CAPITULO VI
GERÓNIMO LEBRON FORMA EJÉRCITO Y ARMADA; SALE DE SANTA MARTA PARA
EL REINO. --ALONSO MARTIN PELEA EN EL RIO CON LA ARMADA DE MOMPOX,
SAQUEA Á TAMALAMEQUE Y OCUPA UNA ISLA POR FUERZA DE ARMAS, DONDE
HALLA CANTIDAD DE ORO BAJO.
EL Gobernador Gerónimo Lebron, hallándose firme en su propósito
de subir al Nuevo Reino, como tenian resuelto antes de la partida
de Quesada á los Reinos de España, hacia todas las prevenciones
necesarias para la entrada: disponia armas, municiones y viveres
para los soldados: solicitaba gente de todas partes y labrava
bergantines para la Armada, que por el rio grande habia de convoyar
al ejército de tierra: y juntos ya trescientos soldados viejos,
cien caballos y tres bestias de carga, puso á punto siete bajeles
bien artillados, que siguieron el mismo rumbo que llevó la Armada
del Licenciado Gallegos: y porque sabia que la gente del Reino
carecia de vino y pan en tanto grado, que por falta de aquellos
géneros no se celebraba el Santo Sacrificio de la Misa, cargó los
bergantines de buena cantidad de vino y harina y ropa de Castilla:
y fué tan curioso, que dentro de los sacos de harina se previno de
trigo y otras semillas, que despues no extrañaron las tierras de
Santafé y Tunja. Y porque el camino de tierra que habia de seguir
el ejército estaba sujeto á invasiones, malos pasos y trabajos
incomportables para las mujeres, y el de los bergantines por agua
sería ménos molesto á su flaqueza, embarcó en ellos las primeras
españolas que pasaron de la costa al Nuevo Reino, de quienes hay
generosas descendencias y de cuyos nombres faltan noticias, aunque
ellas fueron Isabel Romero, casada con Franciso Lorenzo, y Maria
Romero su hija, que fué mujer de Lope de Rioja, y por haber muerto
Francisco Lorenzo, casó despues la Isabel Romero con el Capitan
Juan de Céspedes, de quien ya tenia por hijo á Antonio de Céspedes
y despues tuvo á Lope, que sucedió en el repartimiento de indios
del padre. Tambien subió entónces Catalina de Quintanilla, mujer
que fue de Francisco Gómez de Feria, á quien acompañó Leonor Gómez,
casada con Alfonso Díaz, encomendero que fué de la Serrezurela.
Dispuestas, pues, todas las cosas para la jornada, nombró
Gerónimo Lebron por su Teniente general á Hortun Velásquez de
Velasco, caballero ejercitado en las guerras de Italia y de
Alemania desde edad de quince años, donde se halló en la de Viena
contra el Turco, en la del rio Albis contra el Duque de Sajonia, y
en el infeliz saco de Roma ejecutado contra la voluntad del César
por la desobediencia del Ejército imperial y mala Estrella de
Borbon: éste fué vecino despues de la ciudad de Pamplona, y de él
descienden los Velásquez de Velasco que hay en ella, y los
Salazares, señores de Sáchica en la Villa de Leiva. Por Cabo de la
Armada, que constaba de siete bergantines y tres canoas de indios
amigos, que confinaban con Malambo, fué nomhrado el Capitan Alonso
Martin, uno de los caudillos más experimentados en las guerras de
Santa Marta, á quien obedecían cien arcabuceros y ballesteros que
iban embarcados, y dos Caciques que gobernaban las canoas, llamado
el uno de ellos Malabú, de donde tornaron la denominacion los
indios malabues; y el otro Melo, que, aficionado al Portugues
Gerónimo de Melo, que habia entrado por aquel rio, se puso su
apellido por nombre. Maece de Campo fué Gerónimo de Aguayo, que
habia vuelto á la costa, y el primero que sembró trigo en el Nuevo
Reino, y de la cosecha repartió entre los vecinos, de que ha
resultado la abundancia que se experímenta: y el primero que
fabricó molino fué el tesorero Pedro Briceño, Capitan antiguo y
señalado, de que se siguió sor Elvira Gutiérrez mujer del Capitan
Juan de Montalvo, la primera mujer que amasó pan. Por Capitanes del
ejército fueron elegidos Latís de Manjarrés, de cuyas hazañas
diremos algo, y cuya ilustre descendencia se conserva en la
Gobernacion de Santa Marta; Gregorio Suárez de Deza, natural de
Galicia y señor de la Villa de Tebra, padre que fué del Capitan
Alvaro Suárez, doña Isabel, doña Catalina y doña Leonor, que casó
con Juan de Novoa Sotelo; Juan Ruiz de Orjuela, de quien hemos
tratado, y casó despues en Santafé con Catalina López, y tuvo en
ella siete hijos varones, Estévan el mayor, Juan, Pedro y Andres
seculares, y los tres restantes Sacerdotes, y de tan gallarda y
robusta disposicion como el padre todos siete. Capitan de
macheteros fué Pedro Millan, de los antiguos conquistadores de
Santa Marta, y por Cabo de escuadra de Guzmanes otro conquistador
antiguo, que lo fue Diego Parédes Calvo, y vivió tantos años, que
consumida la naturaleza del curso del mucho tiempo, murió sin otro
accidente, que son los Oficiales de quienes he podido adquirir
noticias.
Y por seguir el estilo de hacer lista de las personas que en las
primeras jornadas entraron al Nuevo Reino, diré las que ocurren a
la memoria, y siguieron á Gerónimo Lebron: don Pedro García
Matamoros, Maestre Escuela de Santa Marta y primer Provisor de
Santafé; Diego García Matamoros, su hermano ó primo o hermano;
Francisco Melgarejo, despues casado con doña Isabel á Leguízamo;
Hernando de Santa Ana y Antonio de Santa Ana, Encomendero de
Chiquinquirá y marido de Catalina García de Irlos; Juan Barrero de
Cárdenas; Diego Rincon con, hombre de meritos y experiencia por
haber acompañado al General Quesada sirviéndole de guia hasta el
pueblo de la Tora, de donde volvió a la costa y repitió la entrada
en esta compañía, fué señor de Busbarazá y marido de doña Luisa de
Pórras; Pedro García Ruiz, vecino que fué de la ciudad de Tunja, de
quien hicimos memoria en la fundacion de esta ciudad; Diego García
Pacheco, de los primeros conquistadores de Santa Marta, que casó
con doña Francisca de Carvajal, y tuvo por hijós á Pedro Pacheco y
Alonso de Carvajal, que nos darán materia sensible á la historia;
Juan de Angulo, vecino que fué de Vélez y marido de Isabel Juan de
Royo, donde dejó noble descendencia; Juan Martínez de Angulo y
Campo, natural de las montañas de Búrgos, que casó así mismo en la
ciudad de Vélez con María Cadera, con sucesion ilustre; Pedro Niño,
que de primer matrimonio fué casado con doña Ana de Velasco, y
despues con doña Elvira Zambrana, hija del Capitan Bartolomé
Camacho, en quien tuvo por hijos al Capitan Pedro Niño, que le
sucedió en los pueblos de Morcote y Boabita, y á doña Elvira, mujer
que fué del Capitan D. Gerónimo Donato de Rójas, señor de
Firabitoba y originario de Antequera, donde tenia mayorazgo.
Demas de los referidos, iban con Gerónimo Lebron, Lorenzo
Martin, aquel Capitan y famoso poeta, que despues por fines del año
de cuarenta y cuatro ó por el de cuarentas y cinco, dió principio
al primer asiento de la ciudad de Tamalameque; el Capítan Monín,
que desde el Reino pasó á Chile, donde con elegante estilo lo
celebra D. Alonso de Ersíla en su Araucana; Anton Pérez de Lara y
otro Anton Pérez, portugues de nacion; Pedro Téllez; Juan de
Moscoso; Juan de Vivas; Francisco Muñoz; Alonso Pérez; Pedro
Carrasco; Sancho Vizcaíno; Pedro Machetero; Gonzalo de Oyon,
hermano del tirano Alvaro de Oyon, que se rebelé en la gobernacion
de Popayan; Gonzalo de Leon, natural de Badajoz, Encomendero que
fué de Simijaca y marido de doña Luisa Venero viuda de Francisco
Gutiérrez de Murcia, progenitores de muy nobles familias; Hurtado;
San Millan; Peñaranda; Alonso Vicente; Cristóbal Roldan, natural de
Utrera: Juan de Tolosa, que se avecindó en Vélez; Juan Vicente en
la misma ciudad; otro Alonso Martin, criado en Santa Marta, que
servia de intérprete paras los indios y españoles; Diego Hermoso;
Andres de Valenzuela; Pedro Estéves, vecino que fué de Vélez;
Palomares; Pedro Mateos y Pedro de Miranda en Vélez; Andres Martin,
que se avecindó en Santafé; Ambrosio del Campo y Antonio Portillo
en Tocaima; Hernando de Mora en la misma ciudad; Gaspar Delgadillo;
Juan de Gamboa, que se avecindó en Vélez; Diego de Partearroyo y
Francisco Alvarez de Acevedo y Francisco Hernández Hermoso en
Tunja; Francisco Lorenzo en Santafé; Francisco de Chinchilla en
Tunja; Juan Alonso en Santafé; Lázaro López de Salazar, Encomendero
que fué Motavita; Gaspar Rodríguez que habiendo servido cuatro años
en el puerto de Nombre de Dios, volvió á Castillas y á la isla de
Tenerife, de donde pasó á Santa Marta con el Adelantado don Pedro
Fernández de Lugo, y de allí en esta ocasion á Vélez, donde casó
con Isabel Galeano; Miguel de Oviedo, vecino que fué de Ibagué;
Pedro de Ardila y Lorenzo Martin de Benavídes en Vélez con
otros.
Uno de los soldados del ejército de tierra era Pedro Blasco
Martin Labrador, bastó en el lenguaje pero valeroso en sus hechos,
natural de Cabeza del Buey en el Maestrazgo de Santiago, de quien
de larga noticia Castellanos, y refiere que en mediano de cuerpo,
airoso á de buen rostro y bien amasado de proporciones: fué
caudillo, diestro y excelente, y de los de Santa Marta uno de los
más antiguos y tal, que pocos ó ninguno se le adelantó en las
disposiciones de la guerra, y en penetrar los engaños que se color
de paz usaban los indios.
Era hombre singular en tantear y demarcar los sitios, y en
elegir sendas que lo condujesen á ellos, ya fuese por tierra llana,
ya por montañas ásperas en tal grado, que no discrepaba un solo
paso en el rumbo que seguia en la demarcacion que habia hecho y de
los caminos que otra vez babia visto, aunque hubiese intervenido
mucha distancia de tiempos. Acontontecióle acerca de esto, que
caminando un dia por los confines de Tamalameque, que son de
tierras abarsaladas, dijo: Diez años, antes más que ménos, ha que
corriendo por esta derecera tras un venado, porque los hay buenos,
se me quebró la accion de una estribera entre estas matas, y se me
cayó entre ellas. Y caminando algunos pasos más adelante,
prosiguió: Y veisla aquí, qué buen termeño tengo; que en la voz de
que usaba para decir tino. Alzóla del suelo, y estaba de suerte con
el tiempo que no fué de provecho; pero si de admiracion para los
circunstantes.
Era tan diestro, mañoso y valiente con la espada y con la lanza,
que ni los jinetes ni los infantes le excedian. Sus hechos
admirables en las guerras, si cayeran en persona de más autoridad,
fueran dignos de referirlas mejor pluma que la mía: y si me detengo
en ello más de lo que acostumbro, es porque no me acuse la razon de
que me pago más de la nobleza heredada que de la virtud adquirida,
aunque juzgo que ninguna le faltó á este caudillo: porque si bastó
ser de los godos que conquistaron á España para ser nobles ellos y
sus descendientes, por qué no bastará para ilustrarse ser de los
primeros conquistadores de Indias, siendo éstos del mismo ó mejor
origen que los godos? Fue, demas le lo referido, Blasco Martin
hombre tan dichoso en batallas y encuentros, que habiendo sido
muchísimos en los que se halló, jamas salió herido y siempre
victorioso, como se refiere del Coronel Mondragon en la historia de
Flándes; y señalóse en el que tuvieron mucho despues los españoles
con los Guanaos, nacion noble y belicosa. Era virtuoso, y de tan
sana intencion y humilde, que sufría sin airarse los menosprecios
que de su persona hacian algunos soldados imprudentes que
pretendian excederle por el explendor de la sangre, cuando no le
igualaban en la fortaleza del ánimo: esta es la condicion de los
que quieren apropiar a sus vicios la veneracion y nobleza que se
debió á la virtud de sus antepasados.
Así procedia Blasco Martin, bien quisto con los que no envidian
nada; y en una jornada despues de ésta, que el Capítan Melgarejo
iba convoyando unas vacas al Nuevo Reino, donde servia de guias el
Blasco Martin, sucedió que estando en su rancho quieto y ocupado en
hacer tinos alpargates (calzado de que usan los más poderosos en
los descubrimientos), se llegó á él colérico Anton García, mancebo
soberbio y acreditado con todos de valiente, y sobre algunos
chismes en que Blasco Martín no te la culpa, lo trató mal, de
palabra, sin respeto á sus canas, que eran muchas; pero él,
cuerdamente, le dijo por dos ó tres veces lo dejase y se fuese con
Dios: razones que en vez de mitigarlo encendieron más su contrario,
pues no contento de las injurias dichas, puso mano á la espada para
maltratarlo de obra, á que no pudo resistir ya la ira de Blasco
Martin; y así, dando un salto afuera, con la ligereza que tuvo en
sus primeros años, sacó un puñal, que siempre traia en la cinta, y
tan buena maña se supo dar con él, que á pocos lances del combate
mató á Anton Garcia. Quisiérale prender el Cabo, mas él, ganando la
montaña, se engolfo en ella, y sin más socorro que el del Cielo y
su industria caminó más de cien leguas hasta llegar al Nuevo Reino:
cosa que parece imposible, considerados los peligros de malos
pasos, indios de guerra; hombres y animales feroces, que son tales,
que no hay memoria capaz de referirlos. Pero al fin escapó de
todos, y habiéndose presentado y seguido pleito en tela de juicio
salió libre de la culpa del homicidio que le imputaban, y vuelto al
Valle de Upar, donde por los servicios le habian dado un mediano
repartimiento de indios, vivió muchos años, y cargado de méritos
dignos de mejor fortuna, murió como bueno y católico cristiano.
Dispuesto, pues, el ejército en la forma que se ha dicho,
salieron de Santa Marta, en demanda del Nuevo Reino, Gerónimo
Lebron por tierra, siguiendo los pasos del General Quesada, y
Alonso Martin guiando su armada á la boca del rio grande de la
Magdalena, Pero fueron tan recios los olajes del rio que hace al
romper has aguas del Océano, que necesitaron á los bergantines á
que se alijasen de muchas cosas para escapar del riesgo, y se
hallaron forzados á no poder todos seguir una mismas derrotas, pues
divididos con el temporal subieron los unos por el rio y los otros
volvieron á la ciénaga para entrar por ella y la boca de Pestague
al rio grande, por ser aquélla la parte por donde le comunica sus
aguas y cae en frente de las barrancas de Malambo; mas de tanta
estrechez y malos pasos respecto de haberse de hacer por la
angostura que forman los muchos manglares que hay, y el riesgo que
causan las raíces y maderos que se ocultan en la canal ó caño, que
á cada paso encallaban los bergantines, y se perdieran sin duda, si
de esta dificultad y otras no los sacaras la buena maña de cierto
vizcaíno llamado Sancho, tan diestro y atrevido buzo, que sin temor
de los caimanes, que eran muchos, se entraba debajo del agua,
cortaba y apartabas los tropiezos, hasta que libres los bajeles
salieron á la madre del rio.
Allí hallaron el resto de la armada que los esperaba, y juntos
dieron principio á su navegacion, ayudados de velas y remos, y en
las partes ménos fondables de palancas, que viene á ser el
instrumento de más provecho y ménos trabajo, hasta que dieron vista
al asiento alto y bien conocido, donde pocos dias despues el
Licenciado Santa Cruz (pensando que por aquella banda de Cartagena
podria encontrar Reinos iguales á los que hallé Quesada) dispuso la
fundacion de la villa de Mompox. Llegados á este sitio, recibieron
la armada con buen semblante tres Caciques principales de la
tierra, que noticiosos ya de su navegacion tenian prevenidos á sus
vasallos para que se color de una firme paz acometiesen á los
españoles, cuando más divertidos se hallasen, como lo habían hecho
los señores de la otra banda con la armada del Licenciado Juan
Gallegos. Acompañaban á los tres Caciques en el recibimiento que
hicieron á Alonso Martin, cien Gandules escogidos y armados de
flechas y macanas, con orden de que al tiempo que la demas gente
suya bajase por el rio en su armada de canoas, paras acometer á los
bergantines y á los españoles, acudiesen á defenderlos, ellos les
acometiesen por las espaldas para facilitar de todo punto la
victoria. Ejecutarse el ardid de los bárbaros con mal suceso de los
nuestros, si los rostros de los Caciques, fieles intérpretes del
corazon, no descubrieran la malicia intencion por las señales
externas: ademas que la guias que llevaban los españoles coligió la
maldad premeditada por algunas palabras inadvertidas que oyó á los
indios, y apartando muy en secreto á Alonso Martin, le dijo:
Capitan, cuida de tí y advierte que estos Caciques tienen
diferente intencion de la que piensas, y sin duda se valen de tener
su gente emboscada para ejecutar alguna traicion: yo no la he
visto, mas causame recelo el ver que indios que se muestran de paz,
parezcan armados y con tal deshogo hablen, como si no estuvieran en
tu presencia: experimentado eres en estos lances considera, pues,
lo que debes hacer, que yo con haberte declarado mis sospechas he
cumplido. El Capitan, que de suyo era sagaz con recato, y no tenia
menos recelos que el intérprete, disimuladamente fué advirtiendo á
cada uno de los suyos lo mal que le parecian aquellas señales y
cuánto importaan estar prevenidos, para que si viesen bajar muchas
canoas por el no, pusiesen todo cuidado en aprisionar aquellos
Caciques y mutar los Gandules de su guarda, que seria el principio
de la victoria que despues esperaba conseguir en el rio.
Apénas habia hecho esta prevencion cautelosa, cuando las
centinelas vieron salir montando una punta del rio tan gran
muchedumbre de canoas, que le ocupaban toda la travesia,
extendiéndose de suerte que aun no se divisaban las aguas en buena
distancia, y en ellas multitud de indios pintados y coronados de
plumas, como acostumbran en la guerra que entonces pretendian hacer
con arcos y flechas venenosas, que son las armas más temidas de
aquellas riberas, y daban bien á entender la pretension de su
armada con el estruendo de Voces y cornetas de que tao valian para
presentar la batalla á los españoles : más éstos, ordenándose con
buena diligencia y no olvidados del órden que tenian de su Capitan,
acometieron aceleradamente á los de tierra, y Alonso Martin, Diego
Rincon, Pedro Niño, Moscoso y Pedro Téllez echaron mano á los
Caciques, miéntras los demas con buen denuedo y en poco tiempo no
dejaron Gandul que no pasasen por los filos de las espadas: y con
la misma presteza se entraron en los bergantines con los tres
Caciques prisioneros á esperar puestos en armas el bárbaro
encuentro de aquella numerosa multitud de bajeles. Serian las once
del dia cuando acercándose la primera escuadra de canoas á los
bergantines, y viéndola á buena distancia los españoles, dieron
fuego á ciertos pedreros que llevaban, y tal carga de arcabuces
que, destrozados en poco tiempo los pequeños bajeles y muertos los
más valerosos indios que se adelantaron al riesgo, tiñeron las
aguas de sangre y coronaron las espumas de penacho divididos de los
cuerpos muertos, que nadaban para pasto de los caimanes y horror a
compañeros. Repitióse la carga en las segundas escuadras con igual
destrozo y grande admiracion de las restantes, que viendo
espectáculo tan horroroso como el que representaba á los ojos en el
teatro de las aguas, y que los tiros no cesaban para su daño, ni
los tres Caciques desde tierra acudian a al socorro, sospechosos de
mayor mal, volvieron las proas rio arriba confusos y turbados, y
convertida la gala en luto y la grita en llanto, despacharon la
tarde cinco indios ancianos que desarmados parecieron en presencias
de Alonso Martin, y le ofrecieron paces y sencilla amistad en lo
futuro.
No era éste el principal intento de los bárbaros, sino saber qué
se hallan hecho los, tres Señores y la demas gente que habia
quedado en su guarda; aunque sin preguntarlo consiguieron la
pretension, viendo con los ojos el destrozo de los más valientes de
los suyós y á sus tres Caciques en el misero estado de una prision
rigurosa, con quienes hablaron y, supieron de ellos ser voluntad
suya que dejasen las armas y por ningun modo movieseis guerra á los
peregrinos, pues de su quietud pendia la seguridad de sus vidas, y
de lo contrario temían anticipada la muerte. Con este órden
volvieron los ancianos á darlo á sus pueblos, y los españoles de
allí á tres dias salieron de Mompox en prosecucion de su viaje, que
lo llevaron próspero á causa de que continuamente salían al camino
con vituallas de maíz, aves y frutas los vasallos de aquellos tres
señores; de los cuales él uno, con deseo de seguir libertad y
acreditarse con Alonso Martin, de quien pensaba que su viaje era
con de castigar la maldad ejecutada con la gente del General
Gallegos, le dijo estas palabras: Capitan, no pienses que en la
traicion cometida el año pasado tuvimos parte ni concurrimos los
habitadores de esta banda del rio, sino aquellos de la otra Costa
que viven sujetos á Alonso Jeque, autor único de las cautelas y
daños que debajo de amistad y halagos fingidos cometió su alevosía;
y sí acaso la pretencion que llevas es de castigar sus delitos, yo
me ofrezco á servirte de guía por esta misma derrota que sigues,
hasta ponerte en Tamalameque, que es la poblacion en que habita,
donde no solo pagarán su culpa los agresores y reconocerás no
haberlo sido nosotros, pero cobrarás todos los bienes y armas que
robaron al tiempo que mataron á parientes y amigos. Gustoso Alonso
Martin de lance tan deseado como el que se le iba á las manos, y
satisfecho de las razones del bárbaro, le respondió: Que si cumplía
lo que lo aseguraba, no solamente olvidaría el delito de haberle
querido matar, pero le seria tan fiel amigo como veria por los
efectos, dándole libertad cuando conviniese.
Asentado este trato, guió el Cacique los bergantines con tanto
acierto, que dieron en el pueblo de Tamalameque cuando más
descuidados estaban sus moradores de asalto tan repentino:
prendieron muchos hombres y mujeres, y aunque el principal deseo
era de haber á las manos la persona de Alonso Jeque, él supo darse
tan buena maña entre la confusion de las armas, que con los más
principales de su gente se les escapó por las corrientes del rio en
algunos barcos que tenia surtos á las orillas: y aunque es muy
verosímil que se llevasen las preseas de más sustancias, con todo
esto no faltó pillaje de consideracion y de gusto, porque hallaron
cantidad de ropa y armas perdidas por los españoles en aquella
infeliz batalla tuvieron el año antecedente á la vuelta del General
Gallegos, en que peleando esforzadamente (aunque enfermos y
acometidos á traicion por Alonso Jeque), coronaron gloriosamente
sus hazañas con las muerte de más de treinta de los nuestros:
desdicha por donde hubieran pasado los restantes á no ser tan bien
socorridos de su General, que perdió un ojo del tiro de una flecha,
cuyas espadas y arcabuces recobraron ahora los nuestros con gran
cantidad de herramientas á propósito para la empresa que
seguian.
De allí salieron con buen tiempo, y á pocos dias de navegacion
dieron en una isla poblada de inumerable copia de indios que, en su
defensa, se mostraron constantes por más de una hora, en que la
resistencia bárbara resultó en daño de Juan Vivas, soldado brioso,
á quien su osadía en el combate entregó en manos de la muerte: de
que sentidos los españoles se convocaron de suerte á la venganza,
que rompieron las tropas de indios que guerreaban unidas,
degollando los más atrevidos, hasta que dejaron las casas al
arbitrio de los nuestros, y temerosos tomaron por resguardo las
aguas del rio por escapar de los vencedores, que no cuidando de
seguirlos más, se ocuparon en el saco, que no fué de tan corta
cantidad, que no importase diez cargas de joyas y argollones de oro
bajo de quince é diez y seis quilates, procedido de los comercios y
rescates que hacian por los rios de Naro y la Simitarra, de que
ninguno de los soldados hizo caso, pareciéndoles con la poca
experiencia que tenian de este metal, ser cobre puro; y así,
contentos con otras preseas, lo dejaron en la isla con menosprecio,
que no hubieran hecho en estos tiempos en que su valor es tan
conocido, que la carga de más peso se hace lijera.