INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO V
 


EL ADELANTADO LUGO SE PREVIENE PARA SUBIR Á SANTAFÉ: FÚNDASE POR SU ÓRDEN EL BARBUDO, Y SALIENDO DEL CABO DE LA VELA ENCAMINA SU EJÉRCITO POR EL VALLE DE UPAR, CON VARIOS SUCESOS

MIÉNTRAS corrian los acaecimientos que se han referido en el Nuevo Reino, se ocupaba D. Alonso Luis de Lugo en poner y quitar Ministros de justicia á su voluntad en toda la gobernacion de Santa Marta, desde el Cabo de la Vela, donde se hallaba; queriendo dar principio á sus designios con mejor acuerdo que sus antecesores, dispuso una junta de los Capitanes y soldados más experimentados que con él se hallaban, para elegir el camino que no tuviese los embarazos que se habian encontrado en las jornadas de Quesada y de Lebron. Y habiéndose conferido largamente sobre la propuesta, resolvieron de comun acuerdo que la derrota se debia seguir por el Valle de Upar y sus llanos hasta Sompallon pueblo (como dijimos) fundado sobre los márgenes del rio grande á la banda de Santa Marta y así, por ser este rumbo el que parecia más á propósito y para que no se le retardase el viaje, determinó excusar su entrada en Santa Marta, que distará del cabo de la Vela como sesenta leguas de costa, contentándose solamente con remitir órdenes á la ciudad para que de allí acudiesen á su campo algunas personas que habían vuelto con Lebron, y otras que bajaron á la Costa despues que Hernan Pérez partió al descubrimiento del Dorado por no hallarse bien con el gobierno de Gonzalo Suárez Rondon: de los cuales fueron el Ámese de Campo Juan Ruiz de Orjuela, el Capitan Gerónimo de Inza, Mateo Sánchez Rey, Hernando de Mora, Juan de Castellános, Pedro de Acebo, Pedro Martin, Agustin de Castellános, vecino que fué de Tunja, el Capitan Alonso Martin, recien llegado del Reino, y otros buenos caudillos que, por aquel tiempo, que ya era principio de Marzo del año de cuarenta y dos, estaban en Santa Marta: y como sobre la novedad del gobierno, que siempre arrastra mucho, eran los órdenes muy apretados, le acudieron todos con buena prevencion de armas y caballos, por estar ya los más tan mejorados de caudal, que no necesitaban de socorros ajenos. Mas, animado con esto el Adelantado, y teniendo á punto cinco bergantines en puerto de Santa Marta, en que puso cantidad de mercancias, pólvora y pertrechos de guerra para la defensa de los indios del rio, que por aquel tiempo eran muchos y guerreros, embarco un buen trozo de soldados, nombrándoles por Cabo de los bajeles y de ocho canoas que habian de ir en su convoy, al Maese de Campo Juan Ruiz de Orjuela, de cuyo valor y capacidad para la administracion de cargos mayores tenia el Adelantado sobrado conocimiento, y ordenóle que si la Armada llegase á Sompallon ántes que el ejército de tierra, lo esperase allí para disponer unidos lo más conveniente á la jornada.

Dispuesto así esto ántes de partirse de aquella gobernacion el Adelantado, y discurriendo que para navegar aquel rio seria de gran conveniencia fundar algun pueblo de españoles en la provincia de los Malebuyes (que descubrió el Licenciado Santa Cruz al tiempo que gobernaba en Cartagena), para que desde allí se refrenasen las correrías continuas de los indios, mandó al Capitan Gonzalo Pérez, Justicia mayor de Santa Marta, lo ejecutase por los medios más breves que le fuesen posibles: y como este Capitan fuese hombre de mucha. actividad, dió luego gente y todos los despachos necesarios para el efecto á Francisco Henriquez, soldado de confianza, el cual, sin perder tiempo en lo que se le ordenaba, fundó dentro de pocos meses una razonable poblacion cercana á otra de indios, que tenia el nombre de la provincia, aunque los españoles, despreciando el antiguo, lo llamaron el pueblo del Barbudo, por cuanto el Cacique que en él hallaron tenia barbas como los españoles: cosa bien extraña y que pocas veces se ha visto en aquellas Costas, donde los que las habitan son generalmente lampiños, si no es ya en el tiempo de la ancianidad, en que les nacen pocos pelos y éstos muy separados.

No encontró pocas dificultades Francisco Henriquez en la fundacion de este pueblo por la Valerosa resistencia que halló en sus naturales, que son belicosos, y había de contrastarlos con la opugnacion de solos cincuenta españoles que llevó consigo; poro obrando éstos aun más de lo que pareció posible, y valiéndose de la industria de halagar y acariciar los indios, presentándolos hachas, sal y cuentas de vidrio, preseas las más estimadas de ellos, consiguió la pretension que llevó, mas tan mal asegurada, que no servían los indios sino era en aquellos ministerios que les parecía ser de su propia comodidad; y los españoles, sin adelantar á más el dominio, se entretenian con la esperanza que fundaban en algunas muestras de oro que se descubrian en la comarca; y aun con todo esto no fuera posible que perseverase el pueblo, si despues no acudiera con más fuerza de gente desde Santa Marta el Capitan Luis de Manjarrés, que de veras sujetó y obligó á que obedeciese á los nuestros aquella nacion, aunque de suyo fiera e intratable. Y á lo que parece de las noticias más claras que se han podido adquirir, fué la causa de esta segunda invasion de Manjarrés, haber sido tan cauteloso el trato primero de aquellos indios que, sabiendo estar Francisco Henriquez dispuesto á poblarse de asiento con su casa y familia en Tamalameque, por serle de mucho interes el repartimiento que allí le habia cabido, maquinaron traza para salir de aquel yugo intolerable, que ellos decian tener sobre sí.

Esta consiguieron más bien dispuesta que la imaginaron, porque, ajeno el Henriquez de aquel riesgo que le amenazaba, arrojó al agua un bergantin de buen porte, y sin más defensa de la que podian hacer Lope Henriquez, su hermano, y Francisco Nieto, su cuñado, con veinte negros desarmados que servian al remo, embarcó á su mujer y las preseas que tenia de más valor, que fueron muchas, por ser hombre de los poderosos de aquella gobernacion; y ordenándolos que fuesen delante, se detuvo en Santa Marta á concluir la fábrica de otro bergantin en que habia de embarcarse él; y como en aquel tiempo estaban de paz todos los indios de la una y otra ribera del rio hasta Sompallon, salió el primer bergantín olvidado de aquellos bajíos que la fortuna dispone contra la seguridad más feliz, y como su propio descuido era el piloto, que lo conduela á las manos del enemigo, por lis confianza con que inadvertidamente se aventuró á una desdicha, la encontró á pocas jornadas en la crueldad de aquella pérfida canalla, que estando sobre aviso para el asalto, y ensangrentada más miéntras la resistencia era ménos, acometió tan fieramente al bergantin, que á los primeros encuentros no dejó en él persona con vida, sino fué aquella infeliz dama, que vivió entónces para que desestimase la vida despues, y reservó de la muerte su desgracia para que muchas veces muriese, pues aun á las noticias se ocultó de suerte su fin lastimoso, que jamas pudo saberse la parte en que padeció aprisionada, si bien es de pensar que su esclavitud seria de tan pocos dias como ella contaba de años, porque si la necesidad es cuchillo de la vida, si el atrevimiento escollo era que peligra la honra, y sí la villanía superior la más cruel arma contra la nobleza ultrajada ¿cómo podia vivir mucho tiempo entre bárbaros, villanos y atrevidos quien labró su desdicha con las prendas de noble, entendida y honrada, para dejar este lastimoso ejemplo de infelicidad á nuestras noticias? pues aunque el sentimiento del esposo fué tal que no excusó diligencia para saber de ella, y en el castigo general que Manjarrés hizo en toda aquella banda de Tamalameque se repitieron muchas para lo mismo, ninguna fué bastante para que la protervidad de aquellos infieles manifestase el fin que tuvo aquella dama, que yo calificara siempre por el más cruel golpe para Francisco Henriquez, pues no expresando cual fuese, siempre concebirla todos los trágicos que pueden caber oir los espacios de una hermosura infeliz. Y sí la pluma hubiera de empeñaras en otros sucesos iguales á éste, acaecidos en el mismo rio, faltara tiempo para lo principal de la historia, pues aun de presente las pocas reliquias que permanecen retiradas de las naciones de Vélez, tienen bien lastimados con sus asaltos algunos ojos, que se han visto en el Nuevo Reino acreditados de muy sensibles con la continuacion de sus lágrimas.

Partida, pues, como dijimos ya, la armada de los bergantines, que iba á cargo del Maese de campo Orjuela, salió á su jornada el Adelantado D. Alonso Luis de Lugo, con trescientos españoles y doscientos caballos, algunas bestias de carga, mucho número de gente de servicio, y treinta y cinco vacas con sus toros, que fueron las primeras que se vieron en el Nuevo Reino, y se vendieron en precio excesivo al Capitan Melchor de Valdés, valeroso caudillo de aquel tiempo y vecino que fué de la ciudad de Ibagué, de quien trataremos cuando llegue el caso de hacer mencion de su fundacion; y como el rumbo que se eligió para la jornada fué tan diferente del que llevaron Quesada y Lebron, fué siguiendo su derrota desde el Cabo de la Vela al Sur, encaminándose al Valle de Dupar, por la tierra que llaman de Herrera, que atravesó por el remate que se nombra del Jaguei, y donde se encuentra la quebrada de Aguas claras, hasta llegar á dos ojos de agua Clara, aunque no delgada, que forma la tierra, y dispuso allí la Providencia, para los que andan éste camino que desde entónces se llama del Adelantado, y de cuyo sitio se descubre la sierra en que  habitaban los indios Coronados, en cuyas faldas están ciertas acequias de que se valian aquellas naciones confinantes, y un áspero monte, que despues eligieron para fortificarse  formar palenque muchos negros fugitivos de aquella gonernacion y de la de Venezuela.

Desde este desembocadero de la sierra tienen principio los llanos espaciosos del gran Valle de Dupar; y como las dos cordilleras que lo ciñen estuviesen pobladas de diversas naciones de indios belicosos, al mismo tiempo que el ejército marchaba por lo llano se ocupaba en la conquista de ambas cordilleras, así de la de mano derecha, en que habitan los Aruacos, como de la otra, en que moran los Itocos, Babures, Tupes y Guanaca, con quien tuvo diferentes encuentros, aunque no de tanta consideracion como deseaban los nuestros, por el recato con que los indios hacian los asaltos y surtidas, si bien hubo algunas en que los Guanaos se llevaron dos soldados, que retuvieron vivos con fin de cambiarlos por cierta india, señora poderosa entre aquellas naciones, que los nuestros habían aprisionado, y por su libertad, que se consiguió brevemente, los volvieron libres de daño alguno, suceso que rara ó ninguna vez se ha visto practicado en el dejamiento y desatencion de aquellos infieles. Pero desembarazados ya los nuestros de aquella guerra continuada, llegaron á Sompallon, lugar asignado para incorporarse con los que habian partido por el rio grande, que se retardaron á causa de la cruel guerra que les movieron de todas partes los moradores de sus costas, gobernados por un indio que se dió bien á conocer con las obras y nombre temido de Francisquillo.

Este se crió desde muy pequeño en Santa Marta, en la casa de Francisco de Murcia, Escribano de Cabildo; pero atraido de su patria ó guiado de su mala inclinacion, aun no habia cumplido diez y seis años cuando ausentándose de quien lo habia criado olvidó la fe en que lo habian instruido, y retirado á aquellas montañas del rio, supo disponer con arte su fortuna entre los indios, que siendo de la corta edad que va referida, se apropio imperio sobre todos los pueblos, que obedeciéndole conformes como Rey soberano, hacían por su disposicion todas aquellas hostilidades que podia ejecutar su mal ánimo con los españoles, de quienes fué acérrimo enemigo, y lo manifestó con asaltos y encuen peligrosos que tuvo con ellos, en que perecieron algunos, heridos de las flechas envenenadas que usaban los indios cuando los designios de Francisquillo se ponian por obra; de los cuales el más particular era que saliesen los suyos á todas las partes del rio donde llegase la armada de los bergantines, con señales de paz y copia de vituallas, que era el cebo para que arribasen los nuestros, por la falta de víveres con que en aquellos tiempos se hacia peligrosa navegacion; y que habiendo comido á gusto, y concluidas las cortesías últimas con muestras de amor, se portasen de suerte que al tiempo de levantarse los vasos, les hiciesen la salva con una rociada de flechas y jaculillos, rompiendo en guerra abierta, sin dejar arte ni camino de ofenderlos como á enemigos que afirmaba ser de la libertad indiana.

De estos indios aprisionaron los españoles algunos, y preguntada la causa que tenian para socorrerlos con vitualla tan generosamente, si aquellos beneficios habian de rematar siempre en guerras tan declaradas, respondieron que Francisquillo les decia que hacer la guerra á los contrarios con hambre, era traza ejecutada por ánimos viles, porque los espíritus grandes nunca empleaban sus fuerzas en los que las tenian postradas á la necesidad, y que así debian los suyos dar á los españoles todo el bastimento que les pidiesen, para que no se dijese de ellos que peleaban con enemigos débiles, sino con españoles, cuando no tuviesen disculpa de ser vencidos. De esta suerte, asaltada á cada paso, siguió la armada su derrota hasta Sompallon, dónde ya esperaba el Adelantado con su ejército, y cuanto se complació con su vista, tanto se apesaró despues de saber que habian muerto en Tamalameque dos Capitanes famosos, que fueron Juan Núñez y Alonso Martin, teniendo este último por humilde losa para el recuerdo de sus hazañas, la misma ribera en que sus enemigos tantas veces lo aclamaron victorioso en la jornada antecedente de Lebron. Estos dos capitanes lo eran de bergantines propios en que llevaban géneros de Castilla, que valdrian más de cien mil ducados de plata en el Reino; y aunque la disposicion de sus testamentos fué ajustada, el cumplimiento no le correspondió, porque el Adelantado, al tiempo que se hicieron las almonedas y la de su Teniente general, Juan Benítez Pereira, en el mismo lugar de Sompallon, dispuso que uno de sus criados hiciese las posturas y se le rematasen las más preseas y géneros en precios tan bajos, que los que vallan más de mil y quinientos pesos de buen oro, sacaba por ménos de cincuenta. Notable desahogo de Gobernador!  bien reparable, á no haber pasado á costumbre en tantas partes de las India. Pero estas conveniencias que tuvo en estos bienes, no consiguió con los del Capitan Gerónimo de Inza, por haber muerto ántes de salir de Santa Marta, donde su hacienda, que fué muy considerable, se distribuyó por su órden en obras pias, dejando claro nombre de sí, no ménos por la disposiciones de su muerte que por los empleos heróicos de su vida.

Rematados, pues, así los bienes de los Capitanes difuntos, y bien aprovechado Lugo en los dias que ocupó hasta el ocho de Mayo, trató luego de proseguir en jornada desde allí por el mismo rumbo que los ejércitos de Quesada y Lebron habían llevado. Pero son tan iguales los trabajos y miserias de todos, que tengo por mejor no repetirlas, cuando basta para reconocerlas el saber que despues de cuatro meses de jornada faltaban ya del ejército más de cien hombres y de los caballos más de ciento y sesenta, y á este respecto de la gente de servicio y ganados que llevaban; siendo las fatigas del camino y las enfermedades tantas, que muchas veces desconfió el Adelantado de poder llegar al Reino, seguir le ocurrían los embarazos: pensamiento con que afligido muchas veces, se entristecía de suerte que recataba lo viesen; y aun estuvo tal vez determinado á dar vuelta al puerto en que habla dejado los bergantines, y de allí á Santa Marta, desesperado de una empresa en que tantas dificultades se le ponían delante. Pero reconocido este desconsuelo por Juan de Castellanos, le ofreció que dándole veinte y cinco hombres que lo acompañasen, se adelantaria á la ciudad de Vélez, para disponer que de allí fuese socorrido el campo: empresa que facilitaba su ánimo y la experiencia que tenia de los caminos, por haber sido uno de los soldados que subieron al Reino con Gonzalo Jiménez de Quesada. Con esta oferta, bien admitida de Lugo por la esperanza que abría á sus primeros designios, y dejada á la voluntad de Castellanos la eleccion de los compañeros, se previnieron de buenas armas, y partidos del ejército sin más alimento que algunas raices de bihao que les ofrecia el monte, siguieron su difícil empresa por espacio de ocho dias, tiempo en que llegaron á la sierra de Atun tan debilitados del hambre, que aun aliento para sufrir el peso de las armas no tenian; pero reconocido esto aprieto por un esclavo negro, que iba con ellos, á quien llamaban Mangalonga, y deseoso de buscarles algun socorro, como quien se hallaba entre todos con más vigor para sufrir los trabajos, se apartó de ellos, y siguiendo una senda que encontró acaso, se habló á poco trecho en un pueblo en que á la sazon habían concurrido tantos indios, que receloso de morir á sus manos y sin darle tiempo el temor para otra cosa, volvió huyendo á los suyos, y dando arma, porque alterados los bárbaros con su vista, lo seguían hacia la parte por donde iban los españoles, por los cuales pasó Mangalonga sin detenerse: mas ellos, viendo las temerosas demostraciones con que iba, y cogidos tambien del espanto, huyeron tan desordenadamente, que dejándose atras á Juan de Carvajal, un buen soldado que por su flaqueza no pudo correr tanto como ellos, fueron causa de que cayese en poder de los indios, que inhumanamente cargaron sobre él á despicar su fiereza, dándose por contentos del prisionero, sin pasar mas adelante en alcance de los veinte y cuatro restantes, que fué su total remedio, aunque comprado á precio de la vida de Carvajal, que luego la perdió á sus manos con diferentes géneros de muerte.

El susto que padecieron los que huian fué tanto, que sin dar lugar á unirse aportaron por aquellos montes á las partes que el temor los conducia; pero Francisco de Barajas y Otelo, que acertaron á correr juntos hacia un rio cuya corriente iba siguiendo el campo á la parte de su nacimiento, viéndose faltos de vigor para caminar por tierra, hicieron una balsa de maderos livianos, en la cual, faltos de sustento y fiados en la Providencia divina, se entregaron á las aguas; mas ella, que no falta á los que tan de corazon como éstos dos soldados invocaban á María Santísima (como confesaron muchas veces) los proveyó de cierta fruta no conocida hasta entónces de los nuestros, á quien llamaron nísperos, más por la semejanza del sabor que de la apariencia, y determináronse á comer de ella viendo que así lo hacian los micos y monos de que abundan aquellos montes, por tener ya experiencia de que esta especie de animales no come fruta alguna que sea nociva á los hombres. Con este socorro, encontrado tan á tiempo, y por no privarse de él, les fué preciso saltar en tierra y caminar por ella algunos dias, bien temerosos de algun fin desastrado que les hubiera sido forzoso, á no encontrarse cuando ménos pensaban con Mateo Sánchez Rey, que con algunos gastadores iba por un cañaveral abriendo camino para que pasase el ejército, que distaba una jornada; y como las dichas no previstas más se extrañan que alegran á los infelices, fué  celebrada ésta con lágrimas (demostracion fúnebre en que tal vez rebosan los gozos de una buena fortuna) correspondiendo á ellas el piadoso gonoves viéndolos tan débiles, que más parecían cuerpos difuntos que españoles vivos: y corno las acciones generosas sean hijas de la nobleza, para acreditarlo así, los socorrió luego con cocina de caballos que morían, y algunos granos de maiz tostado, alimento que tenia reservado para si, y el regalo de más estimacion que por entónces podia encontrarse.

Animados con el socorro Barajas y Otelo, le dieron cuenta de su desgracia y del suceso de los compañeros, y Mateo Sánchez avisó luego al Adelantado, para que se reparase aquel daño, como lo hizo disponiendo que el Capitan Lorenzo Martin, con doce infantes los ménos impedidos, partiese al socorro, encaminándose á la parte donde los dos españoles dijesen haberse dividido los demas de su compañía, y procurase auxiliarlos á todos siendo posible, ó hallar algunos de los que se habían ocultado en los montes. Y para que más bien se considere el miserable estado á que llegó el ejército del Adelantado, socorrió á cada uno los doce con un cuarteron de queso de Canaria y dos velas de sebo de racion: susto débil y asqueroso, y que les habia de servir todo el tiempo que se ocupasen en la jornada. Pero ya los aprietos del hambre eran tales, que Fernando Suárez, uno de los que iban á la faccion, se comió una de las velas en presencia del Adelantado, saboreándose con ella como pudiera con el diacitron más regalado, y aun recorriendo los pabilos por no dejar de algun modo quejosa la extrema necesidad que padecia. Con esto socorro, pues, partió Lorenzo Martin con los doce compañeros sufridores de trabajos y fatigas las más grandes, pues las que padecieron pudieran causar asombro á aquellos invencibles españoles que rompieron las nieves y rocas de los Alpes, para que á pesar de los elementos opuestos triunfase el mejor africano de toda la potencia romana. Mas habiendo llegado al sitio que les mostró Barajas ser el mismo en que fué rota la gente de Juan de Castellános, dispararon algunos tiros de arcabuz, á cuyos golpes repetidos acudieron luego Castellános, Valderrama, Mangalonga y Francisco de Henao con otros doce compañeros, aunque tan desfigurados de los trabajos padecidos, que solamente descubrian las pieles y huesos como en trofeo de su paciencia, no habiendo sido ésta bastante para que los demas, que se despartieron por los montes, dejasen de perecer al aprieto del rigor y del hambre.

Este socorro impensado, cuando tenian por infalible la muerte, les fué de tanto alivio, que alegres de su dicha se abrazaban á un tiempo derramando lágrimas en festivas señales de su gozo; y lo más cierto, porque no causaban ménos lástima los unos que los otros: mas como Lorenzo Martin tuviese muchas experiencias de semejantes lances en que se habia hallado, y supiese que divertidos los males atormentan ménos, y él fuese dotado de buena gracia y facilidad en la poesía, que permitia su profesion militar y el estilo de aquellos tiempos, procuraba divertirlos unas veces con donaires y otras con versos que les decia, y lo consiguió de suerte que, olvidados de la necesidad presente, parecía no haber pasado por ellos los trabajos referidos; con que animados así los unos y otros, y visto el estado en que se hallaban, resolvieron por ménos peligroso acometer al pueblo descubierto por Mangalonga, asaltándolo al romper del dia, por ver si encontraban alguna vitualla; pero salió tan contrario este designio, que cuando lo ejecutaron estaba ya el pueblo reducido á cenizas, y todos sus vecinos retirados á diferente sitio, corno es costumbre entre aquellas naciones cuando saben que las extranjeras tienen ya noticia de los lugares en que habitan. Y fué de suerte, que los nuestros no tuvieron allí ménos peligroso alojamiento que el pasado, que les tuvieron prevenido las montañas; mas el hambre, solícita investigadora de los secretos más arcanos de la avaricia, no dejó por todo el contorno cueva ni lugar oculto que no escudriñase, hasta que en algunos de los más retirados halló una razonable cantidad de maiz y raices con que se reformaron de fuerza y salud hasta que llegó lo restante del campo, que fué dentro de muy pocos dias.

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