INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO IV
 


ASALTA QUESADA EL PALACIO DEL REY DE TUNJA, Á QUIEN PRENDE, Y DESPUES DE UN BREVE COMBATE SAQUEA SU CORTE CON PRESA DE LOS TESOROS QUE NO PUDO OCULTAR.

LOS españoles trabajaban en romper las ligaduras y amarras de la puerta principal en que  estaban detenidos, sin darse maña á conseguirlo, porque se embarazaban unos á otros, hasta que el Alférez Anton de Olalla, sacando la espada, cortó de un golpe lazos y vueltas tan diestramente, que abrió paso por donde pudiesen cómodamente penetrar los infantes; que visto por el General Quesada, desmontó del caballo, y en compañía de Olalla y de otros diez compañeros, fueron los primeros que entraron dentro, siguiendolos despues toda la infantería con fin de hacerles espaldas; y como la segunda cerca no tenia puertas, y entre ella y la primera mediaba un patio en que podian muy bien formar escuadron, con facilidad pasaron los doce hasta la casa, que les pareció más autorizada de todas, que tenia otro patio semejante al primero, rompiendo por gran caterva de gente, donde hallaron á Quimuinchatecha asentado en un duho ó silla baja, y puesto en pié en contorno del copioso número de gentil-hombres de su casa y demás criados, que serian más de mil, todos con patenas de oro en los pechos, medias lunas en las frentes y debajo de ellas rosas de pluma, y recogido el cabello dentro del circulo de una guirnalda de las mismas plumas las vestiduras matizadas de diferentes colores; y, en fin, así éstos como los demás que salieron á recibir á los nuestros y serían más de cincuenta mil Tunjanos, iban tan ricamente adornados, que no vieron semejante grandeza los españoles despues, ni la oyeron, aunque les causaba siempre recelo verlos con sus armas á todos. Pero el Zaque, sin embargo de reconocer á los españoles tan cerca de su persona y con tan sangrientas señales, se estuvo inmóvil y severo, ahí dar muestra de sobresalto ni de movimiento alguno, fiado en la vana presuncion de que ninguno seria tan osado que se atreviese á tocar su persona, profanando el respeto debido á las majestades humanas.

Tanta era la confianza de este Príncipe, que se persuadia á que la veneracion misma con que lo trataban los suyos, seria de obligacion forzosa en los extraños. Y aun esto no es de reparo respecto de la mentida divinidad que se apropian aquellos que por costumbre tienen el dominio y por herencia el obsequio, sin atencion á las vueltas de la fortuna con que humilla lo más elevado, y de las ruinas de un edificio deshecho fabrica la grandeza de á un monte desvanecido. Pero apénas reconoció el General Quesada ser aquel bárbaro Rey el que buscaban por las señas, cuando se le acerco con fin de abrazarlo amorosamente accion tan mal recibida de los Uzaques, que, poniéndole las manos en el pecho, intentaron retirarlo con tal vocería, que no era posible entenderse unos ni otros; mas con todo esto, le instaba Quesada por su intérprete en que hiciese callar su gente miéntras le hablaba de parte del Vicario de Dios y del gran Rey de España, que no tuvo lugar por los gritos y confusíon que habia entre todos, con que se embarazaba el intérprete; y así, valiéndose atropelladamente a de algunas protestas para que lo recibiese de paz, que tampoco fueron oidas, se halló precisado á nuevas resoluciones acometiéndole con Olalla, y éste (que era caballero de gran fuerza y valor) le echó mano para sacarlo del cercado, con intento de asegurar su persona en prision y guarda de los españoles, sin que pueda dudarse la valentía del arrojo, aunque le quitasen la gloria de singular los ejemplos recientes de Méjico y Cajamarca. Accion fué la obrada que turbó de fuerte el ánimo de Quimuinchatecha, que, descompuesta la gravedad del semblante y dando voces, representaba á su gente el atrevimiento de los extranjeros con un Rey á quien privilegiaba la naturaleza de pasar por las fortunas de la gente comun. Quién la ha visto (decia) que se precipite tanto la soberbia de unos locos, que se arroje a ultrajar la majestad de los Reyes? ó qué vasallos tan cobardes ha visto el mundo, que permitan en el centro del Reino y en medio de tanto concurso de gente armada, que sea aprisionado por dos forasteros el Señor natural que obediece? Sea desquite la vivencia de nuestra parte, contra la que usan de la suya, pues ya tan grande agrario no tendrá más satisfaccion que la muerte de estos atrevidos.

Centellas fueron éstas que encendieron volcanes en su gente, pues luego dieron principio á una confusa grita y alaridos, dentro y fuera del cercado, trabandose el combate por todas partes, sin que diese lugar el alboroto para percibir el órden de los Cabos. Los infantes, que dijimos haberse detenido en el primer patio (conocido el peligro) entraron luego en el segundo en socorro de su General, qué, sin perder de vista al Zaque, á quien ya tenia de nuevo asegurado el Capitan Cardoso en compañía de Olalla, se defendia valerosame te de una escuadra obstinada que lo cercaba y los de á caballo estuvieron resueltos á lo mismo, si el Capitan Gonzalo Suárez Rondon no los persuadiera á que desistiesen de semejante error, representándoles ser tanto el valor de los que estaban dentro, que con seguridad se debian confiar de que serian bastantes para salir bien del empeño; que la ciudad y campos estaban llenos de gentes enemigas, y se necesitaba más de impedir le entrase socorro al Tunja, que asolar los que se hallaban dentro que estando ellos de guarda á las puertas donde forzosamente habían de cargar las tropas contrarias, conseguian que el mismo cercado fuese resguardo á los españoles para que no se les aumentase el peligro que puestos á caballos con facilidad resistirian los acontecimientos externos, cuyo reparo y defensa consistia más en la ferocidad de los caballos y temor que les tenian que en la fuerza de los brazos españoles, que forzosamente habian de ceder al cansancio y á la muchedumbre. Y, finalmente, que desmontando para socorrer á los de adentro, se desarmaban voluntariamente para ser lastimosamente oprimidos de la fiereza bárbara.

Admitieron los jinetes el consejo, y el suceso confirmó los discursos del Capitan Rondon, pues sin necesidad de entrar en el cercado fueron bastantes los que se hallaron dentro para resistir la constancia de los enemigos con que batallaban por quitarles de las manos á su Rey preso. Mucha sangre costó el combate, porque eran los más nobles Tunjanos los que peleaban dentro de la cerca, y no hay sangre ilustre que en el riesgo de su Príncipe se pueda contener dentro de las venas. La flor de la caballería francesa se entregaba á la muerte quitadas las viseras en la batalla de Pavía, para escribir con sangre que no hay noble que estime la vida cuando no redime la afrenta de ver á su Rey prisionero; pero lo que más reparo hace es que haya Reyes de tan infausta estrella que las acciones todas de su vida, ó sean de felicidad ó desgrácia, siempre corran bañadas en sangre de sus vasallos: vióse en el de Tunja no ménos perjudicial á los suyos, cuando libre que cuando preso, cuando próspero que cuando mal afortunado. Por otra parte, la caballería obró tan vigilante, que no cesando de escaramuzar en torno del cercado, impidió á lanzadas los socorros de más de cincuenta mil indios que ocurrían al Palacio, y asombrados de los caballos ó escarmentados de los botes de lanza, se detuvieron hasta que sobrevino la noche, con que cesó la porfía, rescatándose unos y otros de tener las sombras por enemigas; mas no por eso dejaron de trasladar á la lengua la venganza, que no pudieron tomar con las manos. Llamaban á los nuestros vagamundos, sin más ocupacion que la de robar haciendas ajenas y darse á la sensualidad, y en esto de la lascivia decíanles tantas injurias cuantas cabían en los excesos que de ellos relataban los indios del servicio del campo que se les pasaban cada dia. Añadian que eran hombres perdidos, no hijos del sol ni de la luna, como al principio creyeron, sino del demonio ó criatura peor si la habia, y pudiera tener esto más de sensible en los nuestros para la enmienda, cuanto tenia de verdadero para el oprobio.

Manifestóse, sin embargo, en esta ocasion la Providencia Divina en favor de los españoles, porque segun el número de la gente que habia ocurrido, sobraba mucha para oprimidos á puñados de tierra cuando no tuvieran armas; pero quiso Dios que la soberbia y cruel ánimo de Quimuinchatecha confesase en la esclavitud el desagrado con que los piadosos cielos miran la falta de clemencia en los Príncipes, y que su fe santa prevaleciese contra la idolatría, apoderada de aquella mayor parte del mundo por tantas edades, siendó fundamentos de alta fábrica y soberano edificio las hazañas de estos primeros españoles, los cuales, como reconociesen la molesta y confusa vocería de los indios, ya reducida á silencio cuidadoso, aplicaron centinelas por la parte de afuera y dispusieron la gente de á caballo de suerte que velase con la vigilancia que su seguridad requeria, lo cual ordenado, metieron en una de aquellas casas á Quimuinchatecha, encargando á fieles guardas su custodia, con las de algunas de sus mujeres que asistiesen á su servicio, con la veneracion debida á persona Real, dándole buenas esperanzas de su libertad, miéntras los demás que se hallaban dentro, con el deseo de hallar los tesoros que manifestaban las muestras exteriores de las pendientes láminas, andaban con lumbres averiguando si correspondia lo oculto con lo aparente, y en una petaquilla de las que estuvieron dispuestas para retirar del Palacio y no pudieron, encontraron ocho mil castellanos de oro y una urna en forma de linterna del mismo metal, que encerraba los huesos de un hombre muerto, y pesó seis mil castellanos, sin una hermosa partida de esmeraldas que estaba dentro de la misma urna, y en lo restante de la casa, de láminas, chagualas, águilas y otras joyas que le servian de arreo, se recogieron cantidades tan considerables como se verá despues.

Hallaron tambien tres thytuas, que son cajas redondas, llenas de mantas y telas de algodon, de las que tributan sus vasallos al Zaque; muchas sartas de piedras turquesas y de otras verdosas y coloradas de grande estimacion para el ornato de los indios, y que han llegado á ser de aprecio para los españoles, por humillarse virtud medicinal en las verdes para las ijadas y en las coloradas para restañar la sangre. Cañutos de oro obtusos que en sus fiestas solemnes servian de coronas ó rodetes á los más nobles, para ceñirse las sienes, gargantas y muñecas de las manos. Caracoles marinos guarnecidos de oro, que usaban por trompetas ó sordinas en sus regocijos y en las sangrientas lides, y que para este efecto se llevaban de la costa de una en otra nacion, hasta que por via de rescate iban á parar á los Mozcas, que los tenian por preseas de buen gusto. La priesa que se daban los españoles el saco era tanta, que en sus diligentes pasos llevaban escrita su codicia, y en favor de ella cuantas presas hallaban las trasladaban al patio, ufanos del pillaje y tan alegres que cuantas veces salian con alguna, vueltos á Quesada le repetian: Perú, Perú, señor General, que otro Cajamarca hemos encontrado. Y á la verdad si hubieran llegado con más dias y copia de gente que á un mismo tiempo cercase el Palacio y saquease otras casas y templos principales, no desmintieran los efectos á las palabras y la suma hubiera sido grandísima; pero la poca gente ocupada en el cercado, falta ya de lo más sustancial, y la oscuridad de la noche, dieron lugar para que cada cual de los indios pudiesen escapar sus bienes de las manos españolas.

Las cargas del oro y joyas, que por todas partes se recogieron en el patio desde las seis de la noche, fueron tantas, que á cosa de las nueve, en que se acabó el saco (con no haber entrado en Tunja con quince mil castellanos cabales) se hizo de ellas un monton tan crecido, que puestos los infantes en torno de él, no se velan los que estaban de frente y los que se hallaban á caballo apénas se divisaban, como lo afirma el mismo Quesada en el capitulo nono del primer libro (su compendio historial del Nuevo Reino, donde poco ántes de lo referido pone estas palabras: Era cosa de ver ciertamente, ver sacar cargas a de oro A los cristianos en las espaldas, llevando tambien la cristiandad á las espaldas, poniendo las cargas en mitad de aquel patio, y lo mismo en lo de las esmeraldas que entre las joyas de oro se hallaban. Y en el fin del mismo capítulo remata diciendo que á los nuestros hubieran guardado las mantas de algodon finas, y la infinidad de sartas de cuentas que hallaron, para rescatar con ellas despues entre los indios, es cierto que le hubiera valido más oro que cuanto vieron junto en el monton del cercado, por ser aquellos dos géneros tan estimados de los señores Mozcas para el arreo de sus personas, que los tenian por su principal tesoro; pero que ignorantes de ello entónces los españoles, lo repartieron todo despues entre los indios amigos, no excedió en fin la fama de la riquezas del Zaque de Tunja al que experimentaron los ojos aquella noche; y al dia siguiente se hizo la diligencia de examinar los templos y casas de su Corte; pero fué de muy poca consideracion el despojo, aunque las esperanzas que tenian de satisfacer sus deseos con el rescate que imaginaban daría Quimuinchatecha por su persona, eran grandes; porque la guía afirmaba que cuanto habian hallado era la mínima parte de las riquezas de aquel Príncipe. Mas aunque se valieron de halagos y promesas muchas veces y otras muchas de amenazas, jamas pudieron sacar de él cosa que conformase con sus deseos; ántes estuvo siempre tan obstinado que rara vez respondia  a lo que le preguntaban, menospreciando de una misma suerte los halagos que los rigores, aunque no fué bastante su contumacia para que maltratasen su persona, ni se le embarazasen las asistencias de criados y mujeres, sin que español alguno se atreviese á levantar los ojos para mirar alguna: porque el General Quesada era entero en ejecutar sus órdenes, y tenia mandado le guardasen el decoro debido al Príncipe prisionero todo el tiempo que lo tuviesen en guardia, y que lo mismo se observase con los demas indios nobles que lo acompañaban en su fortuna.

No tiene duda sino que estas prendas fueron muy dignas de estimar en un caudillo de pocos años, que se hallaba libre de otro más superior que lo gobernase; y aunque en ella se esmeró tanto para ejemplo de sus soldados, en lo que más se señaló para crédito suyo, fué  en observar las paces, que una vez asentaba tan constantemente, que ningun cabo de los que gloriosamente se emplearon en la conquista de las Indias le hizo ventaja. Y fué mal informado quien depuso de él lo contrario, exceptuando lo que obró con Saquezazipa, como despues veremos (desgracia comun fabricada de la emulacíon contra los bienes quistos), pues si del sucesor de Quimuinchatecha se hizo justicia despues con razon ó sin ella, que fué lo cierto, poca culpa tuvo en la resoluoion el General Quesada, que á la sazon se hallaba en estos Reinos de Europa, y la accion la ejecutó Hernan Pérez de Quesada, su hermano, qué por aquel tiempo gobernaba el Nuevo Reino. Y aunque yo no califico circustancias, pondré las palabras con que Castellanos más ha de ochenta años lo dijo en el sexto canto del cuarto tomo de su Historía general de las Indias, que viene á ser el primero de la conquista del Nuevo Reino. Habla, pues, de la muerte del Zaque de Tunja, sucesor de Quimuinchatecha, y prosigue:

 

Hizola Feman Pérez de Quesada,
hermano suyo, no sin imprudencia,
y estimulos de malos consejeros
venidos del Perú, de cuya parte
pandetur omne malum, Dios quisiera
que nunca gente de él en esta tierra
hubiera puesto pies á gobernarla;
 hubiéranse excusado pesadumbres,
pues todos ó los más que vienen, traen
un olor y aun sabor de chirinolas.

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