CAPITULO II
HEREDA EL ZIPA NEMÉQUENÉ, Y CASTIGADA LA REBELION DE FUSAGASUGA,
SUJETA LOS CACIQUES DE CIPAQUIRÁ Y NEMZA.
MUERTO Saguanmachica, pasó el Reino al Zipa Neméquene, que
quiere decir hueso de león, y heredó todo lo que entónces
comprendan las tierras llanas y dehesas que hay desde las montañas
(que son términos de los Panches) hasta la cordillera, que corre
sobre Santafé y desde Cajicá y Chinga, Norte-Sur, hasta Usme y
Sibaté, sin lo conquistado por su antecesor de la otra parto de la
montaña, hasta confinar con los Sutagaos. Los principios de su
reinado debieron de ser (segun la conjetura de los que dan veinte,
años de reino á Saguanmachica) por el de mil cuatrocientos y
noventa con poca diferencia. Salió de espíritu tan valeroso y de
ánimo tan inquieto, que pareciéndole corta esfera para su
ardimiento todo lo heredado, trató siempre dentro de sí hacerse el
camino con las armas y la industria para una dilatada monarquía. No
discurrió, como debía, que es mayor el Reino pequeño que se
conserva, que el grande que se aventura. Toda el ansia de su
ambicion trabajaba en hallar traza para sujetar al Tunja, que era
el mayor señor, que le competia por enemistades, que se heredaron
envueltas en las Coronas. Es la emulacion del contrario espuela que
precipita al enemigo; y la codicia de nuevos dominios siempre fué
escollo en que peligraron muchos monarcas. No tenia para ser
bárbaro el discurso tan falto de razon, que no reconociese la falta
de milicia veterana en que se hallaba su Reino por la batalla
pasada, en que murieron como siempre los más valerosos: los muchos
enemigos que le cercaban y recelosos de su potencia habian hecho
liga con el Quimuinchatecha, príncipe de pocos años y ménos
ambicion, con fin de conservar sur Estados. Ya la experiencia le
habia enseñado en vida de su tio, que de las invasiones que hacian
sus ejércitos contra el Reino de Tunja, se aprovechaban el Ubaque y
Guatavita para inquietarles sus tierras, por ser los más
interesados en su ruina. Alcanzaba por los sucesos pasados, que no
hay empeño en la guerra tan imprudente, como el queso hace dejando
enemigos á las espaldas. Del Cipaquirá y Ebaté se hallaba receloso,
aunque distante de esto último. De los Panches, gente caribe y
valiente, se veía su Reino acometido por instantes. Y finalmente,
no lo habia heredado tan pacífico y seguro, que en la provincia del
Fusagasugá no se le hubiesen rebelado los Caciques, que poco ántes
estuvieron sujetos, porque la libertad es muy amable y con
cualquier novedad la intentan los más dormidos.
Todas estas consideraciones pudieran enfrenar orgullo que no
fuera tan feroz como el de Neméquene; pero como un corazon grande
sobresale en las dificultades, ninguna cosa se le representaba
imposible á su valor solamente esperar tiempo era el torcedor que
más le atormentaba; porque consultados los Uzaques, que son los
caballeros más nobles del Reino, se resolvio cuerdo en disciplinar
su gente en las fronteras de los Panches con la defensa y en
recuperar lo propio, antes de intentar lo ageno. Tenia por sobrino
y heredero á Thysquesuzha, mancebo de buenas esperanzas, aunque de
natural ménos guerrero: sacóle de Chia, donde tenía su asistencia,
y habiendo llegado á su Corte le nombró General de cuarenta mil
hombres, para reducir la provincia de Fusagasugá. Preveyó sus
fronteras de nueva milicia y por no tener ocioso su espíritu
guerrero hizo diferentes levas de gente, para mostrarse poderoso á
sus émulos, todo lo era posible respecto de la muchedumbre de
vasallos que tenis en su Reino.
El sobrino, conducida la gente, pasó la montaña vecina haciendo
camino por la cumbre de la sierra, que corre por Subyá y Tibacui, y
tan ancho como se ve hoy por las señales que se conservan respecto
de ser muy fragosas las entradas del camino real para Fusagasugá y
haber de necesitar en él á sus escuadras á que marchasen
desordenadas, Esta provincia, que tiene á sor la misma que la de
los Sutagaos de que tratamos en el libro antecedente, dista hoy de
la ciudad de Santafé doce leguas al mediodía, y dividen la de
Bogotá, como dijimos, unas sierras altas de cuatro y cinco leguas
de montaña que se atraviesan para entrar en ella: al oriente tiene
recios paramos y al occidente confina con los Panches, mediando
entre las dos provincias una sierra ménos alta que la primera. Es
lo más de ella tierra doblada y fragosa, y dentro de sus términos,
que corren hasta Sumapaz, se goza de los tres temples, fijo,
templado y caliente. Tendrá de longitud como diez y ocho leguas y
de latitud por algunas partes á cuatro y á cinco. Es más a
propósito para ganados que para semillas, aunque prueba bien el,
trigo. Abunda de cera, miel, pita y hayo con que comercian sus
naturales. hay dentro de ella un rio que llaman de la Lejía por el
color de las aguas, que le da el curso, que lleva siempre entre
zarzaparrilla. Tiene otros muy rápidos, y en el de Sumapaz, que
corre profundísimo y violento por entre peñas, formó la naturaleza
un puente de dos piedras, que como despedidas á nivel cada cual de
la una y otra banda, y encontrándose quedaron en forma de arco, por
el cual se pasa de una parte á otra, tránsito que fuera muy difícil
á no haberlo reparado la naturaleza. No estaba toda la provincia
sujeta al Zipa, porque los Sutagaos, que están de la otra parte del
rio Pasca, reconocian diferente dominio.
Con dificultad se muestran animosos los traidores: todo el brío
que ostentan en los tumultos, se vuelve en temor en vista de los
ejércitos: no lo tenía inferior el Fusagasugá para resistirse, y
más cuando la fragosidad de los sitios en que se había fortificado
lo ayudaban tanto; pero hay poco que fiar de gente, aunque sea
mucha, si lo es de país amedrentado, y más cuando la propia culpa
libra de ordinario en las espaldas la defensa. Volviólas pues
cobarde á los primeros encuentros, y pagaron con las vidas los que
metieron más prenda en la rebolíon. En sacrificios por la victoria
no perecieron pocas de los vencidos, y el castigo de muchos fué
tal, que no les dejó manos para levantar más cabezas en lo
venidero. Púsoles Thysquesuzha en Tibacuy guarnicion bastante de
Guechas, que eran los más escogidos infantes de su milicia pagada,
y asegurado el Estado tomó la vuelta de Pasca cargado de ricos
despojos. Al mismo tiempo ejercitaba sus gentes y brazos el Zipa
Neméquene en asaltos y encuentros con los Panches, y siempre con
buenos sucesos, que es el cebo son que empeña una fortuna que se
dispone para ser mala.
Son los indios de aquellos paises frios todos de natural
pacífico, más inclinados al comercio que á la guerra; y Neméquene
nació exento de aquella naturaleza. Fueron las hazañas que ejecutó
su ardimiento, las llamaradas últimas de una luz que se acaba; más
grandes por el fin que se le acercaba á su Imperio. Mostró en sus
acciones lo que importa un león por Capitan, aunque lo sea de
corderos. Parecióle al Cipaquírá que con la ayuda de los Nemzas
tenía ocasion de apagar sus recelos metiéndolo al, Zipa la guerra
dentro de su misma casa, miéntras tenia divertidas las armas en los
Fusagasugaes i Panches. Esta provincia del Cipaquirá distará de
Santafé diez ó doce leguas al septentrion; no es muy dilatada pero
de tierras llanas y fértiles, y abundante por esto de gente y
poblaciones, y muy rica por estar en ella las mejores salinas del
Nuevo Reino, la una en Cipaquirá y la otra en Nemocon. Era frontera
de Bogotá, y fiado en las consideraciones referidas entró por los
confines de Cajicá usando de toda hostilidad, sin atencion á las
paces que poco antes tenía capituladas; pareciéndole que donde
intervienen conveniencias no obligan palabras á quien aspira á sus
intereses. No seria el discurso suyo, algun vecino más político se
lo propondría más corriente para meterlo en el empeño: suelen éstos
probar fortuna por mano agena, para tentar con riesgo del ménos
cauto el humor que rebosa en sus enemigos. No fuera mucho arrojo
culpar en esta ocasion al Guatavita ó al Ebaté sus confinantes, que
quisieran divertido con otros al Zipa; ni éste debido de ignorarlo,
pues la venganza que maquinó para despues, bien claro dijo su
sentimiento.
Llegaron los avisos al Zipa del riesgo en que se hallaban sus
gentes. Era presto en sus resoluciones, calidad muy necesaria para
la oposicion de los repentinos asaltos: sacó de las fronteras de
los Panches los mejores soldados, y juntando con los que tenia
consigo hasta diez y seis mil, marchó en demanda de sus contrarios.
Otra tanta gente lleva en BU favor quien desengaña al enemigo de
que no lo teme con la que lleva; y el mostrar recelo en los
acometimientos, es cantar la victoria por el enemigo. Diéronse
vista los ejércitos entre Chía y Cajicá, lugar destinado para el
encuentro. Resonaron los caracoles y fotutos, que son los pífanos y
trompetas de aquellas naciones: cubrieron los aires de tiraderas, y
mezclados los tercios redujeron á las macanas la fuerza del
combate. Venció como siempre el Zipa, porque se le mostraba risueña
¡a suerte, para dejarlo cuando fuese más sensible la desgracia. No
hizo la puente de plata á su enemigo, que las experiencias enseñan
que las reliquias de un ejercito roto se juntan con la facilidad
que se refuerza una madeja desunida Lamentólo Pompeyo en la segunda
batalla que dió á Julio César, por no haber sabido aprovecharse de
la rota, que le dió en la primera. Siguió pues Neméquene el alcance
para publicar más entera la victoria; y el acierto de la resolucion
le puso á los piés todos los Estados de su enemigo. Precidiólos con
gente suya, y volvió triunfante á Bogotá, á tiempo que Thisquesuzha
entraba victorioso de los rebeldes.