INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO VI
 


MONTALVO DE LUGO ENTRA EN EL REINO POR LOS LLANOS, Y EL CAPITAN LANCHERO Á LA CONQUISTA DE MUZO, DE DONDE SALE DERROTADO POR LOS PANCHES, Y GALEANO PROSIGUE LA GUERRA CON EL SABOYÁ CON MALA FORTUNA.

CUANDO salió de Coro el General Nicolas Fedreman en demanda de su gente, que le esperaba en el Tocuyo á cargo del Capitan Diego Martínez, dejó en aquella ciudad al Capitan Lope Montalvo de Lugo, caballero natural de Salamanca, grande amigo suyo, que prometió seguirle en la jornada que emprendia con la más gente que pudiese juntar en aquella gobernación. Apremiábale su palabra al cumplimiento de la promesa, y habiendo levantado una compañía de hasta cuarenta hombres, siguió los pasos de Fedreman en demanda del rio Meta, que era el blanco de todas las entradas que se hacían de Coro y Maracapana. Llegó con su gente á Barequizimeto al mismo tiempo que el Capitan Pedro de Reinoso volvia derrotado al propio sitio con una tropa de soldados, habiéndose dividido de otra que llevaba á su cargo el Capitan Diego de Lozada, que la una y otra eran reliquias de la última entrada que hizo el Gobernador Antonio Sedeño. Alojáronse los dos Capitanes en Barequizimeto, muy vecinos el uno del otro, y tratáronse al principio con mucha amistad; pero habiendo entendido Lope Montalvo que la gente que llevaba Reinoso era sin órden del Rey, y lo demas sucedido en la jornada de Sedeño, prendió al Capitan Reinoso, y enviándole preso á Coro, y de allí á Santo Domingo, le quitó la gente con que reformó su campo, y siguiendo las mismas pisadas de Fedreman con varios trabajos y encuentros de los indios llegó despues de algunos meses á Fosca con ochenta hombres, y de allí á la ciudad de Santafé, que fué por los fines del año de treinta y nueve, ó principios del de cuarenta, donde fué muy bien recibido, así por el socorro que metia de gente en el Reino á tan buena coyuntura, como por la calidad de la persona, de quien ya se tenian buenas noticias.

Gobernaba entonces el Reino (como dijimos) Hernan Pérez de Quesada, deseoso de emplearse en algunas facciones de reputación, y hallábase con él Luis Lanchero, hombre noble y Capitan que habia sido de la guarda del Emperador, sirviéndole en diferentes empresas, y sido uno de los que se hallaron en el saco de Roma: y aunque sus servicios pudieran detenerlo en España con bien fundadas esperanzas de sus medias, corrian en la Europa tan vivas las noticias de la mucha riqueza de las Indias, que, olvidado de sus pretensiones, pasó á ellas por los fines del año de treinta y cuatro, siendo uno de los soldados más principales del Gobernador Gerónimo Hortal, á quien se habia concedido el gobierno de Tierra firme (como dijimos) desde las bocas del rio Marañón hasta la ensenada del puerto de la Burburata, que era término del gobierno de los alemanes. Pero como en llegando Hortal á la fortaleza de Pária nombrase por su Teniente general á Alonso de Herrera Olalla, Cabo del presidio, fué tan grande el sentimiento que hicieron Luis Lanchero y de Castro de no ser preferidos en aquel cargo, que lo dieron sus quejas con más libertad y arrojo que permite el respeto militar debido á los superiores. Con esta Qcasion la tuvo el Gobernador para ponerlos presos en la fortaleza, miéntras disponia lo necesario para la conquista de aquellas provincias y siéndole preciso tomar la vuelta de Cubagua, se resolvió á llevarlos aprisionados en el mismo navío, pareciéndole que si los dejaba en la fortaleza, y siendo, como eran, hombres de mucho espíritu, les daba ocasión para que en ausencia suya moviesen alguna alteracion en el campo con sus parciales. habianle puesto á Luis Lanchero unas esposas para más seguridad de su persona, y á poca distancia del puerto dijo le lastimaban, y pidió se las quitasen para reconocer la parte de donde le venia el daño: Y en quitándoselas las arrojó al mar, de que se mostró tan sentido el Gobernador, que mandó lo atasen; pero él hizo tal resistencia, que alborotó el navío, y llegaran á más rompimiento, si Rodrigo de Niebla, valido de Hortal, no tomara sobre su palabra presentarlo en la cárcel de Cubagua, como lo hizo con él y Juan de Castro, aunque á pocos dias de prisión rompieron la cárcel, y ganando una iglesia (aunque los sitiaron) se defendieron tan valerosamente que se escaparon, y corriendo varias fortunas arribaron á Maracaibo á tiempo que pudieron entrar á la conquista del Nuevo Reino con Fedreman, dando siempre en las ocasiones de más riesgo señales del valor con que toda su vida sufrieron las adversidades civiles y militares.

Con este conocimiento que tenia Fernan Pérez, y la conveniencia que hallabán sus aliados de quitarle de la vista un hombre de tanta resolucion y entereza, dispusieron se le diese alguna conquista en que apartándole de sí emplease sus brios. Era la más á propósito para estos designios la de los Muzos y Colimas, de quienes corría fama de buenos guerreros y de que habitaban una de las provincias más ásperas del Nuevo Reino. Diósela Fernan Pérez, con facultad de llevar consigo toda la gente que quisiese seguirlo. No lo pareció entonces á Lanchero empresa de tantas dificultades como representaba la fama, y se encontraron despues; y así, pareciéndole que con cuarenta infantes y algunos caballos podria en poco tiempo allanar la tierra, dispuso esta compañía, y con buen suceso, habiendo penetrado en la provincia de Ebaté, en que muchos de sus naturales estaban de guerra, arribó por la parte de Turtur á los umbrales de Muzo. Yace esta provincia de los Muzos á Muuzua, tan celebrada en el mundo por la riqueza de las esmeraldas que cria, veinte y cuatro leguas al Noroeste de la ciudad de Santafé, y tiene su principal población en siete grados de latitud al Norte. Es toda ella de tierra montuosa, caliente y húmeda, muy estéril para crias de ganados y semillas de España, y no muy abundante de las naturales. Desde todas las sierras que tiene se descubren las guardas del Norte y del Sur, que es una cruz formada de cuatro estrellas: y por fines de agosto y quince de Marzo no hace sombra el sol de medio dia por ninguna parte. Sus moradores eran muchísimos y tan bárbaros, que afirmaban que al principio del mundo hubo de la otra banda del rio grande de la Magdalena una sombra de hombre que siempre estaba recostada, á quien llaman en su idioma Are; y qúe esta sombra labró en madera los rostros de algunos hombres y mujeres, y echándolos en el agua, se levantaron vivos, y los casó y dividió despues para que cultivasen la tierra, y luego se desapareció, dejándolos por primeros padres de todos los indios.

En los más de sus ritos conformaban con las demas naciones del Reino, ménos en los que aquí expresaremos, como fueron, no tener por Dioses, ni adorarlos por tales, al sol ni á la luna, porque decian que estos planetas se hicieron despues que los Muzos fueron criados; aunque para más prueba de su barbaridad llamaban al sol, padre y madre á la luna. Cuando moria el marido de muerte natural, entraba el hermano del difunto heredando la mujer; pero cuando ella era la causa de la muerte, no estaba obligado el hermano á recibir la mujer en herencia: y aunque esto es muy raro en las Indias, una de las costumbres más singulares de aquella nación era la que observaban en el matrimonio; porque en teniendo la hija diez y seis años, algo más ó ménos, concertaban los parientes el casamiento sin darle parte á ella: y ajustado el trato, iba el desposado á ver á la novia, y la asistia tres dias continuos halagándola, á que ella correspondia todo aquel tiempo dándola de palos y puñadas; mas habiendo pasado los tres dias, se aplacaba y le guisaba la comida enviándosela con su madre á parienta más cercana. Á esto se añadia que miéntras duraba aquella luna en que acaecia esto, dormian juntos sin que se consumase el matrimonio, pena de que la tendrian por mala mujer, y él asistía á la labor de una sementera para la desposada, acompañado de la suegra, á quien entregaba las donas, que eran unas faldillas con ciertos caracolillos pendientes, que llaman suches, y suenan juntos á la manera de cascabeles roncos.

Si tal vez la mujer cometia adulterio, sucedia flecharse el marido y matarse con el enojo de su agravio, y si no quería exponerse á este daño, se daba por satisfecho con quebrar cuantas ollas y vasijas de barro y madera tenia, y se iba al monte más cerrado, donde se estaba un mes, hasta que la mujer tenia la casa proveida de otras vasijas, y lo iba á buscar, pero en hallándolo lo arrastraba de los cabellos y le daba de coces, hasta que descansados volvian conformes á su casa y si acaso el marido que se flechó moria, se lo ponian muerto los parientes sobre las rodillas á la mujer, y lo habia de llorar tres dias, sin comer ni beber más de una poca de chicha: y pasados los tres dias la echaban de casa, tostaban el marido al fuego, y tostado lo ponian sobre una barbacoa, que le servia de túmulo, armado con sus flechas, macana y capacete, y lo enterraban al fin del año, á que no asistia la mujer, porque todo aquel tiempo andaba vagando, sin que alguno le diese de comer, por lo cual se retiraba cultivar la tierra para sustentarse, hasta que fenecido el entierro iban sus parientes y los de su marido, muy conformes, y la llevaban con honra, y como á tal la casaban segunda vez. Fueron antiguamente, y en diferentes tiempos, sujetos los Muzos á los Nauras, gente feroz, y á los Mozcas, que los oprimieron más con la muchedumbre que con el brio; pero mostráronse despues tan valerosos, que lanzaron de su provincia los Moscas á los términos de Simijaca, Saboyá y Vélez, y á los Nauras á la estrechez del país que média entre los dos rios de Carare y la Magdalena. Sus principales armas eran flechas envenenadas, á que da muchos materiales la tierra, abundante de culebras, yerbas ponzoñosas y escorpiones. Son más ardidosos que todos los demas indios del Reino en valerse de hoyos disimulados, trampas ocultas, puas envenenadas, fortificaciones y forma de acometer y retirarse; con que habiendo causado infinitos daños despues en las fronteras y con las entradas que hicieron algunos Capitanes, llegaron á poner su conquista en términos de imposible, si el descubrimiento las esmeraldas, de que trataremos despues, no hubiera facilitado la empresa á la obstinacion de la codicia española. Á esta provincia, pues, llegó el Capitan Luis Lanchero, como dijimos, á los últimos del año de treinta y nueve; pero con tan mal suceso por estar avisados los Muzos de los indios de Vélez, que lo salieron á recibir á la entrada del monte con las armas en las manos: y aunque peleó tan valerosamente que obligó á los indios á que se retirasen dejándole libre el paso de sus provincias, fué tan grande el brio y destreza con que lo acometieron, que le mataron de aquel encuentro seis españoles y le hirieron ocho.

No por esto desmayaron los Muzos en convocar nuevas tropas para su defensa, resueltos á morir ántes que sujetarse á los nuestros: ni á Lanchero le pareció convenia á reputacion desistir tan á los principios de la empresa, aunque reconocia ya por las primeras experiencias que aquella conquista necesitaba de más fuerzas que las suyas, aunque fuesen dobladas: y así, aliviada su gente y más prevenido de armas defensivas, penetró la tierra (que es de las más ásperas de todas las Indias, y tal que en ella solo sirven de embarazo los caballos), dejándole los Muzos con buen ardid de guerra entrar en el corazon de la provincia que sobre ser estéril tenia retiradas las vituallas: y cuando vieron el campo español tan falto de alimentos que necesitó de comerse los pocos caballos que llevaba y de susterse con raices de árboles y cachipaes ó pisbaes (de que ya hemos tratado y abunda aquella provincia), dieron tan repentinamente sobre Lanchero, que le mataron doce hombres y le hirieron otros; más fué tanto lo que aquel dia y los tres siguientes obró el Capitan y los suyos, para no ser de todo punto deshechos, que se retrajeron los indios como asombrados de que en tan pocos hombres se hallase tanto valor: siendo lo más cierto haber tenido de su parte socorro particular del Cielo, pues de otra suerte no fuera posible sostener el ímpetu de más de diez mil indios tan valerosos como podian serlo los más famosos del mundo.

Con estos malos sucesos determinó Lanchero, mal herido de un flechazo en los pechos, salirse de la provincia, dejando para otro tiempo la conquista: discurria, empero, que siguiendo la derrota por la misma parte que habia entrado, se exponia á que forzosamente lo rompiesen los indios en la retirada: y cuando sucediese dejársela libre, bastaria la penuria de víveres que padecia su gente para consumirla en tan peligrosos caminos. Por otra parte lo tenia confuso la falta de noticias de otro alguno que lo sacase de tanto abismo de riesgos, aunque segun las que le daban algunos prisioneros y el tanteo de la demarcación que hacia, se hallaba muy cerca de los Panches, nacion tan feroz y atrevida como, la de los Muzos, aunque ménos temida de Lanchero, por parecerlo que la cogia descuidada estos designios: y así, pensando más en su consideracion el riesgo notorio de penetrar otra vez la provincia de los Muzos, que el contingente de hallar oposicion en los Panches, resolvió vió aventurarse por su pais, y con el mayor recato que pudo, levantó su campo y guiólo aquella derecera, más no tan secretamente que avisados los Muzos por las espias que tenian á la mira, no siguiesen inquietándolo continuamente hasta que lo lanzaron de su provincia y entró en la de los Panches, que por no estar prevenidos le dieron lugar para que á largas jornadas, y dejándose muertos los más de los heridos, por falta de cura y actividad del veneno, saliese derrotado por los dos Valles de Chinga al de los Alcázares, y de allí á Santafé, donde lo dejaremos para proseguir con los sucesos militares de Galeano, y hasta que la guerra de Muzo de materia más sensible á la pluma.

Dejamos á Galeano victorioso del Saboyá y Thisquizoque, obligándolos segunda vez á que se retrajesen acobardadas sus tropas, porque á su despecho vieron sacar libre del hoyo al español que habia caído en él: por lo cual, no teniéndose por seguras en los más fuertes sitios que habia previsto la destreza del Saboyá para su retirada, y sin bastar su autoridad y la de Thisquizoque para detenerlas, dieron principio á desmandarse por diferentes partes, pareciéndoles que solo tendrian seguridad en la fuga los que no tuvieron dicha en el encuentro. Así lo aconseja el miedo cuando tiene voto en los acuerdos arcanos del corazon, y así lo ejecutaron los indios; pero no tan ciegamente que no eligiesen por sendas para huir las que se hallaban libres del daño prevenido para último arresto de su venganza : y para claridad de lo que escribo, es de advertir que estas naciones mataron muchas veces más españoles con la disposicion de una india vieja que con todas las armas que usaban; porque á ésta la enviaban prevenida de puas envenenadas y sutiles para ponerlas en los caminos y pasos forzosos por donde habian de pasar los españoles, y ella, bien instruida de su mala inclinacion, las sembraba tan fijas y ocultas, y con tal órden, que raras veces se reconocian, hasta que con la herida avisaban del peligro. De esta traza, pues, se habian valido en la ocasion que refiero, y así muchos de los infantes y perros se lastimaron, sin que se hallase remedio para escapar de una muerte rabiosa, sino fué en Diego Ortiz, que se cortó la parte herida y la cauterizó con fuego. La necesidad de acudir á este peligro les dió traza á los infantes para escapar de él, usando de antiparas estofadas de algodon por las plantas, cuando caminaban por lugares sospechosos, y era remedio tan á propósito, que si tal vez encontraban las puntas delicadas, se rompian en el colchado sin llegar á lastimar la carne: aunque sucedió que cierto soldado, natural de Portugal, llamado Antonio Pérez, estando bien confiado del reparo que le habia dado la piel gruesa de una danta contra el rigor de las puas, y no reparando que con el rocío del agua que habian recogido las yerbas, se lo habia ablandado el calzado que hizo de la piel, se lo atravesó una de aquellas puas envenenadas, y con haberle picado apénas en el pié, murió al dia séptimo, sin que le aprovechase remedio, con lástima de todos y bascas furiosas del paciente : tan fieros y nocivos oran los mixtos de aquella confeccion venenosa.

Apremiado Galeano más de este peligro que de las armas enemigas, desamparó aquellas poblaciones y pasó á la provincia de Chebere (una de las que permanecieron más obstinadas en la rebelion del Saboyá y sus coligados), á donde se detuvo con varios encuentros y batallas que, por ser todas de una calidad con las que tenemos escritas, sin detener la pluma bastará decir que fueron tan reñidas, que en una sola de ellas, entre otros muchos heridos, sacó atravesado un brazo con el golpe de mi dardo y lastimada la pierna de una pua Juan Fernández de Valenzuela, que en todas ocasiones se habia mostrado valeroso soldado y caudillo, en cuya desgracia lo imitó Francisco de Murcia, padre que fué de otro de su mismo nombre y apellido, que dejado el estado del siglo eligió el del sacerdocio; aunque estos dos por buena diligencia que se puso en curarlos, vivieron muchos años despues, suerte que no tuvieron Diego Martínez y Francisco Fernández de Ezija, excelentes soldados que murieron de las heridas, con otros cuatro compañeros cuyos nombres tiene sepultados el tiempo. Daño fué éste bien considerable, y no se tuvo por menor el de dos valientes lebreles y una yegua del Capitan Alonso de Poveda, que murieron tambien en la batalla, tocados de la yerba ponzoñosa que usaban los enemigos: de suerte que ya la guerra de Vélez era formidable, y si en los encuentros acaecian muertes de los españoles, no les eran tan penosas como la cruda hostilidad que padecian sin ver la cara al enemigo, pues en ella perecia lo mejor del ejército; mas no por su falta malogró algunas buenas ocasiones que tuvo de vengarse de los daños recibidos, aunque no fueron equivalentes en la calidad, excediendo tanto en la cantidad de los bárbaros muertos, y castigados con el rigor de cortar á unos las manos y las narices á otros.

Cansado Galeano de tan prolija guerra (pues ya lo que vamos relatando pertenece al año de cuarenta y uno) en que habia perdido gran parte de su gente, vacilaba en la resolucion que debia tomar para hacerse temer de aquellas provincias siempre más pertinaces en su rebeldia. Parecíale que sí retiraba su campo de la empresa, hasta reformarlo de gente y fuerzas consumidas en el trabajo de tantos dias, daba ocasion al enemigo para que estimando su potencia en más, mantuviese la conspiracion, confiado en el ejercicio que ya tenia en las armas, y en la flaqueza de los nuestros, obligados á manifestarla con su retirada. Á. esto inconveniente, siempre dañoso, se le oponia otro no ménos perjudicial sí quería evitarlo, pues determinándose á proseguir la guerra en tiempo que se hallaba tan menoscabado de infantería, y sin esperanza de alguna recluta en que pudiera consistir la mayor seguridad, porque los caballos servían de muy poco entre las asperezas de la tierra, se exponia á padecer alguna rota de que resultase la pérdida de Vélez y la reputacion de las armas españolas en que se fundaba la seguridad de todo el Reino. Puesto, pues, entre estos dos inconvenientes, se los representaba mayores el recelo de que los Muzos, de nacion belicosa y confinante con sus enemigos y la más interesada en los buenos sucesos que tuviesen, hacian liga con el Saboya y Thisquizoque, con protesta firme de no soltar las armas hasta lanzar de la tierra á los españoles, union de que podia esperar mucho daño y peores consecuencias; y fundábase en que habiendo entrado en aquella provincia por fines de este año de cuarenta el capita Luis Lanchero con órden de Hernan Pérez de Quesada, le habian obligado los Muzos con la resistencia y valor que mostraron á que saliese derrotado por tierras de los Panches atreviéndose á sustentar la guerra con cincuenta hombres que metió á la conquista de quienes habia perdido la mayor parte: y así, cuidadosos los Muzos de sus intereses y con fin oponerse á doscientos hombres que se prevenian contra ellos, era muy verosímil (y lo acreditó la experiencia por cierto) que hacian confederacion con el Saboyá y Thisquizoque, para dividir las fuerzas españolas y auxiliarse en cualquiera ocasion de aprieto que se viesen acometidos.

No se habian hallado ménos cuidadosas del suceso de Galeano las ciudades de Santafé y Tunja, conociendo que las guerras de las Indias no son ni fueron cuando á la entrada de los primeros españoles se rindieron los naturales más al espanto de los caballos que á armas; sino cuando desengañados de que no gran inmortales sino hombres sujeto á las pasiones comunes, tomaron las armas acreditándose guerreros en las rebeliones: y así, prevenido buen socorro de infantes y caballos, lo encaminaron á Vélez y de allí paso en demanda del campo español, llegando á tan buen tiempo á Chebere, que sacó á Galeano de las dudas en que se hallaba, con que animoso pasó á Turiungá, donde encontraron famosas ciudades abastecidas de cuanta vitualla bastó para proseguir la guerra. Estaban fortificados sus naturales con hoyos y puas, traza comun de que ya se valian aquellas naciones para detener la furia de los caballos, y para no ser cogidos sin prevencion tenian ocupados los pasos del pais con gente de guerra. Pero los españoles, escarmentados en los pasados lances marcharon con el recato necesario descubriendo los engaños provenidos; mas no tan favorablemente que no fuese con pérdida muy sensible, pues murieron heridos de las puas Baltasar Moratin y Pedro de Alvarado; y tanto fué más grave el daño cuanto se dilató la venganza, pues al tiempo que se comenzaba la guerra en Tunungá y al en que los dos campos se hallaban necesitados de romper en batalla, llegó al español un aviso de Vélez en que le daban cuenta de cómo subia al Reino gente de la costa, segun se colegia de la relacion de los indios, y que si fuese verdad (que no la dudaban) era cierto ir con ella nuevo Gobernador proveido por la Audiencia española, que en aquellos tiempos tenia bien dilatada jurisdicción. Con esta nueva le pareció á Galeano y demas Cabos suspender la guerra para mejor ocasion, como aquélla no lo fuera, pareciéndoles que los intereses asegurados que tenian en las tres ciudades se debian preferir á los contingentes: y así lo ejecutaron volviendo cada cual á la ciudad de donde era vecino, aunque por algun fin particular, y lo más cierto por verse con el nuevo Gobernador, se quedó en la de Vélez el Capitan Juan de Rivera, que ya era por fines del año de cuarenta á principios del siguiente, miéntras soberbio el Saboyá, con asaltos y correrías quietaba, auxiliado de los Muzos, las provincias pacíficas con muertes y robos de los indios Mozcas.

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