CAPITULO II
REPARTE QUESADA OTRA PRESA DE ORO Y ESMERALDAS: DA PRINCIPIO Á LA
FUNDACION DE SANTAFÉ: PRETENDE PASAR Á CASTILLA, Y VUELTO DEL
CAMINO, CONDENA Á MUERTE Á LÁZARO FONTE; ALTERASE EL CAMPO, Y
DESTIÉRRALO Á PASCA, DONDE UNA INDIA LO LIBRA DE LA MUERTE.
DESCONFIADOS los españoles de lograr las, esperanzas que
fundaban en la prisión de Sacrezazipa, repartieron entre sí veinte
mil castellanos de oro y algunas esmeraldas que despues de las
primeras particiones se habian recogido; y de esta cantidad dió el
General porciones aventajadas á los dos capellanes que habia
llevado consigo, que el uno era Juan de Lescames, clérigo (como
dijimos) y el otro Fr. Domingo de las Casas, hombre reputado por
docto, aunque los autores no dan razon de que lo mostrase en
predicar á los indios. Este, pues, hallando buena ocasion, y
queriendo lograrla antes que los soldados dispusiesen del oro que
les habia cabido en suerte, jugándolo á los dados ó naipes (achaque
de que adolecen todos los ejércitos), les hizo una dilatada oracion
que en sustancia contenia lo mal que parecia en hombres y
caballeros tales que se mostrasen ingratos y olvidados de tantos
compañeros dignos de eterna fama, como los que habian muerto entre
los peligros del hambre y de la guerra en las montañas del rio
grande, sin ver conseguido el premio de tan inmensos trabajos,
teniéndolo ya bien merecido por ellos, pues ninguno de los
presentes ignoraba que aquellos que habian sido los primeros á las
fatigas de allanar los caminos por montos y ciénagas, eran ya
despojos de la muerte, sin que ésta pudiese hacerlos incapaces ni
indignos de entrar á la parte con todos; y que para excusar nota
que bastase á desdorar ,sus hechos, seria justo que las almas de
aquellos héroes fuesen las herederas de los trabajos del cuerpo,
disponiendo que fuesen socorridos con sacrificios y buenas obras,
fundando para esto fin una memoria perpétua de misas, que segun la
limosna que se les aplicase, sirviesen dos capellanes, cuya
disposicion tomaria él á su cargo, dando cuenta y satisfaccion de
todo al General y Capitanes, que presentes se hallaban: obra que
ademas de ser por sí misma grande, les daría para con Dios muchos
méritos, y acrecentaria gloriosa fama para con los hombres; siendo
el ejemplo de lo que ellos hiciesen con los amigos muertos, una ley
inviolable, para que otros obrasen lo mismo con ellos.
Aun en los más rebeldes ánimos hace batería la memoria de la
muerte, y motiva compasiones la necesidad que se representa han de
tener de socorros ajenos los que faltos de vida no pueden valerse
de propias obras: y así no fué mucho que la propuesta hiciese
impresion en aquella gente, por ser toda de sana intencion y Fr.
Domingo muy respetado y de grande autoridad y crédito para con
ella; á lo ménos todo el tiempo que no tuvo ocasión de perderlo,
que es el toque en que se descubren y aquilatan las buenas y malas
inclinaciones. Y por esta razon, considerando todos la piedad de
obra tan santa, apoyaron su demanda tan generosamente, que lo
dieron tres mil castellanos de buen oro, con poderes é
instrucciones del órden que debia guardar en la fundacion de la
capellanía, que no tuvo efecto por causas que habiendo primero
corrido con desdoro de Fr. Domingo de las Casas (respecto de haber
pasado á Italia y dejado el hábito profesando vida libre), se
averiguó despues no tener culpa en que no se fundase la capellanía,
y haber sido autor de todo el General Quesada, que la mandó fundar
en su muerte, restituyendo la cantidad asignada, como se dirá á su
tiempo.
Viéndose ya ricos los referidos capellanes y algunos Capitanes y
hombres ilustres del campo, pusieron la mira de bajarse á la costa
de Cartagena, para comprar en ella navío y pasar á estos Reinos de
Castilla con su General Quesada, antes que supiese de sus llegada y
sucesos el Adelantado D. Pedro Fernández de Lugo, con cuyo poder y
dineros habia descubierto el Nuevo Reino; huyendo de verse con él
por no darle la parte y dozavo de los quintos que le pertenecian en
conformidad de las capitulaciones asentadas con su rnajestad y de
los poderes que dió á Quesada, cuando lo nombró Cabo del ejército
que salió de Santa Marta: y como esta pretension se fundaba en mala
correspondencia, acompañábala de ¡ecoica, como ignorante que se
hallaba entónces de la muerte del Adelantado. Pero antes de hacer
el viaje, pareciéndole que no seria conveniente desamparar lo
descubierto á precio y costa de tantas fatigas, sin dejarlo
asegurado en alguna forma, determinó buscar asiento en que
estuviese recogida la gente que dejaba para conservarlo, dando
principio á una poblacion nueva de españoles, que tuviese comodidad
para la defensa, agua y leña á la mano, y que en ella pudiesen
permanecer hasta tanto que se les proveyese de nuevo socorro de
gente.
Para este fin nombró por caudillo á Pedro Fernández de
Valenzuela, y no á Gómez del Corral, como dice Castellános: y
habiendo tanteado por el valle de los Alcázares lugar á propósito,
á la parte de Oriente, hasta llegar al pié del monte que hace
frente á Techo, en que estaba fundado Thybzaquillo, pueblo pequeño,
y pareciéndole aquel terreno fértil y dispuesto para plantas y
legumbres, jardines y huertas, porque abunda de claras aguas, que
reparten dos arroyos despeñados de la cordillera, y ser sus cumbres
y faldas montuosas, teniendo por frente y costados grandes y llanas
dehesas llenas de numerosas poblaciones, que todas gozan la dicha
de buen cielo y saludables aires, paso los primeros cimientos á
nueva villa que pretendian fundar, llamándola Santafé, á
contemplacion de la que en Granada fundaron los Reyes Católicos y
así por la disposicion y apariencia del campo, que es muy parecido
á su vega, como por ser el General Quesada natural de Granada (como
dijimos) y en memoria de su patria., despues del nombre que dió á
la nueva poblacion llamó á todas las tierras y provincias
descubiertas por su gente, el Nuevo Reino de Granada, que es el
que hoy tiene y con el que ha corrido este libro. Esté esta primera
fundacion que hemos dicho, á seis de Agosto del año en que vamos de
mil quinientos y treinta y ocho, rigiendo la Nave de San Pedro, en
el cuarto año de su pontificado, Paulo III, y teniendo el Imperio
y Reinos de España el invicto y máximo Cárlos V.
Fabricáronle luego doce casas cubiertas de paja, semejantes á
las que usaban los naturales, que pareció bastaban por entónces
para recogerse en ellas toda la gente, siendo el número á imitacion
de las doce piedras que del rio Jordan fueron sacadas y puestas en
Galgala para memoria de los descendientes de los Israelitas y en
señal de las grandes maravilla, que obró Dios por ellos, de que no
estaban olvidados aquellos españoles por las muchas que habian
experimentado de la poderosa mano de Dios, donde permanece hasta
los tiempos presentes la nueva ciudad, tan adelantada y
engrandecida como se dirá en su lugar. Y en hallándose ya el
General Quesada con todo su campo, no quiso hacer nombramiento de
Regidores, ni puso más Juez ni Superior que á su hermano Hernan
Pérez, en quien sustituyó su cargo; y él con hasta treinta
compañeros de los más nobles y ricos, camino al Norte cargado de
riquezas, en demanda del rio del oro, por donde pensaba salir al
rio grande de la Magdalena en balsas o canoas, que se podrian
fabricar con las herramientas que llevaba.
Habiendo seguido su viaje á pocos dias despues de si partida, ó
pareciéndole dificultoso el áspero rumbo, ó porque algun mal
intencionado le dijo que el Capitan Lazaro Fonte habia jurado que
despues que llegasen á la Costa habia de denunciar de él, porque
sabia llevaba ocultas esmeraldas en gran cantidad, sin haber pagado
quintos Reales, se determinó á dar vuelta al valle de los Alcázares
y nueva poblacion donde habia dejado su campo, que con su
presencia, tuvo mucho placer, porque el respeto con que miraban el
cargo y valor de su persona, habia engendrado en todos amor y
temor, que le tenian. Y aun fué en esto tan singular que,
hallándose despues libre de su mando, y muchos de ellos autorizados
con honras y cargos, le tenian la misma reverenda que acostumbraban
tenerle siendo cabeza; correspondiendo él tan fino, que si por
accidentes se le ofrecia á cualquier conquistador algun negocio que
le importase, salia á él y lo defendia como propio, de que dió
bastantes experiencias en el tiempo de su vida.
Así habia procedido el General Quesada, cuerdo y afable, que se
hallaba sobradamente bien quisto; pero despues que derrotado, dió
la vuelta de la demanda, que lleva al rio del oro, mudó algo de su
natural, faltando á la templanza que siempre hallaron gentes en él,
pues muchas veces lo vieron descompuesto, y demasiado con el
Capitan Lázaro Fonte, en que intervenieron chismes y malas
intenciones de algunos, entre los cuales cierto soldado persuadido
del mismo General, y por industria suya, denuncié contra Lázaro
Fonte diciendo haberle visto rescatar una esmeralda de gran precio,
despues que por bando se habia prohibido con penas capitales que
ninguno rescatase de indios esmeraldas, sin que fuese presente
dicho General ó la persona que nombrase, porque no fuese defraudada
la Real tienda de sus quintos. Y fué lo peor que sin estar convicto
de la culpa, ni guardar en la causa los términos que disponen los
derechos oyendo al reo, aceleradamente le sentenció, condenándole á
que le fuese cortada la cabeza: fiero rigor contra un héroe tan
grande y Capitan famoso, á quien debieran disimularse mayores
delitos en satisfaccion de servicios tantos hechos á la Corona!
Pero la ira es pasion que no admite rienda, y con ella siempre se
precipitará todo Juez interesado en el daño ajeno ó mal aconsejado
del enojo. Lázaro Fonte apeló de la sentencia para el Rey Nuestro
Señor, y sin embargo mandó ejecutarla Quesada y cuando ella por sí
no fuera tan rigurosa, negarlo recurso tan natural bastaba para
acreditarla de injusta: mas este estilo es tan corriente en las
Indias, y hallase tan apadrinada de las distancias la tiranía que
envuelve, que se castigan por delitos las súplicas y parece ley la
ejecucion de la sentencia de cualquier Juez inferior que arbitre
sobre las vidas.
Mucho sentimiento causó en el campo ver á su General determinado
á ejecutar accion tan atrojada, y con deseo de templarlo los
Capitanes y caballeros del ejército, le rogaron con instancia
admitiese la apelacion interpuesta por Lázaro Fonte, y no diese
lugar al enojo que le tuviese ofuscado, con desconsuelo grande de
todos; en cuyo nombre el Capitan Gonzáles Suárez Ronden le propuso
el descrédito que se le recreceria á su fama, más de severo que de
piadoso. Que el intento de su campo no era de ocasionarle disgusto
sino de tratarle con intencion sana, poniéndole delante de los ojos
el error con que suele proceder la confianza humana miéntras la
gobierna la pasion, de que se sigue no otorgar los recursos que á
los reos concedió la naturaleza, cuando de admitirlos se reconoce
que el Juez no falta á la obligacion de su oficio, aunque despues
por Tribunal superior se falte á la justicia. Que la poca
inteligencia de su gente por falta de Letrados que le diesen á
entender la de la sentencia y denegacion de la súplica, concebiria
haber sido dictada del odio y pasion, pues en los motivos que habia
tenido lo miraban mas como a parte que como á Juez. Que hallándose
cercados de tantas y tan bárbaras naciones, necesitaban de hombros
valerosos para su defensa, como lo era el Capitan Lázaro Fonte; y
aquel era el caso donde cuando tuviera cometidos muchos delitos,
debia un General prudente disimularlos en conveniencia del bien
comun, y no desflaquecer el cuerpo de un ejército debilitado con
más daño que pudieran sus enemigos. Que bien le constaba ser Lázaro
Fonte caballero muy conocido y de parientes tan ilustres, que no
disimularian la venganza de su muerte sin pretender la satisfaccion
por todos medios; y que hallándose no haber sido justificada, seria
mal vista en el Real pecho, donde solo tiene asiento la razon. Que
supiese vencerse á si mismo quien tan gloriosamente habia triunfado
de las más bárbaras naciones ; y pues que sus gentes le habian sido
siempre tan obedientes, y en su gobierno las tenia bien
experimentadas, les diese favorable respuesta en premio de sus
trabajos, y esta fuese de suerte que no los desconsolase en súplica
tan piadosas.
Ninguno procede tan ciego en sus determinaciones, que de todo
punto pierda la vista para las propias conveniencias. Oyó el
General Quesada las palabras del Capitan Suárez con disgusto,
porque la pasion lo apremiaba; pero veia todo un campo convenido en
un parecer, y aunque lo manifestaba con rendimiento, no ignoraba su
sagacidad, que los mas tiene hecho la desobediencia, cuando se
conforman los súbditos en sentir mal de los Superiores : que ningun
motin dió los primeros pasos con desacato, y que toda rebelion
afectó con humillaciones la causa, antes que se determinase á
declarar el intento. De estas consideraciones combatido, estuvo por
algun rato, suspenso, meditando la pretension de su gente y en las
palabras del Capitan Suárez; mas al fin, con reportadas apariencias
le dijo que bien satisfecho se hallaba de que la sentencia que
habia pronunciado era justa, y que así mismo conocia que el
movimiento que veía en su gente era con toda buena intencion de no
adelantarlo á más que hasta donde alcanzase el ruego: acolen muy
propia de la nobleza, y que en su pecho tendria siempre la
estimacion debida. Y así, para que se desengañasen de que la pesien
no hallaba lugar en su ánimo, y por darles gusto en lo que le
pedian, aunque pudiera justamente pasar al rigor de la ejecucion,
le otorgaba la apelacion á Lázaro Fonte; mas que habia de ser con
el requisito de salir del ejército desterrado á la parte que le
señalase, sin atreverse á salir de ella hasta que su causa fuese
determinada.
Oyó su campo como placer la respuesta, y aunque la condicion
podia templarlo, pensaron que lograda la primera súplica
conseguirian cualquiera que fuese segunda, despues que mitigado el
primer enojo diese lugar el tiempo al discurso para ver la luz de
la razon y permitiese á la voluntad se inclinase á los ruegos; y
así, despues de agradecerle con el rendimiento justo el agasajo que
habia hecho á su gente, le preguntaron la parto que señalaba á
Lázaro Fonte para su retiro, juzgando seria alguna poblacion de las
más cercanas de lea Mozcas, gente ménos guerrera que otra alguna y
más bien indinada á los españoles por la comunicacion continuada
que tenia con ellos. Pero despues que entendieron de su respuesta
haber de ser el destierro en la provincia de los Panches, nacion
fiera y detestable y que no seria allí ménos cierta su muerte que
lo fuera en un cadalso, volvieron á interponer nuevas súplicas y
por gran favor consiguieron que se mudase á la prisión y destierro
al pueblo de Pasca, distante siete leguas de Santafé, donde aunque
los naturales eran de la nacion Mosca, eran guerreros y entéricos
capitales enemigos de los españoles. Á esta sitio, pues, llevaron
al Capitan Lázaro Fonte, con órden del General Quesada para que
aIli lo dejasen desarmado y en prisiones, y sin más compañía que la
de una mujer natural de Bogotá que le servia y habia cobrado amor,
como se vió por los efectos, pues le aseguró la vida cuando más
arriesgada la tuvo. Llegados, pues, á los burgos de Pasca los
soldados que lo llevaban aprisionado, y vista por los vecinos la
tropa de caballos que entraba era su tierra, se retiraron con todas
sus familias á la montaña que tienen vecina, dejando sus bienes al
arbitrio de los que imaginaron entrar en su puebla de guerra, que
fueron veinte y cinco montados; pero éstos, como personas que no
iban á otro fin que el de llevar á Lázaro Fonte no hicieron daño
alguno en el pueblo, Antes trataron luego de dar la vuelta á
Santafé, sin lágrimas de compasion que les causó ver á un Capítan
de tanto valor expuesto á peligro tan manifiesto de la vida, de
quien se despidieron teniendo por cierto que no lo verian más.
Puesto Lázaro Fonte en aquel sitio y con varonil ánimo expuesto
á los accidentes cualquiera fortuna, pasó aquella noche sin más
compañia que la de aquella india que se quedó en su servicio y no
quiso desampararlo, y teniendo por infalible su muerte, vuelta
Dios, en quien únicamente libraba ya su defensa, se disponia para
morir arrepentido de culpas; pero apénas amaneció el dia siguiente,
cuando la india, compañera de sus trabajos se vistió de la mayor
gala que pudo, conforme al uso de aquella tierra y como pudiera más
principal de sus cacicas; y como era de hermoso rostro, poca edad y
mucho aire, disposicion y gallardia, parecióle haber conseguido la
traza de que pretendia valerse para su intento. Encaminóse, pues,
así á la entrada del pueblo por donde sospechaba volvería la gente
que se habia retirado á los montes, en cuya eleccion no se engañó:
pues apénas llegó al sitio cuando pareció un escuadron de gente
bien armada, que viendo á la mujer foreste en traje y disposicion
de señora de las de Bogotá, á que se añadia la hermosura del rostro
paró el escuadren, alterados y confusos los indios con la sospecha
de que todavia ocupaba su pueblo algunas tropas de caballos
españoles. Pero ella, conociendo la causa que los detenia en un
razonamiento bien ordenado y cariñoso (porque la necesidad y el
amor son retóricos más eficaces), les dijo: Que llegasen sin recelo
de encontrar quien pudiese hacer daño en sus tierras, ántes
hallarían en ellas un hombre hijo del sol, que más deseaba defender
sus vidas de peligros y ampararlos en su libertad. Que allí lo
verian aprisionado en la casa más vecina (proseguía cautelosa)
porque contradecía y se oponia al Capitan General de los españoles,
que pretendia destruirlos, de que sentido habia dispuesto lo
llevasen preso á aquel sitio, diciendo que quien tan amigo era de
Pasca fuese á verlo y allí veria que el agradecimiento que hallaba
en la canalla vil que defendia seria darle la muerte luego lo
encontrasen, y que así lo habian llevado desarmado veinte y cinco
caballos con designio de saquear y quemar el pueblo de Pasca, á que
el hijo del sol no dio lugar ni lo permitió aunque se hallaba sin
armas y aprisionado, porque su valor era tan grande que aun en
aquel infeliz estado lo respetaban, y que con esto hallaria sus
casas seguras y sus bienes libres, como podrian certificarlo con la
vista; y despues de haberlo hecho connsiderasen á, beneficios tan
grandes serian dignos de mala correspondencia y hombre tal
merecedor á que lo sirviesen y honrasen como á defensor de la
patria y vidas. Que todos los vicios juntos parece que no hacian á
un hombre malo, si no los acompañaba con la ingratitud el
detestable de todos. Que no diesen lugar á que ésta les ocupase el
corazon sino la clemencia y amistad que debian tener de justicia.
Que entrasen á verlo seguros de que estaba con de de tenerlos por
amigos y de que los demas españoles no les harian daño alguno
miéntras lo tuviesen consigo, por la veneracion que le tenian de
que ella era el más fiel pues siendo de su misma nacion no habia de
ser tan cruel que los tratase con engaño
Tanto arte y buena gracia junto la india á sus palabras, que sin
sospecha de que en ellas pudiese haber engaño, fué creida de todos;
y aquel señor, que se llamaba Pasca, á los Capitanes más
principales de su Estado (que llaman Utas) entraron desarmados en
la casa donde estaba el capitan Lázaro fonte, á quien hallaron
preso, y asombrado de verse en medio de aquellos bárbaros tan
inclinados á ejecutar cualquiera crueldad en hall ocasion de
manifestar su natural cobarde. Pero el Pasca siendo intérprete fiel
la india le dijo: Que no se alborotase, que bien sabia era Capitan
de los más principales del campo español, y la causa por qué le
habian tratado mal los de su misma nacion, y así tuviese entendido
que cualquiera obra buena tenia correspondencia si quien la recibia
era noble y manifestaba tal con el agradecimiento: de que podia
inferir cuán obligado la tenia á él, que en fe de aquella verdad,
todo el tiempo que asistiese en su pueblo podia estar cierto que le
guardarla amistad y se baria su gusto en todos los demas pueblos de
su señorio, donde seria obedecido como su misma persona. Con este
ofrecimiento salió Lázaro Fonte de la borrasca de sus recelos al
puerto de seguridad, y agradecido lo manifestó por medio de la
india, á cuya industria debió su buen suceso, que se continuó por
espacio de treinta dias que duró el destierro y se alzó por la
variedad de los accidentes que sobrevinieron.