CAPITULO V
EL GENERAL QUESADA BAJA Á CARTAGENA CON BENALCÁZAR Y FEDREMAN,
DEJANDO POR TENIENTE GENERAL DEL REINO Á HERNÁN PÉREZ, SU
HERMANO. -EMBÁRCANSE PARA CASTILLA LOS TRES GENERALES, Y LOS
CAPITANES MARTIN GALEANO Y GONZALO SUÁREZ FUNDAN LAS CIUDADES DE
VÉLEZ Y TUNJA.
FUNDADA la villa de Santafé, como dijimos, y puestas ya en órden
todas las cosas que miraban á su conservacion en cuanto á repartir
solares tierras y encomiendas seguir la calidad y servicios de los
vecinos, en que entraron los Capitanes y soldados de Fedreman y
Banalcázar, que eligieron quedarse á lograr méritos de
conquistadores de aquel Reino; determinaron que para premiar á los
que no alcanzaron repartimiento en la jurisdiccion de Santafé se
fundasen otras dos ciudades, una de ellas á la falda del monte por
donde entró Quesada en el Reino, de quien eran confinantes las
naciones y provincias de Chipatá, Sorocotá, Ubazá, Saboyá, Guanes y
Muzos, a quien llamasen Vélez, para que por aquella parte,
rompiendo la montaña de Opon por diferente derrota, se procurase
abrir camino al rio grande de la Magdalena, porque para el trato y
comercio de la costa parecia aquel rumbo el de menores
inconvenientes, como lo es si se pusiera en práctica con el celo de
atender al mayor alivio de los indios en, la navegacion. La otra
ciudad en la jurisdiccion y tierras de Quiminzaque, por ser aquel
Príncipe muy poderoso y convenir el tener á raya sus gentes, y que
esta ciudad se llamase Tunja, en memoria de Huzahúa, que dió nombre
á la provincia, para cuyo fin fueron elegidos por Cabos dos
caballeros cuerdos y sagaces, que el unó fue el Alférez Martin
Galeano, en quien el General Quesada deseaba hacer mucho por lo que
estimaba el valor singular con que se habia empleado en servicio
del Emperador, militando debajo de la mano del señor Antonio de
leiva, y el otro el Capitan Gonzalo Suárez Rondon, que fué soldado
del Capitan D. Luis de Avila en la toma de Pavía y sitio de
Florencia, y uno de los españoles que entónces vencieron en batalla
á los italianos que pretendian destruirlos, de donde vueltos los
dos á Castilla, y graduado el uno de Capitan y el otro de Alférez,
pasaron á Santa Marta y de allí al Reino, donde se señalaron tanto
en su conquista.
Dispuestas así las fundaciones de Vélez y Tunja, y despachados
por Quesada los títulos como Teniente General que se nombra en
ellos del Adelantado don Pedro Fernández de Lugo (por donde se
desvanece el falso rumor que ha corrido de que en la entrada del
Reino dispuso cautelosamente que lo eligiesen por General por
aclamacion del campo, sin dependencia del Adelantado, como dijimos
en el capítulo tercero del cuarto libro) trataron luego Fedreman y
Benalcázar de vender sus armas y caballos, como lo hicieron de que
cada uno hizo hasta treinta mil castellanos, por haberse pagado
cada caballo á dos mil y algunos á tres, y á este respecto los
demas generos que llevaron: y luego apretó Quesada en ejecutar su
viaje á Castilla, que habia dilatado era tanto que en el rio de la
Magdalena se labraban dos bergantines para bajar á la costa y
disponer embarcacion por el mar del Norte; y así dispuestas todas
las prevenciones para su partida, y deseoso de que las nuevas
tierras y señoríos quedasen con la forma de un buen gobierno
aseguradas, llamó los Capitanes, caballeros y soldados que con él
habian entrado, y les dió cuenta de ella, asegurándoles que su
primer motivo era representarle á su Majestad los señalados
servicios que á su Real Corona habian hecho, con especial relacion
de cada uno, para que en atencion de ella premiase sus méritos,
como de su liberal mano debian esperar, disponiendo las cosas de
aquel Reino de suerte que los que en él quedasen tuviesen logro de
sus trabajos. Dilatóse encargandoles la conformidad que debian
tener con los soldados del Perú y Venezuela para estar seguros; y
apartándose con los Alcaldes y Regidores empezó á discurrir sobre
la elección de persona que como Teniente suyo le sostituyese en
ausencia, miéntras el Rey disponia lo más conveniente.
Ventilada la propuesta por la junta, y reparando era que eran
muchos los Capitanes y caballeros que se hallaban dignos del
puesto, y que de hacer eleccion de alguno en quien no concurriese
calidad singular que lo diferenciase de todos, se daria ocasion á
disgustos y enemistades; ó porque es muy fácil de penetrar la
inclinacion del superior que propone, acordaron que nombrase al
Capitan Hernan Pérez de Quesada, su Alguacil mayor, pues ademas de
tener partes para el oficio, se reconciliaba el respeto de todos
por hermano suyo, en cuya persona, representada la de su General,
hallarian sobradas calidades para obedecerlo gustosos. Asentado
esto, y como ya supiese Quesada la muerte del Adelantado Lugo,
aunque no constaba, pidió que le entregasen á él las partes que en
las distribuciones le habian aplicado, diciendo que si era difunto,
podia libremente el ejército, en quien recaia el derecho á ellas,
darlas á quien fuese su voluntad: y así conformes todos renunciaron
en él cualquiera que á ellas podian tener, que no poco embarazo y
disgustos le ocasionó en la corte. Conseguida aquella pretension,
que fué de mucho interes para sus intentos, se fué un dia á caza
por disimular que nacia de él la accion que dejaba comunicada á su
hermano y á otros amigos suyos, de que propusiesen y rogasen á los
Capitanes y demas gente, que pues les era notoria la poca codicia
con que habia gobernado, y el aprieto del viaje á Castilla, le
ayudasen con algo de lo que cada cual tenia adquirido, que fué el
último medio de que se valio para sus conveniencias y fué tal el
agrado que tenia ganado con su gente, que consiguio una buena ayuda
de costa, aunque no todos cumplieron la ofertas que hicieron al
ruego y porque los Capitanes Juan de San Martin y Antonio de
Lebrija, que eran Oficiales de Real hacienda, iban con Quesada á
Castilla, habiendo nombrado otros en su lugar y recibí fianzas, les
entregó la caja, sacando primero de ella once mil castellanos de
oro y quinientos y setenta y dos esmeraldas, algunas grandes y de
mucho valor, de lo perteneciente a los quintos Reales, para que el
Emperador viese la muestra de la riqueza de aquel Reino.
No restándoles otra diligencia, partieron de la ciudad de
Santafe á doce de Mayo este año de treinta y nueve los tres
Generales Quesada, Benalcázar y Fedreman, conformes en pedir á su
Majestad la última resolucion en sus diferencias y pretension al
gobierno de Nuevo Reino, y con ellos otros Oficiales y soldados
hasta el número de treinta , y entre ellos Pedro de Puelles, Pedro
de Limpias, Gerónimo de Aguayo y Pedro Blasco, y siguiendo su viaje
por el monte de Tena y tierras de Anapoima y Tocaima, se fueron á
embarcar á Guataquí, pueblo de Panches, que yace á orillas de
aquella banda del rio donde estaban punto los dos bergantines, el
uno para Quesada y Fédreman, y el otro para Benalcázar, y navegando
hasta treinta leguas los hizo reparar el ruido de un raudal furioso
(que al presente llaman el salto de Honda) y lo hace el rio
acanalado por la angostura que le deja libre unas peñas. Pero
arribando antes á tierra, y sacando la carga que condujeron por
orilla hasta pasar el salto, fiaron los bergantines á las aguas y
algunos buenos nadadores que los guiasen por el raudal: diligencia
la que se logró con mucho trabajo y peligro, aunque ya la
experiencia de tan mal paso ha obligado á tener el puerto más abajo
del salto, en frente de la villa que al presente hay fundada de S.
Baitolomé de Honda, con más de trescientos vecinos, donde se hace
el comercio y con que se excusa este riesgo á los que navegan.
Libres ya los bergantines y vueltas á su embarcacion la gente,
fueron prosiguiendo su navegacion siempre con las armas en las
manos, á causa de que los indios de aquellas a cesaban de
perseguir los bajeles con sus canoas, obligando á cada paso á los
españoles á ponerse en defensa para que no abordasen á los bajeles:
si bien los bárbaros, atemorizados de las ballestas, se acercaban
poco, remitiendo toda su hostilidad á una grita confusa, y al poco
efecto que cansaba la flechería en los bergantines. Este trabajo
les duró doce dias que gastaron en llegar á la boca del vio que
desagua en el mar del Norte; y queriendo ir á Santa Marta
(pretension que les estuviera mal haberla logrado), corrieron tan
fuerte las brisas, que los llevaron á Cartagena, donde fueron bien
recibidos del Licenciado Santa Cruz, que allí era Juez de
residencia contra el Adelantado don Pedro de Heredia, y contra el
Licenciado Juan de Badillo, primer Juez, que lo suspendió del
gobierno y lo remitió preso á estos Reinos.
En Cartagena marcaron todo el oro que llevaban, y se detuvieron
esperando ocasion de embarcarse en una nao que salió para Castillas
á los ocho de Julio. Por este tiempo y desde el año antecedente
gobernaba en Santa Marta Gerónimo Lebron de Quiñónes, á quien la
Audiencia de Santo Domingo proveyó por muerte del Adelantado D.
Pedro Fernandp de Lugo, que habia dejado por su Lugarteniente á
Juan Ruiz de Orjuela, su Maese de Campo, y no tuvo dicha de ver
logrados sus gastos con el descubrimiento del Nuevo Reino antes
persuadido él y todos los de la Costa á que habia perecido Quesada
y su ejército en la trabajosa jornada que emprendieron, pues en tan
dilatado espacio de tiempo no se habia tenido noticia de ellos, y
las que dió el Licenciado Gallegos persuadian más á esta sospecha
combatido de penas, pobreza y melancolia, acabó sus dias muriendo
como buen cristiano por el mes de Agosto del año de treinta y seis,
con la opinion de haber gobernado con singular crédito. Fué
caballero digno de eternas memoria, y á quien debe el Nuevo Reino e
Granada toda la grandeza que goza, no debiéndole él más que siete
piés de tierras en la ciudad de Santa Marta, y esos tan ocultos á
la noticia, que hasta hoy se ignora el sitio en que lo enterraron
era Gerónimo Lebron hombre capaz de tratar negocios de más peso, y
gobernaba sin buscar ocasión de alterar el curso ordinario con que
corrian las conquistas de Santa Marta, teniendo siempre á raya la
audacia de los Tayronas y Bondas, sin pasar á más que á haber
dispuesto corriese la tierra hasta el Cabo de la Vela el Capitan
Alonso Martin, y que despues el Capitan Luis de Manjarrés, con
Anton Pérez de Lara, Juan de Angulo, hernando de Santa Ana, Melchor
de Loranca y otros, hasta cuarenta, fuese á descubrir, como lo
hizo, los valles de Pestegun y Guicagare y lo que fué más, á que
abriese camino por tierra desde Santa Marta á Cartagena,
siguiéndolo por la Costa del mar hasta la Ciénaga, atravesando su
boca, y de allí por la isla del Caiman hasta esguazar la otra boca,
que llaman de Salamanca, desde desde donde por otra isla mayor que
hacen el mar y el vio grande, venciendo tantas malezas y
atolladeros como encuentros tuvo con los indios isleños, consiguió
hallar camino hasta las barrancas del rio grande, que hacen frente
al pueblo de Malambo de la provincia de Cartagena, aunque poco
despues se dejó de todo punto, por haber faclitado más el mismo
Capitan Manjarrés el que hoy se hace por la Ciénagas en
embarcaciones.
Habiendo llegado, empero, á Cartagena los tres Generales
cargados de oro y esmeraldas, y vestidos de aquellas telas de
algodon extrañas á las naciones de la Costa, y empezádose á
divulgar la fama de su riqueza con voces, que adelantaba la
ponderacion á la verdad, que decian los tres Generales, y siendo
Gerónimo Lebron de los primeros que tuvieron la noticia, y sabiendo
que el Nuevo Reino se habia descubierto por el Gobernador de Santa
Marta á quien habia sucedido (sin discurrir que fué merced
particular separada del Gobierno, en virtud de capitulaciones),
determino subir á él personalmente como tal Gobernador, á quien
pertenecia regirlo. Tanta era la ambicion, y tal es la ceguedad con
que algunos Ministros han procedido en las Indias. Sabidos por
Quesada los intentos de Gerónimo Lebron, que mal pudieron
ocultársele donde no faltan hombres inclinados á cumplir con ambas
partes, por más contrarias que sean, hizo luego las protestas y
requerimientos que le parecieron convenir, disponiendo con los
parciales que tenia en Santa Marta, que se los notificasen ó
hiciesen saber con cualquier arte al Gobernador, para que no
intentase subir al Reino ni se metiese á ejecucion tan peligrosa
con los fundamentos flacos que podia alegar para disculpa de su
desacierto; y porque en el Nuevo Reino no habian de recibirle ni
obedecerle, por ser aquellas provincias distintas y separadas de la
gobernacion de Santa Marta, como parecia de los despachos que el
mismo Lebron tenia, en los cuales le nombraban Gobernador,
restringiendole el título á sola la jurisdiccion de Santa Marta,
sin hacer veladora de las provincias y Reinos que desde allí, como
escala de la tierra firme, se conquistasen; mas no haciendo caso de
sus protesta Gerónimo Lebron, dispuso con más veras su jornada al
Nuevo Reino, y apremiado del tiempo Quesada con testimonios de la
contradiccion y otras diligencias hechas, partió para Castilla.
Baste esto por ahora, miéntras vólvemos á referir lo que pasaba en
Vélez y Tunja.
Con el órden que tenia el Capitan Martin Galeano del General
Quesada, salió de ciudad de Santafé luego inmediatamente, y
encaminado al Septentrion, dentro de seis dias dió vista á la gran
poblacion de Tinjacá, fundada á las orillas de la laguna de
Siguasinza, que vulgarmente llaman de Fúquene, de que hicimos
memoria en el primer libro: y porque en todas las villas y lugares
del contorno de Tinjacá habia primorosos artífices de vasos y
figuras de barro, fueron llamados de los españoles los pueblos de
los Olleros. De allí, tomado algun refresco, atravesaron por las
pedregosas jurisdicciones de Suta, Sorocotá y Turca, hasta llegar á
las barrancas altas de la quebrada honda, asiento conocido en los
términos de Ubasá desde la entrada de los primeros españoles y
sitio muy cercano al rio de Suárez: y habiendo elegido una campañas
rasa, que pareció la más acomodada para poblarse, trazaron la
ciudad, que fué la segunda que se fundó por la gente de Quesada en
tres de Junio del año en que vamos de treinta y nueve, á quien
llamaron Vélez á contemplacion de su General, con términos bien
dilatados de muchas provincias que en aquellos tiempos abundaban de
infinidad de bárbaros, y puestos los primeros fundamentos trataron
de dilatar la poblacion cuanto pudiesen, en fe de que las muestras
y riqueza de la tierra daban esperanzas grandes de aumeratarse más
en lo venidero: y así, mirando á este fin, hicieron la eleccion del
Regimiento en personas calificadas, que fueron Baltasar Moratin,
Diego de Huete, Antonio Pérez, Márcos Fernández, Juan de Prado,
Francisco Fernández, y por Alguacil Mayor Miguel Seco Moyano, y
Escribano Pedro de Salazar. Nombrado Regimiento, procedieron á
elegir Alcaldes, y fueron los primeros Juan Gascona y Juan Alonso
de la Torre, padre que fué de Lorenzo Martin de Benavides, Cura
Beneficiado de dicha ciudad de Vélez. Pero duró poco esta primera
fundacion, porque reconociendo despues que más adelante, pasado el
no de Suárez, muy cerca de la montaña, en la provincia de los
Chipataes, treinta leguas al Norte de Santafé, habia disposicion
donde con más comodidades podian poblarse, de comun sentir de todos
mudaron allí la ciudad á catorçe de Septiembre, y en el sitio
señalado á la Iglesia parroquial exaltaron la Cruz Santísima, por
cuya causa permanece hasta hoy el templo que le dedicaron:
repartieron solares por cuadras segun el número de los vecinos, y
con ayuda de los indios cargueros y de los que se agregaron de paz,
hicieron casas de paja en qué alojarse, en tanto que disponia el
tiempo que con propios vasallos las edificasen más suntuosas.
Erigióse Hospital y fundáronse despues Conventos de Santo
Domingo y San Francisco: más esta ciudad, que tan buenas esperanzas
dió de su crecimiento, por varios accidentes de fortuna y falta de
naturales, apenas conserva hoy doscientos vecinos. Gobiérnala el
corregidor de Tunja, que tambien lo es de los indios que llaman del
rincon de Vélez: y fundase su comercio en el trato de conservas y
azúcar, de que es muy abundante como en los demas géneros que
proceden del beneficio del algodon.
Por otra parte, el Capitan Gonzalo Suárez Rondon, á quien se le
habia cometido la fundacion de otra ciudad en las provincias de
Tunja, á que le instó con segundo despachó Hernan Pérez de Quesada,
salió de Santafé treinta dias despues que se fundó Vélez, y bien
prevenido de gente de la más granada de los trece campos, se
condujo á la Corte de Quiminzaque, de cuyo sitio y calidades dimos
bastantes noticias en el capítulo sexto del segundo libro; y
pareciéndole el más á propósito para el intento, por la eleccion
que de que él tenian hecha los naturales (aunque á siete leguas lo
habia mejor en Bonza) lo eligió para asiento de la nueva ciudad que
llamó Tunja, como le estaba ordenado: fundóse á seis de ágosto, dia
de la Transfiguracion de Cristo Nuestro Señor, y destinado para
exaltacion de su Santísimo nombre y fe católica, por haberse puesto
en él un año antes los primeros fundamentos á la ciudad de Santafé,
antes que Benalcázar entrara en el Reino. Procedióse luego á elegir
regidores, que lo fueron el Capitan Gómez del Corral, el Capitan
Juan del Junco, Hernan Venégas Carrillo, Juan de Salcedo, Diego de
Segura, Pedro de Colmenares, Fernando de Escalante, Alguacil Mayor,
Antonio Bermúdez y Francisco Rodríguez, y el Escribano de Cabildo
fué Domingo de Aguirre, de quienes salieron nombrados por primeros
Alcaldes Jorge de Olmeda y el Capitan Juan de Pineda, hombres todos
escogidos por el dictamen de Gonzalo Suárez, Cabo de la gente y
cuyo nieto, Don Juan Suárez de Figueroa, vive de presente, sin
premio alguno que acuerde las hazañas del abuelo.
Hechas, pues, todas las diligencias en obediencia de los Reyes
de Castilla y trazada la ciudad con buen órden, como las tierras
sujetas á Quiminzaque mostraban gran fertilidad y el saco de su
palacio habia puesto á los españoles en grandes esperanzas de
riqueza de las provincias, á que se añadia la multitud de indios
que las habitaban, se avecindaron en ella muchos caballeros de los
más ilustres que entraron en el Reino con Quesada, Fedreman y
Benalcazar, juzgando que aquella nueva ciudad habia de ir era tanto
crecimiento que fuese el emporio del Nuevo Reino; y vista la
facilidad con que la tierra ofrecia materiales para edificios, mal
contentos de las casas que hallaron y en que habitaban desde el
príncipio de la fundacion, lo dieron á nuevas fábricas tan costosas
y hiera labradas, que son de las mejores de Indias; y con aquella
vanidad que obliga á los hombros á eternizar su fama en la
posteridad, sembraron las portadas de costosos escudos de armas de
que al presente se ven muchos de las ilustres familias que la
habitan.
Pero esta ciudad que dió señales de ser la mayor del Reino, ya
sea por la sequedad y frio, ya por la falta que padece de aguas y
leña, ó porque los comercios se hacen con más comodidad en Santafé
y en las demas tierras vecinas al rio grande, que es la garganta
por donde se comunican los frutos de aquel Reino y el de Quito á
Castilla y los de Castilla a aquellas partes de Indias, ha llegado
á tal disminucion, que apénas se conservan en el quinientos
vecinos. Divídese en tres parroquias, la principal de Santiago su
Patron, con buen templo y de mejor portada; y las de Santa Bárbara
y Nuestra Señora de las Nieves. Tiene tres ermitas, la de San
Laurian á la entrada de la ciudad, como se va de Santafé; la de
Santa Lucía y Nuestra Señora de Chiquinquirá, fundada en lo alto de
la lomas de los ahorcados y pertenecientes á la parroquia de Santa
Bárbara. En la iglesia de Santiago hay una Cápilla de costosa
fábrica, rica de ornamentos y dotada de buenas rentas para los
Capellanes y Patron, que fué fundacion de Pedro Ruíz García,
Encomendero de Toca, padre de Antonio Ruiz y abuelo de doña Isabel
Ruiz Lanchero, que pasó de primer matrimonio con Francisco Suárez
de Villena, Corregidor de Tunja y natural de Ocaña en la Mancha; y
de segundo matrimonio con el General Fulgencio de Menéses, natural
de Talavera de la Reina, dejando de uno y otro matrimonio ilustres
familias en estos Reinos de Castilla.
Dijimos la falta de agua y leña que padece la ciudad,
inconveniente grande, que no le ocurrió a Gonzalo Suárez siendo tan
patente, que para tener leña es necesario conducirla de mas de ocho
leguas de distancia, aunque la cantidad de indios que asisten á
este ministerio, disimula su falta. Pero en la del agua es mayor el
trabajo, pues la más cercana que goza se coge de dos fuentes que
llaman la chica y la grande, bien apartadas de los burgos de la
ciudad; y como ésta se fundó en alto y las fuentes están en lo más
bajo, son menester caballos y asnos para conducirla, con daño
general de la gente pobre, que es mucha. Y aunque algunos años
despues en el de quinientos y ochenta, siendo Corregidor Juan de
Zárate Chacon, labró en la plaza mayor una fuente con aguas
encañada por la lomas de los ahorcados que habia dispuesto mucho
antes Juan Quiralte, soldado ingenioso, sin haber tenido logro de
su trabajo, duró poco tiempo aquel beneficio comun por descuido de
los Ministros Reales que le sucedieron: aunque me acuerdo haber
visto correr la fuente por el nilo de mil seiscientos y cuarenta y
dos, siendo Corregidor D. Antonio de Silva y Mendoza, natural de
Jerez de los caballeros, si bien duró poco tambien este alivio á
sus vecinos, hasta que de presente el Corregidor D. Juan Baptista
de Valdés la ha puesto corriente.
Están fundadas las religiones de Santo Domingo, San Francisco,
San Agustín, la Compañía de Jesus y San Juan de Dios con buenos
templos; y el de la Compañía con una média naranja y crucero, á
imitacion del Colegio Imperial de Madrid, aunque el cuerpo de la
iglesia está por hacer. Hay dos Conventos de religiosas, el de la
Concepcion de Nuestra Señora, erigido el año de noventa y nueve por
el Arzobispo D. Bartolomé Lobo Guerrero y fundado por doña Beatriz
y doña Catalina de los Rios y doña María su sobrina; y el antiguo y
real de Santa Clara, donde ordinariamente hay más de cien monjas de
velo negro: y ya sea porque las cortas haciendas de sus vecinos no
basten para dotar las hijas conforme á su calidad, ya por la
oposicion que tienen unas familias con otras, y lo más cierto por
la inclinacion y devocion que se tiene á Seminario tan copioso de
virtudes, son tantas las doncellas ilustres dedicadas á él, que
discurren algunos curiosos ser ésta una de las causas que
dichosamente tiene la ciudad de Tunja paría su declinacion. Fundóla
el año de setenta y tres Francisco Salguero y Juana Macías su
mujer, que fué la primera monja que profesó en manos de Fr.
Sebastian de Ocando, Guardian del Convento de San Francisco de
aquella ciudad, con su compañera Juana de la Cruz, á quien
siguieron cuatro hermanas suyas, Ana, Catalina, Isabel y Brigida,
llamada, como su madre, y todas cinco hijas de Gonzalo Garcia,
vecino que fué de Vélez y despues de Tunja.
Tiene la ciudad buenas casas de Cabildo y gobiérnase en lo
temporal por un Corregidor y Justicia Mayor nombrado pon su
Majestad por cinco años, con el salario de dos mil pesos. Tiene
sujetas á su gobierno las ciudades de Muzo, Vélez y Pamplona y la
Villa de Leiva, donde el regimiento de Tunja pone Alcaldes como en
Chiquinquirá, poblado al presente de indios y españoles en los
confines y fronteras de Saboyá y Muzo, á causa de la frecuencia con
que acuden allí de todas las partes del Perú y Nuevo Reino á
visitar el Templo de la Madre de Dios que en él hay, donde se
venera un milagroso retráto suyo que en un pajar halló maltratado
de las injurias del tiempo Mary Rámos, mujer virtuosa y natural de
Guadalcanal, aunque milagrosamente ha vuelto á su primer ser la
pintura, sanándose las roturas del lienzo, que colocado en lugar
más decente obra tantas maravillas, que de ellas se podrán escribir
libros enteros, no siendo el menor de sus prodigios haberse mudado
con su asistencia el temperamento: de suerte que, siendo antes
lugar de nieblas, como lo significa el nombre de Chiquinquirá, y
tan frio, que se tenia por inhabitable, al presente goza del claro
cielo y buen temple en que se mira la suntuosidad de la fábrica del
Templo de estas Señora y la riqueza interior; pues ademas de los
ornamentos blandones y lámparas que tiene de gran precio, todo él
está hecho una ascua de oro, y á cargo de la religion de Santo
Domingo, que para asistir á su culto ha labrado claustro y Convento
de igual grandeza.
Debajo del altar mayor, en que está colocada la imágen, hay una
pequeña bóveda en que se ve una fuentecilla de agua milagrosa para
todas dolencias, y ella, y la tierra que de allí se saca, son tan
obradoras de prodigios por influjo de quien las secunda, que son
infinitos los milagros que con ambas se experimentan; y en el que
más se repara es, que habiéndose sacado de aquella bovedilla tanta
tierra, que fuera bastante para levantar montes de ella, apénas se
halla la concavidad que pudieran dejar catorce ó diez y seis
arrobas. Fuera de este milagroso santuario hay era la jurisdiccion
de la ciudad de Vélez, á cargo de la misma religion, el del Santo
Ecce homo, de quien se dice haberlo pintado San Lúcas: causa temor
afectuoso el mirarle; llevólo al Reino Juan de Mayorga, uno de los
que se hallaron en el saco de Roma, donde lo hubo. En los términos
de Ráquira hay otro religioso y antiguo Convento de Agustinos
descalzos, que con doctrina y ejemplo ha criado singulares varones
dedicados á la veneracion de la milagrosa imájen de Nuestra Señora
de la Candelaria, que pintó Francisco del Pozo Milanés, á devocion
de Domingo de Anaya y Francisco Rodriguez, ermitaños de los que
moraban en aquel sitio antes que se consagrase en Convento. La
imágen de Nuestra Señora del pueblo de Monguí se venera tambien y
frecuenta por los muchos milagros que hace en la jurisdiccion de
Tunja: pintáis de su mano, segun la comun tradicion, nuestro máximo
Emperador Carlos V, y por ser aquel pueblo el primero que del Reino
se puso en su Real Corona, lo dotó de un rica ornamento y de
aquella milagrosa pintura tan celebrada por sus prodigios.