INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO III
 


VUELVE EL GENERAL QUESADA POR SU EJÉRCITO Á LA TORA, CONDUCELO HASTA LOS UMBRALES DEL NUEVO REINO, HACE LISTA DE SU GENTE Y PREVIÉNELOS PARA LA CONQUISTA.

DEJAMOS al Capitan Juan de Céspedes en la sierra de Oppon, de vuelta para el pueblo de las Barhacóas, y consiguiólo recogiendo de paso al Capitan Lebrija y á otros españoles, que fatigados del cansancio se hablan quedado en el camino, de que recibió grande alborozo el General Quesada, especialmente cuando oyó referir el descubrimiento que se habia hecho, en que no se encontraba otro reparo sino el de la duda que se ponia en que pudiesen conducirse los caballos por aquellas malezas. Pero dejando algo á la suerte, acordó volver á la Tora muy á la ligera por toda la gente que le restaba, dejando la demas en guarda de aquel paso y pueblo de las Barbacóas, á cargo de Hernan Pérez de Quesada, su hermano y Alguacil mayor del ejército, oficio que segun estilo de los Moros de Granada correspondian al de Maese de Campo; y así con solos seis españoles, y entre ellos el Capitan Céspedes, que parecia incansable, y como testigo de vista habia de acreditar el descubrimiento hecho, partió luego hasta la ribera de aquel brazo ó rio en que el agua podia sufrir, la navegación de las canoas, para cuyo efecto en caso que se necesitase de ella, habia dejado oculta en el monte una en que embarcados navegaron hasta salir al rio grande y bajando por el en demanda de la Tora; en cuyo viaje sucedió un accidente al parecer milagroso, si consideramos cuán cierta habla de ser la ruina de todo aquel campo, dividido en tantas partes de la montaña y rio, en caso que el General que tan unido lo gobernaba muriese: y fue el caso que á cuatro leguas de distancia ántes de llegar á la Tora, como á las tres de la tarde y cuando todos esperaban ver á sus compañeros dentro de dos horas, mandó el General que arribasen á tierra, donde hizo noche sin que ellos imaginasen la causa ni él supiese darla despues de aquella resolucion repentina, calificada entónces por desatino, hasta que al dia siguiente, llegados á la Tora, supieron que la tarde del antecedente hasta cerrar la noche habian tenido sitiado el pueblo hasta cuatrocientas canoas, combatiéndolo por tierra y a con riesgo evidente de llevaras los bergantines, en cuya defensa se mostraron valerosos General Gallegos, Juan de Albarracín y Gómez del Corral, de lo cual reconocieron que á no haberse determinado á lo que va referido, el General Quesada hubiera perecido á manos aquellos bárbaros, y verdaderamente no puede negar lo bien afortunado de este caudillo, no solamente en este lance, sino en que hubiese dejado el rio de Carare á mano derecha, en que consistió el buen suceso de la conquista.

Halló muy menoscabado su ejército con la gran mortandad que habia resultado de hambre y trabajos, y fué tanta, que no bastando la tierra del pueblo para enterrar los muertos, arrojaban muchos al agua; poro animados los vivos con la buena noticia del descubrimiento, se alegraron verdaderamente aquellos que nacieron dotados de espíritu y valor porque los otros, aunque pocos, nada esperaban de alivio sino la muerte del General, paraciéndoles que con ella, ocasionada de repetidas fiebres que le habian herido luego que llegó, se determinaria tan peligrosa jornada; mas aunque éstas le apretaron mucho, ningun riesgo bastó á embarazarle la disposición de que los muchos enfermos, que se hallaban imposibilitados para viaje tan penoso, se embarcasen en los bergantines con órden de que el General Gallegos esperase en aquel sitio hasta tener aviso de lo que habia de hacer; ni para que con la demas gente sana que lo restaba y caballos que habia escapado, saliese de le Tora para las sierras de Oppon en lo más recio de su achaque, y un dia despues de haberse purgado, acción voluntaria en que se aventajó á la que precisado del peligro hizo Fernando Cortés, cuando éste se mostró más famoso en no haber reservado embarcación en que fundar la esperanza de retroceder de la empresa. Pero el General Gallegos, habiendo esperado muchos días y considerado el peligro de ochenta hombres enfermos con que habia quedado y que se hallaba falto de noticias de Quesada, dió vuelta á Santa Marta tan rico de méritos y servicios, como afligido de trabajos mal correspondidos de sus compañeros, pues en las reparticiones de lo ganado, debiendo ser de los más preferidos, fué de los más olvidados.

Era ya entrado el año de mil quinientos y treinta y siete, Cuando el General Quesada, siguiendo siempre su derrota con gran fatiga causada de la corriente del rio por donde la guiaba, y desembarcada su gente en el pueblo de las Barbacóas, fué caminando por las sierras de Oppon (que tendrán más de cuarenta leguas de travesía) con varios trabajos y muy poco socorro de víveres. No será posible referir las adversidades acaecidas á este valeroso caudillo y su gente, porque fueron tan repetidas las particulares de cada cual en esta jornada, que ninguna de las pasadas lo parecia en su comparación; llegando á estado que para dormir se subían en los árboles, dejando los caballos metidos en agua hasta las cinchas en todas aquellas tierras anegadizas, y se tenía por suma felicidad la del soldado que alcanzaba un pedazo de carne de caballo de los que morian en la jornada, y aun llegaron á sustentarse con diez y ocho granos de maíz que daban de ración, y á comerse los cueros de las adargas despues de los perros y gatos que llevaban en el ejército. Pero al fin desbaratadas las sombras de la infelicidad y recogidos los que habian quedado en la montaña, descubrió sus luces el sol que apetecían, encontrando con aquellas tierras limpias que vieron Céspedes y Olalla, donde era Capitan el más señalado uno que llamaban Sacre, y en que descubrieron grandes poblaciones en comparación de las que hasta allí se habian visto; pero todas ellas no tenían Rey soberano, porque se gobernaban como Behetrías, y á manera de Cantones servian por el sueldo al Príncipe que más bien les pagaba; y en aquella ocasión se prevenian en servicio del Rey de Tunja para la guerra que le movia el Zipa de Bogotá. Y aunque es así que los países de aquella provincia son fértiles y deleitosos, tanto más se les representaron agradables, cuanto más presente tenia la imagen de aquellas montanas del rio donde las inclemencias del cielo hablan hecho liga con las calamidades de la tierra; y aumentóse más el placer cuando reconocieron mantenimientos en tanta abundancia, que aseguraban reformarse de los infortunios pasados y abrigar los desnudos cuerpos en fe de las esperanzas que les daba la vista de tanta multitud de indios vestidos de telas de algodon, y que en el aseo de los trajes daban muestras de costumbres más políticas y honestas que las que habian experimentado en el resto de las naciones que habitaban la costa.

Á este gozo general de los soldados que de improviso introduce la vista de lo presente, se oponía la consideración del futuro, pareciéndoles que tenian entre manos conquistas que necesitaban de mayor fuerza que la de sus brazos; y aun lo que más se señalaban en esfuerzo y aliento, desmayaban abriendo puerta á la desconfianza de hallar logre á sus trabajos, viéndose faltos de gente y caballos, y tan apartados del socorro de la costa, que lo juzgaban imposible de conseguir. Nunca se mostró tan risueña la fortuna que no reservase sigua ceño en la frente, ni el cielo aseguró tan raso la serenidad, que con rastros de alguna nube no pusiese en duda la promesa. Pero el animoso D. Gonzalo estaba tan ajeno de aquellas consideraciones, que, con la poca gente fatigada que tenia, se aseguraba la conquista de todo un mundo. Tenia grande el corazón, que es el estómago de la fortuna, que digiere con igual valor los extremos más grandes. Con solos cuatro compañeros rompió por cuatrocientas corazas Cárlos Emanuel de Saboya, y acreditó en la universal admiracion que no hay Compañía en el mayor aprieto como la de un coraron magnánimo. No pongo duda en que este discurso repugnase á los prudentes que siempre se reconocieron en Quesada, pues á su conocimiento no podia encubrírsele la dificultad de conseguir empresa tan grande con los flacos medios que podía aplicarle. Pero los efectos futuros señalan tan claramente las causas que los produjeron, que de los obrados por este caudillo se infieren impulsos secretos, que arrebataron su espíritu (sin discurrir los medios) á facilitar los fines que tenia dispuestos la Providencia. Gobernado, pues, de tan suprema disposición, hizo lista de ia gente con que se hallaba, y reconoció por ella constar su campo de ciento y sesenta y seis hombres, en esta forma: los sesenta y dos jinetes, doce arcabuceros, quince ballesteros y los demas rodeleros (que los romanos llamaban escudados) y aun de éstos el uno frenético, llamado Juan Duarte, por haber intentado en la jornada reparar el hambre rabiosa que padecia con carne de un sapo, que desde el punto que la comió perdió el juicio con lástima de todos.

Á ese número se redujo el florido ejército de más de ochocientos hombres que por tierra y agua salió de Santa Marta, mutuos los ochenta enfermos que volvieron con el General Gallegos y esta corta compañía será la que ponga Reyes soberanos á los piés del más católico, aumente Reinos al Imperio de los heredados y admire con sus hazañas á las naciones extranjeras, dando nueva reputación á la propia, sin más ayuda que la de sus brazos y la de los sesenta y dos caballos, por haber muerto los demás en la jornada y aplicádose para regalo de los enfermos y alimento de los sanos en los mayores aprietos de las hambres que padecieron ; y de esta pequeña tropa de hombres heróicos, los que salieron con cargos de la costa y se hallaron corno Cabos y Oficiales de Quesada en aquel paraje, fueron: Hernan Pérez de Quesada, Alguacil Mayor del ejército; el Sargento Mayor Hernando de Salinas, natural de Salinas ; Juan del Junco, Capitan con futura de General á falta de Quesada; el Capitan Gonzalo Suárez Rondon, nombrado en tercer lugar por falta de los dos, natural de Málaga y marido que fué de doña Mencia de Figueroa; el Capitan Juan de Céspedes, de Almodobar del Campo, que casó con Isabel Romero; el Capitan Juan de San Martin, y los Capitanes Lázaro Fonte, natural de Cádiz, que pasé á Quito, donde murió; Pedro Fernández de Valenzuela, que volvió á Córdoba, su patria; y Antonio de Lebrija, á quien di Quesada la compañía que sacó de Santa Marta Juan de Madrid, por haber muerto en el camino, como dijimos; Gonzalo García Sarro, que llevaba el Estandarte Real gobernando la caballería, y casó despues con Francisca Pimentel; Gerónimo de lnza, Capitan de Gastadores; y de los que fueron Cabos de los bergantines, Antonio Diez Cardoso (cuyo parecer lo tocante á la guerra preferia á todos), Gómez del Corral y Juan de Albarracín, de quienes trataremos más individualmente cuando lo pidiere la historia, como de los otros varones ilustres que les obedecían, siendo muchos de iguales méritos á los primeros.

Fueron, pues, de éstos Anton de Olalla, Alférez de la compañía de infantería, que llevaba el General Quesada, y natural de Bujalance; Hernan Venégas Carrillo, natural Córdoba, que casó despues con doña Juana Ponce de Leon; Martin Galeano, natural de Y buda, Alférez de Lázaro Ponto y marido que fué de Isabel Juan de Meteller; Gómez de Cifuéntes, natural de Avila, que casó con doña Isabel de Contréras; Antonio Bermúdez, que casó con doña María de Amaya; Juan Tafur, natural de Córdoba y marido de doña Antonia Manuel de Hóyos; Juan de Tórres, casado con Leonor Ruiz Herresuelo, y ambos naturales de Córdoba; Gerónimo de Aguayo, de la misma ciudad; Hernando de Prado m dio hermano de Juan de Céspedes; Hernan Gómez Castillejo, Encomendero que fué Suesca; Juan Gómez Portillo, natural de Portillo, en jurisdicción de Toledo, y casado Carmona con Catalina Martín Pacheco; el Contador Pedro de Colmenáres, natural de Málaga y marido que fué de doña María de Nava; Juan de Pineda, natural de Sevilla; Pedro Bravo de Rivera; Suárez Sabariego, hermano de Gonzalo Suárez Rondón; otro Juan Tórres, diferente del Juan de Tórres Contréras, que va nombrado y fué señor de Turmequé Cristóbal Arias de Monroy, de Almodobar del Campo, que casó con doña Catalina Siliceo; Cristóbal Ortiz Bernal, de Salamanca, y marido de Ana de Castro; Cristóbal de Roa, Encomendero que fué de Sutatenza; Juan de Montalvo, natural de Toledo, que casó con Elvira Gutiérrez y fué el último conquistador que murió en Santafé el año de noventa y siete Pedro Núñez de Cabrera, Encomendero de Bonsa; Baltasar Maldonado, natural de manos, que casó con doña Leonor de Carvajal, hija del señor de la Casa y Estado de Jodar; Domingo de Aguirre, vascongado; Francisco Gómez de Feria; el Licenciado Juan de Lesmes, clérigo y natural de Moratilla, en el Reino de Murcia, y Fr. Domingo de las Cásas, natural de Sevilla, hombre de buenas letras, del Orden de Predicadores, y ambos capellanes del ejército; Juan de Quincoses de Llana, Encomendero de Furaquira; Hernando de Escalante; Hernando Navarro; Alonso Gómez Hiel y Sequillo; Alonso de Aguilar, natural de Iniesta; Alonso Gascon; Alonso Machado; Alonso Martin Cobo; Alonso Hernández de Ledesma; Alonso Domínguez Beltran; Alonso Martin, Portugues; Antón Rodríguez Cazalla, Antonio de Castro; Antonio Pérez; Baltasar Moratin; Bartolomé Camacho Zambrana, marido que fué de Isabel Pérez de Cuéllar; Benito Caro; Bartolomé Sánchez Suárez;  Diego de Parédes Calderón, marido que fué de doña Catalina Botello; Andres Vásquez de Molina, Encomendero de Chocontá; Diego Romero; Diego Montañez, que casó con Ana Rodríguez de León; Diego de Térrea, que se avecindó en Pamplona: Diego Martin Iniesta; Diego Sánchez Paniagua, natural de Italia; Estévan de Albarracin; Diego de Segura; Francisco Gómez de la Cruz, que casó con Catalina de Quintanilla; Francisco Gómez de Figueredo; Francisco de Tordehumos, natural del lugar de su apellido y Encomendero que fué de Cota; Francisco Salguero, Encomendero de Móngua, que casó con doña Juana Macías de Figueroa; Francisco Rodríguez, Encomendero que fué de Soracá; Francisco Núñez Pedroso; Francisco Fernández Ballestéros; Francisco de Silva; Francisco Fernández, nacido en Pedroche y casado con Isabel de Rojas; Francisco Lozano; Francisco de Montoya; Gonzalo Macías, marido que fué de Juana Moreno de Figueroa; García del Hito; Gaspar Méndez, Encomendero que fué de Teusacá; Gil López, soldado de á caballo y escribano del ejército; Gonzalo Fernández Gironda; Juan de Olmos, natural de Portillo, en el Condado de Benavente, que casó con doña María Cerezo de Ortega; Juan de Ortega el Bueno, Encomendero que fué de Cipaquirá; Juan de Salamanca; Juan Rodríguez del Olmo; Juan Rodríguez Parra, sin hijos legítimos como el antecedente; Juan Sánchez de Toledo y Melo; Juan de Guémez, casado con Juana Flórez, que le sucedió en la Encomienda de Subachoque; Juan Gómez; Juan Rodríguez Gil, nacido en la villa de Alanis de Sierramorena, que casó con doña Catalina Jorge de Menéses; Juan Gutiérrez de Valenzuela, que se avecindó en Vélez; Juan Valenciano, que se volvió á Castilla; Juan Rodríguez de Benavides; Juan Ramírez de Hinojosa, que se avecindó en Tocaima; Pedro Daza de Madrid, hijo del Capitan Juan de Madrid; Juan Alonso de la Torre; Juan Castellános; Juan Gordo; Juan Bautista Graso, que no tuvo hijos; Juan García Manchado; Juan de Piado, que se avecindó en Vélez; Jorge de Olmeda; Lázaro de la Torre; Gaspar de Santafé, que casó con Beatriz Alvarez; Luis Gallegos; Luis Hernádez, que se avecindó en Vélez; Martin Hernández de las Islas, natural de Canaria; Martin Sánchez Ropero, que se avecindó en Tunja.; Martin Pujol; Mateo Sánchez Cogolludo, que casó con María Sáenz de Moráles; Márcos Fernández; Miguel Sánchez, Encomendero que fué de Onzaga; Miguel de Partearroyo; Miguel Seco Moyano, natural de Cabeza de Buey, que casó con Beatriz Osorio y fué Encomendero de Agatá; Miguel de Otañez, que se avecindó en Mariquita; Pedro Rodríguez de Carrion, en que mudó el nombre propio que tenía de Sancho Rodríguez Mantilla; Pedro Rodríguez de León; Pedro Ruiz Herresuelo, Encomendero de Panqueba; Pedro de Asebo Sotelo, Secretario del General Quesada; Periañez ó Pedro Yáñez, que todo es uno, portugues, casado en Canaria con Constancia Rodríguez Hermoso; Pedro Gómez de Orosco, que se avecindó en Pamplona; Pedro García de las Cañas; Pedro de Salazar, que avecindó en Vélez; Pedro Ruiz Corredor, que se avecindó en Tunja; Pedro Briceño, Tesorero que fué de la Real Hacienda; Pedro Sánchez de Velazco; Pedro Gutiérrez de Aponte, marido que fué de Luisa Vásquez; Pedro Hernández, que se avecindó en Vélez; Rodrigo Yáñez; Villalóbos, á quien mataron los indios Panchos; Cristóbal de Zelada; Cristóbal Ruiz; Cristóbal Rodríguez, primer Encomendero que fué de Suesca; Cegarra, que se avecindó en Tunja, y otros de cuya nobleza heredada, que fué mucha, y en muchos de los que van referidos dará razon por extenso, por las noticias que tiene adquiridas con mucho desvelo el Secretario D. Juan Flórez de Ocariz en los Nobiliarios del Nuevo Reino, que tiene para imprimir, á que remito en considera con de que solo tengo á mi cargo tratar de la nobleza adquirida por sus hazañas.

Hecha la lista, pues, y reformados los caballos, es opinión recibida en todo el Reino, que Gonzalo Jiménez de Quesada, considerando las grandes conquistas que tenia entre manos, y que éstas se debian emprender á costa de los manifestos peligros que produce la guerra, donde los malos sucesos habian de atribuir á su persona el juicio apasionado de sus émulos, y de las empresas felices se habia de llevar la gloria el Adelantado D. Pedro Fernández de Lugo, de quien como Teniente suyo gobernaba el campo; y fiado en las esperiencias del amor y buen crédito que tenia entre sus soldados (habiéndolos juntado para el intento) renunció artificiosamente el cargo que tenia por nombramiento del Adelantado, diciendo no hallarse capaz para gobernarlos en aquella empresa que tan gloriosa habia de ser para todos; y pidióles que por elección del campo se nombrase un Capitan general á quien todos obedeciesen, pues se hallaban en lance de poderlo hacer, sin faltar á la obligacion de fieles vasallos de su Majestad, y que él seria el primero que conformándose con la elección de todos, lo obedeciese como á cabeza suya, siguiéndolo en la jornada hasta perder la vida: y como hay palabras que pidiendo con eficacia persuaden á lo contrario de lo que proponen, oidas por los suyos en ocasión que ninguno podio suplir la falta de tan bien quisto Cabo, á cuyas disposiciones estaba acostumbrada su obediencia, comunicaron unos  con otros lo que sentían, y en consecuencia de la propuesta fué nuevamente elegido y aclamado Capitan general por todo el campo, sin dependencia del Gobernador de Santa Marta: aclamación que acepto con gusto dando las gracias de la buena voluntad que mostraban tenerle. Teníanlos ganados con el agrado: qué mucho lo confesasen con el obsequio? Es más firme sujecion la voluntaria que la violenta, y consíguela siempre el trato afable de los caudillos. En la batalla de Pavía atendió más un soldado á pedirle perdón al Marqués de Pescara de no asistirle que al remedio de las heridas de muerte con que se hallaba; y no fué tan adversa la artillería del campo imperial para el Rey Francisco, como el denuedo con que los tercios de España pelearon por el amor que al Marqués tenían. No tiene un Capitan gasto de ménos costa que el de la afabilidad, ni el soldado recibe paga de que haga más estimación; y así no fuera de extrañar la resolución de la gente de Quesada en el caso presente: pero que sucediese en la realidad ó no, es punto en que podrá cada uno sentir á su arbitrio. Aunque Castellános ni Herrera lo dicen, siendo el primero tan curioso observador de la verdad, más lo que consta solo es (precoda ó nó la elección) que teniendo junta su campo y puestos los ojos en los acaecimientos futuros, les habló de esta manera.

Háse llegado el tiempo, valerosos españoles y Compañeros mios, en que rota la cadena de los trabajos con que estuvísteis aprisionados en la cárcel de las montañas, veais en los dilatados espacios de este país cercano el logro bien merecido de vuestros afanes; la multitud de los naturales, aseo y disposiciones de sus personas, dan claras muestras de las benignas influencias que gozan; la tierra, ménos cautelosa que sus dueños, descubre señales de ricos tesoros que depositan sus entrañas al regazo de a caudalosos veneros que cebar la  esperanza. Tengo bien experimentado y vuestro valor en la pronta obediencia con que habeis ejecutado mis órdenes, venciendo abismos de dificultades; y en la ocasión que nos llama quisiera no interponer dilaciones, pues la presteza en los acometimientos aumenta el temor en los contrarios, á quienes habemos de sojuzgar más con el espanto que con las armas; y éste será tanto mayor en sus ánimos, cuanto lo sintieren más apresurado de nuestra parte. Preguntado Marco Caton cómo habia vencido cierta ciudad de España, respondió que caminando dos dias lo que se andaba, en cuatro, porque si la prevención es de trueno, la ejecucion debe se de rayo. De qué habrán aprovechado las calamidades si no conseguimos la gloria que la fortuna les facilita? De qué haber librado las vidas cuando tantos buenos amigos han parecido, si no las aventuramos de suerte que nuestro nombre se eternice ó una honrosa muerte nos disculpe? No es la multitud de enemigos poderosa á contrastar la fortaleza que libertó el Cielo de la esclavitud de tantas miserias. Si el fin de ensalzar el nombre de Cristo es el que mira un valor arrestado, muy por su cuenta corre sacarlo victorioso de mayores peligros. Nunca fueron pocos soldados los buenos, ni muchos enemigos los que guerrean desordenados. Las hazañas que os espera no serán mayores por el riesgo de obrarlas que las que tenéis ejecutadas en tantos encuentros; y los que supieron salir tan airosos de las primeras poco deben recelar mal suceso en las segundas. Los que de sí desconfían son padrones en que se esculpen las victorias de los contrarios; y los que nada temen cuando la suerte está  echada, son galanes de la fortuna á quienes ella corteja con los mismos favores que á Julio Cesar. Esto se entiende siendo forzoso abrir el camino con las armas; pero no siendo preciso el empeño, es desacuerdo que reprueba la prudencia ocasionar el combate pudiendo conseguir el fin por medios más suaves. De los mayores aciertos fue medianera la paz y el agasajo, conveniencias entrambas que aun los más bárbaros apetecen. Y pues tanto importa reconocer estos indios, sano acuerdo será intentarlo con halagos sin llegar á  rompimiento antes de hallarnos ocasionados. Si nos conciben hombres no excusarán la comunicacion; y si con las obras desmentimos lo racional, perderán la vida en tan natural defensa, haciéndonos los primeros males con la ocultacion de sus propios bienes. De suerte que lo más conveniente será siempre asegurar la caza con arte y sujetar estas naciones con maña, ya que la fortuna al parecer de quien la teme imposibilita conseguirlo por fuerza: y si á los medios pacíficos correspondieren sencillos, faltando a lo pactado, nos haremos superiores guardando palabra; pero si desestimaren nuestro agasajo, no excusaré aventurarme hasta que lo veneren.

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