INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
LIBRO SEXTO
 



Prende el General Quesada a Sacrezazipa y válese éste de algunas trazas para salir de la prision, que no tienen efecto hasta que en ella pierde la vida atormentado (Funda Quesada la ciudad de Santafe y  determina pasar á Castilla. Altérace el campo por la sentencia que da contra Lázaro Ponto y sociégalo con arte. Entran á un tiempo en el Reino Nicolas Fedreman por los Llanos y Benalcázar por Neiva. Conviénese los tres Generales y vienen juntos á España. Funda el Capitan Galeano á Vélez y Gonzalo Suárez Rondon á Tunja. Gerónimo Lebron forma ejército para subir al Reino, pelea su armada con la de Mompox, saquea á Tamalameque y vence la batalla naval de Cesare con estrago y muerte de Alonso Jeque.        

 

CAPITULO I
 

PRENDE QUESADA Á SACREZAZIPA POR LOS TESOROS DEL ZIPA MUERTO, Y PROMETELOS CON ENGAÑO HASTA LOGRAR LA MUERTE DE SUS ÉMULOS: VALESE DE NUEVAS TRAZAS PARA PONERSE EN LIBERTAD Y QUÍTALE VIDA Á TORMENTOS.

NO porque los hombres se vean mejorados de fortuna aseguren la conservacion de su felicidad, pues ninguno de los engaños humanos tren ménos consistencia que las dichas. Su movimiento es tan continuo, que sin detenerlo crecen aceleradamente ó apresuradas descaecen. El mejor aforismo para no perderse en ellas es gozarlas con temor; porque al echarlas ménos tenga la prevencion mitigado el dolor de que falten. En los varones cuerdos pocas ruinas hicieron las baterías de su inconstancia; pero en quien se creyó de que tenian firmeza, raras veces se halló valor para escápar del sobresalto con que miran trocada en tormenta la serenidad de sus buenós sucesos. Bastante desengaño dará el último Zipa de Bogotá de esta turbacion inconstante de vientos con que navegaran sus dichas; pues cuando vencedor de los Panches sus enemigos y aclamado por los vasallos de quienes lo habian hecho monarca, introdujo sus ardides con el amparo de los españoles; y cuando entro banquetes festivos pensaba tener clavada la rueda de sus fortunas, mal sufrido Quixinimpaba, emulo suyo, de verlo en el trono y pareciéndole que siendo él tambien de la sangre real de los Zipas, era descrédito de su autoridad darle obediencia á quien era su igual, le dijo á Hernan Pérez de Quesada que Sacrezazipa no era señor natural de aquel Reino, sino primo solamente de Thysquesuzha, como hijo que era de un Hermano de Neméquene y de hermana del Cacique de Guatavita, sin que por este derecho le perteneciese la sucesion de Bogotá, sino á quien fuese sobrino, hijo de hermana del Zipa, como lo era el príncipe de Chia, que andaba oculto; y que si Sacrezazipa se habia introducido en el Reino, era fundado en la tiranía, que como más cauteloso habia ejecutado con maña y atrevimiento, teniendo en sus manos las armas y apoderándose de los tesoros del Rey difunto, con que habla conseguido con sobornos lo que no habia podido por naturaleza. Lo cual entendido por Hernan Pérez y otros no ménos codiciosos, y pareciéndoles que hallaban camino para la mayor riqueza, pidieron por escrito ante el General Quesada, que atendiendo á la relacion y noticias que daba Quixinimpaba mandase prender aquel Zipa intruso, asegurando su persona en la cárcel que le fuese señalada hasta tanto que manifestase las riquezas de Thysquesuzha, que perdió por haber sido rebelde no sujetándose al Rey de España (fiera propuesta de hombres, debiendo saber el más bruto que no puede caber rebelion en quien no ha sido súbdito) y porque segun leyes de milicia, despues de entregarle á su majestad su real quinto, pertenecia lo restante á los soldados del ejército.

No busca más derechos que éstos una pretension ciega, cuando de su parte tiene el apoyo: y así presentado este requerimiento y admitido por el General, que por ventura fué el autor de todo, como lo confiesa él mismo á folio cuarenta y tres del Epitome historial que dejó manuscrito, dió mandamiento y fué preso Sacrezazipa, y asegurado con guardas con general escándalo y alboroto de sus vasallos, que temerosos de no ver ejecutado otro tanto en los Uzaques y Caciques, desampararon la corte, sin que de multitud tan numerosa alguno acompañase al Zipa: alivio que no suelo faltar fluir al mus desvalido; aunque los españoles le hacian urbano y amigable trato, sin que su prisión se estrechase á más que á la continua asistencia de las guardas, y de la misma suerte lo sacaron de Bogotá para llevarlo á Bosa, donde el campo español tenia su asiento, y donde Quesada le señaló casa junto á la suya con doce ballesteros de guarda que lo trataban con respeto, á quienes él, como liberal, correspondia con dádivas y preseas de las que le llevaban sus criados, porque despues que reconocieron que los españoles no pasaban darle más disgusto que el que podia  causarle la detencion de su persona, iban á todas horas con regalos y cosas de precio, que luego repartía con los ballesteros que le asistían y con los demas españoles que le visitaban.

Con ocasion de hacerle el mismo agasajo fué tambien el General Quesada, acompañado de sus amigos, queriendo por este medio darle parte de las causas y motivos por qué lo tenia preso, y aconsejarle lo que debia hacer para gozar de libertad y reino, y asi, mediante intérprete, le dijo: que no ignoraba los tratos y malos medios con que tiranizaba aquel señorio; pero aunque fuese así, no excusaria guardarle su real decoro como el suyo propio, si excusándole otras diligencias más apretadas, se resolvia á entregarle todo el oro de Thysquesuzha que paraba en su poder; pues siendo, como eran, bienes de un vasallo rebelde, no tenia duda pertenecerle á su Rey por derecho. Porque has de saber (decia), que el Papa, Monarca Soberano, que por el poder de Dios tiene suprema autoridad sobre todos los hombres y reinos de la tierra, tuvo por bien de darle al Rey de España este nuevo mundo, para que en él sucediesen sus herederos, con fin de que las gentes barbaras que lo habitan y tan ciegas viven en sus idolatrias, fuesen instruidas y doctrinadas en nuestra santa fe católica, reconociendo de solo un Dios Autor de todo lo criado, de cuyo poder pende el premio y castigo eterno; por cumplir las órdenes de nuestro Rey, que son en conformidad de la voluntad del Papa, hemos venido descubriendo varias provincias, ofreciendo toda amistad á sus moradores, aunque los efectos han sido muy diferentes con aquellos que no han querido admitir la paz. Por esta causa, pues, cuando nos ponen en aprieto moviendonos guerra, la hacemos tambien nosotros, no con intento de ofender persona alguna, sino solamente por defender las vidas que naturalmente nos hallamos obligados; y á estos que nos constriñen así á tomar las armas, los despojamos, y á los que de paz nos reciben, jamas les hemos hecho ofensa alguna, antes libremente los dejamos gozar de sus bienes y hacienda con toda quietud: de lo cual ninguno podra ser mejor testigo que tú lo eres despues que profesaste amistad con mis gentes; ésta se procuró siempre con Thysquesuzha tu antecesor; pero como su obstinacion no quiso doblarse a los intereses de la paz que se le propusieron, fué causa su rebeldia de que, con las armas en las manos, muriese á las nuestras en la batalla del cercado, como es notorio; por cuya razon todos sus bienes y Estados nos pertecen como despojos ganados en guerra lícita. Y así destituyendo, á los tesoros que él tenia, como es justo que lo hagas, tendrás la libertad y reino que deseas por toda tu vida, sin que de él seas desposeído por causa alguna, y te cumpliré esta palabra, no faltando tú á tan justificada demanda: con advertencia de que si en ella procedieres con engaño, tú mismo serás el autor principal de tu ruina.

Oidas por el Zipa estas razones, dichas por Quesada con toda la eficacia que pudo aplicar á su protension, mostró risueño semblante á todas, y en pocas palabras respondió que todo el tesoro del Rey su hermano (llamaban asi los Mozcas al primo) que paraba en su poder, podia tener por cierto lo pondria en sus manos con puntualidad, y que en fe de sus buenos deseos podia asegurarse de ello como si lo tuviese ya presente; pero que por, haberse partido entre sus gentes para que lo guardasen dividido, no era posible recogerla con tanta brevedad como quisiera; y así le pedia de término cuarenta dias, en cuyo espacio de tiempo se obligaba á llenar de oro y esmeraldas el bohío en que lo tenia preso, desde el suelo hasta la mitad de él, que á su parecer seria la cantidad de que tenia noticias. Con ménos liberal oferta se prometieran montes de riqueza los españoles; ¿qué seria, pues, con una tan excesiva? y así alegres todos, y más que otro alguno el General, lo hicieron repetidos obsequios y halagos, que el interes es gran conciliador de cariños considerándose cada cual dueño de otro rescate tan memorable como el que sonaba haber dado Atagualpa por su persona.

Por los efectos se reconoció haber procedido Sacrezazipa con fraude para entretener  la codicia española y ver si el tiempo le daba alguna disposicion para escapar de sus manos; porque, en la realidad, poca noticia debia de tener de los tesoros del primo, en cuya guardia tienen por costumbre matar aquellos mismos de quien los fian, por asegurar el secreto. Pero como el aprieto era grande y pensaba vencer su mala fortuna con trazas, llamó de sus vasallos los más confidentes, y comunicado con ellos su pensamiento y el órden que pretendia guardasen en conducir el tesoro prometido, dispuso que cada dia llevasen una carga de joyas y láminas de las que él tenia suyas, envueltas en mantas; mas de tal manera que, pasa por delante de los españoles, el movimiento del cuerpo de quien las cargaba forma se tal ruido que los asegurase de la promesa y les diese la consonancia más dulce que apetecian á cada cual de estas cargas a treinta y seis indios bien arreados de mantas y camisetas de algodon, y despues que llegaban á la presencia de Sacrezazipa, mandaba las á depositar en el retrazo para este fin señalado, donde el carguero las dejaba caer de los hombres al suelo, para que el sonido asegurase más á los españoles, atentos siempre á la menor de aquellas acciones, á quienes pedia el bárbaro que hasta que su promesa tuviese entera cumplimiento no tratasen de ver el oro, por ser de suyo tan apetecido, y tal vez menoscabadas aun de los ojos de los más dormidos que lo manosean, de que podria resultar justamente de efecto en su Real palabra; y así, por no desabrirlo, venian en lo que les proponia con mucho gusto.

Por otra parte, los indios que habian acompañado la carga de oro la recogian en piezas, y dividiéndolas entre todos en mochilas, que llevaban para el intento, volvían á sacarlas con todo disimulo debajo de los mantas con que se cubrian, sin que  barruntase los engaños con que un dia y otro continuaban aquella traza, esperando ocasion de algun descuido en las guardias para valerse de él Sacrezazipa y conseguir la libertad deseada. Pero era tanta la vigilancia que tenian con él los ballesteros que le asistian de dia y de noche, que no le fué posible hallar medio de facilitar sus intentos, ó porque ya la fortuna le habia desamparado, y es tan dificultoso volver á ser feliz quien cayó de su gracia, que las diligencias mas prudentes que se hacen para conseguirlo solo sirven de apresurar los pasos para arruinarle, y así, cumplidos ya los cuarenta dias del término señalado, se determinó Quesada y los demas á entrar á ver aquel caudaloso tesoro, porque cada cual ideaba en su fantasía Estados grandes de que se imaginaba señor en Castilla, á precio de la parte que en la division habia de tocarle, por corta que fuese. Con estas esperanzas entraron en el bohío, que hallaron pobre y sin rastro ni señal del tesoro imaginada, quedándose todos con el suceso tan pasmados, como los varones ricos que despertaron del sueño que durmieron, y con nada se hallaron en las manos; y más que todos agraviado el general Quesada de burla tan sensible, mandó doblar, las prisiones á Sacrezazipa, y destemplándose de su acostumbrada modestia con palabras y obras indignas de su sangre y oficio, trató mal de todas maneras á aquel Rey, que aunque bárbaro y aprisionado, representaba la dignidad más venerable. Hacíale cargos de fementido inicuo y falso, y añadiendo á las obras amenazas más crueles, le preguntaba por el oro que lo habian llevado sus vasallos: quién lo habia traspuesto de la casa? qué se habia hecho? pues él y los que le asistian eran testigos de haberlo visto encerrar en su retrete; pero pues no parecia, él era sin duda quien por artes del demonio lo habia desvanecido.

A todo esto, dándose el bárbaro por desentendido de injurias tales, y maquinando más cautelosamente nuevos engaños, lo respondió: que él no podia saber dónde lo habian puesto los indios que lo llevaron, pues á todas sus acciones se habian hallado las guardas que le tenian puestas, y pues ellas lo ignoraban, ménos razon podia él dar de lo que se le preguntaba; mas que si no era engaño de sus discursos, sin duda todo lo sucedido se habia dispuesto por órden y trazas de Quixinimpaba y Quixinimegua, sus contrarios, con fin de desacreditarlo con los españoles, y aprovecharse ellos y sus consejeros, y que sin duda habia sido el engaño de ellos, y por verle muerto en las prisiones en que le tenian, se habian concertado con los indios que cargaban el oro para que, despues de cumplir el órden de encerrarlo en la casa señalada para aquel efecto, lo volviesen á sacar repartido entre todos debajo de las mantas, como él tenia imaginado y lo habia colegido de las acciones con que entraban y salian los cargueros y los que los acompañaban; por lo cual no seria justo que maldad tan grande se pasase sin castigo, pues era cierta su presuncion, y solamente de aquella suerte podian haber logrado sus malos deseos, hallándose libres los delincuentes y castigado quien les habia sido amigo tan verdadero.

Donde la codicia reina no se ejecuta accion que no vaya errada; porque la primera diligencia que hace es cegar el entendimiento para que el discurso falte, y desordenado el apetito repruebe cuando la razon aconseja. Y así, teniendo el General Quesada por sencillas estas disculpas, que á poca luz descubrian su malicia, convirtió el odio y enojo contra los dos Uzaques inocentes que prendieron al siguiente dia, y puestos en el tormento, despues de algunas preguntas á que no respondieron á gusto, como quienes se hallaban ignorantes de las máquinas del Zipa, y sin más prueba que la sospecha manifestada por él, determinó, condenarlos á muerte, como con efecto lo hizo, mandando que fuesen ahorcados con general escándalo de los naturales y aun de sus más confidentes, porque á un principio errado siempre le siguen desaciertos muy considerables, como lo fué éste, por parecerle á Quesada que faltándole á Sacrezazipa aquellos dos enemigos, y viendo que por aquella parte aseguraba el Reino, no excusaria entregarlo el tesoro que le tema prometido.

Bien manifiesta vió su venganza el bárbaro por mano de los que más debieran reprimirla, mas no por eso facilitó el cumplimiento de su palabra; antes con más astucia propuso no ser posible cumplir su promesa, á causa de no hallarse obedecido de sus vasallos, que lo despreciaban viéndolo oprimido con tan ásperas prisiones y maltratado como esclavo, inconveniente que no podia repararse sino era poniéndolo en libertad para que le obedeciesen y entónces se asegurase la entrega de las riquezas que le pedian y tenia ofrecidas. Sobre esta propuesta llamó á consulta el General, y aunque de ella resultó que le quitasen las prisiones, no se le concedió la libertad; antes se puso más desvelo en guardarlo, recelando que hiciese fuga. Importunábanle por instantes á que cumpliese su palabra como Rey, pues con solo mandarlo desde la prision en que estaba, sabian todos que seria obedecido de sus vasallos, y con mayor respeto y obediencia que antes solian mostrarle, por haber faltado los émulos que tenia á su Corona.

A todo esto no daba ya Sacrezazipa más respuesta que su silencio; porque como tenia el ánimo tan diferente de lo que hasta entonces habia manifestado el semblante, vencía la natural obstinacion á la afectada apariencia, convirtiendo aquella dulzura y agrado que solía mostrar en sus respuestas en desabrimiento y señas que daban señales evidentes de los odios y rencores que guardaba represados en el corazon, por la prision y agravios que en ella habia recibido continuados por cinco meses. Por esta causa lo hallaban á todas horas desabrido y melancólico, sin querer dar respuesta á ninguna pregunta de cuantas le hacian, de que resultó hacer nuevas instancias Hernan Pérez de Quesada al General su hermano para que lo apremiase más, obligándolo con tormentos á que descubriese el tesoro que no habia querido manifestar con halagos: y era esto siendo defensor nombrado al Zipa en la causa criminal que fulminaba contra él su hermano, quien debiera saber, para no condenarlo á tontura, que por ningun delito, por enorme que sea, como lo haya cometido ántes de recibir voluntariamente el bautismo, puede ser punido por semejante juez un gentil, y más siendo Príncipe, cuya infidelidad fué segun pura negacion, y que no impedia directamente la predicacion de la fe. Pero diéronle los tormentos y ejecutáronse con tanto rigor que en muy poco tiempo le quitaron la vida, dejando á todos ya que no faltos de codicia á lo ménos de la esperanza de haber á las manos aquella riqueza que tantos afanes habia costado á los que la poseyeron y á los que la pretendian.

No expresa Quesada el género de tortura con que abreviaron la muerte del Zipa; pero en la informacion que hizo despues el Gobernador Gerónimo Lebron de Quiñones contra los Quesadas y primeros Capitanes del Nuevo Reino, que se guarda en el archivo de Simancas, parece por las deposiciones de algunos testigos que despues de haberlo tenido preso por más de seis meses y atormentádole con cordeles, lo fueron dando fuego á dos herraduras que le tenian puestas en las plantas de los piés hasta que murió; y aunque la informacion sea sospechosa por haberla dispuesto quien se hallaba sentido de que no lo admitiesen al gobierno del Nuevo Reino, con todo eso la comprueban mucho las palabras; de Quesada, que son éstas: Entónces los españoles pedian muy ahincadamente que le tornasen de nuevo á reiterar los tormentos, pedido con tanta porfía que el Licenciado se lo entregó y que allá se lo hubiesen; lo cual visto por ellos le dieron buenos tormentos, sin los dados por el Licenciado: y yo fio que debieron de ser buenos porque lo volvieron maltratado al Real, donde de alli á dos meses, segun la más comun opinion, acabó de los tormentos. Hasta aquí es de Quesada, y lo ménos que se debe admirar en este suceso es el valor con que el Zipa sufrió tal género de muerte, pues no se hallará que Rey alguno indio haya, dejado de obrar lo mismo en las tragedias semejantes á ésta que se han representado en los teatros de Méjico y el Perú. Y verdaderamente será flaca disculpa cualquiera que se alegare, para dar color á tan imprudente accion, ni tendrá más causa haberla ejecutado que la facilidad con que la flaqueza humana inclina el ánimo más recatado á obrar en abono de sus apetitos rebeldes: siendo muy raro el varon grande que por la parto del interes no haya aventurado los aplausos que le merecieron otras heróicas virtudes. Y quien leyere este suceso en el Compendio historial que escribió el mismo Adelantado, tendrá bien que lastimarse del sentimiento y dolor con que confiesa haber cooperado á la injusticia con fin de complacer á su gente, de suerte que la obligase á informar con tanto aplauso de sus hazañas, que, por ellas consiguiese el gobierno perpetuo del Nuevo Reino. Los más culpados sin el General, en la muerte del Zipa, fueron Hernan Pérez de Quesada, Gonzalo Suárez Rondon y Gonzalo Martin Zorro, y los sucesos futuros de todos cuatro manifestaron su culpa. Baste saber por ahora, por si no hubiere lugar de referirlo á su tiempo, que al Capitan Zorro en un juego de cañas que se hizo en la plaza de Santafé lo mató de un cañazo (atravesándole la adarga y las sienes) don Diego Venégas, nieto por parte de madre del Cacique de Guatavita, en cuya hermana hubo á Sacrezazipa, aquel hermano de Neméquene que murió peleando en el peñol de Ubaque, como dijimos en el capítulo cuarto del segundo libro; y al fin á este desgraciado Zipa le quitó la vida su secreto ó su desgracia y lo más cierto su tiranía, á quien raras veces falta en esta vida el castigo, y con su muerte cayó de todo punto el imperio y grandeza de los Zipas, continuado por tantos años hasta éste que fué el último Rey de Bogotá: pues desde entonces sus sucesores (que aun todavia se conservan por sangre) no extienden su dominio más que á los terminos de aquella poblacion, que todos los indios reconocen por cabeza del Reino. Pero como el supremo gobierno consiste en los ministros de su majestad, y el inmediato se lo han usurpado los Encomenderos, cada cual de los Caciques gobierna muy limitadamente en su pueblo, y el tiempo tiene olvidada aquella antigua veneracion y respeto que se daba al Rey de Bogotá, estrechado ya á un señorío aparente y á pasar con muy corto tributo y una dehesa bien limitada.

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