CAPITULO V
PROSIGUE ARMENDARIZ EN SU GOBIERNO: PÓNESE REAL CHANCILLERÍA EN
SANTAFÉ: PEDRO DE URSUA ENTRA EN LOS CHITAREROS Y FUNDA LA CIUDAD
DE PAMPLONA, Y EL LICENCIADO ZURITA RESIDENCIA Á ARMENDARIZ.
DESEMBARAZADO ya Miguel Diez de Armendariz de aquellos negocios
que más cuidado le daban, y amortiguados los recelos que habia
concebido de su caida, con la dulce lisonja del mando, proseguia en
su gobierno por el año de mil quinientos y cuarenta y nuevo, sin
conocimiento alguno de lo bien ó mal que obraba: ceguedad que se
difunde desde los Príncipes soberanos á lo más inferiores
ministros; porque como éstos no puedan hacer juicio de su gobierno,
que no sea por las exterioridades que atienden, y los súbditos sean
hombres en quienes con facilidad miente la malicia semblantes de
agradecidos, aun cuando se hallan más descontentos, de aqui es que
algunos no corrigieron sus yerros porque se los doró la adulacion,
y otros se hallan turbados cuando fenecido el cargo, se desengañan
de que fué aborrecimiento lo que juzgaron benevolencia; pero como
los juicios de los hombres sean tan diversos como las personas,
rara vez se hallará Gobernador cmi quien algunos no apoyen con
veras por acertado lo que otros vituperan, por malo, y más en los
pueblos y Reino á donde, prevalecen parcialidades, como en este de
que vamos tratando, y por esta causa fué reputado el gobierno de
Armendariz por bueno y justo por los Quesadas, y aborrecido como
tiránico por los Caquecios, fundados unos y otros en la noticia de
las virtudes y vicios que le traslucieron, cosa bien fácil en las
Indias, donde corren al descubierto las acciones de los que
gobiernan, muy al contrario de lo que pasa en Europa.
La causa de la publicidad referida, es porque en estos Reinos
de, España ó en otro cualquiera de esta parte del mundo, el
Corregidor de un partido o Gobernador de una provincia, por mucho
tiempo que se conserve en el cargo, no trata ni comunica de
ordinario sino es con doce ó veinte personas, que son las de su
casa, escribanos y ministros de justicia, y cuando á éstos se
agreguen los litigantes, que solamente habian en su dependencia,
tambien son muy pocos respecto de los muchos sujetos que se
incluyen en su gobierno, y así corren tan ocultos sus
procedimientos, que para descubrirlos son forzosas grandes
pesquizas pues cuando los que van referidos alcancen algo de lo que
obran, todas las demos personas lo ignoran y no saben de él ni de
sus acciones, ni hablan en si es bueno ó malo, ni en qué yerra ó
acierta, ni le asechan los pasos, y finalmente los más no lo
conocieran, si no lo vieran con la varo en la mano; pero en las
Indias el desdichado ministro, sea el que fuere, eclesiástico ó
secular, trata necesariamente con todos aquellos que se hallan en
su jurisdiccion, de suerte que no se hallará súbdito alguno con
quien no comunique, ó él con su superior aunque no quiera: y la
causa es, porque sin dependencia de pleitos ni de negocio que lo
obligue, acuden por costumbre á la casa del que gobierna, ó con eh
pretexto de acompañarlo, ó con el fin de que los vea presentes paro
tenerlo grato en lo que se les ofreciere, hablándolo y
comunicándolo en las materias que más gusta, sin que alguno por
modestia ó vergüenza se retire de este género de cortejo que
llaman; porque como en la América no hay mitad de oficios entre
españoles, y el tal retiro pareciera cosa de ménos valer, y más
cuando el oro y plata de sus provincias se deja galantear sin
excepcion de personas, todos procuran correr con igualdad en el
trato con los que gobiernan, y súfreseles todo porque en las
poblaciones de las Indias no hay tanta gente española como en las
de estos Reinos, pues hay muchas ciudades y aun cabezas de gobierno
que no tienen treinta vecinos, y así viven todos noticiosos del
Gobernador, de sus divertimientos y ocupaciones, y de cuanto hace
cii juicio y fuera de él, no solamente en el lugar de su
residencia, sino en todos los de su gobernacion, porque de todos
acuden al principal del asiento á sus negocios y pretensiones, y
raras veces platicarán unos vecinos con otros en que no mezclen lo
que cada cual la entendido de los procedimientos del superior, y
los califique de buenos ó malos, conforme al capricho ó resulta de
las dependencias que tiene.
Verdad es que Armendariz, aunque tuvo prendas dignas de
estimacion, fué culpado no solamente por los Caquecios, sino
generalmente por todos los españoles del Reino, en dejarse gobernar
por el arbitrio de un Alonso Téllez, Escribano que era de
gobernacion, en cuyas manos puso los negocios más Arduos que se lo
ofrecieron, dándosela para que todos corriesen por su dictamen. El
astrólogo Alcabis notó que hay astros que nos miran favorables, y
que el no producir sus efectos es por tener vecinas algunas
malignas estrellas que alteran sus dulces influencias. Pero á qué
fin extrañaban esto en Armendariz los que sabían que apénas se
hallará Gobernador Alcalde ni Corregidor en Indias ni en Castilla,
que no se gobierne por Escribanos ó por alguno otro de la tal
profesion, y que es plaga que la cundido unas adelante, sí se
atiende á que no hay caballero ni señor de vasallos que no pasa por
el mismo gobierno? ¿Y para qué será bueno disimular lo que es más,
si los Príncipes, Reyes y Monarcas hacen lo mismo, guiándose en
todo y por todo, y poniendo todo lo sustancial de los negocios más
graves respectivamente en este género de ministros, el Gobernador
en su Escribano, el señor en su escribiente y el Príncipe en su
primer Secretario? Cosa bien digna de consideracion, haber llegado
la pluma á tal extremo de estimacion, que olvidada de su primer
origen se aliente á oponerse á todo el mundo, y lo que es más,
vuela á competir con la lanza y el mosquete, que tan estimados
fueron en todos siglos como defensores únicos de la libertad y de
las Repúblicas, y que tanto desprecio haga de ellos, siendo tanta
su pequeñez y tanta la grandeza de sus contrarios: desórden, si lo
es, que fácilmente se remediara con que los Secretarios y
Escribanos solamente firmasen las resoluciones y sentencias de los
Príncipes y Jueces, y no que éstos autorizasen con sus firmas las
determinaciones de aquéllos.
Pero volviendo á lo que deciamos poco ántes, fué cierto que el
Armendariz se dejó gobernar siempre de las disposiciones de Alonso
Téllez, á quien para comprobar la sindicacion ó queja de los
Caquecios, lo pasó de un salto desde el oficio de Escribano al de
Encomendero, proveyéndole uno de los mejores repartimientos del
Reino, un Regimiento y otros oficios de mucho interes; con que
dejando correr el Alonso Téllez la culpable aceleracion del natural
precipitado de Armendariz, sin detenerlo tal vez con la rienda de
la advertencia, fué mucha parte para que ejecutase algunos castigos
con más rigor que convenia, como dijimos, aunque templaba los odios
que de semejantes acciones se le recrecían con la liberalidad y
limpieza de manos en que fué extremado; y si bien con algunos
medios que entónces no parecian ilícitos por el poco perjuicio que
de ellos resultaba, adquirió gran caudal, que pudiera conducir á
estos Reinos, no se halló al tiempo de su residencia con diez mil
castellanos de oro cabales, y de ellos perdió los seis mil,
habiéndolos fiado de un Tomé de la isla, piloto de los más
acreditados de la carrera de Indias, para que se los trasportase á
estos Reinos; porque llegado á Sanlucar se alzó con ellos ó quebró,
como parece más verosímil, puesto que algunos dios despues, con fin
de pagarle (quizá en oraciones) se entró religioso en uno de los
Conventos de Granada.
Por este tiempo eran tan repetidas las quejas que de Armnendariz
se oian en el Consejo, representadas por los agentes del Capitan
Luis Lanchero y los demas que salieron huyendo de Santafé y hablan
pasado á la isla española, y tales las noticias que los de su
Audiencia habian dado de la forma del gobierno de Armendariz, que
aunque á intercesion de los que lo favorecian se habia retardado
todo lo posible mandarlo residenciar, ya se pudiendo disimular con
las quejas, y en consideracion de que cesaban las comisiones que le
habian dado para la gobernacion del mar del Sur, pues era constante
que no lo recibiría Benalcázar al uso de ellas; como se lo habia
escrito al mismo Almendariz, y representado al Consejo despues que
justició al Mariscal Jorge Robledo, su Teniente, y que con poderes
suyos habia hecho lo que hizo, se determinaron aquellos señores,
por este año de cuarenta y nueve, á poner Chancillería en dos salas
reales, en la ciudad de Santafé, para el mejor expediente de los
negocios que á ella ocurriesen de todo el Reino, de cuyo
crecimiento en riquezas y poblaciones se tenian bastantes noticias,
como tambien de la dificultad que se reconocia en todas las
gobernaciones que en él se contienen para ocurrir á la isla
española: razon que por si sola bastara, cuando faltarais otras,
para tomar la resolucion referida; y así, en el interin que con
mejor acuerdo elegian Presidente, Gobernador y Capitan General,
nombraron luego por primeros Oidores al Licenciado Gutiérrez de
Mercado natural de Madrigal, que á la sazon era Juez de residencia
en Valladolid, á quien se dió la antigüedad para que presidiese á
Melchor Bravo de Saravia, el Licenciado Mieres, Pedro de Saavedra y
á Juan López de Galarza, sobrinp del doctor Galarza, que asistía á
la Cámara de Castilla, y á Beltran de Góngora, natural de Navarra,
y por Fiscal al Licenciado Bolaños y Alguacil mayor á Juan Mendoza
de Arteaga; y para que residenciase á Miguel Diez de Armendariz se
nombró al Licenciado Alonso de Zurita, Oidor que á la sazon era de
Santo Domingo, y poco despues se despacho á Francisco Briceño,
natural del Corral de Almaguer, con plaza de Oidor de Santafé, y
comision para residenciar á Benalcázar, y con órden de que si
tomada conviniese quedár por Gobernador de Popayan y Antioquia para
allanar las inquietudes de aquellas provincias, lo hiciese, y
despues pasase al ejercicio de su plaza.
Por estos tiempos habia vuelto á revivir en el Nuevo Reino la
noticia ruidoso de la casa del Sol, que en los principios de la
conquista habia arrastrado el ambicioso espiritu de Hernan Pérez de
Quesada á la provincia de los Chitaremos de donde volvió con el
poco fruto que vimos en el capítulo del libro 9, y aunque á los
más cuerdos les parecia que estos nombres pomposos de la casa del
Sol y Dorado eran impuestos para incitar á nuevos descubrimientos,
no por eso tenian la provincia por tan estéril que no diese
esperanzas de alguna gran conveniencia á quien le trajinase los
secretos más escondidos, por haber afirmado Hernan Pérez y su
gente, ser muchas las poblaciones que hahia hallado dentro de su
círculo. Llevado, pues, de esta voz Armendariz, y con deseo de
apagar la mala que como de sus procedimientos, con la buena en que
lo podio poner alguna conquista de crédito, tenía elegido desde el
año antecedente al Capitan Pedro de Ursua, su sobrino, para que
como Cabo superior la tomase á su cargo, y poblase una villa en la
parte que pareciese á propósito, en que procedió con acierto, pues
tenia conciliadas de suerte las voluntades de la gente de guerra el
Ursua, que á ninguno siguiera con más afecto, aun cuando el Ansia
de lisonjear al tio no alistara á porfia lo más granado del Reino;
y porque en lo que se habia visto de la provincia, daba muestras de
ser muy dilatada y numerosa de gente, le ordenó llevase á la
empresa cien infantes en dos compañías, y treinta y seis caballos,
número que pareció suficiente para conseguirla, aunque los indios
no fuesen del espíritu afeminado que mostraron despues.
Por Maese de Campo de todos nombró á Hortun Velásquez de
Velazco, que siendo Veedor del Mariscal Quesada, se derrotó en la
tormenta del rio grande, y vuelto á Santa Marta, subió despues con
Gerónirno Lebron; y por Capitanes á Alonso de Olalla Herrera,
Cristóbal Rodríguez Juarez y á Cristóbal Jaimnez, que lo era de
caballos, en cuyas compañías iban Francisco Díaz de Arlés, pariente
de Ursua, y á quien despues cortó la cabeza en la jornada del
Maráñon, Juan Prieto Maldonado, Pedro Gómez de Horosco, Juan
Ramírez de Andrade, Juan del Rincon, Andres de Acevedo, Nicolas de
Palencia, que militó con Jorge Spira, Juan Puelles Esperanza,
Alonso de Escobar, Alonso Martin Carrillo, Pedro Alonso de los
Hoyos, Juan Lorenzo, Juan Vásquez, Francisco Hernández de
Contréras, natural de Pedroche, y marido que fué de Isabel de
Rójas, natural de Cuenca, Diego de Tórres, Pedro García de las
Cañas, Juan de Albear, Hernando de Mezcua, Luis Jurado, Juan de
Tolosa, Sancho de Villanueva, Juan Andres, Pedro Alonso, Francisco
de Trujillo Salas, natural de Jerez de la Frontera, Juan de Térrea,
Beltran de Unzueta Vascongado, Diego Páez de Sotomayor, Francisco
Rodríguez, Diego de Colmenáres, natural de Villa Parédes de Nava,
Juan Alvarez de Zamora, Anton Estévan Rangel, Felipe de Agüero,
Francisco de Figueredo, Gonzalo Serrano Cortés, á quien despues
mataron de un flechazo los indios de las Arboledas, y otros famosos
héroes, hasta el número de los ciento treinta y seis, en que se
incluian dos sobrinos del Licenciado Pedro de Velazco, que iba por
capellan del ejército.
Con la mayor parte de esta gente pasó el Capitan Pedro de Ursua
desde la ciudad de Santafé á la de Tunja, donde con el favor del
tio se proveyó de armas aventajadas, abundancia de víveres y de
indica Mozcas que los condujesen segun el estilo que ya corria
generalmente en las Indias; y con tan buenas prevenciones partió
desde Tunja, por este año de cuarenta y nueve, reduciendo á ocho
dias de marcha la distancia que desde aquella ciudad hoy hasta
Chicamocha, transitando por los países de Paipas, Duitamas,
Cerinzas, Sátivas y Chitagotos, donde habiendo arribado al valiente
rio Sogamoso, que con rápido curso se arroja por las angosturas de
muchos peñascos, que desde la salida del Valle de Socotá se
levantan para estrecharle por muchas leguas, se detuvo hasta otros
diez dias en disponer tránsito á sus corrientes, ya con maromas y
tarabillas para la gente y víveres, en que lo industriaron los
moradores de riberas, ya aladeras para el más seguro esguazo de los
caballos, y con tan buen éxito, que no acaeció desgracia en la
ejecucion de lo que solo otra vez se habia practicado. Desde allí,
reconocidos los umbrales de la provincia d los Chitareros, que
corre entre las de Tunja y Mérida, por cuarenta leguas de longitud,
con poca diferencia, marcharon hasta la ciudad de Málaga, que
estaba sobre las quebradas de Tequio, desde donde faldearon la
sierra, hasta reconocer los rigores de un páramo, sin que hallasen
poblacion de importancia, dieron en las de Servitá, lcotá y Cocotá,
bien populosas entónces, cuyos moradores, desamparándolas con
temor, dieron lugar á que los nuestros, alojados sin el recelo que
causa la guerra, pudiesen refrescarse con los despojos que hallaron
en las casas, en que para no resfriar aquellos buenos deseos con
que salieron de Santafé, se hallaron algunas muestras del oro que
prometia la provincia, cumplió despues con la abundancia que todos
experimentaron.
Iba sobresaliente al ejército Hortun Velasco con diez caballos y
treinta infantes, y á pocas leguas dió con un hermoso llano ceñido
de sierras, que llamó del Espiritu Santo, por haberlo descubierto
la víspera de Pentecostés; y aunque poblado de innumerables indios,
y que se lo presentaron de guerra, fué tanta la debilidad de sus
armas y cortedad de los ánimos, que al primer encuentro quisieron
más padecer la infamia de cobardes que el, dolor de atropellados,
pues volviendo las espaldas al peligro dejaron la poblacion al
arbitrio de los vencedores, que sin más demostracion que la
referida, dominaron en pocos dias todo el territorio de Chopo,
Theguaraguache, Arcoguali, y sus confinantes, dando lugar á que
llegado el ejército y dividido en tropas á cargo de Pedro de Ursua
y sus Capitanes, corriese lo más sustancial de la provincia, hasta
los Sarataes, Cochinas, Cacheguas, Uchomas, Rabichas, Casaba,
Bocalemas, Chebas y Ogamoras, amedrentar las fronteras de Cúcuta, y
vencidas las Lomas del Viento, penetrar hasta el valle de Santiago,
de donde vueltas y juntas en un cuerpo las tropas, revolvieron por
voto del Maese de Campo á poblar en el llano del Espíritu Santo,
sitio el más deleitoso al parecer y que desde él, como de centro,
podian repartirse á la provincia las influencias del gobierno
militar y político. Para lo cual habiendo Pedro de Ursua asentado
primero una paz firme con los pueblos más inmediatos á que ellos
dieron el primer paso aconsejados de su pusilanimidad, dió
principio á la fundacion de una villa, que llamó Pamplona, á
contemplacion suya y del tio, que así lo dispuso en recuerdo de su
patria, á la cual se le dió título de ciudad por el año de mil
quinientos y cincuenta y cinco, y demora sesenta leguas al Nordeste
de Santafé y casi al Sur de Maracaibo, en cinco grados y cincuenta
minutos de esta banda al Norte.
Fueron luego nombrados por Regidores Andres de Acevedo, Juan de
Albear, Hernando de Mezcua, Juan de Tolosa, Sancho de Villanueva,
Juan Andres, Juan Rodríguez, Pedro Alonso, Juan de Térrea y Beltran
de Unzueta, que inmediatamente eligieron por primeros Alcaldes á
Alonso de Escobar y á Juan Vásquez, y repartieron solares segun los
vecinos que habian de quedar en ella, de los cuales separó sesenta
de ellos el Pedro de Ursua, á quienes segun el apuntamiento que
hizo, encomendó despues Armendariz otros tantos repartimientos que
se ajustaron de los indios descubiertos, dejando á los demas con la
esperanza de que adelantando la conquista serian gratificados segun
la calidad de sus servicios, como se consiguió despues penetrando
la provincia, en que incluyendo diferentes naciones se han
descubierto para más aprecio de su terreno las ricas minas de oro y
pata de las Vetas, y de la dos montuosas alta y baja que han salido
permanentes, ademas de lo mucho que la provincia participa por
rescates del río del Oro, que la fosca y de los intereses que
producen las turquesas, que se hallan en su distrito, minas de
cobré, ingenios de azúcar, ganados mayores y menores, excelente pan
en Chopo y Suratá, lienzos de lino y algodon y otros géneros que la
enriquecen por el éxito que tienen de ellos en las ciudades de
Santafé y Cartagena.
Luego que se fundó esta ciudad, se dió principio á labrarle
Iglesia parroquial, de quien fué primer cura el Licenciado Pedro
Velasco, y con el tiempo y limosnas que se juntaron, la llegado á
ser uno de los hermosos templos de aquel Nuevo Reino, en que está
fundada la hermandad de San Pedro de mayores rentas que se conoce
en Indias. Sus vecinos de presente llegarán a trescientos, con
general inclinacion á la virtud y letras, en que se ha señalado
sujetos famosos no idos en su recinto, y entre todos Fr. Antonio de
Vibar, Religioso Francisco, que supo juntar, cual otro Escoto, el
ingenio con el estudio y virtud y que aun malogrado vivió larga
edad, porque fué sabio desde muy pocos años. Están fundadas en esta
ciudad las religiones de Santo Domingo, San Francisco y San Agustín
y un Colegio de la Compañía de Jesus, que se ocupa en habilitar la
juventud para los estudios mayores: tambien hay en ella un
religioso Convento de Monjas descalzas de Santa Clara, sujeto al
Ordinario, que fundó en quince de Agosto del año de mil quinientos
y ochenta y cuatro la piedad de doña Magdalena de Velasco, mujer
que fué de Rodrigo de Cifuéntes, hija legítima del Maese de Campo
Hortun Velásquez de Velasco, y de doña Luisa de Montalvo, eligiendo
á su padre por Patron para que nombrase una de las Religiosas con
medio dote, y que sucediese en el Patronato doña María de Velasco y
despues Juan Velásquez de Velasco, sus hermanos y descendientes; y
aunque para el reparo de la ruina que hizo de la fábrica de este
Convento un terremoto que acaeció el año de mil seiscientos y
cuarenta y cuatro, se consumieron algunos dotes, ningun atraso
temporal la entibiado el celo fervoroso con que ha conservado
Seminario ejemplar de virtudes hasta el tiempo presente.
Miéntras el Capitan Pedro de Ursua asentaba las cosas de
Pamplona y cogia en aplausos el fruto de sus victorias, corriendo
ya el año de mil quinientos y cincuenta, arribaron á Cartagena tres
de los Oidores nombrados jara fundar en Santafé la Real
Chancillería, que tanto tiempo ántes tenia premeditada el Consejo
de Indias, por haberse embarazado el pasaje de los demas ministros
elegidos. Y si como el despacho fué de Oidores, sin Presidente,
Gobernador y Capitan general, hubiera sido de Presidente sin
Oidores, excusárase la mayor parte de la destruccion de aquel
Reino, que continuada por catorce años con la influencia de un
gobierno acéfalo, fué de grande perjuicio para su crecimiento.
Luego que llegaron á Cartagena pasaron á Mompox, donde murió el
Licenciado Mercado, que llevaba la antigüedad no sin sospechas de
veneno, que un médico llamado Vera le suministró en la purga, como
advierte Castellános; y pasando Galarza y Góngora, que fueron los
compañeros, entraron en Santafé por fines de Marzo, donde
presentados sus despachos fundaron la Real Audiencia en siete de
Abril: para lo cual, gobernándose por la instrucion que les dió el
Consejo, salieron al último burgo de la ciudad, en que de presente
está fundado el Convento de S. Diego, y desde allí en una hacanea
blanca adornada de gualdrapa, cojín y renta de terciopelo carmesí,
que llevaba un Regidor de la rienda, pusieron un curioso cofrecillo
en que iba el Sello Real, cuya representacion majestuosa cubrían
con un rico palio los demas Regidores, que vestidos de ropa de
chamelote llevaban las varas. Los dos lados del Sello ocupaban los
Oidores puestos á caballo, y á estos por la parte de afuera
acompañaban los dos Alcaldes ordinarios Gonzalo García Zorro y Juan
de Avellaneda, á quienes, precediendo todo el concurso de vecinos,
condujeron hasta la casa que se habia prevenido para el efecto, en
que se puso el Sello Real con la guarda que convenia.
Eran los os Oidores Góngora y Galarza de poca edad y de mucha
gallardía en la disposicion, y tan virtuosos y de sana intencion
que hasta el dia de hoy, siempre que en aquel Reino se hace memoria
de ellos, es con el renombre de buenas y santos Oidores. Pero
juntamente se reconoció un grave inconveniente en que fuesen los
fundadores de aquella Audiencia; porque como su juventud no habia
dado lugar para que saliesen de pasantes, cuando fueron elegidos,
faltábales la práctica de negocios por no haber administrado cargos
de justicia, ni habian visto lo mismo que fundaban no solamente en
cuanto á la forma de proceder en las causas, pero aun en la casa
material de alguna Audiencia pareció no haber entrado jamas, para
saber la disposicion de su Tribunal y Salas, y la que observaba en
tomar asientos para juzgar los de aquel oficio: y así ignorantes
de la atencion debida á la arcanidad secreta de los Acuerdos, y de
las ceremonias decorosas que ha introducido el temor de los reos, ó
la soberanía de los Príncipes para la veneracion de Tribunal tan
supremo, cometian tantos yerros como disposiciones en la forma de
gobernaras y gobernar aquella quimera practicada, que ordenaron en
sus principios: con una parte de Chancillería Real, otra de Juzgado
de Alcaldes de Corregidores y otra de Audiencia eclesiástica; para
cuyo reparo fué de grande perjuicio la detencion del Licenciado
Francisco Briceño colegial que habia sido de la Magdalena en
Salamanca, que como persona que habia asistido al Obispo de Cuenca
siendo Presidente de la Chancillería de Valladolid, y había sido
Corregidor de algunos lugares del Estado de Medina Sidonia, hubiera
fundado la Real Audiencia sin aquellas imperfecciones que entónces
tenia, aunque con el tiempo y sucesion de Jueces se purgaron de
suerte que recobró cuantas disposiciones le fueron debidas.
Asentada pues la Audiencia y siguiéndose en lo demos por la
direccion de Miguel Diez de Armendariz, nombraron luego por Fiscal
á Francisco Escudero, por escribano de Cámara y mayor de
Gobernacion á Alonso Téllez, por Chanciller registro á Juan
Martínez, Relator á Juan Baptista Sardela, Recetor á Lope de Rioja
y Portero á Mateo Calderon, á quien sucedió Gonzalo Velásquez de
Pórras, y Alguacil mayor de Corte lo fué Juan de Mendoza Arteaga,
que poco despues llegó nombrado por el Consejo. Con estos ministros
comenzaron los dos primeros Oidores á despachar algunos negocios
con el glorioso nombre de D. Cárlos; si bien como eran de naturales
tan apacibles y genios opuestos á litigios, los más reducian á
composicion empeñando su autoridad en conseguirla; de que resultó
la benevolencia general que se conciliaron, aunque entre
faccionarios tenga más estimacion el mal que se hace á sus
contrarios, que el bien que se les hace á sí mismos; pero es la
virtud tan amable que aun los más opuestos convienen para
aplaudirla. Por esta causa mostraron siempre mucha tibiesa en la
ejecucion de las nuevas leyes, y aun en la observancia de otras
ordenanzas más antiguas en favor de los indios, que iban
entreteniendo con dificultades, que su falta de experiencia
encontraba, y con disponer luego algunas conquistas y entradas
contra lo ordenado en una de aquellas leyes, que lo prohibia hasta
que despues la Majestad de Felipe II las permitió en la forma que
ahora se hace. De estas entradas, que fueron dos, se encargó la
primera á Andres López de Galarza, hermano de uno de los Oidores,
quien habia de hacerla en el valle de las Lanzas de la provincia de
los Pantagoros, con el pretexto de que sus moradores no acudían al
servicio de los vecinos de Tocaima: y la segunda á Juan Alonso,
para que en el valle de Neiva fundase alguna villa, pareciéndoles
que allí seria de mucha conveniencia para el comercio del Perú y
Nuevo Reino.
Dispuestas las primeras acciones en esta forma, les fué sin
pensar luego á los nuevos Oidores la causa y origen de su total
perdicion con la llegada del Licenciado Alonso de Zurita, que, como
dijimos, llevaba á su cargo residenciar á Armendariz, cuyo empeño
ninguno dudaba que habia de ser muy ruidoso, moviendo la una parte
personas de tanto lustre como Lope Montalvo, Luis Lanchero y
consiguientemente todos los Caquecios amigos y parientes del
Adelantado Lugo, que habian de agravar la residencia todo lo
posible, y favoreciéndola de la otra parte la contraria de los
Quesadas y los Oidores, que no debieran haber mezclado en ella con
tantas veras; pero como el Góngora era Navarro, y el Galarza tan
fino amigo suyo por simpatía de las edades y costumbres, ninguna
consideracion bastó para que dejase de ser empeño lo que debiera
ser neutralidad; y aunque sobre la asistencia de Lope Montalvo en
Santafé en esta ocasion, hallo encontrados á Quesada y á
Castellános, afirmando éste que no siguió al Licenciado Zurita,
sino se quedé en Santo Domingo cansado de pleitos, de donde ya
libre de ellos pasó á estos Reinos á gozar de un mayorazgo que
tenia en Salamanca; y diciendo el otro era uno de los que
capitulaban á Armendariz en Santafé, de donde huyó á la costa por
la oposicion que hallaban los Caquecios en los Oidores: con todo me
ha parecido convenir solamente en que Lope Montalvo pareció en
Santafé por su apoderado, sobre que el lector discurrirá lo que le
pareciere, advirtiendo que Castellános estaba en el rio de Hacha al
tiempo que allí tomó puerto el Licenciado Zurita, acompañado, como
él dice, de Luis Lanchero, Lázaro López de Salazar, Francisco Arias
Jiménez, Diego Díaz y otros quejosos de Armendariz, y Quesada no
habia aportado á Indias cuando Zurita salió de Santafé, y pudo
padecer engaño en lo que oyó despues.
Pero de cualquiera suerte que ello fuese, la residencia se
comenzó con graves cargos y acusaciones puestas por los Caquecios:
mas como los contrarios tenian cogidos los puertos con eh favor de
los Oidores, que juzgaban más durable, prevalecia su parcialidad, y
no hallaba el Licenciado Zurita camino libre para que los
agraviados probasen lo mismo que le constaba ser cierto, de que
resultó cargarse de alguna pasion en proceder contra Armendariz,
que no cesaba de repetir quejas o que los Oidores no lo amparaban
como debian, fundado, á mi ver, en que lo conterráneo en distantes
debe correr con calidades de parentesco; y á la verdad, no habia en
el juicio de la residencia aquella libertad que se requeria para
que las partes siguiesen su justicia, con los embarazos que á su
administracion ponian los Oidores, hasta empezarse en oir á
Armendariz sobre los agravios que decia hacerle el Licenciado
Zurita y pronunciar autos en aquella razon, cosa bien extraña en
derecho, á que el Zurita correspondia con otros dictados de más
experiencia y de ménos arrojos; y viendo que se le acababa el
término de los sesenta dias sin que pudiese concluir su residencia,
andaba como hombre ajeno de sí mismo y de lo que debia hacer en
casos tan irregulares, á que no ayudó poco la avilantez que algunos
se tomaron para publicar que no tenia la jurisdiccion que
manifestaba tener por sus edictos.
Con estos embarazos que asimismo tenia reconocido Luis Lanchero,
Lázaro Pérez y otros, se desaparecieron una noche, y por caminos
ocultos hasta el rio grande bajaron en una canoa á Mompox, y de
allí en bajel de más porte, saliendo por la boca del rio navegaron
hasta arribar á Cartagena, donde habiendo fletado navío rasaron á
estos Reinos á representar todo lo acaecido en perjuicio suyo, en
tanto que el Licenciado Zurita, viendo acabar el termino de su
comision, citaba, como lo hizo, al Licenciado Armendariz para las
ciudades de Cartagena y Santa Marta, donde debia parecer
personalmente a ser tambien residenciado de cuanto en ellas hubiese
hecho; y suspndiendo el progreso de lo obrado en Santafé, se volvió
á la costa bien disgustado del ajamiento que se le habia hecho en
el Reino; y el Ármendariz, como si ya no le quedase mas que purgar,
trató de venirse á España, si bien reconocia que le tenía tomados
los pasos el Licenciado Zurita, con estarlo residenciando en
ausencia en la ciudad de Cartagena y tener prevencion en Santa
Marta para embargarle el cuerpo y proceder contra él sin la sombra
de los Oidores que lo amparaban. Para cuyo reparo resolvieron con
parecer del mismo Armendariz, que Beltran de Gongora, con el
pretexto de visitar la costa de Santa Marta (porque Cartagena aun
no era de la jurisdiccion de la Audiencia de Santafé), bajase á
ella y lo embarcase con la mayor seguridad que pudiese: todo lo
cual se ejecuté á la letra, y entónces fué cuando hizo la confianza
de Tomé de la isla el Armendariz, y miéntras hurtando el cuerpo á
los peligros fue á pasar á la isla española y se detuvo esperando
ocasion de venir Castilla, se volvió el Góngora al ejercicio de su
plaza, porque en la realidad la visita labia sido supuesta y
entónces no había la cédula que después se despachó para que se
pudiese visitar el distrito, aun por la fealdad que tenía esta
ímprudente accion en sí misma, pareció tan mal en el Consejo como
despues veremos.