INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO IV
 


EL OCABITA Y LUPACHOQUE SE FORTIFICAN EN DOS PEÑOLES: RÍNDESE LUPACHOQUE POR ARMAS AL CAPITAN PINEDA Y EL OCABITA, Á PERSUASIONES DE ALONSO MARTIN, DESPUES DE DIFERENTES ASEDIOS.

EL mal ejemplo del Suta y Simijaca, por el año antecedente, como dijimos, fué incentivo de la rebelion de otros Caciques poderosos; pero el castigo que en los primeros hizo el ejército español, no fué parte para enfrenar la ferocidad del Ocabita y Lupachoque, de suerte que abandonasen la guerra que una vez abrazaron, matando á su Encomendero Mateo Sánchez Cogolludo, por ver si encontraban la libertad entre las ondas de sus peligros. No eran señores tan poderosos que se pudiese recelar que en algun tiempo campeasen vencedoras sus armas; mas eran dueños de tan fuertes sitios que se dificultaba mucho hallar forma de poder sujetarlos. Habia, pues, esta diferencia entre las fortalezas de uno y otro Cacique, recíprocamente unidos para auxiliarse: y era que Lupachoque, si bien ocupaba un elevado peñol bastante á resistir con arte á los nuestros, era tan corto de sitio que no se hallaba capacidad en su eminencia para el abrigo de toda su gente, ni abundaba tanto de piedras que pudiese dar municion equivalente á la forma con que se guerreaba por entonces, y más cuando las sendas que guiaban á la cumbre, si bien peligrosas, no del todo imposibilitaban dar paso á los nuestros. Mas, la de Ocabita era tan capaz en lo alto, que desahogadamente alojaba á todos sus parciales, y eran tantas las piedras de que abundaba, que no perecia posible agotarse en el asedio de muchos años; y como si éste lo tuviese presente, se habia proveido de vitualla suficiente para no rendirse por hambre, disciplinando al mismo tiempo su gente, para no quedar vencido por fuerza: dificultades que reconocian bien los nuestros para temerlas, pero como se recrecian mayores de que se les pasase su atrevimiento con disimulo, prevaleció el parecer de que se allanasen aquellos Caciques por armas cuando no bastase la seguridad del buen trato que se les ofreciese para que admitiesen la paz.

Para, ejecutar este medio Hernan Pérez, en cuyo tiempo y ántes que saliese al descubrimiento del Dorado sucedió lo referido, eligió á los principios persona que le diese á entender cómo se pondria enmienda en lo pasado, y las conveniencias que hallarian sus gentes en desistir de la guerra, á que los movia la resolucion de su desesperado aliento. Mas tan lejos se hallaban de ajustarse á su dictámen los dos Caciques, que ninguna cosa les agravió tanto como oir la propuesta, en que si bien se les aseguraba la paz no, se prometia alzar los tributos, punto principal que movió toda la máquina de su rebelion. Y como presumian incontrastables los sitios en que se habian fortificado, respondieron que pues los españoles mezclaban la paz que ofrecian con los tributos que repugnaban ellos, se resolvian á pagarlos con las puntas de sus dardos, para que los cobrasen con más atencion de que, nacieron libres. Con esta respuesta fué preciso apresurar el remedio, ántes que la omision despertase nuevos inconvenientes, y más cuando las alteraciones de un pueblo oprimido con tributos son fuertes ejemplos, que rompiendo el yugo de la violencia arrastran los demas, que están á la mira, para que corran incitados al centro de la libertad; y porque la empresa necesitaba de Cabo experimentado que la gobernase, pareció en una consulta de todos los Capitanes del Reino se cometiese á Juan de Céspedes y Gonzalo García Zorro, cuyas hazañas los tenian bien acreditados en aquel Nuevo Mundo, y dícelo Castellános en su historia general de Indias con estas palabras:

 

Y porque convenia brevemente
Allanarse tambien aquella roca,
Pues á que dar ilesa se acrecieran
Otras alteraciones enojosas,
Entraron en consulta, y acordaron
De comun voto dar aquella empresa
A Céspedes y a Zorro, Capitanes
Antiguos y cursados en dar órden,
Como con poco riesgo se venciesen
Estas dificultades semejantes,
Los Cuales aceparon aquel cargo
Y fueron en demanda de Cohabita
Y del que se llamaba Lupachoque.

 

Y así  prevenidos de balas y pólvora, que se empezó á labrar entónces en la ciudad dé Tunja, partieron á su conquista con cien hombres arcabuceros y ballesteros, número que pareció conveniente para vencer las dificultades que se habian de encontrar en el manejo de la guerra. Conducidos, pues, los dos Capitanes al peñol de Lupachoque, en que se hallaba recogida su gente, gastaron los primeros dias en reconocer por todas las partes de su recinto la que seria más á propósito para emprender la subida, en que forzosamente había de consistir el dichoso remate de la empresa; pero como por ninguna se descubria senda que no estuviese pronosticando desgracias con los riesgos que representaba á la vista, plantaron sus tiendas y alojaron disgustados de haber admitido faccion tan dificultosa por armas. Mas como la nacion española tiene por descrédito de sus pasadas victorias todo lo que no es proseguirlas, aunque se representen imposibles y sea tanta la ambicion con que aspira á ganar fama, que se la promete más grande miéntras los peligros se le ofrecen mayores, al siguiente dia se dispusieron á dar asalto al peñol, aunque en la ejecucion encontrasen la muerte. Y porque el estilo que guardaron siempre fué convidar con la paz ántes de romper la guerra, despacharon persona que la asegurase á Lupachoque; pero él, que de nada se recelaba tanto como del trato español, sin dar oidos al mensajero, dió la respuesta con las puntas de una tempestad de flechas encaminadas á quitarle la vida.

Irritóse tanto la cólera española de la desatencion del Cacique, que sin el reparo que le debia dictar la prudencia para tan árduo empeño, se arrojó á contrastar la inexpugnable eminencia, comenzando á subirla los nuestros, unos en pos de otros, por las sendas que ménos arriesgadas se representaban; y aunque prevenidos de fuertes escudos concibieron esperanzas de buen suceso en la expugnacion, fué tanta la cantidad de piedras que cayó de lo alto á embarazarles el paso, y tan espantoso el ruido que despeñadas formaban, que asombrados los nuestros de su avenida, se retiraron desordenados donde la distancia los asegurse de peligro tan grande. Y aunque por mucho dias probaron por diferentes partes el asalto, ninguna traza ni esfuerzo bastó para que no desesperasen de la victoria miéntras Lupachoque se valiese de aquella artillería, que próvida la naturaleza labró para que se defendiese: por lo cual resolvieron dar vuelta á Tanja sin más fruto de la jornada que la admiracion de que la hubiesen perdido; de que resultó suspenderse la empresa, hasta que partido Hernan Perez á su descubrimiento, y poblada la ciudad de Málaga, tuvieron lugar los Caciques rebeldes de repetir nuevos insultos; más como Gonzalo Suárez y sus Capitanes discurriesen que de allanarse aquel movimiento resultaria la paz y quietud de la tierra, y con la dilacion podria crecer la centolla de la rebelion hasta encender todo el Reino, determinaron elegir nuevamente á Juan de Pineda, Capitan de valor, para que prevenido de gente escogida no desistiese de la opugnacion hasta reducir á Lupachoque á que por hambre ó por fuerza sujetase la cerviz á la obediencia jurada: y salióles tan buena esta eleccion, que habiendo llegado al peñol con otros cien hombres, se supo dar tal maña, que repitiendo cada vez con más coraje los asaltos en que se señalaba siempre Diego Romero de Aguilar, y menoscabado Lupachoque desde los principios de gente y piedras, en ménos de tres dias, con lamentable destrozo de los defensores, consiguió la victoria, que ántes pareció imposible á dos Capitanes de mayor fama.

Divulgado el suceso entre los Mozcas con aclamacion y espanto general de las naciones, le pareció á Pineda que consiguientemente se le rendiria Ocabita, en quien la fama del vencedor haba la primera batería para facilitar el rendimiento. Pero como la obstinacion no se gobierne por las reglas del discurso, produjeron tan contrarios efectos la confianza de Pineda y la resolucion de Ocabita, que ésta fué de resistirse á los, españoles hasta morir, y aquélla se desengañó brevemente de llegar á vencer; porque habiendo practicado todos los medios suaves para reducir su rebeldia, los despreció de suerte con palabras y obras, que resuelto Pineda á probar fortuna, esperándola no ménos favorable que en la empresa de Lupachoque, dispuso que su gente asaltase al Ocabita en su misma fortificacion. Pero como las sendas para el avance eran más estrechas y peligrosas que aquéllas, y la provisión que tenia de piedras era inagotable, porque abundaba de ellas la cumbre en que se alojaba su gente, salió tan desgraciado el primer asalto de los nuestros, que aun no habian dado los primeros pasos resguardados con las rodelas, cuando cargó de suerte la estruendosa multitud de piedras, que asombrados del riesgo desistieron del intento, por no perecer entre las inconsideraciones de su arrojo. Y aunque picados del mal suceso intentaron otras veces enmendar la primera retirada, todas cuantas lo pretendieron se encontraron con mayores dificultades de conseguirlo; porque ni sobresale esfuerzo donde el arte y la naturaleza se ligan para mostrarse contrarios, ni prevalece el ingenio donde los medios se imposibilitan para desvanecer los discursos: y así tuvieron por más cuerda resolucion la de volver á Tunja, donde se recibió con templanza la victoria de Lupachoque, por la resistencia gallarda del Ocabita.

Pero apénas levantaron el sitio los nuestros, cuando valiéndose ésto de la ocasion y más insolente con la victoria, corrió la tierra llenándola toda de fuego y sangre con asombro de los indios pacíficos, que por no cooperar en los designios de que el levantamiento fuese general, eran los primeros que perecian á los filos de sus macanas. Robó los pueblos y saqueo las casas, talando los campos con daño comun de todo el país, hasta que rico de despojos y vituallas volvió á resguardarse en su peñol. Y como no eran de tan poca consideracion estos inconvenientes, que no se le representasen mayores á Gonzalo Suárez, se halló forzado al empeño de sujetar aquel soberbio Cacique, que desvanecido con la prosperidad de sus armas violentaba con hostilidades á los indios vecinos para que lo siguiesen en la rebelion que mantenia á pesar de los españoles; y como en todos los encuentros de aquellos bárbaros habian salido victoriosos, y en éste del Ocabita se descubrían señales de que podria. trocarse la suerte y el ejercicio de las armas hacer guerreros á los que nacieron ociosos, se determinó á ir personalmente á la conquista con todas las fuerzas del Reino, que ya parecian forzosas para la conclusion de tan difícil empresa. Hace de aventurar alguna vez todo el cuerpo por la defensa de un miembro, pues á no despoblar nuestro Filipo el Grande á todo Aragon por engrosar el sitio de Barcelona, no la desamparara el frances ignorante de que aquella muchedumbre podia originarse de aquel desamparo. Para el efecto, pues, que va referido, llamó los Capitanes y personas de más crédito militar y entre ellos aquel famoso Alonso Martin, de quien hemos dicho que sabia con perfeccion el idioma de los indios. Las palabras de Castellanos con que empieza á referir lo que vamos diciendo, son éstas:

 

Mas Gonzalo Suárez que regia
En aquella sazon la tierra nueva,
Considerando los inconvenientes
Que se le ofrecian si quedase
Aquel indio soberbio con su honra,
Determinó venir personalmente
Sobre él luego con toda la pujanza
Que de buenos soldados en la tierra
De esta gobernacion tenian nombre, &c.

 

De que se reconoce que las noticias de estas empresas no han estado tan sepultadas que se puedan atribuir á otros Cabos que no sean los que van referidos; y volviendo á Rondon, marchó luego que tuvo juntas sus fuerzas al asedio de Qcabita: y porque el peñol formaba por la parte inferior ciertas concavidades que se resguardaban con algunos peñascos que le servian de cubiertas para los que en ellas se entrasen, llevó en su campo mucha cantidad de escalas, barras y azadones que facilitasen la faccion de ocuparlas, respecto de ser tan ventajosas para los nuestros, que puestos en ellas no podian ser ofendidos del enemigo con piedras y tenian sobrada comodidad para poderlos herir con los arcabuces. Pero habiendo llegado con todo el campo á vista de Ocabita (que bien fortificado y vanaglorioso del mal suceso de Pineda, esperaba igual fortuna en esta segunda opugnacion), ántes de ceñir el peñol le pareció á Gonzalo Suárez usar de la más precisa diligencia en semejantes lances, haciéndole saber el deseo que tenia de conservarlo en paz, así á él como á sus vasallos, en caso que depuestas las armas observasen la fe prometida al Rey de España, de que se les seguirian todas las conveniencias que pudiesen desear.

Encargóse de esta embajada el Capitan Alonso Martin, diestro en el idioma y trato de los indios y dotado de aquella sagacidad de que siempre supo aprovecharse en semejantes ocasiones. Desnudo, pues, de todas armas fué subiendo por una de las sendas que tenia el Peñol, trabando conversacion con aquellos indios que se descubrian los primeros en la cumbre, y le daban respuestas encontradas del todo á sus intentos; pero como éstos se encaminaban á pacificar á Ocabita, instaba tan diestramente con la suavidad y frases del idioma en que se lo llamasen para tratar con él cierto negocio á que le importaba dar oidos, que vencido el Cacique del donaire y rendimiento con que lo llamaba, se le mostró entre su gente en parte que pudiese percibir sus palabras: con que más confiado el Alonso Martin, no cesaba de ir ganando la cumbre y usando de todas aquellas lisonjas bastantes á templar el ánimo más guerrero, las repetía á cada paso que continuaba sin parar. Unas veces le templaba el ánimo con ruegos y súplicas y otras le inclinaba la voluntad con los elogios que de su nobleza y persona le decia; y como el corazon humano de nada se pague tanto como de los propios aplausos, suspendieron de suerte al Ocabita las glorias de verse lisonjeado por hijo del sol y de la luna y los ofrecimientos de paz y buenos partidos que se le proponian de parte de los españoles, á quienes tenia por invencibles, que sin atender á lo que más recolaban sus gentes, se halló con Alonso Martin en la cumbre, si bien desarmado, como dijimos, para persuadirle más bien á que su trato no era fingido, como se lo manifestaba de nuevo con más corteses rendimientos despues que llegó á su presencia, de que el Ocabita no se sentia disgustado.

A este tiempo Gómez de Cifuéntes, Parédes Calderon, Juan de Tolosa, Diego Rincon, Francisco de Mojica y Pedro Niño, reconociendo el peligro en que se habia puesto Alonso Martin y la ocasion que se les iba á las manos con el divertimiento en que estaban los indios, subieron apresuradamente sin que fuesen sentidos hasta llegar á lo más alto del Peñol, donde vieron al Ocabita, que hablando con Alonso Martin en respuesta de su embajada, le decia:

Capitan español, bien creo habrás reconocido que á no ser con gusto mío no hubieras llegado á este sitio, pues á una multitud como la que miras armada, poca oposicion pudiera hacer un hombre solo; pero háme persuadido de suerte el denuedo con que te has expuesto al peligro de verte rodeado de mis armas, que las he suspendido por no malquistarme con la inclinacion que me violenta á escucharte. Y aunque pueda dudarse si lo que has obrado nace de valor ó temeridad, yo más me inclino á que ha sido efecto de la confianza que has hecho de mi nobleza, y de la que tienes en la discrecion con que sabes proponer tus intentos, que califico por buenos, pues sola una buena intencion sabe encontrar seguridades entre los mayores riesgos como entre los enemigos aplausos, y supuesto que tú has fiado la vida de Ocabita en fe de que sus tratos no bastardearán de su sangre, justo será él tambien fie su libertad y la de su gente de tí, pues eres uno de aquellos que ha puesto el  sol por árbitros y dueños tantas monarquías, la paz á que me convidas acepto, y de la guerra enojosa en que me había empeñado desisto, pues no hay destreza en el valor, como se ve á la corriente de una fortuna deshecha que se apresura en favor de los contrarios; mas persuádete á que así como yo y mí gente se fian solamente de tu pelebra, así quedaremos sí faltas á ella superiores á los tuyos en la fama, pues mal podrá ésta ocultar en la posteridad, cuando publiquen nuestras desgracias, que mi nacion procedió más noble aunque no tan dichosa.

La respuesta de Alonso Martin fué echarle al cuello los brazos y ratificarlo con sus compañeros las promesas anteriores, con que alegres todos dieron aviso al campo de los españoles, que, gozosos del buen suceso, subieron al Peñol y con iguales correspondencias regraciaron al Ocabita, viendo que por un medio tan impensado se habia conseguido una empresa de que pendia la quietud de todo el Reino, y que tan fácilmente se terminase la guerra, á cuya mira estaban tantas naciones suspensas, con fin de unirse á la parte que saliese victoriosa. Decia Pirro que le había conquistado más provincias la retórica de Cinéas que la fuerza de sus ejércitos: y tanto más debió el Nuevo Reino á la persuasiva de Alonso Martin que á las hazañas de tantos héroes famosos, cuanto excede la gloria de conservar á la dicha de adquirir. Dióle Gonzalo Suárez las gracias de todo, atribuyendo justamente á su valor y destreza el buen fin de tantas prevenciones: y confirmadas las paces y capitulaciones que asentaron con el Ocabita de no hablar más en la muerte del Encomendero, y darle otro que se contentase con un moderado tributo para aliviar su gente la condujeron á sus pueblo, donde permanecen hasta hoy leales y obedientes al Rey, y á su ejemplo quedaron tambien desde entónces sosegadas todas las provincias de Tunja, donde la fé católica se fué extendiendo, y el Culto Divino ha crecido hasta el grado que hoy se experimenta en los magníficos templos que se han levantado.

anterior | índice | siguiente