INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
LIBRO NOVENO
 



Ejecútanse varios castigos en el Cacique de Tunja y otros señores. Jorge Robledo prosigue sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Antioquia. Hernan Pérez de Quesada entra á la conquista del Dorado con mal suceso. Gerónimo de Aguayo funda la ciudad de Málaga. El Ocabita y Lupachoque se rebelan y fortifican, y después de diferentes asedios se rinden al Capitan Rondon. El Adelantado Lugo se previene para subir al Reino, manda fundar el Barbudo y encaminando su ejército por el valle Upar, lo conduce hasta la ciudad de Vélez. Jorge Robledo sale pura Castilla, préndelo el Adelantado Heredia y compite con Benalcázar sobre la ciudad de Antioquia con poca fortuna, en cuyo intermedio se funda la ciudad de Arma, y los franceses saquean á Santa Marta y Cartagena.

 

CAPITULO I
 

CON LA SOSPECHA DE QUE SE REBELA LA PROVINCIA DE TUNJA, PRENDE HERNAN PÉREZ Á AQUIMINZAQUE Y A OTROS CACIQUES, QUE POR SU ÓRDEN MUEREN JUSTICIADOS.

POR más de ochocientos años lloraron muchos ojos los estragos con que los moros del Africa en ménos de tres meses inundaron con sangre las dos Españas, para que se acreditase que es fiera tempestad la de las desgracias cuando el cúmulo de los vicios de un Reino ha llegado á irritar el sufrimiento Divino. Y en algunos meses más veremos en este libro tan conjuradas las calamidades contra todos los indios del Nuevo Reino por la misma causa que ni les corra tiempo en que no restalle el viento de la persecucion que los asuste ni tengan provincia en que no sople el huracan de las adversidades que los oprima; que ni armados encuentran libertad que los conserve, ni rendidos sujecion que los asegure: para cuya relacion infausta es de advertir que con la muerte de Quimuinchatecha, último Rey de Tunja, que fué pocos dias despues que pasó del trono á la prision (accidente el más grave de que adolecen los Reyes) se hallaban las provincias de su señorio tan fatigadas, que ni esperanzas descubrían de verse libres de una esclavitud perpétua á que los destinaba el concepto que habían hecho de la buena fortuna de los nuestros. Y aunque luego, más á instancia de ellas que suya, colocaron al sobrino Aquiminzaque en la silla del tio, era ya tan limitado el dominio, que podia prometerse por el que habían introducido los españoles, que más era fantástica la dignidad que verdadera, pues aunque bárbaro reconocia que cuantos agasajos experimentaba no tenian más fin que el de obligarle al descubrir algun tesoro de los que imaginaban heredaria con el Cetro. Este conocimiento y el pesar que le causaba la opresion de sus gentes en todas partes por la codicia de algunos españoles, á que se juntaba el dolor de ver quebrantados y rotos los pactos hechos con el tío, y de hallarse falto de fuerza humana para el reparo de tantos males, lo acongojaban de suerte que muchas veces determinó retirarse donde las consideraciones de su pena no despertasen al ruido de las noticias de su desgracia; y hubiéralo ejecutado así á no estorbárselo algunos vasallos que vivamente deseaban conservar aquellas reliquias últimas de sus antiguos Reyes: como si á las coronas que tanto pesan y han empezado al caer, no fuera connatural el precipicio hasta el último centro de la desdicha. Rara ambicion la del coraron humano! En la más corta fortuna confia, y en el infortunio más crecido no desespera.

Con esta mira trataron de casarlo conforme á nuestra ley, con hija del Elector de Gámeza, uno de los más grandes señores que entónces había en la tierra: y ajustados los conciertos (que entre ellos corren con muy pocas condiciones) concurrieron al la ciudad de Tunja todos los Caciques sujetos y algunos de los que no lo estaban, para celebrar las bodas conforme al su estilo, que más consiste en la muchedumbre que se junta á los banquetes, que en otra demostracion particular que se halle. Pero como el dominio adquirido más con la espada que con la razon, siempre engendre celos en quien se teme de verlo deshecho por los mismos medios que se introdujo, puso en cuidado á Hernan Pérez este concurso universal de que no tenia experiencias, y habiéndolo comunicado á su gente, que ya se componia, como se ha visto, de los que entraron con su hermano Gonzalo Jiménez, con Benalcázar y Fedreman, fueron varios los discursos que sobre el caso se hicieron, si bien todos miraban á la total ruina de Aquiminzaque, sin más exámen que el indiferente que les ofrecia la vista. Los vecinos, que ya eran de Tunja (donde por desgracia fatal de su clima es costumbre formar gigantes de las sombras que se conciben) ponderaban al Hernan Pérez el peligro que amenazaba la vecindad de aquella muchedumbre que habia concurrido junta. Fingian tratos imaginarios de unos con otros en perjuicio de los españoles, sin más averiguacion que la que había hecho su antojo; y reducidos los más de ellos al que habian oído decir que todas eran prevenciones anticipadas para rebelarse, esforzaban sus discursos ponderando por cautelosas algunas acciones y circunstancias, que gobernó el accidente.

A qué propósito (decian) concurrieron tantas escuadras de bárbaros poco ha al tiempo que se dieron vista los ejércitos de Lebron y Hernan Pérez? Pudo tener otro que el de hacerse dueños de todo en caso que redujesen á las manos las diferencias del gobierno? Quién puede dudar que previsto el estrago que habían de padecer los españoles unos de otros en tan civiles discordias, concurrirían á ser árbitros de todos, fabricando de nuestra ruina su libertad? Sí esta esperanza no les facilitara la empresa que hoy se teme, ¿quién fuera bastaste á que pareciesen delante de ejércitos armados los que se retiran de pocos españoles desnudos? Si el odio á nuestra nacion lo traen sobrescrito en los semblantes, qué más prueba para saber que la venganza la tienen esculpida en los corazones? Verdad es que los han vencido nuestras armas; pero si no los tiene á raya el castigo, soto servirá la victoria de recuerdo á su enojo para que ensangrienten más su crueldad cuando hallaren la ocasion en nuestro descuido. Y cuando todos estos indicios no descubriesen su culpa, qué más clara noticia puede esforzarlos que la que nos tiene dada uno de su misma nacion, de que procede infielmente Aquiminzaque y corren peligro nuestras vidas miéntras no se aseguran con su muerte? Esto fundaban en la deposicion de un indio que por gozar una de las mujeres que tenia el Cacique en su gentilidad, discurrió que no podia hallar entrada su apetito miéntras viviese aquel hombre, que lo enfrenaba con el respeto. Por otra parte, los Capitanes del Perú, acostumbrados á ver Monarcas más grandes sujetos al dogal y al cuchillo, y á teñir las espadas en sangre real, sin más razon que faltar al ella, esforzaban este parecer cargando poco el juicio en el modo de elegir más cuerda resolucion que la de hacer un castigo general en los cabezas de las provincias, siendo la primera que pasase por esta desdicha, la de Aquiminzaque, como único móvil que era de todas. No discurren de otra suerte los que aprenden los primeros rudimentos en la escuela de la injusticia; y es tan poderoso el ejemplo de los superiores que obran mal, que aun no deja á los súbditos el camino dudoso de proceder bien.

Los demas Cabos, que no miraban tan apasionadamente la causa de los miserables Tunjanos, si bien se inclinaban ó la conveniencia comun de los suyos, no juzgaban tan desesperados los remedios que no pudiesen hallarse sin ensangrentar la espada al impulso engañoso de una sospecha. No tiene duda que éste fuese el más generoso y acertado dictámen; pero manifestábanlo con tanta tibiesa, que solo pareció ser de los Capitanes Olalla y Venégas, que se mostraron totalmente Opuestos al sentir de los primeros: ¿ Qué peligro puede ser éste (decian) á que deba ceder la piedad, que no sea ménos que los que tiene vencidos nuestro valor? ¿ A que fin se han de ensangrentar las manos en los rendidos, cuando supieron templarse las iras en las batallas? Si éstos, que son ya ménos, no causaron recelo á nuestra nacion cuando fueron más, cómo pueden obligarnos cuando somos muchos á obrar lo que despreciamos al tiempo que fuimos pocos? Si empresa tal como la de haber ganado este Reino fue gloria, quién no teme que indignidad como la de romper la fe prometida al Zaque será nuestra infamia? Si pretende, como se dice, recobrar su Imperio perdido y su libertad oprimida, eso podrá obligarnos á la defensa de las propias vidas, más no al estrago de las ajenas. Si no es traidor el que aspira al recobro de su estado en tiempo hábil, aunque precedan rendimientos á que le obliqó la violencia, ¿ qué derecho puede alegarse que no condene de injusta la muerte de este Cacique por los medios que propone la conveniencia? No todo lo que conviene es lícito: menester es que se midan la justicia y la conveniencia, que si ésta sobra, importa poco, cuando aquélla falta. Si ya nos viéramos cercados de sus escuadras: sí la evidencia nos desengañara de nuestro peligro, aun pase que aspirásemos á su ruina en fervor de una batalla; pero porque asistió donde lo llevó la curiosidad de ver cómo los nuestros peleaban entre sí, porque celebra sus desposorios con tan crecido concurso, costumbre que ser del pais: por qué un indio depone lo que pudo dictarle la enemistad ó el engaño: porque imagine que pretende rebelarse que puede ser, ha de condenarse un Príncipe que tiene derecho á que le defendamos la vida? Eso no, que se manchará nuestra fama con la sangre que derramaren sus venas: eso no, que daremos ocasion á las naciones extranjeras para que llamen tiránico un dominio asentado con tan justo título como tiene nuestro Rey en las Indias: sobre la resolucion apasionada que se tomó con Sacrezazipa, nunca podrá ser disculpa á su creencia la repeticion de un error continuado.

Bien claro desengaño manifestaban estas palabras, si la atencion de quien las oía se divirtiera en sus intereses: mas hicieron tan poco efecto en sus ánimos, que los más vinieron en que Hernan Pérez ejecutase aquello que pareciese más conveniente, guardando el  órden judicial en la causa. Y éste, que pudiera ser el reparo mayor de tantos inocentes, el que más facilitó su desgracia: pues como se hallasen mal contentos algunos vecinos de Tunja, ó porque los Caciques de sus repartimientos resistian más con razon que con armas el señorio despótico que empezaba introducir; ó porque no dándoles todas aquellas cantidades de oro que quisieran, presumian sacarlas de los nuevos sucesores que entrasen en Cacicazgos, apoyaron de suerte el riguroso dictámen de los del Perú, que deponiendo oidas y presunciones mal fundadas contra el Cacique ó Capitan de cuya ruina presumian acrecentar su caudal, dieron motivo al Hernan Pérez para que tomase una resolucion tan sangrienta, que pasara en silencio con mucho gusto, á no haber sido la venganza que tomó el cielo tan manifiesta, que me fuerza á repetir el suceso para que sí otros conquistadores se inclinaren al seguir los pasos precipitados de los primeros, se encuentren con los castigo que hasta el dia de hoy lloran sus descendientes; y sepan que si las historias deben relatar las glorias de sus hazañas para la imitacion, no por eso deben callar la fealdad de sus malas obras para la enmienda. Fué, pues, la resolucion de Hernan Pérez, que luego y con toda prevencion fuese aprisionado Aquirminzaque y los Caciques de Toca, Motabita, Turmequé, Boyacá y Suta, y otros algunos señores y Capitanes que más afectos se les mostraban, para que en todos se ejecutase el decreto cruel que le dictó la sinrazon de sus consejeros. Pero al qué fin prevenciones de tantas armas contra sujetos inermes, cuando para más copiosos ejércitos, y puestos en defensa, sobraron pocos dias ántes veinte españoles, que rompieron sus tropas y aprisionaron en su mismo Alcázar á otro Cacique más poderoso? si nó para enseñarnos que donde la razon milita, pocos hombres cuerdos se aseguran la victoria: y donde la injusticia gobierna, muchos Capitanes arrojados dificultan la empresa, porque la conciencia mala les pinta en la seguridad que buscan el riesgo que temen.

Prevenidas, pues, las compañías conforme al órden que tenian de Hernan Pérez, cercaron las casas de Aquiminzaque (y llamo las casas, porque aun el nombre de Palacios se ahoga en la borrasca de infortunios que padecen los Reyes) y con espanto de aquellas naciones amedrentadas echaron mano de él y de los demas que llamaban cómplices en el movimiento general que amenazaba la tierra. Y como en sucesos de esta calidad sea el axioma comun decir que en la presteza consiste el reparo, sin valerse de más forma judicial que haber escrito las deposiciones que dijimos haber hecho algunos Encomenderos mal contentos de sus tributarios, en que los del Perú fundaban la justificacion del hecho, fué condenado Aquiminzaque á que en la plaza publica lo fuese cortada la cabeza por traidor, y que los demas Caciques y Capitanes pasasen por la misma pena de muerte, aunque con diferentes géneros de suplicio. Esta sentencia se les notificó luego, dándosela al entender por medio de sus farantes, y éste fué el traslado que les dieron de la acusacion de los que más aborrecimiento les tenian, causando en los presos el sentimiento que se debe considerar en quienes pocos dias ántes se vieron absolutos legisladores, y en tan breve tiempo habian de poner las cabezas en el teatro de un cadalso al arbitrio de un verdugo como reos. Quien ménos acongojado se mostró fué Aquiminzaque, respondiendo con entereza de ánimo al escribano : Decidle al Capitan mayor, que de más á más le debo este beneficio que hoy me hace de quitarme de una vez la vida que de tantas me quitaba; y que pues me hizo cristiano cuando me quitó este Reino temporal, no me apresure tanto la muerte, que por su culpa pierda el eterno. Quien supo así explicar la conveniencia de lo que esperaba y el desprecio de lo que poseia, grandes prendas tuvo para Rey, ningunos delitos tuviera para reo. Acudió luego el licenciado Juan de Lezcames, y dispuesto lo mejor que pudo en aquel dia, al siguiente, habiendo tomado las bocas de las calles la gente de á caballo, salió de la prision Aquiminzaque en una mula enlutada y asistido de la infantería española que lo conducia á la muerte, en vez de la guarda numerosa que solia asegurarle la vida; y habiendo llegado al cadalso prevenido desde el dia antecedente, le fué cortada la cabeza: pena que recibió con tanto ánimo, que pareció diligencia de su cuidado.

No causó este acto ménos admiracion en los nuestros que lástima y sentimiento en los vasallos que asistieron á su muerte pasmados de aquel asombro nunca visto en sus provincias: y manifestóse más esta verdad viendo que á golpe tan sensible como el que padecian, no se oyó rumor ni queja en la plaza que publicase aquel dolor por comun con los demas, que tan continuadamente habian experimentado. Hay algunos sentimientos de primera magnitud, que se recatan de los labios, porque solamente caben en los dilatados espacios del corazon, donde así entorpecen los conductos que dan paso al dolor, que ni respiran para la queja, ni se alientan para el sollozo. Allí, pues, sepultaron los indios su congoja sin dar más señal de que les faltaba ya la única esperanza que tenian, que la de retiraras inmediatamente á sus casas, donde el silencio de cada uno fué la voz que publicó la desgracia de todos. Este fin tuvo el último Zaque de Tunja, y en la realidad dichoso, porque murió bien instruido en nuestra fe, y como buen católico dijo en los últimos términos de la vida: que partia gustoso y agradecido: gustoso, porque el reino que esperaba de la misericordia divina, no estaba sujeto al violencias ni mudanzas; y agradecido, por haberle abierto camino sus émulos para pasar de la sombras del engaño en que labia vivido, al centro de la misma verdad que labia ignorado. Seria este Príncipe de hasta veinte y dos años de edad, de mediana estatura, buen rostro y disposicion, y de tan claras muestras de ingenio que, cultivadas con la enseñanza española, fuera de mucha conveniencia vivo. Al dia siguiente imitaron sin fortuna los demas Caciques presos, y á otros Cabos y Capitanes se les dio garrote en diferentes partes, sin que apénas librase pueblo alguno de aquellas provincias, que no sintiese los efectos de tan sangrienta determinacion. Lastimoso espectáculo! donde más se necesitaba de halagos para imponer el yugo suave del Evangelio, que de rigores para que por tantos años se haya dudado si fué verdadera la conversion de aquellas almas.

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