INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO III
 


VUELTO EL CAPITAN MALDONADO DE LA JORNADA DE LOS PALENQUES, SALE HERNAN PÉREZ DE QUESADA AL DESCUBRIMIENTO DEL DORADO CON MAL SUCESO, Y EL CAPITAN AGUAYO FUNDA LA CIUDAD DE MÁLAGA.

COMPUESTAS al parecer de algunos las cosas del Nuevo Reino con la muerte de Aquiminzaque, Cacique de Tunja, y el castigo general de sus provincias, como las inclinaciones humanas no se contengan dentro de los términos de la posesion, por feliz que sea, y mal escarmentado Hernan Pérez de la trabajosa jornada que el año antecedente hizo á la casa ó Templo del Sol, en que le ofrecian oro todas las naciones del Reino, y en que perdió tiempo y gente sin más fruto que haber dado vista á la provincia de los Chitareros, en que despues se fundó la ciudad de Pamplona, trató luego de abrir nuevo camino á su fortuna, arrojándose á la conquista y descubrimiento del Dorado, cuya falsa noticia y apetecido nombre ha sido tantas veces ruina de la nacion española en el dilatado espacio de los Llanos de San Juan. Y porque sepamos el motivo con que se han empeñado tantas ansias de la ambicion y codicia, es de advertir que al tiempo que Sebastian de Benalcázar y su gente conquistaron la gran ciudad de Quito, hallaron en ella un indio natural de Bogotá, que les dió noticia de todo aquello que dejamos dicho en el primer capítulo del cuarto libro acerca del Reino de Cundinamarca, con cuya relacion y las señas que les dió el indio de la parte por donde habian de guiar su jornada, salió Benalcázar del Reino de Quito en demanda del Dorado, que fué el nombre que dió á la nueva conquista, y sin detenerse en las provincias Equinocciales más tiempo que el preciso para fundar las ciudades de Popayan y Cali, pasó aceleradamente por las asperezas de las montañas y extendidos campos de Neiva hasta llegar al Reino de Bogotá donde (como ya vimos) halló á Quesada y á Fedreman apoderados de todo él; mas no ocultando él ni su gente las noticias que los habían guiado á aquellas partes, con las cuales se conformaban otras que habían movido á Fedreman y á los suyos, añadiendo que en las provincias del Dorado eran tan poderosos y ricos los hombres, que salian á campaña quinientos mil combatientes, todos con armas de oro así ofensivas como defensivas, se le recrecieron tales deseos á Hernan Pérez de conseguir aquel descubrimiento, que, partido el hermano y los otros dos Generales trató vivamente para la empresa con la mayor prevencion que le fuese posible.

Para este fin le fué muy conveniente la arribada de Lope Motalvo de Lugo al Reino con ochenta hombres prácticos en las entradas de los Llanos, como dijimos, y la vuelta que por este tiempo dió Baltasar Maldonado del descubrimiento de los Palenques y Sierra Nevada, con otros cuarenta infantes ejercitados en aquella faccion, que fué de las más peligrosas que se ofrecieron; y para referirla es de saber que habiendo los primeros conquistadores hecho reparo muchas veces en que desde algunos montes de tierra fria y otros de la caliente, que habitaban los Panches, tirada una línea visual que desde Santafé corriese sobre los valles de Síquima y Bituima, se divisaba hácia la provincia de los Pantagoros una sierra elevadísima, que en los dias claros y despejados de vapores manifestaba á larga distancia estar toda ella cubierta de nieve, entraron en curiosidad de averiguar los secretos que se podian ocultar en tierra tan señalada; y como para semejantes empresas siempre estuviese pronto el Capitan Baltasar Maldonado, caballero de los más afectos á los Quesadas, con facilidad se prefirió á otros muchos que se ofrecian al descubrimiento, y con setenta hombres que llevó lo más breve que pudo, salió á la empresa, y atravesada la provincia de los Panches, esguazado el rio grande con canoas y penetrado el país de los Pantagoros, declinando á mano derecha del valle de las Lanzas, en que despues se fundó la ciudad de Ibagué, comenzó á repechar fragosidades noticioso quizá de que la senda que abrió Aníbal sobre la nieve de los Alpes, no solamente fué tránsito para Italia sino camino que dejó á posteridad para que lo siguiese con la imitacion, el valor y la constancia: y así, vencida muchas sierras inaccesibles y encuentros de gente feroz que las habita, aportó finalmente despues de caminadas más de sesenta leguas á las faldas de dicha sierra, que hoy corre con el nombre de Páramo de Ruiz, tan armado de frios, que aun para el tránsito de Santafé á las ciudades de Antioquia y Anserma, no ha permitido el rigor de sus hielos la continuacion del camino que por ellos abrió poco despues la industria.

Descubierta, pues, la sierra nevada, y reconocida por tierra inhabitable, si no es para dantas y ciervos, de que abunda con exceso, pasó Maldonado á inquirir la sustancia de los pueblos confinantes (que son aquellos mismos á que dió vista Alvaro de Mendoza, despachado por el Capitan Robledo á reconocer esta misma sierra nevada) y halló que entre los Pantagoros y dicha sierra se formaba una provincia, que sin extenderse mucho ni: estrecharse poco, se hacia respetar de todas las naciones vecinas, con ser de las más belicosas de Indias; porque ademas del valor y destreza de sus naturales, con que sabian ofender á sus enemigos, tenian para su defensa cercados todos sus pueblos de entradas encubiertas ó palizadas tan fuertes, que para ganarles la provincia era preciso invadirlos de uno en uno, y para cada uno se necesitaba de asedio muy dilatado, por la destreza con que sabian aprovecharse de aquellas fortificaciones, por cuya causa la llamó Maldonado la provincia de los Palenques, bien distintos de los que tenian en su contorno las sierras nevadas de Mérida motivo que algunos han tenido para confundir esta jornada, que con tanta claridad expresa el Adelantado Quesada en su Compendio historial. Pero no obstante que por Maldonado se reconociese la fuerza de los Palenques, la poca sustancia de la provincia y el valor de sus naturales,  llevado de aquella costumbre de salir siempre victorioso, trabó guerra con ellos pretendiendo allanarlos por armas, de que se le originaron grandes peligros á cada paso, pues malogrados muchos asaltos en que las lanzas contrarias y flechas venenosas jugadas por parte interior de los Palenques le mataban alguna gente, y empeñado cada dia más en combatir sus fortificaciones, llegó á trance que embestido (á tiempo que asaltaba uno aquellos pueblos) de una fiera tempestad de lanzas, que de otros salieron para el intento le mataron veinte y dos hombres en la guazabara, dejándole heridos á Gómez Nieto y á otros, aunque de parte de los nuestros se hicieron maravillas hasta retirar al enemigo, en que obró mucho el esfuerzo con que en la ocasion se portó el Capitan Juan de Angulo; y así, viéndose libres de la batalla y casi derrotados, desampararon la conquista, y vencidas otras muchas dificultades y encuentros, dieron vuelta á Santafé á tiempo que, como llevamos dicho, y pudo aprovecharse Hernan Pérez de este trozo de gente tan valerosa.

Componiase su campo de doscientos y setenta hombres, en que se contaban doscientos caballos, número sobrado para cualquiera conquista de aquellas partes, á no haberse guiado por tan vano rumor como el que habian introducido unos con otros los españoles. De gente de servicio y vivanderos llevaba el ejército más de cinco mil indios Muzcas, sacrificados al cuchillo del hambre y del trabajo, y todos aquellos pertrechos de guerra y víveres que parecieron suficientes para la empresa. Y como el Hernan Pérez usaba de aquellas artes que fácilmente concilian los ánimos, y el cebo del interes sea tan poderoso para prender los corazones humanos, le seguían con gusto los más soldados y Capitanes, que ya por los trabajos antecedentes y descanso en que se hallaban, pudieran jubilarse de nuevas fatigas. Por Teniente general de Hernan Pérez iba Lope Montalvo de Lugo, y por Capitanes de caballos, Baltasar Maldonado, Juan de Céspedes, Pedro Galeano y Juan Muñoz de Collántes: y de infantería Martin Yáñez Tafur y Diego Martínez, que como Cabos principales llevaban en sus compañías á Juan de S. Miguel, Guzman de Avellaneda, Pedro García Ruiz, Cristóbal da Monroy, Nicolas Gutiérrez, Alonso de Alvarado, Juan Rodríguez Gil, Diego Suárez Montañez, Francisco Rodríguez, Lope de Salcedo, Francisco del Hierro Maldonado, Machin de Oñate, Maese Juan, Juan Fuerte, Barajas y otros de que no he hallado noticias. Por Cabo de la gente que quedaba en el Reino, y para que la gobernase en ausencia de Hernan Pérez, nombró á Gonzalo Suárez Rondon, de quien se hallaba bien satisfecho. Y ajustadas todas las cosas que miraban á su conquista, empezó á marchar á primero de Septiembre de este año en que vamos de cuarenta y uno: y como casi todas las noticias recientes que daban los indios conformaban en que el Dorado estaba á las espaldas de Santafé, en los dilatados llanos de San Juan, para seguir aquel rumbo le fué preciso atravesar al principio hasta cincuenta leguas de cordillera muy fria, que média entro los Llanos y el Reino, y bien conocida en aquella region con el nombre de Páramo de Fosca, si bien por otras partes lo recibo de diferentes poblaciones que más se lo avecinan, siendo en todas tan ásperos sus caminos respecto de las ciénegas, tremedales, montes y frio que en él se padece, que habiendo gastado muchos dias con pérdida de veinte y cinco caballos y alguna gente de servicio, llegó el ejército al pueblo de Nuestra Señora, aunque ya necesitado de víveres, y habiéndose allí proveido de algunos, siguió la cordillera cincuenta leguas al Sur, camino que Antes habian llevado los alemanes con Jorge Spima, por evitar los afanes de marchar por las tierras anegadizas de los Llanos.

Habitan en aquella parte los indios Macos, que si bien ocupan corta poblacion, fué la mayor que hasta allí habian encontrado los nuestros en la jornada: y porque desde el pueblo de Nuestra Señora no habían visto vitualla alguna, detenidos ocho dias recogieron toda la que hubo en sus términos, dispuestos á penetrar las montañas que allí se interponían, siguiendo la sierra al Poniente. Con esta determinacion en pocas jornadas llegaron al rio Papamene, donde se encontraron con otra nacion de indios Guaipis, de quienes llevabais noticias de que tenian comunicacion y trato con los del Dorado: y fueron tan á su deseo otras muchas que de ellos recibieron, que animados nuevamente los nuestros, determinaron proseguir su marcha sin escarmiento de los trabajos padecidos ni temor de los futuros que amenazaba el empeño. Experimentóse aquí, como siempre, el engaño continuado que usan los indios para desviar de sí á los españoles, asegurándoles más adelante todo aquello que inquieren como dudoso, y lo poco de que necesita nuestra ambición para ensanchar los términos de la esperanza; pero como cualquiera que mire á bienes temporales se desvanezca de ordinario entre desgraciados sucesos, despues de muchos afanes aportaron á las tierras de los indios Choques, nacion guerrera y que se alimenta de carne humana: y habiendo tenido con ellos varios encuentros en las nuevo jornadas que se gastaron en atravesar lo áspero de su provincia, llegaron al rio Bermejo, término último hasta donde penetró la audacia de Jorge Spira, que distará quinientas leguas del mar del Norte. Pasado este rio, se halló Hernan Pérez falto de guias, porque las que tuvo hasta aquel paraje dijeron no conocían aquellos climas: mas sin que este azar lo divirtiese, ni la aspereza de la tierra que tenia presente le obligase á mudar dictámen, despachó dos Cabos, cada cual con veinte hombres, para que el uno procurase descubrir la parte baja y el otro la sierra; y aunque las diligencias que hicieron fueron muchas, no pudiendo hallar salida de aquellas montañas, volvieron sin esperanza ni en qué fundarla, sino fué en seguir el camino que sabia á la sierra de Yagueza, que venia á ser la misma que siempre les habia servido de norte.

Con estos afanes prosiguieron treinta leguas más de jornada por la aspereza de aquellos montes; pero considerando que la falta de víveres crecia más cada hora, y perecia mucha gente del hambre y enfermedades ocasionadas del trabajo y mal temperamento de la tierra, resolvieron dar vuelta á los Paises bajos, por donde anduvieron muchos dias sin más alimento que el de algunas raices con que entretenian la debilidad de los cuerpos faltos de fuerza cuando más la necesitaban para abrir los caminos á valentía de brazos, y cuando era trabajo tan continuado el de todos, que hubo algunos dias en que hicieron diez y doce puentes para vencer los impedimentos del agua, que con los demas elementos parecia estar conjurada para su ruina. Estas fatigas, pues, que los condujeron á lo sumo de la miseria, fueron causa de que las enfermedades se extendiesen por todo el ejército, muriendo algunos soldados y la mayor parte de los indios vivanderos y de servicio, sin que se viese humano semblante entre todos que no pronosticase desgracias á cada uno. Raro sufrimiento y constancia singular! no abrir la boca para la queja el que milita, ni volver paso atras para el reparo el que perece! De esta manera llegaron á un corto lugar, que llamaron del Sacramento, donde vieron algunas muestras de la canela de los Quijos, qua sale por el Reino  de Quito; y cuando pensaron ser aquella señal de algun alivio, despues del continuado curso de tragedias pasadas, fué desde allí el principio de las mayores desdichas y trabajos con que la fortuna pudo examinar la fortaleza española porque las tierras donde se cria aquella especie (es una cascarilla formada á la manera de un sombrerillo del mismo color y gusto que la canela de Oriente) no es ponderable cuán inhabitables sean por las ciénegas, rios tremedales de que abundan, y sobre todo tan estériles de frutas, raíces, aves y peces, que todas ellas apénas se hallara género alguno de alimento; y como la distancia que ocupan estos árboles de canela se prolongue por más de cuarenta leguas, y fuese forzoso caminarlas todas, murió en ellas mucha gente de hambre, y otros á las manos de ciertos indios que habitan en una sierra puesta dentro del término de las cuarenta leguas, á quienes llamaron de los Palenques, por tenerlos hechos para su defensa y por ser, aunque pocos, muy belicosos y haber de pelear con ellos forzosamente para salir de aquellas miserias.

Vencidas estas dificultades á costa de muchas vidas, y libres ya de aquel país estéril dieron en una mediana poblacion, que llamaron de la Fragua, donde pasaron grandes peligros en el esguazo de dos poderosos rios; y despues de haber tenido diferentes encuentros con los indios, considerando que la gente iba fatigada y se habia encontrado alguna vitualla, resolvió Hernan Pérez detenerse allí dos meses, en cuyo tiempo, haciendo las diligencias posibles para descubrir camino que lo condujese á mejor terreno, y visto que no se hallaba y que habian de perecer aprisionados en aquellos montes si continuaban la dilacion en buscar remedio sus Cabos, determinó por último dar la vuelta á uno de los dos rios que se habían esguazado; pero como con las muchas aguas habian crecido entrambos, y toda la tierra que habian caminado ántes estuviese inundada, hubieron de empeñarse sus gentes en abrir nuevas sendas para el intento, que se consiguió con mucho trabajo, hasta que llegado el ejército al rio, y siguiendo su márjen hácia la parte del nacimiento que tiene, dio en un Valle que corre dentro de las Sierras, á quien los naturales llamaron Mocoa, y es el mismo de donde salieron despues las primeras pinturas nombradas de Mocoa, que vienen de India en tabaqueros, cofrecillos y diferentes vasos de madera, bien estimadas en estas partes de Europa por el primor con que se labran ya en la villa de Pasto, donde se ha pasado el comercio de este genero tan apetecido de los hombres de buen gusto. Allí aprisionaron  algunos indios que por señas dieron buenas noticias de la tierra que habia más adelante, despachando alguna gente á que la descubriese, la fué siguiendo Hernan Pérez con todo su ejército; mas, encontrándose en el camino con algunas naciones que, fiadas en que los españoles no podian valerse de los caballos, les hacian diferentes acometimientos en todos los pasos estrechos, que no son pocos, se precisaron los nuestros á ir continuamente sobre aviso y peleando por instantes, sin detenerse algun dia, por la grande noticia que les habian dado en Mocoa de una tierra que llamaban Archibichi; pero entrados en ella despues de tan dilatados trabajos, se hallaron en el Valle de Cubundoy, que es en el término de la villa de Pasto, perteneciente al gobierno de Benalcázar.

Este fin desgraciado, que no tuvo Suceso ménos malo sino fué el de no haber perecido todos, fué el de la ruidosa conquista del Dorado que emprendió Hernan Pérez de Quesada, habiendo caminado desde la entrada de la provincia de los Macos hasta Cubundoy doscientas leguas de montaña, tierra áspera, estéril y anegadiza, en cuyo espacio se retardó un año y cuatro meses, y murieron ochenta españoles, más de cuatro mil indios y ciento y diez caballos, saliendo los demas Capitanes, infantes é indios, tan débiles y enfermos, que pareció milagro llegar vivos despues de tantos riesgos y trabajos padecidos. El rumbo que siguieron fué por la sierra que corre al Sur, desde la entrada de las montañas hasta Cubundoy, de la otra parte de la sierra, y atravesada pasaron á la otra, donde de presente están las poblaciones y ciudades de Guacazillo, Popayan y Pasto, desde donde el Capitan Hernan Pérez, habiéndose encontrado con Francisco de Quesada, hermano suyo, menor, y de los primeros que pasaron á la conquista de Chile con Diego de Almagro, donde dió á un tiempo muestras de sobrado valor y de inquieto natural, dió vuelta al Nuevo Reino por la provincia de Neiva, dejando solamente á la posteridad la admiracion que debe causar en tan larga y peligrosa jornada él sufrimiento invencible de aquellos doscientos españoles, por cuya falta pudiera exclamar Alejandro Magno con más razon que por los diez mil griegos que echaba ménos para las conquistas del Asia; y que la disciplina militar en que se habian criado fuese tanta, que jamas imaginasen motin ni faltasen á los órdenes de sin General, aunque se hubiese de ejecutar á costa de los mayores riesgos; y porque esta vuelta al Reino fué por el año de cuarenta y tres, y los sucesos del que llevamos piden referirse en su lugar. concluiremos este capítulo con referir la fundacion de Málaga.

Luego que Hernan Pérez salió en demanda del Dorado y Gonzalo Suárez Rondon se vió con el supremo dominio del Nuevo Reino de Granada, en que lo habían puesto sus méritos, no pudiendo resistirse el deseo ambicioso con que los hombres aspiran á eternizar sus memorias con el recuerdo de nuevas poblaciones, en que tal vez los apellidos ó nombres de la patria dicen quiénes fueron sus primeros fundadores, trató vivamente de fundar una ciudad á quien llamasen Málaga, en demostracion de que conservaba en el pecho el dulce amor de la que tenia por madre; y como en la jornada de la casa del Sol hubiese reconocido que sobre las quebradas de Tequia, que se comprenden dentro del país de los Chitareros, ofrecía el terreno disposicion para lograr su intento, eligió por Cabo superior á Gerónimo de Aguayo, caballero cordoves, de quien podian fiarse empeños de mas consecuencia, y ordenóle que con veinte caballos y cincuenta infantes tomase aquella empresa á su cargo, respecto de que los Mozcas estaban ya tan quebrantados con la continuacion de la guerra, que no osarían impedirle el paso, y los Chitaremos apénas verian los caballos sobre sus pueblos cuando ocurririan á resguardarse en los últimos términos de su provincia. Con este órden salió Gerónimo de Aguayo de la ciudad de Tunja y llevando consigo muchos buenos soldados, entre quienes iban Juan Vejarano, Salvador Martin, Juan de Trujillo, Pedro García de Cañas, Juan Gascon, Fernando de Garibay, Gonzalo García, Pedro Blasco Martin, Diego García, Pedro de Segovia, Lope Méndez, Pedro Gutiérrez, Juan de la Cueva y Pedro Rodríguez, fué entrándose por las naciones de los Tundamas, Serinzas, Sátivas y Chitagotos, sin más peligro que el que ocasionaban los sustos que podia causar tanta muchedumbre de gente ofendida como encontraban á cada paso.

Habiendo, pues, arribado al rio Sogamoso por la parte que llaman de Chicamocha, y es por donde más acanalado entre peñas corre furioso á encontrarse con las aguas del grande de la Magdalena, y reconocida la dificultad de pasar los caballos, respecto de que el ímpetu de los raudales y encuentro de las piedras no dan lugar al esguazo, y que para el tránsito de los naturales se valían de una maroma que alijada sobre dos grandes troncos de la una y de la otra banda, suministraba forma para que puesto en ella un cargador de fajas pendiente de una tarabilla que corriese por toda la maroma alándola con sogas, pudiesen ligados los cuerpos en el cargador conducirse de la una á la otra parte, hubieron de conformarse con la costumbre del país, y aventurados primero por agua cinco arcabuceros de los más fuertes y diestros para que de la otra ribera asegurasen el tránsito de lo restante del campo (por no llevar el rio tanta agua que les pudiese impedir el esguazarlo á pié resistiendo la furia de su raudal), lo ejecutaron con dicha y consiguientemente la disposicion de la maroma y tránsito por ella de la mitad de la gente para que ayudase al de los caballos, que así mismo se consiguió con aladeras y sin desgracia, y últimamente el de todo el campo: cosa bien singular y no vista hasta entonces por los nuestros, por haber seguido aquel rumbo Hernan Pérez cuando fué en demanda de la caña del Sol, sino el de la otra banda del rio, esguazándolo por el vado de Socha: y así, vencido éste, que pareció el mayor embarazo para la faccion, con facilidad se atropelló el segundo, que fué un numeroso escuadron de indios, que al abrigo del primer vado de la quebrada de Tequia, se presentó en órden de guerra, y al primer ímpetu de los caballos y carga de arcabuceros se desapareció entre las quiebras y amagamientos de aquel áspero país, dando lugar á que Gerónimo de Aguayo, en sitio al parecer conveniente, fundase la ciudad de Málaga, cuyos primeros Alcaldes fueron Pedro Rodríguez y Pedro de Segovia; si bien la experiencia de su mal terreno y ningun comercio ocasionó la poca permanencia que despues tuvo, y aumentó la vecindad de Pamplona, fundada ocho años después, como veremos en su lugar.

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