INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO III
 


EL CAPITAN SAN MARTIN TIENE NOTICIA DE TUNDAMA: DESCUBRE Á SOGAMOSO Y VUELVE EN BUSCA DEL GENERAL QUESADA, QUE, NOTICIOSO DEL REY DE TUNJA, SE ENCAMINA Á SU CORTE GUIADO DE UN INDIO QUE APRISIONÓ HERNAN VENÉGAS.

PUESTOS yá en seguridad los treinta hombres que salieron de los Llanos, se reformaron á gusto, por ser aquel terreno sano y abundante, y remitieron al General Quesada entera relacion de sus fortunas y de la intencion con que estaban de entrar otra vez por diferentes rumbo á los Llanos, á quienes dirigian todos sus deseos desde el punto que los divisaron, midiendo por las apariencias que demostraban los tesoros y poblaciones, que pintaban en su fantasia si llegaban á penetrados: y el Capitan San Martin, más engañado que todos, y conducido por guias ignorantes del camino, fué calando á bulto por aquellas tierras pobladas de indios Moscas, descubriendo buenas poblaciones y entre ellas la del valle de Baganique (despues llamado de Venégas, por lo que se dirá adelante). Y habiendo ganado la cumbre de un páramo hasta la abra ó puerto que hace la cordillera que llaman de Puerto frio, fueron descendiendo con gran penalidad hasta dar en la caseria de Ciénega, encomienda que se conserva hoy en los sucesores de Parédes Calderon; pero los indios, alborotados de ver la nueva gente, se opusieron armados al encuentro con vana presuncion de que podrian cogerlos a para hacer de ellos victimas horrorosas á sus ídolos; y á causa de sor el dia proceloso de lluvias y vientos, y caminos deleznables y angostes, desfilaban tan separados y desapercibidos los nuestros, que llevaban sin sillas los caballos, guiando cada cual el suyo, y las sillas en hombros de cargueros; con que embestidos los primeros que llegaron abajo, se vieron apretados de los bárbaros, hasta. que vista por el Alférez Martin Galeano la osadia de los Mozos, puesto á caballo, en un reventon que hacia la tierra y blandiendo la lanza, detuvo el primer ímpetu de aquella nacion cobarde, aun que para sosegar el acometimiento ménos obró con el esfuerzo que con el espanto que concibíeron los indios de ver aquel monstruo formado en su idea de hombre, caballo y lanza. Mas esta accion duró poco, porque luego que resonó la guazabara en los oidos de los compañeros, lo socorrieron tan presto que tuvieron los indios por más seguro dejarles el lugar expuesto al saco con la fuga, que perder las vidas miserablemente con la resistencia.

No fué de tan poca sustancia el despojo que fuera de los bastimentes de que estaba bien proveido y aun con las viandas dispuesta, para comer, no encontrasen muy buena esmeraldas, cantidad de ropa, y á vueltas de ella quinientos pesos de buen oro: porcion que no habian visto junta en niugun pueblo ni ciudad, por haber sído en ellas recibidos de paz y haberse hecho pundonor de no quebrantarla; y porque en las partes que no la habían admitido, se habian ocultado los bienes ántes de saquearles, y así remitieron toda la presa al General Quesada, cuya muestra no dió poco gusto á su gente, persuadida ya á que no dejarian de encontrar otras de mayor sustancia; reconociendo demás de esto por lo que tenian visto que la tierra de los Mozcas era mucho más dilatada de lo que habian imaginado, con que todo él campo determinó mudarse de Ubeita á Ciénega, de donde ya el Capitan Juan de San Martin, con el intento de entrar en los Llanos, habia partido con su gente y pasado en contínuacion de su demanda por Siachoque, Ocabíta y Toca, á quien dieron nombre de Pueblo grande, porque lo merecía lo numeroso de su casas moradores, y atravesando por la colina ó serrezuela que está Cercana á Toca, fué á dar al pueblo que llamaron de los Paveses, por los muchos con que salió una desórdenada tropa de indios á darle batalla, en que hubo poco que hacer por la facilidad con que fué deshecha y ahuyentada por los españoles; pero sin hacerles más daño pasaron al pueblo de Isa donde tenian noticias que habitaban gentes que comerciaban con otras confinantes de los Llanos.

Estando alojados ya, y procurando hallar guias que los gobernasen en su derrota advirtieron que se les acercaba presurosamente un indio anciano, de buena presencia ensangrentada la tenia ó camiseta, á causa de llevar cortada la mano izquierda y las orejas que se manifestaban pendientes del cabello, y se supo ir huyendu de Tundama, por quien vulgarmente se llamó Duitama la ciudad principal de donde era Cacique, y el más guerro de los que se hallaron en la region fria; y apénas el Gandul se vió delante de los españoles, en cuya demanda iba, cuando en alta voz les dijo estas palabras: Hijos soberanos del sol, yo vengo de la Corte de Tundama,  donde vuestra opinión se ha extendido por relaciones verdaderas de los hechos heroicos que obrais con los que resisten vuestro poder, y de clemencia con que amparais los que solicitan y vuestra amistad. Ofrecióse consultar la forma de proceder con vosotros, y hallándome hombre de canas, y no falto de las razones que aconseja una experiencia larga de las mudanzas del si lo, fuí de parecer que os despachacen embajadores de parte de mi cacique, con presentes que os aplacasen y palabras que inclinasen á la amistad de mi patria. No fue tan aprobado mi consejo que le faltas a contradicciones de parte de aquellos que por no haber visto la cara la guerra desprecian la paz, y con su poca edad abrazan el peliqro que no han tenido á los ojos. Pero el que más agradecido debia mostrarse, que era Tundama, estuvo tan falto de razon y prudencia, que descomponiendo la gravedad y modestia que los príncipes deben tener por regla, puso en mi rostro las manos, y cortándome una de mias y las orejas me dijo: hállome tan obligado del celo, que te elijo por embajador de los Ochies, y quiero que siendo tú el presente que le remito le digas que de esta calidad son los tributos que yo pago a extranjeros; y que lo mismo que hago de ti por cobarde, prevengo hacer en ellos cuando lleguen á mis tierras, y que me pesará lo dilaten, pues para que no lo hagan podrás ser tú la guia que más bien los encamine (y prosiguio el Gandul en su queja). Esta mi afrenta, gente valerosa, la tengo por más vuestra que mia; y así porque me hallo sin brios para el desagravio, será bien que vengueis esta injuria para el escarmiento.

Oidas las quejas del indio, y movido de compasion el Capitan Cardoso, le curó las heridas, en que tenia particular gracia, debida á la experiencia y necesidad en que se había visto de hacerlo muchas veces en las guerras que se había hallado. Y por otra parte, picado el San Martín de la arrogancia y atrevimiento del bárbaro Tundama (estímulo el más grave para irritar á la nacion española más que á otra alguna), mandó aceleradamente que fuesen diez infantes y siete caballos, de quienes tenia confianza serian bastantes para quebrantarle los brios, á ejecutar el castigo de aquella ofensa: confianza propia de quien está enseñado á vencer, y la gobierna por los encendimientos de su cólera. Pero habiendo llegado á Firabitoba y examinado á sus moradores acerca de la pretension que llevaban, supieron cuán bien apercibido estaba el Tundama de gente de guerra bien disciplinada, y de lo demás necesario, de armas y bagaje, que como sagaz había provenido para defenderse (como despues lo mostró la experiencia, y diremos á su tiempo), por lo cual determinaron dar vuelta al campo, algo más resfriado el coraje, y bien considerada la dificultad de la empresa que acometían, y no meditó ántes el Capitan San Martin, pues aun con fuerzas dobladas fuera dudoso el combate; á que se añadia haber divisado desde Firabitoba campañas muy dilatadas y amenas, que daban señales de pujante copia de indios, sobre que hicieron diferentes preguntas, aunque sin coger el fruto de noticias ciertas, por ser de Sogamoso las tierras que se descubrian, tan veneradas de los naturales, que aun su nombre ocultaban.

Vueltos á Iza, pues, los diez y siete españoles, y recibidos bien los motivos de su resolucion acertada, mandó el Capitan San Martin á las guias los encaminasen al valle y tierra de que los compañeros daban noticia; pero ellas, guiando siempre á mano derecha por diferente parte de la que deseaban, los que condujeron por los altos de Cuitiba y Guaquira, y bajando la laguna de Tota, sin llegar á Sogamoso ni pasar por el compas y términos de su tierra, que tenian por santa, revolvieron sobre Toca y Bombazá, y entreteniéndolos ocho dias en vueltas y rodeos, cuando juzgaban salir de la serranía, se hallaron otra vez en Beganique con grave pesar del engaño, aunque de la pena resultó alegría, y del yerro que tuvieron el acierto que pudieran desear, que así usa de su condicion la inconstancia de lo temporal; pues marchando por aquel valle descubrieron rastro recientde de caballos, porque otros españoles dé su campo, de quien era Cabo Fernan Vanégas Carrillo, habian hecho por aquellos paises algunas surtidas y presas de consideracion. Pero reconociendo el Capitan San Martin cuán vecino se hallaba de Ciénega, donde habia de estar el General Quesada con el resto del campo, y cumpliendo con su obligacion, dispuso que los infantes se anticipasen á dar aviso de su vuelta y viaje: los cuales, como llegasen cerca del pueblo y viesen humos sin aquel ruido acostumbrado que la gente española tenia en su alojamiento, creyeron que aun no había llegado á Ciénega y se estaba en Ubeitá, donde lo habian dejado al tiempo de su partida: con que temerosos de que si llegaban solos era muy verosímil que los indios de Ciénega quisiesen vengar en ellos las ofensas que tenian recibidas de todos, se resolvieron á ocultarse entre unas matas hasta que la oscuridad de la noche los amparase, para que libres del riesgo pudiesen dar vuelta á Beganique. Con este miedo se hallaban ocultos, cuando oyeron la voz de un asno llamado Marubane, cuyo canto era bien conocido de todos, y entoces les pareció más suave que de canario; porque, animados de su eco, desampararon las matas y llegaron á las casas, donde hallaron algunos españoles, que preguntados por la demás gente, respondieron haber ido en demanda de un Rey que llamaban de Tunja, de quien habia dado grandes noticias un indio que prendió Hernan Venégas, mas que no sabian el suceso en que habia parado la empresa, aunque no podia tardar razon de la resulta, por estar poco distante la parte que el indio habia señalado.

Para más claridad de lo que vamos diciendo, es preciso advertir que al tiempo que los españoles vacilaban sin determinacion fija en sus conquistas, aunque estaba más valido el parecer de que las pasasen a los Llanos, en que hallaran su perdicion por no saber quizá que los Lacedemonios no castigaban al soldado que en la guerra perdia la lanza, sino el escudo, para dar á entender que es mejor conservar que adquirir, reinaba en Tunja (Corte de aquellas provincias, que dijimos en el libro segundo ser blanco á que tiraba la ambicion de los Zipas), Quimuinchatecha, Príncipe anciano, de gruesa y descompasada estatura, Feroz en el aspecto, no ménos por la inclinacion del ánimo que por la fealdad del rostro; pero observantisimo en su religion, sagaz en las consultas, astuto en los medios y diligente á las conveniencias en que lo empeñaba la disposicion de la guerra, ó el político gobierno de la paz. Todas estas buenas prendas se deslucian á vista de los sangrientos castigos que hacia en los suyos, llevado de su condicion áspera y crueldad del ánimo: vicios que, cuanto más se extreman en sembrar temor en los subditos, tanto más se malquistan reconciliando odios, que son las basas mal seguras en que peligra la obediencia. De esta crueldad, que amaba y era efecto continuado tener poblada la Loma que cae á La parte del Occidente y dominaba su Corte, de muchos cuerpos muertos y pendientes de patíbulos diferentes, por cuya ocasion los españoles la llamaron la Loma de los ahorcados, demás de otros muchos castigos que usaba; con que amedrentados sus vasallos tanto como él vivía receloso de la mala voluntad que reconocia en ellos, no tenian de temor más voluntad que la suya y mucho más despues que llegaron las primeras noticias de que gentes extranjeras andaban por sus tierras y habian invadido algunas provincias del Zipa.

Esta reverencia en los vasallos y aquel recelo en Quimuinchatecha (ó más propiamente Quemuenchatoca), fueron causa de que los suyos, con fraude y cautela, se ocupasen en desviar á los españoles de la ciulad principal á donde este Príncipe tenia su asiento, y era tan uniforme el desvelo que en ello ponian las provincias, que habiendo pasado muchas veces los españoles por sus paises, así de Toca como de Turmequé, y hecho apretadas diligencias para alcanzar enteras noticias de la tierra con algunos indios (entre quienes, supuesta la condicion del Tunja, no faltarian muchos agraviados), no fué posible encontrar quien falsease la llave del secreto con que Quimuinchatecha pretendia estar oculto. Pero como de los corazones lastimados con injurias siempre renacen memorias en que esculpir de nuevo el agravio, y la fidelidad en los indios sea hija del temor y su venganza duerma solo miéntras no hallan disposicion de ejecutarla, aconteció salir de Ubeitá Fernan Venégas por Cabo de alguna gente, en demanda de alguna poblacion abastecida y capaz de que en ella se mudase el campo; y llegando á aquel valle de Beganique, en que dejamos al Capitan San Martin, tuvo tan buen suceso, que habiendo saqueado algunas casas despobladas, encontró un templo entre ellas, en que se hallaron seis mil castellanos de oro fino y otras preseas de estima.

Gobernaba aquel valle por el Rey de Tunja un indio noble, capital enemigo suya por haberle muerto á su padre; y éste, siendo dueño del templo, y viendo la forma con que los españoles lo despojaban de su hacienda, y hallándose entre dos extremos de dolor que lo apretaban á un tiempo, eligió la pérdida de su tesoro, por no malograr la ocasion de su venganza, y para conseguirla salió al camino á los nuestros con rostro alegre y pacifico, y excusandose de testigos de su nacion y fiando su sentimiento al intérprete de Hernan Venégas, le dijo estas palabras: Capitan, pues te llevas la poca hacienda  que tenia, no será bien que persona tal como la tuya se contente con tan poca presa, ni deje libre al dueño que la poseía, cuando puede servirle de mayor interes: llévame contigo y te asistiré en la forma que lo hacen, los demas criados que te acompañan en buen traje, aunque de nacion y calidad diferente que la mía. Ser tu esclavo me basta y para no ser conocido de los mios, córtame los cabellos y desnúdame de la noble vestidura que me cubre, y te importara tanto aceptar e fa oferta, que, te prometo guiar donde halles innumerables tesoros; y son de oro y plata los que estimas, yo soy quien unica y fielmente te encaminara de la dicha de conseguirlos. Ninguno otro te revelara este secreto, temeroso de lós órdenes y rigores del Zaque de Tunja, que, que como supremo señor de todos, lo tiene encargado: y aunque yo sea uno de los que han vivido debajo de su potencia, tambien soy uno de los que estan ofendidos de su crueldad. Con tu amparo desterraré los miedos y me animaré á lograr la ocasion de tan justa venganza como la que emprendo de este tirano que quitó á mi padre  la vida en dilatadas prisiones. Lo que te aseguro es que, si fiado en mi palabra, sigues tu fortuna, tendras toda la riqueza que baste á colmar los deseo de tus compañeros pero la condicion sea que el asalto de la corte y palacio se ejecute con buenas armas para los que intentaren oponerse; y con presteza, porque no tenga lugar el Zaque de ocultar sus tesoros con maña.

Oidas las razones del bárbaro, fué acariciado del Cabo y gente española, vistiéndolo al uso de los indios de la Costa: cortóle el cabello, púsole un bonete de grana, insignia que le pareció de grande estima, y dejando el valle de Venégas, llamado así despues en memoria e este suceso, dió la vuelta á Ciénega, donde ya estaba el General Quesada, á quien comunicó las noticias participadas del indio, que repreguntado se afirmó en todo lo que tenia dicho; con que se determinó el General Quesada á tomar por su cuenta la empresa, yendo en persona con toda la gente escogida de su campo, ménos cuarenta hombres que dejó á cargo del Sargento Mayor Pedro de Salinas, con órden de que al dia siguiente lo siguiese con el bagaje; y para no malograr la empresa, comenzó luego su jornada por la parte que lo llevaba la guía, cuya ansia al siguiente dia era de que acelerasen el paso por ir declinando ya mucho el sol y haberles de ser gran inconveniente la oscuridad de la noche, si sobrevenia ántes de llegar á la Corte de Tunja. Pero como su Rey tuviese por momentos avisos de los pasos que daba la gente española y la marcha apresurada que llevaba para entrar en ella, mandó que saliese al encuentro gran parte de la gente plebeya con mucho bastimento y telas de algodon de presente, para que, cebada la codicia en recibirlas, se detuviesen entre tanto que él ponía en cobro la mayor suma de sus tesoros, cuya cantidad de oro fué tan crecida como podrá colegirse de lo que dijéremos al capitulo siguiente.

Toda su pretension hubiera logrado Quimuinchatecha, sí ya cuando salieron los indios con el presente no llegaran los españoles a los primeros burgos de la ciudad y estuvieran á vista de su cercado á tiempo que la luz del sol solamente aseguraba dos horas del dia, que fué de San Bernardo á veinte de Agosto; y aunque desmayado el sol heria de fuerte en las casas principales, que de sus puertas repercutian los resplandores de las laminas y piezas de oro que tenian pendientes, y tan juntas, que siendo del aire acometidas y rozándose unas en otras, formaban la armonia más deleitosa para los españoles que, ya sin detenerse á mirar los presentes engañosos que les ofrecían, pasaron arrebatadamente, no sin gran turbacion y sobresalto de aquella muchedumbre, que hallaron congregada junto al cercado, cuya grita y alboroto qué tan grande, que todo era confusion y espanto, sin que de una ni de otra parte se combatiese, aunque se hallaban los indios con las armas en las manos, así de dardos y flechas como de macanas y piedras, mas no para valerse de ellas, ántes sí para servirles de confuso embarazo al asombro que concibieron de ver los caballos y la soberbia de los extranjeros. Entónces Quimuinchatecha, hallándose imposibilitado de poder salvar la persona por sus pies ni por los ajenos, respecto de su mucha corpulencia y edad, que seria de hasta sesenta y seis años, mandó á sus guardas cercasen las puertas del Palacio, que se formaba de dos cercas fuertes y distantes doce pasos la una de la otra, teniendo ya en la menor casa de las que habia dentro recogida mucha cantidad de oro en petacas (que son á manera de arcas pequeñas) liadas y dispuestas para trasponerlo en hombros de sus vasallos, y á esta causa solamente tenia cada carga aquel peso que bastaria un hombre á llevar sobre sí. Mas viendo sus guardas y criadás el repentino avance de los españoles, fueron arrojando por la parte superior de la cerca la mayor parte de aquellas cargas, que recogian los indios de afuera, sin advertirlo la gente española, por haber ocurrido toda junta á ganar la puerta del cercado, con fin de hacerse dueños de lo interior, donde tenian la noticia de que estaba el tesoro que buscaban: con que al mismo tiempo cuidaban los indios que recibian las petacas, de irlas trasponiendo de unos en otros, hasta donde no se ha tenido más noticia de ellas; descuido muy de notar en un caudillo que premeditó la empresa y no supo asegurarla como discurrirla.

anterior | índice | siguiente