INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO III
 


PROSIGUE MONTAÑO EN SU VISITA; AJUSTICIA Á PEDRO DE SALCEDO Y Á OTROS.-ALVARO DE HOYON SE REBELA Y SAQUEA ALGUNAS CIUDADES; MUERE DESBARATADO EN POPAYAN, Y REFIÉRENSE LAS PREVENCIONES DE SANTAFÉ CONTRA EL TIRANO.

DESORDENES tan públicos como los que van referidos, mal podian ocultarse al Obispo D. Fr. Juan de los Bárrios, en parte donde para consuelo de los agraviados no habia otro Tribunal en que representar sus quejas; y aunque en lances tan peligrosos procuraba desde que llegó al Reino desviar de sí cualquiera dependencia que pudiese provocar á Montaño, en la del mal tratamiento que de su casa recibian los indios, no era materia fácil escusar el empeño sin detrimento del crédito que habia de fundar en el cumplimiento de su obligacion pastoral por esta causa (entrado ya el año de mil quinientos y cincuenta y cuatro) tal vez en las platicas privadas y algunas en el púlpito, afeo con discrecion crueldad semejante, y aunque la representó á Montaño, juzgando sacar de sus paternales avisos el fruto de la enmienda. Pero él, dándose por desentendido de cuanto el Obispo le decia para su bien, y abrazando como verdades las mentiras con que muchos malsines lo inclinaban al mal, fué continuando en el mismo modo de postrarse con que habia empezado, y para que el Obispo no se quedase sin el premio de su buena intencion, comenzó á dar tras él con aquellas sinrazones y falta de respeto que tenia de propia cosecha, de que se originaron grandes encuentros así con el Obispo como con sus Prebendados, que sentian las sinrazones obradas contra su Prelado, contra quienes dispuso se librase provision de la Real Audiencia, para que no se les acudiese con sus rentas por la falta de asistencia á la Catedral de Santa Marta, que no tuvo efecto por haber ocurrido ellos con la queja á la Princesa Gobernadora, que mandó lo contrario por Cédula de diez y ocho de Diciembre de mil quinientos y cincuenta y seis años; que si bien estas diferencias causaban, escándalo, sirvieron de divertir los golpes que temían algunos de los amenazados. Pero lo más ponderable era que teniendo al Obispo y á Briceño por enemigos, á tantos nobles y plebeyos quejosos y casi á todos mal contentos, no bastase la sindicacion que de unos y otros debia temer, ni que enfrenase la ira, ni para desistir de mancharse con el tizne de los cohechos en que estaba enviciado.

Manifestó lo primero con la arrebatada sentencia de muerte que dió contra Pedro de Salcedo; ó Saucedo, como lo apellida Castellanos, haciéndola cortar la cabeza, sin el reparo de ser un caballero de tantos servicios, como se han visto en el discurso de las conquistas, y sin que yo haya podido averiguar la causa, sino solamente inferir la injusticia, por lo que este mismo autor al canto veinte y uno de la cuarta parte de su historia indiana, dice, hablando de la muerte de Montaño, con estas palabras:

 

Con pena capital fué castigado,
y es el primero que de los Jueces
de estas partes de Indias he sabido
ser en pública plaza degollado
dentro de españa, donde los parientes
de Pedro de Saucedo, que él habia
en Santafé cortado la cabeza,
por causa ménos grave, que de muerte,
fueron no poca parte de la suya.
 

 

Sobre cuyo texto diremos Despues la dificultad que padece; y en cuanto a cohechos era lo más reparable, que ademas de ser este género de culpas de los que se explican con él Sambenito de falta de limpieza, practicábalo Montaño por el más extraño camino que pudo inventar la malicia, pues siendo el estilo corriente del que admite regalos empeñarse en que el cohechador consiga el fin que pretende, por cumplir el contrato, aunque torpe, que implícita ó explícitamente se celebró entre ambos: este ministro, ó por afectar singularidades hasta en los delitos, ó por el fin de ocultarlos con los medios que debiera elegir para sacarlos á plaza, aunque algunas veces cumplía lo que pactaba, lo más ordinario era dísponer que saliesen con las manos en la cabeza los mismos que le ponian el cohecho en las manos; y aunque los encuentros con el Obispo inquietaban la República, el clamor de los indios y la injusta muerte de Salcedo lastimaban á muchos; los públicos cohechos llegaban á los oídos de Briceño y le daban en rostro, y todos le instaban por el remedio; nada bastaba para animarlo, ántes se afirmaba de nuevo en que no quería que el Reino se alborotase, porque su compañero no deseaba otra cosa: y aunque se le replicaba con fuertes razones cuán poca parte seria Montaño para ello, no había forma de sacarlo de su dictámen; y á la verdad lo que parecia entónces era, que el Montaño, viéndose gravado con tantos excesos, y que la noticia de ellos corría por todas las Indias, y había pasado á esta Corte, deseaba que su compañero, él y el Obispo llegasen á tales términos, que de ellos resultase algun grande alboroto, en cuya tempestad se confundiesen los delitos del uno con la imprudencia de los contrarios.

A este estado habian llegado los progresos de la visita cuando amagando alguna luz de consuelo se supo haber desembarcado en Cartagena el doctor Juan Maldonado, natural de Sevilla, proveido á la plaza de fiscal de Santafé; pero apagóse con la segunda noticia de haber llevado comision para residenciar cuarta vez al Adelantado D. Pedro de Heredia, que poco ántes habia vuelto libre á su gobierno, de la que Anmendariz le habia tomado, con cuya ocasion este Fiscal se detuvo más de dos años en aquella ciudad, y en Santafé la tuvieron Montaño y Briceño, para que sustanciando la visita de los oidores, el uno con grandísima pasion y el otro con blandura y equidad la cerrasen; pero como al que juzga con amor el cuervo le parezca blanco, y al que mira con odio el cisne le parezca negro, y estos dos extremos de odio y amor sean los polos en que estriba la buena ó mala fortuna de los reos, fueron muy diferentes las sentencias que se dieron en ella, porque el Montaño condené á los Oidores en privacion de oficios y otras penas pecuniarias, y el Briceño tan templadamente, como debió hacerlo en justicia: mas como ambas sentencias habian de venir á esta Corte, hicierase poco aprecio de la de Montaño si no tuviera en su poder los títulos de las nuevas plazas á que estaban proveídos, que no quiso entregarles, teniéndolos por malos jueces; con que trataron de pasar á estos Reinos en seguimiento de su apelacion, bajando para el efecto á la costa, de que se siguió la muerte desgraciada de estos dos caballeros, como veremos despues.

Con este inhumano estilo de proceder contra Góngora y Galarza, cayó tal desconsuelo en toda la tierra, que de amedrentada ó confusa, no osaban los hombres hablar unos con otros: tanto era el terror que aquel hombre ponia con sus desafueros, en cuyo tiempo se le dispuso la caida en uno de los más feos delitos que en mi sentir pudo caber en un ministro dé su graduacion, pues aunque sean grandes, afrontar y quitar las vidas dé muchos. Sin culpas que lo justifiquen, palianse estos excesos con la falsa presuncion de que se obra en justicia. Fué, pues, el caso, que tenia preso, como dijimos, y puesto en un calabozo á aquel Alonso Téllez de quien hemos tratado, á quien por haber sido escribano de Gobernacion, y despues de la Audiencia, y el más íntimo amigo de Armendariz, así mismo residenciaba: y como en la realidad algunos cargos de los que le hacian eran de graves culpas, hallábase temeroso del mal éxito que habia de tener de ellos; pero siendo de vivo ingenio, maquinó una traza para libranza, y tal, que cuando en vez de lograrla se perdiese con ella, tambíen se llevase de encuentro á Montaño, su mayor enemigo. Tenía, pues, ésta en su casa una prima de su mujer, que había llevado de estos Reinos para casarla en aquéllos, como suelen hacerlo otros Jueces, que con semejantes cargas admiten los cargos; y tomando de esta principio el fundamento para la tragedia ambos, envióle á decir el Téllez á Montaño el deseo grande que tenia de casar con aquella su prima, como el despezono pudiese estar en secreto hasta que lo absolviese ó condenase en la pena que fuese justicia. Montaño entónces, más atento al cebo del interes que al anzuelo que en él se ocultaba, consultó á sus hermanos luego la forma de abrazar aquel partido que tan bien les estaba, pues para el secreto no corría en aquel tiempo en los desposorios la disposicion con que despues mandó celebrarlos el Concilio de Trento; y para la conveniencia era el Téllez de mediana calidad, muy rico, y sobre todo Encomendero de Boza, uno de los mejores repartimientos del Reino.

Con estas favorables consideraciones, y en fe del secreto que le pedian, admitió Montaño tan ciegamente la oferta, que no miró la maldad que se le ponia á los ojos; pero el Téllez, que los tenia más despiertos, hacia de cada cosa que le pasaba en semejante contrato, una exclamación ante otro Escribano confidente suyo, expresando que cuanto obraba era para librarse de las injusticias de aquel hombre tirano; y finalmenté, despues de otras muchas cautelas de cada cual de las partes, el casamiento quedó ajustado, y para efectuarlo llamó montaño al Alcalde, de quien forzosamente habia de confiarse, y le mandó que á la media noche sacase á Téllez de las prisiones en que lo tenia puesto, que no eran pocas, y lo llevase á su casa hízolo así, y entrado el reo en la casa, donde lo esposa lo estaba esperando con el acompañamiento de toda la familia, el mismo Montaño les tomo las manos en señal de amistad y reconciliacion, que ambas partes pactaron, y acabado el infeliz desposorio, por no faltará las demas condiciones del ajuste, volvieron á Téllez á la cárcel y lo cargaron de las mismas prisiones que ántes tenia. De allí adelanto, la noche que fingidamente trataba de ver á su esposa (habiendo hecho primero para cada visita su exclamacion), lo daba á entender á Montaño, y éste mandaba al Alcaide le franquease la cárcel para el efecto, y entónces iba, y estábase en pláticas con él, y poco tiempo con la mujer (llamémosla así), y volviese á sus prisiones ántes que rompiese el dia; de que resultó que poco á poco se le fuesen aliviando, hasta quedar libre de ellas y suelto en fiado. Con estas cautelas se hallaba ya Moutaño metido en un lazo, de que no era fácil escapar sin mucho peligro; y el Téllez, puesto en libertad y apoderado de la voluntad de su mayor enemigo, no esperaba otra cosa con sus exclamaciones y trazas sino hallar ocasion para huir secretamente, y dar en esta Corte con la noticia de la maldad que con él habia usado, y de las otras muchas que por instantes aquel Juez cometia.

Este era el estado en que se hallaba cuando la fortuna, para dar tiempo á su pretension, dispuso que entrase en Santafé la noticia del alzamiento de Alvaro de hoyon, natural de Sevilla, que sucedió en esta forma: Era este hombre uno de los primeros pobladores da la villa de San Sebastian de la Plata, á cuyo efecto habia ido con el Capitan Sebastian Quintero: tenia por hermano á Gonzalo de hoyon, persona cuerda y á quien en serlo se parecia muy poco; con que persuadido de su mal natural, ó instigado de la mala constelación que corria en las provincias de arriba, de donde salia fuego bastante para encender las imprudentes inclinaciones de Hoyon, se resolvió por fines del año antecedente de cincuenta y tres á tiranizar la misma villa de la Plata con setenta hombres perdidos que, doctrinados en la escuela de muchas maldades, prometieron seguirle. Mató, pues, los Alcaldes y á todos aquellos que prefirieron su lealtad á las vidas, entre quienes pereció un sobrino del Mariscal Quesada. Con este infame principio, y alentado con pocas fuerzas y muchos delitos, pasó luego á la villa de Timaná, distante siete leguas de San Sebastian de la Plata, donde entrándose resistencia que lo embarazase, tuvo ocasion de sorprenderla y de ejecutar muchas muertes en los que asimismo se mostraron leales.

En este lugar se le agregaron con Gonzalo de Zúñiga otros treinta hombres de los muchos que del Perú se desgaritaban á cada paso á contagiar otros Reinos. Con ellos, pues, y con los que ya se tenia, revolvió contra la villa de Neiva, donde Juan Alonso, sin hacerle oposicion, por la poca gente con que se hallaba, hubo de ceder á su mala fortuna, aunque con tanto peligro como si lo recibiera de guerra, pues la gente de Hoyon, cebada en crueldades, obró lo mismo que en Timaná y en la Plata, siendo el mayor delito de los que allí murieron haberla recibido con las varas del Rey en las manos. Considerando, pues, aquí Alvaro de Hoyon que para empeñarse más en introducir la guerra contra las ciudades vecinas á Santafé, eran cortas sus fuerzas y vana la esperanza de hallar mas parciales, resolvió aceleradamente ir contra la gobernacion de Popayan, por ver si podia conseguir la entrada en aquella ciudad ántes que la noticia de su alzamiento llegase.

Gobernábala entónces el Capitan Diego Delgado, á quien el Oidor Briceño habia dejado en su lugar. Era este caballero natural de Alcardete en la Mancha, y muy práctico en la guerra de Indias, donde había militado tiempo de doce años; y como anticipadamente le llegase aviso de lo sucedido en las villas de la Plata y Timaná, prevínose como soldado ántes que el enemigo le atajase las disposiciones, siendo una de ellas noticiar á las ciudades de su gobernacion para, que le diesen socorro en caso que el enemigo tomase la vuelta de Popayan: si bien solamente de Cali le acudió el Capitan Vicente Tamayo, marido que fué de María Renjifo, nieta del Inga Guaynacapac, con muy pocos que tuvieron ánimo para seguirle hasta aquella ciudad. Ya  el Capitan Delgado, con haber barreado el Jugar y proveidolo de armas, tenia esforzada su gente para cualquier encuentro de guerra én que la aventurase, como en efecto se le ofreció brevemente. Alvaro de Hoyon, doblando jornadas con fin de llegar ántes que supiesen su ida, se puso á tres leguas de la ciudad, para dar sobre ella al romper del dia siguiente, con cien hombres que le seguían resueltos á morir ó vencer á su lado pero reconocido ya por las centinelas que batian los caminos, y noticioso Delgado del número de la gente que llevaba, resolvió salirle al encuentro para que, trabando con él alguna escaramuza, pudiese reconocer hasta dónde llegaba el valor del campo contrario.

Con este designio, cerca de la média noche salio con otros cien hombres; pero á breve distancia, encontrándose los batidores de los dos campos, tocaron al arma, y comenzóse á pelear por ambas partes. con el recelo de que la parda noche á ninguno seria favorable; pero habiendó amanecido se fué trabando tan fiera escaramuza entre leales y traidores, que, jugándose en ella lances de todo arresto y destreza, duró indiferente hasta las diez del dia, en que se declaró la victoria por el Capitan Delgado, y rota de todo punto la gente de Hoyon, que, herido á manos de Rodrigo Téllez de las Peñas, natural de Ubeda, fué luego preso con todos los demas parciales suyos que quedaron vivos; de los cuales algunos siguieron á su Capitan en la forma de morir, dando la cabeza á los filos de un cuchillo en pena de su locura: á otros acabó el cordel y los ménos culpados lastaron el empeño de sus malos juicios en destierros y galeras. De los nuestros mataron á un Regidor de Popayan, cuyo nombre no he podido descubrir. Con ménos garbo, aunque por semejante empeño, murió en Avila otro Regidor á manos de Comuneros y hasta el dia de hoy dejó méritos que premiar en sus descendientes. Salieron heridos muchos de los leales, y entre ellos, de una bala sobre la ceja, Vicente Tamayo, que se señalo más que todos en la escaramuza, como despues en las prisiones de Mateo de Zaz y Pedro de Mendoza, que condujo á Cali, donde los ajusticiaron por traidores.

Así terminó el intempestivo arrojo de Alvaro de Hoyon, que tan parecido fué al del negro Miguel; pero con la diferencia de haber muerto éste peleando por no dejarse escarnecer de sus enemigos, que es linaje de muerte más fiera. La nueva de esta victoria se despaché luego á Santafé, donde miéntras llega, y la primera corre, todo era discurrir el remedio y tratar de alistar gente para el reparo, porque á la verdad se hizo más caso de esto desatino de Hoyon que el que debiera hacerse, á no tener la experiencia de los incendios que menores centellas habian levantado en otras partes; y como el Licenciado Montaño hacia el primer papel para las disposiciones, bastaba esto solo para hacer la materia ruidosa, fué, pues, la primera formar junta de guerra, en que entraban Briceño el Obispo y algunos Cabos de los primeros conquistadores del Reino; pero no el Mariscal Quesada ni Pedro de Ursua, siendo el uno Capitan general del Nuevo Reino y el otro el Cabo de más crédito que en él habia. De Junta más decorosa fué excluido Fernando Cortés sobre Argel, mas no por eso dejó de alzarse en justicia con el renombre del mayor Capitan de la nacíon española: y aunque por parte del Obispo y demas personas de la Junta se le represontabá á Montaño lo que se extrañaria en el Consejo semejante exclusiva, nada bastaba para que no prefiriese la enemistad que con ellos tenia, y ademas recelábase de que entrando el Mariscal en la Junta se habia de embarazar cuanto pretendía ambicioso; pero no obstante su contradiccion, el vulgo, que en semejantes elecciones suele ser el mejor voto en justicia, dió motivo para que el Oidor Briceño eligiese al Mariscal para que fuese contra el tirano por el valle de Neiva con la gente de armas del Reino: voto admirable si hubiera salido de aljaba más firme.

En lo mismo hubieran venido todos, si el Montaño no los tuviera amedrentados de suerte que no se atrevian á darle disgusto; y así, consultado el negocio otra vez y vuelto Briceño á la disculpa de que no quería que por su causa se perdiese el Reino, continuó, como todos, en que el Licenciado Montaño fuese luego sin gente de guerra á la gobernacion de Popayan, entrando en ella por Ibagué, desde donde el Capitan Melchor de Valdés, que ya era Justicia Mayor de la villa, habia abierto camino hasta Cartago para que, puesto en aquella ciudad ó en la de Cali, juntase toda la más gente de armas que pudiese para defender la provincia, y que al mismo tiempo saliese de Santafé el Capitan Baltasar Maldonado con las fuerzas del Reino á encontrarse con Alvaro de Hoyon, tomando para ello la vuelta de Timaná que había de llevar Quesada. Concluidos estos acuerdos, dió principio Montaña á la empresa, recogiendo (aunque lo estaba prohibido) la más gente que pudo, no para buscar al tirano sino para convoyar sus temores; y porque no se ocultasen las armas que llevaba para la guerra, compró cuantos damascos, tafetanes y rasos habia en la ciudad, con la noticia de que no se hallaban en la gobernacion, y asi prevenido, salió para Ibagué cinco dias ántes que Maldonado para la villa de Neiva.

A este Capitan, que lo era de los más valerosos y bien afortunados, seguia gustosa la gente más granada del Reino en vistosas compañias de infantes y caballos; pero con tal suceso, que al primer día de marcha entró en Santafé el aviso de la muerte de Hoyon y destrozo de su gente, con que hubo de volverse con su ejército tan entero á Santafé como dos dias antes lo habia sacado; pero Montaño, que aun no tenia la noticia, habia llegado á la ciudad de Tocaima, donde sin facultad que para ello tuviese, porque su comision se entendia solamente para Popayan, ajustició privadamente á un vecino de aquella ciudad, con pretexto de que era espia que Alvaro de Hoyon tenia en el Reino (que así lo era, como lo habia sido Briceño); y aunque el Mariscal Quesada refiere esta muerte sin expresar el nombre del ajusticiado, puédese presumir haberlo sido Pedro de Saucedo, de quien habla Castellanos, como vimos arriba: y muéveme á pensarlo así, haber sido este caballero vecino de Tocaima, y ser cosa fácil en Castellanos, que escribió en Tunja, poner por teatro de su tragedia á Santafé, habiendo sido una ciudad tan vecina como la de Tocaima. Persuádemo tambien el reparo de que un caso tan especial y ruidoso, siendo distinto del que vamos tratando, no lo refiera Quesada en otra parte, cuando de menores acaecimientos hace repetidas memorias. Ademas, que siempre he tenido por asentado en el Reino, que el primer hombre á quien se le cortó la cabeza en Santafé fué á Francisco de Bolívar algunos años despues; pero haya sido ó no uno mismo el suceso, esta cabeza más derribé el rigor de Montaño: y sí de Neron decía Séneca que por muchos años que matase, no le seria posible matar á quien le había de suceder en el Imperio, podrian los testigos de crueldad semejante repetirle á Montaño, que por más cabezas que cortase, nunca llegaría á quitar la de aquel que por castigo le habia de cortar la suya.

Ejecutada esta injusticia, pasó á la villa de Ibagué, donde á un mismo tiempo tuvo aviso de lo sucedido en Popayan, y una Real provision despachada por Briceño, para que volviese al ejercicio de su plaza, pues la guerra era acabada y muchos los negocios que pendian de la Audiencia, á que él solo no podía dar espediente. Hizo tan poco caso de ella que, sin dudar en lo que debia hacer, pasó hasta Cali, donde con fiestas públicas habían celebrado los vecinos la victoria conseguida del tirano. No lo oran para éste si no las repetian de suerte que sus damascos y tafetanes las aprobasen: pudo, pues, tanto, que las fiestas fueron dobles, porque no doblasen por ellos. Conseguido este fin, pasó á las demas ciudades de la gobernacion, obrando en cada cual alguna de las gentilezas que estilaba. Fué una de ellas matar con recios tormentos al Capitan Cruzate, por algunos delitos que sin prueba le imputaban, y sobre pretender que así esto caballero, como otras personas de ménos cuenta, encartasen á los vecinos de Cali, Anserma y Cartago en el alzamiento de Alvaro de Hoyon, para ensangrentar bien las manos, accion que justificó con dar á un criado suyo el repartimiento de indios que tenía el Cruzate. A este tono fueron otros muchos desatinos, que no se refieran; hasta que teniendo ya destruida la provincia en pocos meses, frio tomando la vuelta para el Reino, y aquí fué la confusíon de todo él con el aviso, pues á la manera que se inquietan los hombres al tiempo de soltar alguna flora en la plaza, que unos disponen la capa para librar la vida soltándosela, y otros previenen los pies para no soltarla corriendo; así, cada cual de las personas de más suposicion procuraba guarida en que hallarse segura.

Era una de ellas Alonso Téllez, que, fiado en los accidentes del tiempo, y no esperando ver otra vez á Montaño, habia dilatado su fuga; pero viendo ya tan cercano el riesgo, echóse rio abajo á Cartagena para esperar ocasion de venir á Castilla en la flota que acababa de surgir en su puerto. En una de sus naos habia salido de Sanlucar García del Busto, natural de Ocaña, á quien el Emperador, por muerte del Adelantado Benalcázar, había dado el Gobierno de Popayan. Llevaba esto caballero consigo á su mujer, cinco hijas, un hermano y numerosa familia de criados: pero como en tan arriesgadas navegaciones gobiernan de continuo las casualidades de todos cuatro elementos, prendió fuego una noche en el navío, por descuido que tuvo el Contra-piloto, y abrasándolo todo, pereció la más gente que en él iba, y con ella García del Busto con toda su familia, ménos Pedro Fernández del Busto, su hermano, que, aventurado á un batel, tuvo la dicha de que lo recogiese otra nao que lo llevó á Cartagena: de allí pasó á Santafé, donde causó general compasion la noticia de semejante infortunio, y lastimado más que todos Briceño, despues de socorrerlo generosamente, lo proveyó en ínterin en el mismo gobierno de Popayan, que llevaba el hermano; accion bien parecida, porque en la realidad era digno del cargo, por las buenas prendas que se le descubrían, como se vio en la rebelion de Francisco Hernández Giron, contra quien fué la gente de Popayan, y en los demas gobiernos que obtuvo en la misma provincia y la de Cartagena, despues que casó conforme á su calidad en el Nuevo Reino, donde quedó por vecino.

Partido este caballero á su gobierno, entró en Santafé algunos dias despues, ya por el año de mil quinientos y cincuenta y cinco el Licenciado Montaño, con su condicion tan entera como la llevé; pero cuando supo que Antonio Téllez había huido á la Costa, y con él, el Contador del Reino y Juan Martines Gayoso, otro Secretario de la Audiencia, que iba á quejarse (como quien no dice nada) de que lo llamó un dia á su cámara, y poniéndole un puñal en los pechos, le habia hecho autorizar por fuerza dos escrituras falsas, luego conoció su perdicion, porque ademas de lo que con los tres habia usado, recelaba con mucho fundamento los instrumentos y papeles que contra él llevaban. Ninguno era ya menester, porque en estos Reinos estaban ya muy derramadas las noticias de los procedimientos de Montaño, y apénas el Consejo lo habia nombrado por Visitador cuando estuvo arrepentido, como se vió en la provision que luego hizo de Presidente en el Licenciado Bribiesca, comó dijimos, aunque por las causas que van referidas se dilató hacerla de nuevo, hasta que con las nuevas noticias que se repitieron, y considerada la necesidad que la Audiencia de Santafé tenía de persona que refrenase los desafueros de Montaño, eligieron la del doctor Arbiso, Regente que habia sido de Navarra, y colegial mayor de Santa Cruz de Valladolid.

Á este caballero tan decorado dieron comision para que residenciase á Montaño, y con la resulta de autos lo remitiese preso á estos Reinos: mandáronle así mismo, que sin detenerse en Sevilla pasase á Sanlucar, donde estaba la flota aprestándose para pasar á Indias con el Marqués de Cañete, Virey del Perú, con quien iba D. Luis de Guzman por gobernador propietario de las provincias de Popayan y Antioquia, y se embarcase en ella. Ejecutólo así por Octubre, paro con tanta infelicidad para el Reino como para sí mismo, pues el navío en que iba zozobró, sin que más pareciese, en una gran tormenta que lo díó sobre las Canarias. Súpolo brevemente Montaño por medio de los correspondientes que tenia en la costa, y aunque por secretas advertencias de su mujer y algunos dependientes suyos se le representaron los términos que Dios le concedía hasta que se volviese á consultar la Presidencia, jamas que se reconciliase con los enemigos que tenia y reformase el injusto estilo de preceder contra tantos como tenía quejosos, para no quedar arruinado del todo, ningun consejo bastaba para enmendarlo, pues aunque descubria buenos deseos de seguirlo, y con algunas demostraciones lo acreditaba, eran retoños de tronco envejecido en sequedades, que si al riego continuado de las amonestaciones reverdecían, al primor influjo del estío de su fogosa inclinacion se marchitaban: tan dificultosa es de vencer una mala costumbre de vicios, si con otra contraria de virtudes no se le hace la guerra.

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