INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO lV
 


MARCHA QUESADA POR LA PROVINCIA DE VÉLEZ, PASA Á GUACHETÁ Y DE ALLÍ Á SUESCA EN DEMANDA DE BOGOTÁ, CON ASOMBRO GENERAL DE LOS INDIOS.

CONFORMES todos con el parecer de su caudillo, prometieron seguirle obedientes; y determinado á salir de aquel sitio el dia siguiente, pasaron la noche en vela sin disparar arcabuz ninguno, por el temor que podian concebir los indios, que esperaban de guerra á la falda de la sierra; remedio que tenian reservado para los últimos trances y que entónces acarreara inconvenientes para la pretensión que intentaban; y así habiendo amanecido dispuesta y bien ordenada la infantería, dió principio á su marcha, y como dice el mismo Quesada al capítulo cuarto del primer libro de su compendio historial, empezaron á bajar de la cumbre más inmediata á la tierra llana, á los dos de Marzo del año en que vamos de treinta y siete; lo cual se compadece mal con lo que afirman otros por discurso y presunciones, de que por Abril de dicho año salió de Santa Marta el ejército, que ya reducido al corto número que va referido, iba descubriendo á cada paso infinidad de naturales, que por aquellos dilatados campos ocurrían en tropas, asombradas de ver hombres extraños en sus tierras, y crecíales la admiración con ver la caballería, pareciéndoles que jinetes y caballos eran animales formados de solo un cuerpo: y esta ruda opinion, que difundieron de la monstruosidad que fingían, se fué recibiendo por toda la tierra, sin que pudiese persuadirles lo contrario su discurso; antes de ver correr los caballos afirmaban en comprobación de lo primero que volaban por el aire aquellos monstruos y por no verlos se dejaban caer en tierra, cerrando los ojos de temor del riesgo, ó se quedaban absortos y pasmados como  si fueran estatuas de hielo y por la vista recibieran los últimos apremios de la muerte.

Los incansables españoles, miéntras esto pasaba con los indios, iban tan desfigurados, pálidos y flacos por causa de las enfermedades padecidas y de que tina no estaban libres, que por ellas y el desaseo de sus personas, con dificultad pudieran ser conocidos de los que los vieron salir de la costa, porque muchos tenian los trabajados cuerpos casi del todo desnudos; otros sí llevaban calzas, carecían de jabon ó si camisa (de quienes habia muy pocos),  no tenian sayo y otra cosa alguna con que cubrir las carnes, y en fin, lo que se miraba en todos era una desventura general casi imposible de reducir á la pluma; pero cosa espantosa y digna de referirse, que no quince dias cabales despues de entrados por aquellas tierras, y sin la espera del curso de tiempos, que suele preceder para la convalecencia, se hallasen todos sanos, blancos y rojos y con tal fortaleza de ánimo y cuerpo como si no hubiera pasado achaque alguno por ellos: efecto que así mismo se vió en los caballos para el recobro de la lozania que habian perdido en las montañas, tan faltas de forraje y dentro del mismo término quedasen todos vestidos y sin que les faltase cosa alguna para su adorno y abrigo, causado lo primero de los buenos aires, sanidad de la tierra y abundancia de sus mantenimientos; y procedido lo segundo de la mucha cantidad de ropa  que se encontraba á cada paso, aunque toda de algodón, porque hasta entonces ni hasta despues de algunos anos se vió lino ni lana en aquellos paises; pero las mantas que de él se tejen son tan ricas y curiosas en su género y de tan buenos colores (sin lo negro y blanco, que se tiene por lo más ordinario), que pudieron suplir aventajadamente la falta de arreo que los españoles llevaban.

Este sabido para conocimiento de la tierra y volviendo á la primera entrada, de que vamos tratando, fué bajando todo el campo junto lo mejor que se pudo, de la elevada cumbre, hasta poner los piés en el umbral de aquellas provincias, que despues conquistaron sus manos; y aunque gran muchedumbre de indios se habia convocado á la defensa, estaba retirada á uno de los costados del camino que dejaron libro por abrigarse de una población que tenian cercana, y fortalecerse, como lo estaban, con una quebrada profunda (que llaman Calas ó Caletas los españoles que militan en
África). Era dicha quebrada difícil de atravesar por la aspereza y profundidad que tenian para la subida de la una y de la otra así pareció á Quesada parar sobre ella á vista de los enemigos que tenia de la otra arte hasta reconocer la tierra. Y asentado su real, como á las tres de la tarde dieron principio los indios al rumor y guazabaras que acostumbran, arrojando al campo español gran cantidad de flechas; pero no despedidas con arco, sino con aquel jaculillo que dijimos en el capítulo segundo del primer libro haciendo vana ostentación de lanzas y  macanas, que esgrimian desde la otra banda de la quebrada, continuando aquella grita, que no solamente duró lo restante del dia, sino hasta la média noche, en que cesó totalmense con admiración de Quesada y su gente, que se levantaron á rondar de nuevo y considerar el silencio que habia sostituido en lugar de tan confusa voceria, y por ser la causa nacida de un acaecimiento digno de historia indiana, no será despreciable de la curiosa atención de los lectores.

Fué pues el caso que entre los caballos que en el real venian y andaban sueltos por el campo para pastear basta el otro dia que se recogieron para marchar (estilo muy diferente del que se practica en las guerras de Europa por la falta de forraje), habia dos á quienes se les antojó retozar como lo acostumbran, ó pelear instigados del celo que pudo causarles la compañía de algunas yeguas que habia entre ellos, de que resultó que el no de ellos, reconociendo ventaja en su contrario, echase á huir por aquellos contornos, siguiendole el otro; y cómo semejantes risas las hacen con coces y relinchos y por librarse el que iba de vencida bajase por la quebrada y subiese á la ribera de la otra banda siempre acosado de su enemigo, sucedió que entrasen ambos, uno en pos de otro, por los cuarteles de los indios, que ajenos de semejante espectáculo como el que se les representaba (á los rayos de la luna que hacia entónces) de dos animales á su parecer tan feroces, sin aguardar á discursos sueltan las armas, desamparan el puesto y echan á huir por aquellos campos, unos á una parte y otros á otra, sin que pareciese más indio en toda aquella comarca de cuanta multitud se habia visto.

Todo lo cual se supo á la mañana con la certidumbre, porque pasando al alojamiento que tuvieron los indios, hallaron los caballos en aquella misma parte ; lo cual junto con la noticia que dieron las guardas del campo de la hora y tiempo en que los vieron pasar relinchando, manifestó la obligación en que les estaban los españoles por haberles excusado la batalla del dia siguiente y quizá otras muchas: y contemplando bien el suceso, no por él se deben reputar los indios como cobardes, pues parece que lo mismo hicieran los nuestros, y otros de cualquiera nacion que haya en el mundo, si no hubieran visto semejantes brutos ni otros iguales en la grandeza del cuerpo: y es cierto que viéndose de repente asaltados de animales tan extraños, no vistos jamas por ellos, ni oídos por carecer de escrituras y de contratación con otras naciones de Reinos en que se criasen, no fué mucho que huyesen. Al retozo de un cohete que entró por una ventana, se descompuso la majestad de un Rey de Francia y la altivez de un Príncipe de Borgoña, sin que los efectos del sobresalto amancillasen la entereza de Luis el Onceno, ni á Charles quitasen el renombre de atrevido. Y si el haber cejado los romanos á la vista de los primeros elefantes que pusieron pié en Italia, no les quitó el crédito de los más políticos y guerreros, justamente deben disculparse los indios de Vélez, pues más debe su retirada atribuirse á la admiración, hija de la ignorancia, que á temor nacido de la pusilanimidad.

De este asiento se levantó el campo al otro dia, entrándose más por aquellas tierras, y de esta suerte caminaron hasta encontrar con el rio Saravita, que por haber arrebatadamente llevádose un caballo del Capitan Gonzalo Suárez Rondon, que con industria y ayuda de sus amigos lo escapó del riesgo, llamaron rio de Suárez, y es el que al presente corre con furioso ímpetu, cercano á la ciudad de Vélez; y por ser pasó forzoso de aquella provincia para comunicarse con otras, ocasionó muchas desgracias de indios y españoles que se ahogaron en sus corrientes, hasta que el doctor Venero de Leiva, Presidente del Nuevo Reino, y Juan López de Cepeda, que despues lo fué de Chuquisaca, mandaron fabricar un puente de madera sobre estribos firmes de cal y canto que se conserva en utilidad de aquellos paises. El esguazo de rio era tan peligroso para los españoles, y los sitios del camino tan fuertes por naturaleza, que si en ellos hubieran aplicado los indios muy corta defensa, con facilidad se hubiera impedido la entrada de aquellos primeros conquistadores de su provincia; pero estaban tan descaecidos los ánimos y brios de aquellos bárbaros con el espanto de tantas novedades juntas, que aun aliento no tenian para mirarlos al rostro; y así solamente se detuvo el campo aquel tiempo que le sirvió de embarazo la corriente del no, hasta que, vencida con industria y valor, llegaron á un lugar medianamente poblado que se decía Ubazá, y solamente conserva hoy el nombre de una quebrada que pasa por sus contornos.

De esta población se habian retirado los vecinos porque la fama que corria de los extranjeros (como acaece en muchas partes y es comun estilo de bárbaros), se aumentaba con nuevas fábulas que añadian, afirmando ser monstruos feroces y voraces, cuyo aliento era de carne humana de los que su crueldad despedazaba. No era esta opinión la que pretendian ganar los españoles, y hubiérales salido muy costosa, si al temor con que se retiraban los indios juntaran la industria de levantar los víveres; pero olvidados de esta hostilidad, que siendo la más grande, suele tener por autor al miedo, se dejaron en Ubazá ocho venados muertos, que á los nuestros sirvieron de razonable alivio para sus fatigas, y lee avivaron las esperanzas de conservarlo abastecidos con las muestras de que en el pais abundaba la caza de venados, conejos, codornices y otras aves á que podia apelar su necesidad en los mayores riesgos. Pasada la noche y entrado el siguiente dia, fueron marchando por las grandes poblaciones de Sorocotá, desiertas ya todas de moradores con la ocasión misma que las primeras, aunque bien proveidas las casas de semillas de maíz (bien conocido en Galicia y Montañas), frijoles, turmas, papas blancas, moradas y amarillas, comun refugio y regalo de aquellas regiones, y no mal visto de las extrañas que lo experimentan. Considerado, pues, el buen temple del sitio, abundancia de víveres, forraje y grano para los caballos, acordó el General Quesada detenerse allí cuatro dias, que salieron bien costosos á sus soldados, pues queriendo marchar al fin de ellos, se hallaron impedidos de los pitia de tal suerte que no podian moverse, á causa de que en aquellos sitios se crin un género de pulgas algo menores qué estas de España, las cuales se entran en las carnes, especialmente en los dedos de los pies por la parte que se juntan las uñas, donde crecen hasta ponerse algunas tan grandes como garbanzos pequeños, causando un dolor y escocimiento insufrible todo el tiempo que allí se detienen, de que se origina imposibilitarse los hombres de caminar hasta que las saquen. Y como los dolientes ignoraban la plaga, no supieron aplicar el remedio siendo tan fácil, hasta que algunas mujeres bárbaras de las que en aquellas poblaciones encontraron, entendida su dolencia por señas, se comidieron á sacarlas con las puntas de los topos, no sin dolor grande de los más achacosos; pero la pena sirvió desde entónces para entrar en las casas cautelados y guarnecidos de calzado y médias, que defendiesen la entrada de las niguas, que así las llaman.

Restituidos todos con el remedio á su primer estado de sanidad, hicieron muchas diligencias con templanza y recato, solicitando hallar á los vecinos de aquellas ciudades; y habiendo recogido hasta cuatrocientos hombres y mujeres de diferentes edades, les dieron á entender por señas y halagos que no era su entrada en aquella tierra para hacerles daño, sino para tenerlos por amigos, y que así lo tuviesen sabido. Y dejando los más en sus casas y llevando algunos por cargueros (oficio á que ellos mismos se imponen desde pequeños) prosiguieron su marcha, dejando las campiñas de Sorocotá, nombradas del valle de San Martin, y bajando al pueblo de Turca, poco distante, á quien llamaron Pueblo hondo, por estar fundado en la profundidad que hacen unos montos que por todas partes lo cercan, hallaron gran copia de telas y mantas de algodon, algun oro y lo que fué más, las noticias del poderoso Rey de Bogotá, principio que les puso más vivas espuelas para apresurar los pasos penetrando lo más secretó de aquellos paises : y así la siguiente salieron para Saquenzipa, principio por aquella parte del Reino del Tunja donde las guías maliciosamente los desviaron, ó por atender á la sal que les iban mostrando para que los guiasen donde la habia, los condujeron á Guachetá, ciudad populosa, á quien llamaron San Gregorio por haberla entrado en su dia; de donde con la noticia anticipada que tuvieron sus moradores, se habian retirado y fortalecido en unas altas peñas y riscos á vista de sus mismas casas y de los españoles, sin dar señal alguna de hostilidad, antes bien por la relación que les habian hecho del furor sangriento de los forasteros y monstruosidad de los caballos, se hallaban más dispuestos á la fuga que á la contienda. Pero viendo el sosiego con que entraron en su ciudad, sin usar de aquellas destemplaras que tenian concebidas y suele producir el orgullo inconsiderado de la gen te de guerra, les pareció que las noticias que tenian no eran conformes á las obras que experimentaban.

Animólos este discurso á emprender su desengaño, y para no quedar dudosos entre la sospecha y el error da que comian carne humana los forasteros, dispusieron que dos iridios llevasen otro anciano, y á vista de los españoles lo dejasen junto á una hoguera, que para el intento encendiesen dando vuelta apresurada á su retiro, como lo ejecutaron. Pero los españoles, sospechosos de que la intención era de que lo sacrificaran comiesen, fueron á la parte en que estaba el miserable indio, y dándole un bonete de grana y alguna cuentas, lo pusieron en libertad, de que admirados los Guachetaes y pensando que por viejo no habian querido comerlo, arrojaron por la cuesta abajo dos ó tres niños quitados de los pechos de sus madres, permitiendo el cielo que ninguno muriese y que á las voces de Pericon el faraute se templase tan bruta resolución, reduciéndola por último á enviar desde el lugar en que estaban un hombro y una mujer con las manos ligadas, y juntamente un venado para que por la eleccion que hiciesen del presente, conociesen ellos el apetito que los gobernaba. Pero reconocido el intento por los españoles, que no lo pudieran provenir más de su gusto, aceptaron el venado repartiéndolo entre todos; y poniendo en libertad al indio y á la india, les dieron á entender por señas que volviesen á los demas y dijesen que ellos no comian hombres ni iban á ocasionarles daño alguno, sino á defenderlos y ampararlos de los enemigos que tuviesen, y así podian con toda seguridad volver á sus casas. Los Guachetaes, que estaban á la mira y no perdian accion de las que ejecutaban los españoles, entendida la embajada desecharon el miedo, y desamparando los riscos admitieron la paz, que les ofrecían, siendo éstos los primeros que voluntariamente la abrazaron en el Nuevo Reino de Granada y la conservaron aun cuando más ocasionados se vieron de la inquietud de otras naciones; y por muestra de ella hicieron al General un presente de algunos tejos de oro y ocho ó nueve esmeraldas buenas, aunque pequeñas, que fueron las primeras que vieron los nuestros en aquel Reino, de que admirados se miraban unos á otros, hasta que advertidos de su General por señas, remitieron al disimulo lo que pudiera engendrar reparo en los indios. Al siguiente dia, por descuido de un vecino de aquella ciudad, se prendió fuego en su casa, y antes que se dilatase la llama de suerte que el daño creciese por la cercanía que las casas tenian unas con otras y estar cubiertas de paja, acudieron los españoles al reparo, que por su buena diligencia tuvo efecto: beneficio que los indios reconocieron con muestras de agradecimiento, y les dió crédito A los españoles para que la opinion que hasta allí habia corrido de crueles parase en la de piadosos, divulgándoso por las ciudades de la comarca.

Dejada en paz la de S. Gregorio ó Guachetá, pasaron á la de Lenguazaque, cuyos vecinos estaban tambien ausentes y retraidos en los montes y riscos; pero habiendo tenida noticia de todo lo acaecido en Guachetá, les salieron de paz al camino con muchos presentes de oro y esmeraldas, venados, cuyes, raíces y semillas de que se alimentan, y telas de algodon de diversos colores que para el reparo del frio que ya sentían fueron bien recibidas de los españoles, quienes daban en recompensa de tal beneficio algunas demostraciones de que sus dádivas les eran gratas, y serían firmes en guardarles amistad perpetua. Y en la misma forma fué prosiguiendo el campo por Cucunubá, siempre asentando paces con los pueblos circunvecinos y recibiendo el mismo género de presentes en más ó menos cantidad, segun la calidad de los Caciques, hasta  llegar al asiento de la grande y famosa ciudad de Suesca, emporio que fué de los Estados del Guatavita, donde fueron bien recibidos y hospedados, y dónde acudieron de varias partes de los confines muchos hombres y mujeres á ver la gente nueva, y darles de las cosas más estimadas en sus tierras: y sucedió á uno de los que iban con este intento, que yendo encaminado á las casas en que estaba alojado el campo, con dos mantas de algodon de presente, poco antes de llegar á ellas encontró con un soldado llamado Juan Gordo, hombre aunque humilde fuerte y valeroso para cualquier trance: éste, pues, con intención de aprovechar la carne de un caballo que habia muerto poco antes de llegar á Suesca, volvia á buscarle ; y como el indio que llevaba las mantas reconociese que el español iba sí encontrarse con él, púsolas en el camino y desvióse de él poca distancia: cortesía que vió por comedimiento hasta tanto que el español pasase; pero Juan Gordo, persuadido á que la demostración era presente que le hacia de las mantas, no siéndole posible sospechar que de aquella acción pudiese resultarle daño alguno, recogiéndolas y fuése con ellas á ejecutar el intento que llevaba. En el interin, sentido el indio del despojo de sus mantas, fuese al General Quesada, y dióle su queja representándole el robo que le habia hecho uno de sus soldados, que oida por el dió órden á Villalóhos, su Alguacil ó Furriel de campo, para que pusiese en prisión la persona que el indio señalase. Preso Juan Gordo, dió sus descargos, refiriendo el suceso sin ficcion alguna, y con muchos terceros que se interpusieron á disculparlo, pero sin fruto, porque lo condenó á muerte, que luego fué ejecutada con sentimiento general de todos. Debióse de persuadir el General Quesada á que seria conveniencia para el intento de ganar los indios y poner freno á su gente, la ejecución de un castigo tan ejemplar: buen discurso si lo apoya el derecho, y debíólo de fundar en él quien lo hizo, pues no ignoraba las leyes ni la falta que un soldado haria donde todos eran tan pocos.

Ejecutada la muerte de Juan Gordo, que solo sirvió de lástima á los españoles y de borrar en los indios el concepto que habian formado de que eran inmortales, marchó el campo distancia de una legua hasta Nemocon, pueblo que llamaban de la sal por las fuentes salobres que tiene, como los de Cipaquirá, Tausa y Guachetá, y era la granjeria de más interes que tenian en sus comercios, por ser en aquellas partes los mercados á donde acudian á comprarla de todas las demás provincias y sor la más suave que se halla en las Indias, y se labra llenando del agua de aquellas fuentes ciertas vasijas de barro grandes y medianas que llaman múcuras y moyas, donde (puestas al fuego) se condenas el agua y cuaja en panes que pesan á dos y tres arrobas más ó ménos, segun la capacidad de los vasos, que solamente sirven una vez, porque unidos con la sal es preciso romperlos para dividirla. Desde que llegaron á Nemocon ya se descubrian los dilatados y floridos campos de Bogotá, en que se veían populosas ciudades de tan soberbios y vistosos edificios, y con tal majestad fabricados, que de léjos representaban un bien ordenado número de palacios ó castillos, por cuyo respeto llamaron luego  aquel país el valle de los Alcázares. Sobresalian, demás de lo referido en muchas partes, mástiles gruesos, altos y derechos, embarnizados de vija y en la parte superior gavias que figuraban las de Galeones, tan vivamente que, miradas de léjos, no encontraban diferencia los ojos, y dentro de ella gran cantidad de oro que, á entenderlo entónces Quesada, fuera mucha la presa, aunque despues que llegó á su noticia, fué bien considerable, y la causa de haber tantas y en la forma referida, diremos adelante.

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