INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO VI
 


QUESADA Y LEBRON COMPITEN SOBRE EL GOBIERNO CON RIESGO DE ROMPER EN BATALLA; REMITEN SUS DIFERENCIAS Á LOS CABILDOS, Y CON LA RESULTA DA VUELTA LEBRON Á SANTA MARTA.  

LUEGO que se vió Gerónimo Lebron en la ciudad de Vélez, y advirtiese que en la celeridad consistia el buen fin de su pretension, dispuso que los Regidores se juntasen á Cabildo, y ante ellos y el Alcalde ordinario (que lo era entónces el Capitan Alonso Poveda) presentó las provisiones de la Audiencia de Santo Domingo, que fueron llanamente obedecidas de todos, y en su conformidad despacharon aviso á las ciudades de Tunja y Santafé, dando noticia de la entrada del nuevo Gobernador, que para Hernan Pérez fué nueva de gran disgusto, y mucho más despues que supo haberlo recibido los de Vélez sin contradiccion alguna, cuando habia tantas razones para no hacerlo; y como aun de solas apariencias suelen valerse los que se acostumbran al gobierno, para que sirvan de impedimentos y excusas que los mantenga en la dulzura del dominio, se resolvió con parecer de los que más lo asistian, á que no fuese recibido en el Reino, aunque sobre ello se aventurase la quietud en que estaba. Y porque no se presumiese que de su parte faltaba al ajuste que ofrecian los medios más suaves, eligió dos caballeros de autoridad para que en su nombre fuesen á representarle á Gerónimo Lebron lo que habia resuelto: determinacion que á muchos pareció arrojada ántes de examinar las provisiones de la Audiencia; pero es golpe muy sensible dejar el mando aquellos que lo fundaron con la espada. Ninguno gobernó con más crédito ni ménos interes que Francisco de Almeida, y ninguno rehusó tanto poner manos de Alonso de Alburquerque, que le sucedia, el baston que habia exaltado sobre la India oriental. Los elegidos para esta funcion fueron Guzman de Avellaneda y el Capitan Anton de Olalla, de quien hemos tratado en otra parte, y marido que fué de doña María de Orrego, ascendientes de los señores de Bogotá y de otras familias nobles que hay en aquel Reino.

Llegados á Vélez estos dos caballeros, y habiéndose visto con Gerónimo Lebron, quien fueron bien recibidos, el Anton de Olalla, bien instruido en que se encaminasen las materias con prudencia y deseoso que se debiese á su disposicion la pretension que llevaba, le propuso el gusto que todo el Reino mostraba de que persona de tales prendas como las suyas fuese á gobernarlos y ponerlos bajo su amparo; que siendo Hernan Perez Quesada, en cuyo nombre iban, el que se hallaba con más deseos de que todo se encaminase á satisfaccion suya, le pedia que ántes de acercarse más á la ciudad de Tunja le diese noticia especial de los despachos y nombramientos que llevaba, para no errar en la resolucion debia tomarse en materia tan ardua; porque si en el título se expresaba que gobernase el Nuevo Reino, estaba presto á obedecer pecho por tierra las órdenes de la audiencia, como era obligado: mas si no iba en esta forma el despacho, estaba con resolucion de proseguir en el gobierno, como teniente que era de Gonzalo Jimenez, su hermano, hasta que fuese nuevo órden de la Audiencia ó Gobernador nombrado por el Rey. Que esta determinaclo no sola era suya como interesado en el mando, sino tan general en las personas de mas porte que habia en el Reino, que cuando él quisiera cederle el boston, no lo consintieran ellas, estando ya repartidos los indios y la tierra, como de gobernacion separada de Santa Marta, sobre que tenian despachados poderes y dineros á Castilla. Que aquélla era la sustancia de lo que iba á proponerle, sin que por ello se pretendiese faltar al respeto debido á su persona: ademas, que siendo la diferencia entre caballeros y de una misma nacion, seria fácil remitirla á Su Majestad, eligiendo en el ínterin algun medio justo que estuviese bien á entre ambas partes.

Gerónimo Lebron, que era hombre entendido y miraba ya el fin á que tiraba esta embajada, respondió á Olalla: Que no extrañaba en su estilo la razon que todos tenian para alabarlo, pues las palabras eran siempre los mejores intérpretes de la nobleza y de los procedimientos; pero que reparaba mucho en que siendo la intencion suya tan sana como se la aseguraban los mismos, la vistiese de las razones frívolas y aparentes que alegaba Hernan Pérez para no recibirlo en el gobierno, materia tan delicada, que á pocos lances descubria señales de inobediencia á los mandatos reales.. Que su título no solo comprendia la gobernacion de Santa Marta, sino todo aquello que estuviese por descubrir y descubierto. Que afirmar Hernan Pérez que aquel Nuevo Reino estaba separado de la Costa, era tan incierto como lo sabia y lo dijera el mismo Hernan Pérez, si no pretendiera sustentares en el gobierno contra justicia. Que desmembrarlo de Santa Marta, no tocaba al arbitrio de los vasallos, aunque lo ganasen, sino á la suprema autoridad del Príncipe, cuya resolucion se debia guardar para obedecerla, i en el ínterin no introducir divisiones en términos que corrían tan unidos. Que no era materia ménos errada haberse repartido las tierras y los indios á título de gobierno separado de su cabeza, que lo era Santa Marta, aunque aquel punto no llevaba intencion de innovar en lo hecho por no desabrir las voluntades de los que tan merecido tenian el premio. Que los trabajos que habia padecido siguiendo las pisadas de Gonzalo Jiménez, le habian dado los mejores informes de los méritos de los primeros descubridores, par aplaudir en vez de y revocar el galardon debido á sus hazañas. Que la gente que llevaba con él, no iba fiada en la ruina de otros para su conveniencia; porque toda era de espíritus tales, que no admitiria premio ninguno que primero no se debiese al valor de sus lanzas en las dilatadas provincias que se descubriesen de nuevo: pues aunque era así que por su arte deseaba verlos acomodados, este afecto no era de inconveniente para que los que ya estaban en el Reino no se prefiriesen como los más antiguos en el servicio de la Corona; y que pues era así, que su título comprendia aquellas provincias, sin que sobre ellos se pudiese oponer duda que no dietase la malicia, y que su intencion era sencilla y tan conforme la lo que podia apetecer la gente del Reino, siempre seria culpado Hernan Pérez en elegir los medios de la inobediencia, pudiendo acrecentarse de méritos con la mudanza de parecer tan descaminado, pues de no hacerlo así, y estar fijo en su primera resolucion, tuviese entendido que él no habia de consentir en que se abajase la autoridad de la Audiencia que lo habia nombrada.

Anton de Olalla, que le habia estado atento, ó porque reconoció fuerza en sus razones, ó porque su comision no se extendia á más que lo obrádo, no replicó á cosa de cuantas Lebron le dijo; pero Juan de Avellaneda, en quien tenia más lugar la cólera que la prudencia, con más alteración de la que debiera, poniéndose en pié y mal reportado en las acciones, le dijo con mucho brio : Que v. md. venga con despachos más que suficientes y todo lo de más que representa, importa muy poco, si el título no expresa este Nuevo Reino, y así lo que le podrá estar mejor, es no moverse de esta ciudad ni dar paso adelante, porque tengo sabido de buena parte que cuantas diligencias intentare para conseguir el gobierno, le han de ser de muy poco fruto. Eso será (replicó Lebron) si vos y otros de semejante capricho fueron los consejeros de Hernan Pérez: id con Dios y válgaos el privilegio del mensajero, que ni yo tengo de apresurar el paso por lo que digo, ni suspenderlo por lo que decís, sino proceder de suerte que sin perjuicio del puesto tiente todos los medios templados ántes de poner esta diferencia en las armas.

Con esta respuesta se salieron de la sala, Avellaneda con desabrimiento y Olalla muy en gracia de Lebron por su prudencia. Tomaron postas, y llegados en dos dias á Santafé, dieron cuenta de la intencion de Lebron, de la gente que llevaba y cómo descubría en las palabras ser hombre de valor y de cabeza, por lo cual debia Hernan Pérez gobernar aquella materia con más arte del que hasta allí habia usado. Con esta advertencia pareció enviarle otros dos caballeros sagaces que más árduamente manejasen el negocio á que iban: éstos fueron Juan de Cabrera, cuya prudencia y valentía era notoria; y Baltasar Maldonado, de quien hemos tratado largamente y de quien fueron hijos doña Maria y doña Ana Maldonado, que estuvo casada con el Capitan Francisco de Avendaño, Encomendero de Tinjacá, y la otra con el Tesorero Gabriel de Limpias, por concierto y diligencia del Presidenta Autonio González, que tomó á su cargo ampararlos en la orfandad que padecian con la muerte del padre y del hermano.

Bien instruidos estos dos Capitanes en lo que habian de obrar, llegaron á la ciudad de Vélez, donde fueron bien recibidos de Lebron por la noticia que ya tenia de sus personas: y habiendo conferido porfiadamente y á solas el negocio á que iban, no fué posible convenirse, porque Lebron cerró la puerta á cualquiera medio que no se encaminase á recibirlo luego por Gobernador; y ellos, que tan diferente órden llevaban, se despidieron con poco gusto. Y aunque no faltó vecino de Vélez que aconsejase á Lebron prendiese á Cabrera, por ser quien gobernaba, el Cabildo de Tunja, respondió : Que no era accion digna de quien él era, obrar de esa suerte contra quien solamente interponía ruegos y suplicas, ni era de prudentes médicos aplicar el fuego ántes que la herida pidiese cauterios. Que doce horas tiene el dia y no habia que desconfiar de que se mudasen en ménos tiempos los corazones del Reino, cuando la razon podia enseñarles el engaño con que discurrian ciegos. Con esta respuesta á los suyos, dió lugar para que Maldonado y Cabrera lo tuviesen  de volver á Santafé con la misma resolucion que llevaron Olalla y Avellaneda, que oida y consultada por Hernan Pérez, escribió á Lebron una carta cuya sustancia era: Que los Cabildos de Santafé y Tunja deseaban conferir en sus acuerdos las causas y razones que habian para ser o no admitido al gobierno; y que como esta diligencia no podia lograrse sin que primero se viesen los despachos que tenia, le suplicaban se fuese á la ciudad de Tunja, donde presentándolos como era obligado y vistos por los Capitulares, se daria el órden más conveniente en servicio del Rey, pues para el mismo efecto quedaba ya él de camino para dicha ciudad, donde con los demas vecinos de aquel Reino lo serviría con todo rendimiento, ménos en aquella parte que interviniese alguna determinacion justificada de los Cabildos de las ciudades.

Recibió la carta Gerónimo Lebron, y reconociendo que su infantería y caballos se habian reformado y hallaban con disposicion para cualquier empresa á que lo animaban los más vecinos de Vélez, agregados voluntariamente á sus compañías, con promesa de asistirle en cualquier trance de paz ó guerra, salió de la ciudad con doscientos infantes, los más de ellos arcabuceros, y más de cien caballos, que formaban una buena compañía de lanzas: y como ya todos representasen en sus fantasias que aquellas diferencias no daban señales de ajuste sino evidencias de algun rompimiento, iban con todas las prevenciones que suelen llevar hombres prácticos y que recelan consiguiente la guerra por causas que anteceden. Descubríase la sospecha por el órden con que marchaban bien proveidos de pólvora y balas, y con los caballos armados no ménos para la defensa que para la ofensa; siendo así que la tierra estaba de paz y sabian los vecinos de Vélez que en toda ella no habia más riesgo que el que pudieran concebir de la gente española de Tunja y Santafé. De todo esto no falto entre los mismos quien diese aviso á Hernan Pérez, por ser la plaga comun de que no pueden librarse las guerras civiles, y así, fingiéndose ignorante de la noticia y con pretexto de recibir magníficamente á Lebron, salió de Santafé con otros doscientos infantes y más de cien lanzas de aquellos que más afectos se le mostraban, y todos hombres de tanto valor y ejercicio en la guerra, que podia fiárseles empeño de más consideracion que el que amenazaba: y porque sabia qué el Capitan Antonio Díez Cardoso era amigo de Gerónimo Lebron y hombre de tanto ánimo y séquito que pudiera hacer algun movimiento en su ayuda quiso ántes de partir asegurarse de aquella sospecha, y llamándolo de su pueblo de Suba, distante dos leguas de Santafé, con el pretexto de que necesitaba de su persona para defensa de aquella ciudad, le ordenó que no saliese de ella.

Era ya entrado el año de cuarenta y uno, y casi á un mismo tiempo partieron Lebron desde Vélez y Quesada de Santafé, aunque éste sin órden militar, porque no se pensase que el negocio que lo llevaba á la ciudad de Tunja se habia de determinar con las armas y no por medios de paz, si no fuese en caso que para justificar sus acciones tuviese la disculpa de ser provocado. Y en una quebrada pedregosa, que aun no dista cuarto de legua de la ciudad de Tunja, se dieron vista los dos campos á tiro de mosquete: y reparando allí Gerónimo Lebron en la multitud de indios que ocupaban las colinas y laderas del contorno sin haber sido convocados, y que aquéllos eran los anuncios más ciertos de que en aquel sitio amenazaba algun encuentro de batalla á que pretendian asistir para ver el remate de ella, hizo alto, y exhortando su gente á la propia defensa y de su Gobernador, la ordenó en forma, con ánimo de llevar el negocio á todo trance. Esta diligencia, que tan patente fué á Hernan Pérez y á los suyos, los irritó de suerte que les fué preciso hacer lo mismo, esperando cada cual de los dos Cabos á que su contrario se moviese primero, para no ser culpado en accion tan descaminada: y porque más se justificase la razon de cada uno, iban y volvian á un mismo tiempo los escribanos de uno y otro ejército, haciendo las protestas y requerimientos que parecian convenir á sus Generales, para que los daños y perjuicios que resultasen en deservicio del Rey, fuesen por cuenta de quien pretendia determinar con las armas los derechos y acciones que consistian en papeles. Estas diligencias judiciales daban lugar para que se mezclasen los ruegos y súplicas de algunos sacerdotes que intervenian exhortando los dos campos á que dejadas las armas ajustasen sin diferencias por medios que no provocasen la indignacion real, que siempre se mostraria severa en castigar á quien fuese causa de aquel rompimiento.

Entre los que ménos bien sentian de aquellas alteraciones y deseaban más convenir á los dos Cabos, era el Capitan Gonzalo Suárez Rondon, hombre resuelto, y de quien podia fiarse el reparo de aquellos males que amenazaban, y con esta buena intencion y la certeza que tenia del fin en que habia de parar la desunion de los españoles, tomó tan á pechos reducirlos á no llevar el negocio por armas, que habiendo sosegado á Quesada, se fué al campo de Lebron, y fiado en su buen celo, le habló en esta forma: Bien creo, señor, de las noticias que os habrán dado de mi persona los mismos que os provocan á ejecutar un arrojo que os hallareis en obligacion de pensar que trato solamente de preferir el servicio del Rey á mis conveniencias y á las que os representan algunos lisonjeros que piensan medrar entre las borrascas de una guerra civil, de que pretenden haceros cabeza. De mis palabras pasareis al conocimiento de mí intencion, pues sois tan advertido: y si en ellas se viere doblez, no quiero que valgan por despertadoras de vuestra prudencia y obligaciones. El negocio que os á traido á este Reyno, no está de presente tan desesperado que necesite del fuego y del hierro, para que os disculpe de haber despreciado los medios suaves en descrédito vuetro. Si tendeis la vista por esas campañas, las vereis cubiertas de enemigos simulados, entre quienes vivimos con las armas en las manos y el riesgo á los ojos. Que pensais que los arrastra de sus casas, sino la novedad de nuestra division, esperando de ella la libertad á que aspiran? Si venceis, como aseguran los que os engañan, bien se ve que no será tan sin daño vuestro, que no perezca la mayor parte de vuestros ejército para conseguir victoria tan dudosa. De aquí sacareis que la muchedumbre de estos bárbaros solamente espera el remate de la batalla para triunfar á su salvo de los que quedaren perdidos con la misma victoria que ganaren. Decídme, pues, quien podrá entónces refrenar la osadia de tantas naciones? Quién librar las ciudades del saco y del incendio? Quién reducir otra vez las provincias sujetas á nuestro Rey y perdidas por nuestra culpa? Y si unidos todos aun no estamos libres de peligro, bastenos el ejercicio cuotidiano de la guerra en que nos vemos, sin moverla entre nosotros mismos, para que resulte en favor de nuestros mayores contrarios.

Pero pasemos (prosiguió) porque no sea infamia de la nacion española matares amigos con amigos y hermanos con hermanos. Demos que sea lícito seguir el ejemplo afrentoso de las parcialidades recientes del Perú, entre Almagros y Pizarros por el gobierno, y que estos bárbaros, á vista de nuestro destrozo, no intenten movimientos en su conveniencia y que á vos os suceda todo como os lo pistan los que os despeñan: que gloria pensais añadir á vuestra casa con la victoria? Sabed que ninguna, pues no la ganais contra enemigos de vuestro Rei, sino contra vasallos suyos y tan fieles, que en su real nombre y á costa suya le han ganado este Reino; y nunca podreis libraros del castigo correspondiente á la culpa de haberle inquietado ó perdido las tierras, que le estabas sujetas. Yo confieso que para desmembrar cualquiera provincia de las unidas á Santa Marta, es necesario siempre decreto del Príncipe; pero éste, que por su naturaleza es Imperio separado de aquella costa, bien se ve que por sí mismo está desunido, sin que necesite de real declaracion para ello, si no fuere en caso que su voluntad sea de agregarlo á Santa Marta, no de dividirlo. Y Sin embargo sobre este punto tenemos presentados poderes en el Real Consejo, donde se resolverá lo que pareciere más conveniente, y en el ínterin, siendo vos servido, podreis presentar el título que traes en los Cabildos, encaminando el negocio con maña, pues oyendo vuestro derecho pienso que no fallarán en lo posible á serviros. Y si os pareciere dura la propuesta, reparad en que no es ménos duro mover inquietudes en que á buen librar nos perdamos todos: y que ceder en este caso á la prudencia por no alborotar la tierra, os podrá servir de mérito el más grande para los premios que debeis esperar de la real mano de nuestro monarca.

Halláronse presentes á esta propuesta los Capitanes Hortun Velasco y Luis de Manjarrés, que no discutian del parecer de Gonzalo Suarez; y esforzándolo cuanto les fué posible con ruegos, templaron de suerte á Gerónimo Lebron, que reducido ya á seguir aquel medio, respondió que importaria mucho, ántes de resolverse, que Hernan Pérez y él se hablasen solos y á pié en medio de los dos campos, porque las materias se ajustasen con más templanza y secreto. Parecióle buen principio éste á Gonzalo Suárez, y tomando á su cargo ajustar las pláticas, habló á Hernan Pérez que no deseaba otra cosa para asegurar su pretension sin alborotos; y así luego que se dió la forma de verse, fué si sitio señalado con los Capitanes Juan de Céspedes, Gonzalo García Zorro, Gonzalo Suárez Rondon y Juan de Cabrera, sin más armas que las espadas en cinta, y de la misma suerte concurrió Gerónimo Lebron acompañado de Luis de Manjarrés, Hortun Velasco, San Millan y Gerónimo de Aguayo. Allí, habiéndose saludado cortesmente Lebron y Quesada, se apartaron de los demas y habiendo conferido con mucha reportacion sobre el negocio, en que no faltaron promesas grandes de parte de Lebron para ganar la voluntad de Quesada, como primer móvil que era de la gente de aquel Reino, no consiguió más que la ordinaria respuesta de que la determinacion de lo que pedia tocaba á los Cabildos y que siendo acuerdo suyo el recibirlo, él estaba presto á darle obediencia primero que otro alguno, por más afecto que se le mostrase: con que resueltos ya todos á seguir aquel dictámen, montaron á caballo con muestra y apariencias de amistad; y habiendo llegado á la ciudad de Tunja, fué aplaudido Lebron con tantas demostraciones, que no echó ménos las que se le debieran hacer estando colocado en la silla gobierno. Allí se valió de todas los medios y trazas que pudo prevenir un hombre sagaz como él era, para encaminar su pretension al fin deseado: y pareciéndole que ya le restaba diligencia que obrar, presentó sus provisiones en Cabildo, que vistas y conferidas, se dieron por no bastantes para admitirlo al oficio de Gobernador, no sé sí fundados razones ménos jurídicas que voluntarias.

Restábale á Lebron saber la voluntad del Cabildo de Santafé, que era la cabeza Reino, no haciendo caso de la determinacion favorable de Vélez, ni de la contraria Tunja, y fundaba alguna esperanza en los recelos que tenia Hernan Pérez del Capitan Cardoso, que á la sazon era Regidor y dejaba de ser Alcalde ordinario (que parece lo más cierto y nó lo que dice Herrera al capítulo primero del libro nono de la década sexta).

Propúsolo así, porque no podia Hernan Pérez resistirse á esta última diligencia, en conformidad del asiento que se habia tomado, y hubo de venir en que luego saliesen para Santafé, de cuyo Cabildo se esperaba la conclusion de aquellas diferencias. Hiciéronlo así todos, ya sin aquel estruendo de cajas y forma militar que se habia observado desde Vélez hasta Tusja, y puestos en Santafé, presentó Lebron sus despachos en Cabildo, á los cuales se mostró tan opuesto el Contador Pedro de Colmenáres, que como sí la determinacion de no recibirlo pudiese peligrar, hablaba por instantes á cada cual de los Regidores en secreto: pedia seguridad de los votos y ponderaba de suerte el servicio que se haria al Rey no admitiendo las provisiones, que bien claramente mostraba la intencion de asistir con fineza á Hernan Pérez en cuanto pudiese. Á ninguno persuadia tan eficazmente como al Capitan Cardoso, siendo así que no mostraba éste disentir de los demas, ó persuadido á que era injusta la pretension de Lebron, ó porque receloso como todos los demas interesados en el repartimiento que se habia hecho de los indios, no queria exponerse al arbitrio de un Gobernador nuevo, que sentía no haberse podido hacer; pero fuese por algunas de estas causas, ó lo más cierto por la instancia de Colmenáres, él se mostró contrario á las pretensiones de Gerónimo Lebron, y convino con todos en que no se admitiese al gobierno ni se le permitiese hacer pié en aquellas provincias.

Ménos sintió Lebron hallarse sin el gobierno que sin el apoyo de Cardoso, y depositando uno y otro en el corazon, suplicó de la determinacion, y acordóse que no habia lugar por cuanto los despachos que presentaba no comprendian con especialidad aquel Reino, ni convenia que las parcialidades y alborotos que empezaban á introducirse en la tierra, se avivasen con tal novedad, de que no podia seguirse ningun servicio á Dios ni al Rey. Y aunque no desistió de hacer nuevos requerimientos, no por eso mejoró su causa, ántes obligo á que Hernan Pérez le ordenase con graves penas que no hablase más en aquella materia, ni alborotase la tierra. Con esta repulsa propuso que pues era notorio el trabajo y gastos que habia tenido en aquella jornada y el número de gente y caballos que habia entrado en el Reino, se le permitiese ir en demanda de nuevas conquistas con la gente que habia ido con él, ó por lo ménos con aquella que voluntariamente quisiese seguirle: pretension que parecia bien fundada, si no fueran perdidas las voces que se dan á la fortuna cuando ya una vez tiene vueltas las espaldan. Mas, esto no se le permitió, ó porque los conquistadores estaban léjos de repartir con otros el fruto que esperaban, ó porque Lebron, viéndose desairado y con gente, podia causar nuevos recelos en Quesada, ó renovar en el Reino las inquietudes que le habian atajado con arte: y así, por no dejarlo del todo disgustado, dieron órden de que se volviese á la Costa, y para ello se le comprasen los esclavos, armas, caballos y mas géneros de ropa que habia llevado, por precios excesivos que se ajustaron por la voluntad de los dueños; con que bien proveidos de oro y plata Lebron y algunos de los suyos que le siguieron, y entre ellos los Capitanes Cardoso y Juan del Junco, á quienes persuadió se fuesen con él, pues estaban de partida para Castilla, empeñando su palabra de no mostrarse ofendido con ellos por lo obrado en Santafé, bajó por Tocaima al rio de la Magdalena, donde le estaban dispuestas embarcaciones, llevando un buen trozo de gente de la de Quesada, para que lo escoltase en la provincia de los Panches.

Serian hasta veinte y cinco personas las que siguieron á Lebron, sin los Caciques Melo y Malebú, que sin apartarse de él, y bien aprovechados del caudal, dieron vuelta á sus pueblos en el bergantin de Lebron, que prósperamente tomó puerto en la Costa de Santa Marta, de donde pasaron á la ciudad, y en su puerto hallaron navío para Castilla, en que dispusieron su embarque Cardoso y Juan del Junco. Mas, pareciéndolo á Lebron que la mejor traza de justificar sus acciones ante el Rey seria hacer criminal la resolucion de los Cabildos del Reino, fuminó causa contra sus conquistadores, y especialmente contra los Quesadas, Cardoso, Alonso Martin, Junco, Maldonado y Céspedes, sobre los desafueros, crueldades, muertes y tiranías ejecutadas con los indios, cuyo proceso pára en el archivo de Simancas, y de cuya relacion apasionada tanto se vale el Obispo de Chiapa en la que hizo de la destruccion de las Indias. Y con esta prevencion prendió á los dos Capitanes, diciendo que no pretendia impedirles el viaje, pero convenia que fuesen presos con los autos que remitia al Consejo, en que por traidores habia sentenciado á pena de muerto y confiscacion de bienes á todos los del Nuevo Reino: siendo éste el medio más comun que los Ministros de Indias eligen para entrampar (digámoslo así) los desafueros que ejecutan cuando los fieles vasallos del Rey, para más servicio suyo, se oponen á los excesos que obran, fiados en la autoridad de los puestos que ocupan. No habia dado malas muestras Gerónimo Lebron, ni su pretension habia sido tan fuera de los términos del derecho que no tuviese muchos visos de justificada; y sin embargo, por la resolucion última que tomó el Consejo en esta materia, dice Herrera en el fin del capítulo que citamos, que era tanta la hinchazon de los Gobernadores y Ministros de las Indias por aquel tiempo, que cuanto presuponían ó imaginaban les parecia lícito y justo palabras bien dignas de notar, y que si hablaran de presente solamente, dejaran campo para repetirlas de nuevo.

Eran los dos Capitanes Cardoso y Junco de los que no se amedrentan con amenazan, y supieron representarle con tanta resolucion el trato doblo que habia usado con ellos, que al fin, despues de muchas réplicas, vino Lebron en que fuesen á España haciendo pleito homenaje de presentarse en el Real Consejo de las Indias, donde habiendo llegado (á tiempo que la Corto estaba en Valladolid), se recibió tan mal la resolucion de los Cabildos y procedimientos de Cardoso por querella que dió el Fiscal, que fué luego preso y confiscados sus bienes, remitiendo sobro ello despachos á Santafé, donde viendo cuán favorecida era la causa de Lebron, muchos de los que lo habian sido contrarios mudaron de opinion, y entre todos se señaló el Contador Pedro de Colmenáres, así apoyando las quejas de Lebron, como culpando las acciones de Cardoso, y aun tuvo arte para que se le agregasen en administracion las encomiendas de Suba y Tuna. Pero el Capitan Cardoso se defendió tan bien, que despues de varios lances, hacienda y tiempo que gastó en el pleito, fué dado por libre, y aunque portugues de nacion, declarado por fuel vasallo de Su Majestad y restituido en sus bienes y encomiendas, sobre que se le dieron despachos y cédulas muy honoríficas, con que volvió pobre y victorioso de sus émulos al Nuevo Reino, donde tambien tuvo pleito largo sobre la restitucion de los tributos de sus encomiendas, que habian entrado en poder de Pedro de Colmenáres, y alegaba ser suyos, causa de que siempre quedasen enemistados.

Mas volviendo á Lebron, luego que el navío salió de Santa Marta para Castilla, trató de irse á Santo Domingo huyendo de que lo hallase allí el Adelantado Lugo, de quien ya tenia noticias que habia llegado al Cabo de la Vela. Con esta determinacion, dejando el gobierno al Obispo Angulo, partió para la Española bien acrecentado de caudal y libre de los vagíos en que los Gobernadores peligran con el mando y la codicia, donde pasó lo restante de su vida con quietud y conocimiento de lo bien que le habia estado la repulsa que de su persona hicieron los del Nuevo Reino, pues con ella pudo librarse de las calumnias que siguen los puestos; dicha que no tuvo el Obispo Angulo, pues con el pretexto de que el Cabo de la Vela se comprendia en la jurisdiccion de Santa Marta, fué allá despues de la partida de Lugo y sin que bastasen los requerimientos que sobre ello le hicieron los Oficiales reales, abrió el arca y sacó de ella mil y quinientos pesos que dijo debérsele de suplemetos de su Obispado; accion mal vista en el Consejo de Indias. Con lo cual y otras diferencias que habia entre los Gobernadores de Santa Marta, Venezuela y Cartagena, se experimentaban grandes inquietudes en Tierra firme y ponian en cuidado al Consejo para el reparo: si bien no era esto lo que más instaba sino las armadas de corsarios que por aquellos tiempos corrían los mares haciendo algunas presas y habian saqueado la Burburata, pueblo que dista sesenta leguas de la ciudad de Coro, sobre que el Rey envió á Francia el año antecedente á Diego de Fuenmayor, su criado, para que con la asistencia de su Embajador, que lo era un caballero borgoñon, procurase que se recogiesen los corsarios: á que respondió el cristianísimo Rey Francisco lo que dijimos arriba, con que se trató (ademas de los reparos que se habian dispuesto) de formar en Sevilla una armada de Averías que cortase aquellos designios y asegurase las costas de Indias.

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