INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO IV
 


ARMENDARIZ BAJA PRESO Á CARTAGENA PARA QUE ALLÍ LE RESIDENCIE MONTAÑO.-EL CAPITAN AVELLANEDA FUNDA LA CIUDAD DE S. JUAN DE LOS LLANOS.-EL ADELANTADO HEREDIA Y LOS OIDORES GÓNGORA Y GALARZA SE AHOGAN EN ARENAS GORDAS.-PASA MONTAÑO Á SANTA MARTA, PÓNESE LA PRIMERA TASA AL TRIBUTO DE LOS INDIOS, Y URSUA PASA Á PANAMÁ DONDE ROMPE EL PALENQUE DE LOS NEGROS.

VIÉNDOSE Montaño combatido de tantos recelos cuantos le causaban sus enemigos, puso la mira en sentenciar con Briceño la residencia de Miguel Diez de Armendariz, que puesto en prision esperaba el fin de sus infortunios con más paciencia que la que mostró tener con Alonso de Zurita, con quien por mal que le fuese hubiera tenido mejor éxito que el que lo amenazaba. Oidos, pues, los cargos y acusaciones puestas por los Caquecios, que se daban por los más agraviados, satisfizo en la forma que puedo un desvalido á quien los más íntimos se retiran ó declaran neutrales. Lastimábale á Briceño ver aquel hombre, de quien habian temblado tantas provincias, en tan miserable fortuna, y más habiendo sido recto administrador de la justicia y ejemplo singular de jueces en limpieza de manos aunque por deslices de la fragilidad humana y artes de Alonso Téllez, hubiese caido en algunos errores culpables que le oponian. Contrarios efectos causaban estas consideraciones en Montaño, para inclinarlo á diferente dictámen; ¿ pero cuándo el tigre no se enfurece con lo mismo que se desenoja el loco, para que sea mancha en el uno lo que es corona en el otro? y así, pudiendo más la crueldad de Montaño que la compasion de Briceño, convinieron en sentenciarlo rigurosamente, y en que lo bajasen á Cartagena, donde tambien lo habia de residenciar el mismo Montaño de los excesos que le imputaban haber cometido en el ejercicio de las comisiones que tuvo en aquella ciudad.

Pronunciada la sentencia, acudieron luego los ministros inferiores á la cárcel á cobrar sus derechos de Armendariz, pues aunque de ella habia interpuesto apelacion para el Consejo, eran exequibles las costas: á que respondió no tener más bienes que los vestidos con que se cubria; y siendo tan notoria verdad, anduvo tan descomedido el Escribano, que le quitó la sobreropa de los hombros, dejándolo en jubon á vista de los que se hallaban presentes, y ojalá fuese á la de cuantos rinden adoraciones indignas por conseguir tales cargos. Tenia á las espaldas al Capitan Luis Lanchero, el más agraviado de Armendariz, y quien le habia seguido con más teson en la residencia; pero viendo el desacato del Escribano lastimóle de suerte que quitándose una capa de grana que llevaba puesta, cubrió con ella no solamente su desnudez, sino las crueles prisiones en que lo tenian. Volvió entonces el rostro Armendariz para reconocer á quien habia usado con él de compasion tan hidalga, y díjole entónces Lanchero: Pues señor, no hay ninguno de los favorecidos en otro tiempo que asista á V. S. en el presente? á que respondió Armendariz: No, porque en el tiempo de ganar amigos, elegí lo peor, señor Lanchero. Bien claro ejemplo el uno y el otro de la templanza con que los nobles deben portarse con los caídos, por enemigos que sean, y del extremo de infelicidad á que suelo llegar quien más afortunado se asegura en el puesto.

No solamente manifestó su nobleza Lanchero con lo que va referido, pero pagó tambien todas las costas y costos de que necesitaba Armendariz para bajar decentemente á Cartagena, por la priesa que le daba Montaño, con fin de hallarse en aquella ciudad ántes que se partiese la Armada y de tenor lugar para componerse con Alonso Téllez, que era quien más cuidado le daba: y por no hacerlo sin que alguna crueldad lo malquistase de nuevo, dió en persuadir á Briceño á que revocase el nombramiento de Gobernador de Popayan, que habia hecho en Pedro Fernández del Busto, ó porque le daba en rostro las acciones piadosas, á porque no habiendo sido suyo el acierto, queria tener parte en la injusticia que todas tendrian por suya. Resistióse á los principios Briceño ; pero crecieron de suerte las instancias de parte del compañero envueltas en amenazas y voces, que hubo de ceder con la ordinaria disculpa de que no quería ser causa de la perdicion del Reino; sí bien fué muy poco el tiempo que dejó de gobernar Pedro Fernández del Busto, miéntras llegó el sucesor propietario. Con la ejecucion de esta galanteria, tan propia de Montaño, salió para Cartagena, llevándose por delante á Miguel Díez de Armendariz, y por las espaldas al Capitan Pedro de Ursua, que con Francisco Diez de Arles, Martin Diez de Arrnendaríz y otros cinco ó seis camaradas, lo seguia con fin de asistir al tío en su residencia y solicitar forma de huir el cuerpo á la pasion con que hombre tan malo miraba sus dependencias.

Apénas salió Montaño de Santafé, cuando Briceño, inclinado á la pretension que muchos dias ántes tenia el Capitan Juan de Avellaneda de salir á nuevas conquistas, con fin de retirarse de los riesgos en que los de su parcialidad estaban metidos con la borrasca de aquella visita, trató de ocuparlo en parte, donde sin contravenir á la prohibicion que subsistía, diese claras muestras de la fineza con que debía emplearse en servicio del Rey. Habia este caballero, como uno de los que entraron con Fedreman, considerado de cuánta reputacion seria la conquista y población de alguna parte de los Llanos de S. Juan, por la muchedumbre de indios que en olios habia, y por el mucho útil que de conseguirla podría aumentarse á la Corona de España, respecto de las esperanzas que prometían sus dilatadas provincias, donde no pocas veces encontraron muestras de oro finísimo y admirables sitios para nuevas ciudades, de que forzosamente habia de necesitar el Nuevo Reino, no solamente para los comercios, sino para que sirviesen de escalas á la conquista espiritual de Obreros Evangélicos que pretendiesen trabajar en la reduccion de otras muchas provincias y Reinos confinantes que habia en el corazon de los Llanos, cuyas noticias arrastraron tantas veces á los Cabos alemanes para que experimentasen su corta fortuna; y así, llevarlo de estas consideraciones, que forzosamente hubo de comunicar á Briceño, á quien y al Mariscal Quesada no desagradaron, se redujo á quedar satisfecho con que se le concediese esta empresa, como la consiguió, disponiendo hacer su entrada por el mismo camino que abrió Fedreman para el Reino.

Eran muchos los que pretendian seguir á este Capitan en la faccion que emprendia; pero experimentado él en el número de gente que bastaria para conseguirla, lo redujo á setenta infantes, los más de ellos de los Caquecios, entre quienes iban Domingo Ladron de Guevara, señor que fué de Facatativá, Nicolas Gutiérrez, que lo era de Usme, Alonso de Aponte, Francisco de Aguilar, Diego de Vergara, Diego López Vela, Peralta y otros, con quienes siguió su derrota, extraviándola desde Fosca por los confines de los Buchipas, indios de poco ánimo y mucha cautela con quienes tuvo algunos encuentros de poca consideracion, hasta que despues de caminadas más de noventa leguas por páramos, derrumbaderos y montañas, en que perdió los pocos caballos que llevaba, hubo de vencer las fragosidades de la cordillera grande, que atraviesa todas las Indias, hasta que al costo de su perseverancia y fatigas, arribó á los Llanos por la parte que hace frente al Reino de Bogotá la nacion de los Guaybas.

Estos Llanos, á quienes impropiamente da nombre de Valle D. Bernardo de Várgas en su descripcion de las Indias, corren Norte Sur desde el rio de la Canela y faldas de la cordillera, que algunos llaman del Dorado, por más de seiscientas leguas, hasta encontrarse con las aguas del mar del norte por aquellas partes en que desemboca el rio de las Amazonas, Orellana ó Marañon. Tiene de latitud, segun los tanteos diferentes que hicieron de ellos por distintos rumbos, á doscientas y á trescientas leguas. Riéganlos algunos de los más caudalosos rios que hay en las Indias, como son el Meta, que perdiendo el propio nombre por juntarse con el Orinoco (que nace como él de la cordillera grande á las espaldas de Santafé) desemboca enfrente de la isla de la Trinidad. El Iscance, el Papamene, el Guay-baro y otros con él, que por socorrer con crecidos raudales al Marañon, que sirve de foso á los Llanos por la parte del Brasil, confunden de suerte la certeza de su origen, que apénas podemos asegurar que sea á las espaldas de la gran ciudad del Cusco. Lo más singular que se ha visto en esta dilatada y espaciosa grandeza de tierra llana, aunque montuosa, son dos peces singulares de más del tremelga, de que ya hemos dado noticia; el uno que se cria en el poderoso rio Iscanse, que Entra en el Marañon (sobre quien se fundó despues la ciudad de Simancas en veinte y seis de Junio del año de mil quinientos y ochenta y tres), y sigue las Canoas, dando fieros bramidos, á quien los naturales llaman Perro de agua: y el otro en rio Verde, de cuerpo muy pequeño, que arrimándose á las embarcaciones las detiene, sin que haya fuerza humana que las pueda mover, hasta que con la mano lo quitan, para crédito no  solamente de que hay rémoras, sino que tambien se crian en rios las que se han dudado tanto en el mar. Hállanse tambien en las montañas de estos rios aves del tamaño de gallinas, que tienen toda la carne atravesada de espinas, como si fuera peje, cosa no ménos maravillosa que las pasadas, y que afirma escritor de tanto crédito como el que allanó aquellas provincias.

Estaba, pues, la nacion de los Guaybas, á que dijimos haber arribado Avellaneda, de la otra parte de una vega de dos leguas de travesía y más de treinta de longitud, que hace el celebrado rio de Guape, dividido casi siempre en más de veinte brazos que facilitan su esguazo; y como los indios de su natural fuesen poco guerreros, y la continuacion de las entradas de alemanes y españoles los tuviese amedrentados, sin dificultad quedaron sujetos, y los nuestros dueños de la provincia. Era este sitio que ya ocupaban y á quien Fedreman llamó de la Fragua, muy conforme á los designios de Avellaneda, así por el buen temperamento como por la disposicion que ofrecia para cria de ganados y semillas, fundamente único de la conservacion de las provincias; y porque á poca distancia se descubrian muestras del oro más fino que hasta entónces se habia hallado en una quebrada que llamaban de Auza, á que se llegaba la muchedumbre de varias naciones que la rodeaban y de que necesitaba el beneficio de las minas y labor de las tierras: motivos todos que le obligaron á fundar sobre un arroyo nombrado Cunimia, en dos grados y medio de latitud de esta banda del Norte, una ciudad á quien de su nombre puso el de San Juan de los Llanos, eligiendo en ella Alcaldes y Regidores que la gobernasen, y desde donde corrió la tierra con tan buena fortuna, que habiendo sujetado en pocos meses á distancia de siete leguas las naciones de los Magnanes, Curabanes, Camajaguas, Operiguas y Guamenes, y otras muchas que dió en repartimiento á los pobladores; y habiendo descubierto los Sarayes y Bayanonzas á distancia de veinte leguas, dió vuelta á Santafé á dar cuenta de su conquista y de la ciudad que dejaba fundada, y ha salido de ménos útil que se ímaginó á los principios, pues aunque se erigió por cabeza de gobierno, y en él se continuó con perpetuidad y por sucesion en la casa del Capitan Alonso de Olalla Herrera, y los caballeros de esta familia dilataron su gobierno hasta la ciudad de Caguan, que por órden de Juan López de herrera fundó Gaspar Gómez despues, señalándose siempre en la guerra, como tambien Antonio de Olalla, su hermano, á quien vimos sujetar con teson invencible la nacion feroz de los Bayanonzas, en que no tuvieron poca parte las armas auxiliares de los Coyaimas, todo ello no ha bastado para que el gobierno y la ciudad no hayan declinado, ni para que familia tan benemérita tenga premio que acuerde los servicios de sus pasados.

Ya por el tiempo que Avellaneda entraba en los Llanos, habia el Licenciado Montaño arribado á Cartagena, donde gobernaba el doctor Maldonado por haber suspendido á Don Pedro de heredia, su Adelantado, que en seguimiento de su causa trataba de volver á esta Corte; y como las noticias de Montaño estuviesen tan derramadas en la Costa, y la comunicacion con Góngora y Galarza no solamente hubiese descubierto sus prendas amables, sino acreditado de peor la mala opinion que del otro corria; ni en Maldonado tuvo el apoyo que se ideaba su desvanecimiento, ni en los vecinos el correjo á que estaba enseñado, porque como aquella ciudad no estaba sujeta á la Audiencia de Santafé, y las sumisiones sean hijas de la dependencia, dábaseles muy poco de la soberanía con que pretendia entablar sus comisiones, y ponían todo el conato en festejar á los dos Oidores, que ofendidos de la sentencia que les habia dado, más la retencion de sus títulos, no hacian caso de su altivez, ni saludaban aunque se encontrasen con él. Alonso Téllez, por consiguiente, aunque solicitado por terceras personas, no quiso amistarse ni verse con él, y estábase en el navío lo más del tiempo que gastaba Montaño en persuadirlo, que no fué de pocos días, hasta que desesperado volvió la proa contra Armendariz, á quien favorecia en todo lo posible el doctor Maldonado, no para embarazar el progreso de la residencia, porque no le aconteciese lo que á Góngora y á Galarza, sino en el tratamiento de su persona; lo cual podia muy bien hacer por tener la cárcel á su disposicion, donde aunque el uno le agravase las prisiones con rigor, el otro se las aliviase con piedad.

En este intermedio salió de Cartagena la Armada á cargo del General Cosme Rodríguez Farfan, y en ella venian el Adelantado D. Pedro de Heredia, los dos Oidores Góngora y Galarza, el Contador del Reino Juan Martínez Cayese y Alonso Téllez, y no Pedro de Ursua, que escapó de la fatalidad que padeció esta Armada en el Océano, para perecer en ora, que por disposicion más alta se le prevenia en el Marañon. La causa de su detención fué por ver el paradero de aquella segunda residencia, que por más que la aguijoneaba Montaño daba muy poco de sí; ó porque generalmente se miraba con ojeriza la mala intencion que se traslucia en Montaño; ó porque lastimados de Armendariz, los más quejosos se daban por satisfechos con lo que veian: verdad que acreditó el ánimo generoso del Capitan Nuño de Castro, el mayor enemigo que le habia granjeado sus comisiones; pues dándole á entender Armendariz el miserable estado en que se hallaba, no solamente se compadeció para desistir de capitularle, pero se extremó de suerte en socorrer sus necesidades, que advertido de cuanto se extrañaba verle obrar tan piadoso con quien habia usado con él de tantas sinrazones, respondió como quien era, que si por ley Divina era obligado á hacer bien á quien le habla hecho mal, por leyes del mundo se hallaba en preciso empeño de proceder en aquella fineza con Armendariz, pues valiéndose de él confesaba el honroso concepto que tenia hecho de su persona. Con este ejemplar obraban los demas vecinos tan hidulgamente, que más se extremaban en servirle que en molestarle.

Nada de todo esto aprovechó para que Montaño, con culpa ó sin ella, dejase de darle sentencia bien parecida á la primera, sobre que le agravó las prisiones, y tratando de pasar á Santa Marta hizo muchos requerimientos al doctor Maldonado para que en la primera ocasion lo remitiese á estos Reinos; pero éste, que á nada se inclinaba ménos que á darle gusto á Montaño, le quitó luego las prisiones, y señalándole por cárcel la ciudad, lo dejó andar libre hasta el año siguiente, en que lo remitió en la Armada, y llegó á Sanlucar, donde supo la mala cuenta que tomé de la isla habia dejado del oro que le dió en confianza: duro golpe para quien habia de litigar como reo, donde ni se piensa que vuelvo pobre Gobernador alguno de Indias, ni se presume que hay en ellas Juez que sea limpie de manos. Al fin, como pudo llegó á Valladolid á buscar amparo en los mismos que lo favorecieron al tiempo de sus pretensiones; pero las quejas que se habian dado de sus desórdenes los tenian tan trocados, que lo fiscalizaban en vez de favorecerlo: tanta suele ser la impresion que hacen los primeros informes aun en los más supremos consejos. Su modestia, empero, acompañada de lo esclarecido de su sangre y la consideracion de su desinteres en la administracion de justicia, concluyeron con crédito sus dependencias, dejándolo escarmentado de haber pretendido para las Indias, y así puesta la mira á más seguro estado para salvarse, eligió el eclesiástico, y conseguida con facilidad una Canongía de Siguenza, acabó en ella loablemente la vida, sin escrúpulo de restitucion que lo inquietase en la muerte, cuya noticia he anticipado aunque acaecida algunos años despues, por si no tuviere lugar de referirla á su tiempo.

De acciones tan encontradas como las que obraron el Oidor y el Fiscal Maldonado con Armendariz, quedaron tan enemigos como lo dijeron despues los efectos, aunque de presente el uno se daba por contento con ver sentido al otro de las atenciones con que habia tratado á Armendariz, á quien él perseguia; y Montaño libraba su despique en amenazas para cuando se viesen en Santafé, donde esperaba vengarse. Con estos buenos propósitos y el sentimiento de no tener inferiores en que romper su cólera, tomó la vuelta de Santa Marta, á quien gobernaba Luis de Villanueva, manteniendo la paz asentada con los Taironas, despues de la batalla de los pasos de Origua. A éste, pues, ó por los daños que en la costa habian hecho algunos corsarios, ó por no dejar hombre de méritos sin que lo tiznase su pluma, investigó delitos que imputarle para suspenderlo, y tomarse el gobierno miéntras de Santafe mi nombraban Justicia Mayor de aquella provincia; pero como ella estaba tan pobre por la poca seguridad con que los vecinos podian extenderse á labrar minas y cultivar la sierra poblada de Taironas, se hubo de contentar con buenos deseos, y determiné pasar, como lo hizo, á Salamanca y no de la hacha, donde se sacaban las perlas sin causa que lo honestase, por no ser aquellas ciudades de la jurisdiccion de la Audiencia de Santafé; pero habiendo tomado tal resolucion, claro se está que no seria con el fin del otro Emperador, que pasó á los fines del Océano á coger solamente por triunfo de las conchillas que arroja á las playas.

De esta ausencia de Montaño, que todo lo embarazaba, queriendo aprovecharse el Obispo, propuso á Briceño lo mucho que convendria dar medio para que se reformase la exorbitancia de los tributos que de los indios cobraban sus Encomenderos, pues siendo arbitrarios como lo habian sido hasta entonces, ni tenian caudales para contribuir á su antojo, ni era paso aquel para mantenerse en las indias, que últimamente habia de ser con el trabajo de sus naturales, cuya conservacion pendía de tantearlo de suerte que no faltando á un moderado tributo, pudiese fructuarles tambien para el sustento de sus familias. Fuele grata á Briceño la propuesta, por lo que interesaba su crédito del buen éxito de ella; y así, acompañándose con el Obispo y Mariscal Quesada, hizo tasa de los tributos que debian pagarse; que si bien fué crecida, por no desabrir del todo á los interesados, fué digna de alabanza, por haber sido la primera en que á los conquistadores se les privo de cobrarla á su arbitrio. Siguióse á ella la entrada de Montaño en Santafé, siempre celoso de que la menor cosa del Reino se resolviese sin el influjo de su dictámen: por esta causa dió luego en afearla, y más la eleccion de Avellaneda para la poblacion de S. Juan de los Llanos, con cuyos motivos se fué mostrando más incomportable que lo habia sido de ántes, y empezando por el apoyo que pretendia se le diese á sus intempestivas resoluciones, consiguió de Briceño que nombrasen juntos por Justicia Mayor de Santa Marta al Capitan Luis de Manjarrés, en que únicamente obré con justicia en todo el progreso de su gobierno, aunque basté haber tenido parte en esta eleccion, para que á este caballero lo tomasen por su cuenta las desgracias, como lo mostró el suceso.

Por este año, pues, tan memorable por la renunciacion que en él hizo el César, así del Imperio Romano como de toda la Monarquía que dominaba, se proseguia la guerra entre las dos Coronas de Francia y España, con más porfía que nunca, pues no bastando para apagarla las frias cenizas de los dos mayores émulos que la principiaron, tenia puestos á los sucesores de su ardimiento en lances de comenzarla de nuevo. Por esta razon nadaban en sangre muchas campañas de Italia; y algunos de los cosarios franceses, no satisfechos con el interes que producen los mares de Europa, pasaron á examinar los de Indias, tocando arma en todas sus costas y embarazando el comercio de unas con otras. Señalábase entre ellos por aquel tiempo Pedro Braques, que con cinco embarcaciones tenia puestas en temor las plazas de más consecuencia ; pero como el que tenian los españoles no quitase el que se acompaña con los franceses, gastaba lo más del tiempo en reseñas del poder que llevaban en presas de poca consideracion, hasta que por éste en que vamos acometió á Santa Marta, auxiliado de una brisa deshecha, que lo introdujo en su puerto. Bien quisiera Luis de Manjarrés acudir luego al rechazo del desembarque; pero aquellos vecinos, acostumbrados á las repetidas hostilidades del saco y vejaciones de los piratas, vivian tan ajenos de tomar cólera por los agravios que recibian, que libraban las prevenciones de su defensa en el corto menaje de una hamaca, dos vestidos y cuatro sillas, para no tener embarazo en retirarse con tiempo; y así, por más que trabaje su Capitan en que se animasen, aprovechó lo que siempre; con que viéndose tan solo que apénas le seguian seis hombres, hubo de retirarse al monte á tratar del amparo de las mujeres que en él se abrigaban, miéntras los cosarios, apoderados de la ciudad, saqueaban las casas, que era el fin de la empresa: y si bien por esta causa lo condujeron preso á estos Reinos, donde faltaban noticias de la forma con que se portaban aquellos vecinos, pero en desengañándose de que los mismos que huyeron fueron los primeros que lo capitularon, con facilidad fué dado por libre, y se tuvo en memoria para premiarlo despues.

Con estas malas fortunas corrian los de Santa Marta, cuando el Capitan Pedro de Ursua y el Fiscal Maldonado, viéndose libres del cuidado en que los habia puesto Armendariz, corriendo ya el año de mil quinientos y cincuenta y seis, trataron á un mismo tiempo de salir de Cartagena; el primero para el Perú, donde se prometia servir con más benévola estrella; y el Fiscal para Santafé, dejando por su Lugar-teniente á Jorge de Quintanilla, á que lo instaba el peligro de hallarse en aquella plaza á vista de tantos cosarios franceses; pero cuántas veces contradicen los sucesos á los discursos! Cuál de ellos podrá desvanecer los efectos de providencia más alta? Salió al fin Maldonado para Santafé, donde huyendo de un riesgo se encontró con muchos peligros; y Pedro de Ursua, para Nombre de Dios, desde donde por el derrotero de los aplausos, lo arrastró la fuerza de su destino á que los terminase un fin lastimoso. Puesto en Panamá, sin más intercesor que su nombre, tuvo cuanta cabida pudo desear con el Marqués de Cañete, á quien halló en aquella ciudad esperando tiempo para pasar al Perú. habianle dado desde que llegó á Cartagena diferentes noticias de lo que Montaño obraba en el Reino y como la relacion de Pedro de Ursua subiese esta materia de punto, y la muerte del Presidente Arbiso, que iba con él, lo fuese notoria, determinóse á remediar semejantes desórdenes, nombrando por Presidente de Santafé al Arzobispo de Lima, don Gerónimo de Loaysa, que tambien estaba en Panamá con fin de venir á Castilla.

No era comprendido el Nuevo Reino en la jurisdiccion del Virey; pero el celo de que no se perdiese por las tiranías de Montaño, le obligó á valerse de una Real Cédula que llevaba, para que proveyese lo conveniente en cualquiera tierra por donde pasase: flaco fundamento para resolucion tan notable como la de nombrar Presidente con órden de prender al Montaño y remitirlo á estos Reinos; pero tal cual era, tuviérase por suficiente en el Reino, como aquel hombre fuese removido del cargo, y por entónces bastó para que el Arzobispo aceptase, aunque despues deshizo el ajuste, porque Los partidos que para ello le hacian no le agradaron. Padecíanse por aquel mismo tiempo grandes trabajos en Panamá, por los que ocasionaba Bayano, negro belicoso que retirado á los Palenques de esclavos fugitivos que habia en los montes, que corren desde el Playon á Pacora, se habia hecho jurar Rey de aquellas montañas, y más de seiscientos negros que obedeciéndole corrian la tierra cerrando el paso de Panamá á Nombre de Dios, con las muertes, robos y desafueros que ejecutaban en los caminos y ventas, sin que humana diligencia bastase para librar las ciudades de hostilidad tan penosa.

Parecióle al Virey  no perder la ocasion de valerse de Pedro de Ursua para el remedio: propuso á la ciudad la conveniencia de nombrarlo por Cabo para allanar los Palenques, hízolo con la esperanza de lo que obraria en guerra, que tanto cuidado le daba, un Capitan de opinion tan plausible. Diéronle doscientos hombres que le parecieron bastantes para la empresa, y con ellos, bien proveidos de armas y víveres, desde Nombre da Dios penetró la montaña en busca de Bayano, que noticioso de las prevenciones de quien iba contra él, se retiró á las cabeceras del famoso rio que baja por Chapo y Terable, con fin de fatigar en las marchas al campo español y de no excusar la ocasion de encontrarse con él. Sucedióle como lo pensó dentro de muy pocos dias; pero con la mala fortuna de guerrear con hombre tan práctico, que le desvaneciese cuantas emboscadas le facilitaban los rios y pasos estrechos. Fueron muy repetidos los encuentros que tuvieron españoles y negros, y dignos de relatarse uno por uno á correr por mi cuenta: baste saber que en los más de ellos se llegaban á medir lanzas con lanzas y espadas con machetes, ejecutando los unos arrestos de gente desesperada, y tretas los otros de militar disciplina, hasta que la continuacion de dos años de guerra con el tesen que estilaba Pedro de Ursua, consumió gran parte de los enemigos, y amedrentados los otros con haber caido Bayano en el lazo de una emboscada, pidieron paces á Ursua con aquellas condiciones que pudieran proponer habiendo vencido.

Con esta ocasion la tuvo para parlamentar con algunos negros ladinos, y á pocos lances se convinieron en que Bayano pasase preso á Panamá, de donde lo remitieron á España, dejando su mismo nombre el famoso rio en que fortificó sus Palenques: que los que hubiesen nacido en ellos quedasen libres, y á las demas entregasen para volver á sus dueños: y finalmente quedasen obligados los Palenques á no permitir en ellos negros fugitivos en lo venidero. Con estas condiciones, asentada una firme paz que duró muchos años, volvió á Panamá victorioso Pedro de Ursua, y de allí pasó á la ciudad de Lima, donde su Virey, Marqués de Cañete, deseoso de limpiar las provincias del Perú de las reliquias de gente baldía que habia concurrido á los alzamientos de Don Sebastian de Castilla, Vasco Godines y Francisco Hernández Giron, y de ocupar á Pedro de Ursua en alguna conquista de reputacion, como lo eran las provincias de que habian dado noticia los indios Brasiles que salieron á la de los Motilones, y que se presumia habia descubierto el Capítan Orellana, lo nombré por Gobernador de cuantas por aquel rumbo descubriese y conquistase, ordenándole llevase cuanta gente pareciese bastante para el efecto, como luego lo hizo, pareciendo á las prudentes consideraciones del Virey, ser aquel medio el mejor para sangrar el cuerpo del grande Imperio que tenia á su cargo, de los malos humores que lo inficionaban, como lo dijo la experiencia, aunque costeada con la muerte alevosa que algunos amotinados dieron á Pedro de Ursua cuando más vanaglorioso anhelaba á la conquista del Dorado, para que allí terminase uno de los hombres más valerosos con que puede honrarse la Celtiberia, y que á haber cambiado los empleos militares de Indias por los de Europa, le hubieran igualado muy pocos. En los principios de su jornada y fatalidad de su muerte, ocupa diez capítulos de la sexta noticia de la conquista de Tierra firme el padre Fr. Pedro Simon, donde el curioso lector podrá verla escrita con toda legalidad.

anterior | índice | siguiente