LIBRO
OCTAVO
El Adelantado D. Alonso Luis de Lugo sale de España para el Nuevo
Reino, y arriba al Cabo de la Vela. Los Yalcones y Pacaes toman las
armas y matan á los Capitanes Añasco, Osorio y Ampudia. Pascual de
Andagoya se apodera del gobierno de Popayan, donde Benalcázar lo
prende. Rebélanse los Sutas y Simijacas, y fortifícanse en dos
peñoles. Hernan Pérez de Quesada mueve guerra á los Panches, con
varios sucesos. Gerónimo Lebron prosigue su jornada hasta la ciudad
de Vélez, donde lo reciben. Altérase Hernan Pérez con la noticia, y
Lebron se previene, hasta que remitidas las diferencias del
gobierno á los Cabildos de Santafé y Tunja, que no lo reciben,
vuelve á Santa Marta, sentido de la repulsa: fulmina causa contra
los conquistadores del Reino, y remite presos con ella á los
Capitanes Cardoso y Juan del Junco.
CAPITULO I
CON LA NOTICIA DE QUE SE PREVIENE ARMADA EN FRANCIA PARA LAS
INDIAS, MANDAN AL ADELANTADO LUGO QUE VAYA Á SU GOBIERNO: HÁCESE Á
LA VELA, Y TOCANDO EN LAS CANARIAS Y EN LA ESPAÑOLA, DA FONDO EN EL
CABO DE LA VELA, DONDE COBRA CON VIOLENCIA EL DOSAVO DEL QUINTO DE
PERLAS.
ES tan vária la condicion de los hombres, que no encuentra el
discurso estado en que tengan quietud sus deseos: posee apénas el
bien que apeteció, cuando la posesion le es tormento del que le
falta; apénas lo espera cuando en la esperanza halla la fatiga de
no poseer el que deja.
Todo lo yerra la humana inconstancia, si se agrada más de lo que
se espera que de lo que se goza, porque su apetito desestima
siempre las mayores conveniencias que tiene; y si aplica la
inclinacion á las comodidades de poseer, tambien lo yerra, porque
su ligereza hace más aprecio de los males que se consiguen que de
los bienes que para su daño le faltan. Oh instabilidad de los
hombres, y quién podrá negar tus movilidades! Anhelaba Duarte
Pacheco á la gloria de gran Capitan, consíguela con aplauso de
todas las naciones de Oriente, y mal contento de lo que goza, pasa
á la Europa y cambia sus felicidades por los ultrajes con que lo
trata Lisboa. Gobernaba un mundo Fernando Cortés, porque supo
ganarlo, el valor de su brazo, y ambicioso de más fama, pasa al
África y desconfían de que gane la plaza de Argel quien supo
sujetar tantos Reinos. Cuanto más gloriosamente hubiera acabado
Bolestain en las conveniencias de su retiro que muriendo á
violencias del acero por salir de la sujecion de vasallo? No hora
en los tiempos en que no hayan dejado ejemplares de esta verdad las
historias; y en ésta veremos al Adelantado Don Alonso Luis de Lugo
trocar la veneracion y riqueza gozaba como Gobernador, en el Nuevo
Reino, por los trabajos y desaires que experimentó como reo en esta
corte. Á Gerónimo Lebron, que por no contentarse de su gobierno,
donde le obedecian con respeto, pasó despues de varios , peligros
por el desaire de verse ajado donde fundaba los intereses de su
dominio. Á muchos Caciques sujetos á una muerte horrorosa por no
haberse contentado de una sujecion tolerable. Y finalmente veremos
correr avenidas de incendios, sangre y enemistades, por no
contenerse el corazon humano, ni dentro de los ceñidos términos de
la posesion ni de los dilatados espacios de la esperanza.
La fama de las riquezas que gozaba por este tiempo la nacion
española en las Indias habia hecho tal conmocion en las
extranjeras, que incrédulas ántes de sus hazañas, y emuladoras ya
de su buena fortuna, intentaron de la parte de Inglaterra y Francia
inquietar mares y costas de aquellas partes, haciendo presas y
robos en contravencion de las paces capituladas entre sus Príncipes
y el nuestro, porque siempre el interes sea el escollo en que
rompen las palabras de aquellos Reyes. Confiaban en que por
aquellos medios no se hallarian ménos adornadas sus coronas, que lo
estaba la de nuestro Emperador Cárlos V, como si la legitimidad del
dominio no fuese quien da todo su lustre á la majestad. Estas
noticias llegaron á los oidos de nuestro Monarca, y relacion de los
vasos que se aprestaban en la Normandia para impedir los pasos y
navegacion de castellanos y portugueses, á que se juntó la nueva de
una escuadra de doce navíos que tenia á punto el General Roberto
Baal para continuar los robos de la América. Y aunque de parte de
los Embajadores de Castilla y Portugal se le representaron al Rey
Francisco estos daños que amenazaban, respondió no tenia ménos
derecho la corona de Francia que las otras de la cristiandad para
navegar los mares y asentar paces y buena correspondencia con los
Reyes de las Indias. Pesa más en su pecho el ansia de desquitar su
mala fortuna rompiendo las treguas, que la obligacion del empeño en
que estaba, y así brotaron los labios los designios que represaba
disimulo: con que se trató vivamente de impedir la empresa de
Roberto Baal, que se facilitaba por la mala disposicion de sus
embarcaciones y poca experiencia de los pilotos para navegacion que
intentaba.
Para este efecto se despacharon por el Consejo diferentes
órdenes para la guarda las costas de Indias, y porque el Adelantado
D. Alonso Luis de Lugo tenia ya todos los despachos para pasar á su
gobierno del Nuevo Reino y Santa Marta, y se retardaba en partida
más tiempo del que quisieran los señores del Consejo, ya fuese por
la violencia que se deja la corte, que deleita con tormentos, que
suaviza la ambicion, ya por el embarazo se de llevar las compañías
de gente que habia capitulado conducir consigo, se le mandó que
luego saliese de estos Reinos y no se detuviese en las Canarias más
tiempo de treinta dias con pena de diez mil ducados. Y por cuanto
en la gobernacion de Santa Marta se habia introducido el abuso de
hacer esclavos los indios, se le ordenó asimismo que so graves
penas lo prohibiese y pusiese en libertad á los que no la tuviesen,
aunque fuesen habidos guerra justa. Con estos órdenes tan apretados
apresuró su jornada el Adelantado, y con diligencia que puso en
llevar gente de Andalucía, halló cuanta habia menester y mucha que
pretendiera llevar se la facilitara el ansia que habia en la
provincia de enriquecer las Indias: y de los españoles que le
siguieron fueron muchos hijosdalgo y personas de lustre, que con
la esperanza de acrecentar su caudal en tierras nuevas gastaron en
galas y plumas la mayor parte que tenian de presente; y para que se
viese cuánto pretendia señalarse el Adelantado en la obediencia de
su Rey, despachó delante á Juan Benítez Pereira, su Teniente
general, con órden de que sin detenerse en la costa pasase luego al
Nuevo Reino á gobernar en el interin que llegaba, que no se
consiguió por haber enfermado el Pereira en el camino y haber
muerto en el pueblo del Cacique Melo cuando subia por el rio
grande. Y por no perder el estilo de hacer lista de las personas
que ocurrieren á la memoria y fueron, con el Adelantado,
nombraremos algunas con el sentimiento ordinario de no tener
noticia de todas.
Era el Adelantado cuñado de Juan Pérez de Cabrera, caballero
bien conocido, á quien nombró por su Maese de campo y por Capitanes
á Rodrigo de Anaya, su hermano, Fernando de Montoro, á Figueroa y
Lorenzo Mejía, quienes llevaban en sus compañías A Francisco
Manrique de Velandia, natural de Najera, que fué vecino de la
ciudad de Tunja, donde casó con doña Maria Herrezuelo á Fernando
Suárez de Villalóbos, hijo del Fiscal del Consejo de Indias, de su
mismo nombre; á los tres hermanos, naturales de Ronda, don Pedro,
don Cristóbal y don Gutierre de Ovalle, que despues de varios
accidentes fué vecino de la ciudad de la Palma y cabeza de una
familia noble, que de presente se conserva en el Nuevo Reino y en
quien siempre se han hallado personas de valor para el empleo de
las armas; Juan de Requelé ó Riquelme, Hernando de Velasco y
Angulo, que casó con doña Catalina de Bohórquez; Juan de Lescano,
Francisco Gutiérrez de Murcia, Julian Roldan, natural de Utrera;
Martin de Vergara, excelente músico y vecino que fué de Vélez,
donde casó con doña María del Castillo; Diego de Salas, que volvió
á estor Reinos; Juan de Penágos, señor de la casa de Estaños, en
jurisdiccion de las cuatro Villas; Gómez de Castro, que se avecindó
en Tocaima; Juan de la Peña Montoya; Juan de Chávez, marido que fué
de doña Eufrasia Antolínes de Búrgos; Juan de Carvajal; Francisco
de Henao; Pedro Gallego y Francisco de Trejo, que se avecindaron en
Tocaima y despues en Ibagué; Diego Sánchez Farfan; Antonio
Martínez, Encomendero que fué de Chilagua; Valderrama; Alonso Ruiz
de Alvaro Martin, vecino que fué de Ibagué; Mélchor Alvarez, de
nacion portugues; Juan de Yecla; Francisco Franco; Juan Antero;
Miguel de Moráles; Francisco de la Sierra, que se avecindó en
Tunja; Mejía, vecino que fué de Tocaima; Juan de Berrio; Antonio
Fernández, que casó en Tunja i fué padre de doña Beatriz de
Herrera; Francisco de Barajas, cuyos servicios fueron muchos y el
premio ninguno, en que fué aun más desgraciado Antonio Cabrera de
Sosa, pues habiéndose ejercitado en aquellas guerras más de
cuarenta y tres años con excesivo valor y trabajos, no consiguió
mudanza en su corta fortuna y mucha pobreza, porque en aquellos
tiempos los que gobernaban la tierra más atendian en las vacantes á
premiar las lisonjas de hombres malsines que méritos de los que
servian desinteresados. Pero cuándo no lamentaron las edades esta
desigualdad de los que gobiernan con ambicion y codicia?
Con la más de esta gente salió el Adelantado Lugo del puerto de
Cádiz, y con buen suceso lo tomó en las Canarias, donde, por el
conocimiento que se tenia de su persona y las noticias de las
nuevas provincias que se comprendian debajo de su gobierno, se le
agregaron algunos de los soldados de más porte de las islas y
personas de mucha experiencia que allá habia, como fué Juan de
Mayorga, antiguo conquistador de Cubagua y vecino que fué despues
en la ciudad de Vélez con doña Maria de Casalla, su mujer, en quien
tuvo por sucesor de su Encomienda un hijo de su propio nombre, y
siete hijas. Con esta provencion, buena copia de caballos y otros
ganados, acomodó su gente y demas pertrechos en los tres navíos que
sacó de España y en otros dos que allí fletó para este efecto, y
siguiendo la derrota que pareció más segura por entónces tocó en la
isla española. Allí tuvo noticias el Adelantado de que Juan Pérez
de Cabrera, Rodrigo ó Fernando de Anaya y los tres hermanos Ovalles
se habian ligado con juramento para que en cualquier accidente que
se les ofreciese estuviesen tan recíprocamente unidos á la defensa,
que cada cual muriese por los demas y todos por cualquiera de
ellos; de que no sintió bien el Adelantado, pareciéndole que de
llevarlos en su compañía podria resultar algun grave inconveniente
contra su autoridad; ó porque las materias del dominio son tan
celosas de suyo, que aun de sombras menores forman cuerpos de
delitos, y así determiné dejarlos en aquella isla, como lo hizo, y
con la demas gente que presumió no ser de tan levantados espíritus,
prosiguió su viaje, y con buen tiempo arribó al Cabo de la Vela,
primer escalon de su gobierno, donde habia entónces un pueblo
fundado, como dijimos, por aquellas personas que trataban en la
pesquería de perlas, en que asistian tres oficiales reales para el
cobro de los quintos; un Contador, que lo era Pedro diaz de Castro;
Tesorero, Francisco de Castellános, y Alonso dias de Gibraleon,
Factor. Y habiendo en él tomado tierra la gente de la armada,
despues de setenta dias de navegacion, fué recibido el Adelantado
con todas las demostraciones debidas á su persona, y al oficio de
Gobernador de aquellas provincias y con vitualla suficiente, que no
fué de poco alivio despues de tan dilatado viaje, y en partes tan
estériles.
Era molestado por estos tiempos el Cabo de la Vela de los indios
Guanebucanes y Cozinas, que demoran en sus confines, por ser dueños
de los Jagueyes, de donde se proveían de agua los españoles, no
habiendo en otra parte pozo ni fuente en que poderlo hacer, y de
que resultaba mucho perjuicio á causa de las muertes que sucedian
en los encuentros continuos que se tenian con los indios,
dispuestos siempre á impedir las aguas. Y por aliviarlos de trabajo
tan considerable, mandó el Adelantado á Martin López y á Juan de
Mayorga, caudillos de experiencia, saliesen por diferentes partes y
pusiesen freno á aquellas naciones, lo cual ejecutó con buen
suceso; y habiendo tenido suerte feliz en algunas surtidas,
amedrentaron de suerte á los indios, que desde aquel tiempo en
adelanto bebieron sin susto el agua que ántes compraban á precio de
mucha sangre. Y en tanto que este castigo se ejecutaba,
pareciéndole al Adelantado que en conformidad de las capitulaciones
hechas con Su Majestad se le debia el dozavo del quinto de las
perlas que sacaban, mandó que los Oficiales reales cumpliesen
enteramente con el tenor de aquella capitulacion; pero como ésta no
debia de hablar tan especialmente que comprendiese con claridad lo
que demandaba, ó faltase alguna condicion de las que se expresaban
en la Real Cédula, lo contradijo el Tesorero Francisco de
Castellanos, aunque los dos compañeros vinieron llanamente en lo
que pretendia al Adelantado. Y aunque sobre esto punto hubo
diferentes alegaciones, demandas y respuestas, todo vino á parar en
que, mal sufrido el Adelantado de la resistencia que hacia el
Tesorero á los ruegos y amenazas de que se habia valido, le echó
mano públicamente un dia que altercaban sobre esto mismo en la
Aduana, y quitándole violentamente la llave de la Caja real, llamó
la Justicia y Regimiento y en su presencia sacó la parte de las
perlas que decia pertenecerle por capitulaciones y merced de Su
Majestad, dejando los recibos y demas instrumentos y diligencias
que le parecieron convenir para su resguardo, de que sentido el
Tesorero, dió quejas en el Real Consejo, haciendo relacion de la
violencia que le habia hecho para quitarle las llaves, principio de
los descréditos y malos sucesos que se le recrecieron al
Adelantado.