INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO II
 


SALE QUESADA DE BOGOTÁ PARA SOMONDOCO EN DEMANDA DE LAS MINAS DE ESMERALDAS QUE DESCUBRE, Y TAMBIEN LOS LLANOS DE SAN JUAN, Á DONDE ENVIA AL CAPITAN S. MARTIN, QUE CON MALOS SUCESOS SE RETIRA.

TIEMPO, cuidado y paciencia son los fiadores de buenas fortunas, y así no hay que desconfiar de las apariencias, por más infelicidades que anuncien, pues la apresuracion y desconfianza apartó de muchos la dicha que tuvieron entre manos, para ponerla en otras, dejándolos en el miserable estado que no imaginaban; como hubiera sucedido al General Quesada, si como su ejército intentó dos voces bajar de la sierra de los Llanos (sepulcro Infausto de la naden española), lo hubiera ejecutado faltando á la prudencia de que lo dotó el cielo: pero como ésta le hubiese enseñado siempre por las muestras del oro y esmeraldas que hallaba entre los Mozcas, que allí tenian su nacimiento y minerales, cuán falso era concepto hecho de tenerlas aquel reino por vía de rescate de otros, como al principio se habia imaginado, no excusó ocupar muchos dias á Hernan Pérez, su hermano, en el descubrimiento que se decia haber en la provincia de los Muzos, aunque sin más fruto que el de haber visto á Furatena, señora independiente de los Reyes de Tunja y Bogotá, y primer fundamento de la falsa voz que corrió de haber encontrado Amazonas. Ni así mismo dejaba Quesada la costumbre que tenia hecha de preguntar á cualquiera indio forastero que veia, por muchas particularidades que deseaba saber; y como en cierta ocasion viese en su alojamiento un corro de mancebos de buen arte, que por la disposicion reconoció no haberlos visto otra vez, les preguntó con disimulo en qué parte se hallaban aquellas piedras verdes que los indios solían presentar á su gente, y manifestóles para que lo entendiesen algunas de ellas: á que lo respondió uno de los mancebos sin aquella cautela y recato que profesan despreciar los pocos años, que en el Somondoco las habia, sitio distante poco más de veinte leguas de la parte en que de presente se hallaban. No pudo Quesada oir por entónces palabras que tanta armonía le hiciesen, y comunicadas con sus Capitanes, acordaron descubrir las minas que tales piedras producian.

Determinados ya los españoles á seguir la demanda de las esmeraldas y no olvidados de que el Cacique de Bojacá, poderoso en vasallos, se habia excusado de visitarlos, habiéndolo hecho todos los demás Caciques de la Sabana, salieron de la Corte de Bogotá y torciendo el viaje marcharon á Bojacá, poco distante, y apénas lo supo su Cacique cuando puesto en huida dejó la ciudad y vasallos al arbitrio de las armas extranjeras; con que los españoles, libres de oposicion y mal contentos de los moradores, dieron á saco la ciudad, encontrando en ella grandes cantidades de mantas y túnicas de algodon, y tomando quinientos indios para cargueros, continuaron su jornada volviendo á seguirla derechamente por aquellas grandes poblaciones de Engativá, Techo, Usaquen, Teusacá y Guasca, admirados de ver donde quiera que llegaban infinita muchedumbre de naturales, cuyos Caciques y Gobernadores los salían de paz y recibian con ceremonias extrañas de respeto y urbanidad;  y cuanto mas penetraban la tierra, descubrian más poderosos pueblos que los referidos, como se reconoció más bien en el de Guatavita, donde se extremaron en recibirlos con dones y demostraciones amigables; porque imaginan los que una vez perdieron la libertad, que ó mudando el dominio mejoran de fortuna ó cortejando diferente dueño vengan su primer agravio: como si la opresion no creciera mientras se multiplican nuevos administradores de la tiranía. Juzgó nuestra España que agasajando á los romanos se desahogaba de los cartagineses, y doblóseles el yugo: recurrió a los Wandalos y Godos y quedó para destrozo de muchas naciones. Ejemplo infeliz y más moderno puede ser Guatavita, Corte ilustre de Príncipes, cuya grandeza no cedia á Bogotá, y en la entrada de los españoles ciudad populosa, de gran fuerza de gentes guarnecida y habitada; y al presente por la mudanza de los dominios pueblo tan corto, que solo conserva las reliquias de lo que fué en el nombre, y poco más de siento y cincuenta vecinos, que goza en feudo el Maese de Campo General D.         Francisco Vénegas Ponce de Leon, hijo de D. Francisco Vénegas, del Hábito de Calatrava y de Doña María de Mendoza Maldonado, y nieto del Mariscal Hernan Vénegas y Doña Juana Ponce de Leon, rama ilustre de la Casa de Arcos, que habiendo casado con Doña María Bravo de Tórres, goza por fruto de tan noble señora á D. Cristóbal Vénegas, sucesor en los repartimientos de Guatavita y Guachetá.

Poco se detuvo allí el campo español, pues al dia siguiente, habiendo sesteado en Sesquilé, descubrieron á Chocontá, grande por su fábrica de casas y copioso número de vecinos, y aumentada con presidios como frontera de los Reinos del Zipa contra las invasiones del Tunja: pusiéronle por nombre la ciudad del Espíritu Santo, por haber celebrado en ella su pascua. Aquí sucedió un caso gracioso, aunque por lo extraño de mucho pesar para todos miéntras ignoraron la causa; y fué, que en uno de los dias que allí se detuvieron perdió improvisamente el juicio un soldado llamado Cristóbal Ruiz, con demostraciones tan furiosas, que causó general compasion y que se convirtió luego en miedo y asombro, viendo que al cerrar de la noche experimentaban el mismo delirio en otros cuatro soldados. Turbó este nuevo suceso grandemente el ánimo del General Quesada, y vacilando toda aquella noche en discurrir el motivo, la pasó desvelado, hasta que á la mañana supo que más de cuarenta soldados estaban tambien locos como los primeros: y aquí fué cuando, creciendo la admiracion y el espanto, temió con los demás que fuese algun particular juicio de Dios en castigar aquel pequeño ejército con tan extraordinario azote, y más, viendo que cada hora crecia el achaque en otros muchos; pero templóse el temor á la noche y al dia siguiente, con ver que iban todos cobrando el juicio, unos ántes y otros despues, conforme al tiempo en que lo habian perdido. Refiérelo así el mismo General Quesada al capítulo séptimo de su primer libro del compendio historial, donde añade estas palabras: Y quedaron más locos que ántes, pues andaban entendiendo en hacer tan gran locura como era arrebatar las haciendas que, no les pertenecian y despojando gentes que vivian á dos mil leguas de España, lo cual pudieran justificar en mitad de la conquista, si quisieran tener paciencia para ello.

La causa de la dolencia pasada se originó de que las indias que iban violentadas en servicio de los españoles, echaron en la comida cierta yerba llamada tetec, y vulgarmente borrachera, que causa los efectos conformes al nombre que tiene, sin que pase á más daño que al referido; é hiciéronlo con el fin de poderse huir al tiempo que sus dueños estuviesen fuera de sí, como en efecto lo consiguieron muchas. Pero libres ya los nuestros del susto, y pasada la festividad, prosiguieron su marcha, y entrando por los términos del Zauqe ó Rey, de Tunja, llegaron á Turmequé, no ménos poblado y numeroso que Chocontá, porque poco distante de la Corte del Zaque y frontera suya contra el Zipa de Bogotá, se hallaba fortalecido de crecidas guarniciones por las continuadas guerras que tenian estos dos Príncipes, de que estuvieron ignorantes mucho tiempo los españoles, sin que alguno oyese nombrar al Tunja ni supiese quién era, ni en qué parte residiese, aunque se detuvieron en Turmequé algunos dias, donde su Cacique y vasallos les daban la veneracion y culto dedicado á sus Dioses, zahumándolos en comun y en particular con la misma resina del Moque y hojas de Hayo destinadas á los ídolos que adoraban en sus templos. Y aunque en diferentes ocasiones preguntaron los españoles á los vecinos por algunas cosas y noticias de gentes y personas diversas, jamas dieron razon de su Príncipe ni de la mucha riqueza que tenia; con que desamparando á Turmequé, á quien llamaron el pueblo de las Trompetas, por cuatro que hicieron de las pailas que no servian, con intencion de lograrlas en las guerras que se ofreciesen, ó en dar autoridad á los banquetes que ya les sobraban, prosiguieron su jornada en demanda de la provincia de Tenza, obligados de la relacion que les hizo el Capitan Valenzuela, á quien desde Turmequé habia despachado Quesada con cuarenta hombres á descubrir las minas, como lo hizo, volviendo con muestras de ellas. Y víspera de S. Juan entraron en el pueblo de Icabuco, algo más numeroso entónces que Turmequé (siendo así que ésto tendría hasta cuatro mil vecinos) y al presente trocada la suerte por la experiencia que hay de que los repartimientos puestos en la Corona Real son los ménos trabajados y que más se conservan, y ser Turmequé uno de los que gozan esta buena fortuna, que lo hace rico y grande, y dia del Santo, llegaron á Tenza, á quien llamaron por sus muchos vecinos la ciudad de S. Juan, en que fueron bien recibidos y acariciados.

De allí se encaminaron á Garagoa y Obeitá, donde hicieron alto, por ser las casas que allí habia capaces y bien proveidas de bastimentos, y porque supieron estar ya muy cercanos á las minas de las esmeraldas, mandó el General Quesada que los Capitanes Valenzuela y Cardoso fuesen otra vez con copia de soldados (entre ellos Parédes, Calderon y Albarracin, de quienes solo hay noticia) á reconocerlas, y volviesen con certidumbre jurídica del descubrimiento. Los cuales, en cumplimiento del órden, llegaron á Somondoco y a las altas sierras donde se crian y sacan las preciosas piedras de que tan amantes se mostraban los españoles y de cuyo descubrimiento justamente pudieron quedar vanagloriosos, pues dieron á su Rey minerales que no se sabe haya otro que los tenga, ni en otras partes fuera de Muzo y Somondoco: pues aunque en la segunda parte de los comentarios del Inca Garcilazo se diga haberlos tenido el Perú en Puerto viejo, la experiencia afirma lo contrario. Verdad es que se hallaron en sus primeras conquistas algunas esmeraldas entre los indios, que fácilmente pudo conducir el rescate de unas naciones en otras, pues en todas eran tan estimadas, y los Reyes de Quito se correspondian con los de Bogotá, de que pudo originarse la falsa opinion de que se criaban en el Perú: y aunque tambien se dice que la naden Portuguesa en el Oriente las adquiero por rescate del Reino da Narsinga, donde hay minerales de ellas, con todo eso, ninguno de los extranjeros que allá contratan dice haberlas visto, y las que me han enseñado en esta Corte algunos mercaderes de Portugal, diciendo ser de Oriente, siempre me han parecido de Muzo, y no de las mejores, en que piensa no haberme engañado, como quien tiene bastante conocimiento de ellas; y á ser cierta su relacion, poca necesidad tenian, así ellos como otros extranjeros, de comprarlas tan caras á los castellanos que las conducían de Muzo, con fin de venderlas por rescate al gran Mogor, que las compraba por cualquier precio que les pusiesen, para hermosear la techumbre de un salen de su palacio, como lo vimos desde el año de mil seiscientos y cuarenta hasta el de cincuenta, pues teniendo su Imperio tan inmediato al de Narsinga, se hubiera excusado tan crecidos gastos como se reconocieron del precio excesivo á que por esta ocasion subieron las esmeraldas en el Nuevo Reino. Y volviendo á su descubrimiento, es de saber que desde la eminencia de la sierra en que se crian, vieron claramente los nuestros, por el abra que hacen dos montes, alguna parte de los extendidos Llanos de S. Juan, que segun la distancia que se representaba á la vista, pareció ser breve la jornada que se gastaria en llegar á ellos, que desearon mucho, por la presuncion que tuvieron de ser aquellas campañas de mucha consideracion, como gente que juzga de lo que no ha visto siendo muy diferente lo que parece de lo que es; como se experimentó en las infelices jornadas, que se perdieron muchos caudillos valerosos, que fueron lástima á las edades, pues no se descubrió en ellos cosa que no fuese calamidad y miseria.

Hecho el descubrimiento por los dos Capitanes, volvieron al campo llevando buena muestra de las esmeraldas y relacion de haber dado vista á ciertos campos ó llanos de extraña grandeza: con que el General Quesada, descoso de saber qué calidad tenian las tierras de aquellos llanos, ordenó al Capitan Juan de San Martin que con treinta hombres fuese á reconocerlos y volviese con la resulta dentro de quince dias á lo más dilatado. Prevenidos los infantes y caballos por eleccion que hizo de los más ariscados para cualquier tranco que se le ofreciese, puso en ejecucion su partida pasando por Lengupá, termino último hasta donde corre la lengua Chibcha, y atravesaron las asperezas inaccesibles de la provincia de los Teguas, diferentes en traje y lengua de los Mozcas, donde encontraron un rio no muy ancho pero de corriente tan rápida que para atravesarlo el más diestro nadador perdió la confianza de sus brios, á causa del movimiento impetuoso que llevaba por el despeño de unas rocas, y tal que aun el agua no se veía por la mucha espuma que de los golpes formaba. Bajaron más abajo cinco soldados por ver si le hallaban esguazo, y á Poca distancia encontraron un indio descuidado de ver en sus tierras hombres de tal extrañez en barba y color; y así á las primeras vistas se halló con el susto que el caminante cuando ménos cauto se ve salteado de repentina fiera, y viendo no ser posible asegurar la vida con los piés, remito á mas no poder su defensa á las manos, haciéndolo valiente en el riesgo forzoso el mismo peligro que lo acobardara en el empeño voluntario.

Así, pues, el bárbaro, viéndose rodeado de los cinco infantes, y hallándose con un tronco nudoso en las manos, se les opuso tan feroz, que pudo dar lecciones de valiente al más arrestado montero; porque jugando el basten á todas partes, acometiendo unas veces retirándose otras, hizo tan dudoso el combate, que ya se hallaban lastimados los cuatro con dudas de poderlo rendir, por haber intentado desde los principios cogerlo vivo para servirse de él como guia en la jornada, de que resultó defendérseles tanto tiempo. Pero recobrados á su acostumbrado valor, se dieron tal maña que, sin herirlo, lo derribaron en tierra, aunque era tan forzudo el bárbaro, que se los llevaba arrastrando á todos cinco por la cuesta que declinaba al rio, forcejando para precipitarlos con manos y pies, puñadas mordiscos que repartía con grave daño de los cinco soldados. Mas, estando ya rendido a combate y amenazas de que le quitarian la vida, y trocándolas en halagos y señas amigables le dieron á entender que solo pretendian les mostrase paso en aquel rio: con lo cual más sosegado el bárbaro, los encaminó bien cerca de donde se hallaban, á un puente de bejucos tejidos, pendiente de los árboles más altos, que se hallaban en la una y otro banda del rio: invencion y artificio que ninguno de los conquistadores más prácticos de la tropa habia visto en las peregrinaciones de tan diferentes climas como tenian corridos, y así no habia entre ellos quien se atreviese á pasar por ella ; porque ademas de sor fábrica frágil, en forma de zarzo, con las cañas ó mallas muy largas, sospechaban ocultarse en ella algun engañoso peligro ó trampa artificiosa en que pereciesen todos.

Iba en la tropa Juan Rodríguez Gil, de quien hemos tratado en otra ocasion, y por más atrevido subió en el puente á reconocer las ligaduras; y pareciéndole que estaban bien aseguradas las amarras, fué caminando por él y reconociéndolo poco á poco (aunque extrañaba los vaivenes del columpio ordinario, que tienen semejantes puentes cuando los pasaban) hasta que llegó á la otra parte del rio, y hecha la experiencia y asegurados de que no habia fraude en el pasaje y de que para los caballos no descubrían donde conseguirlo, cuando lo necesitaban tanto, determinaron aventurados por la parte que les pareció correr menos violentas las aguas, mas habia de ser pasando alguno primero por aquella parte, llevando una soga que, doblada, alcanzase de la una á la otra banda del rio, para que aquel que tomase la ribera tirase del un cabo de la soga con que habia de atarle el caballo, y de la otra ribera, no faltase quien lo defendiese de la corriente, recogiendo ó alargando la otra parte de la soga sin soltarla de todo punta, ni de la una ni de la otra banda, hasta que el caballo estuviese asegurado de la corriente: traza muy ordinaria para esguazar semejantes rios en las Indias, á que llaman pasar por aladera. De este único remedio solo podia usarse en el estado en que se hallaban; pero ninguno de los soldados habia que no temiese tentar el paso, si no era Diego Gómez, de nacion portugues, hombre determinado y diestro nadador, que se aventuró con fin de remediar el daño de todos; mas, apénas tocó en la corriente mañoso cuando á pesar de su fuerza venció como superior la del rio, llevándoselo i golpeándolo de más peña en otra, de suerte que los compañeros hacian ya muy poca cuenta de su vida; mas su valor y destreza pudo tanto en aquel riesgo, que sin soltar la soga de las manos venció la pujanza de las aguas, dejándose primero llevar de ellas (traza bien pensada para seguida contra el curso de una mala fortuna) y tomó la ribera contraria, á donde, por el órden referido, lanzaron los caballos al agua, y animándolos con gritos los fueron pasando de uno en uno, siendo de solo Diego Gómez conducidos: y concluido el esguazo, no sin pequeña fatiga de todos, dieron vuelta al puente para pasar por él las sillas y bagaje que llevaban para la jornada.

En tan arriesgada ocupacion pasaron aquel dia, y al siguiente se empeñaron á caminar adelanto por tierras asperísimas y faltas de gente y comida, siendo los moradores que hallaban raros y poblados á largos trechos unos de otros. De esta suerte iban todos desconsolados, llevando por delante dos infantes para que descubriesen senda por donde pudiesen lo más comodamente conducir los caballos; y encontrando éstos á otros dos indios con macanas y queriendo cogerlos para guias, ellos, sin asombrarse de la gente nueva, de quien no alcanzaban noticia por vista ni fama, previnieron sus armas y del primor golpe que el uno de ellos dió al español que más se le acercaba, le partió la rodela en dos pedazos, como el con alfanje la hubieran cortado (tan poca es la diferencia que le hace la macana.) Pero el soldado, viéndose falto de una arma tan necesaria, dejó correr algo más de lo que imaginaba la mano de la espada, y de un reves lo abrió por los pechos, cuya herida apénas vió el compañero, cuando volviendo las espaldas dió muestras de su asombro con la fuga; y despues de haber llegado la demás gente, á pocos pasos dieron en una casa donde cogieron quince personas, y entre ellas una india que en cualquier parte del mundo pudiera señalarse en hermosura (tan pródiga anduvo la naturaleza en la disposicion de perfecciones de que dotó el sujeto.) Era de aspecto grave, achaque de que adolecen todas aquéllas que tienen confianza de su beldad y no la aplican á empeños ilícitos: á ésta la llamaron la Cardeñosa, por el aire que daba su rostro al de otra dama que los españoles conocian en la costa de Santa Marta.

Buscaron por allí mantenimientos de que padecian mucha falta; pero no bastaron sus diligencias para descubrir grano de maíz, aunque suplieron por él algunas tortas de cazabe amasadas con hormigas, que solas y tostadas es todo el sustento de cierta nacion que habita aquel pais, cuya brutalidad y dejamiento se contenta con ellas y al tiempo de tostarlas para este efecto, dan el mismo olor que los quesillos que se labran para comer asados. Asimismo hallaron labranzas de maní, que viene á ser una mata que de las raíces tiene pendiente ciertas vainillas no mayores que las de los garbanzos, y dentro de ellas tienen unos granos que fuera de la cáscara parecen meollos de avellanas de las que propiamente son de buen gusto, aunque comidos con exceso causan dolor de cabeza: es ya semilla muy usada en confitura y turron, á que no se aventaja el de piñones; y en los Llanos es increible la abundancia que hay de esta semilla. Allí preguntaron á los indios por el camino de los Llanos, que ya se reconocian distintamente; y ellos en respuesta se tapaban los ojos, significando con aquella accion que jamas hablan llegado á ver aquellas tierras, ni sabian camimo ni vereda por donde poderlos guiar: mas no por eso desistieron los nuestros de su pretensión, siguiéndola á tino por aquella derecera, que los empeñó la suerte en montes cerrados y profundos arroyos murados de peñas, imposibles de vencer, en que gastaron diez dias faltos de comida y sin rastro ni señal que denotase haber habitacion que no fuese de fieras y animales bravos, hasta que dieron en otro rio mucho más impetuoso que el pasado y de más difícil tránsito, por lo inaccesible de los peñascos por donde corria; y viendo que impedimento tan grande quitaba la esperanza de poder pasar adelante su gente, determinó el Capitan San Martin volverla (ya mal contenta) por el mismo camino que abrieron para la entrada, cuya dificultad creció con el hambre, flaqueza y cansancio que padecian todos, habiendo sido de tan poco fruto como se ha visto la jornada en que gastaron cuarenta dias de continuos trabajos, aunque la ménos infeliz de las que se han hecho á los Llanos; pero no desfallecido el ánimo español, llegaron vivos todos los soldados á Lengupá.

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