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ALPHONS STÜBEL -EL "HOMBRE
EXPERTO"
ANOTACIONES A SUS IMPRESIONES SOBRE
LOS HABITANTES DE SURAMÉRICA
JOACHIM SCHRADER (*)
Quien recuerde las delicadas observaciones de Alexander von
Humboldt sobre las personas de Latinoamérica se asustará al conocer
a Alphons Stübel desde sus primeras cartas como un personaje
xenófobo, lleno de prejuicios, que describe a sus compañeros de
viaje desde Europa de la siguiente manera: "Hay demasiados
charlatanes insoportables, como los produce la France de la mejor
calidad, y se encuentran junto a suramericanos ataviados con tal
ridiculez, que, al igual que los primeros, se caracterizan por el
hecho de escupir en todas partes, sólo que con más virtuosismo.
Describir la sociedad con más detalle sería una tarea poco
provechosa" (20 de enero de 1868). Tal vez el sajón Stübel
haya interiorizado en "vísperas" de la guerra
franco-alemana el desprecio del enemigo futuro, pero lo que sí es
extraño es el rechazo de aquellas personas, en cuyos países quería
vivir e investigar. Se podría argumentar que los suramericanos que
regresaban en 1868 de un viaje a Europa, profesaban en efecto una
actitud de
|Nouveau riche, que podría encender la esperanza
de que Stübel iba a acercarse a los suramericanos menos pudientes
con mucha mayor amabilidad; ¡pero nada más lejos! "Los
habitantes de Sta. Martha son una mezcla de negros, blancos e
indios, en una palabra, chusma, y de increíble pereza. Todo
servicio tiene que ser pagado muy caro, porque a la gente le cuesta
demasiado esfuerzo hacer cualquier cosa" (12 de febrero de
1868). No sorprende entonces que escriba en tono elogioso de
los"[...] comerciantes extranjeros establecidos allí, por
lo general alemanes [...] La carta de recomendación del conde
Bismarck al cónsul de Prusia levantó una atención muy deseada por
nosotros" (25 de febrero de 1868). Alexander von Humboldt
no le es ni mucho menos modelo en la valoración de las
circunstancias sociales, y Stübel lo llega a acusar incluso de
consideraciones erróneas: "Humboldt [...] menciona [...]
nombres de indígenas, sólo para rodearlos con un aire de
cientificismo, que impresiona al gran público, porque en realidad
la gente de Quito de entonces no era otra cosa que necia, según
conceptos europeos" (18 de mayo de 1870).
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|83. Huasos, esclavos de una hacienda (Chile 1876)
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Claro que es cierto que las cartas al "querido
tío", que asumía el lugar del padre para Stübel, son
seguramente menos apropiadas para trazar un juicio ponderado sobre
las circunstancias sociales que los artículos (Alexander von
Humboldt) o las cartas de temática específica, corregidas además en
su redacción (Reiss, 1921). Pero por otro lado, las manifestaciones
espontáneas que Stübel vierte en sus cartas familiares, expresan
considerablemente la mentalidad del autor. Y así se puede observar
en la lectura de las cartas de casi un decenio un cambio en las
valoraciones; se puede como lo expresa Luhmann observar al
observador en la observación. Stübel estaba dispuesto desde luego a
corregir juicios negativos antiguos en cartas posteriores:
"La clase más pobre de los habitantes del Estado de
Cundinamarca son personas bastante tratables y honradas, que no se
pueden comparar con los habitantes de la costa" (17 de
junio de 1868). También aprendió a distinguir entre los diferentes
grupos de la población. A los indios los trató ocasionalmente con
simpatía: "Estos indios no le dan ninguna importancia al
dinero, porque no tienen necesidades y no saben qué hacer con él.
Sal y cigarros, así como aguardiente, es lo que más
prefieren" (13 de febrero de 1869). "Los indios
de esta provincia son en general chicos fuertes muy guapos. Se
caracterizan sobre todo los domingos por una vestimenta de colores,
y muy cuidada. Lo mismo se puede decir de las indias, pero éstas
han sido menos agraciadas por la naturaleza que los hombres. La
mayoría de los indios son concertados, es decir que son esclavos de
algún hacendado, y, además son esclavos en el sentido más triste de
la palabra. Es verdad que el hacendero tiene que dejar libre al
indio, si este se quiere marchar, pero sólo bajo la condición de
que no le deba nada al ,amo`. Pero dado que el indio lo tiene que
recibir todo del dueño, éste sabe organizarse de manera que el
indio esté siempre con una deuda irredimible para él. Los indios se
dejan maltratar de una manera lamentable y aceptan pacientemente
que el dueño les pese los alimentos en una balanza que se inclina,
por lo menos en un tercio, desfavorablemente para el indio. Ese es
el uso acostumbrado. Si el concertado tiene hijos, el hacendero los
casa tan jóvenes como sea posible, incluso cuando todavía no están
en edad de casarse, para que así caigan cuanto antes en deudas y
queden atados a la hacienda" (13 de enero de 1871).
Con un cierto detenimiento se dedicó Stübel a la presencia de
los chinos en Perú (véase la Ilustración 84), que le habrán
parecido especialmente exóticos, pero de los que había leído algo
en los pocos periódicos alemanes que pudo conseguir:
"Todos los bienes de la gente adinerada perdería de golpe
todo su valor, si se pudiera retirar a los chinos de las haciendas,
e igualmente Lima estaría completamente sin servicios en la vida
pública y privada, si los chinos no desempeñasen de buena voluntad
todos los trabajos. Aquellos chinos, que trabajan como criados en
las casas de Lima o que han conseguido una independencia, no se
pueden quejar en general de su existencia. Pero en cambio los
chinos de las haciendas tienen que sufrir seguramente sin
excepciones un tratamiento que en sus detalles es, desde el punto
de vista europeo, absolutamente horrible. Todo lo que se ha escrito
sobre ello en los periódicos (en especial también en el de
Colonia), en parte bajo la indicación de los nombres, puede
insinuar sólo aproximadamente toda la crueldad de la que es capaz
el hacendado peruano. Además, es muy difícil obtener entrada a las
haciendas de chinos" (26 de febrero de 1875).
"... el hecho de que ya no se puedan importar chinos
(China ha prohibido el comercio), [...] arruinará en los próximos
seis u ocho años todas las haciendas azucareras" (23 de
marzo de 1875).
Stübel se adaptó más y más a los modales de dominio de los
explotadores de esclavos en la manera de establecer las relaciones
laborales con los innumerables ayudantes que precisaba para poder
transportar su extenso instrumental investigativo por largos y
dificultosos caminos: "Aquí la gente no se alquila por
meses o semanas, sino que la anulación del servicio y el despido es
una cosa que se efectúa en cinco minutos, máxime con la
modificación de que los señores se adelanten al despido por su
ausencia repentina" (15 de agosto de 1868). "El
primer día de mi llegada no fue posible negociar con el gobernador
indio del pueblo, pues se encontraba, al igual que la casi
totalidad de los habitantes del lugar, en su estado normal; es
decir caído de la borrachera. Sólo en los próximos días se
consiguieron doce indígenas para que me acompañaran y buscaran un
camino" (13 de febrero de 1869). "Puesto que en
mi primer intento me había convencido de la inutilidad e
irresponsabilidad completa de los indios paeces, torné en un tal
pueblo Silvia diez cargueros, blancos y mestizos, y me proporcioné
entre los indios sólo a tres individuos como guías para el trabajo
suplementario en la selva. Además contraté a un hombre, que debía
supervisar a toda la pandilla" (3 de abril de 1869).
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|84. Médico chino en Lima (Perú, 1877)
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Las experiencias que había tenido con sus colaboradores
lugareños, parecen haber convertido a Stübel en un auténtico
misántropo al que ya no le interesaban nada más que la belleza de
la naturaleza v los éxitos en su tarea de investigador:
"No puedo dejar de repetir, para no incurrir en más
detalles que tendrían que poner en entredicho mi amor por la
verdad, que no basta una gran fantasía, ni siquiera la de alguien
familiarizado con las particularidades de otros pueblos, para
imaginarse en qué medida una República suramericana es una
institución grotesca, es decir lo que es un Estado, en el que todo
el mundo miente en cuanto abre la boca, el blanco como el indio,
donde la cultura está en el nivel más bajo que se pueda pensar,
donde no hay familia, donde no se conoce ni un ápice de cualquier
tipo de respeto tanto por la persona como por las cosas, donde
nadie tiene la intención de desempeñar su negocio u oficio
honradamente, es más, ni siquiera considera necesario mantener la
apariencia de ello, en donde el clero tiene el poder más ilimitado,
y encima un clero que no posee ni la más mínima cultura, un país
donde la desconfianza, la envidia, la falsedad, la holgazanería, la
suciedad, la necedad innata e inculcada, la avaricia y el mayor
grado de cobardía individual vienen a ser los rasgos
característicos nacionales: imaginarse un país así, digo, sólo lo
puede aquel que como nosotros ha tenido que tratar durante casi
cuatro años con estos perros. Sólo al indio, que en la escala
social está todavía por debajo de los esclavos, y degenerado
totalmente por la bebida, se le puede llamar soporte del
Estado" (17 de mayo de 1871).
Si Stübel no se hubiera comparado permanentemente con Alexander
von Humboldt, se podría atribuir su deficiente capacidad para
juzgar las circunstancias sociales y políticas, sólo al hecho de
que a mediados del siglo xix la cultura era todavía, en gran
medida, un privilegio de las clases más altas de la sociedad. Los
hermanos Humboldt, como Stübel, huérfanos a temprana edad, habían
recibido una educación muy completa por profesores particulares y
realizado extensos viajes de estudio, al estilo de la educación
tradicional de los príncipes. Wilhelm von Humboldt, el más
importante reformador de la educación en Prusia, murió el año de
nacimiento de Stübel, pero sus ideas acerca de una educación
humanista no habían influido ni en la escuela cívica de Leipzig,
que Stübel frecuentó como hijo de un concejal de Leipzig, ni en su
tío, que lo adoptó tras la muerte temprana de los padres (Scurla,
1971: 449). Porque de lo contrario, Stübel tendría que haber
recordado que la "cultura política" de alguno que
otro Estado, agraciado por la "cultura clásica';
antiguamente no se distinguía mucho de lo que observaba ahora en
Colombia: 'La República consiste de nueve estados, de los cuales
cada uno tiene su gobierno independiente. La revolución en estos
estados individuales es prácticamente interminable, puesto que los
partidos conservador y liberal no tratan de superarse por listas
electorales, sino que llevan a la lucha, que por lo general no
resulta demasiado sangrienta, a la chusma armada, a voluntarios (es
decir, gente que se ha capturado con el lazo y obligado al servicio
militar en un partido). Evidentemente, se trata en estos fines
aparentemente políticos, sólo de dilucidar si el partido
conservador o el liberal puede conseguir los mejores medios para
robar de los míseros erarios del Estado. A los `voluntarios' se les
paga con préstamos voluntarios, que conceden las gentes más
adineradas. Bajo 'préstamo voluntario' se entienden los cientos o
miles, que un hombre paga tras exigencia insistente inmediatamente
de buena gana, o bien sólo después de haber pasado hambre durante
tres días, o de haber estado atado 24 horas sobre los dedos de los
pies" (16 de marzo de 1868).
Desde luego, a Stübel le ha faltado capacidad o disposición para
identificar el
|genus proprium y para resaltar la
diferencia específica de las condiciones humanas, aunque tiene que
haber conocido este método a más tardar en la lectura de las obras
de Alexander von Humboldt.
Por supuesto que también Alexander von Humboldt manifestó un
eurocentrismo chocante en la valoración de las circunstancias
sociales, políticas y económicas. Tenía en mente la teoría
contemporánea social de los "fisiócratas";
desarrollada sobre todo con base en las circunstancias europeas
sobre todo las francesas cuando habla de México, Cuba o
Cundinainarca. Humboldt choca al lector de hoy cuando realiza el
cálculo inmanente al sistema sobre la rentabilidad de las distintas
formas de la explotación de esclavos (véase Schrader, 1993). Al
parecer, Stübel no disponía de los conocimientos económicos que
excedieran la organización (exitosa) de su propia empresa, cuando
se extraña: "Suena increíble cuando se cuenta que en
Bogotá tampoco se trabaja propiamente, sino que todo lo que la
gente lleva puesto o lo que sirve para amueblar una casa, o lo que
pueda pertenecer además a la vida confortable, viene casi sin
excepción de Europa" (17 de abril de 1868). Podría haber
reconocido en ello una expresión de la dependencia extrema de los
países suramericanos de las potencias hegemónicas de Europa y
Norteamérica, aunque no se le pueda exigir la noción posterior,
caracterizada un siglo más tarde por el sacerdote y sociólogo belga
Roger Vekemans con el término de "herodianismo"
(1971: 224). "Así como Herodes vivió fisicamente en
Jerusalén, pero mentalmente en Roma, así las capas altas de
Latinoamérica vivían físicamente en Latinoamérica, pero mentalmente
en Estados Unidos o en Europa" (Steger, 1971: 30).
Seguramente no se le hace justicia a Stübel cuando se lo
caracteriza como de escasa formación humanística o como misántropo,
pero también es posible que lo haya sido o que haya pasado a serlo.
En cambio, es mucho más importante preguntarse si no existieron
razones para que se convirtiera en lo que era, o que le daban las
justificaciones para tratar el "contexto social"
de sus investigaciones con negligencia científica. Nos hemos
acostumbrado a denominar científicos como Alexander von Humboldt a
"hombres de conocimientos universales", a
personas que todavía eran capaces de manejar todo el saber de su
tiempo. Desde entonces hay que constatar, también en la ciencia,
aquél proceso que Max Weber llamó la evolución hacia el
"hombre experto" La ciencia era para Stübel ya
una "profesión": "Las ciencias naturales
como por ejemplo física, química, astronomía (Max Weber pudo haber
añadido a lo que se dedicaban Stübel y Reiss, o sea geología,
vulcanología, geografía, arqueología, etnología) presuponen
evidentemente que las últimas leyes del suceder cósmico hasta donde
alcance la ciencia merecen la pena ser conocidas, no sólo porque se
pueden obtener con estos conocimientos éxitos técnicos, sino, en el
caso de ser `profesión; `por sí mismos"' (Weber, 1973:
323). Tuvo que haber sido esta concepción de la ciencia como
profesión, la que motivó a Stübel a acusar a otro autor con el
argumento de que se encontraba en la sucesión de Alexander von
Humboldt: "(Él) pertenece a los muchos [...] que buscan
mediante la imitación del estilo de Humboldt embaucar a un público
sin criterio. Este estilo ha hecho más daño que beneficio a la
ciencia" (15 de agosto de 1870). Stübel como
"hombre experto" se vanagloria como alguien que
no tiene que guardar consideración: "Conocemos el país tan
a fondo, como no lo ha conocido ningún viajero antes de nosotros, y
tampoco tenemos que avergonzarnos después de llamar a la gentecilla
por su nombre. Porque amigos no tenemos aquí ningunos, a pesar de
que el ministro de Asuntos Exteriores nos aseguró que nunca habían
viajado foráneos por el país tan estimados como nosotros. Este
ministro parece por cierto más o menos un dependiente de comercio,
y sus conocimientos de la política no deben rebasar seguramente
mucho los del último. Nada resulta más ridículo que tomar a estas
personas en serio. Todo aquí es ironía" (13 de enero de
1871).
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|85. "Buenas Mozas de Montevideo", tipos
de mujeres de origen español (Uruguay 1876)
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Ellos no se preguntan si tiene algún sentido existir en el mundo
descrito por los "expertos" científicos, así
habría proseguido Max Weber su argumentación. Alphons Stübel no es
seguramente visto de esta manera un caso único, sino que se
encuadró en las largas listas de científicos, comerciantes,
diplomáticos, navegantes, ingenieros o mercenarios, que
personificaron el desnivel hegemónico a escala mundial; y que
consiguieron tal vez precisamente por eso resultados tan destacados
en sus ámbitos reducidos de trabajo. Deberíamos preguntarnos en
esta ocasión de nuevo, si nosotros como investigadores
contemporáneos de América Latina (y aparte de los mencionados
también ayudantes para el desarrollo, protectores del medio
ambiente, defensores de los derechos humanos, representantes de
grupos solidarios, practicantes, estudiantes de intercambio o
turistas), hemos superado ya en lo más íntimo realmente la
arrogancia tradicional frente a las personas de América Latina.
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Doctor Achim Schrader
Catedrático del Instituto de Sociología y Pedagogía Social,
director del Centro Latinoamericano, Universidad de Münster.
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Bibliografia
|Wilhelm Reiss, Reisebriefe ans Südamerika, 1868-1876,
editadas y revisadas por Karl Heinrich Dietzel, München/Leipzig,
Duncker & Humblot. 1921.
|Achim Schrader, Alexander von Humboldt als Soziologe,
|Arbeitshefte des Lateinamerika-Zen trums, nüni, 17, 12 prigs.,
Munster, 1993.
|Herbert Scurla, lm Banne der Anden. Reisen deutscher
des 19. lahrhunderts,
|Berlin, Verlag der Nation,1971.
|Hanns-Albert Steger (ed.), Die aktuelle Situation
Lateinamerikas,
|Frankfurt, Athenäum, 1971.
|Hanns-Albert Steger (ed.), "Soziologie in and über
Lateinamerika", en: Steger (ed.), 1971, págs.
25-35
|Alphons Stübel, Cartas de viaje no publicadas de Suramérica,
legado del Institut für Landerkunde Leipzig, Archiv für Geographie,
Inv. -Mini. 6625-6721, K. 122, 1868-1877.
|Roger Vekemans, "Integrationsprobleme
latenamerikanischer Gesellscaften" en: Steger (ed.), 1971,
págs. 223-231
|Max Weber, "Vom inneren Beruf zur
Wissenschaft", en: Johannes Winckelmann, Max Weber.
Soziologie - Universalgeschichtliche Analyysen-Politik,
|quinta
ed., revisada, Stuttgart, Kröner, 1973, págs. 311-339.
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