INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO VIII
 


ENTRA URSUA EN MUZO Y PUEBLA Á TUDELA: VUELVE Á SANTAFÉ Y BAJA POR JUSTICIA MAYOR DE SANTA MARTA.-FÚNDASE LA VILLA DE S.   MIGUEL.-EL OIDOR BRICEÑO RESIDENCIA Á BENALCÁZAR, QUE MUERE EN CARTAGENA; Y FUENMAYOR FUNDA Á ALMAGUER POR ORDEN DE BRICEÑO.

PARA la conquista de los Muzos, como dijimos, estaba elegido por Cabo el Capitan Pedro de Ursua, y como el buen éxito de la empresa habia de ser de tantas consecuencias útiles para el Reino, no satisfechos los nuevos Oidores de que bastaria solamente la preferencia de su persona en la eleccion para empeñarlo vivamente en sujetar la provincia, le aseguraron que concluida la guerra y fundado algun pueblo que reprimiese la audacia de los indios para nuevas alteraciones, le darian la conquista del Dorado: blanco á que tiraba Ursua desde que los ecos de aquella fingida voz hirieron sus oidos al tiempo de tomar tierra en Cartagena. Que fuese o no falso él envite, ¿quién podrá averiguarlo? Solamente podremos afirmar que los Oidores no ignoraban la Real Cédula. que les habia llegado, para que esta conquista no se consintiese hacer ni se diese á persona alguna que no fuese elegida por el Consejo; y tambien les constaba la ley que prohibia nuevas fundaciones, y en la contravencion fundaban su observancia. Pero que hubiese sido falso á verdadero el envite, solamente sirvió la promesa de que la conquista de Muzo quedase imperfecta, por ganar tiempo el Ursua para lograr las ánsias de buscar el Dorado, que últimamente por los peligros en que lo puso el poco recato de su incontinencia y la mucha confianza de su valor, lo condujeron á su mayor desventura.

Tenia ya este caballero ganado tanto crédito en el Reino, que á los primeros movimientos que hizo para su jornada, se alistaron á servir debajo de su mano muchos hombres nobles de las tres principales ciudades, y entre ellos algunos de igual graduacion en la guerra, entre quienes podemos contar al Capitan Juan de Avellaneda, Francisco Diez de Arles, Alonso de Alvarado, Alonso Ramírez Gasco, Antonio Bermúdez, Alonso de Benavi­des, Benito de Poveda, Alvaro Suárez de Deza, Rodrigo de Quiroga, Pedro Rodríguez de Aponte, don Lope de Orosco, Juan Jiménez, Diego Romero de Aguilar, Francisco del Hierro, Nicolas Gutiérrez, Diego López Vela, Antonio de Neiva, llaman García Patiño, Cristóbal Riaño de Llerena, Hernan González Hermoso, Juan Rubio, Andres Rubio y otros hasta el número de ciento y cuarenta infantes y veinte caballos, bien prevenidos de lanzas, armas de fuego y perros, en que consistía la fuerza que más atemorizaba á los indios. Con esta buena disposicion y otras asistencias en que anduvieron próvidos los Oidores, tomó Ursua la vuelta de la ciudad de Vélez, no queriendo aventurar su gente por las fronteras de Saboyá y Simijaca, noticioso de las defensas de hoyos, puas, troncos y despeñaderos con que los enemigos resguardaban las estrecheces de las entradas de Futatena, Turtur y el Toro: y fué tan acertada, la resolucion y tanto el crédito que ganó con ella entre aquellas naciones bárbaras, sobre el que ya le habian dado de buen guerrero los rebeldes de Guane, que olvidalos los Mozos de aquel esfuerzo con que rechazaron á tan valientes Cabos, como Lanchero, Martínez y Valdés, y viéndose acometidos por donde ménos recelaron, no bastó la coligacion hecha con los Nauras y Saboyaes, para que sus Generales Quiramáca y Atabi no cediesen al primer ímpetu del ataque de la batalla con que fueron acometidos de Ursua, dejando en sus manos el arbitrio de dominar la provincia, con haber salido á su defénsa más de cinco mil Gandules de los más ejercitados en las guerras pasadas: tenian muy presentes las felicidades de Ursua, y negándose al combate, ya que no la reputacion, salvaron sus tropas.

Rara fortuna y feliz la de Pedro de Ursua, donde tantos la tuvieron adversa; pero ejecuta más un varon de éstos con el amago, que otros con todas sus diligencias: tenian sin duda sus manos algun secreto vigor, que recababa más por simpatía que por violencia. Reconocen las demas fieras al leon en presajio de su naturaleza, y sin haberle examinado el valor le previenen zalemas. Apénas las demas aves registran la sombra del águila, cuando sin poner la atencion en las garras, confiesan su inferioridad con el susto á la noticia de que nuestro Emperador Cárlos V llamaba desarmado á las puertas de Gante, le rinde la cerviz entre pasmos. Y á la celeridad con que Luis XIII se arroja solo al Principado de Bearne, se desarmaron asustadas las ciudades más rebeldes. Así privilegia la fortuna algunos corazones magnánimos; y así á los héroes como Ursua adelantaban rendimientos la naciones más belicosas, sin aguardar á que la tentativa del valor los previniese. No pudo pues ésto facilitar empresa más conforme á sus designios, y por no perder el tiempo que le presentaba la dicha, trató luego de fundar una villa que refrenase la ferocidad de los Muzos, y á paso lento la trocase en mansedumbre. No se detuvo en examinarle las conveniencias al sitio ni en debilitar la fuerza de los enemigos, que aunque atemorizada se quedaba entera, de que resultó el malogro de sus trabajos. Fundó pues una villa, y por darle, otro recuerdo al Reino en que nació, la llamó Tudela; y aunque juzgó permaneceria firme, erró con el deseo, pues vuelto á Santafé, apénas pudo mantenerse cuarenta dias; el temperamento, siempre nocivo, empeoró experimentado. Multiplicáronse los Mozos porque volvieron del susto, y sin que los nuevos pobladores hallasen interes que los animase á tantos peligros, se vieron tan combatidos de la esterilidad del terreno y tan apretados de los Muzos y Nauras, que les tenian bloqueada la villa, que eligieron por el más sano acuerdo el desamparar con lástima lo mismo que consiguieron con vanagloria.

En esta retirada murió mucha gente española á manos del enemigo y un religioso que cayó en las de los Nauras, y se lo comieron luego, de que resultó no comer despues más carne humana, como nota Herrera en su Década octava, por temor del achaque de que se contagiaron los agresores, consiguiendo este sacerdote con su cuerpo muerto desterrar de esta nacion un vicio que con gran dificultad lo consiguiera vivo. Fué la noticia de la victoria relámpago que alegré las ciudades de Santafé, Tunja y Vélez, hasta que el trueno de las conspiraciones y el rayo del asolamiento de Tudela, los desengañó de la brevedad con que en el umbral de las dichas suelen encontrarse las fatalidades: con las nuestras los Mozos se aprestaban para mayores insolencias, y deshecho por sí mismo el torbellino de la guerra, blasonaba. Quiramáca de haber sido el autor de las serenidades. Los Oidores en el interin vacilaban sobre dar la conquista del Dorado á Pedro de Ursua, en que por una parte los reprimia la prohibicion, y por otra los ejecutaba la promesa; pero viendo ya desvanecida la condicion con que la hicieron y á Ursua algo inclinado á la conquista de Tairona, acallaron su pretension con el nombramiento de Justicia Mayor de Santa Marta en lugar de Andres López de Galarza, á quien, con pretextos honrosos, llamaron á Santafé, en cuyos términos, de pedimento de los Panches, ya más sujetos al valor de Anton de Olalla y de Orjuela, fundaron en su provincia, á doce leguas de Santafé al Norte, una pequeña villa que llamaron de San Miguel, donde aquella nacion comerciase con los españoles para evitar el peligro que se experimentaba de enfermar en temple frio, cuando salian á feriar los géneros de su provincia en Santafé; aunque de presente solo se conserva el sitio con el nombra de Villeta, si bien lo tienen mejorado cuatro leguas más al Norte en el de las Guáduas, donde un religioso convento de Recoletos Franciscos y bastante vecindad de españoles que allí habitan, pueden ganar Justamente el título de villa.

Con estas alternadas fortunas de buenos y malos sucesos, pasaban los del Nuevo Reino olvidados de las centellas que la mansedumbre de los Oidores y el rigor de Benalcázar habian encendido en los sentimientos del Licenciado Zurita, y de la casa de Jodar por los impedimentos puestos á la residencia de Armendariz y desagravios de los Caquecios, y por la muerte del Mariscal Robledo; y habiendo sido ésta la que primero prendió en el Consejo, despacharon (como dijimos al capítulo quinto de este libro) al Licenciado Francisco Briceño para que residenciase á Benalcázar, y fenecidas sus comisiones pasase á servir la plaza de Oidor de Santafé, en cuya ejecucion entró en Popayan por principios de este año de cincuenta y uno; y como las muertes del Mariscal y sus compañeros estaban tan recientes para la lástima, como el gobierno de Benalcázar aborrecido con la perpetuidad, no bastaron los empeños de sus parciales para detener el ímpetu con que los dependientes de Robledo y los que se habian mostrado neutrales ocurrieron á fiscalizarle, no solamente las acciones sobresalientes, que por erradas debía calificar la modestia, sino aun las cualidades que por comunes pudiera haber sepultado el olvido; y aunque todas fueran de la calidad de estas últimas, era muy difícil empresa la de reducir á infructuosa la cláusula ordinaria que llevaba. Briceño en sus comisiones, para tomar en sí el gobierno en caso que á Benalcázar lo hallase notablemente culpado.

Con estas baterías, asestadas por tantas partes, no fué mucho que á breves dias lo viesen caído sus émulos del gobierno que habia merecido, y en la prision que no habia ima­ginado: sintiólo sin faltar al sufrimiento, y aunque su ánimo fué siempre invencible, cavó mucho para contrastarlo el recuerdo de sus servicios continuados al resplandor de su fidelidad, y la. estimacion con que en otros tiempos los habia mirado el Consejo para relevarlo de las residencias con que eran trabajados otros Gobernadores y Capitanes famosos. La ingratitud de muchos que habian militado debajo de su mano, no fué pequeño torcedor al estado en que se hallaba, porque no llegó á discurrir que á la falta de la dependencia terminan las sumisiones á muchos cargos que le hicieron pudo satisfacer con la generalidad de haber sido culpas originales en todos los conquistadores; pero en la muerte de Robledo y de sus Capi­tanes conoció, aunque tarde, que aquella destemplada resolucion no podía. parar en ménos, ni de la confianza que hizo de un mal consejero podia salir su persona sin lastos crecidos del crédito que habia tenido. Oídos finalmente los descargos que pudo dar en su abono, fué remitido preso á Cartagena para que de allí pasase á oir la sentencia en esta Corte; pero como si limas sordas del sentimiento no hay diamante que no desfallezca, pudo tanto con Benalcázar la consideracion de la fortuna en que se la hallaba, que á pocos días de llegado á Cartagena lo puso en el teatro de un lecho, donde sirviéndole de verdugo y cuchillo el pesar, rindió la vida con lástima grande de los que por vista y fama lo conocian.

Este fué el paradero de las fortunas de Benalcázar, siempre dichoso en todas las empresas que intentó en las Indias: ningun conquistador como él, de primera magnitud, corrió más Reinos, ni tantos ni con más felicidad, pues en los de la Nueva España lo aclamaron victorioso, en los del Perú formidable; y si alguna vez dejó de parecer invencible, no se consiguió á ventajas de valor sino á las excesivas de gente española, gobernada por un Gonzalo Pizarro á los belicosos Pijaos no les pareció que tenia bríos, para probados dos veces. El Nuevo Reino de Granada debo gran parte de su lustre al prudente consejo que dió para que lo poblasen: en él antepuso cuerdo los créditos de su fama á los intereses del oro, porque éstos casi siempre desaparecen ántes que el dueño falte, y aquéllos labran memorías en la posteridad con el buril de las plumas. Con poca fortuna y ménos plata que otros, entró el General Centeno en la categoria de los conquistadores del Perú, y miéntras más caido, se levantó sobre todos en las guerras civiles de aquel Imperio, porque atendió más al crédito de leal que á la conveniencia de rico más al pundonor de vasallo que á la neutralidad de vividor, como si hubiera practicado en las máximas del Marqués de Pescara, cuanto inris plausible le fué besar el pié al César como vasallo quejoso, que competirle como Rey avergonzado: camino real fué éste que siguió siempre Benalcázar; pero notáronle algunos, y entre ellos Quesada, que jamas huyó en las conquistas si no fué de tener Cabo superior, y de nada fué tan impaciente como de encontrar con otro que le igualase. Por eso destempló su prudencia para juzgar de Robledo cuando lo miró como igual, lo contrario de lo que aplaudió en él cuando lo tenía inferior. La crueldad detestable de pasar á cuchillo todas las mujeres y niños de Quioche en el Reino de Quito, y el rigor inhumano de enterrar vivos más de trescientos indios en Rio-bamba, amancilló de suerte su nombre, que dió fundamentos para que se atribuyese á parto del odio y no á celo de la justicia la muerte de Robledo. En el Castillo de Benalcázar tuvo su prodigioso nacimiento, siendo mellizo de otros dos hermanos y dejado el apellido heredado de Moyano, corrió con el de Benalcázar por todas las Indias y puestos de la milicia, hasta conseguir el de Adelantado y Gobernador de Popayan, donde dejó hijos tan herederos de sus hazañas como lo acreditó el Mayor D. Sebastian de Benalcázar en la sangrienta guerra de los Pijaos, de que despues trataremos.

Desembarazado ya el Licenciado Bríceño de la residencia del padre, y tomado en sí el gobierno, trató luego de tener lugar en la lista de los conquistadores de Indias, que por aquel tiempo era la pretension más viva de las Garnachas; y como para entrar en ella. Lo animasen mucho las noticias que corrian de ricos minerales en el valle de Guachicono, que média entre Popayan y la villa de Pasto, y la gente de guerra que estaba derramada por las provincias equinocciales de resulta de las guerras civiles del Perú, lo tuvieron en el continuado estudio de librarse de ella, trató luego de levar la suficiente para allanar el valle y fundar pueblo de españoles, que, con la utilidad que fructuase, no solamente le adquiriese méritos á su persona para representarlos en el Consejo, sino medios para acallar las quejas de muchos soldados que, por falta de comodidades, bramaban al recuerdo de su pobreza. Con estos motivos eligió por Cabo al Capitan Alonso de Fuenmayor, hombre de trincho crédito entre políticos y militares, quien, tomando la empresa á su cuidado, partió con la gente alistada á dar cumplimiento á las órdenes de Briceño; y aunque pasaban de setenta los infantes y caballos, libraba todo el buen suceso de la faccion en llevar por Capitanes á Vicente Tamayo y á Vasco de Guzman, personas e tanto valor cómo lo mostraron las ocasiones en que los empeñó la obligacion de caballeros.

Al segundo dia de marcha entraron por Guachicono, que corre con algunas caidas por la cordillera grande, y en los cinco siguientes, habiéndolo trasegado todo por amedrentar los indios que lo habitaban y hallar sitio en qué poblarse, eligieron por el mejor para la labor de las minas y resguardo del mal temperamento que causa la vecindad de la equinoccial, el de una sabrina limpia, con que se corona en la misma cordillera una colina elevada á poco más de siete leguas al Sur de Popayan, que hace cara al valle de Patia y sirve de tránsito para la villa de Pasto á los que, atentos á evitar el peligro de tocar en Patía eligen tomar algo torcida la derrota por este asiento. En él pues, fundaron una buena villa que llamaron de Almaguer, en que, labradas casas y repartidos los indios del contorno, dió esperanzas de mucho crecimiento con buenos principios de oro, que últimamente han venido á parar en descubrir muestras de plata, que por falta de medios no se reconocen como  debiera, y en que su terreno haya salido á propósito para cosechas de buen trigo, de legumbres y frutas de Castilla, especialmente de granadas: de que satisfecho por entonces Briceño y afeando las acciones de su antecesor, como acostumbran todos los que entran á gobernar en Indias, puso la mira en desterrar aquellos abusos con que Benalcázar habia dejado correr su gobierno; pero ya la permision los habia vuelto de tal suerte en costumbres, que á poca diligencia de Briceño faltó la impaciencia de los conquistadores, y á la más corta demostracion de sus quejas se encojío tanto el poco espíritu de Briceño, que ántes de terminar el año siguiente trató apresuradamente de ir á servir la plaza de Oidor de Santafé, como hizo, dejando por su Teniente general al Capitan Diego Delgado, que en muchas conquistas de aquella gobernacion y del Nuevo Reino habia servido á satisfaccion de sus Cabos, donde lo dejaremos hasta el año de cincuenta y cuatro, en que acreditó la buena eleccion de Briceño.

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