LIBRO SEXTO
Prende el General Quesada a Sacrezazipa y válese éste de algunas
trazas para salir de la prision, que no tienen efecto hasta que en
ella pierde la vida atormentado (Funda Quesada la ciudad de Santafe
y determina pasar á Castilla. Altérace el campo por la sentencia
que da contra Lázaro Ponto y sociégalo con arte. Entran á un tiempo
en el Reino Nicolas Fedreman por los Llanos y Benalcázar por Neiva.
Conviénese los tres Generales y vienen juntos á España. Funda el
Capitan Galeano á Vélez y Gonzalo Suárez Rondon á Tunja. Gerónimo
Lebron forma ejército para subir al Reino, pelea su armada con la
de Mompox, saquea á Tamalameque y vence la batalla naval de Cesare
con estrago y muerte de Alonso Jeque.
CAPITULO I
PRENDE QUESADA Á SACREZAZIPA POR LOS TESOROS DEL ZIPA MUERTO, Y
PROMETELOS CON ENGAÑO HASTA LOGRAR LA MUERTE DE SUS ÉMULOS: VALESE
DE NUEVAS TRAZAS PARA PONERSE EN LIBERTAD Y QUÍTALE VIDA Á
TORMENTOS.
NO porque los hombres se vean mejorados de fortuna aseguren la
conservacion de su felicidad, pues ninguno de los engaños humanos
tren ménos consistencia que las dichas. Su movimiento es tan
continuo, que sin detenerlo crecen aceleradamente ó apresuradas
descaecen. El mejor aforismo para no perderse en ellas es gozarlas
con temor; porque al echarlas ménos tenga la prevencion mitigado el
dolor de que falten. En los varones cuerdos pocas ruinas hicieron
las baterías de su inconstancia; pero en quien se creyó de que
tenian firmeza, raras veces se halló valor para escápar del
sobresalto con que miran trocada en tormenta la serenidad de sus
buenós sucesos. Bastante desengaño dará el último Zipa de Bogotá de
esta turbacion inconstante de vientos con que navegaran sus dichas;
pues cuando vencedor de los Panches sus enemigos y aclamado por los
vasallos de quienes lo habian hecho monarca, introdujo sus ardides
con el amparo de los españoles; y cuando entro banquetes festivos
pensaba tener clavada la rueda de sus fortunas, mal sufrido
Quixinimpaba, emulo suyo, de verlo en el trono y pareciéndole que
siendo él tambien de la sangre real de los Zipas, era descrédito de
su autoridad darle obediencia á quien era su igual, le dijo á
Hernan Pérez de Quesada que Sacrezazipa no era señor natural de
aquel Reino, sino primo solamente de Thysquesuzha, como hijo que
era de un Hermano de Neméquene y de hermana del Cacique de
Guatavita, sin que por este derecho le perteneciese la sucesion de
Bogotá, sino á quien fuese sobrino, hijo de hermana del Zipa, como
lo era el príncipe de Chia, que andaba oculto; y que si Sacrezazipa
se habia introducido en el Reino, era fundado en la tiranía, que
como más cauteloso habia ejecutado con maña y atrevimiento,
teniendo en sus manos las armas y apoderándose de los tesoros del
Rey difunto, con que habla conseguido con sobornos lo que no habia
podido por naturaleza. Lo cual entendido por Hernan Pérez y otros
no ménos codiciosos, y pareciéndoles que hallaban camino para la
mayor riqueza, pidieron por escrito ante el General Quesada, que
atendiendo á la relacion y noticias que daba Quixinimpaba mandase
prender aquel Zipa intruso, asegurando su persona en la cárcel que
le fuese señalada hasta tanto que manifestase las riquezas de
Thysquesuzha, que perdió por haber sido rebelde no sujetándose al
Rey de España (fiera propuesta de hombres, debiendo saber el más
bruto que no puede caber rebelion en quien no ha sido súbdito) y
porque segun leyes de milicia, despues de entregarle á su majestad
su real quinto, pertenecia lo restante á los soldados del
ejército.
No busca más derechos que éstos una pretension ciega, cuando de
su parte tiene el apoyo: y así presentado este requerimiento y
admitido por el General, que por ventura fué el autor de todo, como
lo confiesa él mismo á folio cuarenta y tres del Epitome historial
que dejó manuscrito, dió mandamiento y fué preso Sacrezazipa, y
asegurado con guardas con general escándalo y alboroto de sus
vasallos, que temerosos de no ver ejecutado otro tanto en los
Uzaques y Caciques, desampararon la corte, sin que de multitud tan
numerosa alguno acompañase al Zipa: alivio que no suelo faltar
fluir al mus desvalido; aunque los españoles le hacian urbano y
amigable trato, sin que su prisión se estrechase á más que á la
continua asistencia de las guardas, y de la misma suerte lo sacaron
de Bogotá para llevarlo á Bosa, donde el campo español tenia su
asiento, y donde Quesada le señaló casa junto á la suya con doce
ballesteros de guarda que lo trataban con respeto, á quienes él,
como liberal, correspondia con dádivas y preseas de las que le
llevaban sus criados, porque despues que reconocieron que los
españoles no pasaban darle más disgusto que el que podia causarle
la detencion de su persona, iban á todas horas con regalos y cosas
de precio, que luego repartía con los ballesteros que le asistían y
con los demas españoles que le visitaban.
Con ocasion de hacerle el mismo agasajo fué tambien el General
Quesada, acompañado de sus amigos, queriendo por este medio darle
parte de las causas y motivos por qué lo tenia preso, y aconsejarle
lo que debia hacer para gozar de libertad y reino, y asi, mediante
intérprete, le dijo: que no ignoraba los tratos y malos medios con
que tiranizaba aquel señorio; pero aunque fuese así, no excusaria
guardarle su real decoro como el suyo propio, si excusándole otras
diligencias más apretadas, se resolvia á entregarle todo el oro de
Thysquesuzha que paraba en su poder; pues siendo, como eran, bienes
de un vasallo rebelde, no tenia duda pertenecerle á su Rey por
derecho. Porque has de saber (decia), que el Papa, Monarca
Soberano, que por el poder de Dios tiene suprema autoridad sobre
todos los hombres y reinos de la tierra, tuvo por bien de darle al
Rey de España este nuevo mundo, para que en él sucediesen sus
herederos, con fin de que las gentes barbaras que lo habitan y tan
ciegas viven en sus idolatrias, fuesen instruidas y doctrinadas en
nuestra santa fe católica, reconociendo de solo un Dios Autor de
todo lo criado, de cuyo poder pende el premio y castigo eterno; por
cumplir las órdenes de nuestro Rey, que son en conformidad de la
voluntad del Papa, hemos venido descubriendo varias provincias,
ofreciendo toda amistad á sus moradores, aunque los efectos han
sido muy diferentes con aquellos que no han querido admitir la paz.
Por esta causa, pues, cuando nos ponen en aprieto moviendonos
guerra, la hacemos tambien nosotros, no con intento de ofender
persona alguna, sino solamente por defender las vidas que
naturalmente nos hallamos obligados; y á estos que nos constriñen
así á tomar las armas, los despojamos, y á los que de paz nos
reciben, jamas les hemos hecho ofensa alguna, antes libremente los
dejamos gozar de sus bienes y hacienda con toda quietud: de lo cual
ninguno podra ser mejor testigo que tú lo eres despues que
profesaste amistad con mis gentes; ésta se procuró siempre con
Thysquesuzha tu antecesor; pero como su obstinacion no quiso
doblarse a los intereses de la paz que se le propusieron, fué causa
su rebeldia de que, con las armas en las manos, muriese á las
nuestras en la batalla del cercado, como es notorio; por cuya razon
todos sus bienes y Estados nos pertecen como despojos ganados en
guerra lícita. Y así destituyendo, á los tesoros que él tenia, como
es justo que lo hagas, tendrás la libertad y reino que deseas por
toda tu vida, sin que de él seas desposeído por causa alguna, y te
cumpliré esta palabra, no faltando tú á tan justificada demanda:
con advertencia de que si en ella procedieres con engaño, tú mismo
serás el autor principal de tu ruina.
Oidas por el Zipa estas razones, dichas por Quesada con toda la
eficacia que pudo aplicar á su protension, mostró risueño semblante
á todas, y en pocas palabras respondió que todo el tesoro del Rey
su hermano (llamaban asi los Mozcas al primo) que paraba en su
poder, podia tener por cierto lo pondria en sus manos con
puntualidad, y que en fe de sus buenos deseos podia asegurarse de
ello como si lo tuviese ya presente; pero que por, haberse partido
entre sus gentes para que lo guardasen dividido, no era posible
recogerla con tanta brevedad como quisiera; y así le pedia de
término cuarenta dias, en cuyo espacio de tiempo se obligaba á
llenar de oro y esmeraldas el bohío en que lo tenia preso, desde el
suelo hasta la mitad de él, que á su parecer seria la cantidad de
que tenia noticias. Con ménos liberal oferta se prometieran montes
de riqueza los españoles; ¿qué seria, pues, con una tan excesiva? y
así alegres todos, y más que otro alguno el General, lo hicieron
repetidos obsequios y halagos, que el interes es gran conciliador
de cariños considerándose cada cual dueño de otro rescate tan
memorable como el que sonaba haber dado Atagualpa por su
persona.
Por los efectos se reconoció haber procedido Sacrezazipa con
fraude para entretener la codicia española y ver si el tiempo le
daba alguna disposicion para escapar de sus manos; porque, en la
realidad, poca noticia debia de tener de los tesoros del primo, en
cuya guardia tienen por costumbre matar aquellos mismos de quien
los fian, por asegurar el secreto. Pero como el aprieto era grande
y pensaba vencer su mala fortuna con trazas, llamó de sus vasallos
los más confidentes, y comunicado con ellos su pensamiento y el
órden que pretendia guardasen en conducir el tesoro prometido,
dispuso que cada dia llevasen una carga de joyas y láminas de las
que él tenia suyas, envueltas en mantas; mas de tal manera que,
pasa por delante de los españoles, el movimiento del cuerpo de
quien las cargaba forma se tal ruido que los asegurase de la
promesa y les diese la consonancia más dulce que apetecian á cada
cual de estas cargas a treinta y seis indios bien arreados de
mantas y camisetas de algodon, y despues que llegaban á la
presencia de Sacrezazipa, mandaba las á depositar en el retrazo
para este fin señalado, donde el carguero las dejaba caer de los
hombres al suelo, para que el sonido asegurase más á los españoles,
atentos siempre á la menor de aquellas acciones, á quienes pedia el
bárbaro que hasta que su promesa tuviese entera cumplimiento no
tratasen de ver el oro, por ser de suyo tan apetecido, y tal vez
menoscabadas aun de los ojos de los más dormidos que lo manosean,
de que podria resultar justamente de efecto en su Real palabra; y
así, por no desabrirlo, venian en lo que les proponia con mucho
gusto.
Por otra parte, los indios que habian acompañado la carga de oro
la recogian en piezas, y dividiéndolas entre todos en mochilas, que
llevaban para el intento, volvían á sacarlas con todo disimulo
debajo de los mantas con que se cubrian, sin que barruntase los
engaños con que un dia y otro continuaban aquella traza, esperando
ocasion de algun descuido en las guardias para valerse de él
Sacrezazipa y conseguir la libertad deseada. Pero era tanta la
vigilancia que tenian con él los ballesteros que le asistian de dia
y de noche, que no le fué posible hallar medio de facilitar sus
intentos, ó porque ya la fortuna le habia desamparado, y es tan
dificultoso volver á ser feliz quien cayó de su gracia, que las
diligencias mas prudentes que se hacen para conseguirlo solo sirven
de apresurar los pasos para arruinarle, y así, cumplidos ya los
cuarenta dias del término señalado, se determinó Quesada y los
demas á entrar á ver aquel caudaloso tesoro, porque cada cual
ideaba en su fantasía Estados grandes de que se imaginaba señor en
Castilla, á precio de la parte que en la division habia de tocarle,
por corta que fuese. Con estas esperanzas entraron en el bohío, que
hallaron pobre y sin rastro ni señal del tesoro imaginada,
quedándose todos con el suceso tan pasmados, como los varones ricos
que despertaron del sueño que durmieron, y con nada se hallaron en
las manos; y más que todos agraviado el general Quesada de burla
tan sensible, mandó doblar, las prisiones á Sacrezazipa, y
destemplándose de su acostumbrada modestia con palabras y obras
indignas de su sangre y oficio, trató mal de todas maneras á aquel
Rey, que aunque bárbaro y aprisionado, representaba la dignidad más
venerable. Hacíale cargos de fementido inicuo y falso, y añadiendo
á las obras amenazas más crueles, le preguntaba por el oro que lo
habian llevado sus vasallos: quién lo habia traspuesto de la casa?
qué se habia hecho? pues él y los que le asistian eran testigos de
haberlo visto encerrar en su retrete; pero pues no parecia, él era
sin duda quien por artes del demonio lo habia desvanecido.
A todo esto, dándose el bárbaro por desentendido de injurias
tales, y maquinando más cautelosamente nuevos engaños, lo
respondió: que él no podia saber dónde lo habian puesto los indios
que lo llevaron, pues á todas sus acciones se habian hallado las
guardas que le tenian puestas, y pues ellas lo ignoraban, ménos
razon podia él dar de lo que se le preguntaba; mas que si no era
engaño de sus discursos, sin duda todo lo sucedido se habia
dispuesto por órden y trazas de Quixinimpaba y Quixinimegua, sus
contrarios, con fin de desacreditarlo con los españoles, y
aprovecharse ellos y sus consejeros, y que sin duda habia sido el
engaño de ellos, y por verle muerto en las prisiones en que le
tenian, se habian concertado con los indios que cargaban el oro
para que, despues de cumplir el órden de encerrarlo en la casa
señalada para aquel efecto, lo volviesen á sacar repartido entre
todos debajo de las mantas, como él tenia imaginado y lo habia
colegido de las acciones con que entraban y salian los cargueros y
los que los acompañaban; por lo cual no seria justo que maldad tan
grande se pasase sin castigo, pues era cierta su presuncion, y
solamente de aquella suerte podian haber logrado sus malos deseos,
hallándose libres los delincuentes y castigado quien les habia sido
amigo tan verdadero.
Donde la codicia reina no se ejecuta accion que no vaya errada;
porque la primera diligencia que hace es cegar el entendimiento
para que el discurso falte, y desordenado el apetito repruebe
cuando la razon aconseja. Y así, teniendo el General Quesada por
sencillas estas disculpas, que á poca luz descubrian su malicia,
convirtió el odio y enojo contra los dos Uzaques inocentes que
prendieron al siguiente dia, y puestos en el tormento, despues de
algunas preguntas á que no respondieron á gusto, como quienes se
hallaban ignorantes de las máquinas del Zipa, y sin más prueba que
la sospecha manifestada por él, determinó, condenarlos á muerte,
como con efecto lo hizo, mandando que fuesen ahorcados con general
escándalo de los naturales y aun de sus más confidentes, porque á
un principio errado siempre le siguen desaciertos muy
considerables, como lo fué éste, por parecerle á Quesada que
faltándole á Sacrezazipa aquellos dos enemigos, y viendo que por
aquella parte aseguraba el Reino, no excusaria entregarlo el tesoro
que le tema prometido.
Bien manifiesta vió su venganza el bárbaro por mano de los que
más debieran reprimirla, mas no por eso facilitó el cumplimiento de
su palabra; antes con más astucia propuso no ser posible cumplir su
promesa, á causa de no hallarse obedecido de sus vasallos, que lo
despreciaban viéndolo oprimido con tan ásperas prisiones y
maltratado como esclavo, inconveniente que no podia repararse sino
era poniéndolo en libertad para que le obedeciesen y entónces se
asegurase la entrega de las riquezas que le pedian y tenia
ofrecidas. Sobre esta propuesta llamó á consulta el General, y
aunque de ella resultó que le quitasen las prisiones, no se le
concedió la libertad; antes se puso más desvelo en guardarlo,
recelando que hiciese fuga. Importunábanle por instantes á que
cumpliese su palabra como Rey, pues con solo mandarlo desde la
prision en que estaba, sabian todos que seria obedecido de sus
vasallos, y con mayor respeto y obediencia que antes solian
mostrarle, por haber faltado los émulos que tenia á su Corona.
A todo esto no daba ya Sacrezazipa más respuesta que su
silencio; porque como tenia el ánimo tan diferente de lo que hasta
entonces habia manifestado el semblante, vencía la natural
obstinacion á la afectada apariencia, convirtiendo aquella dulzura
y agrado que solía mostrar en sus respuestas en desabrimiento y
señas que daban señales evidentes de los odios y rencores que
guardaba represados en el corazon, por la prision y agravios que en
ella habia recibido continuados por cinco meses. Por esta causa lo
hallaban á todas horas desabrido y melancólico, sin querer dar
respuesta á ninguna pregunta de cuantas le hacian, de que resultó
hacer nuevas instancias Hernan Pérez de Quesada al General su
hermano para que lo apremiase más, obligándolo con tormentos á que
descubriese el tesoro que no habia querido manifestar con halagos:
y era esto siendo defensor nombrado al Zipa en la causa criminal
que fulminaba contra él su hermano, quien debiera saber, para no
condenarlo á tontura, que por ningun delito, por enorme que sea,
como lo haya cometido ántes de recibir voluntariamente el bautismo,
puede ser punido por semejante juez un gentil, y más siendo
Príncipe, cuya infidelidad fué segun pura negacion, y que no
impedia directamente la predicacion de la fe. Pero diéronle los
tormentos y ejecutáronse con tanto rigor que en muy poco tiempo le
quitaron la vida, dejando á todos ya que no faltos de codicia á lo
ménos de la esperanza de haber á las manos aquella riqueza que
tantos afanes habia costado á los que la poseyeron y á los que la
pretendian.
No expresa Quesada el género de tortura con que abreviaron la
muerte del Zipa; pero en la informacion que hizo despues el
Gobernador Gerónimo Lebron de Quiñones contra los Quesadas y
primeros Capitanes del Nuevo Reino, que se guarda en el archivo de
Simancas, parece por las deposiciones de algunos testigos que
despues de haberlo tenido preso por más de seis meses y
atormentádole con cordeles, lo fueron dando fuego á dos herraduras
que le tenian puestas en las plantas de los piés hasta que murió; y
aunque la informacion sea sospechosa por haberla dispuesto quien se
hallaba sentido de que no lo admitiesen al gobierno del Nuevo
Reino, con todo eso la comprueban mucho las palabras; de Quesada,
que son éstas: Entónces los españoles pedian muy ahincadamente que
le tornasen de nuevo á reiterar los tormentos, pedido con tanta
porfía que el Licenciado se lo entregó y que allá se lo hubiesen;
lo cual visto por ellos le dieron buenos tormentos, sin los dados
por el Licenciado: y yo fio que debieron de ser buenos porque lo
volvieron maltratado al Real, donde de alli á dos meses, segun la
más comun opinion, acabó de los tormentos. Hasta aquí es de
Quesada, y lo ménos que se debe admirar en este suceso es el valor
con que el Zipa sufrió tal género de muerte, pues no se hallará que
Rey alguno indio haya, dejado de obrar lo mismo en las tragedias
semejantes á ésta que se han representado en los teatros de Méjico
y el Perú. Y verdaderamente será flaca disculpa cualquiera que se
alegare, para dar color á tan imprudente accion, ni tendrá más
causa haberla ejecutado que la facilidad con que la flaqueza humana
inclina el ánimo más recatado á obrar en abono de sus apetitos
rebeldes: siendo muy raro el varon grande que por la parto del
interes no haya aventurado los aplausos que le merecieron otras
heróicas virtudes. Y quien leyere este suceso en el Compendio
historial que escribió el mismo Adelantado, tendrá bien que
lastimarse del sentimiento y dolor con que confiesa haber cooperado
á la injusticia con fin de complacer á su gente, de suerte que la
obligase á informar con tanto aplauso de sus hazañas, que, por
ellas consiguiese el gobierno perpetuo del Nuevo Reino. Los más
culpados sin el General, en la muerte del Zipa, fueron Hernan Pérez
de Quesada, Gonzalo Suárez Rondon y Gonzalo Martin Zorro, y los
sucesos futuros de todos cuatro manifestaron su culpa. Baste saber
por ahora, por si no hubiere lugar de referirlo á su tiempo, que al
Capitan Zorro en un juego de cañas que se hizo en la plaza de
Santafé lo mató de un cañazo (atravesándole la adarga y las sienes)
don Diego Venégas, nieto por parte de madre del Cacique de
Guatavita, en cuya hermana hubo á Sacrezazipa, aquel hermano de
Neméquene que murió peleando en el peñol de Ubaque, como dijimos en
el capítulo cuarto del segundo libro; y al fin á este desgraciado
Zipa le quitó la vida su secreto ó su desgracia y lo más cierto su
tiranía, á quien raras veces falta en esta vida el castigo, y con
su muerte cayó de todo punto el imperio y grandeza de los Zipas,
continuado por tantos años hasta éste que fué el último Rey de
Bogotá: pues desde entonces sus sucesores (que aun todavia se
conservan por sangre) no extienden su dominio más que á los
terminos de aquella poblacion, que todos los indios reconocen por
cabeza del Reino. Pero como el supremo gobierno consiste en los
ministros de su majestad, y el inmediato se lo han usurpado los
Encomenderos, cada cual de los Caciques gobierna muy limitadamente
en su pueblo, y el tiempo tiene olvidada aquella antigua veneracion
y respeto que se daba al Rey de Bogotá, estrechado ya á un señorío
aparente y á pasar con muy corto tributo y una dehesa bien
limitada.