INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO III
 


DÁNLE NOTICIA Á QUESADA DE LAS ENTRADAS DE BENALCÁZAR Y DE FEDREMAN EN EL REINO: DESPACHA Á HERNÁN PÉREZ Á RECONOCER GENTE DEL PERÚ Y AL CAPITÁN SUÁREZ LA DE VENEZUELA; Y DÁSE RAZON DEL ESTADO Á QUE LLEGARON HASTA CONVENIRSE LOS TRES GENERALES.

MIÉNTRAS pasaba en Pasca lo que va referido, llegaron á Santafé algunos indios del    país de Tena con noticias de que por la provincia de Neiva habian entrado otros españoles con gran copia de indios cargueros, buenos vestidos y famosos caballos, y que 50 iban acercando á los términos de la tierra fria: de cuya novedad certificada la gente de Santa Marta, ordenó el General Quesada á Hernán Pérez, su hermano, que con diez caballos siguiese la derrota que los Moscas y Panches amigos le señalasen, y procurase tomar lengua de qué gentes fuesen aquéllas, qué intentos llevaban y el número de caballos é infantes de que se componía su ejército; para lo cual escribió una carta al General, cualquiera que fuese, dándole noticia del estado de su conquista y remitiéndole un presente de esmeraldas y piezas de oro, pues seria cuerda advertencia estar apercibidos, por si acaso intentasen pretender por de otra gobernacion aquel Reino, que estaba descubierto por la de Santa Marta; y que si aquélla fuese la intencion, diese vuelta con brevedad para tener tiempo de ponerse en defensa, pues ya era cosa tan ordinaria en las Indias romper las amistades y hacerse guerra por esta causa los Capitanes de su nación. Lo cual sucediera de la manera que lo discurrian, si el caudillo que guiaba la gente del Perú, se moviera siempre con el viento de algunos soldados inquietos que le seguian.

No faltó con todo esto entre ellos quien le aconsejase despues, como veremos, que por armas quitasen á los de Santa Marta la tierra y las haciendas; como silos que las habian ganado fuesen hombres de tan poco valor que no supiesen defenderlas. Pero Sebastian de Benalcázar, á quien dejamos en el valle de Neiva siguiendo su. derrote al mar del Norte por la otra banda del rio grande, que era el Cabo que los gobernaba, caballero sagaz y comandante y uno de los más famosos y leales caudillos que tuvo el Perú, templó en sus principios aquellos malos consejos con reprensiones graves, dándoles á entender que para ser grande Scipion ni amancilló la fama ni derribó la estatua de Alejandro colocada en Cádiz, ni para ganar el renombre de ilustre necesitaba de usurpar ajenos servicios, sino de continuar heróicas hazañas, como las que le habian visto hacer en las conquistas de todo el Perú y Nicaragua. Y á la verdad ello era así, y la causa de aportar al Nuevo Reino cuando tenia descubiertos los de Quito y Popayan, no habia sido tanto por ambicion de sujetar nuevas provincias, como por desviarse con fines honestos de las iras que contra él habia concebido el Marqués Pizarro, pues con fin de prenderlo lo habia seguido por su órden el Capitan Lorenzo de Aldana hasta Cali, como dijimos; de que Benalcázar no se hallaba ignorante y pretendia desvanecer las trazas del Marqués, descubriendo embarcación por el mar del Norte para pasar á Castilla y pedir remuneracion de sus servicios sin que dependiese más de los Pizarros.

Esta era la pretension con que caminaba Benalcázar sin embarazarse en hacer guerra á los Pantagoros, por más que lo provocaban en su provincia; y Hernan Pérez de Quesada, entrado ya el año de mil quinientos y treinta nueve, partió con los diez caballos y el órden que tenia tan bien dirigido, que á los cinco dias dió vista al campo de Benalcázar, acuartelado en sus tiendas de la otra banda del rio grande de la Magdalena y habiéndose dado rehenes, como estilan algunos caudillos recatados, llegaron á verse todos sin que faltasen repiquetes, ni desgarros de parte de los Capitanes del Perú y de Céspedes y San Martin de los del Reino, que son las bizarrias de los soldados, y que finalmente remataron en comunicarse hidalgamente; porque Benalcázar llevaba gente muy ilustre y que se habia empleado con gran crédito en todas las conquistas del Perú y aun aventajádose á los que después  fueron más bien premiados: y así recibida y vista la carta de Quesada con el presente que le dió su hermano, á que correspondió Benalcázar con otro igual de bajillas de plata, lo despidió con la cortesana respuesta de que no trataba de embarazarle sus buenas fortunas, de que le daba el parabien deseoso de que lograse con premios crecidos los méritos de la conquista de Reino tan poderoso, pues solo trataba de la prosecucion de su viaje y descubrimiento del Dorado y Casa del Sol y otras cosas semejantes. Con lo cual y con las noticias que adquirió Hernan Pérez de aquella gente, como fué la de las competencias de Pizarro y Almagro que empezaban, y aun despues no fenecieron con sus muertes; la del rigor con que el Licenciado Badillo, Juez de residencia, procedió en Cartagena contra el Adolantado D. Pedro de Heredia, remitiéndolo preso á España con secuestro de bienes (que son las primeras bizarrias por donde muchos Jueces Letrados de Indias tiran á ganar crédito en Castilla); y finalmente con la de la muerte del Adelantado D. Pedro Fernández de Lugo, dió vuelta á Santafé, donde sabido todo, no se sospecho ni pensó más en ver aquellos hombres, que tan esquivamente huian de la comunicacion de otros de su misma tierra.

Aun no habia sosegado dos dias despues de llegado Hernan Pérez, cuando suena otro rebato nacido de que ciertos indios del pueblo de Pasca habian ido á continuar el comercio que tenian con otras naciones que demoraban al Oriente, y habiendo vuelto de su viaje le dijeron al Pasca y á Lázaro Fonte que por el camino de los Llanos habian entrado otros hombres forasteros, con barbas como los españoles, y habian subido lo más alto de la sierra, de suerte que se hallaban tan cercanos, que no distarian ya siete leguas de sus tierras, y que caminaban bien proveidos de caballos y de perros (los primeros que entraron cebados en indios, para destruccion del Reino), novedad que los puso en mucha confusion. Pero certificado Lázaro Fonte de que todo lo que referian era verdadero, segura las respuestas que dieron á las preguntas que les hizo la india de Bogotá, determinó dar cuenta de lo que sabia al General Quesada, remitiéndole un indio de Pasca por correo con una piel de venado bien bruñida, donde con bija, que es ni manera de bermellon, le escribió la noticia que tenia el Cacique, y como segun la relacion de sus indios, estarian en su pueblo los nuevos españoles al dia siguiente, de que le avisaba para que se previniese con tiempo, supuesto que no se sabia la intencion con que habian penetrado por aquellas provincias.

Era el caudillo de aquella gente Nicolas Fedreman, á quien dejamos marchando por la provincia de Bariquizimeto, donde despues se pobló la ciudad de Segovia, que dista ciento y veinte leguas de Santafé, el cual habiendo arribado por el rumbo que seguia el Apuri, cuyo nacimiento se forma de las quebradas de Aricagua, que llaman de Bravo, en provincia de Mérida, y teniendo allí noticia de cuán cercano se hallaba su Gobernador Jorge Spira (que iba de tornavuelta retirándose de los choques con quienes habia perdido mucha gente) y recogiendo quince hombres que desde Coro le llevaba el Capitan Juan Gutiérrez de Aguillon, torció el camino á los Llanos, cargando á mano izquierda, por no encontrarse con su Gobernador y arriesgarse á que le quitase la gente; por cuya derrote, atravesando los des rios de Apuri y Zarare, y las dilatadas ciénagas de Arechona y Caocao: huyendo siempre de la cordillera, llegó á la ribera de un rio profundo en que se conservaban las ruinas de muchos pueblos destruidos por una serpiente de muchas cabezas que habitaban en sus márgenes, segun relacion de los naturales y de algunos españoles, que afirmaron haber oido sus bramidos, desde donde pareciéndole estar ya seguro de encontranse con su Gobernador, determinó volver á la cordillera para invernar en tierra alta, como lo hizo en ciertas poblaciones abundantes de víveres, que estaban sobre el rio de Pauto; de las cuales salió pasado el invierno, y esguazado el no Meta con balsas, llegó á la provincia de Marbachare, en que despues se fundó la ciudad de San Juan de los Llanos, en el pueblo mismo que Fedreman llamó entónces de la Fragua, por una que en él armó su gente para reparar las armas que iban maltratadas; y como allí tuviesen muy especiales noticias del Reino de Bogotá, dadas por los indios Operiguas, de un pueblo que llamaron los nuestros Salsillas por la forma en que estaba fortalecido, resolvió atravesar la cordillera por aquella parte, ordenando á Pedro de Limpias que con dos guias de los Operiguas, diez caballos y treinta infantes, fuese delante allanando el camino al ejército, que lo iba siguiendo, como lo hizo venciendo el rigor de los páramos i despeñaderos hasta llegar al pueblo dé Fosca, y de allí á Pasca, por desengañarse de la noticia que le daban los Foscas de que habia otros españoles en la tierra; y habiendo hallado al Capitan Lázaro Fonte, esperó á Fedreman, que después de tres años y medio de jornada, después que sacó del Cabo de la Vela, por el mes de Junio del año de treinta y seis, con cuatrocientos hembras, sin los que se le agregaron de Alderete y Nieto, y los quince que le llevó el Capitan Aguillon, aportó al Reino con treinta caballos y ciento y treinta y tres infantes, habiéndosele muerto los demas al rigor de las guerras y enfermedades.

El indio que despachó Lázaro Fonte llegó brevemente á Santafé con el despacho y vista por el General Quesada la noticia que se le daba, y agradecido á la fineza de quien la escribia, mandó prevenir toda su gente, y dispuso que partiesen luego once caballos á las tierras de Pasca con Gonzalo Suárez, Juan del Junco, Pedro Fernández de Valenzuela, Diego de Parédes Calderon y otros de quienes tenia confianza, para que reconociesen qué gentes eran aquéllas y qué intentos llevaban, poniendo primero en libertad al Capitan Lázaro Fonte, á quien alzaba el destierro, arrepentido de lo que habia obrado con él, y deseoso de favorecerlo como merecía, en lo adelante, que cumplió con demostraciones que dieron á entender su amistad verdadera. Con este órden y el deseo de poner en libertad al compañero, llegaron á Pasca á tiempo que pudieron reconocer la gente de quien llevaban noticias, pues poco antes habia llegado al mismo sitio el capitan Pedro de Limpias, que habia ido sobresaliente del campo de Fedreman, con la tropa de caballos é infantes que dijimos, y al dia siguiente vieron el resto de la gente de aquel campo, que sin embargo de reconocer que otros españoles le habian ganado por la mano en aquellas conquistas, se alegró despues que vió ser gente de Santa Marta la que encontraba, y porque presumía hallar socorro en sus malas fortunas, pues casi todos iban desnudos y maltratados en tanto grado, que muchos de ellos se cubrian las carnes con pieles de venados, de que tamhien iban calzados, á causa de haber pasado más de cuatro años, desde que salieron de Venezuela, como se ha visto.

Por esta causa Los soldados de Quesada trataron luego de socorrerlos, movidos á compasion principalmente viendo en tan mísero estado á Ortuño Ortiz con otros compañeros de los que conocían antes, y fueron presos sobre el rio Macomite, siendo su Capitan Juan de Rivera, que tambien iba en compañía de Fedreman, y se quedó en el Nuevo Reino donde dió bastantes muestras de su valor, con más fortuna que Pedro de Limpias, á causa de haberlo vuelto á Coro, y continuado la misma jornada con Felipe de Utre, hallándose despues de tantos trabajos en las revueltas y alevosias del Licenciado Carvajal, que despues pagó con la vida. Demas de los referidos iban en el campo de Fedreman los Capitanes Diego Martínez y Juan de Avellaneda; Alonso de Olaya Herrera, natural de la villa de Agudo, y marido de Juana Miguel de Mayorga; Cristóbal de San Miguel, natural de la villa de Ledesma, que casó con doña Francisca de Silva, y Encomendero que fué de Sogamoso; Alonso Ramírez de Poveda; Andres de Ayala, vecino que fué de Tunja; Cristóbal Gómez Nieto, natural de Villas-buenas, que casó con doña Leonor de Collantes y Silva, y fue Encomendero de Tabio; Bartolomé González; Bartolomé Hernández de Leon, que se avecindó en Vélez; Diego Rodríguez de Valderas, Encomendero que fue de Ubaté y casado con doña Leonor Maldonado; Bernabé Méndez, que filé vecino de Tocaima; Diego Franco en Vélez; Domingo Ladron de Guevara, natural de Arrieta y marido de doña Catalina de Figueroa; Francisco Ortiz, vecino de Tocaima; Diego de Guete y Diego Ortiz, en Vélez; Diego de Espinosa, en Mariquita; Francisco Alvarez de Acuña, en Santafé; Francisco de Monsalve, natural de Zamora y casado con doña Catalina de Pineda; Francisco Dorado del Hierro, que casó con Ana de Avila y fué Encomendero en Sasaima y Bituima; Hernando Montero, que se avecindó en Tocaima; el Bachiller Juan Berdejo, primer cura que fué de Santafé; Juan Fuerte soldado que fué de Gerónimo de Hortal, y en la batalla que Alonso de Herrera hubo el año de treinta y cinco con los Caribes de Guayana, fué herido con siete flechazos; Domingo Lozano, que se halló en el saco de Roma y fundó en el Reino las ciudades de Buga y San Vicente de Páez; Juan de Villanueva, casado con Mary Sáenz de Morales y Encomendero de Ocabita; Juan de Castro; Juan Quintero; Juan Martin Hincapié, vecino que fué de Vélez, y en la sobrina del Cacique de Monquirá tuvo descendencia, que se conserva en Santa Marta; Juan Gascon, vecino de Vélez; el Capitan Luis Lanchero, natural de Simancas, que casó con doña Francisca Ruiz Mansipe, hija del conquistador Pedro García Ruiz, tambien de Simancas; Mateo Sánchez Rey, de nacion Genovés, que casó con Casilda de Salazar; Fr. Vicente de Requejada, del Orden de San Agustín; Melchor Ramírez de Figueredo; Miguel Holguin de Figueroa, que se avecindó en Tunja; Miguel de la Puerta, en Tocaima, Pedro de Pórras, en Tunjo Pedro Sánchez Valenzuela, en Ibagué; Pedro de Aranda, en Vélez; Pedro Rodríguez, de Salamanca, que dejó hijos fuera de matrimonio; Sebastian de Pórras, vecino que fué de Ibagué; Cristóbal de Angulo, que lo fué de Vélez; Cristóbal de Miranda, que fué Encomendero de los Panches; Cristóbal de Zamora en Tocaima; Maese Juan, que casó con Florentina de Escobar en Santafé; Anton Flamenco; Sebastian de Almarcha, que fué Alcalde mayor de la ciudad de Santafé; Antonio Ruiz, Encomendero de Foscauzaque; Juan Aleman y otros de quienes no tenemos noticia.

En efecto, reconocida la gente y número de ella por los dos Capitanes de Quesada dieron aviso de todo, remitiéndole para esto fin á Parédes Calderon y á uno de los soldados de Fedreman, que lo fué Fernando Montero, á quien recibió con agrado y le dió algunas telas de algodon para vestirse y una chaguala de oro que pesó más de doscientos castellanos aunque el Fedreman no acababa de resolverse en las propuestas que le hacian los Capitanes Suárez y Juan del Junco, pareciéndole algunas veces más acertado volver á Coro, recelos de que se hiciese alguna extorsion á su gente fatigada, y otras resolviéndose á no aventurarla por tan arriesgadas provincias, ofreciéndose algul me lio de ejecutarlo con reputación. Pero estando así las cosas, un nuevo accidente pudo alterar no solamente el ajuste de que se trataba, sino la paz de todo el Reino; porque persuadido ó instigado Benalcázar de algunos de los suyos y olvidado por esto de su primera resolucion con la esperanza de apropiarse la conquista que no habia hecho, pasó el rio de la Magdalena, tomando la vuelta de Santafé por la provincia de los Panches, con tanta celeridad que casi á un tiempo le llegó á Quesada la noticia de haber esguazado el rio y la de haber entrado por los Llanos á Bogotá, deseoso de coligarse con la otra gente española que habla arribado á Pasca, segun las relaciones que tambien tuvo de algunos indios Panches. Extraño dictamen el de abrazar por lícita contra otro la misma culpa que despues halló digna de muerte en el Mariscal Jorge Robledo cuando la obró contra él.

Esta nueva per no esperada de Quesada, porque lo cogió sin haberse convenido con Fedrerman, lo alteró tanto cuanto se le representaba mayor el riesgo de perderlo todo si la gente del Perú y Venezuela se ligaban en perjuicio suyo; de que ya empezaba á tratar Benalcázar acuartelado en Bosa, dos leguas de Santafé, segun que á cada paso se lo avisaba con repetidos correos desde Pasca los Capitanes Junco y Suárez, que estaban con Fedreman y así resuelto á no permitir que lo echasen del Reino los dos caudillos para dividirlo entre si á título de que caia en los términos de la gobernacion de cada uno, que era el punto sobre que se carteaban, juntó toda su gente española con más de veinte mil indios que le acudieron voluntarios, con determinacion de presentar al uno de los dos campos la batalla ántes que lo buscasen unidos; porque el tiempo gastado era justificar su posesion no fuese el mayor enemigo que le sacase de las manos la presa; pues si al gran Capitan no le dieran tiempo para representar el derecho que tenia su Rey á la Basilicata en la particion de Nápoles no lo hubiera perdido todo rnonsieur de Aubèni: y por muy digno de reparo era el lance presente, es de saber que en cada cual de los tres campos habia el mismo numero de combatientes, ni uno más ni ménos, que fué á ciento y sesenta y tres, un clérigo y un religioso, con la diferencia de que el religioso del campo de Quesada era de Santo Domingo, el de Fedreman Agustino y el de Benalcázar de la Merced, y tambien la que hacia la gente del Perú abastecida de armas, caballos y demos pertrechos á la de Venezuela, falta casi de todo y de salud, como salida de parte más remota: y es cierto que hubiera logrado su pretension Quesada, si los sacerdotes, considerado el de servicio que de semejante resolucion habia á resultar al Rey y los graves daños que de no ajustaras habian de seguirse á todos, no tomaran la mano para convenirlos á tiempo que Fedreman y Benalcázar no distaban cuatro leguas, y así iban y volvian de un campo á otro proponiendo medios, y por último dijeron á Quesada se ajustarian los dos caudillos contrarios con que del Reino se hiciesen tres partes con jurisdiccion iridivisa, hasta que el Rey declarase en cuya gobernacion estaba comprendido.

Este partido era el que más despreciaba Quesada, y abominaba que de él sé tratase un Reino que tenia descubierto y conquistado; y con no querer dar oidos á semejante demanda, se temia por parte de los eclesiásticos que el negocio llegaría á rompimiento. Pero: los Capitanes que tenia Quesada en el campo dé Fedreman cedieron tal maña, que los convinieron en que se uniesen, con cango de que le diesen al Aleman cuatro mil pesos de oro, graciosamente, y en que dejándole vender sus caballos y armas en lo que pudiese, pondría su gente y persona á la disposicion del General Quesada y se vendria con él á Castilla donde su Majestad determinase si caia ó nó el Nuevo Reino en la gobernacion de Venezuela. Lo casi firmado de ambos, tomó el campo de Fedreman la vuelta de Santafe, donde habiendosele recibido ostentosamente y héchosele algunas dádivas, metió su gente debajo del estandarte del Nuevo Reino: lance en que libró Quesada su seguridad contra los del Perú, que, sabido el ajuste de Fedreman, despachaban las embajadas ménos soberbias que hasta allí, y acaeció que llevando una de ellas á capitan Juan de Cabrera, pretendió de secreto (á lo que despues se dijo en público) que Fedreman convocase otra vez toda su gente por los medios que él propondría, para lanzar del Reino á Quesada: y aunque de parte de Benalcázar no se presumió intervencion por lo que despues afeó la propuesta, lo cierto si fué que el Fedreman como buen caballero la despreció: lo cual sabido por Quesada, y enterado de que la embajada de Cabrera se enderezaba á que diese paso libre á la gente del Perú por el Reino, como tierras que eran del Emperador, para proseguir en el descubrimiento del Dorado y casa del Sol (de que ya los del Reino tenian noticia), lo trató ásperamente, representándole la fealdad de proceder con cautelas, diciéndole por último que no hablase su general en pasar por el Reino de guerra, pues en caso que porfiase en ello, se lo cabria impedir á lanzadas: á que no satisfizo mal el Capitan Cabrera, respondiendo que cuando así fuese podia estar seguro de que á su General ni á su gente se los darian por las espaldas de que alterado Quesada lo despidió ordenándole no volviese más á proponer modio alguno. Pero, sin embargo, de allí á dos dias, interviniendo en ello los dos religiosos Dominico y Mercenario, con poderes de los dos Generales, asentaron que Benalcázar dejase toda su gente debajo de la jurisdiccion del Nuevo Reino y de quien lo gobernase, con calidad de que enviando por ella el Marqués Pizarro, el dicho Quesada ó sus Tenientes la dejasen sacar; y al Capitan Juan de Cabrera se lo diese luego sesenta hombres de los suyos, para que en la provincia de Neiva, de la otra banda del rio grande, tierra descubierta por él, fundase un pueblo sujeto á la gobernacion del Perú, como lo hizo, aunque á pocos dias se despobló, y el Juan de Cabrera con su gente dio vuelta al Reino.

Demas de lo referido se convinieron en que se le permitiese á Benalcázar vender lo que llevaba para hacer dineros y con ellos pasar á Castilla con el mismo Quesada y Fedreman, á dar cuenta al Emperador de los servicios que le habia hecho, su otra capitulacion más que las referidas; pues aunque la primera que le propusieron fué darle otros cuatro mil castellanos de oro, respondió como quien era, que no vendría jamas en ello, por no dar motivo á que se dijese vendia la libertad de su gente entregándola por dinero á diferente caudillo; accion con que justificaria el Marqués Pizarro el enojo que con él tenia ; y á la verdad, el Benalcázar obró en esto con la grandeza de ánimo de que lo dotó el cielo, y tanto fué más aplaudido por ello, cuanto más deslució la contraria resolucion que tomó poco ánte Fedreman; y así, concluso el convenio, se encaminó á Santafé con su gente, donde se le hizo tan plausible la entrada, como pedia el suceso. Y porque ha sido estilo de esta historia nombrar aquellos héroes primeros de quienes se ha podido adquirir noticia, sin que se pueda atribuir á cuidado el silencio con que paso los nombres de otros conquistadores famosos, será bien referir aquellos que nombran Castellanos, Herrera y Quesada, aunque tan limitadamente, que se reducen á veinte y cuatro, habiendo sido otros ciento y sesenta y tres entre infantes y caballos los que llevaba Benalcázar, de quienes iba por Maese de Campo Melchor de Valdés, que se avecindó en Ibagué, y por Capitanes Juan de Cabrera, que despues murió en la batalla de Añaquito siendo Maese de Campo del Virey Blasco Núñez Vela; Pedro de Puelles, Teniente que fué de Quito, que se halló en esta entrada, aunque mal informado el inca Garcilaso en el capitulo segundo del tercer libro de la segunda parto de sus Comentarios, dice que Gonzalo Pizarro, en este año en que vamos, dejó en Quito por su Lugarteniente á Pedro de Puelles miéntras pasaba á la conquista de la Canela; pues lo cierto es haber estado por el mismo tiempo con Benalcázar en el Nuevo Reino, de donde bajó á Cartagena como veremos, y despues dió vuelta al Perú, y le estuviera mejor no haberla dado.

Otro de los Capitanes era Juan de Ampudia, que volvió á Popayan, y con él Luis Daza y Juan de Arévalo, Encomendero que fué de Tibacuyas; y de los que se quedaron en el Reino fueron Hernando de Rójas, que se avecindó en Tunja, donde casó con Doña María de Montalvo, de quienes se conserva ilustre familia; Anton de Esquibel, natural de Sevilla y Encomendero de Foáca en Tunja; Antonio Luján; Francisco Arias, Encomendero de Sora; Juan de Avendaño, Alférez de á caballo, conquistador de Cubagua, Quito y Popayan, y Encomendero que fué de Tinjacá; Francisco de Céspedes, Encomendero que fué de Nemenza y Tunjaque; Gonzalo de la Peña, que se avecindó en Tunja; Juan diaz Hidalgo, Encomendero en Tocaima; Juan de Cuéllar; Luis de Sanabria, que sirvió al Rey en la provincia de Cubágua, natural de Palos de Moguer, que casó en Tunja con Leonor Macías y fué Encomendero de Firabitóba; Juan Burgueño; Lope de Horosco, natural de Córdoba, vecino que fué de Tocaima y Pamplona, y padre de D. Lope de Horosco, Gobernador perpétuo de Santa Marta; Martin Yáñez Tafur, natural de Córdoba, Alcaide que fué de la Fortaleza de Paria, conquistador despues de Cartagena y Popayan, de donde pasó al Nuevo Reino con Benalcázar y casó con Doña Jimena de Bohórquez, Cristóbal Rodríguez; Juan Muñoz de Collántes, que de Santa Marta pasó al Perú y en esta ocacision al Reino, marido que fué de Doña Menzia de Silva, naturales ambos  la Alhambra y ciudad de Granada, y que tuvieron dos hijas legítimas y el Juan Muñoz fuera de matrimonio, y estando en el Cusco tuvo por hija en Doña Francisca Coya á Doña Menzia de Collántes, que casó con el Capitan Alonso de Soto, natural de Valladolid, que se halló en la batalla de Chupas en favor de Baca de Castro, y acudió despues en favor del Virey Blasco Núñez Vela, y por hallar caída con su prision la parte del Rey, pasó huyendo de Gonzalo Pizarro al Reino, donde casé con la dicha Doña Menzia, de quienes por línea materna desciende el autor de esta historia; García Arias Maldonado, que entró en Santafé treinta dias despues que Benalcázar, en cuyo socorro iba y fué Encomendero de Gameza; Juan de Horosco; Pedro Vásquez de Loaysa, natural de Málaga, que con uno y otro pasaron con  Arias y otros, de cuya nobleza y más por ostento tratará el Secretario D. Juan Flórez de Ocariz en los Nobiliarios que tiene para imprimir.

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