INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPÍTULO IV
 


DESTIERRA LUGO Á LOS QUESADAS. -EL CAPITAN VENÉGAS DESCUBRE LAS PRIMERAS MINAS DE ORO, Y FUNDA LA CIUDAD DE TOCAIMA. VALDÉS ENTRA EN LOS MUZOS, Y PIERDE LA BATALLA DE SARBE.

CON estos acaecimientos habia terminado ya el año de cuarenta y tres, y entrado el de cuarenta y cuatro, memorable por haber padecido el sol un eclipse, que le duró todo el dia á los veinte y cuatro de Enero; y ajustados ya los procesos contra los Quesada; y  conociendo el Adelantado que los primeros cargos que los habia hecho para pren­derlos, no eran de tanta consideración que justificase por ello; la resolución que preten­día tomar, cargó todo el juicio de la causa sobre la culpa que cometió Hernan Pérez haciendo cortar la cabeza al Cacique de Tunja, Aquiminzaque; y pareciéndole que esto era suficiente para ganar la aprobación del Consejo, condenó á los dos hermanos en destierro perpe­tuo de las Indias, sin reparar en que no habiendo concurrido Francisco de Quesada en el delito, que ponderaba, habia de ser la igualdad del castigo una clara probanza de que su mira no habia sido á la satisfacción de la justicia, sino al desahogo de sus pasiones. Pero como quien recela mucho de sus delitos discurre en los ajenos con imprudencia, ninguna consideración le fué á la mano de cuantas pudieron ocurrirle al entendimiento, para que no les notificase la sentencia de que apelaron los Quesadas para la Audiencia de Santo Domingo: y otorgado el recurso de la apelación fueron en seguimiento de ella, con quebranto aun de sus mayores émulos, viendo salir pobre y desterrado del Reino al mismo que lo habia ganado con valor y gobernado con aplauso, de que se le originó el desastre lastimoso que diremos después.

Libre ya Lugo de estos émulos, que recelaba dejar á las espaldas, aplicó el ánimo á generosas empresas que lo acreditasen ó á lo ménos sirviesen de velo á sus desacierto: y como una de las cosas que más cuidado le daban era el haber sacado mucha gente (cuando pasó al Reino) así de Santa Marta como de Santiago de Sompallon, pueblo que habia fundado el Capitan Valdés, por órden de Gerónimo Lebrón, de que se habia seguido que no pudiendo resistir á los indios los pocos vecinos que habian quedado, se pasasen algunos á Mompox y los otros diesen vuelta á Santa Marta, nombró al Capitan Lorenzo Martin para que fuese al castigo y poblase de nuevo con las personas que lo quisiesen seguir, y á Francisco Salguero dió gente y armas para que al mismo tiempo allanase las naciones que habitaban el gran Valle de Upar, y procurase fundar en él alguna ciudad con que asegurase el dominio de aquella tierra: y si bien ambas empresa; no salieron como se pretendía, con todo sirvieron de freno para que los indio; no corriesen la provincia con aquella libertad que solían, hasta que con el tiempo los fué acabando la guerra y sujetando el temor. Pero no era éste el negocio de más consideración que se le ofrecía á Lugo, sino el descubrimiento de minas de oro, como basa que habia de ser en que se fundase la duración del Nuevo Reino; y así, habiendo de elegir Cabo en quien concurriesen prudencia y valor para guerrear con las naciones belicosas de los Panches y Pantagoros, que habitan de la una y otra parte del rio grande, en cuyas provincias se decía estaban las minas, eligió á Hernan Venégas Carrillo, de quien hemos dado bastante noticia, aunque no era de los Caquecios sus parciales, porque atendió más, en esta elección al acierto de la empresa que al disgusto de su parcialidad.

Nombrado Cabo de tanto crédito, fué mucha la gente noble que lo siguió, entre quienes se contaba Martin Yáñez Tafur, natural de Córdoba, que se habia empleado con Diego de Ordaz y Antonio Sedeño en las conquistas de Pária y despue en la de Cartagena y militado con el Licenciado Badillo hasta que salió á Popayan, y de allí pasó al Reino; Luis Bernal, natural de Salamanca, como dijimos; Hernando de Salinas, Francisco de Montoya, Juan Ramírez de Hinojosa, Francisco Ortiz, Gómez de Castro, Antonio Portillo, Lope de Velasco, Antón Martín de Melo Sampayo, Francisco de Alcozer, Gaspar Tavera, Juan de Salinas, Miguel de Gamboa, Alonso de Olalla Herrera; Lope de Salcedo, Cristóbal Gómez Nieto, Juan de Chávez, Francisco de Figueredo, Cristóbal de Zamora Torero, Gaspar de Santa Fe, que casó con Beatriz Alvarez; Juan Ortiz Saavedra, Juan de Pórras, Juan Díaz Jaramillo, Miguel de Moráles y tambien Hinestrosa y Montero; con los cuales y otros muchos corrió en breve tiempo, con felicidad, las provincia; más guerreras, siendo el primero que descubrió las de Ibagué, Santa Agueda, la Victoria y Mariquita, y por cumplir como debia los órdenes del Adelantado, descubrió así mismo las minas de oro de la Sabandija y del Venadillo, nombrada ésta así por un cervatillo manso que tenían los indios en aquel sitio; y la otra porque tiene su asiento en el rio Cuamo, llamado ya de la Sabandija por haber encontrado allí una muy venenosa, á la manera de avíspa bermeja, aunque de este género se ven pocas. Y como despues de conseguir esto tenia Venégas órden de poblar una ciudad en la provincia de los Panches, que reprimiese la ferocidad de sus armas, repasó el rio grande, y llenando toda su costa de aquel temor y espanto bastante á reducir los Guataquíes y Ambalemas, marchó contra los Bituimas, que fortificados en una peña, se pusieron en defensa, esperando aun mejor fortuna que la que tuvieron con Hernan Pérez.

No fundaban mal su esperanza; más, como fuese tan feroz asalto el que le dieron los nuestros, que en ménos de dos horas quedase roto el ejército de los contrarios, y el campo seguro, dió vuelta prestamente en demanda del rio Patí, que es el mismo de Bogotá, y discurriendo con sus Capitanes en que el Valle de Tocaima seria el más á propósito para poblar en él, por estar en el centro de la provincia y bañarlo el rio, eligió un llano que está á su márgen, quince leguas de Santafé, al Poniente, y en él, por el mes de Abril de este año de cuarenta y cuatro, fundó la ciudad de Tocaima con tan buenos principios, que mereció tener por sus primeros pobladores á muchos vecinos de los más calificados del Reino. Y así, nombrados los Regidores, que lo fueron Miguel de Gamboa, Juan Ortiz, Juan de Pórras Miguel de Oviedo, y Escribano Miguel de Moráles, eligieron por primeros Alcaldes á Hines­trosa y á Juan de Salinas, y consiguientemente dieron principio los demas vecinos á costosas fábricas de piedra, ladrillo y teja, y entre ellas levantaron despues una iglesia parroquial de buen parte; y otra de Santo Domingo con hermoso claustro para los religiosos, aunque en la realidad se erró esta fundacion, así porque se hizo muy dentro de la jurisdicción de Santafé, á quien se le estrecharon los términos, y de que se originaron alguno; pleitos, como porque con el tiempo se fué entrando el no en la población, hasta asolar sus edificios enanco más hermosos crecian: daños que se hubieran reparado eligiendo para asiento otro de los que hay en la costa del rio grande, que dista seis leguas de la ciudad, y con que se hubieran excusado otras poblaciones que se han hecho para la administración de las minas, pues aunque despues se fundó la ciudad á la parte alta, en que hoy se conservan sus reliquias, siempre ha ido á ménos, por más que sus templos conviden á que la habiten.

Diése á esta ciudad por jurisdiccion toda la que hoy tienen las de Ibagué y Mariquita; y aunque de presente le falta, es bastante la que le queda para ser la que más dilatados términos goza en el Reino. El temple es calidísimo, si bien sano por la benignidad de los aires y sequedad del terreno, en que hay para el sustento de la vida todo el regalo que puede apetecer el deseo; terneras, corderos, cabritos y conejos en abundancia; frutas de las mejores que se ven en las Indias, como son granadas, melones, piñas, anones y uvas, de que hay dos y tres cosechas al año. Las demas frutas comunes se hallan sin número, y los dátiles que se siembran dan fruto á los dos años cuando más: cosa bien rara y que se experimenta desde que Antonio Portillo sembró el primor hueso en su huerta. Las aves son excelentes todas, y las hay tan regaladas y de varias especies como los peces que se cogen en el rio grande y en el Patí para el sustento de la ciudad. Solamente se experimentan malas aguas, de que se crian hinchazones á cotos en las gargantas: y es la causa que dos leguas más arriba se mezclan con el rió de que se bebe, los raudales de otro menor que pasa por minas de piedra azufre: si bien este daño es para la gente pobre, que por falta de medios no coge el agua de parte más alta. Túvose á los principios de esta fundación alguna esperanza de que habia de ser una de las mayores de Indias, respecto de las cercanías de las minas, abundancia de naturales y fertilidad del país, y así fué por algunos años de las más aplaudidas y habitadas del Reino, creciendo los edificios al paso que la esperanza, tanto, que despues de haberse fundado Audiencia Real en Santafé, se consultó sobre mudarla á Tocaima, donde hubo muchos vecinos poderosos y ricos, de los cuales fué el uno Juan Díaz Jaramillo, que habiendo encontrado una mina de oro por modo extraño, sacó de ella tanta cantidad, que lo media por fanegas; y deseando eternizarse en la posteridad, labró una casa que pudiera servir decentemente de Alcázar, porque ademas de las maderas y otros ricos materiales que halló en el Reino para la fabricación, llevó de Castilla tantos azulejos, vidrieras, rejería y artesones dorados, que despues de asolada con las inundaciones y crecientes del Patí, han sido bastantes las ruinas para hermosear las iglesias parroquial y de Santo Domingo, que se han labrado en la nueva ciudad, y lo que es más, para el magnífico templo de la Limpia Concepción de Santafé, que es uno de los ilustres y aseados de las Indias, sin que de toda aquella riqueza y majestad haya dejado el tiempo otras señales, pues en el mío he conocido muchos de sus descendientes en suma pobreza.

No habia puesto en menor cuidado á Lugo la nación de los Muzos, porque desvanecida con la valiente resistencia que hicieron al Capitan Lanchero, hasta obligarle á salir del pais con el destrozo que padecieron sus gentes, corrían las fronteras de los Moscas cebándose en carne humana y con federados con el Saboyá maquinaban rebeliones y guerras que encendiesen todo el reino. De estos daños que padecían los pueblos del Simijaca y de otro; mayores que amenazaban, corrían las quejas lastimosamente en Santafé, y éstas fueron las que obligaron á Lugo á que mandaste al Capitan Melchor de Valdés levantase cien hombres y algunos caballos, con que á largas jornada; caminase al castigo y conquista de los Muzos. Era Valdés buen soldado y presto en sus resoluciones, y así en pocos dias dió principio á la empresa; pero tan desgraciadamente que apénas tocó en tierra de enemigos cuando acometida su gente por los costados de cuatro mil Gandules flecheros, la pusieron toda en confusión, porque siendo los caminos tan estrechos que apénas permitian marchar de dos en dos los infantes, y habiendo sido tan impensado el acometimiento, necesitaba cada cual de los nuestros de pelear él solo con toda una muchedumbre de enemigos. Por otra parte, los caballos servían más de embarazo que de defensa, porque no pudiendo romper por los despeñaderos y estando el camino sembrado todo él de hoyos y puas de que se habia valido la industria de los Muzos, ó ya cayendo en ellos, ó ya quedando inmobles y desarmados en el aprieto, servían de blanco á una tempestad de flechas que descargaban sobre ellos; mas venciendo la constancia de los nuestros á la ventaja del enemigo, resistieron tan valerosamente los ímpetus del encuentro, que matando muchos de los contrarios y jugando por instantes con más ferocidad los arcabuces, pudieron asegurarse, si bien con pérdida de los caballos y parte del bagaje que iba en la retaguardia, y fué donde más cargó el peso de la batalla.

Retirados con este suceso los Muzos, y sin perderse de ánimo por el buen principio que habian dado á la guerra, convocaban todos los pueblos del país bajo para que unidos en un cuerpo hiciesen más fuerte la resistencia; y porque el mayor aprieto en que podian poner al campo español era el de la hambre, talaron y recogieron todos los bastimentos y semillas de los contornos por donde marchaban los nuestros, rompían los caminos, renovaban la traza de los hoyos y puas y ponian tales estorbo; de árboles y troncos atravesados que bastasen á retardarles la marcha; ardides todos y máquinas que les enseñó la necesidad y que hicieron no ménos dilatada que sangrienta para los nuestros la conquista. Por otra parte, Valdés, reconociendo la dificultad de la empresa por la poca comodidad que hallaba para campear en el pais, y por la astucia y valor que experimentaba en los Muzos, deseaba encontrar sitio donde con el desquito de los suyos los dejase escarmentados; y así recogida su gente y más prevenida que ántes para los repentinos asaltos, marchaba con buen órden; pero con tantas dificultades y detenciones, que habia dia en que por los impedimentos que le tenían puestos apénas podia caminar média legua, de que se empezó luego á sentir en su campo falta de víveres y por consiguiente dieron algunos en desmandarse para buscarlos, cayendo en manos del enemigo; pues aunque Valdés aplicaba todo el ánimo para el remedio, era más poderoso el rigor de la hambre que la amenaza de los bandos, y así en poco tiempo perecieron muchos de los indios cargueros y diez ó doce españoles. Pero no siendo todo esto bastante á que diesen paso atras de la empresa, penetraron y vencieron toda la cuesta de Toro, tan conocida en el Reino por su aspereza, hasta bajar al rio Sarbe, donde los Muzos los esperaban con determinacion de probar segunda vez fortuna; porque reforzados con la gente más guerrera de la provincia, y conociendo por los que se desmandaban del campo español la penuria que padecía y cuán debilitado se hallaba, no quisieron dilatarse más en acometerlo.

Corre el Sarbe con rápidos y crecidos raudales por entre algunas piedras, si bien permite en el verano que puedan vadearse sus aguas; y aunque todo su curso lo sigue por tierras ásperas y muy dobladas, y ésta á que llegaron los nuestros no lo sea tanto, con todo esto tiene algunas arboledas de la una y de la otra ribera, y forma sobre sus costas algunas concavidades que se ocultan entre los pedazos de tierra escombrada que descubre la vista. Aquí, pues, tenían su ejército los Muzos de la otra parte del rio, más con tal disposición puesto en celada, que sin sospecharlo los nuestros, dieron principio á esguazarlo, sin atender á que debían esperar á los últimos para que se hallasen juntos en caso que fuesen acometidos; y como esta ocasión era la que deseaba el enemigo, apénas vió que las primeras hileras se alargaban sin esperar la retaguardia que le prevenía para seguirlas, cuando saliendo de las emboscadas divididos en dos batallones, el uno para impedir el paso del rio, y el otro para acometer á los que lo habian esguazado, que serian hasta sesenta españoles, los acometió con tal ardimiento, que á no haberlo con gente tan práctica la hubiera roto del primer encuentro. Pero como éste fuese rechazado con valor, y los Muzos no desconfiasen de la victoria miéntras tuviesen divididos á los nuestros, se trabó aquí uno de los más porfiados combates que se vieron en aquellas conquistas. Sustentaban todo el peso los de la vanguardia, confiados en que serian presto socorridos de los compañeros; y éstos, deseosos de llegar á tiempo, se arrojaban al Sarbe entre la oscura tempestad de flechas que les disparaban para impedirles el paso, donde naufragaron algunos entre las olas de la sangre y del agua. La grita y voces que los indios acostumbran en sus peleas, lo llenaba todo de confusión. El desórden de los nuestros los tenía en estado de que supliese la temeridad lo que pudiera haber hecho la disciplina. Caian por todas partes muchos de aquellos bárbaros, porque, como eran tantos, no daban carga los nuestros que no fuese estrago fatal para sus tropas, aunque aprovechaba poco respecto de la muchedumbre, que crecia por instantes. Dificultábase á los nuestros el socorro de unos á otros, y empeñado el enemigo en que no lo consiguiesen, no ponía ménos cuidado en defender el tránsito del Sarbe que en apretar á los que habian pasado, que aunque se mantenían valientes no parecia posible perseverasen más tiempo sin el socorro. Mas reconociendo Valdés que el peligro en que se hallaba su campo no consistía tanto en el valor de los contrarios como en la precipitación de los suyos, arrojándose al rio con la espada en la mano, detuvo á los que porfiaban en esguazanlo, y volviendo con ellos á la ribera, dispuso que desde allí hiciesen espaldas con la arcabucería á los que peleaban de la otra banda, para que repasasen sin riesgo á sus aguas. Dado este érden, tocó á recoger, y eje­cutándolo ellos se fueron retrayendo hasta el rio, siempre cargados del enemigo; pero como los arcabuces de la otra ribera se disparasen tan á tiempo que le hiciesen daños muy considerables, advertido el peligro, se retiró la distancia bastante para que los nuestros tuviesen lugar de ponerse en salvo.

Este fué el suceso de la batalla de Sarbe, en que murieron más de treinta españoles, y otros muchos quedaron heridos. De los Muzos pareció haber llegado el número de los muertos á más de quinientos, y aquí fué donde perdieron de suerte el temor á nuestras armas, que se acreditaron de los más guerreros, como veremos despues en la constancia y valor con que sustentaron la guerra. Mas considerando Valdés la gente que habia perdido, y que la falta de víveres tenía en miserable estado la poca que le restaba, y que tanto más habia de crecer la hambre cuanto más penetrase la aspereza de aquel pais estéril, donde la conquista de los Muzos necesitaba de más fuerzas que las que le habian quedado; resolvió ceder al aprieto en que se hallaba, y volviendo á Santafé, representar las dificultades de aquella guerra, para que examinadas con atención se proveyese de más eficaces medios para emprenderla. Con esta resolucion levantó su campo, y siguiendo el mismo rumbo que habia llevado, empezó á marchar con aquel órden y prevención que se requería para refrenar la audacia del enemigo, que apénas conoció el designio, cuando dispuesto á molestarle lo siguió seis leguas, procurando en la estreches de los pasos, y con la oscuridad de la noche, lograr alguna ocasion en que romperle; mas halló siempre tan vigilante á Valdés, y tan reforzada de arcabuces la retaguardia, que bien escarmentado de algunos acometimientos que hizo, y del daño que recibió en ellos, desistió de la empresa, y Valdés tuvo tiempo de salir á reformar su gente á Simijaca, donde lo esperaban victorioso, y con el mal suceso que tuvo se concibió un temor tan grande, que llenó de espanto los pueblos confinantes.

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