del Reino no se lo permitirían sin una orden
expresa del Rey, Contestó Lebrón, también con comedimiento y
atención, que veía que Hernán Pérez partía de un error, y era
pretender que se le hubiesen extendido órdenes expresas para
gobernar lo descubierto y conquistado por Quesada, cuando todas
aquellas tierras pertenecían á la Gobernación de la provincia de
Santa-Marta, en cuyo nombre se habían allanado, y que él, como
Gobernador de dicha provincia, tema el deber de reclamarlo
suyo.
Antonio de Olalla, que fue el que primero dirigió la palabra á
Lebrón, creyó prudentemente que era mejor callar y no entrar en una
disputa tal vez indecorosa, antes de recibir órdenes de su
caudillo. Pero su compañero, que era Juan de Avellaneda,
conquistador de Venezuela y muy impetuoso y violento, exclamó, muy
alterado:
--" Que vuesamerced venga con despachos más que
suficientes y todo lo demás que representa, importa muy poco, si el
título no expresa este Nuevo Reino; y así lo que le podía estar
mejor es no moverse de esta ciudad, ni dar paso adelante, porque
tengo sabido de buena parte que cuantas diligencias intentare para
conseguir el gobierno le han de ser de muy poco
fruto."
--" Eso será,-replicó Lebrón,--si vos y otros de
semejantes caprichos fueseis los consejeros de Hernán Pérez; id con
Dios y válgaos el privilegio de mensajero, que ni yo tengo de
apresurar el paso por lo que digo, ni suspenderlo por lo que decís,
sino proceder de suerte que sin perjuicio del puesto tiente todos
los medios templados antes de poner esta diferencia en las
armas. (3 )
Apresuraron su partida los dos mensajeros, y llegaron en dos
días á Santafé á dar cuenta de lo que decía Lebrón. Hernán Pérez,
que deseaba guardar la paz, mandó otros dos caballeros al tratar
con Lebrón, pero obtuvieron el mismo resultado que los primeros.
Entonces el dicho Pérez mandó suplicar al Gobernador de Santa-Marta
que se sirviera pasar á Tunja, en donde podría presentar sus
despachos al Cabildo, el cual juzgaría, entre los dos, según lo que
mejor conviniera al servicio del Rey.
Lebrón emprendió entonces marcha con dirección á Tunja,
engrosadas las filas de su tropa con los vecinos de Vélez, los
cuales habían resuelto sostenerle en sus pretensiones, yá que le
habían reconocido como su legitimo gobernador. Por junto contaba
con 200 infantes y 100 jinetes, todos bien pertrechados y
municionados. Marchaba aquella gente ( que era un ejército para la
época) en són de guerra, como si atravesase un país enemigo, aunque
los desgraciados naturales estaban enteramente subyugados y
sometidos, al parecer, y no daban señal alguna de vitalidad.
El mismo día que salió Lebrón de Vélez, salía Hernán Pérez de
Santafé con igual número de fuerza, y ambos se dirigían a Tunja.
Como á un cuarto de legua de aquella ciudad se avistaron las dos
tropas, é hicieron alto, aguardando cada cual que el otro rompiera
las hostilidades, ó propusiera arreglos.
Con Lebrón había subido de Santa-Marta, ó se le habían unido en
Vélez, los jefes más experimentados en las conquistas de estas
tierras; á Hernán Pérez acompañaban los capitanes de más valor que
había en el nuevo reino. La situación era por extremo delicada, y
el riesgo se aumentó cuando se vió que las vecinas faldas de
cubrieron de indígenas, que salían de sus pueblos con el objeto
ostensible de ver á los recién llegados ( los cuales eran los
primeros españoles que veían después de los conquistadores de
Quesada), pero sin duda con el secreto propósito de aprovecharse
del combate de los invasores para atacarles y deshacerse de unos y
otros.
Hasta entonces Gonzalo Suárez Rondón no había querido
intervenir en las disputas de Lebrón y Hernán Pérez; pero cuando
tuvo noticia de lo que sucedía, resolvió tomar cartas en un asunto
en un asunto en el que peligraba la existencia de la incipiente
colonia.
Montó, pues, inmediatamente a caballo, y saliendo de Tunja, fue
primero a verse con Hernán Pérez de Quesada, á quien hizo
comprender la necesidad que tenía de obrar con prudencia; y le
obligó á darle su palabra de que no movería pie ni mano hasta que
él no hubiese conferenciado con Lebrón. Pasó en seguida al
compañero del gobernador de Santa-Marta, y después de los primeros
cumplimientos y besamanos del caso, le dirigió la palabra con estas
o semejantes expresiones:
--Presumo, señor, que tendréis noticia de mi persona, y por
consiguiente comprenderéis el móvil que me anima en este caso, que
no es mi conveniencia propia, sino del deseo de servir al Rey. No
dudo que no faltarán malos consejeros que, deseosos de medrar en
una guerra civil, os querrán precipitar á declararla; pero os
suplico que me escuchéis primero.
Después de un momento de pausa continuó:
-- El negocio que os á traído a este Reino no necesita fuego y
hierro para arreglarlo y bueno es que uséis en primer lugar medios
suaves, con los cuales acreditaréis de prudente.
Y como el otro no le contestara:
--Si tendéis la vista, añadió, por esas campiñas, las veréis
cubiertas de enemigos simulados, entre quienes vivimos con las
armas en las manos y el riesgo á los ojos. ¿ Qué pensáis que les
arrastra de sus casas, sino la novedad de nuestra división,
esperando de ella la libertad á que aspiran? Si vencéis, como
aseguran los que os engañan, bien se ve que no será tan sin daño
vuestro, que no perezca la mayor parte de vuestro ejército. La
muchedumbre de aquellos bárbaros no esperaría entonces sino el
remate de la batalla para triunfar a su salvo. ...Y decidme: si así
sucediera, ¿quién podría refrenar la osadía de varias naciones
reunidas? ¿ quién librar las ciudades del saqueo y del incendio, y
reducir las provincias sujetas á nuestro rey y perdidas por nuestra
culpa? Creedme, señor: unidos todos, todavía tenemos riesgo, de
perecer: ¿qué sería si riñésemos?
Y como notase que al fin sus palabras hacían alguna impresión en
el Gobernador, continuó diciendo:
-¿ Y sería posible que siguiéramos aquí el afrentoso ejemplo
que nos han dado en el Perú los Almagros y los Pizarros, entablando
una lucha entre vasallos del mismo rey? Y por último, - y este es
mi argumento más poderoso y que quizás no os han dicho antes,- y es
que hemos mandado poderes al real consejo pidiendo encarecidamente
que se divida este Nuevo Reino, de la provincia de Santa-Marta. Así
pues, si os place ceder esta vez a las exigencias del Teniente de
Quesada, obrareis con saludable prudencia, de manera que cuando
presentéis vuestra queja á la corte, si la presentas, nada os
servirá tanto en vuestro litigio y de mejor título para ser
premiado por nuestro monarca, según vuestros méritos, que el haber
evitado que se alborote la tierra. (4 )
Lebrón, ya más templado con las razones de Rondón, no encontró
respuesta que darle en favor de sus pretensiones, y contestó que
deseaba conferenciar á solas con Hernán Pérez en medio del campo.
Este vino en ello sin dificultad; y señalado el sitio, se
dirigieron á éste los dos caudillos á pie, desarmados y sin más
distintivos que las espadas al cinto, arma que no
&abandonaba la más un caballero de aquellos tiempos.
Después de haber hablado á solas, los dos Jefes resolvieron que
fingirían someterse á la decisión de los Cabildos de Tunja y
Santafé; pero la verdad era que Hernán Pérez se dió sus trazas de
ofrecer á Lebrón un arreglo pecuniario, comprándole á precios
fabulosos los negros esclavos que llevaba ( que fueron los primeros
que vinieron al Nuevo Reino y causaban el mayor asombro á los
Indios), las caballerías, las semillas y mercaderías españolas, lo
cual le dijo que le produciría una cuantiosa suma, capital que le
serviría para retirarse dela vida pública y vivir de sus rentas en
donde quisiese. (5 ) y así
lo hizo Lebrón: aceptó la sentencia adversa á sus pretensiones que
dictaron los Cabildos, y á pocos días regresó á Santa-Marta,
cargado de oro y esmeraldas, y de allí pasó á Santo-Domingo, en
donde acabó su vida, " bien acrecentado de caudal, dice
Piedrahita, y libre de los bajíos en que los gobernadores peligran
con el mando y la codicia."
IV
Una vez arreglado aquel asunto con Lebrón, Hernán Pérez se ocupó
activamente en preparar una expedición en buscdel Dorado, de que
tánto hablaban los expedicionarios de Federmann y los de
Belalcázar.
Pero con el Objeto de no dejar atrás ningún peligro de
alzamiento de los naturales, resolvió mandar matar al último Zaque
de Tunja y á varios capitanes y caciques de los Indios, que se
decía tomaban una conspiración para sublevarse. Aquímenzaque era
joven, inteligente, y se había convertido sinceramente al
cristianismo, según dicen los cronistas; pero su persona era
grandemente respetada por sus súbditos, de manera que Hernán Pérez
vivía temiendo que lograran al fin unirse bajo las órdenes del
Zaque, y si atacaban todos juntos á los Españoles, sin duda
acabarían fácilmente con éstos.
La historia no dice si Gonzalo Suárez Rondón favoreció ó
aconsejó aquel crimen de lesa-humanidad; es posible que no fuera
culpado, pues no se registra de él ninguna acción cruel, ni ,su
nombre suena en la desapiadada hazaña de Hernán Pérez ; pero
tampoco mencionan los cronistas el nombre de Rondón con el de los
Capitanes Olalla y Venegas, que intercedieron por los míseros
indígenas para que no les diesen muerte, y aunque sus suplicas
fueron vanas, la historia les honra por los esfuerzos que
hicieron.
Una vez quitado aquel riesgo, Hernán Pérez se puso en marcha por
la vía de los llanos, y dejó como Gobernador interino á Gonzalo
Suárez Rondón, á quien le tocaba, por ser justicia mayor del Nuevo
Reino de Granada.
Subyugados por completo y profundamente afligidos con la muerte
de sus caciques y caudillos, los indígenas parecían resueltos á
guardar paz duradera; pero la rapacidad de uno de los encomenderos
de Tunja les exaspero tánto, que todas las tribus de la provincia
se sublevaron de repente, á poco de haber partido Hernán Pérez. ¿
Acaso la acusación que se le hizo al Zaque tendría un fondo de
verdad, y sería cierto que tenía yá tramada la conjuración contra
los españoles cuando le mataron? Algunos de sus propios súbditos le
acusaban, pero generalmente se ha pensado que aquello no era sino
un pretexto de Hernán Pérez para llevar á cabo su proyecto, y que
sus acusaciones eran simuladas. '¿y qué sabemos si con aquella
cruel acción los Españoles no hicieron sino defenderse? Es cierto
que nos conmueven hondamente las desgracias de los dueños de la
tierra; mas siempre, en todos los tiempos y en todas las épocas,
los invasores y conquistadores han cometido actos sanguinarios,
cuando es cosa averiguada que la vía de la clemencia es mucho más
segura que la de la fuerza brutal. ¿Pero qué entendían de
misericordia ni de paciencia aquellos fieros conquistadores? Ellos
se defendían como podían, y derramaban sangre, porque creían ser
esa la única manera de hacerse temer y respetar.
Rondón sin embargo, era muy astuto, y creyó ganar más partido
entrando en arreglos con los caciques más poderosos que atacándoles
con las armas en la mano. Una vez que notó que la sublevación era
tan general que pocos pueblos habían permanecido fieles a los
Españoles en toda la provincia de Tunja, envió primero uno de sus
más valiente Jefes al Cacique de Ocabitá, el cual se presentó
desarmado en el campamento indígena, y habló al Cacique con tánta
dulzura y benevolencia, que éste se rindió con la condición de que
no se trataría de vengar la muerte del encomendero que había sido
asesinado (6 ) por los
indios en castigo de su rapacidad, y que en adelante mandarían
encomenderos, que se contentaran con tributos moderados y fuesen
menos codiciosos. Con esto quedó pactada la paz, y tras del de
Ocabitá se entregaron los demás sublevados de la provincia de
Tunja, la cual se sometió desde entonces y para siempre al yugo
español.
Gobernaba Gonzalo Suárez, según parece, á contentamiento de
muchos, aunque se manifestara enemigo de conquistas sanguinarias; y
cuando trabajaba para que adelantase la colonia que se le había
encomendado, tuvo noticia, al empezar el año de 1543, que subía al
Nuevo Reino otro Gobernador, nombrado, expresamente por el Rey, y
cuya autoridad era tan legítima que no se le podía negar
obediencia. Venían con éste algunos conquistadores que habían
bajado á la Costa por estar descontentos con el gobierno de Rondón,
según refiere Piedrahita, aunque este historiador no dice el
motivo. Seguramente el descontento consistiría en que les impidiera
cometer injusticias con los indígenas de sus encomiendas; pues,
como hemos dicho, Gonzalo Suárez no tiene sobre su nombre mancha
ninguna de crueldad: era un verdadero caballero, y siempre
manifestó en sus actos una patente nobleza de hidalgo.
El nuevo Gobernador era nada menos que el competidor de Quesada,
el tipo más completo del ambicioso de mala ley, que no se paraba
Jamás en medios para tratar de lucrar y contentar su desmedida
pasión de oro é insaciable codicia. Don Luis Alonso de Lugo traía
una lucida expedición de España, abundantes mercaderías y frutos
europeos, caballerías, y ganado vacuno, todo lo cual le produjo
una fortuna, á pesar de haber perdido gran parte de ella en un
viaje muy largo y penosísimo. Apenas tuvo noticia Rondón de que se
acercaban compatriotas por medio de los cerros que demoran del otro
lado del Opón, y que venían muertos de hambre y enfermedades,
después de un año de marcha por los lugares mas agrios y
desapacibles de la serranía, cuando inmediatamente mandó baquianos
á que les llevasen recursos y guías para que les señalasen los
caminos. Por toda la vía, --dice Piedrahita,--hizo que levantasen
chozas en que se hospedasen los viandantes, en donde encontraban
mesas abastecidas con los mejores alimentos de la tierra : venados,
conejos, tórtolas y perdices, grande abundancia de pan de maíz, de
yucas y batatas para los soldados, y bizcochos de trigo para el
Adelantado Lugo y gente lustrosa" que, venía con él,
a quienes, entre otras delicadezas, agrado mucho hallar jamones tan
buenos como los de España, hechos en Tunja y Santafé.(7 )
Llego Lugo á Velez con treinta caballos de los doscientos con
que había emprendido marcha, y setenta y cinco soldados de los
trescientos que tenía al empezar la jornada: ¡ tánto habían sufrido
en el camino!
Rondón fué á recibirle personalmente con señales de
consideración y cariño, en memoria de su padre, D. Pedro Fernández
de Lugo, bajo cuyas ordenes habían militado juntos en la
Gobernación de Santa-Marta. Entrególe además el mando del Nuevo
Reino, y todos los Capitanes le hicieron pleito homenaje como al
representante del Rey de España.
Pero no convenía á Lugo que aquellos conquistadores le
considerasen amigo suyo, pues su intención era arrancarles cuanto
habían ganado en los años que habían pasado en aquel Nuevo Reino;
así fué que rechazó con semblante severo y altivo los amables
ofrecimientos y atenciones de los que le salieron a recibir; y
como éstos le manifestaron su sorpresa y disgusto, él fingió llegar
muy enojado con las noticias que habían recibido de su conducta y
del manejo cruel que habían tenido para con los indígenas.
Apenas se posesionó del mando el Adelantado, mandó levantar
sumarios contra los Conquistadores, anuló los repartimientos de
encomiendas que los Quesadas habían hecho, y declaró "que
tomaba posesión de todas ellas mientras no se hiciesen nuevos
repartos. Sabiendo que Gonzalo Suárez poseía grande influencia en
el país y era el más rico de todos los Conquistadores, le mando
prender y encadenar, y con él a todos sus amigos y parciales,
contra quienes fulminó procesos y causas criminales.
Apremiado por sus compañeros para que procurase poner algún
alivio a sus desgracias; yá que su orgullo no le permitía hacer
esfuerzos para defenderse, Gonzalo Suárez al fin hizo saber á Lugo
que si continuaba en sus tropelías, le podían costar caro, porque
no faltarían amigos en España que Pusiesen quejas de su conducta
ante Carlos V, y que no creyesen que los conquistadores estaban tan
desamparados de parientes, que algunos de ellos no tuviesen en la
corte personas que fácilmente se hiciesen oír del Rey. Además,
Rondón dispuso que Lugo tuviese conocimiento de una real cédula que
Gonzalo Jiménez de Quesada había obtenido del Emperador, en la cual
ordenaba que ninguno de los Gobernadores que pasen á Indias
despojase á los Conquistadores de sus primeros repartimientos.
Semejantes amenazas enfurecieron á Lugo sobremanera, y aunque
aquello le obligó á reportarse en sus actos contra algunos de los
Conquistadores, arreció su enemistad hacia Rondón y resolvió
perseguirle hasta dejarle en la miseria: mandó rematar todos sus
bienes, y arbitrariamente puso en tormento á su cuñado Pedro de
Loaysa; casado con doña María Suárez Rondón (8 ), á quien apretó tánto en el tormento, que al
fin dijo y declaró cuanto les dañaba.
Entre los tesoros que poseía Rondón los cronistas mencionan una
esmeralda tan grande como un pomo de espada, de la cual se apoderó
el Adelantado, y se aseguró que era la más bella de cuantas tenían
los Indios. ¿ Qué fué de ella? ¿En dónde ha venido á parar? Quizás
se hallará entre los tesoros del Rey de Sajonia en el museo de
Dresden, en donde se señala una colección de hermosísimas
esmeraldas regaladas por un rey de España á aquel monarca.
Probablemente Lugo dispondría de las mejores joyas que arrancó á
los Conquistadores, á su regreso á la Corte, y las más valiosas
llegarían á manos del Emperador. Sería curioso conocer las
vicisitudes de aquélla famosa esmeralda, desde que los indígenas la
arrancaron de la tierra hasta el día de hoy.
Lugo mantuvo en prisiones al Conquistador de Tunja durante nueve
meses, y aunque le había quitado cuanto poseía, le obligaba á pagar
treinta pesos de oro diarios para obtener algunas comodidades! Al
fin, cuando comprendió que Rondón yá no poseía nada propio, ni sus
parientes y amigos tenían más que prestarle, resolvió abrirle las
puertas de la cárcel y ponerle en libertad. Deseaba verle pobre y
humillado y gozarse en su miseria, para vengarse de las amenazas
que contra él había proferido. Lugo no era hombre sanguinario
naturalmente, y atormentaba á los que poseían bienes, de fortuna
sólo con el objeto de quitarles lo que tenían, en provecho
propio.
V
Entre tanto Hernán Vélez de Quesada había regresado del
desdichado viaje que hizo en busca del ilusorio Dorado, y habiendo
salido hasta la provincia de los Pastos y encontrándose con un
hermano menor, Francisco (9
), volvió con éste al Nuevo Reino al promediar el año de 1543.
Apenas tuvo noticia Lugo del arribo de los Quesadas, cuando les
mandó encarcelar y seguir causa criminal, como había hecho con los
otros Conquistadores. Pero éstos, menos sufridos que Rondón,
movieron todas sus influencias y levantaron declaraciones secretas
contra Lugo, las cuales lograron mandar á España subrepticiamente
con algunos Oficiales reales, á quienes Lugo había tratado de
atropellar para arrancarles los
|quintos del rey que ellos
custodiaban.
El Adelantado tuvo, sin embargo, noticia de aquel hecho, y como
no se atreviera á vengarse públicamente en los Quesadas, que eran
muy respetados y queridos en la Colonia, permitió que sus parciales
dieran muerte dentro de la cárcel á un desgraciado escribano que se
había prestado á dar testimonio contra él, aunque aseguró no haber
dado orden alguna de que le matasen. En seguida resolvió abandonar
su gobernación y pasar á la Corte, con el objeto de llegar
inmediatamente después de los que llevaban las declaraciones contra
él. Tenia seguridad de poder cohechar, con los inmensos caudales
que llevaba consigo, á cuantos jueces trataran de juzgarle, y con
el fruto de sus robos escandalosos hacerse de amigos é influencias
en la Corte, de manera que no permitiesen llegar el eco de las
quejas de los colonos á oídos del Emperador.
Pero antes de partir desterró del Nuevo Reino á los Quesadas y
les obligó á que saliesen de él inmediatamente, y además, para no
dejar ningún enemigo influyente atrás, aprehendió de nuevo á
Rondón, y aherrojado, le hizo meter en un bergantín en el Magdalena
y bajar en su compañía hasta Santa-Marta. Según Piedrahita, Lugo
tenía esperanzas de que el conquistador de Tunja perdería la vida
en aquel penosísimo viaje, por climas malsanos y careciendo hasta
de las menores comodidades; pero no lo logró, si esa fué su
intención, pues éste llegó á Santa-Marta sin novedad alguna, yá
entrado el año de 1545. En aquel puerto Lugo compró un buen navío
para embarcar sus tesoros, y aun no satisfecho con sus riquezas fué
costeando por las orillas del mar, llevando consigo á su
prisionero, en solicitud de las pesquerías de perlas, y
apoderándose de cuantas halló á mano durante el tránsito.
Pero la suerte no le fué siempre igualmente propicia. Habiendo
llegado al Cabo-de-la-Vela, en donde había un pequeño caserío en
aquel tiempo, supieron los vecinos del lugar que llevaba preso á
Rondón, á quien conocían y estimaban mucho, y resolvieron hacerle
soltar la presa. Arremetieron, pues, una madrugada a Lugo, armados
con lo que pudieron hallar á mano, y pidieron al Adelantado que
soltare al preso. Como aquel se negase á ello, los amigos de Rondón
quitaron el timón y las velas al buque é hicieron saltar á tierra á
la tripulación. Asustado Lugo con aquello y temiendo perder sus
tesoros, no solamente Puso en libertad al Fundador de Tunja, sino
que devolvió, como se lo exigieron, las perlas pertenecientes á las
arcas reales que había salteado, en cambio del timón y demás
arreos que le habían quitado, y embarcándose apresuradamente con
sus marineros, se hizo á la vela con dirección á la isla Española,
en donde pensaba hacer escala antes de seguir para Europa. (10)
En el Cabo-de-la-Vela Rondón encontró al Obispo de Santa-Marta,
Fray Martín de Calatayud ( que aguardaba allí una embarcación para
ir á su Diócesis), el cual acogió con mucho cariño, le llevó á su
posada y le proporcionó recursos, que yá no tenía ninguno el antes
poderoso conquistador de Tunja. Cuenta el cronista Castellanos
(aunque ningún otro historiador refiere el lance) que estando en el
Cabo-de-la-Vela nuestro conquistador; aguardando una embarcación
para pasar á Cartagena á pedir justicia al Visitador Armendáriz que
acababa de llegar a aquel puerto, los vecinos se le acercaron
llenos de pavor á decirle que se aproximaban á aquel punto las
embarcaciones de un pirata francés que el año anterior había
cometido mil crueldades en" esas costas. Como aquel
miserable caserío no tenía armas con qué defenderse, ni fortaleza
en donde guarecerse, empezaban los vecinos á poner pies en
polvorosa, cuando Rondón les detuvo, diciéndoles que él se daría
sus trazas para impedir que los piratas les hiciesen mal alguno.
Aseguróles que no tocarían el tan pobre caserío, sino para hacerse
de agua y recoger las perlas que pudieran, y que de seguro los
principales buques continuarían su marcha, enviando al
Cabo-de-la-Vela apenas algún barco de menor tamaño pobremente
tripulado. El desalentar á éste, dijo, no sería muy difícil
empresa; así, pues, juntó prontamente los pocos Españoles que había
en el lugar, que apenas alcanzaban á sesenta; á veinte de éstos
hizo montar á caballo y les desplegó sobre la playa, los de
adelante bien armados, y los otros llevando en las manos algunas
adargas viejas que de lejos parecían sanas. Reunió, además, á los
Indios y á los negros de la granjería, que llegaban hasta
trescientos cincuenta, á los cuales puso en actitud de batalla con
arcos y flechas unos, y otros armados con varas largas que podían
parecer lanzas, y aguardó á que se acercase la carabela, que los
piratas habían destacado de la flotilla.
Sucedió como lo había pensado nuestro Conquistador. No bien
hubieron notado los piratas que iban en la embarcación los aprestos
bélicos de los habitantes del Cabo-de-la-Vela, cuando se detuvieron
al entrar en el puerto, y después de consultarse entre sí izaron
bandera blanca. Rondón contestó de la misma manera, y ocultando
detrás de las casas á los que no estaban bien armados se adelantó
con los demás á recibir á los piratas, á quienes sin duda hablaría
en su lengua, pues debió de haberla aprendido en los largos años
que militó en los ejércitos del Emperador, visitando gran parte de
Europa. Después de una corta conferencia con el caudino de los
Franceses, permitió que saltasen á tierra algunos de los piratas
(cambiando rehenes), con el objeto de que negociasen con los
pobladores del lugar las mercaderías extranjeras que llevaban, por
las perlas y alimentos que necesitaban, y al cabo de algunas horas
de permanencia en tierra, sin hacer daño alguno, los piratas se
volvieron á embarcar y fueron á incorporarse en la flotilla que
hacía rumbo hacia las otras colonias españolas, en donde cometieron
toda suerte de maldades y robos.
De esta manera Suárez Rondón salvó de la ruina y quizás dé la
muerte á aquella población que le había amparado y acogido en su
desgracia, de lo cual quedaron sumamente agradecidos sus pobladores
y pasmados de su astucia y conocimiento del mundo.
Pocos días después de aquel acontecimiento aportó al
Cabo-de-la-Vela, á tomar agua la nave
|Capitana que enviaba
en vía para Cartagena, la Audiencia de Santo Domingo con los
desterrados por el Adelantado Lugo, entre los cuales iban los dos
hermanos de Quesada, á quienes se les había alzado la injusta
sentencia.
Holgóse mucho Gonzalo Suárez cuando se encontró con sus dos
amigos Hernán Pérez y Francisco Quesada, los cuales ofrecieron
llevarle á él y al Obispo á Cartagena y á Santa-Marta en la
embarcación en que iban. Pero sucedió, para su desgracia, que
cuando quisieron hacerse á la vela, los vientos eran contrarios, y
fué preciso aguardar en el puerto á que cambiasen.
Estando una tarde todos los pasajeros reunidos sobre cubierta en
la
|Capitana, jugando alegremente á los naipes, empezó á
nublarse el tiempo, oscurecióse el horizonte, y la mar se hinchaba
y suspiraba como si adivinase que se preparaba una tormenta. Los
jugadores veían ya imperfectamente los naipes, y tenían que
agacharse para distinguirlos, cuando de repente sin previo anuncio,
rasgó el aire un terrible rayo que dejó ofuscada y aturdida á toda
la tripulación con el estruendo. ... Cuando los sanos volvieron en
sí, hallaron muertos á los dos hermanos Quesadas, rota una pierna á
Rondón y herido en un brazo al Obispo; además, muerto un General
Archuleta y dos marineros de la tripulación.
Yá se puede imaginar cuál no sería la consternación de los
circunstantes con tan espantable suceso. Desembarcaron á los
muertos con grandes demostraciones de dolor, dice Piedrahita, y les
dieron honrosa sepultura en aquel triste caserío, y en seguida, yá
con buen viento, continuó su viaje la
|Capitana, llegando
pocos días después á Cartagena (no sin haber dejado al Obispo en
Santa-Marta ), en donde Rondón se presentó á Armendáriz á pedir
justicia, súplicándole revelara las sentencias fulminadas por él
Adelantado Lugo y que se le devolvieran sus bienes injustamente
embargados.
Armendáriz envió inmediatamente á Santafé á un joven sobrino
suyo, Pedro de Ursúa, el cual se ocupó activamente en reparar el
mal hecho por Lugo ; y Suárez Rondón no solamente recuperó todos
sus bienes en el Nuevo Reino, sino que, habiendo puesto pleito á.
Lugo en España, logró que éste le devolviese algo de los muchos
tesoros que le había tomado violentamente.
Sin duda nuestro Conquistador vivió desde entonces hasta su
muerte, acaecida largos años después, entregado á los goces de su
hogar y á la administración de las cuantiosas haciendas que tenía
en Tunja, pues no volvemos á tropezar con su nombre en las crónicas
contemporáneas sino una vez, que fué cuando se temió que el tirano
Aguirre invadiese el Nuevo Reino. Entonces se dijo que había
levantado una fuerza en Tunja, á cuya cabeza iba á ponerse para
atajar la marcha de Aguirre, cuando se supo que éste habla sido
muerto en el Tocuyo en 1561.
Gonzalo Suárez Rondón murió en Septiembre de 1579, en el mismo
año que su caudillo Jiménez de Quesada. En su testamento del 14 de
dicho mes, declaró que dejaba cuatro banderas y estandartes muy
ricos que había traído de España, y otros pendones y estandartes,
para que los pusiesen en la capilla que edificó en la iglesia
parroquial de Tunja para su sepulcro, con rica capellanía de misas
para el bien de su alma. Los estandartes debían sacarse en memoria
suya todos los años, en la procesión del Corpus y reponerse cuando
se acabaran... Aquellos hombres heroicos tenían tan firme creencia
en lo porvenir, que mandaban desde su tumba y al través de los
siglos que se diera culto á la divinidad en su nombre, y si ellos
morían querían que su supiese que su FE vivía en sus herederos!
Rondón dejó de su matrimonio dos hijos: Miguel y Nicolás, y dos
hijas: Marta é Isabel. Miguel duró muchos años casado y no dejó
sucesión; el segundo tuvo dos hijos varones que murieron solteros;
una de sus hijas fue monja en la concepción de Tunja, y la otra
casó con un Cristóbal Núñez de la Cerda. Así, pues, según el
nobiliario de Ocaríz, Rondón no dejó hijos legítimos de su nombre
en el Nuevo Reino de Granada, ni hay quien realmente lleve sangre
suya en sus venas.
Este conquistador es uno de los pocos cuyo nombre jamás fue
manchado con sangre inocente, y su memoria debe guardarse como la
del tipo del caballero digno de los más honrosos recuerdos.
|
(1 )
|
Otra sería la orden de caballería que le concedió don Sancho,
porque, aunque pese á la tradición. los caballeros de la Banda no
fueron instituidos sino en 1330 por don Alfonso XI de
Castilla.
|
|
(2 )
|
" Diéronle privilegios para sí, sus hijos, nietos,
biznietos y sus herederos que de él viniesen y á sus amos y amas (
que son ayos y nutrices ó madres de pecho), mayordomos, caseros,
vaqueros, porquerizos, boyeros, criados y otros sus paniaguados,
librándoles de todos pechos (tributos) y á las heredades que tenía,
para que ellos no corten ni carguen leña contra su
voluntad," &c--NOBILIARIO de Ocariz--Arbol
tercero.
|
|
(3 )
|
Piedrahita--Parte I.--Libr. VIII,--Cap.VI.Pág. 334.
|
|
(4 )
|
Véase Piedrahita-Parte l.a-Lib. VIll-Cap. VI
|
|
(5 )
|
Rodríguez Fresle --CONQUISTA y DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO
REINO.
|
|
(6 )
|
Mateo Sánchez Cogolludo.
|
|
(7 )
|
Yá para entonces se habían propagado y abundaban los cerdos que
había introducido Belalcázar en el Nuevo Reino, en 1539.
|
|
(8 )
|
Cariz la llama
|María y Piedrahita
|Catalina. Pedro
Vásquez de Loaysa fué conquistador de los de Belalcázar, soldado de
Arias Maldonado. Era natural de Málaga, y no se sabe si cuando vino
al Nuevo Reino yá era casado con la hermana de Rondón, ó si se
enlazó con ella cuando el conquistador de Tunja trajo al Nuevo
Reino á su familia.
|
|
(9 )
|
Francisco Quesada, hermano de Gonzalo y de Hernán Pérez de
Quesada, había pasado al Perú con Almagro; pero, sin duda, poco
había ganado en aquellas conquistas cuando se unió á la desastrosa
expedición de su hermano y regresó con éste al Nuevo Reino de
Granada.
|
|
(10)
|
Piedrahita.Pág. 421.
|
|