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RODRIGO DE BASTIDAS
(Fundador de Santa-Marta)
I
Corría el año de 1525 cuando el 29 de, Julio arribaron, con
tiempo bonancible y sereno; cuatro bájeles bien armados y
tripulados con quinientos hombres, á una no explorada bahía de
Tierra-Firme que nombraron Santa-Marta, por haber llegado á ella el
día en que se celebra la fiesta de esta santa. En aquella
hermosísima ensenada se goza de un mar de leche, dice
Don Antonio Julián (1 ) "dulce pacífico, que nunca se
alborota, que ningún viento perturba, ni da incomodidad á los
barcos que en él dan fondo. Mide de ancho más de media legua, y su
longitud, de sur a norte, es de cerca de legua y media. Está
defendida á la entrada del puerto por un islote que llaman Morro,
en el cual hoy día se encuentra la fortaleza que protege el
paso.
El jefe de la expedición que entró en la bahía de Santa-marta en
aquella ocasión era Rodrigo de Bastidas (2 ). Era natural de Sevilla y
notario de aquella ciudad, de nacimiento limpio, y gozaba de una
buena posición en su patria cuando, contagiado por la fiebre de oro
que reinaba en toda la península, y picado por el amor a las
aventuras, del cual no escapaba ningún español de la época, habíale
entrado la tentación, como a tantos otros, de emprender un viaje de
exploración de las costas de Tierra-Firme(3 ). Fletó, pues, en 1501 dos
carabelas, llevando como piloto a Juan de la Cosa, y entre la
tripulación á Vasco Núñez de Balboa. Recorrió con más ó menos buen
éxito toda la costa de Tierra- Firme, desde el cabo de la Vela
hasta el istmo de Panamá. Tocóle, pues, descubrir todo el litoral
de Colombia hasta el punto á donde llegó Colón en el año de 1503.
De paso por aquellas costas había notado particularmente la hermosa
bahía que después llamó Santa-Marta. También en ese primer viaje
descubrió la desembocadura del río que bautizó con el nombre de la
Magdalena, por haber estado en peligro de naufragar el día de
aquella Santa, en los remolinos que forman las aguas del río al
arrojarse en el Océano.
Habiéndose detenido en el puerto llamado después Nombre-de-Dios,
notó que sus embarcaciones estaban comidas de la broma, y como el
viaje había sido venturoso hasta entonces (llevaba muchas perlas y
oro), resolvió pasar á la Española á carenar sus buques; pero
naufragaron en sus costas, y salvando con dificultad lo más
precioso que llevaban, se dirigían á la capital de la isla, cuando
Francisco de Bovadilla, el perseguidor de Colón, le mandó
aprehender, le quitó una parte del oro que había rescatado, y le
remitió en prisiones a España, á donde llegó en 1502. Allí no sólo
fué puesto en libertad Bastidas, y recuperó una parte de sus
bienes, sino que el Rey le señaló una pensión vitalicia, que se
tomaría de los productos que dieran á su corona las tierras
descubiertas por él.
¿Qué fué de Rodrigo de Bastidas durante 1015 siguientes veinte
años ? Los cronistas contemporáneos no lo dicen, ni su nombre se
encuentra en los anales de la conquista, sino yá en 1521, época en
que le encontramos en la Corte pidiendo licencia para fundar una
colonia en Tierra-Firme. Castellanos dice que Bastidas vivía en la
Española, en donde habia ganado una fortuna; (4 ) pero, sin duda, perdería una
parte de ella, cuando siendo yá de edad avanzada, acometió
nuevamente una empresa tan aventurada como la que le
llevaba á Santa-Marta en Julio de 1525.
Los naturales de aquellas costas eran por extremo belicosos,
usaban flechas envenenadas ( que era lo que más temían los
Españoles), andaban parcialmente vestidos con mantas de algodón que
fabricaban y teñían ellos mismos, se mantenían con raíces, maíz y
frutas, pero no comían carne, y lo que más llamaba la atención de
los conquistadores era que enterraban á sus muertos muy adornados
con joyuelas de oro. Los indígenas odiaban á los invasores, porque
desde que fué descubierto aquel país se habla vista continuamente
asaltado por piratas, quienes; no sólo se robaban el oro que
encontraban, sino que se llevaban los indios en cautiverio para
venderles como esclavos.
Apenas hubo desembarcado nuestro conquistador, cuando se ocupó
en explorar la tierra con el objeto de escoger un sitio propio para
fundar una población. Encontrólo como lo deseaba, en las orillas de
un cristalino río que llamaron Manzanares, cuyas arboledas
agradaban la vista y daban sanidad al clima. Santa-Marta era
considerada en los primeros siglos de la conquista como uno de los
climas más sanos de Tierra- Firme. Además, notaron que templaban el
calor de la temperatura las brisas de que se gozaba á ciertas horas
del día, y que bajaban frescas y puras de las nevadas serranías que
veían a sus espaldas como un semicírculo de bruñida plata.
Bastidas, que no iba en calidad de descubridor, sino en la de
conquistador y colonizador, llevaba cuenta labradores y artesanos,
hombres pacíficos, algunos con sus mujeres, que debían constituir
el núcleo en torno del cual se formaría, la colonia; además, le
acompañaban algunos religiosos que habían de fundar iglesia en la
población española y salir á la vecindad á catequizar los
naturales.
Santa-Marta fué la segunda ciudad fundada resueltamente como
punto de donde la civilización debía irradiar en las comarcas
circunvecinas, (1*) y Rodrigo de Bastidas era el hombre llamado
á cristianizar á los aborígenes, porque su conducta fué siempre
suave y cristiana para con ellos. Deseoso de evitar, en lo posible,
entrar en guerra con los indígenas, usó de un lenguaje cortés y del
halago de obsequios que les envió, sin exigirles retorno para
pedirles su alianza y amistad. Sorprendidos éstos con tal conducta,
rara vez vista entre los invasores, en breve vinieron en lo que
deseaba Bastidas, los Gairas, Tagangas y Dorsinos, que vivían en
los contornos de la bahía y en las tierras vecinas.
Decretó el Gobernador que los Españoles no debían tener esclavos
indígenas, y prohibió que les hiciesen trabajar contra su voluntad;
así fué que para labrar las casas y la fortaleza tuvieron los
europeos que ir personalmente á los bosques á tumbar árboles,
llevar en hombros las maderas que se necesitaban, y trabajar en
todos los oficios que en otras partes estaban enseñados á que los
hiciesen los naturales. Quejáronse los Españoles de aquel decreto
por parecerles injusto, pero Bastidas les mostró las órdenes que
tenía del Gobierno real, las cuales mandaban expresamente que se
mantuviese contentos á los indígenas comarcanos, á quienes se debía
atraer á la fe cristiana con buenos procederes, y que de ninguna
manera les tomasen como esclavos. Estas Órdenes, acabó por
decir, son las mismas para todos los encargados de poblar en
Indias, y si otros no las cumplen, hacen mal, y van contra la
voluntad de nuestros Soberanos." Sin embargo, para tener
contentos á los soldados, Bastidas penetró en la tierra adentro.
Caminaba por aquellos países con su tropa, no robando las
sementeras ni asaltando las habitaciones indígenas, sino rescatando
pacíficamente lo que necesitaba, en cambio de las baratijas que
llevaba para el caso. Pero habiéndole salido á atajar el paso el
señor de los Bondas, Bastidas le declaró la guerra y le atacó y
venció completamente, volviendo á la ciudad con una buena presa de
oro, que rehusó distribuir entre todos hasta no sacar primero los
gastos de la expedición y el quinto del Rey. Este procedimiento,
junto con la necesidad que tenían todos de trabajar personalmente y
una epidemia de disentería que les atacó, de resultas de los
comestibles europeos dañados Con que se mantenían, produjo un
descontento general entre la tropa de aventureros, los que sólo
pensaban en lucrar y desdeñaban toda ley justa y humanitaria.
Entre aquella gente (mucha de la cual resultó después maestra en
el arte de la guerra con los indios) se encontraba en primera línea
un joven, natural de Ecija, llamado Juan de Villafuerte, a quien el
Gobernador consideraba y quería mucho, llamándole
|hijo suyo,
y á quien nombró su Teniente-general. Por Maestre de campo tenía á
Rodrigo Álvarez Palomino, hombre de experiencia, que se había
hallado en la, conquista de Méjico.
Entre los oficiales superiores se contaban dos portugueses que
fueron muy afamados después: Antonio Díaz Cardoso y .Alonso Martín,
y un hijo de Burgos que se hizo notable, llamado Juan de San-
Martín. Santa-Marta fue un fértil almácigo de conquistadores que
subieron después á las altas mesetas del Nuevo Reino de Granada por
tres lados distintos. Algunos pasaron de allí á Venezuela y
llegaron a la sabana de Bogotá con Federmann; otros, habiendo
abandonado á Santa-Marta, en busca de mayores riquezas en el Perú,
se engancharon, con Belalcázar y vinieron en busca de Cundinamarca,
á encontrarse con los que salieron directamente de la ciudad con el
conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada.
II
Como dijimo antes, la nunca vista humanidad de Bastidas con los
indígenas, unida á otros motivos de descontento, lo hizo crecer
tánto entre algunos de los colonos, que no se había pasado un año
desde que el Gobernador hubo desembarcado en Santa-Marta, cuando yá
gran número de los samarios hacían votos para que Dios le quitara
de enmedio. El más descontento de todos era Juan de Villafuerte,
quien, atenido al carño que le profesaba Bastidas, se enfurecía
cuando éste no le permitía apoderarse de las arcas del Gobernador
ni maltratar á los naturales; por lo que resolvió tramar una
conspiración para quitar la vida á su protector. Encontró poca
disposición, empero, entre la tropa para cometer tamaña traición, y
sólo nueve hombres se prestaron á ayudarle: seis oficiales y tres
soldados. Los nombres de aquellos mal vados se deben conservar para
baldón eterno: fueron, además de Villafuerte, Martín de Roa,
:Montesinos de Lebrija, Pedro de Porras, un Montalvo, un Samaniego,
un Serna y tres soldados oscuros cuyos nombres no mencionan los
cronistas.
Aprovecháronse de que Bastidas estaba enfermo en cama y solo en
su aposento, para penetrar en la casa. Villafuerte tomó la
delantera y acercóse á la cama del Gobernador, pronunciando algunas
expresiones descomedidas, mientras que daba tiempo á que rodearan
los suyos el lecho del doliente, y al momento levantó la mano y le
hundió tres veces el puñal en el pecho. Pero al ruido del tropel de
gente que entraba á deshoras en el aposento del Gobernador, y á los
gritos de éste pidiendo socorro, entró precipitadamente Álvarez de
Palomino, y con un montante (2*) defendió á su jefe valerosamente de los
conjurados, que trataban de rematarle mientras llegaban los criados
y sostenedores del Gobernador, á quienes Palomino ordenó que
apresasen a esos malvados. Pero estaban casi todos tan débiles y
enfermos, que no acertaron á impedir que huyesen los asesinos, los
cuales salieron de la población y se fueron á refugiar en el fondo
de los bosques.
Sin duda Villafuerte había contado con que, una vez muerto el
Gobernador, él, como segundo en el mando, sería aclamado jefe; pero
(como sucede siempre á los criminales) no había pensado en que
Bastidas no moriría en el acto, ni que su acción fuese recibida con
indignación por todos los colonos. El moribundo Gobernador
(aconsejado por los que, si no deseaban su muerte, al menos le
querían ver en donde no les hiciese estorbo para sus conquistas
entre los indígenas) se embarcó en un bergantín surto en el puerto,
en vía para Santo-Domingo, en donde podría curarse las heridas
mejor que en Santa-Marta. Antes de partir nombró por su Teniente,
para que gobernase en su lugar, á Álvarez de Palomino, de quien
estaba muy agradecido por su oportuno auxilio.
El bergantín que llevaba á la Española al mísero Gobernador, iba
comandado por un Alonso Miguel, el cual fué á dar a Cuba, en lugar
de Santo-Domingo, allí le hizo desembarcar. Gobernaba la isla de
Cuba Gonzalo de Guzmán, con quien Bastidas había tenido disgustos,
y temió que le recibiese mal; pero no fué así: Guzmán le acogió con
la mayor estimación, le llevó á su casa y le cuidó como á un
hermano, haciéndole cuantos remedios pudo en semejantes sitios tan
apartados del mundo civilizado. Se dijo entonces que Alonso Miguel
había torcido el camino hacia Cuba, en lugar de proseguir á la
Española, por indicación de Palomino, quien deseaba empeorase sin
recursos el Gobernador, para mandar él mismo en su lugar, ó que
Guzmán le tratase como á enemigo, y le causase la muerte la
tardanza en la curación de las heridas.
Sea como fuere, si así lo deseaba Palomino, consiguió lo que
quería, porque, no por falta de cuidados, pero sí á consecuencia
del clima, se envenenaron las heridas del Gobernador, y fué
empeorando hasta morir doce días después de haber salido de
Santa-Marta. Sin duda su edad yá avanzada, complicada con los
trabajos que había sufrido, y la pena moral ocasionada por la vil
traición y crueldad de Villafuerte, á quien él había distinguido,
contribuyeron á entristecerle y causarle por timo la muerte, que el
hombre á todo se acostumbra fácilmente, mas no á la ingratitud de
los que ama. (3*) Todos los cronistas é historiadores que han
escrito acerca de Bastidas, le califican de hombre de singulares
prendas humanitarias, siendo á la verdad el primer mártir de la
fraternidad cristiana que registran los anales de Colombia.
Entre tanto ¿qué había sido de los conjurados? Habiendo reñido
Villafuerte con Pedro de Porras, cada cual tomó diferente camino,
seguidos por algunos de sus cómplices. Las dos partidas anduvieron
prófugas por enmedio de las selvas, sin atreverse á entrar en los
caseríos indígenas, sustentándose trabajosamente con raíces y
frutas agrestes... Villafuerte, al fin, desesperado con tantas
penalidades, volvió secretamente á Santa-Marta á tomar lenguas;
pero su cobarde acción no había sido aprobada por ninguno en la
Gobernación: así fue que no faltó quién le denunciara á Palomino;
éste le puso preso y le envió en primera opción a que le juzgasen
en Santo-Domingo, con algunos de los cómplices, que logró también
cautivar en los contornos de la ciudad. Villafuerte llegó la
Española casi al mismo tiempo que Pedro de Porras, el cual, junto
con los que le siguieron, había labrado con sus manos una
embarcación, y con arrojo digno de mejor causa lograron todos
atravesar el mar de las Antillas y desembarcar sanos y salvos en
Santo-Domingo, buscando salvación. Pero reconocidos allí como
asesinos de Bastidas, fueron llevados, a la cárcel, juzgados todos
juntos con Villafuerte por la Audiencia y condenados á muerte.
Estaba señalado el día en que debían ser ajusticiados, y además,
el mísero Villafuerte había sido condenado á ser descuartizado por
instigador y asesino; cuando llegó la noticia á la Española de que
había nacido un heredero del Emperador, en l527(fué el hijo de
Cárlos V, que llevaba el nombre de Felipe II). Con aquel motivo se
había promulgado un edicto que otorgaba gracia á los malhechores
que estuviesen condenados á muerte en todo el Imperio español. Súpo
el desdichado Villafuerte, y pidió que se le concediese la vida;
pero los antiguos amigos de Bastidas intervinieron, y la Audiencia
de Santo-Domingo no admitió la petición del condenado á muerte, el
cual sufrió su pena junto con Pedro de Porras. Mas, según parece,
los demás conspiradores fueron agraciados y puestos en libertad, y
sus nombres se encuentran después entre los soldados conquistadores
de las costas de Venezuela y, de Centro-América.
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(1 )
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"La Perla de América"
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(2 )
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En 1535 fué electo primer Obispo de Coro (Venezuela) un
sacerdote llamado, también Rodrigo de Bastidas.
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(3 )
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Es de suponerse que Bastidas nació por los años de 1455 á
1460.
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(4 )
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Fué principal en estas ocasiones
El Capitán Rodrigo de Bastidas,
Que en Haití, do tenía su reposos,
Se hizo con los tractos caudaloso.
VARONES ILUSTRES DE INDIAS-Parte II.- Canto I.
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(1*)
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La, primera fue Nuestra Señora de la Antigua, en el golfo de
Urabá.
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(2*)
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Espada ancha y con gavilanes muy largos, que manejan los
maestros de armas con ambas manos para las batallas en el juego de
la esgrima.-(Diccionario de la Academia Española).
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(3*)
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Bastidas falleció en 1526
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