INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO III
 


HACEN MARISCAL DEL REINO Á GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA.- VUELVE DE CASTILLA EL CAPITAN VENÉGAS, Y CON CIEN CABALLOS SALE Á SOCORRER Á PEDRO DE LA GASCA.-EL CAPITAN PEDROSO DESCUBRE EL VALLE DE CORPUS CHRISTI, DONDE LO PRENDE EL CAPITAN CEPEDA.

VIÉNDOSE ya el General D. Gonzalo Jiménez de Quesada desembarazado de todas aquellas causas criminales en que lo empeñó su juventud ambiciosa de aplausos, y que tanto habian ponderado sus émulos para desvanecer el premio debido á sus hazañas, volvió los ojos, animado de algunos ministros, á pedir gratificacion de los servicios que tenia hechos á la Real Corona, descubriendo y conquistando un Reino tan poderoso, que si no igualaba á los del Perú, Nueva España, merecía el tercer lugar entre los descubiertos. Decia que pues á Fernando Cortés, que conquistó á Méjico, se le habia dado titulo de Marqués del valle, y veinte y tres mil vasallos con jurisdiccion civil y criminal, y más de setenta mil ducados de renta; y á D. Francisco Pizarro, que descubrió el Perú, se le habia así mismo recompensado con título de Marqués, y el gobierno por dos vidas, con promesa de igualarlo á Cortés en renta, sería puesto en razon que á su respecto se lo gratificase á él como convenia á Príncipe tan agradecido á los que fielmente le servían, como el que tenía por Rey. Alegaba aquellos peligros en que tantas veces se vió más arriesgado entre su gente que entre millares de indios, por no volver paso atras en sus descubrimientos. Ponderaba la poca fortuna con que habían corrido sus dependencias, pues ningunos conquistadores hablan sido residenciados tan rigurosamente como él y D. Pedro de Heredia, compañero suyo en la desgracia, y el miserable estado en que lo tenia la pobreza á ojos de su Príncipe, y cuán fiero torcedor suele ser éste en espíritus generosos para prorumpir en quejas: medio que habia despreciado siempre, porque no se presumiese que demandaba como acreedor quien era vasallo.

Oidas en el Consejo todas estas razones, sin aquella ojeriza que de ántes mostraba á sus propuestas, tuvo resuelto el darle en repartimiento una cantidad bien considerable de indios, no por vasallos ni con jurisdiccion sobre ellos, sino para que en él, con la obligacion de los demas feudatarios, entrasen perpétuamente sus hijos y nietos. Pero tanta suele ser la desdicha que recarga sobre algunos negocios y tan variables los pareceres humanos, que, hallándose ya en este estado, ocurrieron de todas las Indias Procuradores representando (porque entónces estaba en su fuerza la alteracion de Gonzalo Pizarro) que todas aquellas inquietudes eran causadas de no determinarse el Emperador á dar en perpetuidad los repar­timientos de indios á los conquistadores, por muchas causas en que fundaban la conveniencia de que debia hacerse así; y obró tanto esta propuesta en los oídos Reales y de su Consejo, que se inclinaron á convenir en ella, y entonces fué cuando este punto de la perpetuidad llegó casi á resolverse, aunque otras muchas veces se habia consultado y nunca resuelto. Para este fin se despachó luego provision á las Audiencias de Indias, con expreso órden de que se hiciesen y remitiesen al Consejo descripciones generales de la cantidad de indios de cada provincia y de cada repartimiento, y de los méritos de cada cual de los conquistadores, con otras muchas advertencias que se contenían en dicha provision, y todas pertenecientes al buen expediente de aquella materia.

De aquí resultó que, embarazado el Consejo sobre este punto de la perpetuidad general, se embarazase tambien el despacho de lo que se habia resuelto en la particular de Quesada y sus sucesores, y que vueltos los ministros á otra buena consideracion de que, pues se hacia general la perpetuidad de Encomiendas que se habia resuelto ántes solamente para Quesada, seria bien se aguardase á que el apuntamiento viniese del Reino, y reconocido el número de los indios y repartimientos que en él habia, se  hiciese la gratificacion conforme á sus méritos, y en el interin se le diese algun entretenimiento con que pudiese pasar con decencia, y para ello acordaron darle título de Mariscal del Nuevo Reino, como se lo dieron, con facultad de levantar una fortaleza donde le pareciese convenir, de la cual fuese Alcaide perpétuo con renta, privilegio para elegir armas fuera de las que él se tenia, un Regimiento en la ciudad de Santafé y dos mil ducados de renta en las Arcas Reales del Reino cuando volviese á él, que en lo de adelante pasaron á ser tres mil en siete pueblos de indios, que rentan cuatro mil ducados muy poco ménos. Hechas estas mercedes, que al sentir de toda la Corte y de los que en ella concurrieron de Indias, fueron muy cortas, aunque de fachada pomposa, pareció al Consejo haberse descargado de un acreedor que tanto derecho tenia á ejecutarlo por mayor deuda, y dió ocasion á Castellános para que dijese de Quesada en el canto 21 de la cuarta parte de su historia indiana, que, por no haber podido coger peje grande, se hubo de contentar con marisco, aceptando la Mariscalía del Reino.

Quién volverá, empero, los ojos á las dependencias de este caballero, desde que pasó á estos Reinos, ya litigando al principio con D. Alonso Luis de Lugo, cuñado del Secretario Cóbos; ya con el mismo vuelto de Indias y poderoso en riquezas (calidades una y otra que faltaban al Mariscal;) ya con desbarates en Reinos extraños, irritando á su Príncipe, y más con los despeños de su incontinencia, de que tuvo muy especiales noticias, que no disculpe al cronista herrera en la Década octava, cuando al fin del capítulo 22 dice: Que al cabo de sus trabajos fué premiado el Licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada: si bien él funda su poca suerte como quien lo tocó más de cerca, en que habiendo salido de estos Reinos para las Indias con profesion y hábito de Letrado, cuando volvió á ellos poderoso en riquezas, tomó capa y espada, con que cortó el vuelo á  fortunas, pues nunca fal­taron Letrados (y en aquella ocasion más que en otras) á quienes les fuese fastidiosa la diferencia del traje, teniendo por ignominia que otro cualquiera se prefiera al suyo, y cuando el juicio de las culpas á méritos la de pasar precisamente por los de aquella profesion, siempre será calificada imprudencia no vestirse á su gusto, ni lisonjearlos con el aprecio del hábito de su eleccion.

Ya desde el año antecedente era llegado á esta Corte el Capitan Hernan Venégas Carrillo, Procurador nombrado por los Cabildos del Nuevo Reino para que representase los inconvenientes que tenian embebidos la ejecucion de las nuevas leyes, que se apoyaba con las instancias que para el mismo efecto hacian los Procuradores de los otros Reinos, que á imitacion del de el Nuevo de Granada habian despreciado el camino que siguieron los del Peru y elegido el de la suplicacion á su Príncipe, con aquel rendimiento que le es debido por todos derechos. Y como sobre esta materia hubiesen precedido muchas consultas, y últimamente se habia despachado al Licenciado Gasca con las resoluciones más favorables para el Perú, fué materia fácil dar expediente á los negocios que diligenciaba el Capitan Venégas, á quien dieron carta acordada de la sucesion de las Encomiendas en los hijos y mujeres de los seudatarios, de que a! presente se usa; y todo aquel despacho que pidió en conformidad del que se habia dado á Pedro de la Gasca, especialmente en cuanto á la revocacion de la nueva ley que hablaba de los repartimientos, de que se habian originado has alteraciones del Perú y desabrimientos de Nueva España: á que se añadió una Real Cédula de reprension á Miguel Diez de Armendariz, afeándole el nombramiento que hizo en el Mariscal Jorge Robledo de Teniente general suyo en Anserma, Cartago y Antioquia, y declarando que esta última ciudad, como las demas, se comprendia dentro de los términos de la gobernacion de Popayan; con que cortó la pretension que tenia á ella el Gobernador de Cartagena, cuyas competencias habia sosegado la prudencia del Capitan Martin Galeano, á quien Miguel Diez de Armendariz habia despachado para el efecto.

A este buen despacho que sacó el Capitan Venégas, agregó los que se habían dado en favor del Mariscal Quesada, y con todos ellos volvió á Santafé, donde unos gratulándose de que las pretensiones de su General fuesen mejorando de fortuna, y todos gustosos con la revocacion de aquella nueva ley tan odiosa, y asegurados de que para lo futuro dejaban remediados sus hijos y mujeres con lo que se habia resuelto sobre la sucesion de los feudos, lo recibieron con tanto aplauso cual nunca se esperaba en aquel Reino. Y el Miguel Diez, reprendido y sabedor de algunas cosas que habian escrito contra él desde Cartagena y Santa Marta muchos de los mal contentos de su gobierno, comenzó á recelar cuerdamente la caida que amenazaba á su crédito, si con arte y aceleracion no salia, al reparo; y como en Panamá hubiese reconocido Pedro de la Gasca por lo que le aseguraban las personas que bajaban del Perú, que nunca vendria Pizarro por bien en los medios que le proponia. si no los dirigiese por el camino que le allanasen las armas, y movido de estas noticias hubiese escrito desde la bahia de San Mateo á Benalcázar y al Visitador Armendariz, lo socorriesen con la más gente que les fuese posible, aunque la distancia de seiscientas leguas que hay desde Santafé á Lima lo dificultase, se resolvió Armendariz á socorrerlo, y para no errar los principios que consisten en la eleccion del Cabo, puso los ojos en el Capitan Venégas, recien llegado de estos Reinos, en quien ademas de la claridad de su sangre concurrian las partes de bien quisto y respetado, y á quien el continuado ejercicio de la guerra y victorias que habia tenido, señalaban por Cabo el más á propósito para el intento.

A éste, pues, mandó levar cien caballos para la empresa; y porque en la ejecucion encontró alguna tibiesa en los que debieran estar más prontos, y el Armendariz fuese en sus determinaciones acelerado, y áun más de lo que debiera, no siendo Visitador, con poco motivo que para ello tuvo, y sin la averiguacion bastante, afrentó públicamente á dos o tres personas nobles, y con ellos, causó más lástima, á uno de los conquistadores, achacándoles (no se supo si con verdad ó sin ella) que se habian ocultado por no ir á la guerra contra Pizarro; pero como quiera que ello fuese, el castigo se ejecutó en ellos dejándolos con aquella infamia perpétua. Son los agravios que se hacen á la plebe letras que se escriben sobre la arena, que cualquier agasajo airoso las borra; pero los que á la nobleza, caractéres que se esculpen sobre diamantes y al recuerdo más leve se eternizan. Agraviado el Conde D. Julian, fraguó en España la ruina del Imperio Godo, y en la ofensa que á Pelayo hizo un Gobernador de Tarife desde Giron, comenzó la caida de otro Imperio Africano. ¿Qué fin, pues, podrá ya esperar Armendariz teniendo agraviados á tantos nobles? Pero dejándolo para su tiempo, el Capitan Hernan Venégas con la recluta de cien montados aventureros, entre quienes iban Juan Gómez Portillo, Alonso Martin Carrillo, Pedro Ruiz Corredor, Francisco de Figueredo, Gonzalo Serrano Cortés, Juan de Chávez, Francisco del hierro, Cristóbal de Miranda, Pedro de Ursua y otros, marchó más de ciento y cincuenta leguas, rompiendo por muchos peligros, aunque tan desgraciadamente en que no se lograsen sus deseos, que hubo de dar vuelta al Reino por el año siguiente, por órden del Presidente Gasca, que le remitió con Martin de Aguirre, para que no pasase adelante, en consideracion de haber mejorado la parte del Rey; y aunque la misma fe le despachó á Benalcázar, que con trescientos hombres estaba ya cercano al valle de Jauja, dejando atras su gente se adelantó tanto, que se halló en el ejército real á tiempo que todo el de Pizarro, sin que se disparase arcabuz, se rindió al truéno de la voz del Rey, pasándose á Gasca aunque no faltan escritores que á esta voluntaria entrega llamen la batalla de Jaquisaguana.

Partido pues el Capitan Venégas á la guerra del Perú, y receloso Armendariz de que en la ociosidad de la mucha gente militar que tenia en el Reino, y á la fama de sus riquezas habia ocurrido de estos Reinos y de los demas de las Indias, no prendiese alguna centella de fuego que abrasara las provincias de arriba, no solamente velaba en darse á temer con la ejecucion de diferentes castigos en los que le parecian culpados, sino en disponer algunas empresas en que la ocupacion honrosa de las conquistas los enajenase de la noticia de aquellas alteraciones, que con tanto escándalo corrian por más de seiscientas leguas: y para esta efecto, habiendo elegido por Cabo de cincuenta hombres al Capitan Francisco Núñez Pe­droso, que con crédito de soldado asistia en Santafé, dispuso que hiciese entrada por la provincia de los Pantagoros en demanda de nuevos descubrimientos. Hízolo así, y habiendo atravesado por Tocaima el rio grande de la Magdalena, y despues toda la provincia y cabeceras del Guarinó i rio de la Miel con varios trabajos, descubrió un valle, que llamó de Corpus Christi, y otras tierras comarcanas á él, con más muestras de minerales de oro que de otra cosa alguna que indicase fertilidad del país, á tiempo que por diferente rumbo, y con órden del Adelantado Benalcázar, aportó allí con el mismo fin, y más gente el Capitan Hernando de Cepeda, que llevaba consigo á Pedro de Bolívar, famoso soldado de Flandes, de donde trasplantado á Popayan seguia con su compañía estos descubrimientos, ántes de avecindarse en Santa fé: y como el Gobernador no quiera compañia, y la provincia diese bastantes seña­les de no admitir dos Cabos iguales en superioridad, pretendió  luego el Cepeda que el Capi­tan Pedroso saliese del valle, por decir comprenderse aquel descubrimiento en las demarcaciones de Popayan y Antioquia, sobre que no faltaron protestas y requerimientos de ambas partes, con riesgo de llegar a las manos, si no en rompimiento formado en desafio, sí particular de persona á persona, que por último vino á parar en que Cepeda, más ventajoso en el número de soldados, prendió á Pedroso y le quitó la gente que llevaba, aunque obró poco despues con ella y la suya, y solamente sirvió el arrojo de que se originasen de él otras diferencias muchas, que finalmente fueron á parar y fenecerse en la ciudad de Santafe, cuando ya en ella estaba fundada Real Audiencia.

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