INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO VII
 


EL CAPITÁN CRISTÓBAL RODRÍGUEZ JUAREZ FUNDA LA CIUDAD DE MÉRIDA.-DIEGO GARCÍA DE PAREDES REEDIFICA LA DE TRUJILLO.-FRÁNCISCO MARTÍNEZ DE OSPINA FUNDA LA DE LOS REMEDIOS.-CORREN LOS ENCUENTROS DE LOS OIDORES, Y D. ANTONIO DE TOLEDO FUNDA LA CIUDAD DE LA PALMA.

CUANDO se dió principio á la conquista de Muzo gobernaba en la ciudad de Pamplona, como Justicia Mayor, el Maese de campo Hortun de Velasco, siempre deseoso de ensanchar los términos de su jurisdíccion; y aunque desde el año de cuarenta y dos corria la prohibicion de nuevas poblaciones en tierras que no hubiesen sido ántes descubiertas y holladas por los españoles, habia ganado el Cabildo de la ciudad un despacho de la Real Audiencia en que se le permitia poder enviar gente á descubrir minas de oro, y con el pretexto de haber descaecido mucho la saca del Páramo rico, trataron sus Capitulares de elegir un Cabo que penetrase la tierra hasta encontrar con las sierras Nevadas por la parte que miran la gobernacion de Santa Marta, donde la presuncion de grandes riquezas y muchedumbre de naturales habia siempre inquietado los ánimos de los primeros descubridores. Hallábanse á la sazon en Pamplona dos capitanes de crédito, ambos pretendientes de la faccion, y cada cual de ellos muy á proposito para mayores empresas. El uno era Juan Maldonado y el otro Cristóbal Rodríguez Juarez, que por tener el apoyo de Justicia Mayor, se prefirió en la eleccion, y aun pareció bien á algunos de los que le negaron el voto.

Con esta repulan de Juan Maldonado y nombramiento de Cristóbal Rodríguez, trató éste luego de levar gente para la empresa, y aquél y sus parciales de embarazarla por antiguas emulaciones que se tenian, dando cuenta á la Real Audiencia de que el fin principal era de nuevas conquistas, pretextándolo con el descubrimiento de minas en que se contravenia á la Real Cédula que lo vedaba, de que resultaron los inconvenientes que hasta el tiempo presente se experimentan. El Cristóbal Rodríguez en el interin que los correos iban á Santafé y se toma expediente sobre la materia, prevenido de Yanaconas y víveres para la jornada, se halló con catorce caballos, de quienes iba por Capitan Pedro García de Gaviria, diestro en gobernarlos, y con sesenta infantes á cargo de los Capitanes Pedro Bravo de Molina y Pedro Gómez de Orosco, entre quienes iban Francisco de Triana, Hernan González 0Hermoso, Alonso Blasquez, Miguel de Trejo, Pedro Estévan, Juan de Cháves, N. Castrellon, Vasco Pérez, Juan Gutiérrez de Moráles, Andres de Pernia y otros buenos y experimentados conquistadores hasta el número de sesenta y cuatro, que van referidos, con los cuales, tomada la vuelta de Cúcuta, Lomas del viento y vallo de Santiago, pasó tan aceleradamente hasta saludar los confines de las sierras, que no dió lugar á los Cucutas y Capuchos para valerse de la flecheria disparada por las troneras de sus casas, ni á los Bailadores y otros que ocupaban la provincia de la Grita, para repetir sus guazabaras desde las cumbres de los montes.

Es esta provincia de Mérida la última de las que se contienen en la medula y parte principal del Nuevo Reino que, como dijimos al principio de esta historia, correrá Leste Oeste más de ochenta leguas medidas por el aire, y tenian las Sierras Nevadas entónces dentro de los términos que hoy pertenecen á su gobierno, tan guarnecidas sus faldas por la banda del Sur y del Norte de naciones tan diferentes, que no es fácil reducirlas á número, y todas gobernadas por otros tantos Caciques, como eran las de Jaricaguas, Mucunches, Escagueyes, Miyuses, Tricaguas, Tapanos, Mocobos, Mombunes, Mucuchies, Iquinos, Tostos y la de los Timotos, que daban nombre á la provincia por más numerosa, que corre por la otra banda del Norte hasta encontrarse con los Cuicas, que pertenecen á la gobernacion de Venezuela; y si todas fueran ásperas y guerreras como esta nacion de los Timotos, o todas tuvieran supremo Rey que las gobernase, ó supieran coligarse para la comun defensa del pais, en que no interesaban ménos que la preservacion de la tirana servidumbre en que hoy viven los pocos indios que permanecen, no les hubiera salido tan poco costoso á los españoles dominar en pocos dias la provincia; pero siendo los naturales de la parte del Sur poco aplicados á las armas, y no sabiendo unirse para la oposicion, fué tan flaca la que intentaron derramados en tropas desordenadas, que turbados á vista de los caballos y temerosos de las armas de fuego, mostraron en los pocos encuentros que con ellos tuvo Cristóbal Rodríguez, haber nacido más para el trabajo de los que viven cautivos, que para la guerra de los que ambiciosos la solicitan.

Con está favorable fortuna, costeada con la falta de cinco hombres, y reconocida brevemente la fertilidad del pais por la multitud del gentío, eligió sitio ameno á once leguas de distancia de la sierra y cuarenta al Norte de la ciudad de Pamplona, y entrado ya el año de mil quinientos y cincuenta y nueve, tan lastimoso para la Cristiandad por haber terminado con la muerte de nuestro invicto Emperador Cárlos V, fundó sobre el rio de las Acequias una villa con el nombre de Santiago de los caballeros de Mérida, en obsequio de su patria, cabeza de Extremadura y de los primeros conquistadores que la poblaban, y en que hubiera conseguido el descanso y premio debido á sus trabajos y méritos, que fueron muchos, si más alta providencia no diera permision para que sobre su desgraciada Mérida llovieran las calamidades que se originaron de las noticias que dió Juan Maldonado á la Real Audiencia de Santafé, donde siendo el Oidor Maldonado quien mayor mano tenia, y hallándose interesado en que el Capitan Juan Maldonado reconociese tener con él el deudo que le habia negado la naturaleza, agravó tanto el delito del Capitan Juarez, y se dió tan buena maña en la negociacion, que aun no tenia éste poblada su villa, cuando estaba despachada Real provision cometida al mismo Juan Maldonado, para que con gente lo siguiese, se apoderase de la que habia llevado y lo remitiese preso á Santafé, quedándose con el gobierno de lo que hallase poblado.

Y sin que nos detengamos en discurrir sobre la justificacion de tan acelerado despojo y de una prision cometida al acusador y mayor enemigo del reo, baste saber que apenas llegaron los despachos á Pamplona, cuando el Capitan Juan Maldonado, prevenido de armas, viveros y gente, y de doscientos Yanaconas, salió en seguimiento del Capitan Juarez sin detenerse más tiempo en el camino que el preciso para rechazar y romper algunas tropas de Cúcutas y Bailadores de la Grita, que se le ponian delante. Llevaba treinta caballo-gobernados por él y por el Capitan Hernando Serrada, y de cincuenta infantes era Capitan Pedro Camacho, con quien y en las compañías de caballos iban hombres de mucho lustre, como eran Vasco Pérez de Figueroa, Diego de la Peña Isarra, Sántos de Vergara, Martin de Rojas, Pedro Rodríguez Gordillo, Gonzalo Sánchez Osorio, Nicolas de Palencia, el tuerto, Juan de Olmos, el mozo, Bernardino Fernández de Tolosa, Gonzalo Serrano Cotés, Juan de Puelles Esperanza, Francisco de Pastrana Cazorla, Pedro de Anguieta y otros hombres de valor y nobleza, de que me falta noticia, y que al cebo de nuevos descubrimientos se aventuraban á perder lo adquirido.

Con esta prevencion y las armas en las manos llegó al nuevo asiento de Mérida, en que ya receloso de su antigua emulacion, lo esperaba en la misma forma el Capitan Juarez; pero en viendo la Real provicion que le hizo notificar Maldonado, obedeció como buen español, y rendidas las armas, las entregó á su enemigo, quien apoderándose luego de toda su gente, lo remitió con escolta a la ciudad de Santafé, donde puesto en prision, y haciéndole el cargo que va referido y otros generales y comunes á todos los conquistadores, se agravaron tanto por el Oidor Maldonado, que asintiendo á su dictámen Briceño y Grageda, en quien tambien cooperaba el Fiscal García de Valverde, poco versado en la generalidad de aquellos cargos, pusieron al reo en tal desconfianza de los Jueces y en tales sospechas de un mal suceso, que espaldeado de algunos amigos que le asistian, tuvo disposicion para huir dé la cárcel y pasar por la posta en buenos caballos hasta la ciudad de Pamplona; pero teniendo allí noticia de que en ausencia lo habian condenado los Oidores á muerte, salió de ella aceleradamente, eligiendo pasar por caminos ásperos y peligrosos á la provincia de Venezuela á que lo amparase el Capitan Diego García de Parédes, á quien halló por este mismo año en la provincia de los Cuicas poblando su nueva Trujillo sobro el rio Bocono, y desde deudo echada la suerte para llevarlo de mal en peor, no dejó de  seguirlo, hasta que empeñándolo en la guerra, que allí andaba muy viva, perdió la vida á manos de indios de aquella provincia.

En tanto que la primera parto de esta tragedia se representaba en Santafé y Pamplona, habia el Capitan Juan Maldonado introducido su gente en la nueva Villa, disponiendo que con mudarla á corta distancia tuviesen tambien los suyos derecho á los gajes y conveniencias de primeros pobladores, para lo cual hizo en unos y otros el repartimiento de los indios de la comarca, que si bien despues lo tuvieron muy bien merecido con lo que sirvieron en allanar los Timotos y dilatar el dominio de la ciudad, por entónces fué la semilla para el fomento de dos parcialidades que luego se declararon; la una en favor del Capítan Juarez y la otra de Maldonado: ésta con el nombre de Serradas y aquella de Gavinas, tan obstinadas en su enemistad por la imprudencia con que los Oidores les nombraban Corregidores, ya del uno, ya del otro bando, que muchos sucesos lastimosos de muertes y de haciendas consumidas en pleitos, no han bastado á sacarlos de su ceguedad, y han atrasado el crecimiento á que pudiera haber llegado aquella ciudad, por la abundancia que tiene en sus términos, de oro, tabaco, cacao y algodon. Sin embargo, es cabeza de gobierno y tendrá poco más de doscientos vecinos, y sobre la nobleza que heredan los más sujetos que en ella nacen, son valientes y pundonorosos, á que los anima mucho la emulacion de la parte contraria, y los crecidos caudales que adquieren con el comercio de Castilla y Nueva España, por la laguna de Maracaibo. Los que se aplican al estudio son de claros ingenios y constantes en seguir la virtud. Tiene la ciudad en su recinto fundados conventos de Santo Domingo, San Francisco, San Agustín, de monjas de Santa Clara, y colegio de la Compañía de Jesus, que es el estado que hoy tiene; y por no desencadenar los sucesos, pasaremos á lo que por el tiempo que se fundó acaecia en la gobernacion de Venezuela.

Dejamos al Capitan Diego García de Parédes, el silo de cincuenta y siete, de vuelta a la ciudad del Tocuyo, con las reliquias que los Cuicas lo habian dejado de su nueva Trujillo, que fundó en el sitio eminente de Escuque, á las vertientes del rio Motatan, y entrado en la ciudad, halló al Capitan Gonzalo Gutiérrez de la Peña con el gobierno de la provincia, que le habia dado la Real Audiencia de Santo Domingo, por muerte del Licenciado Villasinda. Y siendo este caballero poco afecto al Parédes, por encuentros que de ántes habian. tenido, tratándose por los vecinos de que reedificase la ciudad de Trujillo, y no queriendo volviese á la faccion, la dió al Capitan Francisco Ruiz, vecino de la misma ciudad del Tocuyo, el cual agregando hasta cincuenta infantes y caballos, y entre ellos algunos de los que habian asistido á la primera poblacion, tomó la vuelta de los Cuicas, por fines del año de cincuenta y ocho, hasta entrar al Poniente del Valle de Bocono, donde se alojó con fin de reformar su gente, limpiar las armas y labrar escaulpiles, por haber reconocido la inquietud que su entrada habia causado en los indios, y la soberbia con que se hallaban de haber despoblado á Trujillo, á pesar de su Capitan Diego García de Parédes, de que se vanagloriaban mucho en sus juntas, dispuestos á no consentir más españoles en sus tierras.

Por este tiempo, que ya era entrado el año de cincuenta y nueve, habia salido de la ciudad de Mérida, recien poblada, con otros cincuenta infantes y caballos, el Capitan Juan Maldonado á descubrir las mismas provincias de Cuicas y Timotos; y atravesadas las sierras nevadas con sumo trabajo, habiendo esguazado el rio Ilolo y penetrado el pais hasta el último valle que ocupaban los Timotos (con quienes. se portó volerosamente en los ataques, y muy puntual en los tratados de paz), acuarteló su gente, y dejándola en el sitio pasó más adelante con veinte hombres, á ver si por una y otra parte que corren al Norte, descubria algunas poblaciones en terreno más apacible: en cuya ocupacion, divertido, vino á dar en el Valle de Bocono; y como descubriese el alojamiento, del Capitan Francisco Ruiz, y encontrase á pocos pasos con dos soldados suyos que se entretenian monteando, y se informase de qué gente eran y de dónde habian salido mandóles que dijesen á su Capítan levantase el real y buscase otra provincia en que poblar, pues aquélla pertenecia á su conquista. Despedidos los dos infantes con la embajada, se recogió Maldonado con sus veinte  compañeros á un sitio acomodado para defenderse, pareciéndole que el Francisco Ruiz intentaria buscarlo; pero alteróse poco el otro con la propuesta, y correspondióle con otra embajada semejante á la suya, de que se fueron picando hasta desafiarse con palabras mayores, si bien no llegó á efecto el desafio, por más cuerdas consideraciones que para ello tuvieron.

Lo que sí tuvo efecto fué la determinacion de poblarse Francisco Ruiz en el mismo sitio de Escuque, en que habia póblado García de Parédes, cosa que hasta entónces no se le habia pasado por el pensamiento, y así aquella misma noche despachó alguna gente á disponer la poblacion, y Maldonado se retiró al cuartel en que habia dejado la suya. Los dos dias siguientes se estuvo Francisco Ruiz sin hacer movimiento de su ranchería de Bocono, y éstos pasados, siguió la vanguardia que habia pasado á Escuque. donde comenzó á reedificar la ciudad, qué no quiso llamar de Trujillo sino de Mirabel. Nombró Alcaldes y Regimiento, y repartidos los indios en la comarca, volvieron á renovarse los repiquetes de los dos Capitanes, en que terciando algunos de los más cuerdos de la una y otra parte, vino á parar toda la humadera que habia levantado la cólera, en que el Capitan Maldonado se volvió á Mérida con toda su gente, asentando por términos de su conquista los del pais de los Timotos, ya medio pacíficos; y el Francisco Ruiz se quedó en Mirabel, tomando dentro de la suya las tierras de los Cuicas, de que tuvo principio la separacion de los términos de las dos Reales Audiencias, de Santafé á la parte del Sur, y de Santo Domingo á la del Norté. De todo le cual dió cuenta á su Gobernador Gutierre de la Péña, quien deseoso de emprender alguna entrada de reputacion, agregó alguna gente de valor, y con ella dió principio á la conquista de la provincia de Carácas, cometiéndola á los dos hermanos Fajardos, que por su mucho valer y ser hijos de Juan Fajardo, vecino principal del Tocuyo, y de una india Cacica, de las principales de aquella provincia, tenian ganado el aplauso de la gente de guerra.

Ejecutado esto en el poco tiempo que le duró el gobierno á Gutierre de la Peña, y estandose el Capitan Francisco Ruiz muy descuidado en su Mirabel, arribó al Tocuyo el Licenciado Pedro Collado, proveido por el Consejo en el gobierno de Venezuela el mismo año de cincuenta y nueve; y habiéndose informado del Capitan Parédes del agravio que se le habia hecho en quitarle la conquista de los Cuicas, en que habia trabajado tanto y empezado á poblar, revocó la conducta hecha por su antecesor en Francisco Ruiz y se la dió á Parédes para que volviese á la misma provincia, se apoderase de toda la gente española que hallase en ella, y reedificase de nuevo en la parte que lo pareciese, haciendo nueva eleccion de Justicia y Regimiento. Con este despacho y algunos soldados de su, faccion, partió Diego García de Parédes, y llegado á Mirabel manifestó su comision, que fué admitida al punto, y remitido Francisco Ruiz al Tocuyo, ejecutó toda la instruccion que llevaba, siendo lo primero restituir á la poblacion su antiguo nombre de Trujillo. Estuvo en ella los dias que bastaron para experimentar das incomodidades de lluvias continuadas, humedad, truenos y rayos, tan perjudiciales á la vida humana, con que ganada licencia de su Gobernador confin de mejorar de sitio, trasplantó la nueva ciudad á las cabeceras de uno de los valles que corren á las riberas del rio Bonoco, por parecerle estaba en el centro de los Cuicas, y por esta razon más cómodo para pacificados. Y en este sitio fué donde lo halló el Capitan Cristóbal Rodríguez Suárez cuando (como dijimos poco ántes) pasó desde Pamplona huyendo de la Real Audiencia de Santafé, á cuyos términos volveremos con la relacion de lo que por esto mismo año de cincuenta y nueve (en que era Justicia Mayor de Santa Marta el Capitan Juan de Otálora, y de Ibagué y Mariquita Pedro Fernández del Busto) acaecia en la provincia de los Pantagoros.

Casi con los mismos principios, aunque no con los fines de Mérida, se fundó la ciudad de los Remedios, porque hallándose el Cabildo de la ciudad de Victoria con permiso de la Real Audiencia para descubrir minas, y la prohibicion del Consejo para no emprender nuevas conquistas sin licencia suya; y pareciéndole al Maese de Campo Francisco Martínez de Ospina, uno de sus principales vecinos y pobladores, que con el pretexto de lo permitido se podría entrar en lo vedado, por conocer que de otra suerte se estrechaba el espíritu que lo arrastraba á solicitar empresas dignas de su valor, ó fuese con el fila permitido de buscar minas para enriquecer más á Victoria, él ganó licencia de su Cabildo, y levantado un buen trozo de gente, se halló con ochenta infantes y ningunos caballos, por no permitirles la tierra. Seguíanle muchos hombres de lustre y conquistadores antiguos por la prudencia, valor y generosidad con que sabia gobernar la gente de guerra; y de los que he tenida noticia fueron García Valero, Cristóbal Arias de Monroy, Alonso de Llános Valdés, Juan Zapata, Diego Ortiz, Rodrigo Pardo, Vasco Pérez de Sotomayor, Francisco Beltran de Caícedo, Pedro de Velasco, Francisco de Alcalá Villalóbos, Juan de Olivares, Alonso Martin, Pedro Maldonado, Guillermo de Sierra, Miguel Baquero, Juan Romero de Acosta, Andres de Soria, Juan Valoro, Vicente Correa, Juan de Pedraza, Francisco de Triana y otros muchos prácticos en la tierra, que habian entrado con el Capitan Pedroso, hasta el número referido de ochenta, y llevaban por Capitanes á García a Valoro y á Vasco Pérez de Sotomayor.

Con estos infantes y buena prevencion de armas y víveres y gran copia de indios. cargueros, puesta la derrota al Norte, empezó á penetrar la fragosidad de aquellos desapacibles paises de Guasquias, Guarinoes y otras bárbaras naciones, en que hallándose á cada paso con el encuentro de peligrosos despeñaderos, rios caudalosos y rápidas quebradas en que los pocos naturales de aquel terreno por donde transitaba le hacian fiera oposicion, no conseguía poco en ir ganando á palmos la tierra sin pérdida considerable de su gente, aunque sí de los Yanaconas, hasta que ven oidas grandes dificultades arribó al valle de Córpus Christi, que habian descubierto los Capitanes Pedroso y Cepeda, donde atemorizados con poca dificultad sus moradores, y rendidos al espanto de las armas de fuego sus Caciques Puchina y Motambe, fundó por el mes de Diciembre de este año una villa que llamó de Nuestra Señora de los Remedios, á treinta leguas de Victoria, en que fueron sus primeros Alcaldes Juan de Oliváres y Miguel Baquero; y porque trajinando el pais con diferentes catas, se reconoció estar todo él lastrado de minas y lavaderos de oro, se fueron animando sus conquistadores á tomar de veras la fundaoion de su nueva villa, y hubieran conseguido su crecimiento aplicándose á conservar los pocos indios que hallaron, para seguir con templanza la labor de los minerales. Pero como el ansia de enriquecer de golpe se aumentaba cada dia más, apuráronlos tanto, que con su diminucion y otros acaecimientos ha descaecido mucho la poblacion, aunque ya mudada de sitio más cercano á Victoria, que apénas conserva algunas cuadrillas de negros.

La noticia de esta jornada del Maese de Campo Ospina llegó algunos dias despues de principiada á la ciudad de Santafé, y luego los Oidores dieron por contravenido el Real orden que prohibía nuevas conquistas; y sea por no haberles dado parte ántes de comenzarla, ó porque los encendiese el informe de alguna emulacion oculta, todos convinieron en despachar contra él un Juez que, hallándolo ya poblado, se volvió mutis gustoso de lo que habia partido, y de la misma manera otro y otros, que consiguientemente despacharon, de que no perdía poco la nueva poblacion, pues todo el fruto que daba se convertia en acallar comisiones: hasta que, por último, corriendo ya el año de mil quinientos y sesenta, remitieron al Capitan Lope de Salcedo, vecino de la ciudad de Tocaima, quien, mostrándose entero en su comision y en la administracion del cargo que tenia, Francisco Martínez de Ospina le obligó á ocurrir á la Real Audiencia á defenderse de las culpas que le imputaban, siendo éste el origen y raiz de los bandos que se introdujeron en Victoria y los Remedios, de Ospinas y Salcedos, para que el fruto de sus enemistades haya sido la total ruina de la primera ciudad, y casi de la segunda, y aun para haber inficionado la de Mariquita, donde el tiempo ha extinguido estas facciones, más por la prudencia de sus descendientes para templarse, que por falta de altivez y medios para mantenerlas.

No ménos nocivas y más escandalosas eran las enemistades que habian echado raices entre los Oidores, siendo el doctor Maldonado el más ardiente en ellas y el que se banderizaba á cada paso contra el compañero que no asentía á su voto. Era el Licenciado Briceño el Ministro con quien ménos mal habia corrido hasta entónces; pero ya fuese porque no se habia declarado contra Grageda y contra el Licenciado Melchor Pérez de Artiaga, reden venido de la visita que habia ido á hacer á la provincia de Cartagena (que se le dió el año antecedente, poco despues que lo recibieron en la Audiencia por uno de sus Oidores) que se mostraban desafectos al Capitan Maldonado, ó por no haberle dado parte en este año de sesenta de las elecciones hechas de Justicia Mayor para Mérida en Pedro Bravo de Molina, y para Ibagué y Mariquita en Francisco Núñez Pedroso, crecieron las pasiones hasta dársele por declarado enemigo. tenia el Licenciado Grageda comision secreta para residenciar á Briceño en caso que le pareciese convenir: y como semejantes despachos se revelan ó traslucen, por uno de los dos caminos llegaron á la noticia de Maldonado, que llevado de su natural instaba á voces en los Acuerdos sobre la ejecucion, y aun acusaba en las conversaciones privadas á Grageda de que no queria usar de aquella comision por tener un voto más para los negocios de su conveniencia. Dábasale á Grageda poco de todo aquello, porque siendo de natural entero, trataba de llevar adelante su resolucion y hubiérale sido más plausible si fuera más  constante en el propósito; pero despues de lances indecentísimos que pasaron entre los dos y cuando ya sus competencias estaban bien sabidas en el Consejo, con descrédito grande de Maldonado, sobre que se le despacharon ásperas reprensiones, llegó á temer Grageda á Maldonado, y no fué mucho temiese á quien supo acobardar á Montaño.

Concebido el temor, fué consiguiente la coadunacion contra Briceño, y publicóse luego la residencia con gran deseo de hallarle notablemente culpado, así de parte del juez quo la tomaba como de Maldonado, que lo encendia debajo de la fingida amistad que habia pactado. Pero teniendo Briceño de su parte al Mariscal con toda la nobleza. del Reino empeñada en sacarlo bien de todo, por la limpieza y docilidad con que los habia gobernado, y no habiendo sentido bien de la conjuración los demas ministros de la Audiencia, no fué posible sacarle cargo más grave que el de los consentimientos tácitos y expresos con que habia dejado correr muchos de los desaciertos de Montaño, en que no bastando la defensa que interpuso, fué compulsado á comparecer en el Consejo, y su partida del Reino fué llorada de todos, y sucedió en ella lo que debian tener muy á la vista para su imitacion todos los ministros de su puesto; y fué que el dia que por este año salió de Santafé, al tiempo que lo más noble de la ciudad le asistia para acompañarle, hizo manifestacion pública de todo el oro que llevaba, que sería hasta quince mil castellanos, diciendo que aquello era cuanto habia sisado de sus salarios, y no se hallaría otra partida más, y sí se le averiguase supiesen que era hurtada. Y al fin pasé á Castilla, donde los cargos solicitados por su enemigo fueron los medios con que brevemente se lo dispuso la buena fortuna con que corrió hasta la muerte; siendo el primer paso su provision á Guatemala con la visita de aquella Audiencia, el segundo trasladarla á Panamá y el tercero volver á gobernar á Guatemala, donde lo dejaremos hasta que sus méritos lo coloquen en la presidencia del Reino.

Miéntras corría la residencia del Oidor Briceño, no paraban las dependencias de la fundacion de los Remedios; y el haber ocurrido Francisco Martínez de Ospina á sus defensas, no fuera bastante para dejar de tener en su causa tal mal éxito como el del Capitan Juarez, si no le hubiera favorecido la dilacion del tiempo con tres circunstancias que bastaron á facilitar su pretension. La primera fué haber llegado poco ántes Cédula Real de Felipe II para que se pudiesen hacer y capitular nuevas poblaciones y conquistas, en cuya virtud habia capitulado el Mariscal la conquista del Dorado; pues aunque por ella no se aprobaban las ya hechas, se templaba á lo ménos con el despacho el rigor con que debia procederse contra los, que en aquel punto se hallasen culpados. La segunda, que se le recreció á la primera, fué convertir Maldonado en sangrienta oposicion con Grageda y los demas compañeros la fingida amistad que le habia tenido miéntras residenciaba á Briceño, porque en semejantes encuentros, hasta los reos se hacen necesarios para dar cuerpo á las parcialidades, y la autoridad que tenia Ospina en el Reino era muy para solicitada de ambas. Y la última, en que consistió su buena fortuna, fué haber hallado por uno de los Oidores de la Real Audiencia al Licenciado Melchor Pérez de Artiaga, paisano suyo Alabés, y con quien tenia amistad desde su patria, que siendo uno da los contrarios de Maldonado por íntimo o de Briceño y Grageda, le favoreció de suerte que obraron muy poco los informes de Lope de Salcedo para embarazarle la vuelta á gozar parte de la riqueza con que correspondian los minerales de los Remedios: y en fin las mismas acusaciones que pusieron al Capitan Juarez en la última desventura, en este caballero hicieron tan poca batería, como se ha visto, porque no influyen los ejemplares donde varian las circunstancias, y más como la de hallar ó no favor entre los jueces.

En las correrías que el Maese de campo Juan Ruiz de Orjuela y los Capitanes Antonio de Olalla y Antonio de Ólalla Herrera habian hecho para castigar algunas alteraciones de los Panches y para encontrar camino más tratable que el de Vélez para bajar de Santafé al rio grande de la Magdalena, se habia reconocido á quince leguas al noroeste de Bogotá otra nacion confinante á los mismos Panches y á los Muzos, que si bien no era de indios tan belicosos como ellos, mostraba ser numerosa y ocupar terreno de mucha consideracion; ésta era la de los Culimas, extendida por un fértil pais que riega el rio Negro, y otros en que se habia conservado, á pesar de las invasiones que en ellos habian repetido en tiempos atrasados los Muzos y Panches, si bien estos últimos no con fin de ocuparles la provincia para dilatar la suya, sino de cebar su voracidad en la sangre de los que muriesen á sus manos. Esta noticia, derramada Por todo el Reino y la Real Cédula que habia llegado para permitir nuevas conquistas, puso en pretencion de esta de los Calimas á D. Antonio de Toledo, vecino de la ciudad de Mariquita, cuya calidad y servicios facilitaron que por este año saliese á ella desde la villeta de S. Miguel con ochenta hombres, perros y caballos y los vivanderos que parecieron bastantes para conducir los víveres; pues aunque el terreno representaba dificultades, asegurábase el buen suceso en La noticia que ya los Calimas tenian de haber sujetado nuestras armas las naciones vecinas, de quienes casi siempre se vieron oprimidos.

Entre los que seguian á D. Antonio de Toledo iba muchos nobles, y aunque algunos con florida juventud, tan hábiles para la guerra como despues lo mostraron, siendo de los Cabos más señalados del Reino; y aunque no pueda hacer memoria de todos, no será justo omitir la de los Capitanes D. Lope de  Horosco, Juan de Otálora y hernando de Velasco y Angulo, cuyos relevantes servicios son bien notorios, fuera de los que en asta conquista hicieron acompañados de Cárlos de Molina, yerno del General D. Antonio de Toledo, de Luis Estévan de Feria, marido que fué de doña Catalina de Taboada, de Pedro Jiménez de Bohórquez, Bartolomé de Saldaña, natural de Osuna y uno de los primeros conquistádores, Juan Félix de Fonseca, Alonso de Isla, Nicolas Gutiérrez Prietó, Juan Félix de Bohórquez, Fernando Pulgarin Barragan, Juan de Porras, Pedro Sánchez de Velasco, Rodrigo Pardo, que casó con doña Ana de Fonseca, Francisco Martínez, Bartolomé de Masmela, Diego Pérez Brochero, Francisco de Triana, Mateo Sánchez Rey y de otros cuyos descendientes entre la diversidad de apellidos con que de presente corren, representan muy al vivo con sus loables procedimientos los méritos que adquirieron en aquella y otras muchas conquistas en que se hallaron.

Luego que se tocó en los umbrales de la provincia de los Calimas, se fué adelantantando el Capitan D. Lope de horosco con sus caballos, todo aquello que bastó para poner en arma el pais al susto de la invasion; pero como á la defensa que Therama, Cacique principal, pretendió hacerlo en lo raso de una colina, volviese roto y escarmentado al cheque de los caballos y temor de los perros, quedó tan desanimada la nacion Calima, que sin bastar los brios que mostraba para hacernos oposición su General Murca, ni los consejos de Parripari, oráculo anciano de sus errores, se negaron á la resolucion de hacer cuerpo de ejército para impedir la conquista, y solamente mostraron desear La libertad con la continuacion de algunas emboscadas que, en los pasos más estrechos o tránsito de los rios y arroyos, disponian á su salvo: y á permanecer en ellas más tiempo del que los nuestros tenian para descubrirlos, hubiera salido costosa la conquista, por ser el veneno de que usaban en una flechería de los más activos que se latina experimentado en Indias. Con todo, en la gente vivandera y en algunos infantes fué considerable el daño que recibió nuestro campo, por no ser cosa fácil cubrirse con  los escaulpiles y rodelas, de suerte que las flechas no hirieran alguna parte del cuerpo, especialmente cogiendo era descuido la marcha de la gente española, y estando en asecho los indios, sí bien sobraban dos perros sueltos á tiempo para el desquite de lo que hacian en muchas furtidas.

No siendo necesario más encuentro que los que van referidos, para que toda la provincia se lo sujetase á D. Antonio de Toledo, acarició sus Caciques, y habiendo reconocido su fertilidad y estando tan vivas las esperanzas de hallar en ella minerales semejantes á los que en otras partes se descubrian, se determinó á fundar una villa que la asegurase, como lo puso por ejecucion en sitio que pareció á propósito, llamándola N. Señora de la Palma, y elegidos Alcaldes y Regimiento, apuntó y repartió por casas todos los indios del pais, segun los méritos de los que se aplicaron á quedar por vecinos. Esta villa, que brevemente ganó privilegio de ciudad, la trasladó el Capitan D. Gutiérrez de Ovalle, siendo su Justicia Mayor, el año de sesenta y tres, al sitio en que hoy permanece, llamándola de N. Señora de la Palma de Ronda, en obsequio de su patria era la alta Andalucía. En toda su comarca no se han hallado otras minas que de cobre y plomo: es muy abundante de algodon y á propósito para ingenios de azúcar; pero señalase más en los grandes ingenios y mejores genios de los que nacen en su clima: y es muy de reparar que estando tan inmediata á la ciudad de Muzo, en que se crían las esmeraldas, ésta vaya siempre á ménos, en vez de que sus minerales la lleven á más, y ha Palma florezca en caudales cuantiosos, que fructúa el trato de lienzos y conservas. En ésta descarase La paz y en aquélla se engendren los pleitos, y sobre todo es favorecida la Palma de tan benigno influjo, que con sabor que alguno ha nacido en ella, bastará para acreditarlo de virtuoso, de que pudiera hacer lista muy dilatada, si no temiera agraviar la modestia de los que viven.

Miéntras se obraba lo referido en la provincia de los Calimas, tomaban cada dia más fuerza los encuentros que se notaban en la Real Audiencia entre los Oidores Grageda, Artiaga y Maldonado, siendo éste poderoso no solamente para tenerlos en continuo desasosiego, sino tambien al Licenciado Tomas López, que vuelto de su visita de Popayan volvió á ser blanco de sus irrisiones, sin merecerlo sus buenas letras y mansedumbre; y aunque por este tiempo pasaron á banderizar la Audiencia en dos Salas, pretendiendo Maldonado formar por sí solo la una, corriera mucho más la demostracion á no atajarse el escándalo con la entrada en Santafé del Doctor D. Juan de Simancas, Obispo electo de Cartagena, que iba a que lo cansagrase D. Fray Juan de los Bárrios, que lo era del Reino y Santa Marta. Era esto caballero electo natural de la ciudad de Córdoba, hermano del Obispo D. Diego de Simancas, que lo era de Zamora, y habia sido colegial de San Clemente en la Universidad de Bolonia; y como en él concurrían todas las partes que lo ascendieron dignamente á la Mitra, tomó, la mano en componer aquellos disgustos, con el fin de que le asistiesen conformes a tan santa funcion: y aunque no pudo su persuasiva destruir las raíces del odio, consiguiolo en la exterioridad, con que acalladas las enemistades y cortejado de la Real Audiencia y primeros caballeros del Reino, entre quienes halló muchos ilustres paisanos, recibió la Consagracion con la majestad que pedía la primera que se hacia en aquella Catedral, y á pocos dias despues bajó á su Obispado, donde mal contento del clima, ó por superior impulso que lo movía, se embarco otra vez para Castilla, dejando de vivir muriendo en su Obispado, por morir viviendo en su patria.

Fenecido este año con el buen progreso de las conquistas del Nuevo Reino, entró el de mil quinientos y sesenta y uno, en que trocadas al parecer todas aquellas felicidades, se pusieron en arma todos sus habitadores, por la general que les tocó por la provincia de Venezuela la intempestiva entrada del tirano Lope de Aguirre: y porque no será bien sacar los acaecimientos de su lugar, y convendrá saber el estado que tenia el Reino al tiempo que se movió esta guerra, es de advertir que atento el Real Consejo de Indias á poner el reparo conveniente en las competencias de los Oidores de Santafé, por las quejas y perjuicios que resultaban de ellas, resolvió desde el silo antecedente conceder á Tomas López la licencia en que instaba, para que le admitiesen la dejacion de su plaza y volver á Castilla, cometiendo su residencia al Licenciado Grageda, y nombrando en su lugar á Diego de Angulo Castejon, y por compañeros suyos á Diego de Villafañe en lugar de Maldonado, con órden de que con los autos de su residencia fuese remitido al Consejo, y á Juan López de Cepeda, Oidor más antiguo de la española, para que con la antigüedad de su plaza sucediese al Licenciado Grageda, quien residenciado habia de volver á residir y ocupar la plaza que él habia dejado, para que removidos así todos los Oidores y puestos otros de nuevo, se terminasen las acusaciones que hacian unos de otros.

El primer efecto de esta resolucion fue llegar á Santafé los despachos de Tomas López con la noticia de todo, y de los nuevos Oidores que habian desembarcado en Cartagena, que fué lo mismo que haber entrado el montante, que todo lo puso en paz; y no queriendo Tomas López retardar la ejecucion de sus buenos propósitos, instó luego en que se lo tomase la residencia, y húbolo de hacer el Licenciado Grageda, sin que contra el visitado resultase cargo de consideracion, porque, á la verdad, él era hombre ajustado, como se reconoció en las muchas pruebas que Juan de Montaño y el doctor Maldonado hicieron de su virtud; y así, dado por libre, pasó á Castilla, donde, animado de sus buenos deseos, se dió en Alcalá á una vida ejemplar y recogida, y estudiadas muy de asiento las artes y Sagrada Teología, tomó despues los hábitos eclesiásticos y recibió los Sagrados Ordenes con aquella decencia que pudo poner de su parte, y en que persevero ejemplarmente todo el tiempo que tuvo de más vida, escarmentado de los riesgos de su salvación en que lo habia puesto la plaza que pretendió de Oidor, y en que tambien lo pusiera ótra cualquiera dignidad eclesiástica si pusiera medios para conseguirla.

Poco despues de residenciar á Tomas López entraron en Santafé, uno en pos de otro, los Licenciados Diego de Angulo Castejon y Diego de Villafañe, y tomada la posecion de sus plazas, trato luego éste de la residencia de Maldonado, que no teniendo el buen éxito de la antecedente, por haber sido tan contrarios los procedimientos, fué preciso cumplir con el órden de remitirlo á Castilla, donde bien mortificado de sus arrojos por algunos años, pasó despues á Méjico con plaza de Alcalde de Corte: y volviendo al Angulo, que pretendía ócupacion en que descontar los empeños del viaje, consiguió pocos días despues de su llegada salir á visitar las provincias de Tunja y Pamplona, donde habiendo hecho la primera tasa de los tributos que los Encomenderos habian de cobrar de los indios de sus repartimientos, moderando la que á su arbitrio cobraban, y dejado órden al Capitan Juan Maldonado, que se estaba ocioso en Mérida (por haberle dado el cargo de Justicia Mayor á Pedro Bravo de Molina) para que hiciese una poblacion de españoles en el valle de Santiago, que facilitase el paso de Pamplona á Mérida, por mediar el sitio entro estas dos ciudades y poder servir de plaza de armas para allanar la tierra, dió vuelta á Santafé, donde halló á los Oidores Artiaga y Víllafañe ménos corrientes de lo que debieran estar al ejemplo de lo que se habia obrado con sus antecesores, pues tal vez remitían al imperio de las manos lo que debieran á la fuerza de las leyes, aunque siempre por culpa del Villafañe, á quien la buenas prendas de su émulo irritaban.

Con este órden que tuvo el Capitan Juan Maldonado, sacó luego veinte infantes y caballos de Mérida, y sin accidento que lo embarazase, atravesados los valles de S. Bartolomé y los Bailadores, en cuyos términos se fundó despues la ciudad de la Grita, arribó al valle de Santiago, llamado entónces dolos Tororos, donde los indios del pais, aunque muchos para el corto número de españoles que entraba en él, escarmentados de los encuentros que habian tenido con el Capitan Tolosa y temerosos de los perros y caballos, de quienes experimentaban el mayor daño, dejando libre el terreno, les dieron paso hasta el pueblo de las Ahuyamas, que estaba el último y más inmediato á las Lomas del viento, donde pareciendo el más á propósito para lugar de españoles, fundó sobre las riberas mismas del rio pequeño que la baña, una villa que llamó de S. Cristóbal, aunque no falta autor de mucha fe que la da poblada por el mismo Juan Maldonado desde el año de cincuenta y nueve, al tiempo de pasar á la ciudad de Mérida; y aunque la pretencion habia sido de que sirviese de plaza de armas para refrenar los asaltos de los Cuentas, Bailadores, Motilones y Chinatos, que embarazaban la comunicación de Mérida y Pamplona, á quien habia de estar sujeta, nada bastó para que, repartidos solares, dejase de encomendar los indios del mismo valle: los Capuchos que estaban de la otra parte de las Lomas del viento, y los Toreros situados sobre el Apure que baja de las sierras Nevadas de Mérida, en los primeros pobladores que le acompañaban, de quienes fueron Vasco Pérez de Figueroa, Francisco de Pastrana, Gonzalo Sánchez Osorio, Pedro de Anguieta, Antonio Díaz, Francisco de Triana y otros, que brevemente la eximieron de aquella jurísdiccion, ganándola separadamente para su villa y extendiéndola hasta comprender las Lomas del viento, criadero de famosas mulas, y hasta la provincia de los Chinatos y gran parte del valle de Cúcuta, fértil como se ha dicho para ganados mayores, y en que se han hecho hermosos plantajes de caña.

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